Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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Cayetana Álvarez de Toledo vs. Iglesias

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¡¡¡Memorable la intervención de ayer en el Congreso de Cayetana Álvarez de Toledo!!!

Y memorable su enfrentamiento con el comunista Pablo Iglesias.

En una reciente entrada, criticando un discurso reciente de Ana Oramas en el que esta señora venía a distanciarse de la situación y a considerar de ella igualmente responsables a las llamadas dos Españas, quise señalar la diferencia radical entre ambas e intentar enfatizar el odio que inspira a una y la mansedumbre de que adolece la otra.

Indiqué también cómo esa mansedumbre tiende a aminorarse, ma non troppo, cuando la ponen entre las cuerdas..

Durante la sesión de control al gobierno de ayer, venía éste con su habitual perorata meliflua con la que trata de disimular el odio ancestral de la izquierda a España y a sus símbolos y a hacer como si no estuviera enfrascado en destruir el actual orden constitucional en aras de implantar un régimen bolivariano en nuestra patria.

Criticó Cayetana al comunismo y este imbécil, como, a falta de argumentos lógicos es maestro en el manejo de la falacia, recurrió al ad hominem y, con retintín, empezó la faena aludiendo a la condición de marquesa de Álvarez de Toledo para rematarla insinuando que el Partido Popular forma parte sólo un poquito de España:

Señora Marquesa, el Partido comunista forma parte de España y de su Constitución y ustedes solamente un poquito, aunque a usted le duela, señora marquesa.

con lo cual, y prescindiendo de la enormidad de que un partido comunista pueda formar parte política activa de ninguna nación civilizada, vino a remachar las palabras, mucho más crípticas, pero no menos aberrantes, del presidente Sánchez cuando, en la sesión de su investidura, se atrevió a aludir a los cordones sanitarios:

Cualquier cordón sanitario que se establezca, no se va a dirigir a las personas: se dirigirá a las ideas.

Y así, nos comunicó, sin mudar el semblante, que, en el Gobierno que aspiraba presidir se iba a perseguir las ideas.

Como decía antes, quedando en España restos de aquella que defendió la primera a la civilización cristiana, los símbolos españoles inspiran una adversión inconmensurable a la izquierda. Como, al menos hoy por hoy, no lo pueden manifestar explícitamente, prosiguió El Coletas con su argumento habitual para eludir el trance:

Defender España no es agitar una bandera muy grande apara agredir a los demás; defender a España es defender la sanidad pública… la educación pública… la vivienda…

como si fuera incompatible el amor a los símbolos nacionales con el deseo del bienestar material para nuestro pueblo. El argumento, como todos los suyos, es un sofisma y un ejemplo hilarante de cómo el comunismo busca el poder a través de la mentira pero, pareciéndole, a lo que se ve, exiguo y sin poderse contener, se vino arriba y lo remachó con lo que ellos llaman la bandera del aguilucho:

Se ven últimamente muchas banderas de la sociedad ornitológica; esa bandera con el pollo ibérico que revela un inconsciente que sigue existiendo entre ustedes

aludiendo, bien se entiende, al eterno reproche de considerar franquista a la derecha de nuestros días, condición, para ellos, abominable. Antes había mencionado, mintiendo una vez más, que Alianza Popular se opuso a la Constitución del 78, cuando lo que sucedió es que se abstuvo, lo hizo, solamente, por disconformidad con título VIII, de las Autonomías y, en realidad, recomendó votar .

Remató la faena con un:

Ni ustedes ni sus socios ultras nos van a dar ninguna lección de lo que significa ser patriota, ser español y defender a España.

Y así fue transcurriendo la llamada sesión de control al Gobierno como viene sucediendo en todas: el Gobierno, en vez de contestar a lo que se le pregunta, las utiliza para lanzar diatribas e ir abriendo camino.

No es que Cayetana no conozca de qué va el percal pero ayer, al oírse llamar marquesa y harta de tanta mentira y disparate, contestó con brillantez y contundencia:

Ha hecho usted referencia a mi título de Marquesa… los hijos no somos responsables de nuestros padres… por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista; a esa aristocracia pertenece usted; a la del crimen político.

El Coletas, raquítico y encorvado, la escuchaba desde su escaño con una sonrisa pero muy atento.

Mirándolo a él tan sofista, sentado en el escaño con su porte de misántropo ―casposo, en palabra de Cayetana― y mirándola a ella, tan guapa, tan vital, tan contundente y con esa solvencia intelectual desbordante que tiene, me preguntaba lo que muchas veces antes me he preguntado: ¿qué subyace en el fondo del alma de las personas de izquierda? ¿Por qué abrazan esas ideologías tan aberrantes, tan inhumanas, tan contrarias al orden natural? ¿Acaso por resentimiento inconsciente debido a no se sabe qué injusticia atávica? ¿Por un complejo de inferioridad?

Lo ignoro pero, en cualquier caso, si la prestancia de Álvarez de Toledo ya inspira algún recelo en su propio partido, ya sea por creerla demasiado radical, ya sea por celillos personales ―notemos a este respecto cómo Iglesias ha tuteado a Casado mientras a ella le hablaba de usted― qué ampollas no levantará en la piel del enemigo político.

El incidente, para más ignominia, finalizó con la Presidenta del Congreso, Meritxell Batet, pidiendo a Cayetana que retirara del diario de sesión la alusión al padre de Iglesias y, como Cayetana dijo que no lo retiraba, la Batet decidió que no constara en acta porque, para los socialistas, la Historia es así: en ella figura sólo lo que ellos quieren y como quieren.

En fin, la faena de ayer de Cayetana lidiando al Coletas fue de las de dos orejas, rabo y salida a hombros por la puerta grande.

***

El incidente de la hija del marqués con el hijo del terrorista fue muy significativo en cuanto que representa la imagen de que las derechas nos vamos quitando el miedo de decirles a estas bestias lo que son.

Sin embargo, no dejó de ser una anécdota en la soberbia intervención parlamentaria de Álvarez de Toledo referida a la gravísima situación por la que atraviesa España hoy y centrada en el señalamiento del peligro comunista que nos acecha.

Dejo aquí la transcripción completa de dicha intervención:

Discurso:
Señor vicepresidente segundo. Pacta son servanda. Efectivamente lo pactado obliga y el primer pacto que nos obliga a todos, y a usted en particular por la responsabilidad que ostenta, es el pacto constitucional: el ejemplar acuerdo democrático cuyo artículo dos establece que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español. A usted ese pacto le gusta poco. Ahora se pasea con una Constitución en la mano recitando artículos como un predicador. Pero no; usted no es un converso; es un impostor.
Vamos a los hechos. Primero los más recientes. El pasado jueves usted se erigió en doble portavoz de los máximos agresores de la democracia española. Por un lado salió raudo y desafiante en defensa del acuerdo suscrito en esta cámara con Bildu para liquidar la reforma laboral; por otro, volvió a remeter contra la justicia y defendió el indulto para dos condenados por sedición. Es decir, en el mismo día usted promovió un doble indulto: el indulto judicial del nacionalismo golpista y el definitivo indulto moral y político del nacionalismo filoetarra.
En realidad, señor vicepresidente segundo, más que el indulto de los Jordis o de los Oteguis, lo que usted debería solicitar es su propio indulto.
Porque vamos a la hemeroteca. Es su cruz, lo sé, y eso que, de momento, ni siquiera voy a citar sus vínculos con la dictadura venezolana.
Analicemos su relación con la democracia española. Así podremos comprobar, ―también usted―, hasta qué punto la superioridad moral que exhibe frente a mi partido y otros es puramente irrisoria. La suya, en realidad, es una inferioridad moral. Esta mañana clamaba usted que nos jugamos la democracia. Sí, sí, pero por usted. Usted es el que ha jugado y sigue jugando contra la democracia.
Primero. El terrorismo.
Usted tiene una larga relación intimidante antidemocrática con el inframundo de ETA. Conferencias, entrevistas, twits, charlas. A usted el terrorismo nunca le ha causado la repugnancia que causa a un demócrata, de izquierdas o derechas. Al revés, usted ha manifestado siempre una insólita condescendencia con la violencia. Algunos ejemplos. Dos mil ocho: su tesis doctoral. Ahí escribió que la kale borroka, esto que volvemos a ver en Navarra ataques a sedes de partidos, cajeros quemados, disturbios, es una gimnasia, un entrenamiento, ¿para qué exactamente señor vicepresidente? No lo sabemos.
Dos mil once, en , aquí ya se erige usted en abogado defensor del terrorista Otegui. “¡Qué escándalo que se le condene a diez años de cárcel ―decía―”. Unos años después celebraba eufórico su liberación, “una buena noticia para los demócratas, porque nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”. ¿Por sus ideas, señor vicepresidente? Si en España se condenaran las ideas, usted estaría en la cárcel. Esto se lo he explicado varias veces al diputado Rufián que está en proceso de entenderlo.
Prosigamos. Dos mil trece, en la televisión, su medio predilecto: “cualquier demócrata ―decía― debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA no deberían ir saliendo de las cárceles”. Lo más chocante de la frase es el uso la palabra “demócratas”. Para ser un demócrata, ¿hay que desear la libertad del terrorista Entonces, los que pedimos simplemente justicia, un castigo proporcional al crimen, ¿qué somos? ¡Ah! Fascistas. Eso.
Con estas ideas tan avanzadas se ganó usted un merecido prestigio en el civilizado ambiente de las erriko tabernas. Allí le invitaban y allí comparecía. Esto es lo que dijo usted una tarde en Navarra: “por mucho procedimiento democrático que haya en España, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad. Quien primero se dio cuenta de ello fueron la izquierda vasca y ETA”.
Lo elaboró un poquito más en el Ritz. “Si me preguntaran en el Parlamento Europeo por ETA ―dijo― diría que ha causado mucho dolor pero que tiene una explicación política. En esa sucia adversativa está la clave de su posición. Usted considera que la asesinato político es un derecho derivado del derecho de autodeterminación y, por eso, en aquella misma taberna navarra, se ofreció usted para una misión especial: “me gustaría ―dijo― que me dejarais ser como vuestro embajador”. En eso exactamente se ha convertido usted, señor Iglesias, en embajador de ETA Batasuna en el gobierno de España; en el burro de Troya de la democracia. En el burro de Troya de la democracia y, también, tras el último pacto con Bildu, en la principal amenaza para los más vulnerables.
Dirá usted, “pero Bildu es un partido legal”. Sí, pero no es un partido democrático; es un partido que justifica el asesinato; un partido racista que rinde homenaje a terroristas que han matado en nombre de un proyecto totalitario; un partido que ni siquiera condena el ataque al domicilio de la señora Mendía el mismo día en que el partido socialista se exhibe con ellos. Señorías del PSOE, mediten por favor, mediten. Y, señorías del PNV, prepárense: Durango, Galdácano, Rentería… la próxima parada es el gobierno vasco, y de ahí a Cataluña, a repetir la operación ahora con Serra. Señor vicepresidente segundo, usted dice “yo defiendo derechos de autodeterminación”, y yo le contesto dos cosas: no existe el derecho a exigir un derecho que no existe y, menos aún, a imponerlo, y, segundo, no es verdad que usted defienda un derecho anulado. Lo que usted defiende es la anulación de los derechos vigentes. El presunto derecho de autodeterminación es una agresión; una agresión a la igualdad de los españoles con la que a usted se le llena la boca.
Hoy ha acusado a mi partido de alentar una insubordinación. ¡Usted hablando de insubordinación! ¡El gran valedor de los golpistas de octubre de dos mil diecisiete! Esto es risible. ¿No sea cuenta de que es risible? Su calificación de aquel golpe a la democracia como una manifestación política legítima; sus críticas contra la ejemplar actuación de la policía y la Guardia Civil frente al golpe. Por cierto, ahí estaban con el señor Pérez de los Cobos, purgado ahora en una operación propia de una dictadura. Su visita, dos, al ya condenado Junqueras en la cárcel para intentar pactar los presupuestos y para impulsar la mesa de negociación. Sus presiones al Tribunal Supremo, anticipando juez y parte, “no fue rebelión”. Sus críticas a la justicia española frente a tribunales europeos. Este documento de once de mayo en que con Bidu, Esquerra y otros reclaman excarcelaciones con la excusa del covid: el estado de alarma, instrumento para sacar a terroristas y golpistas de la cárcel y meterle a usted en el CNI, y, por último, lo de ayer: el voto de Podemos a favor de la comparecencia del prófugo Puigdemont en la comisión de reconstrucción en calidad de experto europeo. ¡En fin! El escudo social con Puigdemont. Realmente no cabe mayor ofensa a los veintiocho mil víctimas de la pandemia y al conjunto de los españoles.
Señor vicepresidente segundo, usted tiene un plan, es verdad. Es un plan, como he dicho, contra la democracia. Contra la democracia en sentido recto, porque violenta los derechos de los españoles, y contra la democracia también como la entiende usted. Usted dice: “más estado”. Falso. Usted apadrina a los que buscan la destrucción del estado. Esa es su paradoja: quiere mandar un régimen autoritario de izquierdas a la vez que erosiona la base de esa misma autoridad. Y esta es su mentira: sin estado no puede haber estado social, ni escudo, ni pensiones, ni nada. En realidad, señor vicepresidente segundo, todo su corpus doctrinal, si lo podemos llamar así, es contrario a la razón democrática y a la razón sin más.
Otra vez la hemeroteca.
Usted ha dicho, no de adolescente universitario, rebelde y tal, ya casi cuarentón, cosas como las siguientes:
“Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que disputo en la tele. Quizá, cuando acabemos esta charla en vez de mariconadas del teatro, nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria”.
“Me gusta quien moviliza al ejército para decir a los mercados: ¡cuidado, que las pistolas ahora las tengo yo!”
Otra: “el astuto Mao Tse-tung decía que el poder nace de la boca de los fusiles y así sigue siendo”. Lo de astuto es formidable tratándose del mayor asesino de la historia. Y esa obsesión con las armas, ¿de dónde le sale?
Aquí, otra vez: “estamos construyendo ese contrapoder social que hace que a un joven, si hace una pintada, si tira un cóctel molotov o, incluso, si saca una pistola, le proteja una parte de la sociedad”.
El siguiente se lo vamos a dedicar a la ministra igualdad:
“Uno puede afrontar las elecciones de una manera masculina, por cojones. Le decimos al poder: ‘aquí estamos yo y mis pelotas frente a ti’”. Muy bonito.
El último; éste es definitivo: “la democracia es incompatible ―dice― con el monopolio de la fuerza por parte del estado”. Está diciendo que la violencia contra el estado o entre particulares es legítima. Usted, señor vicepresidente segundo, legitima la violencia. Incluso, a veces, la practica: el escrache a Rosa Díez en la Complutense; jarabe democrático para dirigentes del PP; su apoyo a Rodrigo Lanza, aquel que mató a un hombre por llevar tirantes con la bandera de España, y ya, la semana pasada, sus amenazas a la presidenta Ayuso y al señor Abascal. Como el señor Torra, usted pretende ahora mantener un pie a las instituciones y el otro a los escuadrones. Pensará, supongo, que es más fácil hacer la revolución desde el poder. Desde luego, más cómodo, seguro que es. Yo quiero decirle que no hay ningún gobierno de Europa, un dirigente del que pueda citarse semejante arsenal de expresiones y hechos contra los valores de la Europa democrática, pacífica, moderna y civilizada. Barufakis español: ¡Ojalá! Usted es una anomalía europea; sus posiciones son de una marginalidad radical y no sólo por comunista. Como comunista, ciertamente, debería usted pedir perdón por los millones de muertos que hermanan a sus ideas con el nazismo. Sus posiciones son marginales, sobre todo por su vinculación con la violencia. Liquidar la Transición que en su momento fue el monumento a la reconciliación y la obra política más importante en nuestra historia. Acabar con la Constitución, que es la paz civil española, el marco que nos permite vivir juntos los distintos. Nada de eso puede hacerse contra la otra mitad de España por vías democráticas y pacíficas. Usted sólo podría imponer su proyecto por la fuerza o en circunstancias muy particulares y lo sabe. Lo reconoció en dos mil trece: “cuando hay elecciones ―dijo― en condiciones de normalidad, los comunistas nunca ganan. Los comunistas han tenido éxito en momentos de excepcionalidad, de crisis. Eso es. Usted, aprovechando la pandemia, la tragedia española para hacer avanzar sus proyecto que, en definitiva, no es otro que el fracaso de la España constitucional, la más justa y fértil de la historia. Y, por eso, yo no debería dirigirme tanto a usted hoy como a los socialistas, es verdad. Quizá no a la tercera fila, hoy primeras filas. ¿Qué puedo decirle yo a la señora Lastra, la infeliz firmante del pacto con Bildu, o al señor Simancas, que aceptó la humillación de tener que culpar de dicho pacto al PP? Pero sí a la bancada, y sobre todo a los votantes. Hay, es verdad, una España atávica, cuartelaria, autoritaria; una España bravía y sanguinolenta; una España que se regodea en el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Esa España ha tenido, además, su proyección en América latina. En la figura del caudillo, militarista, pendenciero, incluso un punto ridículo si las consecuencias no fueron dramáticas. Un Chávez, un Maduro, usted me entiende. El señor vicepresidente segundo enlaza perfectamente con esa tradición. Es la versión contemporánea del caudillo iberoamericano que tantos prejuicios enciende en el mundo anglosajón y que tantos estragos ha causado cíclicamente a la libertad y el bienestar de los españoles de ambos hemisferios. En mil novecientos setenta y ocho la tercera España enterró sus dos peores versiones y una España nueva, tolerante, abierta y luminosa, se puso en pie. Esa España es la que los socialistas deberían cuidar y promover, junto a esa inmensa mayoría de españoles que defiende la libertad, la igualdad y, sí, la fraternidad y, por eso, a modo de estímulo, ya para acabar, y a ver si me atienden, acabaré con unas palabras de la autoridad competente.
El hoy presidente del gobierno dijo en dos mil quince:
“Pablo Iglesias ha hecho de la mentira su forma de hacer política. Miente más que habla”.
Estoy segura, señor vicepresidente, que no le molestará la cita. Pensará que, viniendo de Pedro Sánchez Castejón, es un elogio. También en esto es usted el número dos. Muchas gracias.

Réplica:

¿Cómo era aquello, señor vicepresidente, del himno de España cutre pachanga fachosa? Defender a España. ¡Venga, vamos a descender a España! Los comunistas, efectivamente, fueron útiles cuando, a diferencia de ustedes, dejaron de ser comunistas. No vamos a hablar de su veneración y apego a los comunistas. El otro día, en el homenaje a Julio Anguita, que en paz descanse, escribió usted: “se nos va nuestro mejor referente político. Hasta siempre”. Pero es que, unos años antes, decía usted, en un acto, se quejaba de que mucha gente quiere resucitar a Anguita que es como el cadáver del Cid a caballo y deseaba que se fuera, literalmente y perdóneme, señoría, la expresión, a la mierda. Este es su apego a los referentes comunistas y al comunismo, su hipocresía radical.
Hablemos ahora de los padres la constitución. Sí, tenemos varios. Usted ha citado a Fraga, a la dictadura. ¿Usted me va a hablar de dictaduras? ¿El discípulo de los ayatolás de Irán? ¿El prohijado de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? Es que, a mí, no me tiene que contar, a mí y a muchos en esta cámara, no nos tienen que contar los resultados de esas políticas en Venezuela. Yo lo he visto con mis propios ojos: hambre, represión, violaciones, miseria. Sólo desde una infinita condescendencia con la violencia y sólo desde un racismo visceral, se lo diré, se puede mantener respecto a la dictadura venezolana la actitud que mantiene usted. Y una cosa más: sólo cuando su padre político Nicolás Maduro sea capaz de hacer una constitución como la que hizo Manuel Fraga podrá usted venir aquí a decir algo al respecto. Ahora esto de defender España, la sanidad pública, la educación, todo eso, se ha puesto muy campanudo usted, ¿no? Hablemos de eso: escudo social ―dice― protección de los débiles ―afirma―. Vamos a ver. Le voy a contar una cosa. Se lo voy a decir suavemente para que no duela mucho. La prima de riesgo española lleva su nombre, Pablo Iglesias Turrión es la prima de riesgo española, espantajo de los inversores, argumento irrefutable de los recelos europeos; sus posiciones hacen imposible un rescate en condiciones razonables, asumibles, que no supongan un brutal quebranto a los más débiles de este país. Sus posiciones destruyen empleo, sus frases amenazan las pensiones, los sueldos de los funcionarios, alejan la recuperación. A usted eso, claro, puede que le importe poco, ¿no?, el comunismo, al final, es el reparto de la miseria y todas estas cosas, pero que al conjunto de los españoles, sí. Cuando a usted los vulnerables y los débiles le escuchan, tiemblan. No tiemblan de veneración, como le gustaría a usted, que temblaran de veneración; tiemblan de pánico.
Tercero. Yo le he hablado… con atención hice un llamamiento a los socialistas pero, después de escucharles, yo creo que hay que hacer un llamamiento al conjunto los españoles. Yo pido a los españoles que recuerden los famosos versos de Gil de Biezma, ¿no?: “De todas las historias de la historia la más triste, sin duda, es la de España, porque termina mal”. Pero yo, sobre todo, les pido que recuerden la segunda parte, ahí donde asoma la esperanza, dice: “A menudo he pensado en otra historia distinta y menos triste; en otra España donde ya no cuentan los demonios. Pido que España expulse a esos demonios; que sea el hombre el dueño de su historia”. Efectivamente expulsemos a esos demonios; seamos dueños de nuestras historia. Huyan, españoles, de la sumisión, también de la trampa del asistencialismo que usted reparte, de esa gran mentira gubernamental que usted encarna, que se resume en más estado y que lo paguen otros, que lo pague Europa. España se va a recuperar, sí. Habrá que pedir ayuda, desde luego, no sólo para levantarnos, no para mantenernos en pie ni siquiera y, desde luego, no para mantenernos de rodillas como pretende el vicepresidente segundo. Podemos, ustedes, son en realidad un no podemos, una forma de abdicación política y social. España no está condenada a repetir sus errores históricos; no está condenada a la marginalidad ni al enfrentamiento. La España constitucional es reconciliación, algo que usted no entiende, y también es responsabilidad, algo que usted tampoco entiende, y esfuerzo, y capacidad de ser modelo. Como la Transición, sí. Y para eso no necesitamos a caudillitos carismáticos que nos tutelen, que nos traten como menores de edad. Me ratifico en que usted realmente es el pesimismo y la caspa.
Y una cosa más ya para acabar: Vamos a hablar de esto de la aristocracia. Ha hecho usted referencia a mi título de marquesa. A la clase social, la aristocracia, una y otra vez en definitiva, ¿no? Como usted muy bien sabe los hijos no somos responsables de nuestros padres, ni siquiera los padres somos del todo responsables de lo que vayan a hacer nuestros hijos por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista. A esa aristocracia pertenece usted. A la del crimen político. Muchas gracias.

Protesta: Considerando magnífica esta intervención, no puedo menos que demostrar mi absoluto desacuerdo con la parte en la que afirma la existencia de una España atávica, cuartelaria, autoritaria, sanguinolenta que se regodea con el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Tal España ni existe ni ha existido nunca. Esto es error que critiqué hace unos días aquí a Oramas y que le critico a ella. Como es también un error la afirmación de Gil de Biedma de que la Historia más triste es la de España pero esto es harina de otro costal.

Vínculos:

Sesión parlamentaria completa. 27 de mayo de 2020.
Entrevista a Cayetana Álvarez de Toledo en RAC1. Abril 2019.
Alianza Popular recomienda el “sí” a la Constitución. El País, 31 de octubre de 1978.

Conceptos esparcidos | Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 mayo, 2020 at 17:30

La cara oculta de Pablo Iglesias

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 noviembre, 2014 at 10:42