Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia

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Subiendo por la escalera principal de la Facultad de Medicina de Valencia, en la primera y única mesa o descanso que hace y de la que parten, a derecha e izquierda, sendos ramales que conducen a las aulas del primer piso, y que, de frente, da acceso al nivel superior de su Aula Magna, existió desde la fundación de su edificio —año de 1949— y detrás del busto de Santiago Ramón y Cajal, la lápida que daba cuenta, como es uso que se haga con cualquier edificación de mediana importancia, de su fundación, año de construcción y autoridades políticas y académicas que, a la sazón, habían auspiciado su creación.

Esta costumbre, que creo universal, sirve para que las generaciones que hayan de sucederse a través de los tiempos conozcan quién, por qué y cuándo se construyó el edificio en cuestión.

Por ende, cambiar al antojo de cualquiera de estas generaciones ulteriores este tipo de inscripciones sólo puede significar una falsificación de la Historia que, siempre con desprecio a la misma, unas veces se hará por mera ignorancia y otras por evidente y manifiesto deseo de cambiarla para que dichas generaciones futuras entiendan que esa Historia no fue como fue, sino como quisieron que hubiera sido quienes, arrogantes, se atribuyen el derecho de cambiarla al albur de su ideología.

Las gentes, por otra parte, en nuestra superficialidad, no solemos hacer mayor caso de estos detalles ornamentales de la arquitectura. Así, yo mismo, no obstante haber haber pasado mil veces en mi juventud ante ella, jamás reparé mayormente en su presencia como en tantas cosas que son merecedoras de alguna atención y en las que, por su cotidianidad, no nos fijamos.

Empero, quienes sí reparan en ellas son los iconoclastas de nuestro tiempo y, andando éste, atendiendo al fin a su presencia, leyendo su leyenda y conociendo la ralea de la gente que ha llegado a ocupar en su práctica totalidad los cargos académicos, comencé a temer hace unos años por el futuro de esta lápida fundacional.

Es por ello por lo que dediqué una mañana a perpetuarla en las fotografías que aquí presento.

Lamentablemente, no me equivoqué: a los pocos meses de tomadas, la lápida fundacional de la actual Facultad Medicina de Valencia fue destruida por el hecho de mostrar el Escudo de España con el Águila de San Juan a su izquierda, el nombre del General Franco en su texto y el escudo de la Virgen de la Sapiencia a su derecha, sello este que siempre fue el de la Universidad de Valencia hasta que al rector Lapiedra —a quien, por lo visto, se le atragantaba la imagen de la Virgen—se le antojó molestamente religioso y lo cambió por el actual engendro.

Así se reescribe la historia.

Frente a estos iconoclastas, verdaderos criminales de lesa historia, me enorgullezco de dejar aquí plasmadas la verdadera imagen de la lápida original, su transcripción y la traducción que de ella he intentado hacer para que, materialmente destruida por esta gente, quede de ella memoria intangible.

Lo entiendo como deber de antiguo alumno de esta Facultad. Primero, ante todos los españoles de bien y, segundo y muy en especial, ante las nuevas promociones de sus estudiantes para que, si estas líneas leyeren, se paren a reflexionar, al margen de la densa tarea de sus estudios, en estos pequeños detalles de la Facultad y de la Universidad en la que se forman y para que comprendan que, no obstante la excelencia técnica que, tal vez, la Facultad de Medicina de Valencia pueda brindarles, el simple conocimiento de un arte particular es mezquino y pobre si no se inscribe dentro de algún espíritu más general que le arrope, y mucho más pobre y mezquino si tal espíritu se mistifica y se falsifica.

Sepan pues, que la lápida fundacional de la Facultad no es como la ven ahora, sino como fue en su principio:

AUSPICE FRANCO DVCE. STATVS HISPANICE PRINCIPE.
NOVAE AEDES FACULTATIS MEDICINAE
IN HAC URBE VALENTIA AB EXMO
D. JOSEPHO IBAÑEZ MARTIN
EDVCATIONIS PVBLICAE MINISTRO. IVCVNDA SOLEMNITATE INSTAVRATATAE SUNT
AN. CDXLVIII AB VNIVERSITATE CONDITA
IDIBVS DEC. MCMXLIX
RECTORE MAGNIFICO DRE. FERDINANDO RODRIGVEZ FORNOS
FACVLTATIS DECANO DRE. JOHANNE J. BARCIA GOYANES
AD LAVDEM DEI ET PROFECTVM ARTIS MEDENDI CONVOLET HUC STVDIOSA IVVENTVS.

***

BAJO EL AUSPICIO DE FRANCO DIRECTOR. GOBERNANTE DEL ESTADO ESPAÑOL.
NUEVO TEMPLO PARA LA FACULTAD DE MEDICINA
EN ESTA CIUDAD DE VALENCIA POR EL EXCELENTÍSIMO DON JOSÉ IBÁÑEZ MARTÍN
MINISTRO DE EDUCACIÓN PÚBLICA. SE INSTAURA EN FELIZ SOLEMNIDAD
EN EL AÑO CDXLVIII DE LA FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD
DICIEMBRE MCMXLIX
RECTOR MAGNÍFICO DOCTOR FERNANDO RODRÍGUEZ FORNOS
DECANO DE LA FACULTAD DOCTOR JUAN J. BARCIA GOYANES
EN ALABANZA DE DIOS Y PARA EL PROGRESO EN EL ARTE DE CURAR SE CONVOCA AQUÍ A LA JUVENTUD ESTUDIOSA

***

 

***

Y así quedó la lápida tras la incursión de los talibanes iconoclastas:

Hay que decir en su honor que, aparte de bestias, son más talibanes que iconoclastas, quiero decir: destruyen imágenes no por principio filosófico de rechazo a la imagen en general, sino porque no les agrada lo que dicha imagen expresa. Así, alcanzando a comprender la belleza de su texto latino, no se atrevieron a modificarlo más allá de lo que ya he dicho que les molestaba y lo copiaron servilmente modificándolo a su antojo para que su villanía pueda pasar inadvertida al observador casual. Texto latino que, por supuesto, sin aquella su inspiración original, no se les hubiera ocurrido a estos ceporros ni por el forro de sus circunvoluciones cerebrales. Texto, en fin, que me abstengo de transcribir ni de comentar por lo que vengo diciendo: porque es más falso que un beso de Judas y, además, por desprecio a tan vergonzosa falsificación.

Y es que, aparte de ser iconoclastas, son cobardes y, desde su cobardía, viven para introducir, vergonzantemente, su mentira en nuestras almas.

Para que, mintiéndonos, no nos parezca que mienten.

Para que, reescribiendo la Historia a su antojo, no nos parezca que la han reescrito, sino que ella fue como ellos hubieran querido que fuera.

***

Toda esta anécdota ha sucedido estando el Partido Popular en el gobierno de la Comunidad Valenciana aunque ya digo que se remonta a muchos años atrás y comenzó con el rectorado de Lapiedra.

Se diría que, más allá del fuero de la inviolabilidad universitaria, el gobernante debería de tener que decir algo ante estos atropellos al patrimonio cultural de todos nosotros, sucedan dentro o fuera de la Universidad.

Ilusiones nuestras: si el enemigo es, como digo, iconoclasta, el amigo es gallináceo y su miedo a la izquierda, insuperable. Al amigo se le puede perdonar sus miedos de gallina. Al gobernante, no.

Pero sucede que el Partido Popular no gobierna: transige.

***

Para acabar: este episodio no es sino uno más de las muchas degeneraciones de la Universidad española que señalo, entre otras, en los vínculos ut infra:

***

Vínculos:

Fundación de las universidades españolas. Alma Mater hispalense.
La fundación del estudio general
. Universidad de Valencia.
Bula Copiosus in Misericordia Dominus. Sixto V.
Don Juan Alberto Belloch. Conceptos Esparcidos.
Tardaron pero cumplieron. Así celebró el populacho la destrucción de la lápida.

El presente escrito ha sido publicado también en el foro de debate de generalisimofranco.com y en mi ‘blog’ de Libertad Digital.

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Moa ‘vs’ Vidal

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En mi escrito anterior de hace unos días, Luz de Trento, intenté echar mi cuarto a espadas en la discusión que mantienen Pío Moa y César Vidal. Como la discusión se ha alargado tanto y se ha hecho tan extensa, en estas líneas intento sólo concentrar los escritos de ambos señores y los del señor Vilches, de quien partió la discusión.

Sí quiero apuntar, no obstante, un hecho:

esta discusión comenzó a raíz de que Pío Moa sostuviera la tesis de que

el franquismo se puede defender desde la democracia liberal (en Franco desde el liberalismo).

A lo que respondió César Vidal torciendo las palabras de Moa y haciéndole decir:

los liberales tenemos que asumir a Franco (en Moa me decepciona).

cosa que ni Moa ha dicho ni se acaba de entender qué quiere decir Vidal con eso de asumir, pues, asumir, lo que se dice asumir, hemos de asumir todos los hechos de nuestra Historia, los que nos gustan y los que no nos gustan, a no ser que tuviéramos el poder para cambiarla a nuestro antojo como lo tienen los socialistas.

Fuera de ello, a lo que César Vidal se aplica en sus respuestas es a señalar que Franco no era liberal, cosa que todos sabemos, incluido el señor Moa.

Franco —quien yo no sé si era liberal o no antes de su sublevación—, respetó, acató y defendió a la II República y sólo se alzó contra ella en último extremo, cuando ya Sanjurjo lo había hecho y tras el asesinato de Calvo Sotelo a manos del gobierno de dicha república. A partir de ahí, asume el mando supremo de la sublevación, gana la Guerra Civil e instaura un régimen que, efectivamente, fue dictatorial y no fue liberal.

Nadie intenta decir lo contrario y argumentar negando que Franco lo fuera es argumentar poniendo en boca del otro lo que el otro no dice, modo de argumentación, por otra parte, facilón.

Ahora bien, la tesis de Moa:

el franquismo se puede defender desde la democracia liberal,

sigue en pie y no podemos pasarla por alto.

Se podrá tener la opinión que cualquiera desee al respecto pero, quienes nos identificamos con ella, no podemos despacharla apelando a la falacia dialéctica de César Vidal.

Así, lo que no puede negar nadie es que el régimen del general Franco creo en España una clase media sin la cual la democracia liberal hubiera sido tan papel mojado como lo fue en la segunda república.

Creo que a algo de esto, entre otras muchas cosas y más profundas, se refería Pío Moa.

¿Que el régimen de Franco varió a lo largo de su desarrollo en función de los acontecimientos internacionales? Pues ¡por supuesto! Franco buscaba para España su sitio en el concierto de las naciones civilizadas. No le confundan Vilches ni Vidal con Kim Il Sung.

Y noten de paso los señores Vilches y Vidal que, si en vez de ganar los aliados la II Guerra Mundial la hubieran ganado las potencias del Eje, quizá ellos fueran ahora los primeros en estar alabando la grandeza del totalitarismo y abominando de la democracia liberal. Y, si no ellos, en ello andaría el 99% de nuestros pensadores políticos. Lo digo por lo fácil que es subirse al caballo del vencedor y, desde tal cabalgadura, lanzar lanzadas al moro muerto.

Franco utilizó, copiado de José Antonio, el término totalitario en una circunstancia histórica muy determinada y en un momento en el que muchos grandes pensadores europeos admiraban a Hitler. José Antonio, sin embargo, precisó qué quería decir con ello.

De la misma manera, años después, intentó que España entrara en la entonces llamada CEE, es decir en la unión económica europea que resultó de la victoria de las democracias liberales en aquella guerra.

¿Hay que admirarse algo por todo ello?

¿Debe la democracia liberal algo al franquismo? Pues miren, en tanto que las dictaduras comunistas de la Europa del Este dejaron pueblos arruinados, Franco dejó una España rica y capaz de recibir, como forma política de gobierno, la democracia liberal. Y esto, independientemente de lo que Franco pensara del liberalismo que, aunque Cesar Vidal y Vilches se empeñen en otra cosa, no es la cuestión.

***

Al comienzo de la discusión señalé en algún comentario que andará por ahí perdido que debemos de tener en cuenta las diversas acepciones de la palabra liberalismo:

1. m. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas.

2. m. Doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.

Es evidente que el franquismo no fue del todo liberal en esta segunda acepción del término, pero consideren los señores Vilches y Vidal si no lo fue algo más en la primera que ciertos gobiernos que padecemos por estas fechas y que se le aparecen al individuo, al ciudadano, hasta en la sopa y legislan sobre cuestiones que afectan a lo más íntimo de sus vidas. De nuestras vidas.

***

Esta discusión sobre el franquismo ha derivado en una discusión sobre lo que César Vidal denomina una visión franquista y decimonónica de la Historia de España. Ya respondí a ello en Luz de Trento. Repito aquí que tal Historia de España la escribieron, entre otros, Marcelino Menéndez Pelayo y Ramón Menéndez Pidal, historiadores que, seguramente, le parecerán obsoletos a Vidal pero a los que no puede tachar ni de franquistas ni de faltos de metodología.

Como ya he dicho, dado el carácter protestante de Vidal —persona, por otra parte muy estimable y de la que, repito, debemos de considerarnos orgullosos de que figure entre nuestros conciudadanos— es comprensible que él deplore esta concepción de la Historia de España.

Seguramente él estará muy en contra de las palabras de Menéndez Pidal:

Pocas semanas después de su partida de La Coruña, en la dieta de Worms, Carlos V vio aparecer ante la asamblea aquel fraile rebelde y altivo que, él solo, desafiando grandiosamente a las dos supremas potestades del mundo, va a precipitar a Europa en el abismo de su disgregación moral,

Pero la Historia de España no se explica sin este enfrentamiento contra la herejía luterana justo después de haber acabado de vencer al islamismo en nuestro suelo y en tanto España conquistaba un continente inimaginado.

Pueden leer el texto completo de Menéndez Pidal en la Idea imperial de Carlos V que he publicado en la entrada Luz de Trento y que repito en los vínculos ut infra.

Todo ello será mejor o peor; tales nuestros avatares históricos habrán sido mejores o peores para España. Ahora bien, lo que es innegable es que esta historia no se la inventó Franco.

***

Por último, notemos la grandísima relación que guardan ambos asuntos sometidos a esta discusión: la naturaleza del franquismo y la historia de España concebida al modo que Vidal tacha de franquista.

Ya lo he expresado en múltiples ocasiones: durante el siglo XVIII, el Siglo de las Luces, se gesta una filosofía que sostiene que el ser humano está esclavizado por la religión y por la monarquía tradicional. Sostiene este pensamiento que, liberado de la religión y de la monarquía, el ser humano va a ser más feliz.

Al mismo tiempo, se desarrolla la revolución científica y tecnológica que, efectivamente, dan al ser humano un bienestar material como nunca éste había conocido.

Tanto la revolución filosófica como la científica las lideran los países anglosajones de manera que va pareciendo que España, no es ya que quede rezagada en estos avances de la humanidad, sino que es rémora y estorbo para ellos y eso, precisamente, por haber sido, en los dos siglos anteriores, XVI y XVII, la mayor defensora del catolicismo y por haber sido sus reyes sus mayores valedores.

Hasta aquí, bien, y ello, a mi modo de ver, explica la llamada leyenda negra española.

Sucede sin embargo que, si bien, en el siglo XVIII podía admitirse verosímilmente la hipótesis de que tales revoluciones iban a hacer más feliz al ser humano, hoy comprendemos muy bien la diferencia que hay entre bienestar material y felicidad. Es cierto que vivimos con mayores comodidades que nuestros antepasados pero ¿somos de verdad más felices que ellos? Yo lo dudo pero, en cualquier caso, hemos de admitir que la sociedad perfecta que idearon los filósofos del Siglo de las Luces no se ha conseguido.

Pero hay más: esta nueva filosofía, en Francia y en España quiso imponerse de manera revolucionaria; en España, la padecimos de manera especialmente cruel durante la II República y hoy la entrevemos su intento de reaparecer. Efectivamente: los extremistas revolucionarios, creyendo a pies juntillas lo nefasta que había sido la España antigua para el desarrollo moderno se dedicaron a combatirla sin importarles un comino lo bueno que pudiera haber habido en ella. Lo bueno por lo que combatieron Carlos V y Felipe II. Y, en tal combate, muy poco les importó llevarse por delante a todo aquel que consideraran reaccionario.

He aquí la gran paradoja: supuestamente luchando por la mayor felicidad del ser humano, jamás les importó el sufrimiento que con su revolución causaban en éste ni jamás intentaron comprender las razones que pudieran tener aquellos a los que les disparaban el tiro en la frente.

Mi postura ante todo esto no es negar lo bueno que ha tenido la modernidad, sino deplorar que se destruya, como se está destruyendo, lo bueno que tenía el Antiguo Régimen.

Y aquí aparece Franco:

Es evidente que ni soy historiador ni pretendo que mi concepción del franquismo sea la única admisible pero, contemplándolo con perspectiva histórica y sin prejuicios e, independientemente de las injusticias que se pudieran cometer en los inicios de su régimen, el franquismo fue eso: un intento de conjugar la modernidad con lo mejor de nuestra tradición.

Creo que César Vidal se equivoca cuando sostiene que la Ley de Sucesión fue un intento de autoperpetuación del régimen de Franco y creo que Pío Moa atisba a comprender nuestra historia antigua reciente de manera semejante a como yo la concibo. Para mí, el franquismo no fue sino un intento de introducir a la España de siempre en el mundo moderno y próximo a nosotros y dicha Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado es prueba de ello.

Europa no nos lo permitió.

Vínculos:

Jorge Viches:
          Criticar al franquismo.
          La guerra de Moa.

César Vidal:
          Primera acotación a Pío Moa.
          Segunda acotación a Pío Moa.
          Tercera acotación a Pío Moa.
          Moa me decepciona.

Pío Moa:
          Defender al franquismo.
          ¿Qué es ser antifranquista?
          Franco desde el liberalismo.
          Democracia liberal y franquismo.
          La arrogante ignorancia de Malefakis.
          Enfoques de la Guerra Civil.
          ¡Ay, Vilches…!.
          Franquismo: la cuestión de la legitimidad.
          La aceptación popular del franquismo.
          Error mío hacia Malefakis / Vilches y la represión franquista / España al morir Franco.
          Franquismo hoy / Viches y los intereses de Franco / Dos retos históricos.
          Felipe II y sus enemigos / La alegría de la España franquista.
          César Vidal intenta refutarme / Felipe II y la tolerancia.
          Importancia de LD.
          Segunda respuesta a César Vidal.
          Tercera respuesta a César Vidal (I).
          Errores metodológicos de César Vidal. Opiniones de liberales sobre Franco.
          Errores de hecho de César Vidal / ¿Años perdidos los 40 y 50?
          ¿Cuándo llegó la reconciliación?
          ¿Es liberal César Vidal? / ¿Un fracaso la historia reciente de España?

Conceptos Esparcidos:
          Moa vs Vilches.
          Luz de Trento.
          Idea imperial de Carlos V. Ramón Menéndez Pidal.

Otros:
          Franco y el liberalismo. Polémica entre Pío Moa y César Vidal. Algaida.
          Importante descubrimiento de César Vidal: Franco no era liberal. Contralosgigantes.com.

          Cuando los liberales apoyaban a Franco. El Manifiesto.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 julio, 2011 at 9:36

La hora de los enanos

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La hora de los enanos

 

Francisco Franco

Franco. Basado en el cuadro de Francisco Ribera (1939)

 

Ayer, el consistorio madrileño dio muestra de lo perfectamente que representa a la mezcolanza de canallas resentidos y de cobardes acomplejados que conforma a la mayor parte de la casta política que dirige hoy a España.

En un ejercicio de valor y guiado por el “noble” principio que dice: a moro muerto gran lanzada, el consistorio, por decisión unánime de todos los grupos políticos que lo constituyen con las honrosas excepciones de los concejales del PP, señores Henríquez de Luna y Martínez Vidal—, despojó al general Franco de todos los títulos honoríficos que le había concedido durante la época de su dictadura.

Así es el populacho: henchido siempre de una mezcla asquerosa de soberbia intelectual y de miseria moral, hoy te encumbra para apedrearte mañana.

Ayer, tocó apedreamiento. Ayer, el consistorio, más populachero que el propio pueblo al que dice representar, dedicó la tarde a tirar piedras contra la figura del general Franco.

Ayer, el Ayuntamiento de Madrid, nos volvió a recordar, por si lo habíamos olvidado, que estamos en lo que José Antonio llamó la hora de los enanos.

Efectivamente:

Allí estaban todos, abigarrados, mezquinos, chillones, engolados en su mísera pequeñez. […] ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! ¡Que no quede ni rastro de lo que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos −los pedantes− sonríen irónicamente. […] Pasarán los años, torrente de cuyas espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla −abogadetes, politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes− se perderá arrastrada por las aguas ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura de él −sencilla y fuerte como su espíritu− se alzará sobre las centurias, grande, serena y luminosa.

Ayer tuvimos que volver a escuchar los ladridos de las fieras vesánicas que, considerándose herederas de aquellas otras a las que derrotó el Generalísimo, viven para, pequeñez tras pequeñez, miseria tras miseria, insultar la memoria de la última gran figura de la Historia de España ante el silencio cobarde y complaciente de los más.

Como digo, importa poco. Estos gestos simbólicos del populacho en nada van a poder cambiar la Historia.

No en su nombre, porque él −también en palabras de José Antonio−, goza ya del premio allá en lo alto, en los ámbitos de la perpetua serenidad, adonde no llegan ni los ladridos de las fieras ni llega, tampoco, el silencio cómplice y cobarde de la gentecilla acobardada por tales fieras, sino en el mío, le digo, con toda la tranquilidad del mundo pero, también, con toda rotundidad, al Ayuntamiento de Madrid que se puede meter sus distinciones honoríficas por donde mejor le quepan y le acomoden.

Vínculos:

El Ayuntamiento de Madrid retira las distinciones concedidas a Franco. Libertad Digital.

Madrid retira todos los honores a Franco. La Vanguardia.

Cautivo y desarmado, Franco se rinde a Gallardón. Crónicas Murcianas. Pablo Molina.

Afrenta injustificada. Artículo de José Utrera Molina en ABC.

La hora de los enanos. José Antonio Primo de Rivera.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 junio, 2009 at 10:11

Publicado en Política

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