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Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad

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Presento hoy aquí, en esta Biblioteca que, poco a poco y con la ayuda de Dios, va aumentando, el primer volumen de un clásico local mirobrigense: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, escrita por don Mateo Hernández Vegas en la primera mitad del siglo pasado y publicada por subscripción popular.

Poca presentación necesita para el lector de Ciudad Rodrigo. Alguna, sí, para el foráneo: En su obra, don Mateo relata con minuciosidad y erudición exquisitas la historia del edificio material de la Catedral y de la sede episcopal civitatense desde su probable fundación en tiempo del emperador Constantino, y pasando, a través de la oscuridad de siglos oscurísimos, por su cierta reposición por Fernando II, hasta el desgraciado siglo pasado, relato  en el que entrevera los avatares históricos de la ciudad con tal o cual noticia de interés puramente local.

Ciudad Rodrigo ha sido fortaleza fronteriza por partida doble: frontera, por un lado, frente a la España sarracena y, por otro, frente al reino de Portugal. Esto la sometió a infinidad de guerras y sitios tanto durante la Edad Media como durante la Moderna en la Guerra de la Independencia. Su historia es, pues, tan rica en episodios bélicos dignos de memoria para la historia general de España como en heridas en el edificio de su catedral, edificada en el flanco más débil de la ciudad y, por ello y a la vez, como iglesia y como fortaleza. Así lo expresa don Mateo en su prólogo:

Por lo menos, nosotros confiamos que los que se dignen pasar la vista por estos apuntes y sepan apreciar la historia heroica de nuestra Catedral, cuando observen en el precioso monumento tantas mutilaciones, tantas descalabraduras y, ¿por qué no decirlo? tanta pobreza en muchos de sus accesorios, podrán decir: No es extraño; lo extraño, lo verdaderamente admirable, es que la Catedral de Ciudad Rodrigo exista todavía.

No es, sin embargo, este libro mero relato de aconteceres bélicos. Ni muchísimo menos: es todo un alarde de erudición artística, histórica, religiosa, moral y, ¿por qué no decirlo?, de noticias que, no teniendo más interés que el puramente local, nos dan un dibujo entretenídisimo de la vida de nuestros antepasados.

Trasciende, pues, esta obra del mero interés local, y lo tiene, y mucho, para el amante de la Historia de España que quiera entretenerse con este pequeño fragmento de la misma. Como, igualmente, dice don Mateo:

La historia de nuestra Catedral y de nuestra nobilísima y heroica ciudad, juntamente con pequeñas rencillas de vecindad, nos ofrecerá altos ejemplos, no superados por ningún otro pueblo y ninguna otra institución, de amor a la patria, de virtudes religiosas y cívicas, de abnegación y heroísmo, dignos de ocupar honroso lugar en las más brillantes páginas de la historia general de España.

Nota: La presente edición digital la he realizado a partir de la edición del autor impresa en Salamanca el año 1935 sin introducir en ella ningunas otras sino aquellas modificaciones que me han parecido de erratas tipográficas evidentes.

Es mi intención publicar aquí, en el lapso de tres o cuatro meses, el segundo tomo de esta obra.

Vínculos.

Ciudad Rodrigo. Wikipedia.
Catedral de Santa María de Ciudad Rodrigo. Wikipedia.
Centro de Estudios Mirobrigenses.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

1 octubre, 2012 at 13:19

Soneto a Ciudad Rodrigo

with 2 comments


 
Mis poemas
 
Soneto a Ciudad Rodrigo
 
 


Ciudad Rodrigo. Catedral


Ciudad Rodrigo. Castillo.

 
 
Ésta que, contra el cielo de Castilla,
alza la seo y corta su castillo;
ésta que mira en Águeda su brillo
desde alto cerro que viejo muro anilla;
 
ésta, de nobles piedras, alta silla
que en ocre pintan, en oro y amarillo,
Ciudad Rodrigo es, el bravo anillo,

prez de España, orgullo y maravilla.
 
Póstrese, Miróbriga a tu planta
y dígase feliz el que se allega
a mirarte y, tenga por seguro,
 
que no verá después nobleza tanta
quien haya contemplado de la vega
tu catedral, tu alcázar y tu muro.
 

***

De Mis Poemas, c. 1995
Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Nota: A nadie que conozca menos que medianamente la poesía castellana, se le puede escapar que este soneto lo inspiró y es trasunto, si no digno, al menos voluntarioso del de que Góngora hizo a  su Córdoba natal.

En mi intento de redactar una poética he insistido mucho en que la poesía que escribí cuando escribía poesía, no fue sino un intento de comprender, aprehender e intentar meter mi cuarto a espadas, en la Poesía  castellana.

Luis de Góngora dio a su patria chica su soneto.

Salvando las distancias e imitándole, éste soneto lo doy a la mía que no es pueblo sino ciudad, sede obispal, atalaya frente a Portugal y, mezquindades de la Historia, enemiga en quisicosas de Salamanca allá por el siglo XII cuando los musulmanes nos estaban comiendo por los pies y, en tanto, nosotros, no teníamos mayor ocupación que andar en estas grescas pueblerinas.

Se lo doy en lo que valga, que vale poco; mas se lo doy con el cariño y el intento de esmero con el que un hijo intenta obsequiar a su madre.

Yo, si no nací en Ciudad Rodrigo por infeliz casualidad, en ella amanecí a la vida, al conocimiento y siempre será, para mí,siempre, mi patria chica: Ciudad Rodrigo. La supuesta Mirobriga Augusta romana, que, en eso, no andan muy convencidos los historiadores de la Antigüedad.

En Ciudad Rodrigo, si no nací, sí en él desperté a la vida terrena. A diez pasos de mi escuela, monté mil veces el berraco celta. Por aquel entonces yo no sabía que ni era berraco ni que era celta. Hoy, resabiado, no es que me duela la fama de los Toros de Guisando, pero sí me duele que se desconozca por el común de las gentes que, además de los Toros de Guisando existen por aquellas tierras tallas en piedra granítica inspiradas por el mismo espíritu celta y semejantísimos a ellos.

De su nacimiento e historia, espero, con la ayuda de Dios, dar cumplida noticia para el lector curioso de estas cosas antiguas de la Historia.

Diré, sí, por ahora, que uno, esclavo de la rima, tuvo que escribir Castilla donde debió escribir León. En los tiempos en que lo escribí esto me pareció una quisicosa sin mayor importancia dado tanto tiempo como ha pasado desde que se unieron en uno los reinos de Castilla y de León. Sin embargo, en mi última visita a mi pueblo vi, con tristeza, pasquines que pedían la independencia leonesa de Castilla.

Recordando su antigua denominación común: “Castilla la Vieja” y recordando la sentencia heráldica que dice:

Por Castilla y por León,
nuevo mundo halló Colón,

comprenderán ustedes el desánimo del que esto escribe al ver que, ni en su pueblo, puede uno descansar ni dejar de leer majaderías.

Vínculo:

Soneto a Córdoba. Luis de Góngora.

© Texto e imágenes, Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 mayo, 2011 at 17:27