Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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Yo no soy Charlie

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REFLECTIONS ON THE PERPETUAL FRENCH REVOLUTION

JE NE SUIS PAS CHARLIE

Fr. Richard A. Munkelt

«Charlie Hebdo es un violador oportunista de la libertad de expresión responsable, atacando a la vez y por igual al Papa y al imán; encendiendo pasiones con bellaquería e incitando alegremente a la violencia en donde quiera que su pluma desea atacar».

»Je ne suis pas Charlie. Yo no soy Charlie. Soy católico. Lo que quiere decir que veo la batalla actual entre la Francia secular y el Islam como una guerra entre dos ideologías erróneas. De hecho, entre dos religiones falsas: El secularismo y el islamismo. No nos equivoquemos, la democracia liberal secular, a pesar de su defensa engañosa de lo contrario, está en una cruzada contra la religión, tanto de la verdadera como de la falsa.

»Al referirse al ataque yihadista contra la revista satírica francesa “Charlie Hebdo”, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, manifiesta de forma explícita la causa secular en términos religiosos: “Los muertos de la revista son mártires de la libertad”.

»El laicismo es una religión cuyos principios son los objetos de devoción y adoración. Por otra parte, en el mismo contexto, Kerry declaró que el derecho de libertad de expresión es un derecho universal y debe ser defendido a toda costa. Me gustaría saber sobre qué bases objetivas puede afirmarse esto más allá de la razón de la fuerza que tienen los Estados Unidos. Sin duda, el hombre es libre por naturaleza, pero no es libre de decir y hacer lo que le plazca en el foro público, porque él es un político, no un animal salvaje. Sin embargo, seamos claros, Kerry y los secularistas, en sus declaraciones universales de derechos humanos, no hacen ninguna apelación ni al orden moral de la naturaleza ni a la revelación divina. Sus declaraciones sobre derechos son estipulaciones vacías: derechos decretados, tales como el matrimonio entre homosexuales. Por otra parte, los musulmanes asientan principios judiciales que se basan únicamente en su libro inspirado. ¿Dónde está el terreno moral racional y común? Lamentablemente, en ninguna parte.

»Concedo, por supuesto, que incluso en las democracias liberales se imponen algunas restricciones a la libertad de expresión. ¿En qué consisten? Consisten en cosas tales como que no se permite gritar “fuego” en un teatro cuando no hay tal fuego. ¡Extraordinariamente trivial! Cuando se trata de cuestiones de fondo, sin embargo, está perfectamente bien, en nombre de la libertad amoral, burlarse abiertamente de Dios y de la religión, mancillar las creencias ancestrales de un pueblo, incluso si eso significa una convulsión mundial, disturbios civiles, violencia y asesinatos generalizados. Charlie Hebdo es un violador de la igualdad de oportunidades de la libertad de expresión responsable, atacando al Papa y al imán por igual, encendiendo pasiones con bellaquería e incitando a la violencia alegremente allí donde, premeditadamente, su pluma desea atacar. Pero Kerry y el gobierno francés, en su respaldo y promoción de una teoría vulgar, anárquica e irracional de la libertad de expresión, y con el fracaso de Francia para asegurar su herencia cristiana contra la invasión de una religión hostil, son los responsables de las muertes en el ataque contra Charlie Hebdo.

»¿Cómo una noción de la libertad tan trivial y, sin embargo, tan peligrosa surgió en Occidente? Ya en los siglos XVII y XVIII, algunos hombres occidentales decidieron que para moverse en una sociedad cristiana lo que se necesitaba era un mito acerca del hombre salvaje que sale de los bosques para formalizar un contrato social: Yo no te golpeo en la cabeza si tú no me golpeas en la cabeza; tú tienes que mantener tu propiedad y yo me quedo con la mía. Esto aparte, nos defendemos mutuamente frente a cualquiera que se nos oponga. Eso es todo, trato hecho. La historia de cómo esta cuento, falso y absurdo, que se consagró en las constituciones occidentales modernas a través de la labor subversiva de ciertas élites es demasiado largo de contar aquí. Baste decir que dio lugar a una libertad negativa que era políticamente exigible: tú puedes hacer y decir lo que quieras, siempre y cuando no dañes a otra persona; si lo haces, entonces y de acuerdo con el contrato, el gobierno actúa como juez. Esto es un extraordinario envilecimiento de la vida social humana. ¿Qué se entiende por daño aquí? Bueno, ya que el hombre no es más importante que su propiedad, sólo puede significar una cosa: daño físico.

»¿Y qué hay del daño espiritual o del daño psíquico? ¿qué pasa con las ideas que se burlan gratuitamente de los valores últimos y de lo sagrado, de las cosas que son las fuentes mismas de la acción humana y de los vínculos reales de la sociedad? En realidad, no cuentan y pueden ser pisoteados. Por supuesto, dicen los secularistas: “Nosotros permitimos que usted crea lo que quiera”. ¡Sí, siempre y cuando aceptamos el pluralismo, la castración política y los principios generales del orden liberal ateo de Leviatán! En cuyo caso, ¿qué queda? Una cultura religiosa que se marchita, porque su juventud se dejar embaucar por una cultura popular envilecida y explotada por intereses plutocráticos, al tiempo que es adoctrinada con la idea de que su venerable patrimonio cultural no es más que un asunto excéntrico privado y subjetivo.

»J’accuse! Yo acuso a Kerry y al gobierno francés de la opresión espiritual y psíquica de los fieles musulmanes porque Charlie Hebdo y su irresponsable y burlona calaña no son más que medios de comunicación y órganos de desinformación del estado liberal secular; está sancionado y cuenta con la complicidad de éste, y au fond, no es diferente del antiguo Pravda soviético.

»Uno no puede dejar de sentir asco ante la actitud enfrentada de dos caras en la prensa: unos islamistas locos mataron a unas personas por lo que no eran más que caricaturas. Lo sentimos, pero si las caricaturas se consideraban insignificantes, sin importancia, entonces ¿por qué se publicaron? ¡Cínicos mentirosos todos!

»Ellos, los redactores y dibujantes de Charlie Hebdo, conocían perfectamente su potencial explosivo. En consecuencia, deberían haber sido todos detenidos por peligro público, lo cual, irónicamente, habría salvado sus vidas y las de los demás. Por otra parte, ¿por qué la prensa blasfema nunca se burla de sí misma para cambiar? ¿Por qué? Porque la libertad de prensa es sagrada y ¡un dios que no puede ser ridiculizado! Tonterías. Así, ¿qué tal esto para un dibujo animado?: el editor de Charlie Hebdo fotografiado de pie junto a una serie de cadáveres con lápices que, como lanzas venenosas, salen de sus corazones, diciendo: “¡Qué fino trabajo hacemos aquí por el bien público!”.

»El régimen secular es una contradicción interna. Crea, a través de sus falsas libertades y a través de la inmigración, las condiciones apropiadas para el disturbio civil e, incluso, para su propio derrocamiento. Por lo tanto, al final, ¡tiene que participar en una guerra con los mismos invasores a los que deja entrar! No es sorprendente que la presión para permitir la inmigración de personas con valores distintos y hostiles esté fomentada por una implosión demográfica nacional, cual es el fruto estéril, sin semilla, de la búsqueda febril de la laicidad de la economía de consumo, una búsqueda que tiene la intención de distraer al hombre de cualquier vocación cultural superior. Cuando no adoras al Dios verdadero, adoras a la materia.

»Y, por cierto, como algunos han señalado acertadamente, la novus ordo saeculorm no es, como dice ser, neutral en lo religioso. Es más bien como la manzana de Adán en teología. El régimen secular es tan teocrático como el Vaticano o el Tíbet cuando estaba bajo el Dalai Lama (¡un ídolo para los liberales!) La separación del Estado y la Iglesia no puede afirmarse sin una justificación teológica. Por otra parte, si tratas de crear un vacío político religioso, una nueva creencia lo va a llenar de manera inexorable…

»Por último, una nota sobre el Islam. La propaganda occidental acerca de los tranquilos vecinos musulmanes desarmados. El Islam es históricamente, al menos en su forma suní dominante, una religión misionera que está mandada por el Corán para tomar las armas contra el infiel en una guerra ofensiva. Por lo tanto, no confundamos esto con las cruzadas cristianas defensivas, que nunca tuvieron la intención de invadir la península arábiga, sino más bien la de recuperar la tierra cristiana bizantina. Y recordemos también, por estar en tan gran medida olvidado, que el norte de África fue una vez el hogar de la civilización de los Santos Agustín y Atanasio. La misión histórica del Islam es su futuro; sin él muere. No tiene ninguna idea o teoría de la laicidad (laicismo francés) ni nada que ver con la orgía políticamente orquestada de creencias que compiten. La religión llamada de la paz predica la paz dentro de la Ummah (pan-islamismo), no fuera de ella. No estoy haciendo ahora aquello de lo que acusé a Charlie Hebdo: participar en la burla frívola. Estoy, por contra, tratando de mirar las cosas de manera histórica y filosófica; de hacer una crítica seria, y de limpiar el aire de las falsedades reinantes, la occidental y la islámica.

»Entonces, ¿qué se debe hacer? ¿por dónde van las cosas? Puse la culpa del sangriento fiasco en París primero, en los franceses y, después, en el Islam. Nada va a mejorar hasta que Francia redescubra su alma y sus raíces cristianas, específicamente católicas. Cuando lo haga, y espero que así sea algún día —quizá no en mi vida—, el problema de la inmigración se hará cargo de sí mismo.

»Hungría y Rusia han dado pasos constitucionales nada insignificantes hacia el redescubrimiento de su herencia cristiana —cosa increíble teniendo en cuenta la fuerza de la prensa liberal moderna del socialismo y del capitalismo—. El secularismo político, como he tratado de mostrar de manera breve, es irremediablemente incoherente. El Islam es más respetable y coherente, pero debe ser detenido. Francia está sólo en las primeras etapas de la ruptura de su experimento con la Ilustración, es decir, en el esfuerzo de mantener un país unido sobre la base de las banalidades de un contrato comercial libre de valores. Esperemos que Turquía no sea admitida en la Unión, ya disfuncional, Europea, pues no sería más que otro conducto del islamismo. De hecho ya lo está haciendo, actuando como intermediario en el negocio europeo verdaderamente loco de exportación e importación de yihadistas.

»Lo que se necesita es la promoción benevolente de la ley natural y de la libertad cristiana en Cristo, por quien somos verdaderamente libres. Ni el secularismo político ni el Islam se fundamentan en el derecho natural. Sin la luz y sin la ley de la razón y del Logos no hay perspectivas de una libertad moral responsable ni una base común sobre la cual los hombres de diferentes creencias pueden encontrarse. Todo lo que pueden hacer es arrojarse decretos y fatwas el uno al otro».

Traducido de The Remnant Newspaper.

Vínculos:

El reverendo Richard A. Munkelt es sacerdote de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Scranton (Pensilvania) y profesor adjunto de Filosofía en la Universidad jesuita de Fairfield: Richard A. Munklet.
Homilía del padre Richard A. Munklet. YouTube.

Esta traducción ha sido citada en el “Foro de las Fuerzas Armadas”.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 enero, 2015 at 19:53

Testamento de S.M.C. Luis XVI

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Testamento
de
Su Majestad Cristianísima
Luis xvi

Au nom de la très Sainte-Trinité, du Pere, du Fils et du Saint-Esprit. Aujourd’hui, vingt-cinquieme jour de décembre 1792, moi Louis XVIe du nom, roi de France, étant depuis plus de quatre mois enfermé avec ma famille dans la tour du Temple à Paris, par ceux qui étoient mes sujets, et privé de toutes communications quelconques, même depuis le onze du courant avec ma famille, de plus impliqué dans un procès, dont il est impossible de prévoir l’issue à cause des passions des hommes, et dont on ne trouve aucun prétexte ni moyen dans aucune loi existante, n’ayant que Dieu pour témoin de mes pensées, et auquel je puisse m’adresser; je déclare ici en sa présence mes dernieres volontés et mes sentimens.

Je laisse mon ame à Dieu, mon créateur, et je le prie de la recevoir dans sa miséricorde, de ne pas la juger d’après ses mérites, mais par ceux de notre Seigneur Jesus-Christ, qui s’est offert en sacrifice à Dieu son pere, pour nous autres hommes quels qu’indignes que nous en fussions, et moi le premier.

Je meurs dans l’union de notre sainte mere l’Église catholique, apostolique et romaine, qui tient ses pouvoirs par une succession non interrompue de Saint-Pierre, auquel Jesus-Christ les avoit confiés; je crois fermement et je confesse tout ce qui est contenu dans le Symbole et les commandemens de Dieu et de l’Église, les sacremens et les mysteres tels que l’Église catholique les enseigne et les a toujours enseignés. Je n’ai jamais prétendu me rendre juge dans les différentes manieres d’expliquer les dogmes qui déchirent l’Église de Jesus-Christ; mais je m’en suis rapporté et rapporterai toujours, si Dieu m’accorde vie, aux décisions que les Supérieurs ecclésiastiques, unis à la sainte Église catholique, donnent et donneront conformément à la discipline de l’Église, suivie depuis Jesus-Christ. Je plains de tout mon cœur nos freres qui peuvent être dans l’erreur, mais je ne prétends pas les juger, et je ne les aime pas moins tous en Jesus-Christ, suivant ce que la charité chrétienne nous l’enseigne. Je prie Dieu de me pardonner tous mes péchés; j’ai cherché à les connoître scrupuleusement, à les détester et à m’humilier en sa présence; ne pouvant me servir du ministere d’un prêtre catholique, je prie Dieu de recevoir la confession que je lui a faite, et sur-tout le repentir profond que j’ai d’avoir mis mon nom (quoique cela fût contre ma volonté) à des actes qui peuvent être contraires à la discipline et à la croyance de l’Église catholique, à laquelle je suis toujours resté sincèrement ami de cœur; je prie Dieu de recevoir la ferme résolution où je suis, s’il m’accorde vie, de me servir aussi-tôt que je le pourrai du ministere d’un prêtre catholique pour m’accuser de tous mes péchés et recevoir le sacrement de pénitence.

Je prie tous ceux que je pourrois avoir offensés par inadvertence (car je ne me rappelle pas d’avoir fait sciemment aucune offense à personne) ou ceux à qui j’aurois pu avoir donné de mauvais exemples ou des scandales, de me pardonner le mal qu’ils croyent que je peux leur avoir fait.

Je prie, tous ceux qui ont de la charité, d’unir leurs prieres aux miennes pour obtenir de Dieu le pardon de mes péchés.

Je pardonne de tout mon cœur à ceux qui se sont fait mes ennemis, sans que je leur en aie donné aucun sujet, et je prie Dieu de leur pardonner, de même que ceux qui, par un zèle mal entendu, m’ont fait beaucoup de mal.

Je recommande à Dieu ma femme, mes enfans, ma sœur, mes tantes, mes freres, et tous ceux qui me sont attachés par les liens du sang ou par quelqu’autre maniere que ce puisse être; je prie Dieu particulierement de jetter des yeux de miséricorde sur ma femme, mes enfans et ma sœur, qui souffrent depuis longtems avec moi, de les soutenir par sa grâce s’ils viennent à me perdre, et tant qu’ils resteront dans ce monde périssable.

Je recommande mes enfans à ma femme; je n’ai jamais douté de sa tendresse maternelle pour eux; je lui recommande sur-tout d’en faire de bons chrétiens et d’honnêtes hommes; de leur faire regarder les grandeurs de ce monde (s’ils sont condamnés à les éprouver) comme des biens dangereux et périssables, et de tourner leurs regards vers la seule gloire solide et durable de l’éternité; je prie ma sœur de vouloir bien continuer sa tendresse à mes enfans, et de leur tenir lieu de mere, s’ils avoient le malheur de perdre la leur.

Je prie ma femme de me pardonner tous les maux qu’elle souffre pour moi et les chagrins que je pourrois lui avoir donnés dans le cours de notre union, comme elle peut être sûre que je ne garde rien contre elle, si elle croyoit avoir quelque chose à se reprocher.

Je recommande bien vivement à mes enfans, après ce qu’ils doivent à Dieu, qui doit marcher avant tout, de rester toujours unis entr’eux, soumis et obéissans à leur mère, et reconnoissans de tous les soins et les peines qu’elle se donne pour eux et en mémoire de moi. Je les prie de regarder ma sœur comme une seconde mere.

Je recommande à mon fils, s’il avoit le malheur de devenir roi, de songer qu’il se doit tout entier au bonheur de ses concitoyens; qu’il doit oublier toute haine et tout ressentiment, et nommément tout ce qui a rapport aux malheurs et aux chagrins que j’éprouve; qu’il ne peut faire le bonheur des peuples qu’en regnant suivant les loix, mais en même tems qu’un roi ne les peut faire respecter et faire le bien qui est dans son cœur, qu’autant qu’il a l’autorité nécessaire, et qu’autrement, lié dans ses opérations et n’inspirant point de respect, il est plus nuisible qu’utile.

Je recommande à mon fils d’avoir soin de toutes les personnes qui m’étoient attachées autant que les circonstances où il se trouvera lui en donneront les facultés; de songer que c’est une dette sacrée que j’ai contractée envers les enfans ou les parens de ceux qui ont péri pour moi, et ensuite de ceux qui sont malheureux pour moi. Je sais qu’il y a plusieurs personnes de celles qui m’étoient attachées, qui ne se sont pas conduites envers moi comme elles le devoient, et qui ont même montré de l’ingratitude; mais je leur pardonne, (souvent dans les momens de troubles et d’effervescence, on n’est pas le maître de soi) et je prie mon fils, s’il en trouve l’occasion, de ne songer qu’à leur malheur.

Je voudrois pouvoir témoigner ici ma reconnoissance à ceux qui m’ont montré un véritable attachement et désintéressé; d’un côté, si j’étois sensiblement touché de l’ingratitude et de la déloyauté de gens à qui je n’avois jamais témoigné que des bontés, à eux, à leurs parens ou amis, de l’autre, j’ai eu de la consolation à voir l’attachement et l’intérêt gratuit que beaucoup de personnes m’ont montré. Je les prie d’en recevoir tous mes remercimens; dans la situation où sont encore les choses, je craindrois de les compromettre si je parlois plus explicitement; mais je recommande spécialement à mon fils de chercher les occasions de pouvoir les reconnoître.

Je croirois calomnier cependant les sentimens de la nation, si je ne recommandois ouvertement à mon fils, MM. de Chamilly et Hue, que leur véritable attachement pour moi avoient porté à s’enfermer avec moi dans ce triste séjour, et qui ont pensé en être les malheureuses victimes; je lui recommande aussi Clery, des soins duquel j’ai eu tout lieu de me louer, depuis qu’il est avec moi; comme c’est lui qui est resté avec moi jusqu’à la fin, je prie MM. de la commune de lui remettre mes hardes, mes livres, ma montre, ma bourse, et les autres petits effets qui ont été déposés au conseil de la commune.

Je pardonne encore très-volontiers à ceux qui me gardoient, les mauvais traitements et les gênes dont ils ont cru devoir user envers moi; j’ai trouvé quelques âmes sensibles et compatissante: que celles-là jouissent dans leur cœur de la tranquillité que doit leur donner leur façon de penser.

Je prie MM. Malherbes, Tronchet et Deseze, de recevoir ici tous mes remercimens et l’expression de ma sensibilité pour tous les soins et les peines qu’ils se sont donnés pour moi.

Je finis en déclarant devant Dieu, et prêt à paroître devant lui, que je ne me reproche aucun des crimes qui sont avancés contre moi.

Fait double à la Tour du Temple, le 25 décembre 1792,

Signé, Louis.

***

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy, día 25 de diciembre de 1792, yo, Luis XVI, Rey de Francia, estando ya más de cuatro meses prisionero con mi familia por aquéllos que fueron mis súbditos en la Torre del Temple en París, y privado de toda comunicación, aun con mi familia y hasta el más pequeño instante; más aun, procesado por un proceso cuyo fin me es imposible prever debido a las pasiones de los hombres y para el cual no se puede encontrar ni pretexto ni fuerza en ninguna ley existente y no teniendo más testigo de mis pensamientos que Dios a quien me puedo dirigir, declaro aquí, en Su presencia, mis últimas voluntades y sentimientos.

Entrego mi alma a Dios, mi creador; le ruego la reciba en Su Misericordia y no la juzgue por sus méritos sino por los de Nuestro Señor Jesucristo que se ofreció a Sí Mismo en sacrificio a Dios, Su Padre, por nosotros los hombres sin importar cuan indignos seamos, yo el primero.

Muero en comunión con Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que tiene la autoridad, por sucesión ininterrumpida desde San Pedro, a quien Jesucristo se la confió. Creo firmemente y confieso en todo lo que está contenido en el Credo y en los mandamientos de Dios y de la Iglesia, en los sacramentos y en los misterios tal como la Iglesia Católica los enseña y siempre ha enseñado. No he pretendido jamás hacerme juez en lo que respecta a las diferentes maneras de exponer el dogma que desgarran a la Iglesia de Jesucristo, pero estoy de acuerdo y siempre estaré de acuerdo, si Dios me concede vida, con las decisiones que los superiores eclesiásticos de la Santa Iglesia Católica den y darán siempre en conformidad con las disciplinas que la Iglesia ha seguido desde Jesucristo. Compadezco con todo mi corazón a nuestros hermanos que puedan estar en el error pero no pretendo juzgarlos y no los amo menos en Jesucristo, como nuestra caridad cristiana nos lo enseña. Ruego a Dios perdone todos mis pecados; he tratado de reconocerlos escrupulosamente, de odiarlos y de humillarme en su presencia. No pudiendo servirme del ministerio de un sacerdote católico, ruego a Dios que reciba la confesión que le hago y, sobre todo, el arrepentimiento profundo de haber puesto a mi nombre (a pesar de que fuera en contra de mi voluntad) actos que puedan ser contrarios a la disciplina y a la creencia de la Iglesia Católica, a la que siempre he estado unido sinceramente en mi corazón. Ruego a Dios que reciba, desde donde estoy y si me da vida,  la firme resolución que hago de servirme, tan pronto como me sea posible, del Ministerio de un sacerdote católico para acusarme de todos mis pecados y recibir el sacramento de la penitencia.

Suplico a todos aquéllos a los que pudiera haber ofendido por inadvertencia (pues no recuerdo haber ofendido conscientemente a nadie) o a aquéllos a los que yo haya podido dar mal ejemplo o motivo de escándalo, que perdonen el mal que crean pude haberles causado.

Imploro a todos que tengan la caridad de unir sus oraciones a las mías para obtener el perdón de Dios por mis pecados.

Perdono con todo mi corazón a los que se convirtieron en mis enemigos, sin haberles dado yo causa, y ruego a Dios que les perdone, así como a aquéllos que, por un celo malentendido, me han hecho tanto mal.

Pongo en manos de Dios a mi esposa, a mis hijos, a mi hermana, a mis tías, a mis hermanos y a todos aquéllos que están ligados a mí por los lazos de la sangre o por cualquiera otra manera. Ruego a Dios, particularmente, que mire con ojos compasivos a mi esposa, a mis hijos y a mi hermana, que tanto han sufrido conmigo durante tanto tiempo, y, si me perdieran, les dé el apoyo de su gracia en tanto permanezcan en este mundo perecedero.

Encomiendo mis hijos a mi esposa. Nunca he dudado de su ternura maternal por ellos. Le encomiendo, sobre todo, que haga de ellos buenos cristianos y hombres honestos; que les haga ver que las grandezas de este mundo (si es que están condenados a experimentarlas) son bienes muy peligrosos y transitorios, y les haga volver sus ojos hacia la única gloria sólida y duradera que es la eternidad. Suplico a mi hermana que mantenga su amable ternura hacia mis hijos y que ocupe el lugar de su madre si tuvieran ellos la desgracia de perderla.

Suplico a mi esposa me perdone todos los males que haya sufrido por mi causa y los dolores que pude haberle causado en el curso de nuestra unión. Puede estar segura de que nada tengo nada en contra de ella, aun aunque ella tuviese algo de qué reprocharse a sí misma.

Encarezco a mis hijos que, después de lo que deben a Dios, quien debe estar antes que todo,  permanezcan siempre unidos entre sí, sumisos y obedientes a su madre y agradecidos por todos los cuidados y penas que ella ha tenido para con ellos, así como en recuerdo mío. Les pido que consideren a mi hermana como a su segunda madre.

Exhorto a mi hijo, si es que tuviese la desgracia de convertirse en rey, a que recuerde que se debe por entero a la felicidad de sus conciudadanos; que debe olvidar todo odio y todo resentimiento, particularmente los que tengan que ver con las desgracias y penas que estoy sufriendo; que no puede hacer la felicidad del pueblo sino gobernando únicamente de acuerdo a las leyes, pero que, al mismo tiempo, recuerde que un rey no las puede hacer respetar y hacer el bien que está en su corazón a menos que tenga la autoridad necesaria y que, de lo contrario, estando empeñado en sus actividades y no inspirando respeto, es más dañino que útil.

Exhorto a mi hijo para que cuide de todas las personas que están ligadas a mí tanto como las circunstancias lo permitan; que recuerde que es una deuda sagrada la que he contraído hacia los hijos y parientes de aquéllos que han muerto por mí, así como hacia los que se hallan en desgracia por mí. Sé que hay muchas personas, entre aquéllos que estuvieron cerca de mí, que no se condujeron conmigo como deberían haberlo hecho y que hasta han mostrado ingratitud, pero les perdono (a menudo, en momentos de preocupación y agitación, uno no es dueño de uno mismo) y pido a mi hijo que, si encuentra la ocasión, debe pensar sólo en sus infortunios.

Hubiera querido mostrar aquí mi gratitud a aquéllos que me han demostrado un compromiso real y desinteresado; si, por un lado, fui profundamente lastimado por la ingratitud y deslealtad de aquéllos a los que siempre mostré bondad, así como a sus parientes y amigos, por otro lado he tenido el consuelo de ver el afecto y el interés gratuito que muchas personas me han demostrado. Les pido que reciban mi todo agradecimiento. En la situación en la que las cosas se encuentran, temo comprometerles si hablo más explícitamente, pero ordeno de manera especial a mi hijo que busque la ocasión para poder reconocérselo.

Creería, sin embargo, calumniar a los sentimientos de la nación si no encomendara abiertamente a mi hijo a los señores De Chamilly y Hue, cuyo verdadero apego hacia mí les llevó voluntariamente a hacerse prisioneros conmigo en esta triste morada. También le encomiendo a Cléry, para con cuyas atenciones no tengo más que alabanzas desde que está conmigo. Ya que es él quien me ha acompañado hasta el final, suplico a los caballeros de la comuna le entreguen mis ropas, mis libros, mi reloj, mi bolsa y los demás pequeños efectos que han sido depositados ante el consejo de la comuna.

Perdono de nuevo de todo corazón a aquéllos que me vigilan el mal trato y las vejaciones que han creído necesario imponerme. He encontrado unas pocas almas sensibles y compasivas entre ellos. Que tengan en su corazón la tranquilidad que su modo de pensar les da.

Pido a los señores De Malesherbes, Tronchet y De Seze que reciban todo mi agradecimiento y las expresiones de mis sentimientos por todas sus atenciones y por las preocupaciones que han tenido por mí.

Termino declarando ante Dios, preparado para presentarme ante Él, que no me reprocho ninguno de los crímenes que se me imputan.

Hecho por duplicado en la Torre del Temple, el 25 de diciembre de 1792.

Firmado, Luis.

Traducción al castellano de Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

***

Vínculos:

Luis XVII de Francia. El sol robado. Precioso blog que se centra en la persona del rey niño Luis XVII, asesinado a la edad de diez años en la prisión del Temple como su padre, Luis XVI, a quien pertenece el testamento que aquí transcribo. De esta página he tomado el grueso de la traducción al castellano de dicho testamento y lo he corregido como aquí lo presento.
Luis XVI. Wikipedia.
Requiem (à la memoire de Louis XVI). Cherubini. Youtube.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 marzo, 2013 at 10:45