Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Posts Tagged ‘franco

Palabras que el Caudillo Francisco Franco dirigió a S.A.R. el infante don Juan Carlos de Borbón en marzo de 1955

leave a comment »


Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente.

«Los reyes no deben fiarse de los aristócratas ni los cortesanos, que les adulan para obtener prebendas. Los reyes tienen que estar en contacto con el pueblo lo más directamente posible para enterarse de sus necesidades y tratar de corregirlas. No cabe duda de que es mucho más agradable el estar con gente culta y refinada, que tiene nuestros gustos y aficiones, por ejemplo deportes, para los cuales hay que disponer de tiempo y dinero, cosa que no tiene la gente modesta. Pero hay que tener en cuenta que esta gente, si no tiene refinamientos ni esa educación esmerada es porque tampoco nadie se ocupó de que la pudieran tener; la culpa no es de ellos y en países pobres como el nuestro hay una gran diferencia de bienestar y posibilidades entre el pueblo y los que están en las alturas por ley de herencia y otros privilegios. El verdadero pueblo es más sano, menos egoísta que la gente elevada y siente el patriotismo de verdad para amar a la Patria y sacrificarse por ella. Hoy se oye decir a mucha gente adinerada “yo estuve en la guerra y me sacrifiqué por España”, sin pensar que ha salvado todos sus bienes y con ello su bienestar y el de sus hijos. Pero muchas veces los que más alardean de hacer resaltar sus méritos, son los que han hecho la guerra en el Cuartel General o conduciendo coches en la retaguardia, pero muy lejos de los sitios donde otros sí se jugaban la vida y la daban con alegría, sin importarles, pues lo hacían por la Patria, aun cuando no disfrutasen de ella más que en un mísero hogar. No quiero decir con lo anterior que no hubiese héroes y españoles patriotas en la clase pudiente, y en la aristocracia también, que incluso dieron su vida en los frentes; pero era mucho mayor el mérito del sacrificio y el patriotismo del pueblo que todo lo da y nada pide. Cuando en una misma familia humilde quedan unos niños huérfanos, se los reparten entre los vecinos para educarlos y mantenerlos. En cambio, hay mucha gente pudiente que no es capaz de cobijar al pariente que queda solo y desamparado. Frecuente V.A. el trato con el pueblo, vea sus necesidades y haga siempre lo posible para remediarlas, pues así es como se sirve mejor a la Patria; y un rey siempre debe atender a los humildes. Es frecuente que los príncipes estudien una Historia amañada, en la que no se ponen de manifiesto los errores de sus antepasados y el mal que por su abandono y por no estar enterados de los negocios públicos han causado a la Patria. No se les dice que por una frivolidad de un rey como Alfonso VI, éste dejó el condado de Portugal a don Enrique de Borgoña, casado con su hija María Teresa, desmembrando y rompiendo la naciente labor que sus antepasados habían realizado con la expulsión de los árabes de España y yendo en contra de la naturaleza que, por leyes geográficas, había hecho una sola nación en toda la Península Ibérica. Otros reyes, también por no ocuparse de su alta misión y no defender el interés de su pueblo, abandonaron el gobierno del país en manos de favoritos que perdieron, esta vez para siempre, Portugal, sin darle a dicha catástrofe la menor importancia; al conde-duque de Olivares le afecta este reproche, y también a su monarca Felipe IV de Austria. Fue un error de los Reyes perder el imperio de América por el abandono en que lo tenían y que con otra política se pudieran aprovechar sus riquezas en beneficio de España. De la Historia conviene saber la verdad, para que estudiándola bien no se incurra en los mismos errores y abandonos debidos a la frivolidad de muchos monarcas que no sentían el amor y el interés debido por su pueblo.

»Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente».

En Ricardo de la Cierva, La Historia se confiesa, Planeta, 1976, tomo VI, págs. 106-108. Cfr. Francisco Franco Salgado, Mis conversaciones privadas con Franco.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 enero, 2016 at 18:58

Moa ‘vs’ Vilches

with 3 comments


Dos grandes cabezas colaboradoras de Libertad Digital, Pío Moa y Jorge Vilches, se han enzarzado en una discusión en torno a la pregunta:

El franquismo ¿puede defenderse desde la democracia liberal?

Siempre es muy grato e instructivo el intercambio de opiniones distintas pero ésta está adquiriendo tonos agrios y, además, el director del periódico, Federico Jiménez Losantos, a quien estoy escuchando ahora mismo, está tomando partido en ella y amenazando la continuidad de Pío Moa en Libertad Digital con el argumento de que:

Libertad Digital no está ni para desenterrar ni para resucitar a Franco y que, quién quiera resucitarlo, ya puede ir mirando la puerta de salida.

Como Libertad Digital ha sido uno de los pocos sitios que me han permitido defender la figura histórica de Franco quiero decir:

1. Nadie quiere resucitar al franquismo.

Es cierto que sus enemigos andan estos días —según parece— intentando desenterrar los restos mortales del dictador para que no continúen reposando en el Valle de los Caídos. Pero es falso que nadie queramos resucitar un régimen cuyo origen tuvo sus causas y su ejercicio, su justificación, que —con todos los errores e injusticias que se quiera— y, en última instancia, fue la transformación de España en un país moderno pero ni olvidadizo de sus orígenes ni aborrecedor de sus tradiciones.

Lo que estamos pidiendo, no es su resucitación, sino el reconocimiento de su figura histórica frente a la propaganda marxista que quiere presentarlo como un tirano, genocida que dio un golpe de estado contra una democracia idílica y el reconocimiento de que su dictadura fue benéfica para España aun reconociendo las injusticias que —como en toda guerra y postguerra— se cometieran en los comienzos del régimen.

No se trata de añoranza. Se trata de ansia de justicia histórica.

2. A mi modo de ver, esta discusión entre demócratas liberales —no me refiero aquí a la postura izquierdista respecto al asunto porque con esa gente es imposible dialogar— parte de un error garrafal.

El error es confundir la Dictadura con los demás sistemas de gobierno, a saber: Monarquía, Aristocracia, Oligocracia, Democracia y Tiranía y la tendencia a confundir Dictadura con Tiranía —tendencia comprensible si atendemos a la mayoría de las dictaduras que ha habido en el siglo XX—.

La diferencia esencial entre la Dictadura y los demás sistemas de gobierno que he enumerado es que éstos pretenden ser formas acabadas de mejor sistema de gobierno y, por tanto, tienen, por su esencia, afán de continuidad.

No sucede así con la Dictadura. La Dictadura es un sistema de gobierno excepcional que aparece para dar respuesta a una situación excepcional que pone en peligro al sistema de gobierno estable, permanente, sin que ella tenga afán de permanencia.

Copio de la Wikipedia:

La dictadura era en la Antigua Roma el gobierno extraordinario que confería a una persona, el dictador, una autoridad suprema en los momentos difíciles, especialmente en los casos de guerra.

Cuando los cónsules, hacia 500 a. C. propusieron el alistamiento de los plebeyos en el ejército para responder a la amenaza que suponía para Roma la alianza entre los pueblos del Lacio y los Tarquinos, se encontró con su negativa. Como todo el poder recaía en los patricios, eran ellos los que poseían las riquezas y a ellos tenían que acudir los plebeyos para obtener los préstamos con los que subsistir; sin embargo, los patricios abusaban de las leyes contra los deudores insolventes que permitían al acreedor incluso hacer esclavo suyo al deudor. No resulta extraño, entonces, que los plebeyos se negaran a defender con su vida a aquellos que tan mal les trataban, a no ser que fuera a cambio del perdón de todas o parte de sus deudas. Ante esta situación, el Senado, para poder repeler al enemigo exterior y satisfacer las demandas de los plebeyos propuso, por iniciativa de Tito Larcio, el nombramiento de un magistrado superior a los demás y a las mismas leyes, a lo que el pueblo accedió esperando quizá algún alivio de la novedad.

El magistrado supremo recibía los títulos de dictador y senador del pueblo (dictator, magister populi) y ejercía su autoridad por espacio de seis meses a lo sumo, período en el que quedaban en suspenso todos los procedimientos ordinarios, los magistrados, excepto los tribunos de la plebe, se abstenían en el ejercicio de su jurisdicción y nadie podía criticar, censurar ni discutir las órdenes del dictador. Para demostrar su superior magisterio, el dictador marchaba precedido de 24 lictores, frente a los 12 que acompañaban a los cónsules.

Dictadores fueron Tito Larcio, Cincinato, Camilo, Papirio y Julio César.

Se me responderá con los argumentos de que la dictadura romana era una figura previamente reconocida en su legislación y que el régimen de Franco fue vitalicio y no devolvió el poder al régimen anterior al suyo.

De acuerdo con estas diferencias. Lo que pretendo señalar, esencialmente, es el carácter limitado en el tiempo que tiene la dictadura, carácter que nunca olvidó Franco. Antes bien, sabemos que su mayor preocupación durante su magistratura fue qué régimen sucedería al suyo. Teniendo en cuenta que, como el mismo Caudillo nos dijo en su Testamento Político y estamos viendo en estos nuestros mismísimos días,

los enemigos de la Civilización cristiana no descansan,

eligió, como mejor sistema de gobierno para España el de nuestra Monarquía tradicional limitada por las leyes, el derecho consuetudinario, el derecho natural y asistida por el Consejo del Reino.

Se podrá considerar ésta la mejor forma de gobierno o no —yo, personalmente, pienso que lo hubiera sido— pero, a lo que voy es que Franco conoció lo excepcional de su régimen y no lo quiso perpetuar en un familiar suyo al modo del tirano, sino que, equivocado o no, quiso devolver a España su mejor sistema de gobierno.

Nadie, pues, quiere resucitar al franquismo. Los franquistas conocemos muy bien la excepcionalidad coyuntural de tal régimen y, si algo pedimos es conocimiento cabal del mismo y reconocimiento de su labor, aunque sólo sea para que en España no vuelva a ser necesaria una nueva dictadura franquista.

3. Sentado esto y entendiendo que no se pueden mezclar churras con merinas, la pregunta de si se puede defender al franquismo desde la democracia liberal no podemos contestarla sin conocer cuál fue la situación que dio lugar al nacimiento del franquismo, a qué problemas tuvo éste que enfrentarse durante su recorrido histórico, cómo fue su final y qué régimen acabó, efectivamente sucediéndole.

A este respecto, me parece muy pertinente el comentario que hace pablocj en el artículo de Moa:

Es absurdo tratar de comparar una teoría política sobre el papel, el liberalismo, con un hecho real que ocurre en un contexto determinado, el Franquismo.

Es absurdo creer que después de una guerra, y más si es civil, las cosas pueden volver a la normalidad de la noche a la mañana.

Eso tampoco ocurrió en Alemania, que mantuvo una ocupación militar americana, que aún mantiene muchas de las bases militares. Otro ejemplo sería el desarme militar forzoso que ocurrió en Japón.

Lo mismo que en Irak o Afganistán, siguen las fuerzas extranjeras para intentar mantener la paz , en España, la fuerza para mantener la paz, era la propia dictadura.

En los Balcanes aún hay tropas internacionales.

Es de simple sentido común.

Enumeración a la que yo añadiría la postguerra francesa, ni mucho menos exenta de crímenes contra las personas a las que tildó de colaboracionistas.

Efectivamente, es de simple sentido común pero parece que, a veces, el vulgar de las gentes tenemos más sentido común que ciertos historiadores.

4. En nuestros días estamos viviendo, si no una situación equiparable a la de la II República, sí un envalentonamiento matonista de la izquierda hacia el liberalismo que la recuerda. Ayer mismo, los diputados del Parlamento catalán tuvieron que gritar auxilio en el mismísimo Parlamento ante la actitud violenta de los llamados indignados.

Para esta gente, el liberal es un fascista y, con este argumento, asesinaron a Gil Robles, a José Antonio, a Muñoz Seca y a tantísima gente, liberales y no liberales, que ellos consideraban fascistas.

Y, lo que yo me pregunto es si, de haber vivido el señor Vilches en aquella época y hubiera hecho alarde de su liberalismo, como lo puede hacer en esta España tardofranquista, no se lo hubieran cargado a él también precisamente por eso: por ser demócrata liberal, y me pregunto si, de no haberse producido tan nefasto suceso y de haber sobrevivido a la escabechina, no tendría ahora más clara y distinta de la que tiene la respuesta a si el franquismo puede o no puede defenderse desde la democracia liberal.

Don Gregorio Marañón, liberal por antonomasia, lo tenía más claro cuando, durante la postguerra, en París, reconoció, refiriéndose a la II República:

Hemos de reconocer que hemos servido a doctrinas falsas.

Espero que Federico Jiménez Losantos reconsidere su aviso a Pío Moa y no prescinda de su colaboración en Libertad Digital.

Vínculos:

Franco desde el liberalismo. Pío Moa. Libertad Digital.
Criticar el franquismo
. Jorge Vilches. Libertad Digital.
Democracia liberal y franquismo
. Pío Moa. Libertad Digital.
La guerra de Moa. Jorge Vilches. Libertad Digital.
¡Ay… Vilches! Pío Moa. Libertad Digital.
Vilches y la represión franquista. Pío Moa. Libertad Digital.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

16 junio, 2011 at 9:33

Pienso, luego me lo como

leave a comment »


No podría ahora mismo precisar si fue a Julio Casares a quien le leí una frase, si no despreciativa, al menos, prudente hacia las enciclopedias. Venía a decir —ya digo que cito de memoria— que, si bien es muy difícil substraerse a la atracción de tener compensado en ellas todo el conocimiento humano, tal conocimiento viene a ser como prestado, adyacente y muy distinto de aquel otro, más parcial, pero más profundo, que cada uno, en mayor o menor grado, vamos adquiriendo a lo largo de nuestras vidas gracias al estudio y a la lectura.

No es que viniera a decir don Julio que debamos prescindir de ellas, ni mucho menos. Se limitaba a señalar la diferencia que hay entre el conocimiento que tenemos en nuestra mente del que tenemos en las estanterías de nuestra biblioteca o, más en nuestros días, en Internet.

Viene esto a cuento de la entrada Francisco Franco del dichoso Diccionario Biográfico Español y de la carta de hoy de PedroJ en El Mundo a sus lectores entre los que me hallo.

Comienza hablando PedroJ de la Encyclopédie Méthodique de Diderot y D’Alambert, hoy poco más que una joya bibliográfica que él —afortunado— posee en la totalidad de su primera edición y de la que yo poseo, heredado, únicamente el primer tomo de la edición parisina de 1783 encuadernado en pasta española y que, como él, considero quizá la principal joya de mi biblioteca con la excepción, claro está, de un Kempis de 1788 impreso en Madrid por la Viuda de Ibarra, Hijos y compañía.

Mas, una cosa es disfrutar del tacto de tan venerables volúmenes y otra considerarlos depositarios de un saber incontrovertible. Nos habla PedroJ en su carta de un tal doctor Menuret,  médico del Estado Mayor del general Dumouriez y autor de algunas de las entradas de la Encyclopédie tan peregrinas como:

Manstupration:  «una infinidad de enfermedades muy graves, casi siempre mortales» fruto de las manipulaciones que «los dos sexos, rompiendo los lazos de la sociedad», llevan a cabo «con sus criminales manos». Esta «secreción ilegítima de s…» provocaba unas veces la ceguera, otras el «reumatismo universal» y otras una combinación de parálisis y epilepsia, pero siempre desembocaba en «una muerte con todos los horrores de la más espantosa desesperación» (T. X, pags. 51-53),

o como:

Mort: Es un axioma generalmente adoptado que la muerte no tiene remedio. Nosotros nos atrevemos sin embargo a asegurar, basados en la estructura y las propiedades del cuerpo humano y a partir de un gran número de observaciones, que la muerte se puede curar», si bien distinguiendo entre la «muerte imperfecta» ante la que la medicina tenía, según él, ciertos recursos y la «muerte absoluta» frente a la que seguía vigente el principio latino «contra vim mortis nullum est medicamen in hortis» (T. X, pags. 725-727).

Tales barbaridades se cuelan en obras que pretenden —pretensión, por otra parte, noble— abarcar mucho en poco tiempo.

Ya cuando, a raíz de la polémica con la biografía del general Franco, publiqué mi entrada Autoritarismo vs totalitarismo, manifesté mis reticencias a que se biografiara a gente contemporánea y, más aún, de figuras tan controvertidas como la del Generalísimo.

Cuando, más tarde, leyendo el artículo de Horacio Vázquez-Rial, La Academia de la Historia y su diccionario, me enteré de que la entrada Felipe González la había redactado Juan Luis Cebrián, la de Rita Barberá, uno de sus asesores y la del general Armada, su yerno, ninguno de ellos historiadores, no pude más que reafirmarme en mi idea y acabar de decidir —al contrario que PedroJ— no adquirir tal Diccionario por muy golosa que pueda ser su posesión desde el punto de vista bibliófilo ni por muy ilustre que sea la institución que lo publica.

***

Las Reales Academias de la Lengua y de la Historia, como tantas otras instituciones, fueron creadas por nuestros últimos reyes tradicionales a lo largo del siglo XVIII y bajo el espíritu del Siglo de las Luces con la noble pretensión de que el patrocinio real contribuyera al conocimiento humano que tal siglo creía haber descubierto ex novo. Son, pues, instituciones venerables y que han construido edificios magníficos tales como el Diccionario de la Lengua Española en cuya magnificencia, a fuer de cotidiano muchas veces no reparamos hoy.

Ello no obsta para que no cometan, de vez en cuando, errores como el del dichoso Diccionario Biográfico. que, visto lo visto, me parece evidente.

Hasta aquí la exposición de tal error.

***

Pasemos a lo más preocupante: al intento de intromisión del poder político en lo que pueden decir y lo que no pueden decir las Reales Academias. Este poder político, en su brazo marxista socialista—claro es—  está acosando a la Real Academia de la Historia porque Luis Suárez, autor de la biografía de Franco, sostiene en ella que el régimen franquista no fue totalitario.

Como digo, todo el asunto este del diccionario me parece una equivocación desde su raíz.

Respecto al detonante de la polémica: la calificación del régimen del general Franco, podemos tener todas las opiniones que queramos y es evidente que la de Luis Suárez no va a coincidir, ni por el forro, con la de —por poner dos ejemplos que se me vienen a la mente de corrido— Gaspar Llamazares o Antonia Gala. Mi opinión al respecto ya la dejé expresada en Autoritarismo vs totalitarismo.

Nos sigue ilustrando PedroJ:

En mi caso concreto lo que más me indigna, como testigo presencial, no es el camuflaje de la dictadura de Franco bajo las melifluas formas del autoritarismo que no pueden engañar a nadie, sino el blanqueamiento de los abusos de poder de Felipe González y la omisión grosera del legado ruinoso que su gestión dejó a los españoles. Pondré como muestra un botón, refiriéndome no a los eufemismos con que se enmascara una trama de terrorismo de Estado distinta a todas las anteriores que sólo pudo ser organizada desde La Moncloa, no a la llamativa circunstancia de que entre varios miles de palabras ni una sola de ellas sea Filesa, sino a la forma en que se describe lo que ocurrió en España entre 1993 y 1996 cuando se alcanzó un inaudito 24,2% de paro, entramos en recesión, el precio del dinero estaba por las nubes y no cumplíamos ninguna de las condiciones para formar parte del euro:
«A finales de los ochenta… se redujeron las cifras del paro y se disparó la creación de infraestructuras… Y aunque al comienzo de la década de los noventa el país tuvo que soportar una cadena de estrepitosas devaluaciones monetarias, el último de los gobiernos socialistas emprendió una serie de políticas que supusieron la recuperación del ciclo y facilitaron la tarea de sus sucesores en el poder».
No salta tanto a la vista, claro, no salpica como lo de la manstupration o lo de la «muerte curable» pero precisamente por eso resulta mucho más cínico y dañino.

Comprenderán ustedes que si el Diccionario Biográfico dice tal cosa del régimen de González, ante ello nadie dice ni mu y, en cambio, se arma la que se ha armado por una cuestión que muy bien pudiera pertenecer a la categoría de la del sexo de los ángeles, sólo puedo decir que estoy muy de acuerdo con PedroJ en lo dañino del asunto y reafirmarme en mi tesis de que, podremos discutir ad infinitum si el régimen de Franco fue o no fue totalitario.

De lo que no nos puede caber la menor duda es de que el régimen en el que vivimos, gobernado por la izquierda y los separatismos, aspira a ser totalitario. Entre mil ejemplos de ello, tenemos éste: aspira a decirle a la Real Academia de la Historia —con todos los errores que ésta haya podido cometer en este asunto—lo que debe decir y lo que no debe decir. Esto, señores, es un ejemplo de libro de totalitarismo.

Teniendo, como tienen, al poder judicial ya sometido a su dictado, pretenden seguir campeando y dictando lo que instituciones no tan importantes en lo inmediato como el poder judicial, pero sí en el largo plazo en lo que respecta a lo que deban de saber y pensar las generaciones futuras, deben decir o dejar de decir.

***

Llamazares pide una reescritura científica de la Historia. Concretamente del Diccionario. Lo he dicho otras veces: el historiador no debe mentir. Los hechos del pasado fueron como fueron y toca al historiador investigarlos, documentarlos y presentárnoslos.

Pero la Historia no es ciencia. No es ciencia porque no puede utilizar el experimento científico para demostrar nada. O, dicho de otra forma más sencilla para que lo entienda Llamazares: no podemos poner en un tubo de ensayo al régimen de Franco, calentarlo con un mechero de Bunsen y concluir si fue o no fue totalitario.

***

A la luz de estas reflexiones, PedroJ y Ricardo, su magnífico grabador, nos ilustran en la Carta del Director que inspira estas líneas con un grabado de Ricardo en el que aparece Zapatero decapitado con la cabeza en la mano y una frase de PedroJ:

«una cabeza sin un cuerpo, capaz de pensar un único pensamiento: ‘Pienso pero no existo’».

***

Lo cual leyendo no he podido menos que recordar un viejo chiste gráfico de Chumy Chúmez en el  que aparecía, a la izquierda, un burro; a la derecha, un saco de pienso y en el que el burro, mirando al saco, decía para sí:

‘Pienso, luego me lo como’

Debemos de seguir batallando para que totalitarios como Llamazares no nos hagan creer que pensamos cuando lo que estamos haciendo es comer pienso.

Por mucho que se haya equivocado la RAH en la redacción de su diccionario.

A ella le recomendaría, muy humildemente, que sí, que lo reescribiera, que lo volviera a empezar desde el principio, que empezara por Aníbal y que no tenga prisa en acabarlo. Recuerde la RAH el viejo aforisma hipocrático que dice:

Ars longa, vita brevis

Y no porque lo digamos ni Llamazares ni yo, sino porque debe de ser así: la empresa en la que se halla embarcada es muy larga, nuestra vida es muy breve y obra de intención tan magna no cabe en esa brevedad por muchas que sean las urgencias editoriales. Recuerde la RAH que su creación fue obra de nuestra Monarquía Tradicional y, por eso, es, debe de ser, intemporal y ajena a las urgencias de un momento concreto por muy difícil que sea éste en el que nos hallamos.

Si me hace caso a esto que digo, ni Llamazares, ni PedroJ ni yo mismo estaremos vivos para adquirir su Diccionario. Pero ¿qué importará eso cuando consiga acabarlo con la dignidad que merece el peso que pesa sobre su nombre de Real Academia de la Historia?

Vínculos:

La Academia de la Historia y su Diccionario. Horacio Vázquez-Rial.
Autoritarismo vs totalitarismo. Conceptos Esparcidos.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 junio, 2011 at 11:44

Fue un régimen autoritario

leave a comment »


Por la semejanza en la argumentación con mi entrada Autoritarismo vs totalitarismo de hace tres días, reproduzco aquí, sin mayor comentario, la columna que hoy publica en El Mundo Fernando Sánchez Dragó:

Fue un régimen autoritario 

Me cuentan que mi anterior columna (Cautivo y desarmado…) ha sido objeto de algún que otro comentario vejatorio en las cabeceras de la clerigalla progre. No los he leído, ¡vaya ganas!, pero de sobra sé hacia dónde apuntan (¡Pim pam pum! ¡Fuego!). Sabido es que el pensamiento progresista —consiéntaseme el oxímoron— desbarra cuando sus adversarios recurren a la ironía. No se hizo ésta para quienes carecen de sentido del humor. Pasemos a otro asunto similar: el de la patética algarabía suscitada por los agitadores de costumbre acerca de la definición de Franco incluida en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. ¿Era el Caudillo un dictador y, el suyo, un sistema de gobierno totalitario? Lo primero, sin duda, sí, aunque de la variedad «dictablanda», pues difícilmente cabe considerar «dictaduro» a quien, por una parte, como lo fue Zapatero y lo es Rajoy, era un socialdemócrata —orgánico, eso sí— que creó la seguridad social y dio alas a los sindicatos; y, por otra, para alcanzar y mantenerse en el poder, tuvo que hacer encaje de bolillos y piruetas de funámbulo entre fuerzas tan enfrentadas como lo eran las de los falangistas, tradicionalistas, democristianos, monárquicos, Opus Dei y algunas de menor cuantía.

¿Totalitario? No. Autoritario, y punto, pues nadie en su sano juicio puede sostener que el franquismo fuera un régimen nazi o comunista. ¿Dónde está la línea divisoria? La respuesta es bien sencilla: el autoritarismo persigue a los disidentes políticos (como lo fui yo), pero deja vivir en paz a quienes, ajenos a los problemas de la cosa pública, van, parafraseando a Miguel Hernández, de su corazón a sus asuntos. En el totalitarismo, por el contrario, los tentáculos del poder se cuelan en todos y cada uno de los rincones de la vida cotidiana de quienes tienen la desdicha de estar sometidos a él (los de la España de hoy, por ejemplo, asfixiada por el garrote vil del control y la policía del pensamiento). Recordemos la polémica desencadenada por Solzhenitsyn entre los paleoprogres cuando, a finales de los setenta, de visita en nuestro país, dijo que en la España de Franco podían hacerse fotocopias y en la Rusia del Gulag, no. Así de simple, por más que no se lo parezca a los abuelos Cebolleta prematuramente envejecidos o de flaca memoria que una y otra vez nos cuentan la batalla del Ebro. Y ahora, ¡hale!… Recrudézcase el griterío en las sacristías progres y balen sus rebaños. ¡No dirán que no les divierto!

Vínculo:

Autoritarismo vs totalitarismo. De Conceptos Esparcidos.
Elegía. Miguel Hernández.
Réquiem por Solzhenitsyn. De El Manifiesto. Aquí pueden ustedes ver la complacencia de la izquierda con el totalitarismo al que se refiere Sánchez Dragó.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

6 junio, 2011 at 8:35

Autoritarismo vs totalitarismo

with 7 comments


El gallinero izquierdista español ha vuelto estos días a alborotarse porque en la entrada Francisco Franco del Diccionario biográfico español que edita la Real Academia de la Historia, su autor, Luis Suárez, simpatizante con la figura del Caudillo ha prescindido del termino de dictador para referirse al General Franco y ha calificado a su régimen como autoritario pero no totalitario.

Prescindiendo del hecho de que, me parece, que una tal obra nacida al amparo de la Real Academia de la Historia debería dejar pasar, al menos, un siglo para biografiar a las gentes y, mucho más, a figuras tan controvertidas como la del general Franco, ante esta polémica debo de decir:

Primero: El régimen del general Franco fue una dictadura. Discutir esto me parece pueril. Otra cosa es que el término dictadura disuene en nuestros entontecidos oídos y esté cargado de un significado peyorativo que no merece.

El hecho de que muchos dictadores de nuestro tiempo hayan acabado convirtiéndose en tiranos, no obsta para lo que acabo de decir ni, por ello, debamos acobardarnos a la hora de reconocer que el régimen franquista fue una dictadura.

La dictadura, en sí, no es un sistema de gobierno sino una excepción coyuntural de cualquier sistema de gobierno cuando éste precisa limitar el estado de derecho por la necesidad de las circunstancias y llamar a un dictador para que ponga en orden las cosas.

La dictadura en sí, ni es buena ni mala, contra lo que la simplicidad del pensamiento de izquierdas sostiene y, desde luego, a mi modo de ver, la dictadura del general Franco fue, en términos generales, benéfica para España y el propio Franco conoció lo coyuntural de su magistratura, carismática, sí, e intentó que la sucediera, no un hijo suyo, como en tantos tiranuelos vemos, sino la Monarquía tradicional española adaptada a los tiempos y sometida a las costumbres.

Creo que otro gallo nos hubiera cantado de no haber roto con la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado pero entiendo que esto es una mera opinión mía.

En todo caso, ni debemos de tener miedo a llamar a las cosas por su nombre ni nos debe espantar la palabra dictadura.

Segundo: Luis Suárez tiene razón cuando dice que el régimen de Franco fue autoritario pero no totalitario.

Régimen autoritario quiere decir que se hace lo que dice el dictador (que, por eso, es dictador).

Régimen totalitario quiere decir que el gobernante se nos aparece hasta en la sopa, invade nuestra vida privada y hasta tenemos que mirar entre las sábanas a la hora de acostarnos porque, lo más probable, es que hasta allí haya llegado alguna extensión suya para vigilar si actuamos conforme a su criterio.

Una dictadura es autoritaria pero puede no ser totalitaria.

La dictadura del general Franco no lo fue aunque, en sus comienzos y dada la coyuntura internacional, algunos pretendan que pretendió serlo.

Y, reparen, por favor, en esto: una democracia puede ser totalitaria cuando aspira a meterse en la privacidad de nuestras vidas.

La dictadura de Franco fue autoritaria pero no totalitaria.

La democracia de Zapatero es o quiere ser totalitaria en el sentido de que aspira al control total de la sociedad, de la justicia, de la economía, de nuestra privacidad, de nuestro pensamiento, de nuestro comportamiento y hasta de nuestra intimidad.

No hablo ya de cuestiones tales como hurtar nuestro dinero a las escuelas que separan a los sexos en la enseñanza para dárselo a las que Zapatero cree que hacen bien en unirlos, prescindiendo de la opinión de los padres que ¡oh, paradoja! son, no sólo quienes deberían de tener el derecho de elegir la educación que quieren para sus hijos sino que, además, son los que pagan con sus impuestos el totalitarismo de Zapatero.

Ni hablo de la Ley Antitabaco.

Ni hablo de la definición zapateril de lo que es matrimonio.

Ni hablo de tantas cosas que este demente nos ha impuesto por sus narices, con la disculpa totalitaria de la dictadura de la mayoría.

Quiero hablar sólo, para acabar, de una pequeña anécdota que leí anteayer en una carta al director de El Mundo. No tengo más referencia que ella y, por tanto, no pongo la mano en el fuego por su veracidad, pero quiero decir que el remitente de la carta a Pedroj señalaba un punto de la llamada Ley de Igualdad de Trato en la que se elimina la bonificación que las compañías aseguradoras dan a las mujeres por su menor siniestralidad.

Todos sabemos que las mujeres, hablando en términos generales, conducen muy mal, pero, aun conduciendo mal, tienen menor siniestralidad de la que tenemos los varones.

¿Hay algo más lógico que el que una compañía de seguros bonifique esta menor siniestralidad?

Para cualquier persona con dos dedos de frente es lógico y a mí, personalmente, no me importa pagar un poco más por ser varón.

Para los dementes que redactan tales leyes al amparo del totalitarismo de la mayoría, esto debe de ser así. Al fin y al cabo ellos son demócratas, Franco fue un dictador que les obsesiona y las compañías de seguros deben de cobrarnos a sus clientes lo que ellos digan.

Y… hablando de igualdad de trato: supongo que, en esta Ley, hayan, también, obligado a las compañías aseguradoras a cobrar la misma prima a los motociclistas dieciochoañeros que a los conductores de turismos de cincuenta años. O ¿es que la igualdad de trato se refiere sólo al sexo y no a la edad? ¿Anda Bibiana obsesionada con el sexo y prescinde de la edad a la hora de redactar leyes que dicten cómo deben de cobrar las compañías aseguradoras?

Totalitarismo es es un ejemplo, ordenar a las compañías aseguradoras cómo deben administrarse no por motivos económicos de interés general —que, en ello, podría estar bien que interviniera el Gobierno—, sino por las aberraciones ideológicas de la ministra.

Cuento esto, como digo, a título de mera anécdota ilustrativa.

***

Addenda: Acabo reproduciendo aquí el artículo de opinión que Felipe Fernández-Armesto publicó en El Mundo el pasado 31 de mayo y que me parece muy pertinente al respecto:

La tiranía de la mayoría 

Nuestra sociedad es cada vez más abierta, más liberal, más tolerante… En definitiva, más libre. ¿Verdad? Pues yo creo que no, o al menos que nuestra liberación ha sido muy desigual y ha ido creando nuevas víctimas, nuevas tiranías. Es innegable, por supuesto, que hoy más que nunca aceptamos con relativamente pocas excepciones una mayor diversidad en el comportamiento, el lenguaje, el vestido y, sobre todo, en las preferencias sexuales.

Es igualmente cierto que los prejuicios por razón de sexo, edad, minusvalía, religión o color de piel ya son inaceptables. En medio de un mundo de múltiples civilizaciones e intercambios culturales, aceptamos el pluralismo como credo común, porque, paradójicamente, es la única ideología que podemos compartir todos. Mientras tanto, la democracia y el capitalismo siguen triunfando a nivel mundial, extendiendo las fronteras de nuestros valores liberales. Pero ni el pluralismo, ni la democracia ni el capitalismo nos ha hecho verdaderamente libres; nos imponen, más bien, nuevas formas de conformismo que hunden nuestro espíritu. No me refiero a las limitaciones ya conocidas: ni a la corrección política, que tiende a estrujar las opiniones heterodoxas, ni al sacrificio de derechos civiles que exige nuestra lucha contra el terrorismo. Mi ansiedad por la pérdida de la libertad surge de temores más profundos y experiencias más inquietantes.

El otro día, por ejemplo, di una vuelta por el famoso Hyde Park de Londres, lugar de enorme resonancia en la historia de la libertad. Allí, en 1855, se organizó la mayor reunión política del siglo XIX inglés, para denunciar, según comentó en el acto el mismo Karl Marx, «las fuerzas anticuadas que se mantienen en el poder a pesar de haber perdido su derecho a existir». Desde entonces hasta 1867 el parque se convirtió, año tras año, en un campo de batalla entre el pueblo y la policía, hasta que se estableció definitivamente como un lugar de protesta pacífica, privilegiada y protegida por las autoridades. Hasta el día de hoy, en el rincón del extremo noreste del parque, al lado del Arco de Mármol, frente a los antiguos palacetes aristócratas de Park Lane, se mantiene el Speakers’ corner, donde cualquier ciudadano tiene derecho a improvisar una tribuna y declarar su opinión, por excéntrica, ofensiva, extremista o loca que sea.

Allí, en torno a 1908, Julio Camba escuchó a un anarquista exhortar a su audiencia a incendiar la ciudad y masacrar a la burguesía. Intervino la policía, y el español se asombró cuando, en lugar de arrestar al pirómano, los agentes se llevaron a un colérico e indignado miembro del público, cuyos gritos e intentos de tirar huevos y tomates impedían al anarquista ejercer su derecho a expresarse libremente y decir lo que le diese la gana.

En mi paseo del otro día encontré una escena aún más sorprendente: no había nadie en el Speakers’ corner. Nada de tribunas, de discursos, de incendiarios, de extraviados, ni siquiera un loco, ni rastro de esa muchedumbre de curiosos desocupados que solían acudir allí para reírse de los disparates de los oradores. Era como si el árbol de la libertad se hubiese marchitado y su fruta acorchado, o como si se hubiera agotado la diversidad de opiniones.

Pensé en Camba. Me acordé de la conclusión sabia que sacó de sus observaciones. Los españoles, dijo, eran más libres que los ingleses, porque éstos se aburrían con la libertad de decir todo, mientras aquéllos gozaban la libertad de ser todo. Un inglés se encontraba entonces obligado a amoldarse a las normas de una sociedad rígidamente homogénea, donde hasta el famoso excentrismo inglés no era sino una desviación permitida de la especie, y aun el mismo anarquista del parque era anécdota. Un español, en cambio, podía ser lo que se le antojase -mendigo o místico, eremita o bandido- sin sacrificar el respeto de los demás ni el sentido de jugar un papel útil y honrado en el mundo. Al inglés le encerraba un conformismo ceñido, mientras que el español gozaba de la riqueza de una imaginación sin límites.

Creo que Camba tenía razón. El capricho es la base de la libertad y el conformismo es la cadena que nos la impide. En la actualidad hemos creado zonas virtuales para el ejercicio de la imaginación, como los videojuegos, donde tenemos la libertad de ser superhéroes si nos sometemos a las reglas del juego; o los chat rooms y las redes sociales, donde podemos mentir hasta deludirnos a nosotros mismos. En nuestra vida diaria, mientras tanto, hemos erigido toda una serie de nuevos obstáculos conformistas. Permitimos la sodomía y el sadismo, pero el celibato o la virginidad excitan incredulidad o sospecha. Puedes ser adicto a la tele, pero no al tabaco ni al alcohol. Puedes practicar todo el deporte que quieras pero te reprocharán si eliges una vida sedentaria. No se te permite menospreciar el dinero, ni la salud ni la seguridad, que son las creencias sagradas de la religión universal moderna. Puedes consumir todo, menos la buena comida grasienta. Puedes tener la talla que quieras, siempre que sea delgada. Las mujeres han alcanzado la emancipación, menos las que quieren dedicarse plenamente a ser madres y amas de casa. A mis amigos homosexuales nadie, menos yo, se atreve a preguntarles cómo se les ocurre criar niños y en algunos casos compartirlos con las amigas lesbianas que los parieron, dejándolos pasar una semana con la pareja gay y la otra con la lésbica; pero mis amigos solteros sufren un bombardeo de preguntas sobre si son felices. Y a las mujeres que no tienen ni quieren hijos, por rechazo o indiferencia, se las persigue con expresiones molestamente compasivas o con ofertas impertinentes de intervenciones tecnológicas para superar su supuesta infertilidad.

Intentamos conseguir la igualdad y hemos llegado al conformismo. Queríamos crear democracias y hemos alcanzado la tiranía de la mayoría. Procurábamos acabar con las prebendas injustas y hemos anulado el privilegio de ser diferente. Nos propusimos desechar la represión y no logramos sino cambiar sus límites. Buscábamos la libertad de todos y hemos creado nuevas minorías perseguidas. ¡Que vuelvan los extravagantes a Hyde Park! ¡Que se regenere el espíritu de Julio Camba!

Felipe Fernández-Armesto. Historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame.

Vínculos:

Estafadores intelectuales. Del blog de Pío Moa.
Cautiva y desarmada. Cristina Losada. Libertad Digital.
Franco y el gallinero progre. Pío Moa. Libertad Digital.
La Historia y los demonios. Jorge Vilches. Libertad Digital.
La Academia de la Historia y su diccionario. Horacio Vázquez-Rial.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 junio, 2011 at 19:58

Franco y el pueblo judío ante la miseria moral de Zapatero

with one comment


 

Una vez más tenemos que salir al paso de la falsificación de la Historia y del linchamiento de la figura histórica del general Franco por parte de los rojos.

Para la izquierda europea y muy especialmente para la española, Franco es la encarnación de todos los males. La maldad personificada. Esta falacia, además, sirve de coartada a la izquierda española para hacer mangas y capirotes de todo lo que se le antoje: contraponiéndolo al franquismo todo lo que se le ocurra, por aberrante que sea, es bueno, y, al revés, todo lo que de cerca o de lejos huela a franquismo es, por definición, malo.

Tal argumentación es válida para la izquierda decadente europea, que hace unos pocos años intentó, sin conseguirlo, que el Parlamento Europeo condenara al franquismo, mas no para pueblos que no han llegado al grado de degeneración moral e intelectual de ella, como sucede con el de Israel, y que saben calibrar la verdad de las cosas en sus justos términos.

Ayer, la calamidad que tenemos como presidente del Gobierno, especialmente aficionado a utilizar la figura del generalísimo de esta manera espuria y, además, con la pobreza intelectual que le caracteriza, disculpó en Israel las más que evidentes simpatías de los rojos españoles hacia los palestinos con el argumento de que:

“Antisemitismo era la época de Franco.”

Ante esta mamarrachada quiero llamar la atención sobre el artículo que don Eduardo Palomar Baró publicó en la página Generalísimo Francisco Franco bajo el título “Francisco Franco benefactor de los judíos” cuya lectura encarezco y de la que entresaco aquí algunos párrafos correspondientes a citas de personas que, ciertamente, no se pueden considerar franquistas:

1. Salomon Ben Ami, ministro de Asuntos Exteriores de Israel y embajador de este país en España:

«El poder judío no fue capaz de cambiar la política de Roosvelt hacia los judíos durante la II Guerra Mundial. El único país de Europa que de verdad echó una mano a los judíos fue un país en el que no había ninguna influencia judía: España, que salvó más judíos que todas las democracias juntas.»

Revista Época, 1991.

2. Golda Meier, Primera Ministra de Israel:

«El pueblo judío y el Estado de Israel recuerdan la actitud humanitaria adoptada por España durante la era hitleriana, cuando dieron ayuda y protección a muchas víctimas del nazismo.»

Debate en el Parlamento de Israel el 10 de febrero de 1959.

3. Max Mazin, Presidente de la Asociación Hebrea en España:

«¿Qué importa el número de judíos salvados por España cuando el precio de una sola vida es infinito. Sé que España salvó las vidas de docenas de millares de hermanos nuestros por diversos procedimientos y hubiera salvado muchas más de haber tenido oportunidad de hacerlo.»

«El nombre de España es una de las poquísimas luces que brillan en la larga y oscura noche que vivió el pueblo judío durante los trágicos años del nazismo.»

4. Elie Wiezel, escritor judío, premio Nobel de la Paz en 1986:

«España fue, probablemente, el único país de Europa que no devolvió a los refugiados judíos.»

Declaración ante la prensa, 1990.

5. Haim Avni y Yad Vaskem, profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén:

«Un total de, por lo menos, cuarenta mil vidas judías fueron salvadas de las cámaras de gas por las actuaciones directas de las embajadas y consulados españoles.»

Estudios sobre la catástrofe judeo-europea y la resistencia, 1970.

6. Chaim Lipschitz, escritor judío autor del libro “Franco, Spain, the Jews and the Holocaust”:

«Tengo pruebas de que el Jefe del Estado español, Francisco Franco, salvó a más de sesenta mil judíos durante la II Guerra Mundial. Ya va a ser hora de que alguien dé las gracias a Franco por ello.»

Revista Newsweek, febrero de 1970.

7. Israel Singer, Presidente del Congreso Mundial Judío:

«La España de Franco fue un refugio importante de judíos que se arriesgaron a venir, escapando de la Francia de la libertad, la fraternidad y la igualdad. No quiero defender a Franco, pero en la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia.»

Diario El Mundo, 17 de diciembre de 2005.

8. Enrique Múgica Herzog, socialista del PSOE:

«Aquel régimen, tan criticable en otros aspectos, acogió  a los judíos que llegaron, bien para asentarse en España, bien para continuar viaje con la ayuda del servicio diplomático.»

Congreso Judío Mundial, Londres1998.

Es de miserables acallar estos hechos. Esta miseria intelectual y moral nos rodea y nos gobierna. Ni siquiera se trata, como dice el señor Lipschitz, de dar a Franco las gracias por nada. En este mundo de cobardes ni siquiera pedimos eso. Se trata, tan sólo, de no mentir con la cara dura con la que mienten estos indeseables.

El Sabat Vayislah, 18 Kisley 5736 (22 de noviembre de 1975) los coeditores de The American Sephardi acudieron a rezar un responso ante el arca de la Sinagoga Hispano-Portuguesa de Nueva York. Tras mencionar su nombre se añadió: sehu azar hayehudim bime hamilhama hagedola (“por su ayuda a los judíos durante la Guerra Mundial”) Como vemos, a quienes no están envenenados por sus ideologías ni por sus odios ni quieren envenenarnos a los demás con ellos, no les cuesta reconocer, sencillamente, estas cosas aunque tengan enfrente a toda la imbecilidad progresista europea encabezada por Zapatero.

De hecho, Israel desprecia a los progres europeos y de ellos se le da una higa.

Vínculos:

Zapatero dice en Israel que “antisemitismo era la dictadura de Franco”. Libertad Digital.
Francisco Franco, benefactor de los judíos”. Generalísimo Francisco Franco.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

16 octubre, 2009 at 10:26

Publicado en Política

Tagged with

La hora de los enanos

leave a comment »


La hora de los enanos

 

Francisco Franco

Franco. Basado en el cuadro de Francisco Ribera (1939)

 

Ayer, el consistorio madrileño dio muestra de lo perfectamente que representa a la mezcolanza de canallas resentidos y de cobardes acomplejados que conforma a la mayor parte de la casta política que dirige hoy a España.

En un ejercicio de valor y guiado por el “noble” principio que dice: a moro muerto gran lanzada, el consistorio, por decisión unánime de todos los grupos políticos que lo constituyen con las honrosas excepciones de los concejales del PP, señores Henríquez de Luna y Martínez Vidal—, despojó al general Franco de todos los títulos honoríficos que le había concedido durante la época de su dictadura.

Así es el populacho: henchido siempre de una mezcla asquerosa de soberbia intelectual y de miseria moral, hoy te encumbra para apedrearte mañana.

Ayer, tocó apedreamiento. Ayer, el consistorio, más populachero que el propio pueblo al que dice representar, dedicó la tarde a tirar piedras contra la figura del general Franco.

Ayer, el Ayuntamiento de Madrid, nos volvió a recordar, por si lo habíamos olvidado, que estamos en lo que José Antonio llamó la hora de los enanos.

Efectivamente:

Allí estaban todos, abigarrados, mezquinos, chillones, engolados en su mísera pequeñez. […] ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! ¡Que no quede ni rastro de lo que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos −los pedantes− sonríen irónicamente. […] Pasarán los años, torrente de cuyas espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla −abogadetes, politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes− se perderá arrastrada por las aguas ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura de él −sencilla y fuerte como su espíritu− se alzará sobre las centurias, grande, serena y luminosa.

Ayer tuvimos que volver a escuchar los ladridos de las fieras vesánicas que, considerándose herederas de aquellas otras a las que derrotó el Generalísimo, viven para, pequeñez tras pequeñez, miseria tras miseria, insultar la memoria de la última gran figura de la Historia de España ante el silencio cobarde y complaciente de los más.

Como digo, importa poco. Estos gestos simbólicos del populacho en nada van a poder cambiar la Historia.

No en su nombre, porque él −también en palabras de José Antonio−, goza ya del premio allá en lo alto, en los ámbitos de la perpetua serenidad, adonde no llegan ni los ladridos de las fieras ni llega, tampoco, el silencio cómplice y cobarde de la gentecilla acobardada por tales fieras, sino en el mío, le digo, con toda la tranquilidad del mundo pero, también, con toda rotundidad, al Ayuntamiento de Madrid que se puede meter sus distinciones honoríficas por donde mejor le quepan y le acomoden.

Vínculos:

El Ayuntamiento de Madrid retira las distinciones concedidas a Franco. Libertad Digital.

Madrid retira todos los honores a Franco. La Vanguardia.

Cautivo y desarmado, Franco se rinde a Gallardón. Crónicas Murcianas. Pablo Molina.

Afrenta injustificada. Artículo de José Utrera Molina en ABC.

La hora de los enanos. José Antonio Primo de Rivera.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 junio, 2009 at 10:11

Publicado en Política

Tagged with ,