Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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12 de Octubre: Fiesta de la Hispanidad en la Plaza de Cataluña de Barcelona.

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Si París bien vale una Misa, la defensa de la españolidad de Cataluña bien vale un madrugón, me dije yo a mí mismo anteayer viendo la buena cara que apuntaba la manifestación cívica de la Plaza de Cataluña que convocó a decenas de miles de catalanes en defensa de su españolidad y en rechazo del separatismo que están promoviendo desde hace tanto tiempo los partidos catalanistas y algunos otros.

Doy por muy bien empleado el madrugón y sólo puedo decir que el acto me emocionó hasta donde no lo puedo expresar con palabras.

Dado que mi intención era ―aparte, claro está, de manifestar mi presencia en este acto―, la de realizar un pequeño reportaje fotográfico del mismo y escribir algunas líneas a su respecto en este blog que tanto ha tratado del asunto, durante el viaje en ferrocarril hasta la capital catalana me estuvo preocupando lo nublado que aparecía el cielo y lo que ello podría deslucir lo luminoso del acto.

Gracias a Dios, no fue así: la mañana barcelonesa se descubrió para cobijarlo bajo el hermosísimo cielo azul español del otoño, sólo salpicado por alguna nube de esas tan blancas que no hacen sino adornar y realzar su belleza.

Comenzado el acto con una ofrenda floral a Cristóbal Colón a los pies de su monumento, culminó, Ramblas arriba, en la Plaza de Cataluña, en la que una multitud de decenas de miles de españoles nos manifestamos bajo el lema “Som Catalunya: Somos España”

y haciendo hincapié en la riqueza que representa la unidad de cuarenta y siete millones de personas, no todas, por desgracia, conscientes de las inmensas dificultades que el devenir de la Historia ha presentado y presenta para que podamos hoy alardear de tanta muchedumbre, y unas pocas de ellas, francamente enemigas de que los españoles lo seamos en número tan grande y gustosas de escarbar en tales dificultades que ―sería tonto negarlo― existen como existen en cualquier organismo vivo.

Es cierto que, en algún comentario a la noticia de esta afirmación de la españolidad de Cataluña, algún aguafiestas, atendiendo a algunas fotografías, ha querido notar, fijándose en tal o cual foto, que fuimos pocos.

Es cierto que no fuimos los bastantes como para formar una cadena humana capaz de enlazar Le Perthus con Vinaroz, como hicieron los separatistas hace unas semanas ―aunque de esto también habría mucho que hablar―. Sin embargo, lo significativo de esta manifestación ciudadana no es tanto el número de personas que acudió a ella como el mero hecho de que acudieran: el pueblo catalán, adoctrinado durante décadas por la idea separatista, por la antipatía hacia el resto de España y amedrentado por este nacionalismo tan corto de miras, jamás hasta ayer tuvo el coraje de enfrentarse de semejante manera a la agobiante tesis nacionalista.

Ayer lo hizo y en grandísimo y muy valioso número si contemplamos estas circunstancias. Ayer manifestó que en la esencia de lo español late un solo corazón;

ayer algún catalán tuvo la afortunadísima idea de plasmar en una sencilla pancarta escrita con bolígrafo el hecho innegable ―el hecho que el nacionalismo catalán no puede ignorar sin falsificarse a sí mismo― de la profundidad de los lazos que unen a Cataluña con el resto de España:

La cadena de nuestros antepasados pasa por todos los rincones de España:

Así es y así lo entiende a su manera la juventud catalana que ayer acudió a la Plaza de Cataluña. Manera quizá imprecisa debido a la indigencia con la que ha sido educada en este y en tantos otros sentidos, pero la idea eterna de España latía en su corazón a pesar de los muchos intentos que se han hecho por parte de tantos de borrarla del pecho de las generaciones que nos han de seguir. Como anécdota diré que, acabada la lectura del manifiesto de los organizadores y sonando el Himno Nacional por la megafonía, mientras los jóvenes lo tatareaban, los viejos lo cantamos con la letra de Pemán:

Gloria a la Patria que supo seguir
sobre el azul del mar
el caminar del sol…

 

En esta continuidad de generaciones ―el llamado derecho a decidir es una falacia pues la nación no la formamos sólo los que vivimos en un momento dado, sino que es una continuidad que no tenemos ningún derecho a romper los que coyunturalmente estamos vivos hasta que Dios quiera―, olvidándonos de nuestros muertos y olvidados de quienes nos han de seguir, ningún derecho tenemos a decidir sobre una nación milenaria por el mero hecho de estar hoy vivos, tener un DNI y porque así lo crea el señor Mas―.

De la misma manera y por la misma razón, el tratar de cambiar la bandera de Cataluña por la estrellada es mero disparate: es estrellar a Cataluña.

El verdadero nacionalista, el que conozca y ame a su tierra y a su historia, ni puede cambiar a su antojo su Bandera, su Senyera, ni puede venirnos con el cuento ―excusatio non petita, acusatio manifesta― de que la majadería de la estrellada es “provisional” en tanto que consigan su ansiada independencia.

A este respecto, querría recordarles que su verdadera Senyera es la bandera cuatribarrada del Reino de Aragón y, siendo así, o una de tres: o tendrían que quedarse con la estrellada, ―trasunto cubano―, o tendrían que inventarse otra o tendrían que apropiarse de la Bandera del Reino de Aragón. No me cabe ninguna duda, dado el desprecio hacia la Historia de los separatistas, de que no tendrían mayor desahogo en hacerlo. Pero tampoco me cabe ninguna duda de que los aragoneses tendrían mucho que decir al respecto: dos entes políticos con la misma bandera es una aberración que no recuerdo se haya visto en la Historia de la Humanidad.

Seguramente, ni al señor Junqueras ni al señor Navarro esto les causa mayor complicación ni mayor escrúpulo. Al señor Mas quiero creer que sí.

Por cierto y dicho sea de paso que las cuatro barras de la bandera de Aragón también andaban ayer por la Plaza de Cataluña como un cuartel más del Escudo de España, junto a los de Castilla, León y Navarra.

Y, dicho sea también de paso: en mi viaje de ayer a Cataluña, aunque alguna estelada vi colgada en balcones o coronando tejados, tampoco fueron tantas. Eran, sí, las que más abundaban. Pero también conté bastantes de la cuatribarrada sin estrella y hasta dos de la rojigualda, una de ellas hermanada con la de Aragón. Por no comprometer a quienes tuvieron la valentía de colgarlas en sus balcones, no publico aquí sus fotografías.

***

Otras veces he insistido en este blog acerca de la importancia suma que tienen la religión católica y el Tradicionalismo en la concepción de la España moderna (cuando digo moderna me refiero a la que nace con la unidad política de 1492). No quiero insistir aquí sobre ello pues sé de sobra que es asunto que repele a muchos constitucionalistas y, quizá, a muchos de los españoles que ayer fueron a esta manifestación.

Sólo señalaré que, en la defensa de la idea de España que ayer se hizo en la Plaza de Cataluña, no faltaron ni el Sagrado Corazón de Jesús ni la Cruz de Borgoña:

Por lo demás, también andaba por allí alguna bandera europea. En el mundo en el que vivimos no podemos prescindir de lo que hoy se llama Europa, pero se equivoca quien crea que es Europa la que le va a resolver a España el problema de sus separatismos:

así como tampoco podemos prescindir del hecho de que Europa anda tan descarriada y tan olvidada de sus orígenes como la misma Cataluña y la misma España institucionales. En todo caso y sea como sea, el apelar a la idea europea es apelar al pragmatismo y, como vino a decir José Antonio, nada más lejos hay del problema catalán que el pragmatismo. Cataluña es poesía: se podrá separar de España por razones poéticas y sentimentales. Lo que no va a hacer nunca es separarse de España por meras razones de balanzas fiscales como dicen quienes quieren utilizar este argumento pro domo sua. Quien no entienda esto, no entiende nada.

***

Uno de los valores que enriquecen a España es el seny catalán: como si dijéramos, en traducción aproximada al castellano, una mezcla de temple y de sentido común,

De ambos andamos necesitadísmos para salir de tantos trances en los que nos hemos metido, lo primero por cobardía y, lo segundo, por falta de seny.

El seny es justo lo contrario del romanticismo, entendiendo el romanticismo en la peor acepción de su palabra que es, por otra parte, la propia. Los nacionalismos vascos y catalán son nacionalismos románticos. El nacionalismo español, aunque algunas veces se exprese visceralmente, no es romántico. Es lo contrario de lo romántico: es clásico. Es clásico porque así lo ha querido la Historia: porque es el heredero de la civilización romana que desasnó a esta Península y de la religión católica que le alumbró hasta hace dos siglos. Dos elementos que, como se entenderá sin necesidad de mayor explicación, nada tienen que ver con el romanticismo.

Si embargo, para salir de estos trances no basta el seny. Necesitamos recuperar el amor a España. Para ello, necesitamos primero perder el miedo y la vergüenza a que nos tilden de españoles quienes han conseguido, gracias a nuestra indolencia, que la palabra España, cuando menos, suene mal, y, segundo, comprender de manera cabal que estos nacionalismos pequeños son eso: románticos, y que, frente a ellos, la Nación Española es un concepto que, a la vez que ha sido forjado por el pensamiento clásico, ella misma ha contribuido a mantenerlo, a defenderlo y a enriquecerlo, y es, precisamente, esta lucha por el clasicismo de lo que hoy denominamos Nación española lo que, a su vez, la ha troquelado: frente a la sencillez, asequible a cualquiera, de la concepción romántica de la aldea de Asterix, podemos oponer, además del seny, desde el libro segundo de la Geografía de Estrabón hasta la obra del Padre Mariana, la del valenciano Juan Luis Vives y, sin olvidar la de tantos otros, y por citar aquí sólo a los que se me vienen de repente a la memoria, la de san Isidoro de Sevilla, compilador y mantenedor de la cultura grecorromana en la época de la barbarie arriana.

Para una mente primitiva, es seguro que es mucho más cara y asequible la idea romántica de la aldea de Asterix que el clasicismo que aparece tan antipáticamente defendido por las legiones romanas en los, por otra parte, geniales comics de Goscinny y Uderzo.

Sin embargo, en nuestra cultura, triunfó, gracias a Dios, la antipatía del clasicismo frente al romanticismo simpático.

El seny quizá no vaya tan lejos ni se meta en tantas honduras, pero algo tiene que ver con ello.

***

Para defender esta concepción de la nación española necesitamos que la ciudadanía salga a la calle como hizo ayer y necesitamos, tras ello, que los partidos que ostentan su representación se den por aludidos. Necesitamos que el PP, Ciutadans y UPyD se dejen de historias y se alíen en este asunto fundamental.

Pero necesitamos muchísimo más que el socialismo abandone su ambigüedad calculada y se ponga real y efectivamente del lado de los que ayer salimos a la calle para defender la unidad de España.

Hace unos años escribí en este mismo blog que el verdadero problema del nacionalismo vasco y catalán resulta de la aberración que significa su alianza con la izquierda. Pues, bien, ayer, en el viaje de regreso de tan magnífico acto leí en El Mundo esta misma idea en palabras de Fernando García de Cortazar:

España sufre hoy la impugnación más grave que ha soportado porque pone en peligro su propia existencia.

De ello culpa no sólo a la

tarea tramposa y minuciosa de los nacionalismos

sino, también a

una izquierda que ha traicionado a sus propios fundadores para entregar esta nación, que un día dijo querer defender, a quienes ansían destruirla; curiosamente, no en nombre de la lucha de clases o en busca del paraíso proletario, sino empujada por su patológico despiste al servicio de los horizontes egoístas de una oligarquía regional.

¡Ya era hora de que alguien lo dijera tan claro!

No basta con que Corcuera, Bono, Paco Vázquez, Belloch, Leguina o cualquiera de las muchas personas honestas, intelectualmente honestas, que hay en la izquierda, denuncien estos hechos y se rasguen las vestiduras a toro pasado y cuando ya no pintan nada en su partido. No basta con ello. Es necesario que quienes hoy dirigen el PSOE dejen de decir bobadas tales como las de Elena Valenciano, quien entiende el problema catalán como culpa del PP por “fomentar la catalanofobia durante años” o mezquindades tales como que jamás se aliarán con quienes quieren resucitar a una España reaccionaria, o que Pere Navarro, aparte de dejar libertad a los afiliados del PSC para que acudan a actos como el de ayer, les llame para que acudan, o que Rubalcaba deje de silbar al aire y de jugar al ni sí ni no, ni blanco ni negro.

Mucho más honesto me parece, digan lo que digan, el señor Durán i Lleida cuando confesó hace poco que fue un error dejar fuera del pacto por el Estatuto a la media España que representa el PP. ¡Lástima que el señor Durán recuperase el seny después de tantos años y cuando las cosas se han puesto tan negras y, también, a toro pasado!

Para todo esto necesitamos del socialismo. De un socialismo renovado con el que formar una mayoría grande y conforme en asuntos fundamentales como éste de manera que no seamos los ciudadanos quienes hemos de salir a la calle el día de la Fiesta Nacional para intentar defender a una nación que se rompe por todas partes y que sólo en nosotros parece apuntar alguna esperanza.

***

En fin, para mí la de ayer fue una jornada entrañable y emocionante. En cualquier país normal estas cosas ni deberían suceder ni suceden: las personas deberíamos emplear el tiempo libre que depara el asueto de un día festivo a otros asuntos distintos al de la permanencia de una nación que sus políticos han puesto en trance peligrosísimo de destrucción, pero así son las cosas y, siendo así, ningún empleo mejor encontré que dedicar dichas horas a intentar defender, en la pobrísima medida de mis fuerzas, la intangibilidad de mi nación. No me arrepiento de ello; antes bien me siento orgulloso y emocionado por haber puesto mi persona al lado de tantísimas otras con las que, sean cuales sean las muchas diferencias que me separen de ellas, me une esta idea tan lisa, tan llana y tan sencilla de la unidad política de España.

***

Sólo me resta añadir a lo que llevo dicho que sería muy de desear que las entidades unionistas, en años venideros, trabajaran por fomentar con la suficiente antelación este tipo de actos. Su publicidad importa mucho para que quienes, ayer, fuimos varias decenas de miles de españoles, seamos muchísimas más, D.m., en años venideros con la sola mira puesta en que siga naciendo el mismo sol sobre la España que Cristóbal Colón, siguiendo su caminar por el cielo, llevó hasta más allá de su ocaso.


Dulce et decorum est pro patria mori.

Reseñas periodísticas:

Barcelona  12.10.2013   Bandera hispano catalana de grandes dimensiones en el lado 'muntanya'  durante los actos de celebración del Día de la Hispanidad en la plaza de Catalunya  . Fotografía de Jordi Cotrina
Fotografía de El Periódico.

Miles de personas se concentran en Barcelona contra la independencia. El Mundo.
La sociedad civil asume la defensa de España y la libertad en Cataluña
. Libertad Digital.
Miles de personas claman en Barcelona en contra del independentismo. El País.
12-O: Miles de personas reivindican en Barcelona ser catalanes y españoles. La Vanguardia.
El 12-O supera la marca de asistentes del año pasado y llena la Plaza de Cataluña. El Periódico.
Espagne: 160.oo0 anti-indépendantistes manifestent à Barcelone. Action Française.

Vínculos:

El PSC dice que la manifestación del 12-O “alienta el enfrentamiento”. Libertad Digital:
Tiene razón el PSC: si quienes no deseamos transigir con el separatismo, ni nos manifestamos ni decimos nada, no hay enfrentamiento que valga. Lo que nos viene a decir el PSC es que el separatismo puede manifestarse tanto y cuanto quiera. Los unionistas no debemos hacerlo para no alentar el enfrentamiento. El separatismo puede engañar a la gente convocándola a consultas ilegales. Los demás tenemos que permanecer callados para no alentar el enfrentamiento. A esto siempre se le ha llamado jugar con dos barajas, que es, precisamente, lo que siempre, desde su fundación, ha hecho el PSOE.
La ayuda de Cambó a Franco. Pedro Fernández Barbadillo. Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 octubre, 2013 at 18:53

Reflexiones en torno a la idea de España

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Modificado de emagister.com

Dos de los más grandes políticos que nos ha dado la Transición española, Jaime Mayor Oreja y José María Aznar, alertándonos ayer del gravísimo problema que entraña en estos momentos el desafío separatista del gobierno catalán en alianza con la extrema izquierda para la pervivencia de la unidad política de España, nos han llamado a defenderla, José María Aznar, mediante “el coraje y la convicción”, Jaime Mayor, cogiendo el toro por los cuernos y pidiéndonos que entremos de lleno en la confrontación de ideas con los enemigos de esta unidad sin ningún miedo ni complejo intelectual frente a ellos y yendo más allá —en este terreno de las ideas— de los meros recursos legales que el Gobierno de la Nación pueda oponer a esta embestida.

Suscribo, como es lógico, ambos discursos pero, entrando en ese debate de ideas que nos pide Jaime Mayor, algo quiero añadir a ellos y algún pero tengo que ponerles abundando en lo que vengo diciendo al respecto en Conceptos Esparcidos desde hace seis años.

I

España

Efectivamente: antes de pasar a defender nada necesitamos tener una idea cabal de aquello que vamos a defender, que queremos defender. Necesitamos, pues, tener una idea precisa de lo que entendemos por España y, siendo la idea de España tan diversa según quien la formule, ya sean amigos, ya enemigos, necesitamos dibujar un perfil de su concepto para saber si estamos —al menos mínimamente— de acuerdo con él y para saber si nos interesa su defensa porque, por ejemplo, a mí, ni me interesa la defensa de la concepción de España que puedan tener los socialistas ni me interesa la defensa de su formulación política actual nacida de la Constitución del 78.

Entiendo bien que esta formulación política es la que es y que, hoy, la idea espiritual y eterna de España —que nadie va a poder romper— se encarna en esta fórmula legal que es preciso respetar. Pero, si queremos llevar el debate de las ideas a su verdadera raíz, lo primero que debemos de comprender —frente a las reiteradas invocaciones de José María Aznar y de Jaime Mayor a la “democracia” y a esta Constitución— es, no sólo ya que España es muchísimo más antigua que la Constitución del 78, sino, muy especialmente, dos ideas:

La una, que la Constitución del 78, por atea y por ser el enésimo trasunto de la Revolución Francesa, se da de bruces con el alma histórica de España. Define una idea de España que nada tiene que ver ni con su alma, ni con su tradición, ni con su historia.

Y la segunda que, precisamente por ello, han sido la Transición y la Constitución del 78, en especial en su título VIII, las que, poco a poco, como muy bien resume Jaime Mayor, han ido minando el concepto de España, lo han ido escondiendo y lo han ido falsificando a las nuevas generaciones de españoles, las que han dado pábulo a sus enemigos y las que nos han mantenido callados y acomplejados frente a ellos a quienes deseamos que la idea espiritual y eterna de España se siga concretando en alguna unidad política.

Y esto, no por motivos meramente pragmáticos, como apunta José María Aznar cuando apela a la “prosperidad” como argumento para mantener la unidad política. Es evidente que todos deseamos una España próspera pero no es menos evidente que aun cuando esta prosperidad no existiera —como no existe en estos momentos— o su unidad política entrañara menor prosperidad, la obligación de su defensa debería de ser la misma.

Es lugar común el que los cretinos nacidos y educados a la luz de esta transición se rían sin mayor reflexión de la definición que hizo José Antonio de España como unidad de destino en lo universal. Sin embargo, ni tal definición es exclusiva de José Antonio —desde Estrabón hasta nuestros días todo pensador que ha reflexionado sobre el asunto concluye que tanta es la diferencia con la que los pueblos hispánicos se ven a sí mismos como grande es la unidad con la que se les contempla desde el extranjero, empezando por lo puramente geográfico y acabando por lo espiritual— ni tal definición entraña nada sorprendente ni propio de España: en efecto, cualquier nación que, en el devenir de la historia haya alcanzado a tener algún resalte y algún reconocimiento frente al resto de naciones, es nación, muy especialmente, porque esas demás naciones, le reconocen un perfil propio, un espíritu propio, un discurso que, en lo que valga, tiene algo propio que decir al resto del mundo, algo con lo que enriquecer al resto del mundo; lo es, en fin, como unidad de destino en lo universal.

Notemos, pues, aquí, uno de los problemas fundamentales con el que nos encontramos a la hora de defender la permanencia de la unidad política de España: en tanto que somos una nación para el resto del mundo y en tanto el resto del mundo apenas alcanza a ver —si es que ve alguna— ninguna diferencia entre un catalán y un andaluz, nosotros, los españoles hemos llegado a desconocer que, si somos una nación, lo somos porque, mirando hacia dentro, tenemos algo en lo espiritual que compartimos todos, y, mirando hacia fuera, es ese algo lo que nos da una identidad nacional que es en la que repara el resto de las naciones.

Esto es lo que diferencia a una verdadera nación, a una nación forjada multisecularmente por una idea, de una nación artificial, de una de tantas naciones artificiales como han sido creadas durante los doscientos años que llevamos padeciendo la Revolución Francesa: si yo les pregunto a ustedes qué diferencias hay entre un francés y un inglés; un ruso y un norteamericano; un alemán y un italiano, ustedes, seguramente, tendrían una noción bastante precisa de tales diferencias.

Ahora bien, si yo les pregunto qué diferencia encuentran entre un uruguayo y un paraguayo; entre un keniata y un ugandés —más allá del “odio africano” que se tienen—, o entre un iraquí y un iraní, seguramente les pondría a ustedes en un aprieto y no se crean que ello sea por ignorancia de ustedes acerca de estas naciones sino por carencia de las mismas de unidad de destino en lo universal o, dicho de otro modo, por falta de perfil espiritual propio y distintivo. Para el uruguayo, su distancia pueblerina del paraguayo puede ser inmensa; para el resto del mundo pertenecen a la unidad de destino que llamamos hispanidad. De la misma forma, sean cuales sean las diferencias que separan a los chiitas de los sunitas, todos ellos pertenecen a un espíritu diferenciado en lo universal que llamamos islamismo.

Así, una futura y plausible nación catalana satisfaría a los catalanes que han olvidado su historia y que desean que su nación deje de formar parte de una unidad de destino en lo universal a la que a Cataluña han conducido la geografía primero y la historia después, para convertirse en una nación artificial más, muy apta, en lo negativo, para desfogar sus pasiones pueblerinas, contemplarse el ombligo y vomitar su odio hacia la España de la que forma parte, pero muy desdibujada, en lo positivo, para brindar al mundo un carácter propio, un espíritu propio del que, aislada, carece.

***

Para entrar, pues, en esta defensa de España necesitamos inexorablemente conocer y asumir, con todos sus defectos y con todas sus virtudes, cuál ha sido la aportación espiritual diferenciada española a este concierto de las naciones, a esta Historia de la Humanidad.

Romanizada muy tempranamente, desde que lo fue, podemos asegurar que el afán histórico de España ha sido el mantenimiento y la extensión de esa civilización romana primero, cristiano-romana y judeo-cristiana después y, por último, católica, entendiendo estas tres expresiones como formas de una continuidad histórica.

Varios hitos tenemos que tener muy presentes en su devenir histórico:

El primero y menos importante en lo que toca a nuestra singularidad como nación, pues lo compartimos con todos los demás pueblos europeos, es la invasión y dominio bárbaro, visigodo, que algo, indudablemente, contribuiría a la forja de nuestro espíritu pero que acabó disolviéndose en la romanidad española y cristiana tras los pocos siglos en los que hizo imperar su arrianismo bárbaro. Notemos que, durante estos siglos, pervivió como minoría no gobernante y al final se impuso, una minoría hispanorromana que fue la que mantuvo la lumbre de la cultura hispano-romana.

El segundo, mucho más definitorio, lo constituyen los ocho siglos de dominación musulmana, civilización esta mucho más fuerte y pujante que la goda y que, al contrario que ésta, jamás llegó a fundirse con la nuestra, hispanorromana. Notemos, igualmente, cómo durante estos ocho siglos, pervivió igualmente una minoría mozárabe, esto es, hispanorromana, que culminó la Reconquista, expulsó de nuestro solar a los musulmanes y lo devolvió en su totalidad a la civilización cristiana occidental. En La expulsión de los moriscos y fijándome en el gradiente del voto de izquierda, creciente, en líneas generales, de norte a sur en la España actual, me atreví a lanzar la hipótesis, que, por supuesto, no pretendo en absoluto que sea cierta, de que parte de este odio a la idea de España que hoy vemos tan claro y tan cierto en muchos de nuestros compatriotas no tenga en sus orígenes y en parte, el resquemor ancestral que quizá guardaran a través de las generaciones los descendientes de estos moriscos conversos, cristianos nuevos en contraposición a los cristianos viejos de herencia hispanogoda y que, como sabemos, durante muchos siglos carecieron de privilegios que estos sí tenían.

El tercero es, evidentemente, el descubrimiento, la conquista y la civilización de América. Con ello España extendió hasta el infinito aquella civilización cristianorromana que había heredado.

El cuarto es la postura que claramente adoptó España frente al cisma luterano poniéndose indubitablemente al lado de la iglesia romana, esto es, manteniéndose en el continuo histórico al que pertenecía desde que Roma la civilizó.

Y el quinto, en fin, es la aparición de la revolución científica y tecnológica del siglo XVIII, revolución que, indudablemente lideraron y llevaron a cabo las naciones protestantes de manera que el mundo que nació de ella, nuestro mundo, ante el espejismo de bienestar material que tal revolución nos ha proporcionado y olvidado de todo lo bueno que, sobre todo en el orden moral y político pudiera tener el Antiguo Régimen abomina de él y, por ende, de la idea de España, uno de sus principales bastiones sino el principal.

II

La minoría hispanorromana

Si, como acabo de exponer, durante los siglos de gobierno visigodo y los de dominación musulmana, pervivió obstinadamente como minoría, muchas veces perseguida, la que nunca jamás olvidó su verdadero origen clásico romano maravillosamente conjugado con la cultura judeo-cristiana y, al fin, acabó vencedora tanto frente a la barbarie de los unos como al carácter extranjero de los otros, así también nosotros lo que debemos defender es esa tradición dos veces milenaria que hoy sólo puede expresarse en la España que, desde 1942, forjaron de la mano la monarquía tradicional y la religión católica, sabiendo que vivimos en una nueva época de barbarie que lo que pretende, precisamente, es destruirla.

En esta época de barbarie somos, efectivamente, minoría. Empero, debemos de tener la misma convicción en nuestra causa que tuvieron los hispanorromanos en las épocas que digo y la esperanza de que nuestra firmeza intelectual en su defensa, olvidados de todo miedo a que nos llamen fascistas, la hará renacer algún día en toda su grandeza porque su grandeza es mucha frente a la poquedad de las ideas de nuestros enemigos.

Así y, como es lógico, adaptándola al pensamiento moderno, nuestra defensa de España tendría que ser la defensa de la religión católica y la defensa de la monarquía tradicional.

Ésta ha sido la gran aportación que España ha hecho al mundo y éste debería ser su discurso, como digo, actualizado y adaptado a los tiempos. Polonia lo intenta. No entiendo porqué no lo puede intentar también España.

Por contra: una España que se presenta ante el mundo como defensora del régimen político que coyunturalmente triunfa en el mundo actual —la democracia liberal—, es, sencillamente, grotesca. Para eso ya están los Estados Unidos cuya unidad de destino en lo universal es, precisamente, el liberalismo y la democracia. Tan grotesca como aquel miembro del PCE que no recuerdo con qué motivo —quizá fuera con el referéndum de la OTAN—, no tuvo ningún empacho en mandar al Congreso estadounidense un ejemplar de la Constitución del 78 como intentando dar lecciones a los estadounidenses de “democracia” y de “liberalismo”.

Y, en fin, de una España grotesca como esta; de una España tan olvidada de su historia y de su tradición, ¿nos puede extrañar que acabe yéndose al carajo como se está yendo?

III

La monarquía tradicional y la religión católica

Si olvidamos que el único cemento de unión que ha mantenido unidos a los pueblos hispánicos han sido la monarquía tradicional y la religión católica poco podremos hacer para mantener la unidad política de España. Lo saben muy bien sus enemigos y, por ello, tienen puesto en su principal punto de mira a ambas instituciones.

La religión católica no es —dejando aparte, por supuesto, su principal dimensión que es la meramente religiosa— sino el trasunto de la civilización romana. Su enseñanza no es sino el compendio de la sabiduría de la humanidad que apareció ente el Tigris y el Éufrates hace diez mil años, que, a través de la religión judeocristiana, se fundió con la cultura grecorromana y que nosotros heredamos precisamente a través de Roma.

Por su parte, la monarquía tradicional murió a manos de la Revolución. No podía haber sido de otra manera, pero España tuvo la desgracia de que la revolución que inspiró la suya no fue la “Gloriosa” inglesa de 1688 que imbuyó a los ingleses “de la idea de equilibrio entre la libertad y el orden”, sino la jacobina francesa de 1789 que, de las únicas ideas que nos ha imbuido han sido la del odio a la Tradición y la del convencimiento de que el progreso consiste en una huida hacia adelante desaforada y marcada por etapas en las que cada una de esas etapas tiene como único fin destruir a la anterior en un baño de sangre, de odio y de rencor. Una huida hacia adelante que, en fin, nada crea y todo destruye.

Tras la rotunda victoria de los aliados en la II Guerra Mundial, hoy se nos aparece que la mejor forma de gobierno posible es la democracia. Es, efectivamente, la única posible hoy en el mundo occidental pero, rotundamente, no es la mejor a mi modo de entender.

Prescindo de extenderme en este asunto pues ya lo he tratado sobradamente aquí y a ello me remito en los vínculos con los que finaliza este escrito.

Sea como sea (y de ello han tratado recientemente El Mundo en un editorial de la semana pasada y Victoria Prego en ese mismo diario), España es difícilmente entendible sin ese cemento de unión que representa la Monarquía, hoy simbólica de la nuestra tradicional.

IV

El marxismo y sus herederos

Es sumamente curioso ver como los nacionalismos vasco y catalán, que en su origen proceden del carlismo, que nacieron como reacción a la introducción en España del liberalismo entendido al modo en que lo entiende la Revolución francesa y que, en este sentido, son muy dignos de consideración, se han echado en manos de la izquierda marxista.

¿Para qué? ¿Para liberar a sus supuestas naciones de una supuesta opresión?

No. Se han echado en manos del marxismo que hoy representan Bildu-ETA y ERC, no  para construir nada, sino para destruir a España.

Su discurso que algún día pudo ser constructivo —y que la España liberal no entendió— es hoy francamente destructivo: nada pretenden realmente crear pues de la mano de socios tales como Bildu-ETA o ERC lo único que pueden crear son unas Provincias Vascongadas o una Cataluña marxista o, al menos, complaciente con el marxismo, esto es, las antípodas de los orígenes de estos nacionalismos.

Su discurso de hoy es destructivo y su único fin es la destrucción de España. No de la España liberal a la que, como digo, combatieron en sus orígenes y en cuyo combate yo me podría poner a su lado. No: de la destrucción lisa y llana de España.

***

Nota: El presente escrito, que pretendo depurar y continuar en días venideros, no es sino resumen de las reflexiones que acerca de este problema he venido haciendo en este foro desde el año 2006 y que se pueden repasar en los siguientes

Vínculos:

Pío Moa: la estupidez de Libertad Digital y la injusticia de generalisimofranco.com. Conceptos Esparcidos,diciembre, 2011.
Moa ‘vs’ Vidal
. Conceptos Esparcidos, julio, 2011.
Moa ‘vs’ Vilches
. Conceptos Esparcidos, junio, 2011.
Luz de Trento
. Conceptos Esparcidos, junio, 2011.
Ante la nueva embestida del odio anticatólico en España
. Conceptos Esparcidos, marzo, 2011.
Otra vez el Rey
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2010.
Pacta sunt servanda
. Conceptos Esparcidos, diciembre, 2009.
¡Esto se hunde!
Conceptos Esparcidos, agosto, 2009.
Comentarios al escrito “A favor del término ‘Euskal Herria’”
. Conceptos Esparcidos, julio, 2009.
A favor del término “Euskal Herria”
. Conceptos Esparcidos, julio, 2009.
Rosa Díez: una ventana de aire fresco. Conceptos Esparcidos, enero, 2009.
Joan Tardà grita ¡Muera el Borbón! Conceptos Esparcidos, diciembre, 2008.
Don Juan Alberto Belloch
. Conceptos Esparcidos, abril, 2008.
Si la Iglesia se mundaniza…
Conceptos Esparcidos, febrero 2008.
Los reyes merovingios
. Conceptos Esparcidos, noviembre, 2007.
En defensa de la monarquía española
. Conceptos Esparcidos, octubre, 2007.
El toro de Osborne
. Conceptos Esparcidos, agosto, 2007.
La Coca-Cola
. Conceptos Esparcidos, marzo, 2007.
A vueltas con “La expulsión de los moriscos”
. marzo, 2007.
El estatuto andaluz
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2007.
La expulsión de los moriscos
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2007.

España, ¡Antes rota que roja!
. Conceptos Esparcidos, enero, 2007.
Javier Moreno y los (nefastos) periódicos. Conceptos Esparcidos, noviembre, 2006.
Las “democracias avanzadas” y 1984
. Conceptos Esparcidos, enero, 2006.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 enero, 2013 at 12:13

Del culo y de las témporas

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La verdad es que si esta España de nuestros días no fuera como para estar llorando desde el orto hasta el ocaso y como para tener pesadillas por la noche resultaría, muchas veces, hasta hilarante.

Lo digo por uno de los reparos que la consejera de Educación de la Generalitat Catalana, Irene Rigau, ha argüido frente al proyecto de ley de reforma educativa de José Ignacio Wert, ministro de educación y, como ustedes saben, el pin-pan-pun que la izquierda —y la no izquierda— ha señalado como diana en estos días contra la que lanzar sus dardos, por supuesto envenenados.

Arguye doña Irene que el proyecto de ley de Wert trate a la lengua catalana como vernácula, entendiendo que esto significa tratarla como lengua de segunda.

Supongo que la confusión viene tanto de la ignorancia que doña Irene tiene de la lengua castellana como de las dos últimas sílabas con las que acaba el adjetivo vernáculo que, en el diccionario de la RAE no significa más que doméstico, nativo, de nuestra casa o país.

Dicho especialmente del idioma o lengua: doméstico, nativo, de nuestra casa o país.

Nada, pues que ver con una lengua de segunda como a doña Irene, confundiendo el culo con las témporas, le parece, sino como definición precisa de lo que es el idioma catalán: lengua doméstica, nativa, de Cataluña, aunque a la Rigau le parezca un palabro con el que la España cerril insulta, una vez más, a la expoliada Cataluña.

El hecho de que el adjetivo vernáculo le parezca peyorativo a Irene Rigau nos da idea de cómo anda el conocimiento de la lengua española por esa región española: si a doña Irene, ya talludita y consejera de Educación le resulta impertinente esta adjetivación, ya me dirán ustedes lo que puedan entender por vernáculo las más jóvenes generaciones catalanas cuyo conocimiento de la lengua española viene, no de su enseñanza cabal —proscrita en Cataluña—, sino de la mera fuerza de su preponderancia en los medios audiovisuales, por otra parte, tan chabacanos.

***

El separatismo catalán, entre sus muchas mentiras, nos dice que la juventud catalana es capaz de expresarse con igual naturalidad en ambas lenguas, la española y la catalana.

Puedo dar fe de que esto no es verdad: hará unos dos años y en el transcurso de uno de estos jolgorios —Tierno Galván dixit— que, aprovechándose del gregarismo de la juventud, promueve y paga la Administración Pública —por supuesto, con nuestro dinero— (y que, dicho sea de paso, muy de vez en cuando acaban en tragedias como la del Madrid Arena) tuve la oportunidad de asistir a una chiquillla —creo recordar que menor de edad— que desde su Lérida natal se había trasladado a no recuerdo que lugar de La Mancha para participar de no recuerdo qué jolgorio multitudinario de estos.

Era un encanto de chiquilla. Su espontaneidad y verborrea nos encandiló a todos los que la asistimos por una indisposición banal.

Pero me llamó muchísimo la atención la gran dificultad que tenía para expresarse en la lengua española y mucho más cuando, en comunicación telefónica con sus padres, oí que les dijo, como maravillada:

aquí tots parlen en castellà.

***

Quede dicho todo esto como cuadro de costumbres de nuestra España hodierna y con el propósito leal de ilustrar a doña Irene Rigau tanto acerca del significado del término vernáculo como de cómo andan las cosas en lo que respecta al conocimiento del español en Cataluña, si bien esto último, lo sabe de sobra aunque afecte lo contrario.

Vínculo:

Rigau planta a Wert en plena reunión sobre la reforma educativa. La Vanguardia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

8 diciembre, 2012 at 19:00

Publicado en Política

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¡Provincia tan desdichada!

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En relación con el agravamiento agudo del problema separatista catalán que vivimos estos días, me gustaría dejar aquí una digresión historiográfica que, no obstante, creo pertinente en lo que tiene de demostrativo de cuán antiguo —y cuán extravagante, a veces—, es el desmedido amor a la patria chica de los diversos pueblos, incluido el portugués, que constituyen la nación española.

Días atrás publiqué en estas páginas mi edición de Las Cortes de la Muerte, de Luis Hurtado de Toledo. Es un auto sacramental del siglo XVI en el que se representan las demandas, las quejas, que los diversos estados colectivos, diríamos hoy—, presentan a la Muerte que les convoca a Cortes para que lo hagan.

Así, vemos desfilar en un maravilloso cuadro teatral y dando a la Muerte sus quejas, a la vejez, a la juventud, al rico, al pobre, a la nobleza, a los indios occidentales, al juez, al letrado, al médico, al labrador, a Beatriz y a Durandarte, etcétera, etcétera, hasta que damos, en la escena vigésima con el hilarante, desternillante, discurso del portugués.

Si todos los demás estados se atienen al grave y universal discurso de la muerte, hete aquí que el portugués, zumbón como él sólo, desatendiendo la universalidad del asunto, de lo que se queja no es de la condición humana mortal, sino de que dichas Cortes… ¡no se hayan celebrado en Lisboa!

Já non podeys escapar;
E deceyme, ruyn persoa,
Já que quereis pregoar,
¿Non fora millor armar
As Cortes allá en Lisboa?

Entusiasmado con su tierra:

¡Qué belo porto do mar
Ten lá tanta caravela
Bombardas para tirar
Si non vistes as armar!
¡Boa fe, non baste Castela!
Mas ollays muyto sobestes
En non pasar adiante:
Ben sé porque o fecestes
¡Boa fe, de temor que hobestes
Do Cardenal é do Infante!

no duda ni en asegurar que la Muerte no tiene poder en Portugal:

¡Voto á Deus, doña Roñosa,
Fantasma mal encarada!
¡Ollay ben á la lendrosa!
¡Do á Demo á mentirosa!
¡Olla, mentira probada!
Esos todos que levastes
Nin un oy de Portogal,
Que inda esotros matastes,
A Portogal non chegastes,
Nen fecistes nen un mal.

ni en mantener que, si los reyes portugueses murieron, fue porque ellos, aburridos del mundo, así lo quisieron, no porque en Portugal la Muerte tenga ningún poder:

Que nos reys que en el reynaron
Eses quisieron morrer,
Que de ó mundo se enfadaron,
E depois cuando acabaron,
Fó muyto por su pracer.
Que no e vosa forza tal,
Que osásedes emprender
En el rey de Portugal,
Ques seu poder tan real,
Cuale vos daré á entender.

A tanto disparate le responde la Muerte:

¡Oh, cuánto es innumerable
Este cuento de los locos!
No hay persona que lo hable,
Segun qu’ello es variable,
Mayormente destos pocos.

¡Provincia tan desdichada,
Lusitania, en la verdad,
Que siempre fuiste notada,
De criar gente tocada
De locura y necedad!

Podemos entender por aquí con cuánta razón apelaba Pascual Maragall al estado portugués como referencia para otro catalán.

Es evidente que esta obra, castellana, caricaturiza aquí a los portugueses, pero no es menos evidente que la caricatura no nace de la nada, ni es menos evidente que para el chauvinismo exacerbado de nuestros pueblos hispánicos, los asuntos universales, dígase la Muerte en el caso del portugués, dígase la crisis económica en el caso del señor Mas, son asuntos menores en comparación con la contemplación de su ombligo y en su obsesión miope por exigirle al Universo que gire en torno a su condición pueblerina, por otra parte, muy respetable y, sin ninguna duda, llena de riquísimas tradiciones culturales.

***

Por lo demás, no voy a insistir aquí acerca del problema del separatismo catalán, asunto del que vengo ocupándome en estas páginas desde el año 2006 y que pueden repasar ustedes en los vínculos ut infra. Sí quiero, no obstante, repetir, por enésima vez, que la España liberal que nos impuso la Revolución Francesa es inviable; que nos equivocamos en lo que respecta a la dinastía reinante, y, en fin, que deberíamos releer una y mil veces la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España de la Conferencia Episcopal Española del año 2006, muy especialmente su párrafo 72º:

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás.

Vínculos:

Las Cortes de La Muerte. Conceptos Esparcidos.
Orientaciones morales ante la situación actual de España. Conferencia Episcopal Española.
España, antes rota que roja. Conceptos Esparcidos.
Reforma constitucional ¡ya! Conceptos Esparcidos.
El toro de Osborne. Conceptos Esparcidos.
Els borinots. Conceptos Esparcidos.
¡Esto se hunde! Conceptos Esparcidos.
Testamento político de S.M.C. Carlos VII, fragmento. Edición mía en Scribd.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 noviembre, 2012 at 12:23

El mejor Ribera de Duero es un Rioja

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A veces polemizamos por mero afán de polemizar y, como los aldeanos de la aldea de Asterix, andamos husmeando cualquier pretexto para armar bronca.

Lo digo por la que le ha caído encima al consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat de Cataluña, don Josep Maria Pelegrí (ignoro si “María” en catalán va acentuado) por pedir a sus conciudadanos que, en los restaurantes, consuman vinos catalanes.

Fuera de que lo largo del nombre de su consejería me hace recordar el chiste aquel de cuando, ante el Decreto de Unificación —por cierto, decreto, a mi modo de ver, muy injustamente vilipendiado— que unió a la Falange Española con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, los chuscos de la época alargaban el ya de por sí largo nombre resultante denominándolo

Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista y de los Grandes Expresos Europeos,

digo que es comprensible que, ante la crisis que nos está cayendo, se entiende y se agradece que se junten tantas administraciones en una sola consejería aunque sea a expensas de nombrarla con nombre tan largo y digo que me parecen excesivas las críticas que ha recibido don Josep.

Seguramente y hablando en términos generales, los economistas tienen razón y la monserga de la bondad del libre comercio sea acertada, pero uno, que no tiene ni pastelera idea de economía, tiende a razonar que si se consumen productos fabricados en su país, ello crea empleo y riqueza en su país y si, por contra, se consumen productos chinos, donde se crea riqueza es en la China y donde se menoscaban riqueza y empleo es en su país. Pero ya digo que yo no entiendo de economía.

Quizá en el término medio —como suele suceder en estas cosas cosas mundanas—ande la virtud y, moviéndonos en ese término, que cada cual gaste su dinero cómo y dónde quiera, sin que ello sea óbice para que las autoridades o los empresarios de determinado territorio se empeñen, ora en declaraciones como la del señor Pelegrí, ora en campañas publicitarias que inciten al consumidor a consumir productos autóctonos como tantas vemos sin llamarnos nadie a escándalo.

Así, me parece muy bien que el señor Pelegrí haya barrido para casa y haya invitado a sus conciudadanos a consumir vinos del Penedés aunque sea a costa del Rioja.

Como digo, luego, cada uno con su dinero, que haga lo que mejor le plazca. Yo mismo, en este asunto y a pesar de mi naturaleza salmantina, me atengo y me atendré siempre al viejo principio que dice que

el mejor Ribera de Duero es un Rioja,

sin desconocer que donde menos te lo esperas salta la liebre y que, con la excepción de la franja cantábrica, hay maravillas vitivinícolas en cualquier parte de España.

Ante la tonta e injusta polémica desatada, el señor Pelegrí se ha apresurado a disculparse con los riojanos, gesto que, sin haber sido necesario, es, de todas formas, gentil, señorial y muy de agradecer.

En lo que respecta a los demás habitantes de España, tenemos que aprender a conocer cuando Cataluña nos hiere y cuando no, y a saber contenernos y no lanzarnos a la yugular de una persona sensata por muy descarnada que esté la sensibilidad del resto de los españoles en lo que respecta al desapego catalán:

Cuando Joan Tardà grita

¡Muera el Borbón!

nos hiere; cuando Carod-Rovira les dice a los perroflautas del 15-M que desalojen la plaza de Cataluña y

se vayan a mear a su país,

nos hiere y, además nos indigna su inconsecuencia al hacer como que desconoce que los perroflautistas de la plaza de Cataluña son tan catalanes como él, de la misma manera que los de la Puerta del Sol son madrileños y, a unos y otros, hemos de aguantarlos, entre otras cosas por la nefasta gestión del tripartito del que él formó parte.

Como nos hirió el susodicho Carod-Rovira cuando negoció con la ETA para que ésta asesinara en toda España menos en Cataluña. Como nos hirió con su campaña contra la celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid.

Estás cosas sí hieren y apartan a Cataluña de España.

La recomendación del señor Pelegrí no. No hiere en absoluto, antes bien, es muy razonable dada la responsabilidad que tiene.

Debemos de comprender estas cosas tan simples.

Mis excusas desde aquí al sr. Pelegrí por el exceso de Libertad Digital a la hora de tratar esta noticia.

Vínculos:

La Generalidad pide a los catalanes patriotismo alimentario. Libertad Digital.
El consejero del patriotismo alimentario pide disculpas a La Rioja. Libertad Digital.
Carod pide a los indignados españoles que se meen en España. Libertad Digital.
Joan Tardà grita “Muera el Borbón”. Conceptos Esparcidos.
Soy arriero. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 junio, 2011 at 12:04

Publicado en Política

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