Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

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Quinto encuentro de ‘blogeros’ de ‘Libertad Digital’ en Murcia

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 Quinto encuentro de blogeros de Libertad Digital

 Murcia
 
¡Murcia, qué hermosa eres!
La Parranda. Francisco Alonso, Luis Fernández
 

Catedral de Murcia

 

Mientras el discurrir de las cosas marchaba por los cauces que son ya habituales en los últimos años, esto es, mientras el energúmeno de Tardá preparaba su discurso parlamentario e intentaba hacer memoria para, del Rey abajo, no dejarse nada en el tintero que recordase remotamente a España para no dejarlo sin escupir el lunes siguiente desde la tribuna de oradores del Congreso; mientras el señor Bono, Presidente socialista de dicho Congreso, es de suponer, dedicaba el fin de semana a ejercitarse en mantener ese aire imperturbable y esa sonrisa que no se perturba por muchos chuzos que caigan de punta; mientras don Mariano daba los últimos retoques a su decisión de prescindir de don Luis Herrero en su carrera para conquistar el poder sobre un mundo de plástico, y, mientras, en fin, sobre el mundo se cernía la enésima peste, gripe porcina, dicen, de las que periódicamente afligen a la Humanidad (la Humanidad, al menos la Humanidad española, además de estas pestes naturales, tiene que soportar las que llevo dichas antes), mientras todo esto sucedía el pasado fin de semana, días 24 y 25, tuvo lugar en la hermosa capital murciana, a la sombra de su bellísima catedral, el quinto  encuentro de algunos de los que, en los últimos años, hemos venido echando nuestro cuarto a espadas como peones de a pie, al lado y a la sombra de tantas firmas tan ilustres como valientes, en Libertad Digital, ese rincón, como muy bien dice su nombre, de libertad de los pocos que van quedando en España.

Como Imperter ya ha dejado crónica pormenorizada y más que perfecta del evento, me limito aquí a dejar constancia del hecho, no por afán de protagonismo ni con ánimo de ser reiterativo, sino como deber de gratitud a tantos amigos que me invitaron a él y en él tan cordialmente me recibieron.

No recuerdo bien como vine a dar con Libertad Digital. Comencé a publicar en el espacio que cede a sus lectores con el único propósito de dar mayor publicidad a lo que escribía en mi blog personal. Por aquel entonces no contemplaba yo la idea de que aquello pudiera tener la consecuencia de que se fraguaran, a su través, relaciones personales ni de que éstas culminaran con eventos tan gratos como el encuentro al que me vengo refiriendo, en esta ocasión maravillosamente organizado hasta el último detalle por Imperter y su señora.

Así nos reunimos, como digo, a la sombra de la catedral murciana, el grupo de personas que Imperter relaciona en su crónica. Personas, indudablemente muy diversas y de muy diverso pensamiento pero, encontradas en Libertad Digital, unidas por un mínimo común múltiplo que se expresó en el único grito que dimos: ¡Viva España! al final de la comida con la que los dueños de la taberna Los Lebrillos, nos agasajaron con las mil glorias de la huerta murciana presentadas con la hospitalidad y con la bonhomía que aún queda del mundo de antes y que tan presto acabará desapareciendo en el mundo de plástico que Zapatero tan bien ha sabido colocar en suerte y al que don Mariano aspira a lidiar, quiero decir… a liderar. Mundo de plástico en el que no habrá tabernas  auténticas, como Los Lebrillos, sino establecimientos decorados al modo de Los Lebrillos, de la misma manera que no habrá Parlamentos en los que hablen los Padres de la Patria, sino decorados de parlamentos a cuya tribuna suban a berrear energúmenos y, de la misma manera que nos parecerá lo mismo Los Lebrillos que los pseudolebrillos, pulcros pero anodinos, nos parecerá que berrear es hablar y nos parecerá que tenemos un Parlamento y que somos libres.

Pero no.

Los que allí estuvimos, en ese mínimo común múltiplo que nos une sabemos que no y sabemos adonde nos llevan. Por eso nos reunimos.

Durante la comida me preguntaba a mí mismo qué sentido tenía todo aquello. Qué utilidad. Lo he hablado alguna vez con Alcides. Pertenecemos a un mundo que desaparece, nos damos cuenta de ello y nos duele. ¿Qué podemos hacer? Nada. Nada sino decirlo con claridad meridiana y sin miedo ninguno. Quizá seamos, no digo ya los que nos reunimos en Murcia, sino tantos y tantos que como nosotros piensan, los últimos especímenes de un mundo que muere.

Pero quizá, como las esporas envueltas en mil capas resistentes a la intemperie renacen cuando aquella cede, nuestro pensamiento, revestido de firmeza y animado por actos como el de Murcia, algún día, vencidas la barbarie, la cobardía y la pusilanimidad, renazca por el mero hecho de haber sido mantenido tozudamente en su expresión.

Otras veces ha pasado en la Historia.

 

Café en El Parlamento.

A todos, un abrazo y ¡Viva España!

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 abril, 2009 at 10:35

Publicado en Viajes