Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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Epitafio

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Mis poemas
 
 
Epitafio

 

Quisiera que mis carnes reposaran,
entre gótica y barroca, en una catedral,
bajo de arcos fajones y formeros,
cerca del coro, mirando hacia el altar,
donde la epístola se abre en el crucero.

Que en una piedra del suelo,
de mi vida pecadora el cuento,
resumiese labrada una leyenda
latina, por que no se entienda―
que con un hic iacet comenzara
y que acabara pidiendo:
animam suam miserere, Deo.

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega, vs. 1995.

 

 

Nota: Este Epitafio, como el Soneto al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, lo escribí inspirado en lecturas relacionadas con la arquitectura cristiana que tenía por aquel entonces, concretamente Ciudad Rodrigo, la Catedral y la Ciudad de don Mateo Hernández Vegas y la Historia de la fundación del Monasterio de El Escorial, de fray José de Sigüenza, lecturas que luego se concretaron en la digitalización completa de éste y en la del primer tomo de aquél y que están disponibles en los vínculos que van debajo.

Vínculos:

Ciudad Rodrigo, la Catedral y la Ciudad. Mateo Hernández Vegas.
Historia de la fundación del monasterio de El Escorial, tomos I y II. Fray José de Sigüenza.
Volver a Mis Poemas. Conceptos esparcidos.

© del poema y de las ediciones digitales de los textos que se mencionan Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 marzo, 2015 at 19:54

Publicado en Mis poemas, Poesía

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Mis poemas: Retrato.

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condesa de vilches 1 copia 2

A la Condesa de Vilches en el cuadro de Madrazo.

Complacida, feliz y muy hermosa,
dando por de contada su belleza,
la condesa adelanta la cabeza
y, divertida, a su retrato posa.

Sobre la mano que en el rostro para,
ligero el cuerpo, apenas se reclina
mientras el rosa leve le carmina
la boca breve, la adorable cara,
y esboza el continente delicado
leve sonrisa que el labio apenas mueve.

Evocan el fin del siglo diecinueve
el artificio vetusto del peinado
y el vestido azul con alamares
que llena la butaca de caoba;
inquietan la penumbra de la alcoba
desnudo el hombro y el cuello sin collares.

De terciopelo dobla y cae al suelo
olvidado el mantón tras de la espalda.
Un abanico nace que, del halda,
conduce el brazo distraído, sobre el vuelo.

Todo frescura y alegría en ella, 
y tan difícil a su mirar huirle,
impele al alma mirándola decirle:
lleváis razón, señora, sois muy bella.

***

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega, vs. 1995.

Nota: No puedo precisar la fecha en la que escribí este poema. Calculo que sería hacia la mitad de la década de los noventa. Lo publiqué por primera vez en 1997 en el número IX de la revista Milenio, Gaceta cultural del Círculo de Amigos de la Poesía de Valencia, y lo publico aquí con las mínimas correcciones, tanto del original en sí que, al releerlo, me han parecido oportunas, como de las erratas con las que apareció en aquella publicación.

Como anécdota, referiré que hará unos diez años, y figurándome, por motivos que no hacen al caso, que esta pintura se hallaba en el Museo de El Prado, me pasé horas y horas buscándola en él sin encontrarla hasta que, al final, ya cansado, pregunté a no sé quién que me dijo que no estaba mismamente allí, sino en el Casón del Buen Retiro, casón que a la sazón se hallaba en obras de reforma y no se podía visitar. Ignoro dónde para ahora la pintura.

Vínculos:

Amalia de Llano, condesa de Vilches. Wikipedia.
Volver a Mis Poemas. Conceptos esparcidos.

© del poema, Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

3 febrero, 2014 at 16:48

Gutierre de Cetina: Como la simplecilla mariposa… (soneto)

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Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;

vase, vuelve, anda y torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.

Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;

mas es tan diferente mi cuidado
que, en medio del dolor de mis enojos,
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo.

Gutierre de Cetina.

 

Nota: Gutierre de Cetina, el conocido autor del soneto que comienza:

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados…

es, también, el autor, entre otros muchos, de éste que presento hoy en Flor de Pretericiones y que se inspira en el de Petrarca:

Come tal ora al caldo tempo sòle
semplicetta farfalla al lume avezza
volar ne gli occhi altrui per sua vaghezza,
onde aven ch’ella more, altri si dole;

cosí sempre io corro al fatal mio sole
degli occhi, onde mi ven tanta dolcezza
che’l fen de la ragione Amor non prezza
e chi discerne è vinto da chi vòle.

E veggio ben quant’elli a shivo m’hanno,
e so ch’i’ne morrò veracemente
ché mia vertú non po contra l’affanno:

ma sí m’abbaglia Amor soavemente,
ch’i’piango l’altrui noia e no’l mio danno,
e, cieca, al suo morir  l’alma consente.

Introductor del soneto en la literatura castellana junto a Íñigo López de Mendoza, Garcilaso, Boscán, Diego de Mendoza y Hernando de Acuña, sus Sonetos y madrigales completos existen en edición moderna de Begoña López Bueno en la colección Letras Hispánicas de Ediciones Cátedra.

Vínculos:

Gutierre de Cetina. Wikipedia.
Obras de Gutierre de Cetina. Biblioteca Digital Hispánica. Biblioteca Nacional. (No se incluyen en ella ni los sonetos ni los madrigales).
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 septiembre, 2013 at 17:31

La Canción de la Carne

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La Canción de la Carne

Para Francisco Villaespesa

Las moradas sombras de la tarde muerta
por el hondo valle, lentas resonaban…;
la selva sombría
se quedó en silencio, triste y solitaria…
C
ortando con lumbre las siluetas largas, largas y espectrales
de los negros árboles,
asomó la Luna por el alto monte su faz tersa y pálida…

Un suspiro lúbrico
estremeció el bosque triste y solitario…
R
esonaron luego frescas carcajadas…,
y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
surgieron desnudas, radiantes y blancas,
hermosas bacantes
que, al beso plateado de la Luna tersa, de la Luna pálida,
parecían vivientes estatuas de nieve;
parecían estatuas
de marmóreos pechos, de muslos pentélicos,
de espaldas turgentes, ebúrneas y albas…

Se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un loco vértigo febril e incitante
giraron lascivas en lasciva danza…

Cesó el torbellino…
Una blonda niña de pupilas verdes y cabellos de oro,
de incipientes pechos y caderas lánguidas,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptuosas,
entornado triste los húmedos ojos,
alzó una canturia de cadencias báquicas…

Todas las bacantes,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptüosas,
entornando tristes los húmedos ojos,
con suspiros hondos la canturia báquica de la rubia niña, locas corëaban…

Cantaba la niña:

«La Carne es sublime, ― la Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
Son sus esplendores
soles febricientes
que alumbran la Senda,
la angustiosa Senda
de los Sufrimientos y de las Desgracias…
En las largas Horas,
en las largas Horas de recuerdos fríos y horribles Nostalgias,
en que el pobre mártir,
en que el pobre esclavo consume las hieles de la Lucha amarga;
cuando los Desprecios, las Ingratitudes, los Amores falsos,
desbordan el rojo Lago de las lágrimas;
cuando los Pesares
destrozan el Alma,
la Carne es un dulce consuelo, en un bálsamo
que, con sus turgencias, con sus morbideces y con sus fragancias,
en espasmos rientes,
trae un noble olvido de la triste Alma;
trae un goce al cuerpo
y bebe la sangre, y la herida cierra, y enjuga las lágrimas…»

«La Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
El día más grande de la Vida lúgubre,
es el día rojo de la Desposada,
de la pura virgen
que en delirios locos gozará una dicha lujuriosa y lánguida…:
el Placer ignoto
que, entre el blanco velo y los azahares ve la virgen cándida,
es una Diadema de áureos resplandores
que ciñe la frente de los Sufrimientos y de las Desgracias…;
cuando el noble amado,
la cerrada verja del jardín de goces abre enardecido,
cuando el noble amado la helada inocencia de la virgen rasga,
una Aurora ríe en los cielos verdes de las Ilusiones,
y es la Vida un Sueño de hermosas visiones enloquecedoras;
la Vida es dichosa, la Vida sonríe, suspira la Vida y la Vida canta…»

«En aquel Ensueño
de la niña ardiente,
de la niña ardiente que siente en sus venas la sangre inflamada:
en aquel Ensueño que lleva en sus brumas
brazos amorosos y lechos nupciales y fusión hirviente de cuerpos y almas,
la Carne es el ángel
que bate sus alas…»

«La Carne es la gloria;
la Carne es el cielo de las Esperanzas;
aumenta alegrías;
endulza nostalgias,
y hace que se olviden los negros Pesares,
y hace que no duela la Espina del Alma…
Como a única reina, ciñámosle alegres,
de flores y risas y aromas y cantos, eternal guirnalda…
Löor a la Carne,
que al arder mitiga los cruentos martirios de la Vida humana…»

Se calló la niña.
Tejió una corona de myrthos y rosas y lirios y palmas,
y ciñó su frente
y adornó sus pechos y adornó su vientre y adornó sus piernas y adornó su espalda…

…Las locas bacantes
se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un raudo vértigo febril e incitante,
giraron lascivas en lasciva danza…;
y entre los ramajes de hojas cristalinas
huyeron desnudas, radiantes y blancas…

Y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
al beso plateado de la Luna tersa, a veces brillaban
cual estatuas níveas…
hasta que en la agreste selva se perdieron…
y la selva agreste se quedó, de nuevo, muda y solitaria…

Sólo allá, a lo lejos… muy lejos… muy lejos…,
débiles sonaban
quejas ardorosas, intensos suspiros, sollozos extraños,
frescas carcajadas.

Y, de vez en cuando,
venía en las brisas la voz de la niña
que alzaba, embriagada, la canturia hermosa de cadencias báquicas…

…De pronto, cruzaron los Espacios mudos,
de lúgubres cuervos lúgubres bandadas,
que con fugaz vuelo
graznando seguían a tierna paloma cuyas plumas blancas
de gotas de sangre
iban salpicadas…

Juan Ramón Jiménez.

Nota: Si en la entrada anterior de esta Flor de Pretericiones gozamos de la experiencia mística gracias al soneto A Jesús Crucificado de Rafael Sánchez Mazas, con esta Canción de la Carne del delicadísimo autor de Platero y yo descendemos al tratamiento del goce carnal por parte de la poesía.

Cosa difícil. Más difícil de lo que pudiera parecer a simple vista. No cabe ninguna duda de que el sentimiento amoroso es uno de los principales estros de la poesía y el principal de la lírica, como tampoco la cabe de que ha inspirado infinidad de obras sublimes en cualquier literatura, desde luego en la nuestra, de las que renuncio aquí a dar ejemplos por lo infinito de la labor.

Digo, sin embargo, que es cosa difícil: lo es para la poesía moderna desnortada por el error general en el que cae el arte moderno que centra toda su atención en la persona del artista y en su sentimiento y prescinde del todo de la forma, del cuidado del metro, de sus acentos, de la estrofa, de la belleza y ornato de la rima, de ingredientes tan substanciales a la poesía como son los tropos y, muy en especial, de la metáfora y de la alegoría, de manera que cualquier niña enamorada puede plasmar su vulgar sentimiento con cuatro frases manidas y decir que escribe poesía. Nada tengo contra ello. Contra lo que me manifiesto es contra la tomadura de pelo de la industria editorial que, efectivamente, considera poesía estos desahogos y como tal los publica.

Y, si podemos hacer estas consideraciones acerca de la poesía amatoria, ¡qué no podríamos decir de la poesía erótica! ¿A quién se le escapa que asunto tan cercano a nuestra animalidad debiera exigir de la poesía un tratamiento exquisito de forma que evocara las sensaciones que pretende evocar sin caer en la chabacanería, en la fealdad, en la obscenidad y en la crudeza más descarnada? Y, sin embargo, una somera consulta en Google puede hacerles ver a ustedes los abusos que se cometen en este campo.

***

Como ejemplo de un muy buen tratamiento de este asunto escabroso presento hoy en Flor de Pretericiones La Canción de la Carne de la que no tengo noticia que se haya publicado íntegramente con anterioridad en Internet. Pertenece al libro Ninfeas, que Juan Ramón Jiménez escribió por los años de 1900 y con la que, al parecer de los críticos, se inicia en el modernismo. Lo transcribo de la edición que Javier Blasco hizo en la Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, en 1987.

***

Por lo que respecta a la explicación de su origen y creación, bástenos la que el mismo poeta da en el Ofertorio que sirve de prólogo a Ninfeas:

De mi sangre se nutrieron las estrofas de estos cantos;

y, con respecto a su valor moral, recordemos solamente lo que el gran Rubén Darío escribió acerca este poema en su Historia de mis libros:

¡Cuántas veces me he refugiado en algún paraíso artificial poseído por el horror fatídico de la muerte!

***

Vínculos:

Juan Ramón Jiménez. Wikipedia.
Juan Ramón Jiménez. Biografía. Instituto Cervantes.
Juan Ramón Jimenez. Iconografía y tres poemas escogidos. Aprender español en Madrid.
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos esparcidos.

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Canción

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Flor de Pretericiones

 

 

José María Gabriel y Galán

 

Canción

No piense nunca el lloroso
que este cantar dolorido
es un capricho tejido
por la musa de un dichoso.
No piense que es armonioso
juego de un estro liviano;
piense que yo no profano,
ni con mentiras sonoras,
las penas desgarradoras
del corazón de un hermano.

Una canción de dolores
me piden mis padeceres,
tal como ayer mis quereres
pidieron cantos de amores;
que así como son mayores
si se cantan los contentos,
así los tristes acentos
de las trovas doloridas,
si no curan las heridas,
amansan los sufrimientos.

Mis penas son tan vulgares
como esas espinas duras
que erizan las espesuras
de todos los espinares.
Más hondas son que los mares.
Más hondas y más sombrías
que un horizonte sin días,
pues no hay abismo tan hondo
como el abismo sin fondo
de unas entrañas vacías.

Dios me las hizo de fuego…
¿Por qué no les dio dureza
si quiso su fortaleza
probar golpe a golpe luego?
¿Por qué enriqueció con riego
de sementera de amores
huerto que sabe dar flores,
si luego le manda días
de matadoras sequías
y vientos asoladores?

¡Ay! Al llegar a las puertas
de la tarde de mi vida,
voz de los cielos venida
me ha dicho: «¡Ya están abiertas!
¡Entra y sigue, y no conviertas
la mente a tiempos mejores,
que en vez de aquellos amores
de santidades pristinas
verás las desiertas ruinas
del solar de tus mayores!»

«¡Mejor es cegar, Dios mío!
¡Mejor es ir paso a paso
cayendo hacia el propio ocaso
solo, con pena y con frío!
¡Mejor es ir al vacío
que a ruinas y sepulturas!
¡Mejores son las negruras
de la noche más sombría,
que las negruras del día,
que son dos veces oscuras!»

Así, loco de dolor,
dije con vil vocecilla…
¡Esto que tengo de arcilla
fue quien lo dijo, Señor!
Pero esto que es resplandor
de Ti, venido hasta mí,
cuando tu rayo sentí
bien sabes Tú que te dijo:
«¡Señor! ¡La frente del hijo
tienes rendida ante Ti!»

Con sólo llorar mi suerte,
con sólo dejar abierta
de tal herida la puerta,
muriera de triste muerte.
Mas, hijo yo del Dios fuerte,
me he resignado a vivir,
y voy dejándome ir
sobre el polvo de la senda
caminando a media rienda
por el campo del sentir.

Porque si rindo la frente
sobre las manos crispadas;
si hacia las ruinas sagradas
dejo que vaya la mente;
si de mi llanto el torrente
dejo que anegue mi vida,
si abriese más esta herida
que en lumbre de fiebre arde,
viviera como un cobarde,
muriera como un suicida.

¡Quiero vivir! Las dulzuras
de los gozados placeres,
con hieles de padeceres
se tornan del todo puras.
Visión de mis desventuras:
¡Yo no te cierro mis ojos!
Camino de los abrojos:
¡yo no me cubro las plantas!
Cruz que mis hombros quebrantas:
¡yo te acepto sin enojos!

¡Quiero vivir! Dios es vida.
¿No veis que en vida convierte
la ancianidad que en la muerte
cayó con dulce caída?
¿No soy yo vida nacida
de vidas que a mí se dieran?
Pues vidas que en mí se unieran,
si vivo, no han de morir,
¡por eso quiero vivir,
porque mis muertos no mueran!

¡Y no morirán conmigo,
que el huerto de mis amores
está rebosando flores
que pinta Dios y yo abrigo!
¡Y atrás el cierzo enemigo
de esas mis vivas canciones,
pues son santos eslabones
de una cadena florida
para corona tejida
del Dios de las creaciones.

¡Quiero vivir! A Dios voy
y a Dios no se va muriendo;
se va al Oriente subiendo
por la breve noche de hoy.
De luz y de sombras soy
y quiero darme a las dos.
¡Quiero dejar de mí en pos
robusta y santa semilla
de esto que tengo de arcilla,
de esto que tengo de Dios!

 
***
José María Gabriel y Galán, 1905
 

Nota: Este poema lo escribió el malogrado poeta salmantino pocos días después de la muerte de su padre y pocos, también, antes de la suya propia.

Los pensamientos de la poesía de Gabriel y Galán, como se ha notado, son vulgares; su originalidad no depende de lo que en ella se dice sino de cómo lo dice a la manera propia suya con la que presenta su idea: una de las cualidades del verdadero poeta es atinar a dar con la fórmula artística para expresar lo que todos los hombres pensamos y sentimos. La inspiración de Gabriel y Galán no nace del espíritu enfermizo del arte moderno —esto es lo que viene a decir en la primera décima de esta canción: “no piense que es armonioso – estro de un juego livianosino que, nacida de las eternas inquietudes del alma humana, arraigada en la dureza y en la belleza de la tierra salmantina en la que hunde su nacimiento, se nutre, casi exclusivamente, de las lecturas de nuestros escritores clásicos, se realiza con su lección y se lustra con ellas sin hacer caso de novedades extravagantes.

Nada más vulgar que el pensamiento de “todo pasa; todo se desvanece”. Nada más vulgar que la inquietud del hombre ante la muerte. Y, sin embargo, este pensamiento vulgar, que alcanzó a formularlo Jorge Manrique de manera sublime y con belleza imperecedera, nos lo presenta aquí José María Gabriel y Galán en esta bellísima Canción que, por olvidada, incluyo hoy en mi Flor de Pretericiones.

Vínculos:

José María Gabriel y Galán. Wikipedia.
José María Gabriel y Galán. Wikisource.
Juicios críticos y elogios.

Volver a Flor de Pretericiones. 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 enero, 2013 at 11:16

Ensoñación

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Mis poemas
 
 
Ensoñación
 

Quiero marchar a un rincón
del corazón castellano.
Plantaré allí solariego
asiento y seré huertano.

Allí una casa encalada
de verdinoso tejado
y una portada de piedra
con un escudo labrado
do paren las golondrinas
a hacer sus nidos de barro.

Alrededor un jardín
y un huerto que, a mi cuidado,
pueblen coles y lechugas,
albahaca y colinabos,
alcachofas y tomillos,
los pimientos colorados.

Tendré patos y gallinas.
Y gorrinos. Y un manzano.
Y un mi perro que me siga
en los andares callados
y que en las noches de invierno,
al fuego los dos sentados,
me mire bajo las cejas
con los ojos atristados
mientras leo un libro viejo
en cuero viejo aforrado.

Una alberca de agua clara
para que naden los patos,
donde se mire la luna
las noches de cielo claro
y beban las golondrinas
en sus volares picados.

En torno pondré una cerca,
donde pararán los grajos,
y, detrás, un carballedo
con los robles muy lozanos
y un camino que se pierda
en el linde allá lejano,
con jarales y una seta
do acaso more un enano
que me pudiera dar cuenta
de aquellos cuentos de antaño,
aquéllos que me dijera
mi madre, yo muy callado.

Así me quiero apartar,
como Fabre, viejo amado
se retiró allí en Francia
a contemplar los gusanos.

Así me quiero morir:
viendo el cielo castellano,
en mi solar, con mi perro,
las golondrinas volando.

***

De Mis Poemas, c. 1995
Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

Volver a Mis Poemas.

© Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 noviembre, 2012 at 20:12

Las Cortes de la Muerte

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Oid los que estais dormidos,
Despertad del sueño grave,
Desatapad los oidos,
Quitad la mundana llave
Con que cerrais los sentidos.
Entienda todo mortal
Que tiene cerca la Muerte:
Tenga en la memoria cuál
Será la trompeta fuerte
De aquel jüicio final.

 

Portada

 

En el día de hoy, conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, enriquezco apresuradamente mi editorial digital con esta maravilla del teatro castellano: un auto sacramental olvidadísimo y sin embargo, desbordante de sabiduría, de moral —véase, por poner uno de tantos ejemplos, el diálogo entre Heráclito, filósofo triste, y Demócrito, filósofo alegre, en la escena XVIII— y hasta de un insuperable sentido del humor —la participación en la escena vigésima del portugués pretendiendo que la Muerte no tiene poder sobre los reyes de Portugal, leída con atención, es desternillante—.

Son Las Cortes de la Muerte de Luis Hurtado de Toledo, —aunque comenzadas por Miguel de Carvajal—, a no confundir con la obra del mismo título de, indudablemente, inspirada en aquella, del divino Lope.

Estas cosas, señores, tiene la literatura castellana: su Siglo de Oro no nació de la nada. Nació de antecedentes como este.

Esta edición la he realizado a partir de la de la Imprenta de los Sucesores de Hernando, Madrid, 1915, en la recopilación que don Juan Justo de Sancha hizo para el tomo trigésimoquinto de la Biblioteca de Autores Españoles, obra tan monumental en su día como olvidada en los nuestros y  que poseo, encuadernada en pasta española, como una de las joyas de mi biblioteca.

Vaya aquí, en lo que valga, en formato e-book.

Vínculos:

Danza de la Muerte. Wikipedia.
Luis Hurtado de Toledo. Wikipedia.
Edición facsímil. Google-Books. En ella pueden encontrarse la presentación y los comentarios del editor, don Justo de Sancha, de los que he prescindido en mi edición por dejarla más expedita.

Volver a Biblioteca.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 noviembre, 2012 at 20:14