Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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12 de Octubre: Fiesta de la Hispanidad en la Plaza de Cataluña de Barcelona.

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Si París bien vale una Misa, la defensa de la españolidad de Cataluña bien vale un madrugón, me dije yo a mí mismo anteayer viendo la buena cara que apuntaba la manifestación cívica de la Plaza de Cataluña que convocó a decenas de miles de catalanes en defensa de su españolidad y en rechazo del separatismo que están promoviendo desde hace tanto tiempo los partidos catalanistas y algunos otros.

Doy por muy bien empleado el madrugón y sólo puedo decir que el acto me emocionó hasta donde no lo puedo expresar con palabras.

Dado que mi intención era ―aparte, claro está, de manifestar mi presencia en este acto―, la de realizar un pequeño reportaje fotográfico del mismo y escribir algunas líneas a su respecto en este blog que tanto ha tratado del asunto, durante el viaje en ferrocarril hasta la capital catalana me estuvo preocupando lo nublado que aparecía el cielo y lo que ello podría deslucir lo luminoso del acto.

Gracias a Dios, no fue así: la mañana barcelonesa se descubrió para cobijarlo bajo el hermosísimo cielo azul español del otoño, sólo salpicado por alguna nube de esas tan blancas que no hacen sino adornar y realzar su belleza.

Comenzado el acto con una ofrenda floral a Cristóbal Colón a los pies de su monumento, culminó, Ramblas arriba, en la Plaza de Cataluña, en la que una multitud de decenas de miles de españoles nos manifestamos bajo el lema “Som Catalunya: Somos España”

y haciendo hincapié en la riqueza que representa la unidad de cuarenta y siete millones de personas, no todas, por desgracia, conscientes de las inmensas dificultades que el devenir de la Historia ha presentado y presenta para que podamos hoy alardear de tanta muchedumbre, y unas pocas de ellas, francamente enemigas de que los españoles lo seamos en número tan grande y gustosas de escarbar en tales dificultades que ―sería tonto negarlo― existen como existen en cualquier organismo vivo.

Es cierto que, en algún comentario a la noticia de esta afirmación de la españolidad de Cataluña, algún aguafiestas, atendiendo a algunas fotografías, ha querido notar, fijándose en tal o cual foto, que fuimos pocos.

Es cierto que no fuimos los bastantes como para formar una cadena humana capaz de enlazar Le Perthus con Vinaroz, como hicieron los separatistas hace unas semanas ―aunque de esto también habría mucho que hablar―. Sin embargo, lo significativo de esta manifestación ciudadana no es tanto el número de personas que acudió a ella como el mero hecho de que acudieran: el pueblo catalán, adoctrinado durante décadas por la idea separatista, por la antipatía hacia el resto de España y amedrentado por este nacionalismo tan corto de miras, jamás hasta ayer tuvo el coraje de enfrentarse de semejante manera a la agobiante tesis nacionalista.

Ayer lo hizo y en grandísimo y muy valioso número si contemplamos estas circunstancias. Ayer manifestó que en la esencia de lo español late un solo corazón;

ayer algún catalán tuvo la afortunadísima idea de plasmar en una sencilla pancarta escrita con bolígrafo el hecho innegable ―el hecho que el nacionalismo catalán no puede ignorar sin falsificarse a sí mismo― de la profundidad de los lazos que unen a Cataluña con el resto de España:

La cadena de nuestros antepasados pasa por todos los rincones de España:

Así es y así lo entiende a su manera la juventud catalana que ayer acudió a la Plaza de Cataluña. Manera quizá imprecisa debido a la indigencia con la que ha sido educada en este y en tantos otros sentidos, pero la idea eterna de España latía en su corazón a pesar de los muchos intentos que se han hecho por parte de tantos de borrarla del pecho de las generaciones que nos han de seguir. Como anécdota diré que, acabada la lectura del manifiesto de los organizadores y sonando el Himno Nacional por la megafonía, mientras los jóvenes lo tatareaban, los viejos lo cantamos con la letra de Pemán:

Gloria a la Patria que supo seguir
sobre el azul del mar
el caminar del sol…

 

En esta continuidad de generaciones ―el llamado derecho a decidir es una falacia pues la nación no la formamos sólo los que vivimos en un momento dado, sino que es una continuidad que no tenemos ningún derecho a romper los que coyunturalmente estamos vivos hasta que Dios quiera―, olvidándonos de nuestros muertos y olvidados de quienes nos han de seguir, ningún derecho tenemos a decidir sobre una nación milenaria por el mero hecho de estar hoy vivos, tener un DNI y porque así lo crea el señor Mas―.

De la misma manera y por la misma razón, el tratar de cambiar la bandera de Cataluña por la estrellada es mero disparate: es estrellar a Cataluña.

El verdadero nacionalista, el que conozca y ame a su tierra y a su historia, ni puede cambiar a su antojo su Bandera, su Senyera, ni puede venirnos con el cuento ―excusatio non petita, acusatio manifesta― de que la majadería de la estrellada es “provisional” en tanto que consigan su ansiada independencia.

A este respecto, querría recordarles que su verdadera Senyera es la bandera cuatribarrada del Reino de Aragón y, siendo así, o una de tres: o tendrían que quedarse con la estrellada, ―trasunto cubano―, o tendrían que inventarse otra o tendrían que apropiarse de la Bandera del Reino de Aragón. No me cabe ninguna duda, dado el desprecio hacia la Historia de los separatistas, de que no tendrían mayor desahogo en hacerlo. Pero tampoco me cabe ninguna duda de que los aragoneses tendrían mucho que decir al respecto: dos entes políticos con la misma bandera es una aberración que no recuerdo se haya visto en la Historia de la Humanidad.

Seguramente, ni al señor Junqueras ni al señor Navarro esto les causa mayor complicación ni mayor escrúpulo. Al señor Mas quiero creer que sí.

Por cierto y dicho sea de paso que las cuatro barras de la bandera de Aragón también andaban ayer por la Plaza de Cataluña como un cuartel más del Escudo de España, junto a los de Castilla, León y Navarra.

Y, dicho sea también de paso: en mi viaje de ayer a Cataluña, aunque alguna estelada vi colgada en balcones o coronando tejados, tampoco fueron tantas. Eran, sí, las que más abundaban. Pero también conté bastantes de la cuatribarrada sin estrella y hasta dos de la rojigualda, una de ellas hermanada con la de Aragón. Por no comprometer a quienes tuvieron la valentía de colgarlas en sus balcones, no publico aquí sus fotografías.

***

Otras veces he insistido en este blog acerca de la importancia suma que tienen la religión católica y el Tradicionalismo en la concepción de la España moderna (cuando digo moderna me refiero a la que nace con la unidad política de 1492). No quiero insistir aquí sobre ello pues sé de sobra que es asunto que repele a muchos constitucionalistas y, quizá, a muchos de los españoles que ayer fueron a esta manifestación.

Sólo señalaré que, en la defensa de la idea de España que ayer se hizo en la Plaza de Cataluña, no faltaron ni el Sagrado Corazón de Jesús ni la Cruz de Borgoña:

Por lo demás, también andaba por allí alguna bandera europea. En el mundo en el que vivimos no podemos prescindir de lo que hoy se llama Europa, pero se equivoca quien crea que es Europa la que le va a resolver a España el problema de sus separatismos:

así como tampoco podemos prescindir del hecho de que Europa anda tan descarriada y tan olvidada de sus orígenes como la misma Cataluña y la misma España institucionales. En todo caso y sea como sea, el apelar a la idea europea es apelar al pragmatismo y, como vino a decir José Antonio, nada más lejos hay del problema catalán que el pragmatismo. Cataluña es poesía: se podrá separar de España por razones poéticas y sentimentales. Lo que no va a hacer nunca es separarse de España por meras razones de balanzas fiscales como dicen quienes quieren utilizar este argumento pro domo sua. Quien no entienda esto, no entiende nada.

***

Uno de los valores que enriquecen a España es el seny catalán: como si dijéramos, en traducción aproximada al castellano, una mezcla de temple y de sentido común,

De ambos andamos necesitadísmos para salir de tantos trances en los que nos hemos metido, lo primero por cobardía y, lo segundo, por falta de seny.

El seny es justo lo contrario del romanticismo, entendiendo el romanticismo en la peor acepción de su palabra que es, por otra parte, la propia. Los nacionalismos vascos y catalán son nacionalismos románticos. El nacionalismo español, aunque algunas veces se exprese visceralmente, no es romántico. Es lo contrario de lo romántico: es clásico. Es clásico porque así lo ha querido la Historia: porque es el heredero de la civilización romana que desasnó a esta Península y de la religión católica que le alumbró hasta hace dos siglos. Dos elementos que, como se entenderá sin necesidad de mayor explicación, nada tienen que ver con el romanticismo.

Si embargo, para salir de estos trances no basta el seny. Necesitamos recuperar el amor a España. Para ello, necesitamos primero perder el miedo y la vergüenza a que nos tilden de españoles quienes han conseguido, gracias a nuestra indolencia, que la palabra España, cuando menos, suene mal, y, segundo, comprender de manera cabal que estos nacionalismos pequeños son eso: románticos, y que, frente a ellos, la Nación Española es un concepto que, a la vez que ha sido forjado por el pensamiento clásico, ella misma ha contribuido a mantenerlo, a defenderlo y a enriquecerlo, y es, precisamente, esta lucha por el clasicismo de lo que hoy denominamos Nación española lo que, a su vez, la ha troquelado: frente a la sencillez, asequible a cualquiera, de la concepción romántica de la aldea de Asterix, podemos oponer, además del seny, desde el libro segundo de la Geografía de Estrabón hasta la obra del Padre Mariana, la del valenciano Juan Luis Vives y, sin olvidar la de tantos otros, y por citar aquí sólo a los que se me vienen de repente a la memoria, la de san Isidoro de Sevilla, compilador y mantenedor de la cultura grecorromana en la época de la barbarie arriana.

Para una mente primitiva, es seguro que es mucho más cara y asequible la idea romántica de la aldea de Asterix que el clasicismo que aparece tan antipáticamente defendido por las legiones romanas en los, por otra parte, geniales comics de Goscinny y Uderzo.

Sin embargo, en nuestra cultura, triunfó, gracias a Dios, la antipatía del clasicismo frente al romanticismo simpático.

El seny quizá no vaya tan lejos ni se meta en tantas honduras, pero algo tiene que ver con ello.

***

Para defender esta concepción de la nación española necesitamos que la ciudadanía salga a la calle como hizo ayer y necesitamos, tras ello, que los partidos que ostentan su representación se den por aludidos. Necesitamos que el PP, Ciutadans y UPyD se dejen de historias y se alíen en este asunto fundamental.

Pero necesitamos muchísimo más que el socialismo abandone su ambigüedad calculada y se ponga real y efectivamente del lado de los que ayer salimos a la calle para defender la unidad de España.

Hace unos años escribí en este mismo blog que el verdadero problema del nacionalismo vasco y catalán resulta de la aberración que significa su alianza con la izquierda. Pues, bien, ayer, en el viaje de regreso de tan magnífico acto leí en El Mundo esta misma idea en palabras de Fernando García de Cortazar:

España sufre hoy la impugnación más grave que ha soportado porque pone en peligro su propia existencia.

De ello culpa no sólo a la

tarea tramposa y minuciosa de los nacionalismos

sino, también a

una izquierda que ha traicionado a sus propios fundadores para entregar esta nación, que un día dijo querer defender, a quienes ansían destruirla; curiosamente, no en nombre de la lucha de clases o en busca del paraíso proletario, sino empujada por su patológico despiste al servicio de los horizontes egoístas de una oligarquía regional.

¡Ya era hora de que alguien lo dijera tan claro!

No basta con que Corcuera, Bono, Paco Vázquez, Belloch, Leguina o cualquiera de las muchas personas honestas, intelectualmente honestas, que hay en la izquierda, denuncien estos hechos y se rasguen las vestiduras a toro pasado y cuando ya no pintan nada en su partido. No basta con ello. Es necesario que quienes hoy dirigen el PSOE dejen de decir bobadas tales como las de Elena Valenciano, quien entiende el problema catalán como culpa del PP por “fomentar la catalanofobia durante años” o mezquindades tales como que jamás se aliarán con quienes quieren resucitar a una España reaccionaria, o que Pere Navarro, aparte de dejar libertad a los afiliados del PSC para que acudan a actos como el de ayer, les llame para que acudan, o que Rubalcaba deje de silbar al aire y de jugar al ni sí ni no, ni blanco ni negro.

Mucho más honesto me parece, digan lo que digan, el señor Durán i Lleida cuando confesó hace poco que fue un error dejar fuera del pacto por el Estatuto a la media España que representa el PP. ¡Lástima que el señor Durán recuperase el seny después de tantos años y cuando las cosas se han puesto tan negras y, también, a toro pasado!

Para todo esto necesitamos del socialismo. De un socialismo renovado con el que formar una mayoría grande y conforme en asuntos fundamentales como éste de manera que no seamos los ciudadanos quienes hemos de salir a la calle el día de la Fiesta Nacional para intentar defender a una nación que se rompe por todas partes y que sólo en nosotros parece apuntar alguna esperanza.

***

En fin, para mí la de ayer fue una jornada entrañable y emocionante. En cualquier país normal estas cosas ni deberían suceder ni suceden: las personas deberíamos emplear el tiempo libre que depara el asueto de un día festivo a otros asuntos distintos al de la permanencia de una nación que sus políticos han puesto en trance peligrosísimo de destrucción, pero así son las cosas y, siendo así, ningún empleo mejor encontré que dedicar dichas horas a intentar defender, en la pobrísima medida de mis fuerzas, la intangibilidad de mi nación. No me arrepiento de ello; antes bien me siento orgulloso y emocionado por haber puesto mi persona al lado de tantísimas otras con las que, sean cuales sean las muchas diferencias que me separen de ellas, me une esta idea tan lisa, tan llana y tan sencilla de la unidad política de España.

***

Sólo me resta añadir a lo que llevo dicho que sería muy de desear que las entidades unionistas, en años venideros, trabajaran por fomentar con la suficiente antelación este tipo de actos. Su publicidad importa mucho para que quienes, ayer, fuimos varias decenas de miles de españoles, seamos muchísimas más, D.m., en años venideros con la sola mira puesta en que siga naciendo el mismo sol sobre la España que Cristóbal Colón, siguiendo su caminar por el cielo, llevó hasta más allá de su ocaso.


Dulce et decorum est pro patria mori.

Reseñas periodísticas:

Barcelona  12.10.2013   Bandera hispano catalana de grandes dimensiones en el lado 'muntanya'  durante los actos de celebración del Día de la Hispanidad en la plaza de Catalunya  . Fotografía de Jordi Cotrina
Fotografía de El Periódico.

Miles de personas se concentran en Barcelona contra la independencia. El Mundo.
La sociedad civil asume la defensa de España y la libertad en Cataluña
. Libertad Digital.
Miles de personas claman en Barcelona en contra del independentismo. El País.
12-O: Miles de personas reivindican en Barcelona ser catalanes y españoles. La Vanguardia.
El 12-O supera la marca de asistentes del año pasado y llena la Plaza de Cataluña. El Periódico.
Espagne: 160.oo0 anti-indépendantistes manifestent à Barcelone. Action Française.

Vínculos:

El PSC dice que la manifestación del 12-O “alienta el enfrentamiento”. Libertad Digital:
Tiene razón el PSC: si quienes no deseamos transigir con el separatismo, ni nos manifestamos ni decimos nada, no hay enfrentamiento que valga. Lo que nos viene a decir el PSC es que el separatismo puede manifestarse tanto y cuanto quiera. Los unionistas no debemos hacerlo para no alentar el enfrentamiento. El separatismo puede engañar a la gente convocándola a consultas ilegales. Los demás tenemos que permanecer callados para no alentar el enfrentamiento. A esto siempre se le ha llamado jugar con dos barajas, que es, precisamente, lo que siempre, desde su fundación, ha hecho el PSOE.
La ayuda de Cambó a Franco. Pedro Fernández Barbadillo. Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 octubre, 2013 at 18:53

¡Provincia tan desdichada!

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En relación con el agravamiento agudo del problema separatista catalán que vivimos estos días, me gustaría dejar aquí una digresión historiográfica que, no obstante, creo pertinente en lo que tiene de demostrativo de cuán antiguo —y cuán extravagante, a veces—, es el desmedido amor a la patria chica de los diversos pueblos, incluido el portugués, que constituyen la nación española.

Días atrás publiqué en estas páginas mi edición de Las Cortes de la Muerte, de Luis Hurtado de Toledo. Es un auto sacramental del siglo XVI en el que se representan las demandas, las quejas, que los diversos estados colectivos, diríamos hoy—, presentan a la Muerte que les convoca a Cortes para que lo hagan.

Así, vemos desfilar en un maravilloso cuadro teatral y dando a la Muerte sus quejas, a la vejez, a la juventud, al rico, al pobre, a la nobleza, a los indios occidentales, al juez, al letrado, al médico, al labrador, a Beatriz y a Durandarte, etcétera, etcétera, hasta que damos, en la escena vigésima con el hilarante, desternillante, discurso del portugués.

Si todos los demás estados se atienen al grave y universal discurso de la muerte, hete aquí que el portugués, zumbón como él sólo, desatendiendo la universalidad del asunto, de lo que se queja no es de la condición humana mortal, sino de que dichas Cortes… ¡no se hayan celebrado en Lisboa!

Já non podeys escapar;
E deceyme, ruyn persoa,
Já que quereis pregoar,
¿Non fora millor armar
As Cortes allá en Lisboa?

Entusiasmado con su tierra:

¡Qué belo porto do mar
Ten lá tanta caravela
Bombardas para tirar
Si non vistes as armar!
¡Boa fe, non baste Castela!
Mas ollays muyto sobestes
En non pasar adiante:
Ben sé porque o fecestes
¡Boa fe, de temor que hobestes
Do Cardenal é do Infante!

no duda ni en asegurar que la Muerte no tiene poder en Portugal:

¡Voto á Deus, doña Roñosa,
Fantasma mal encarada!
¡Ollay ben á la lendrosa!
¡Do á Demo á mentirosa!
¡Olla, mentira probada!
Esos todos que levastes
Nin un oy de Portogal,
Que inda esotros matastes,
A Portogal non chegastes,
Nen fecistes nen un mal.

ni en mantener que, si los reyes portugueses murieron, fue porque ellos, aburridos del mundo, así lo quisieron, no porque en Portugal la Muerte tenga ningún poder:

Que nos reys que en el reynaron
Eses quisieron morrer,
Que de ó mundo se enfadaron,
E depois cuando acabaron,
Fó muyto por su pracer.
Que no e vosa forza tal,
Que osásedes emprender
En el rey de Portugal,
Ques seu poder tan real,
Cuale vos daré á entender.

A tanto disparate le responde la Muerte:

¡Oh, cuánto es innumerable
Este cuento de los locos!
No hay persona que lo hable,
Segun qu’ello es variable,
Mayormente destos pocos.

¡Provincia tan desdichada,
Lusitania, en la verdad,
Que siempre fuiste notada,
De criar gente tocada
De locura y necedad!

Podemos entender por aquí con cuánta razón apelaba Pascual Maragall al estado portugués como referencia para otro catalán.

Es evidente que esta obra, castellana, caricaturiza aquí a los portugueses, pero no es menos evidente que la caricatura no nace de la nada, ni es menos evidente que para el chauvinismo exacerbado de nuestros pueblos hispánicos, los asuntos universales, dígase la Muerte en el caso del portugués, dígase la crisis económica en el caso del señor Mas, son asuntos menores en comparación con la contemplación de su ombligo y en su obsesión miope por exigirle al Universo que gire en torno a su condición pueblerina, por otra parte, muy respetable y, sin ninguna duda, llena de riquísimas tradiciones culturales.

***

Por lo demás, no voy a insistir aquí acerca del problema del separatismo catalán, asunto del que vengo ocupándome en estas páginas desde el año 2006 y que pueden repasar ustedes en los vínculos ut infra. Sí quiero, no obstante, repetir, por enésima vez, que la España liberal que nos impuso la Revolución Francesa es inviable; que nos equivocamos en lo que respecta a la dinastía reinante, y, en fin, que deberíamos releer una y mil veces la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España de la Conferencia Episcopal Española del año 2006, muy especialmente su párrafo 72º:

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás.

Vínculos:

Las Cortes de La Muerte. Conceptos Esparcidos.
Orientaciones morales ante la situación actual de España. Conferencia Episcopal Española.
España, antes rota que roja. Conceptos Esparcidos.
Reforma constitucional ¡ya! Conceptos Esparcidos.
El toro de Osborne. Conceptos Esparcidos.
Els borinots. Conceptos Esparcidos.
¡Esto se hunde! Conceptos Esparcidos.
Testamento político de S.M.C. Carlos VII, fragmento. Edición mía en Scribd.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 noviembre, 2012 at 12:23

Els borinots

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Borinot es, en el idioma valenciano, la palabra con la que se designa al moscardón. Se emplea asimismo, aunque cada vez se oye menos, para designar a una persona pesada, molesta, cansina, que, como el moscardón, vuela y revuela, zumba y rezumba, una y mil veces, acerca de una idea que, para ella puede ser importantísima pero que para el resto de la Humanidad no significa apenas nada.

Analogía se llama esta figura.

Muy preocupado por el problema nacionalista vasco y catalán desde la Transición más incipiente y mucho más preocupado desde que Zapatero metió la mano en el asunto transformando un equilibrio tan frágil e inestable como falso en la algarabía que vemos en nuestros días, no había yo caído en la cuenta de que nuestros nacionalistas, aparte las razones históricas que puedan tener y que tienen, y que he defendido otras veces en este blog, son, fundamentalmente, eso: borinots.

No de otra forma se explica la reacción del aspirante a la Lehendakaritza, señor Urkullu, ante el éxito aparente que su colega en la Presidencia de la Generalitat catalana, señor Mas, en la reciente y multitudinaria manifestación independentista de la Diada y los buenos augurios que para su proyecto emanacipador catalán han mostrado las encuestas de varios diarios nacionales.

Nunca, pues, y, al menos, aparentemente, ha estado tan cerca el independentismo catalán de conseguir su objetivo de separarse del resto de España.

Y, además y según ha dejado entrever el señor Mas de una forma que, en mi humilde opinión, ya expresada aquí otras veces, sería una solución muy apreciable. El señor Mas ha mencionado la posibilidad de que Cataluña siga siendo monárquica, esto es, mantenga el nexo de unión con España a través de la Monarquía, y, como me he cansado de decir que el único cemento común que tienen los pueblos de España es, por un lado, la religión católica y, por otro, la Monarquía tradicional, no puede estar más de acuerdo con la plausibilidad de esta solución ni, aun, de su conveniencia.

De paso, nos quitaríamos de encima este modelo de estado liberal, impuesto por el extranjero, ajeno a nuestras costumbres y a nuestro alma ancestral y que tanta sangre y lucha nos ha costado desde hace doscientos años.

Prescindiendo, no obstante, de estas reflexiones mías que, como digo, me he hartado de repetir aquí, razonarán ustedes, como razono yo, que este éxito coyuntural del independentismo catalán debería de haber elevado al séptimo cielo al independentismo vasco que, acogiéndose al dicho que pinta a la ocasión como calva, debería de haberla cogido por los pelos y entonar el ¡Nosotros también! o, incluso, el ¡Mas, nosotros más!

Pues no señor. Y esto es lo que me deja estupefacto.

Con reflexiones tales como

La palabra secesión es demasiado grande

o

Hay que saber el mundo en que vivimos

Urkullu califica de sal gorda el éxito mediático y propagandístico de su colega catalán y parece que recula; que da marcha atrás.

Me he quedado, como digo estupefacto y no he podido menos que recordar la conocida estrofa de Las coplas de ¡Ay Panadera!:

Amarillo como cera estaba el conde de Haro,
buscando de algún reparo por no pasar la ribera;
desque vido la manera que el señor rey la pasaba,
pedos tan grandes tiraba que se oían en Talavera.

 

Canguelo se llama esta figura.

Vamos, que al señor Urkullu le ha dado canguelo el último movimiento de ficha del señor Mas.

Pues tal parece que los independentistas, sin renunciar al independentismo, tienen miedo del independentismo, cosa que, en el caso del señor Urkullu, tampoco me choca, dado que se iba a quedar, en caso de independencia de las Vascongadas, solo, cara a cara con el último movimiento marxista que en nuestros días queda en Europa. Trocaría un enemigo de salón, España, por un adversario que es de lo más cerril y dogmático que queda en nuestro continente.

Parece, pues, que al señor Urkullu le ha dado miedo el que el señor Mas pareciera que pasara la frontera pues, tal paso, le obligaría a él a dar otro semejante.

Tal y cual hacen los borinots: zumban, molestan, parece que se complacen en molestar; parece que su única razón de ser es esta, pero su ámbito de acción no es sino el aire cercano del ser al que importunan. Ninguna frontera piensan pasar. Sin el ser cercano sobre el que zumban y revolotean —si es que el verbo revolotear puede referirse a un insecto, que creo que no— nada serían.

No. No es fácil la independencia ni de Vascongadas ni de Cataluña por mucho odio que se haya cultivado en esas regiones hacia el resto de España. Y, en todo caso, como decía Arcadi Espada hace unos días en su Correo catalán:

la peor pesadilla del nacionalismo es que la independencia llegue cuando sea parte de un pasado ya incomprensible y remoto.

Tal parece que Urkullu tiene estas pesadillas.

¡Ay, Panadera!

Vinculos:

Mas no descarta una Cataluña monárquica. Libertad Digital.
Urkullu: “La palabra secesión es demasiado grande”. Libertad Digital.
¡Esto se hunde! Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 septiembre, 2012 at 20:20

Pacta sunt servanda

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A estas alturas de la Transición pocas dudas nos puede caber a nadie de la tomadura de pelo que ésta ha sido para la generalidad de los españoles y de cómo ha servido de instrumento para que los enemigos de España hayan utilizado sus normas y sus leyes, para atacarla.

La verdad es que ahora nos deberíamos de dar cuenta de que esto no es extraño ni nos debe maravillar, pues es la forma de actuar normal de la maldita izquierda en todas las latitudes: pervertir la utilización de la Ley para modificar la sociedad a su antojo. Cuando lo van, mal que bien, consiguiendo, hacen como que acatan las reglas del juego. Cuando no, apelan al plan B, esto es a la revolución.

Como he dicho ya muchas veces, en España, la alianza de la izquierda con el nacionalismo vasco y catalán y el aprovechamiento que esta izquierda hace de un problema real y muy difícil cual es el nacionalista, envenena y complica este problema hasta lo infinito, fundamentalmente porque arrastra a la radicalización de esos nacionalismos, en teoría de ideología derechista.

Frente a tan imponente alianza, los españoles sólo disponemos, en la práctica, de un partido político que combata sus desmanes, sus desafueros y sus fechorías.

Este partido, con todos sus defectos y todas sus debilidades que, últimamente, son muchas, es el partido conservador español. El PP.

De ahí el odio feroz que tal partido, sus simpatizantes y sus votantes, despertamos en esta alianza de nuestros enemigos. Enemigos unos, los socialistas, naturales por la propia esencia de las cosas, y, otros, muy lamentablemente, creados al compás de mil desencuentros e incomprensiones históricos.

Aparte de los ataques diarios que el PP sufre de parte de estas fieras casi a diario y a raíz de asuntos coyunturales, existe una descalificación previa de este partido que le obliga, en la práctica, a estar dando continuamente las gracias a sus enemigos por permitirle existir en esto que ellos llaman democracia.

Esta descalificación previa del PP tiene su asiento en dos pecados originales:

Uno es la supuesta continuidad en él del franquismo. No hablaré aquí de ello pero hemos podido ver, en los últimos años, cómo la explotación de esta idea por parte de Zapatero no sé si a este desaprensivo le habrá servido para obtener el rédito electoral que con ella busca pero que, indudablemente, ha envenenado nuestra política y nuestra convivencia como no podíamos ni imaginar antes de que semejante desgracia llegara a presidir el gobierno de España.

El otro pecado original del PP (y es éste del que quiero hablar aquí) es el hecho de haber votado en contra, cuando era AP, de la Constitución del 78.

El rigor intelectual que caracteriza a esta mezcla de canallas y deficientes mentales plantea el siguiente sofisma: “Ustedes no votaron la Constitución; nosotros sí. Luego somos nosotros los que tenemos un plus de legitimidad a la hora de interpretarla y de defenderla.”

Es esta idea absurda y perversa la que nos explica el reciente editorial conjunto de doce diarios catalanes y las recientes declaraciones de Montilla exigiendo al PP que retire el recurso de inconstitucionalidad del Estatuto catalán del Tribunal Supremo.

Los pactos están para cumplirlos, nos dicen en latín los periodistas catalanes desde dicho editorial y se quedan tan panchos.

Los pactos, efectivamente, están para ser cumplidos. Por eso es por lo que quien de verdad está dispuesto a cumplir el pacto que firme, durante su discusión previa tiene el derecho y el deber de luchar hasta el final porque lo que se pacte se acomode a lo que desea. Por eso: porque lo va a cumplir.

No es, pues, ni muchísimo menos, vituperable, que AP dejara de votar la Constitución. El asunto es que, aprobada esta por la mayoría, la acató y la hizo suya, le gustara más o le gustara menos. Nos gustara más o nos gustara menos.

Bien distinta es esta actitud de aquellos que, como saben de antemano que van a cumplir lo pactado mientras les interese y cuando no, no, no se les atraganta ni pactar ni firmar lo que sea.

Por eso la Constitución del 78 se ha ido a freír espárragos pero, mientras permanezca, aunque sólo sea en lo formal, hay que cumplir, señores editorialistas catalanes y señor Montilla, lo pactado.

Y lo pactado es que el recurso del que estamos hablando es un trámite absolutamente legal al que cualquiera que considere inconstitucional al Estatuto tiene el derecho, y el deber, de apelar.

Pedir, cuando todo apunta a que el Tribunal Constitucional va a decir que muchos de sus artículos no son constitucionales, que se retire el recurso es, aparte de cínico, muestra evidente de lo que les importa la Constitución, el Estatuto, las reglas del juego y los pacta servanda.

Es muy cierto que, sea cual sea la resolución del Tribunal Constitucional, la crisis a la que se enfrenta la nación española es enorme. Es verdad que, después de su sentencia, tendremos que cambiar la Constitución pues el problema que plantea Cataluña es real e importantísimo. Como no lo hicimos antes de que se aprobara el Estatuto, cuando quienes lo promovieron tildaban de fascistas a quienes así lo aconsejaban, tendremos que hacerlo ahora. (Sería, a mi modo de ver, necesario, incluso, aprovechar la coyuntura y cambiar la dinastía reinante).

Pero esto es otro asunto. El hecho es que quienes han promovido esta enorme crisis por motivos partidistas, nos vengan a decir ahora que, ante la más que probable inconstitucionalidad del Estatuto, lo que hay que hacer es retirar el recurso y hacer como que no nos damos cuenta, sólo puede ser considerado una tomadura de pelo, de quienes, como digo, en el fondo piensan que los pactos están para pasárselos por el forro.

Vínculos:

La dignidad de Catalunya. La Vanguardia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

1 diciembre, 2009 at 10:00

Publicado en Política

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