Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for the ‘Política’ Category

Odio vesánico a la Hispanidad

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Cuando hablamos de civilización cristiana las gentes de nuestro tiempo en su conjunto piensan que hablamos de antiguallas y de músicas celestiales.

Cuando denunciamos que el fin último de la izquierda, de toda la izquierda –de manera más o menos consciente–, es su destrucción, las gentes creen que exageramos.

Gravitando sobre nuestra civilización, nacida de aquélla pero distinta –peor–, gravitan dos mil años de la misma y da por supuesto que el avance moral que significó la aparición del cristianismo para la Humanidad, ha existido toda la vida; que ha sido siempre así, que siempre será así y que quienes damos el coñazo anunciando la amenaza de su destrucción somos unos plastas.

No es así: frente al cristianismo –basta leer a Menéndez Pelayo– se han alzado la herejía y el error casi desde su misma aparición. Algunas de esas herejías se han movido en el campo de lo meramente teórico, de lo elucubrativo; tal la arriana. Pero la inmensa mayoría de ellas, desde la gnóstica –al menos en su jactancia– hasta la marxista, están cortadas por el mismo patrón; patrón diseñado para, lisa y llanamente, acabar con él.

El catolicismo no es sino el desarrollo de ese cristianismo que, enriquecido por el atisbo de la verdad del pensamiento griego y por las costumbres romanas, iluminó y civilizó al mundo a lo largo de esos dos mil años, su interpretación en cada tiempo bajo el magisterio de la Iglesia romana y, muy particularmente, la lucha frente al error y la herejía. (No hablo aquí del cisma oriental, que es asunto diferente).

Así, el magisterio de Roma ha tenido que condenar en nuestros tiempos reciente errores tales como el subjetivismo, el materialismo, el liberalismo (político) y el socialismo pero, en esencia, el error, la herejía es sólo una: frente a la convicción cristiana de que existe un orden natural que el Hombre no puede cambiar y que la libertad humana debe ceñirse a él:

in necassaris auctoritas, in dubiis libertas et in omnibus charitas,

se alza, en razón del libre albedrío que Dios le ha dado, la convicción moderna de que tal orden natural o Ley de Dios no existe y que, en consecuencia, cualquier cosa que yo piense o que yo obre es lícita y admisible con el sólo límite de que no reporte un mal inmediato al prójimo.

Y, también en su consecuencia, para este error filosófico, el magisterio de la Iglesia –la civilización cristiana– no es sino superstición que ha mantenido durante dos milenios oprimido y aherrojado al Hombre: cosas de curas de las que la Ilustración vino a liberarnos.

El marxismo –hoy neomarxismo– no es sino el extremo de tal error y en él podemos ver cómo el error lleva a la aberración y las imágenes aberrantes que hoy estamos viendo del ataque vesánico a los símbolos de la Hispanidad, no se deben, como se piensa de manera simple, a viejas rencillas comerciales y coloniales entre el mundo anglosajón y el hispánico, no.

Se debe a que la Hispanidad, España, ha sido, si no el principal, uno de los principales adalides de ese magisterio católico y, así, quienes niegan la Ley de Dios, odian y odiarán siempre a España. Ello explica, también, el hecho insólito, inexistente en nación ninguna de que a la izquierda española le chirríen nuestros símbolos y nuestras tradiciones. El asunto tiene profundas raíces filosóficas.

Por otra parte, la Iglesia de nuestros días no ayuda. Al revés, sea por ignorancia, sea por miedo, sea porque muchos católicos han caído el error, no es ya que haya hecho dejación de su deber de magisterio: es que condesciende, complace y mira hacia otra parte ante el error.

De esta manera, para conocer su magisterio, debemos remontarnos a antes del Concilio Vaticano II. Copio de una Apologética publicada en 1958 y perdóneseme lo largo de la cita pero, como la Jerarquía está tocando el violón, tiene uno que acudir a estas cosas:

Prueba quinta: frutos admirables producidos por el Cristianismo.– Este testimonio constituye otra prueba luminosa de la divinidad de la Religión Cristiana; porque ella fue la que realizó en el mundo la restauración del individuo, de la familia y de la sociedad, iluminándolos, mejorándolos y haciéndolos felices; todo lo cual es otro gran milagro moral.

Ahora bien, una religión que obra tales prodigios, superiores al poder humano, tiene que ser una religión divina (números 130 y 136).

Luego los frutos y fecundidad del Cristianismo prueban su divinidad.

La prueba que se deduce de los frutos prodigiosos producidos por el Cristianismo en el mundo exige un gran desarrollo, propio más bien de las grandes obras apologéticas. Aquí nos basta con una breve argumentación, reservando el hacerlo un poco más ampliamente al final del tratado tercero, donde se exponen los beneficios que el mundo debe a la Iglesia.

Para tener una idea de la maravillosa restauración del mundo llevada a cabo por la Religión Cristiana, hay que conocer el estado en que aquél se hallaba antes de la venida de Jesucristo.

1.º Estado del mundo antes del Cristianismo. Es bien conocido por la historia.

a) En todas partes, aún en las naciones más civilizadas y sabias, a excepción del pueblo judío, reinaban los errores más absurdos y groseros: el politeísmo, el fatalismo, el materialismo, eran lo que formaba la base de la vida intelectual y moral de toda la humanidad. «Una sola nación adoraba al verdadero Dios; las otras se prosternaban ante los astros, las plantas, los animales y los ídolos de piedra o de madera. La tierra no era más que un inmenso templo de ídolos».

b) A estos errores, correspondían las costumbres más abyectas y depravadas: los filósofos y el Senado Romano toleraban los más desenfrenados vicios: la lujuria, la glotonería, la embriaguez, la avaricia… tenían sus altares; la justicia, la honestidad, las leyes más santas, eran menospreciadas y con todo descaro infringidas. La humanidad se revolvía degradada en el fango de todas las inmundicias.

Tal era, en resumen y como en cifra, el estado de degradación y de corrupción profunda en que se encontraba el mundo antes de la venida de Jesucristo.

2.º Estado del mundo después de Jesucristo. También es bien conocido el cambio maravilloso obrado por el Cristianismo en el mundo desde que dio comienzo el imperio de la cruz. La Religión Cristiana fue la que restauró al individuo, la familia y la sociedad; en una palabra, a la humanidad entera, levantándola de la degradación y envilecimiento en que la tenía sumida el paganismo.

a) El Cristianismo iluminó a los hombres con la luz del Evangelio: individuos, familias, pueblos (aún los más bárbaros y salvajes), naciones, el mundo entero, han sido esclarecidos por la llama de la verdad. A todos ha hecho accesibles, lo mismo a los sabios que a los ignorantes, las más altas y sublimes verdades (núm. 278). Entretanto que las demás filosofías y falsas religiones dejan al hombre sumido en la ignorancia, sólo el Cristianismo resuelve con soluciones claras y precisas todos los problemas que interesan a la humanidad. «Un niño cristiano, dice Jouffroy, que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo».

b) El Cristianismo, disipando las tinieblas intelectuales y los errores seculares que envolvían al mundo antiguo, y reemplazando el culto de los ídolos por el culto del verdadero Dios, transformó las costumbres e hizo brotar por doquiera una rica eflorescencia de las más heroicas virtudes, como la castidad perfecta, la humildad, la abnegación, la caridad, el amor a los enemigos, etc. Y estas virtudes se ven florecer en todos los tiempos, en todos los países, en todas las clases sociales, al amparo de la Cruz de Cristo; mientras que todas las filosofías y religiones distintas de la Cristiana, fueron siempre impotentes para hacer florecer ninguna de estas virtudes.

c) El Cristianismo, finalmente, no se limitó a iluminar a los hombres con el faro brillante de la verdad ni a sacarlos de la abyección en que estaban sumidos, sino que llevó su civilización a la sociedad entera, haciendo imperar, contra la tiranía y el despotismo, la libertad, pero moderada con el respeto a la autoridad, como nacida del mismo Dios; contra la crueldad del paganismo, la caridad; contra la fuerza bruta con que era tratado el vencido y el prisionero, la justicia y la piedad. «El corazón del mundo pagano sólo sabía rendirse ante la fuerza, o encerrarse en el egoísmo más feroz; y el Cristianismo supo encontrar el secreto maravilloso de abrirlo, no solamente a la voz del derecho y de la justicia, sino también a las inspiraciones fecundas y a las suaves efusiones de la misericordia y de la caridad. Mientras que la antigüedad pagana no tenía para los pobres y enfermos sino desprecio y abandono, la nueva religión logró inspirar respeto hacia esas calamidades y sufrimientos, creando a este fin instituciones de caridad y despertando por doquiera sublimes vocaciones para la virtud y el heroísmo».

Como consecuencia necesaria, la religión de Jesucristo ha hecho que a las legislaciones paganas, al despotismo y a las innumerables torpezas por ellas consagradas, sucediera una nueva legislación impregnada toda ella de su espíritu. Mediante su doctrina sobre el origen y el fin del hombre, ha devuelto a éste su personal nobleza. Sin caer en la anarquía, ha sabido librarse del yugo despótico y embrutecedor de su semejante, a fin de someterle sólo a aquel de quien desciende toda potestad sobre la tierra. Así es como se han cicatrizado las llagas profundas y humanamente incurables del paganismo: la esclavitud y el despotismo… la tiranía del Estado que absorbía todas las individualidades… y la barbarie de las relaciones internacionales.

En resumen. La transformación del mundo, naturalmente imposible, se ha realizado en todos los lugares donde el Cristianismo ha podido establecerse. Por el contrario, en donde el Cristianismo no ha penetrado, ha subsistido, casi sin cambio alguno, el mismo estado antiguo de las vergonzosas miserias del mundo pagano.

***

¿Es exagerada la afirmación «Un niño cristiano que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo»?

¿Se enseña hoy el Catecismo a los niños? pregunto. O estamos todos educados a la manera rousseauniana en el mito del buen salvaje.

***

El ataque vesánico que hoy estamos viendo en América y en Europa, muy significativamente en España, tiene esta raíz filosófica. Cuando, hace casi veinte años, los talibanes destruías estatuas budistas nos parecían salvajes y nos parecía imposible que esto pudiera suceder en nuestro mundo. Nos lo parecía así porque, insisto, estábamos bajo el paraguas de dos mil años de civilización cristiana. Hoy, tan sólo veinte años después vemos que sí puede suceder, sucede y, lo que es más, sucede con el beneplácito, disculpa y justificación de mucha parte de la gente heredera de aquella civilización. Véase Irene Montero.

Sin embargo, quienes sí creemos en la existencia de ese orden natural, de esa Ley de Dios, y creemos que es imposible vivir sin él; que, sin él, el Hombre se embrutece y la sociedad se desintegra, a tal creencia la llamamos providencia divina y, fiados en ella, sabemos que la actitud de estas bestias conllevará, antes o después, su propia destrucción.

No obstante, conociendo también que la divina providencia no disculpa la providencia humana, es menester que, como nos dijo Francisco Franco en su Testamento Político:

«No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y, para ello, deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal».

recordémoslo, pues,  tengamos muy presente qué están haciendo estas bestias, por qué lo están haciendo y no dejémosles pasar ni una sin escupirles a la cara su propio odio. Cristóbal Colón, fray Junípero… lo que hicieron fue llevar la civilización cristiana a tierras y gentes que la desconocían: esto es lo que incita su odio.

***

Vínculos:

De Oñate a la jungla. Jesús Laínz. Libertad Digital.
Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia. Conceptos Esparcidos.
España. Personalismo y crisis de la razón católica. David González Alonso.

Pese al odio a España, la Hispanidad triunfa . TLV1.


Los talibanes cumplen su promesa y destruyen la mayor estatua de Buda. ABC.
Irene Montero no condena el ataque a la estatua de fray Junípero Serra y pide la revisión crítica del pasado. ABC.
Virgen de la Sapiencia. Antiguo escudo de la Universidad Literaria de Valencia vandalizado y eliminado por el PSOE.
Árbol de odio. Phillip W. Powell.
Trump prepara un decreto para endurecer las penas contra quienes derriben o vandalicen estatuas. ABC.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 junio, 2020 at 9:58

La distancia social

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El pasado 26 de feberero se me ocurrió escribir en este blog una entrada que titulé De la educación de los niños y del coronavirus. Me decidió a hacerlo el asunto de la reforma educativa, mi convicción antigua de que es imposible el consenso a ese respecto con las bestias marxistas y actuó como desencadenante las palabras de la comunista Irene Montero arrogándose el derecho de educar a los niños como quieran los comunistas.
 
Eran los días inmediatamente anteriores a que cayera sobre nosotros la catástrofe del coronavirus y la entrada trataba más de la educación moral que del coronavirus. Aunque no teníamos aun idea cabal de sus dimensiones dramáticas, ya el virus andaba en boca de todo el mundo y copaba los espacios informativos, razón por la cual se me ocurrió enlazar al asunto de la educación de la juventud, en su dimensión moral y estética, con éste del miedo al virus, siendo la tesis fundamental de la entrada la desmoralización, enervación y deshumanización con las que el marxismo cultural intenta destruir a las sociedades occidentales y sus valores clásicos y cristianos.
 
Ciertamente, en aquellos días, yo pensaba que esto del coronavirus iba a ser poco más que una gripe común y corriente. Las dimensiones dramáticas, sin embargo, con las que, tan sólo pocos días después, pude comprobar se presentó, me han hecho dudar mucho acerca de la conveniencia de mantener publicada o no tal entrada. Decidí, al fin mantenerla, por un lado, por honestidad intelectual y, por otro, por considerar que la desgracia que hemos vivido debe de ser mejor calibrada, libre de carga emocional, con la perspectiva del tiempo.
 
Y, con la perspectiva del tiempo, empiezo a verla, quizá, menos impertinente cuando, empezando a levantarse las restricciones que se nos han impuesto a la población, empiezo a reparar menos en la amenaza y más en el comportamiento de las gentes. De la fauna humana.
 
A pesar de lo que escribí en De la educación de los niños y el coronavirus, ha sido tal la magnitud y el dramatismo de la pandemia que no critico las medidas excepcionales a las que hemos sido obligados: cuarentena, distancia social, mascarillas, guantes, hidrogeles alcohólicos… Entiendo que, como dije en aquella entrada, la provisión divina no excusa la humana y entiendo que a las situaciones excepcionales haya que plantarles cara con medidas excepcionales.
 
No voy a hablar aquí, pues, de esas medidas que el gobierno nos ha impuesto ―tal vez excesivas, en comparación con otras naciones y, por supuesto, muy criticables en lo que tienen de caóticas―, ni del lógico miedo que las personas puedan haber sentido y aun sientan, sino del mío al pensar que muchas de esas medidas y comportamientos hayan venido para quedarse y que la pandemia haya acelerado un comportamiento que la sociedad venía gestando desde hace muchos años.
 
En efecto, la superstición ―obsesión― por la higiene y el miedo a los gérmenes se viene alimentando desde hace mucho tiempo. Hace ya bastantes años, almorzando en la cafetería del lugar donde trabajo, se acercó una muchacha a la mesa en que lo hacía para pedirme el salero y lo cogió con una servilleta, supongo que para no contaminarse de vaya usted a saber de qué. El hecho me pareció extravagante por lo excesivo pero ―comprendiendo que el miedo es libre―, no le di mayor importancia. Sin embargo, poco después, la inspección de sanidad de la cafetería obligó a ésta a retirar los saleros y las vinagreras. Desde entonces ―hablo de años― tiene uno que ir mendigando un sobrecito de aceite y otro de sal para condimentar unas ensaladas que, aun así, acaban resultando, por lo crudo de la lechuga, más propias para caballos que para seres humanos.
 
Se trata de sólo una anécdota, pero mil detalles como éste nos van mostrando, poco a poco, la aparición de una humanidad cada vez más entontencida con estas cosas. Vemos cómo, personas que conocemos desde hace muchos, tienen hoy comportamientos de este tipo que no tenían cuando las conocimos. Quizá la machaconería de los anuncios publicitarios de detergentes en los que aparecen virus y bacterias caricaturizados con aspecto de monstruos que a toda costa debemos exterminar de lavabos y cocinas, hayan tenido mucha culpa de este cambio del ser humano occidental, principalmente de la mujer, suprema directora del comportamiento del varón y principal educadora de la prole.
 
Con todo y con eso, ahora que se van levantando las precauciones a que nos ha obligado el virus, me maravilla, me asombra y me causa desasosiego salir a la calle y ver cómo, aun ya sin obligación legal de hacerlo, la inmensa mayoría de la gente camina por ella con mascarilla. Más papistas que el Papa, es muy difícil encontrar a alguien que no la lleve y, aun los que la llevamos con las narices descubiertas (más por evitar roces y enfrentamientos que por otra cosa) somos bichos raros en esta avifauna de la que formamos parte. Más raros que el coronavirus.
 
Pero eso, ya, es lo de menos. No es que sea grato salir a la calle y ver a todos tus conciudadanos embozados como si estuvieras en el Japón, pero vivimos en una sociedad libre, el miedo es libre y somos seres libres en lo que se puede ser libre.
 
O, ¿no?
 
Pues según para qué. El asunto este de las mascarillas me ha hecho notar una tendencia al totalitarismo y al comportamiento dictatorial de mis compatriotas que me preocupa: mucha gente te empieza a mirar mal si no utilizas el artefacto e, incluso, a llamarte la atención si vas sin bozal. El argumento, esta gente, lo tiene a huevo, claro está: mi comportamiento negligente puede poner en riesgo su salud. Argumento, en principio, poco discutible pero que, como digo, no deja de preocuparme por dos motivos.
 
Uno, por la tendencia borreguna que implica, y que supone un campo abonado en gran parte de la sociedad para asumir con gusto la dirección totalitaria y, otro, porque creo ver en esta actitud un comportamiento inquisitorial que va más allá de la legítima preocupación por la salud propia para entrar en el campo de, lisa y llanamente, de tocarle las narices al prójimo. Ambos comportamientos hacen que uno comprenda a Arcadi Espada cuando nos habla de este país al que tanto odio.
 
José María García, por su parte, decía que, en este país, basta que le pongas a un tío un pito y una gorra para que se crea general con mando en plaza. Así, a la figura del balconazi de hace unos meses, cuando el gran encierro, ha sucedido, en el desencierro, la de la Stasi de Mercadona: gente que, como me sucedió el otro día en ese supermercado, llevando yo la mascarilla, como digo, caída, me dio unos golpecitos en el brazo diciéndome “la mascarilla” para, inmediatamente, perderse entre el gentío sin darme tiempo a reflexionar, seguirla y contestarle. Quizá porque no estuviera tan convencido ni de la razón de su reproche ni de la fuerza de su argumento.
 
Este segundo motivo no es, sin embargo, el más importante. Estas pejigueras han sucedido siempre en ocasiones similares y en La gripe de 1918 en Burgos pueden verse algunos ejemplos chuscos de ellas.
 
Y, sin llegar a estos extremos, el temor a acercarte a otras personas, los rodeos para evitarlo, la tontería de chocar los codos, el no saludar dando la mano a los señores o dando un beso a las señoras, el caminar en el sentido que te indican flechas pintadas en el suelo… tantos pequeños detalles que se van haciendo dueños de nuestro comportamiento, me hacen pensar que el himno de estos días no sea, como dicen, el Resitiré, del Dúo Dinámico, sino, parafraseándolo, el Vivir así, no es vivir, amor, de Camilo Sexto.

 

 
No quiero decir con esto que, en una situación de excepcionalidad y de riesgo como la que vivimos se deban aceptar comportamientos irresponsables, negligentes.
 
Entiendo que el miedo forma parte de la naturaleza humana y es, en sí, un mecanismo adaptativo de defensa ante situaciones ciertamente o probablemente peligrosas. Es natural que el ciervo, al ver al lobo, huya corriendo. No critico el miedo, y, mucho menos, la prudencia, en sí mismos. De lo que hablo es del miedo irracional y neurótico. De ese miedo a morir de patada de conejo.
 
Lo que critico es el exceso y lo que, sobre todo, manifiesto es mi temor de que esto haya venido para quedarse y no sea sino la antesala de un paso más en el entontecimiento ya bastante avanzando del mundo, sino de cosas peores en lo social y en lo político:
 
En su entontecimiento y en su encierro, gustoso y contento, en la granja orwelliana.
 
Este escrito no es, fundamentalmente, una crítica política a nadie. Todo el mundo que me conoce sabe de mi odio hacia los socialistas y sabe que sólo quisiera tener más capacidad de odiar para odiarlos más. Me doy cuenta, también, de la pésima gestión que han hecho y de su utilización partidista de la pandemia: el empeño de Marlasca en multar a Rajoy por salir a dar su trotecillo en una calle desierta durante el confinamiento mientras los cerdos comunistas lo rompían en el entierro de Anguita es una pequeña anécdota significativa.
 
Sin embargo, no me gusta utilizar el asunto del coronavirus para criticar su gestión de la crisis que ha causado por la sencilla razón de que, aunque tuvieran conocimiento y aviso de la llegada de la pandemia, nadie, al principio, podía llegar a imaginar que iba a hacerlo en la forma dramática que lo ha hecho. No voy, pues, a ello.
 
A lo que voy es a que el golpe de Estado que los socialistas en alianza con los comunistas vienen desarrollando (desde antes del coronavirus) va a encontrar, en esta forma de ser mayoritaria de la sociedad, si no una receptividad franca, sí un terreno fácil para germinar en él, máxime si tenemos en cuenta que tal forma de ser sí es transversal. Muy transversal.
 
¿Puede la sociedad, a través del Estado, restringir nuestras libertades, aun la de ir por el mundo sin mascarilla, en pro de la salud pública? Ciertamente, de manera coyuntural y hasta cierto punto, puede. Pero sólo hasta cierto punto y en una coyuntura muy justificada.
 
Si no lo aceptamos como mera coyuntura obligada por fuerza mayor sino que empezamos a considerarlo como principio, esa misma sociedad que hoy me obliga a llevar mascarilla, mañana me puede obligar a vacunarme para intentar erradicar al coronavirus de la faz de la Tierra como se erradicó el de la vacuna: en su mundo disneylandesco, un mundo mejor es, qué duda cabe, un mundo sin virus y sin bacterias. Y, si mañana me obligan a vacunarme, pasado mañana, ¿quién sabe a qué me obligarán?
 
A esos extremos no puede obligar la sociedad. Al menos, una sociedad libre de personas libres.
 
¿No somos todos tan demócratas?
 
Esta misma forma de ser de la mayoría de la sociedad de la que vengo hablando puede hacer que, si se consigue una vacuna eficaz, haya colas para vacunarse; quiero decir, la inmensa mayoría de la población ―quizá yo mismo incluido― se vacune, quedando unos pocos reacios a hacerlo que no representarán ningún peligro para la sociedad puesto que, al estar inmunizada en su mayoría, esos reductos que pudiera hallar el virus en los rebeldes sean insignificantes de cara al riesgo.
 
Pero, vuelvo a preguntar: ¿no somos todos tan demócratas?
 
Si lo somos y esta cuestión quedara al arbitrio de la voluntad libre de cada uno pueden darse dos casos:
 
Que la mayoría se vacune, como he dicho antes, con lo que, muerto el perro ―o reducido a una aldea gala―, se acabó la rabia, o
que la mayoría no se vacune, con lo cual las cosas irán por sus cauces naturales, nos moriremos los que nos tengamos que morir y quienes no, irán adquiriendo, de una u otra manera, una inmunidad frente al virus y un modus vivendi con él como lo tenemos con todos los agentes infecciosos menos el antes mencionado de la vacuna.
 
En cualquier caso, eso sí sería una decisión democrática en la que la mayoría, sin necesidad de ninguna imposición, haría que las cosas fueran por uno u otro cauce.
 
Vuelvo a insistir en que no quiero ser maximalista. Los párrafos anteriores son una reflexión extrema. Pero creo que es una reflexión necesaria y no soy el único que se la viene haciendo. El pasado 11 de mayo, el filósofo Tomás Pollán, en un artículo de El Mundo titulado Los límites entre lo público y lo privado en estado de alarma analizados por nueve filósofos españoles, decía:
 
La ley común es la garantía de la ausencia de constricción para elegir las acciones y el tipo de vida que prefiera cada individuo, y la libertad individual es una condición esencial de la democracia. El poder estatal sólo puede ejercerse contra la voluntad de un ciudadano si se ejerce para evitar que perjudique a otros, y este perjuicio no puede ser ponderado ni a conveniencia del Estado ni a la de la hipersusceptibilidad de individuos con la piel muy fina.
 
Y continuaba:
 
El peligro de la situación actual está en que se aproveche la coyuntura para convertir un momento excepcional en permanente. Veremos.
 
Es, precisamente, el aprovechamiento de una coyuntura para hacer permanente las conductas de estos aciagos días lo que motiva estas líneas y lo que me preocupa: un mundo sin saleros y sin vinagreras en los restaurantes; un mundo de gentes embozadas haciendo el payaso, dando rodeos para mantener distancias sociales; un mundo de beatas de la higiene y de la salubridad que se escandalizan por que unos jóvenes rompan cuarentenas en bares clandestinos improvisados…
 
Está en la naturaleza del ciervo huir del lobo para que no se lo coma; entra dentro del orden natural de las cosas. La distancia social, empero, no forma parte de la naturaleza humana, antes bien, al contrario. Esperemos en Dios que las cosas se vayan enmendando y la naturaleza recupere su fuero.

 

Vínculos:

De la educación de los niños y del coronavirus. Conceptos esparcidos.
La gripe de 1918 en Burgos. Conceptos esparcidos.
Los límites entre lo público y lo privado en estado de alarma analizados por nueve filósofos españoles. El Mundo.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

21 junio, 2020 at 10:19

¿Puede don Juan Carlos ser juzgado?

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A nadie se le escapa el disgusto y desasosiego que a los constitucionalistas nos está causando la noticia de las presuntas irregularidades económicas que don Juan Carlos I pudiera haber cometido durante su reinado; noticia que viene rumoreándose desde hace algunos años y que arrecia estos días.

Como es lógico, no soy quién para pronunciarme ni sobre la veracidad ni sobre la repercusión penal que tales presuntas irregularidades puedan tener.

Todo lo que puedo decir al respecto es que, a lo que parece, aquellas palabras que Franco le dirigió en 1955:

Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente.

le entraron a don Juan Carlos por un oído y le salieron por el otro.

Muy triste, muy desalentador, pero no voy a ello aquí.

***

La izquierda marxista, como es lógico, ha pedido, si no su procesamiento ―al menos por ahora―, sí la apertura de una comisión parlamentaria que investigue el caso y ante la que don Juan Carlos tendría que comparecer.

Al respecto, andan debatiendo unos y otros ―partidarios y contrarios a tal investigación―, acerca del concepto de inviolabilidad del rey. Tampoco, siendo lego en la materia, me voy a pronunciar sobre la figura de la inviolabilidad del Rey como la entiende la Constitución.

***

A los monárquicos se nos plantea, sin embargo, este dilema: ¿es lícito o no es lícito que se juzgue a don Juan Carlos?

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Empezaré diciendo que la petición del partido comunista Podemos para que el rey asuma su responsabilidad, no responde ―evidentemente― a un deseo de este partido comunista de perseguir el bien común ni la salud de la Monarquía sino, como a nadie se le escapa, a dar un paso más en la revolución y cargarse esta figura.

Estamos viviendo estos días la arremetida de las bestias revolucionarias para acabar con la Constitución del 78 y su pieza clave ―al menos en lo simbólico― es la abolición de lo que ellos llaman monarquía y su substitución por una república.

El argumento es falaz toda vez que no vivimos en un régimen monárquico sino, en verdad, en uno democrático ―esto es, republicano― que conserva, a manera de ornamento, de respeto a nuestra tradición y hasta, si se quiere, de pequeño dique de contención a la cruda lucha partidista, la figura simbólica de la Corona, pero, propiamente hablando, no vivimos en un régimen monárquico.

Esto no importa mucho ni a los comunistas ni a los socialistas pues lo que están proponiendo no es un debate acerca de la mejor forma de gobierno en aras del bien público, sino la defenestración de nuestro régimen constitucional para volver a implantar un régimen totalitario, esta vez neomarxista.

En España, en nuestros días ―y, cuando digo en nuestros días, quiero decir en nuestros días desde 1864―, el concepto República implica esto: destrucción del orden natural, preterición de la media España que conserva recuerdo de su tradición, división y odio entre las personas y entre las tierras españolas. Implica, en una palabra, revolución. La revolución que tienen pendiente desde 1812.

La revolución española, inspirada en la francesa, se diferencia de ella en una sola cosa, a saber: nosotros no le cortamos la cabeza a ningún rey y esto, además de ser ―como decía antes―, un pequeño dique simbólico de contención a la arremetida de los revolucionarios contra la res publica sujeta, dirigida y gobernada por la ley natural ―cuya existencia ellos niegan―, es una espina que estas bestias tienen clavada desde el siglo XIX.

***

Por otra parte ―y a ello me referí hace unos años en Defensa de la Monarquía española―, lo que los liberales vienen llamando monarquía desde 1812 no es sino una componenda torpe ―voluntariosa, si se quiere― que intenta hermanar la revolución con un régimen civilizado de convivencia.

Si los franceses la contuvieron mediante el Directorio, nosotros venimos haciéndolo con el invento de la Monarquía constitucional, de ahí que, desde Isabel II, los llamados reyes de España no hayan reinado sino para compadrear con la izquierda. Acerca de ello escribí, también hace años, en Otra vez el Rey.

No es, pues, que las cosas pinten muy bien ―ni siquiera en el mejor de los casos― para los que de verdad nos llamamos monárquicos y ciertamente lo somos por considerar a la Monarquía como mejor forma de gobierno.

El rey actual, don Felipe VI, con ser muchas las virtudes personales que le adornan, reina en el mismo sentido que vengo diciendo y, casado en matrimonio morganático con una progre prosocialista ―la de la cuchipandi y la del compi yogui―, por mucha conciencia que tenga de lo que significa ser rey, pocas esperanzas debemos tener en que su hija doña Leonor alcance a concebir la res publica en el sentido que la concebían Mariana o Vitoria sino, más bien, temer que lo haga en el sentido gramsciano en el que la eduquen Ortiz y el signo de los tiempos en los que le ha tocado nacer.

Así, detalles como la felicitación que la Casa Real hizo al aquelarre de maricas y lesbianas de 2017 no pueden ser más desalentadores.

Pero, así son las cosas: no como nos gustaría que fueran sino como son, y lo que hoy llamamos reyes de España seguramente no pueden hacer cosa muy distinta de lo que hacen porque el mundo camina por estos derroteros y España, hoy por hoy, no es sanable en el sentido que nos dejó dicho don Carlos VII:

Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.

Sanable, aquí, quiere decir ajustada a la ley natural ―a la Ley de Dios― y conforme a ella en su ordenamiento político y social, que no otra cosa es el carlismo, en tanto que la revolución ―también la liberal―, niega y abomina de tal ajuste.

Con todo esto, lo que quiero decir, no es que, al defender lo que hoy llamamos monarquía española, quienes lo hacemos estemos defendiendo ningún régimen monárquico, porque éste no lo es, ni que dejemos de darnos cuenta de la perversión política que hoy rige a las naciones occidentales, sino que, simplemente, estamos tratando de evitar el mal mayor que significa la destrucción del estado de derecho ―que, hoy por hoy, lo es― a manos de los socialistas y de los comunistas que tratan de substituirlo por otro de corte totalitario.

Sin ser, de ninguna manera, sebastianismo, el asunto de la sanabilidad de España es algo que debe quedar para las futuras generaciones. Teniéndolo presente como lo tenemos, a las que hoy vivimos nos toca afrontar la tarea, mucho más urgente, de resistir la embestida comunista.

***

Planteado así el asunto, vuelvo a la pregunta que me hice al principio: ¿es lícito que se juzgue a don Juan Carlos por delitos que pueda haber cometido?

En sana doctrina monárquica, lo es.

Dice Francisco de Vitoria en El Estado y la Iglesia:

Investígase finalmente si las leyes civiles obligan a los legisladores y principalmente a los reyes. A algunos les parece que no, porque están sobre toda la república, y nadie puede ser obligado sino por un superior. Esto no obstante, más probable parece que las leyes también les obliguen. Se prueba, en primer término, porque un legislador que no cumpliese sus propias leyes haría injuria a la república y a los restantes ciudadanos, siendo él parte de la república y levantando las cargas de ella, conforme a su persona, cualidad y dignidad.

Mas como esta obligación es indirecta, se prueba de otro modo. La misma fuerza tienen las leyes dadas por el rey que si fuesen dadas por toda la república, como se ha dicho antes. Pero las leyes dadas por la república obligan a todos. Luego, aunque estén dadas por el rey, obligan al mismo rey.

Se confirma esta prueba. En el principado aristocrático los senatus consulta obligan a los mismos senadores, sus autores, y en el régimen popular los plebiscitos obligan al pueblo. Luego del mismo modo las leyes reales obligan a los reyes, y así, aunque pende de su voluntad el dar las leyes, no pende de ella el que obliguen o dejen de obligar. Ocurre aquí lo que en los pactos: pacta uno libremente, pero se obliga al pacto.

Para el filósofo es, pues, lícito y, por mucho que a los monárquicos ―dicho lo de monárquicos con todas las prevenciones que he expuesto―, nos duela, debemos asumir que, en sana doctrina monárquica, es así.

Otra cosa es que Pablo Iglesias aproveche la sana doctrina pro domo sua. Sabido es que a los comunistas les sucede lo que a los cerdos: cualquier cosa les sirve para medrar.

Ambas cosas son, pues, verdad: don Juan Carlos ―a reserva de lo que resulte del asunto jurídico de la inviolabilidad―puede ser juzgado y los comunistas están aprovechando esta triste ocasión para armar su labor de zapa de la civilización cristiana.

Militia est vita hominis super terram.

***

Nota: Apenas remitida esta entrada a la página de Facebook Carlistas (Comunión Tradicionalista), un administrador de la misma la elimina y me notifica:

No cabe en este grupo: ni difundir el desaliento, como si fuera todo inevitable; ni dar tratamiento real, ni alabar a las personas de los usurpadores, ni disminuir las responsabilidades de éstos.

Bien. Lo acepto, pero no creo haber hecho en mi escrito nada de lo que tal administrador dice que hago:

1. Con respecto a lo de difundir desaliento, no considero que lo sea la constatación del desastre que hoy vive nuestra patria y, con respecto a lo de como si todo fuera inevitable merece mayor desarrollo:

Las palabras que reproduzco del Testamento de don Carlos VII las llevo grabadas en el alma y no las he traído a colación al albur sino muy intencionadamente:

Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.

Y las llevo grabadas en el alma porque me parecen una síntesis perfecta de los males que nos afectan desde la revolución a la que, hablando de desaliento, ignoro si alguna vez podremos vencer: el mismo rey emplea el condicional si: si España es sanable…

Como digo, lo ignoro y, en todo caso, no espero ver en mi generación tal sanación. Como digo también en el texto, entiendo que don Carlos, cuando dice sanable, se refiere a que las naciones, las sociedades, España en este caso, abominen del error subjetivista, vuelvan a admitir la existencia del orden natural y se gobiernen conformes con él.

El error de la filosofía subjetivista ha conducido a hacer que muchas personas piensen que tal orden natural no existe y, en consecuencia, tanto los individuos como las sociedades pueden vivir sin sujetarse a él y conforme a lo que les apetezca.

Mi pensamiento, y el pensamiento carlista, se asientan en la base de que ese orden sí existe y de que obrar en su contra o, simplemente, como si no existiera, sólo puede llevar al desastre, a la degradación y a la destrucción del individuo y a la disgregación de la sociedad.

En consecuencia, no soy pesimista con respecto a que, algún día, las sociedades occidentales, hoy embrutecidas, se reencuentren con él. Creo en la Providencia divina y entiendo, precisamente, por Providencia divina, esto: la propia naturaleza de las cosas hace que sean como son y si pretendemos que las cosas sean distintas a lo que su naturaleza les dicta, se destruyen. Creo, pues, que, algún día, la revolución se autodestruirá.

Ni soy, por tanto pesimista a largo plazo ni pretendo difundir desaliento pero, hoy por hoy, las cosas están así: estamos en una época revolucionaría que busca la destrucción de Dios y de su orden divino y, desconociendo los caminos del Señor, no sabemos si, como dijo don Carlos, España será algún día sanable.

2. Por lo que respecta a alabar a las personas de los usurpadores yo pensaba que, más bien, al revés, poca alabanza hacia ellos hay en mi escrito pero esto es lo de menos. Vayamos al reparo:

Por una parte, ―lo cortés no quita lo valiente― virtudes personales, humanas, se puede encontrar en cualquier persona por muy contrario que su pensamiento sea al de uno y yo, sin tener mayor simpatía por la dinastía isabelina, no dejo de verlas en sus miembros, don Juan Carlos incluido.

Pero, lo que me parece fundamental de este reparo que me pone el administrador es la reducción simplista que implica su concepción del Tradicionalismo a una mera pelea dinástica. Al menos, así lo entiendo yo cuando leo que escribe la palabra usurpadores: ¿el problema es que una rama de una dinastía haya usurpado a otra la Corona? A mi modo de ver, ni mucho menos. ¡Ojalá ese fuera todo el problema! Si existen tales usurpadores es porque el cuerpo de la Nación estaba y está corrompido en el sentido en el que acabo de exponer: en su abandono en manos del relativismo primero y de la revolución después. La solución, pues, no es cambiar de Rey sino, vuelvo a don Carlos, la sanación de la nación:

Si España es sanable…

Y creo que es a esto a lo que se refería don Carlos cuando, en el mismo Testamento, nos dice:

Mi hijo Jaime, o el que en derecho y sabiendo lo que ese derecho significa y exige, me suceda, continuará mi obra. Y aún así, si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás.

Reflexiónese sobre las palabras “en derecho y lo que ese derecho significa y exige” y, sobre todo y para lo que hace al caso, sobre cómo el Rey distingue entre la dinastía y la Causa.

Y, en fin,

3. ¿Disminuir su responsabilidad? No sé si lo he hecho; creo que no. Ciertamente, esta dinastía se ha prestado a colaborar con el error filosófico del que vengo hablando, a adornar la revolución y a darle apariencia de justificación adornándola con el glorioso la Corona de España. Quizá, el único argumento que disminuya su responsabilidad en esto sea el utilitario: su papel como dique muy relativo a la revolución franca y a la desintegración territorial de España pero, también quizá, en esto sí tenga razón el administrador y, para que se dé ese retorno de las cosas a su orden natural sea preferible el cuanto peor, mejor. Sobre esto ya reflexioné en España, antes rota que roja.

Vínculos:
El Estado y la Iglesia. Francisco de Vitoria. Scribid.
Anticorrupción acusa a Orleans en una comisión rogatoria a Suiza de «ocultar comisiones de Juan Carlos I». OKdiario.
Podemos pide una comisión de investigación sobre las cuentas del rey Juan Carlos en Suiza. OKdiario.
Palabras que el Caudillo Francisco Franco dirigió a S.A.R. el infante don Juan Carlos de Borbón en marzo de 1955. Conceptos esparcidos.
En defensa de la monarquía española. Conceptos esparcidos.
Otra vez el Rey. Conceptos esparcidos.
Testamento político de S.M.C. Carlos VII. Conceptos esparcidos.
Felicitación de la Casa Real a la fiesta del World Pride 2017.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

14 junio, 2020 at 8:38

De las "Orientaciones morales ante la nueva situación de España"

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Me voy a referir aquí a un documento que la Conferencia Episcopal Española (CEE) redactó en 2006 y que alcanzó, y aun tiene, cierta notoriedad y celebridad entre los curiosos del asunto: las Orientaciones morales ante la situación actual de España.

No lo busquen ustedes en la página web de la Conferencia Episcopal. Como tantas otras cosas, ha desaparecido.

La Iglesia, que siempre ha sido por antonomasia la custodia de documentos, sobre todo de los referidos a ella, lo ha hecho desaparecer de su presentación digital.

Con la página oficial del Vaticano, La Santa Sede, está sucediendo algo parecido.

Me he dado cuenta de ello esta mañana cuando he revisado y actualizado el formato de mi antigua entrada Si la Iglesia se mundaniza… en la que presentaba el vínculo a ese documento y a otro, inspirado en él, titulado Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 2008, en el que los señores obispos nos venían a decir a los católicos, ante aquellas elecciones, que

no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública

y que también ha desaparecido de la página de la Conferencia Episcopal. Afortunadamente, se conserva en otros lugares que vinculo abajo, pero el caso es que, en la página de la CEE brilla por su ausencia.

Me he llevado, por supuesto, un disgusto. Uno más ¡y ya van tantos!, porque de ninguna manera considero esto casual sino muestra de cómo la jerarquía católica española se avergüenza de lo que dijo en su día, se desdice y, lo que es peor, quiere borrarlo de la memoria para que no tengan acceso a él los fieles de las nuevas generaciones.

Más o menos, como los socialistas, ¡vaya!

Y digo que me he llevado un disgusto aparte de por lo que entraña de cobardía, porque, en su día me pareció un documento brillante y hasta valiente.

Aunque, como sucede con la Nota ante las elecciones…, puede encontrarse en otros sitios de Internet, me ha dado tanto coraje que me he pasado la mañana haciendo una edición digitalizada del mismo (que pueden descargarse aquí ustedes en formato pdf). Eso me ha hecho releerlo y reflexionar otra vez acerca de él hoy, catorce años después y, quiero creer, con una comprensión mucho más cabal por mi parte de lo que es el cristianismo y el catolicismo en particular.

Es acerca de esta reflexión sobre lo que quiero seguir escribiendo:

Hubo un tiempo en el que los Concilios de Toledo contribuyeron a configurar lo que sería la Nación española y, como esta instrucción pastoral del 2006, quisieron incidir en la res publica. Baste recordar cómo, con ellos, se abominó del arrianismo y el reino visigodo alcanzó su unidad religiosa.

Los tiempos son muy otros, claro está, pero aquella pastoral de los obispos españoles en plena embestida de Zapatero con su Educación para la ciudadanía, su matrimonio homosexual, la amenaza separatista en ciernes y tantas otras abominaciones que empezaron a tomar forma en su tiempo y que hoy vemos perfectamente asentadas, me pareció muy atinada, muy pertinente y muy valiente.

Como ha debido de parecérsela a los señores obispos de hoy, que, quizá, creyéndola excesivamente osada y desatenta con el error liberal y con la herejía marxista, han decidido eliminarla de su página.

Su relectura digo no me ha parecido tan atinada como me lo pareció en su día, pues veo en ella el germen de lo que hoy es evidente dejación del deber de los obispos de enseñar la Ley de Dios, evidente entrega a la herejía liberal y evidente complacencia con la marxista.

No es, tampoco, que las cosas vengan de entonces. Como venir, vienen del maldito Concilio Vaticano II, responsable de la descristianización de Europa y, aunque ya hubo gente que lo notó muy pronto recordemos lo de Tarancón al paredón, que en su tiempo nos parecía tan facha otros, con menos luces, nos hemos ido dando cuenta poco a poco.

Paso, pues, a exponer los puntos que me han llamado la atención como premonitorios del desastre actual.

1. Ya en los puntos quinto y sexto celebran los obispos la llegada de la democracia admitiéndola como mejor forma de gobierno. O, mejor dicho, aplaudiéndola con las orejas sin entrar en más honduras filosóficas y contraponiéndola a lo que, púdicamente, llaman el régimen político anterior de cuarenta años de duración al que no critican abiertamente, pero sí dicen que, sin añoranza del pasado, la Iglesia colaboró decididamente para hacer posible la democracia. Pues sí, esto es cierto y hubo gente que se dio cuenta y gritaba aquello de Tarancón al paredón.

2. Se dan cuenta de que el proceso de descristianización y deterioro moral de la vida personal, familiar y social, se ve favorecido por la escasa formación religiosa de muchas personas, creyentes y no creyentes y por la debilidad moral de todos nosotros, en lo cual llevaban muchísima razón pero de lo que podríamos decir al respecto, viendo cómo han evolucionado las cosas en catorce años, aquello de “mucho miedo, pero muy poca vergüenza” o, de otra forma, hacen acto de constricción pero, enmienda, no han tenido ninguna. Al revés, cada vez andan menos preocupados por la formación religiosa de sus rebaños y adolecen cada día de mayor debilidad moral, por no decir que les importa todo un carajo.

3. En el punto sexto hablan de la reconciliación y de la superación del enfrentamiento que ha dividido a los españoles. Bien. En 2006 quizá se podía pensar todavía así. Hoy se nos aparece claro que el enfrentamiento franco y de cara con la herejía y con el error es algo de lo que un católico no puede hacer dejación.

4. En el punto 29 vuelven a la carga y consideran a la democracia y a la libertad religiosa como uno de los logros de nuestro tiempo. No hacen mención de que es el libre albedrío el que permite al hombre elegir el bien o el mal y que la elección del mal es contraria a la Ley de Dios. No: ya en 2006 consideraban a la democracia un logro de nuestro tiempo.

5. Nos dicen que la resurrección de Jesucristo fue como una explosión de luz, una explosión de amor que rompió las cadenas del pecado y de la muerte. Su resurrección inauguró una nueva dimensión de la vida y de la realidad, de la que brota una creación nueva, que penetra continuamente en nuestro mundo, lo transforma y lo atrae a sí. Nos hablan de una humanidad iluminada con la luz de la fe y enriquecida con los dones del Espíritu Santo.

Todo esto está muy bien pero, ¿entiende el hombre de hoy lo que tanta palabrería quiere decir? ¿Por qué no hacen un esfuerzo y lo explican a la luz de la Historia, de la Ley Natural y de la Apologética cristiana? Es cierto que el cristianismo vino a iluminar a una Humanidad embrutecida:

Un niño cristiano que sepa bien el Catecismo, sabe más acerca de las grandes cuestiones y problemas de la vida que todos los sabios de la antigüedad y que todos los filósofos del paganismo

Esto lo decía Jouffroy en el siglo XIX, cuando los niños estudiaban el Catecismo.

6. Nos hablan de la caridad cristiana. Es cierto que la consideran relacionando el amor al prójimo con el amor de Dios pero queda la sensación que lo hacen sólo de boquilla y que, más que de caridad, están hablando de filantropía. En ningún momento mencionan que tal caridad implica corregir al que yerra y que el marxismo es un error. Es el catolicismo tipo madre Teres de Calcuta o Padre Ángel que nada tiene que ver con el de Santa Teresa. Es el catolicismo de nuestros días que apela a la emotividad, no el catolicismo clásico que se asentaba en la razón

En fin, son muchas cosas.

El documento, sin embargo es interesante y valioso, sobre todo en un punto: el que hace referencia a la unidad de España. Es falso que, como se cree, hablen explícitamente de ella como un bien moral, pero sí lo vienen a decir implícitamente. Nos hablan de una unidad cultural básica de los pueblos de España, de una cierta comunidad de intereses e incluso de administración como consecuencia de la romanización de nuestro territorio que favoreció el anuncio de la fe cristiana. Nos dicen que ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España.

Sin embargo, olvidan lo más importante: el catolicismo ha sido, durante dos mil años, el desarrollo de la doctrina de Jesucristo ajustándola a las vicisitudes de los tiempos y, entre los siglos XVII y XVIII, España, toda España, fue su principal defensora.

Sucede que, en nuestro tiempo, contaminado por la filosofía subjetivista, hay gentes que niegan la existencia de una Ley Natural, o sea Ley de Dios que llamamos los católicos. Habiendo, pues, sido España unos de los mayores adalides de la religión católica, es claro que España es un bien moral, al menos para quienes pensamos que sí existe un orden natural, y, por contraposición, un mal para quienes piensan que tal orden no existe, lo que explica su odio hacia ella.

A los obispos se les olvidó mencionar este detalle en su pastoral.

Pero, en fin, esto son meras reflexiones al margen.

Lo que me importaba era recuperar el documento desaparecido de donde debiera estar y señalar cómo los mismos que lo escribieron nos lo han escamoteado.

Aquí lo dejo para su descarga:

Vínculos:

Orientaciones morales ante la situación actual de España. Está borrado de la página de la Conferencia Episcopal Española.
Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante elecciones generales 2008.
Puede encontrarse en la Enciclopedia Hispano-Católica Universal. En la página de la Conferencia Episcopal Española la han borrado..
Si la Iglesia se mundaniza… Conceptos Esparcidos.
El Cardenal Cañizares y ‘MásLibres.org’. Conceptos Esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

31 mayo, 2020 at 14:52

Cayetana Álvarez de Toledo vs. Iglesias

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¡¡¡Memorable la intervención de ayer en el Congreso de Cayetana Álvarez de Toledo!!!

Y memorable su enfrentamiento con el comunista Pablo Iglesias.

En una reciente entrada, criticando un discurso reciente de Ana Oramas en el que esta señora venía a distanciarse de la situación y a considerar de ella igualmente responsables a las llamadas dos Españas, quise señalar la diferencia radical entre ambas e intentar enfatizar el odio que inspira a una y la mansedumbre de que adolece la otra.

Indiqué también cómo esa mansedumbre tiende a aminorarse, ma non troppo, cuando la ponen entre las cuerdas..

Durante la sesión de control al gobierno de ayer, venía éste con su habitual perorata meliflua con la que trata de disimular el odio ancestral de la izquierda a España y a sus símbolos y a hacer como si no estuviera enfrascado en destruir el actual orden constitucional en aras de implantar un régimen bolivariano en nuestra patria.

Criticó Cayetana al comunismo y este imbécil, como, a falta de argumentos lógicos es maestro en el manejo de la falacia, recurrió al ad hominem y, con retintín, empezó la faena aludiendo a la condición de marquesa de Álvarez de Toledo para rematarla insinuando que el Partido Popular forma parte sólo un poquito de España:

Señora Marquesa, el Partido comunista forma parte de España y de su Constitución y ustedes solamente un poquito, aunque a usted le duela, señora marquesa.

con lo cual, y prescindiendo de la enormidad de que un partido comunista pueda formar parte política activa de ninguna nación civilizada, vino a remachar las palabras, mucho más crípticas, pero no menos aberrantes, del presidente Sánchez cuando, en la sesión de su investidura, se atrevió a aludir a los cordones sanitarios:

Cualquier cordón sanitario que se establezca, no se va a dirigir a las personas: se dirigirá a las ideas.

Y así, nos comunicó, sin mudar el semblante, que, en el Gobierno que aspiraba presidir se iba a perseguir las ideas.

Como decía antes, quedando en España restos de aquella que defendió la primera a la civilización cristiana, los símbolos españoles inspiran una adversión inconmensurable a la izquierda. Como, al menos hoy por hoy, no lo pueden manifestar explícitamente, prosiguió El Coletas con su argumento habitual para eludir el trance:

Defender España no es agitar una bandera muy grande apara agredir a los demás; defender a España es defender la sanidad pública… la educación pública… la vivienda…

como si fuera incompatible el amor a los símbolos nacionales con el deseo del bienestar material para nuestro pueblo. El argumento, como todos los suyos, es un sofisma y un ejemplo hilarante de cómo el comunismo busca el poder a través de la mentira pero, pareciéndole, a lo que se ve, exiguo y sin poderse contener, se vino arriba y lo remachó con lo que ellos llaman la bandera del aguilucho:

Se ven últimamente muchas banderas de la sociedad ornitológica; esa bandera con el pollo ibérico que revela un inconsciente que sigue existiendo entre ustedes

aludiendo, bien se entiende, al eterno reproche de considerar franquista a la derecha de nuestros días, condición, para ellos, abominable. Antes había mencionado, mintiendo una vez más, que Alianza Popular se opuso a la Constitución del 78, cuando lo que sucedió es que se abstuvo, lo hizo, solamente, por disconformidad con título VIII, de las Autonomías y, en realidad, recomendó votar .

Remató la faena con un:

Ni ustedes ni sus socios ultras nos van a dar ninguna lección de lo que significa ser patriota, ser español y defender a España.

Y así fue transcurriendo la llamada sesión de control al Gobierno como viene sucediendo en todas: el Gobierno, en vez de contestar a lo que se le pregunta, las utiliza para lanzar diatribas e ir abriendo camino.

No es que Cayetana no conozca de qué va el percal pero ayer, al oírse llamar marquesa y harta de tanta mentira y disparate, contestó con brillantez y contundencia:

Ha hecho usted referencia a mi título de Marquesa… los hijos no somos responsables de nuestros padres… por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista; a esa aristocracia pertenece usted; a la del crimen político.

El Coletas, raquítico y encorvado, la escuchaba desde su escaño con una sonrisa pero muy atento.

Mirándolo a él tan sofista, sentado en el escaño con su porte de misántropo ―casposo, en palabra de Cayetana― y mirándola a ella, tan guapa, tan vital, tan contundente y con esa solvencia intelectual desbordante que tiene, me preguntaba lo que muchas veces antes me he preguntado: ¿qué subyace en el fondo del alma de las personas de izquierda? ¿Por qué abrazan esas ideologías tan aberrantes, tan inhumanas, tan contrarias al orden natural? ¿Acaso por resentimiento inconsciente debido a no se sabe qué injusticia atávica? ¿Por un complejo de inferioridad?

Lo ignoro pero, en cualquier caso, si la prestancia de Álvarez de Toledo ya inspira algún recelo en su propio partido, ya sea por creerla demasiado radical, ya sea por celillos personales ―notemos a este respecto cómo Iglesias ha tuteado a Casado mientras a ella le hablaba de usted― qué ampollas no levantará en la piel del enemigo político.

El incidente, para más ignominia, finalizó con la Presidenta del Congreso, Meritxell Batet, pidiendo a Cayetana que retirara del diario de sesión la alusión al padre de Iglesias y, como Cayetana dijo que no lo retiraba, la Batet decidió que no constara en acta porque, para los socialistas, la Historia es así: en ella figura sólo lo que ellos quieren y como quieren.

En fin, la faena de ayer de Cayetana lidiando al Coletas fue de las de dos orejas, rabo y salida a hombros por la puerta grande.

***

El incidente de la hija del marqués con el hijo del terrorista fue muy significativo en cuanto que representa la imagen de que las derechas nos vamos quitando el miedo de decirles a estas bestias lo que son.

Sin embargo, no dejó de ser una anécdota en la soberbia intervención parlamentaria de Álvarez de Toledo referida a la gravísima situación por la que atraviesa España hoy y centrada en el señalamiento del peligro comunista que nos acecha.

Dejo aquí la transcripción completa de dicha intervención:

Discurso:
Señor vicepresidente segundo. Pacta son servanda. Efectivamente lo pactado obliga y el primer pacto que nos obliga a todos, y a usted en particular por la responsabilidad que ostenta, es el pacto constitucional: el ejemplar acuerdo democrático cuyo artículo dos establece que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español. A usted ese pacto le gusta poco. Ahora se pasea con una Constitución en la mano recitando artículos como un predicador. Pero no; usted no es un converso; es un impostor.
Vamos a los hechos. Primero los más recientes. El pasado jueves usted se erigió en doble portavoz de los máximos agresores de la democracia española. Por un lado salió raudo y desafiante en defensa del acuerdo suscrito en esta cámara con Bildu para liquidar la reforma laboral; por otro, volvió a remeter contra la justicia y defendió el indulto para dos condenados por sedición. Es decir, en el mismo día usted promovió un doble indulto: el indulto judicial del nacionalismo golpista y el definitivo indulto moral y político del nacionalismo filoetarra.
En realidad, señor vicepresidente segundo, más que el indulto de los Jordis o de los Oteguis, lo que usted debería solicitar es su propio indulto.
Porque vamos a la hemeroteca. Es su cruz, lo sé, y eso que, de momento, ni siquiera voy a citar sus vínculos con la dictadura venezolana.
Analicemos su relación con la democracia española. Así podremos comprobar, ―también usted―, hasta qué punto la superioridad moral que exhibe frente a mi partido y otros es puramente irrisoria. La suya, en realidad, es una inferioridad moral. Esta mañana clamaba usted que nos jugamos la democracia. Sí, sí, pero por usted. Usted es el que ha jugado y sigue jugando contra la democracia.
Primero. El terrorismo.
Usted tiene una larga relación intimidante antidemocrática con el inframundo de ETA. Conferencias, entrevistas, twits, charlas. A usted el terrorismo nunca le ha causado la repugnancia que causa a un demócrata, de izquierdas o derechas. Al revés, usted ha manifestado siempre una insólita condescendencia con la violencia. Algunos ejemplos. Dos mil ocho: su tesis doctoral. Ahí escribió que la kale borroka, esto que volvemos a ver en Navarra ataques a sedes de partidos, cajeros quemados, disturbios, es una gimnasia, un entrenamiento, ¿para qué exactamente señor vicepresidente? No lo sabemos.
Dos mil once, en , aquí ya se erige usted en abogado defensor del terrorista Otegui. “¡Qué escándalo que se le condene a diez años de cárcel ―decía―”. Unos años después celebraba eufórico su liberación, “una buena noticia para los demócratas, porque nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”. ¿Por sus ideas, señor vicepresidente? Si en España se condenaran las ideas, usted estaría en la cárcel. Esto se lo he explicado varias veces al diputado Rufián que está en proceso de entenderlo.
Prosigamos. Dos mil trece, en la televisión, su medio predilecto: “cualquier demócrata ―decía― debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA no deberían ir saliendo de las cárceles”. Lo más chocante de la frase es el uso la palabra “demócratas”. Para ser un demócrata, ¿hay que desear la libertad del terrorista Entonces, los que pedimos simplemente justicia, un castigo proporcional al crimen, ¿qué somos? ¡Ah! Fascistas. Eso.
Con estas ideas tan avanzadas se ganó usted un merecido prestigio en el civilizado ambiente de las erriko tabernas. Allí le invitaban y allí comparecía. Esto es lo que dijo usted una tarde en Navarra: “por mucho procedimiento democrático que haya en España, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad. Quien primero se dio cuenta de ello fueron la izquierda vasca y ETA”.
Lo elaboró un poquito más en el Ritz. “Si me preguntaran en el Parlamento Europeo por ETA ―dijo― diría que ha causado mucho dolor pero que tiene una explicación política. En esa sucia adversativa está la clave de su posición. Usted considera que la asesinato político es un derecho derivado del derecho de autodeterminación y, por eso, en aquella misma taberna navarra, se ofreció usted para una misión especial: “me gustaría ―dijo― que me dejarais ser como vuestro embajador”. En eso exactamente se ha convertido usted, señor Iglesias, en embajador de ETA Batasuna en el gobierno de España; en el burro de Troya de la democracia. En el burro de Troya de la democracia y, también, tras el último pacto con Bildu, en la principal amenaza para los más vulnerables.
Dirá usted, “pero Bildu es un partido legal”. Sí, pero no es un partido democrático; es un partido que justifica el asesinato; un partido racista que rinde homenaje a terroristas que han matado en nombre de un proyecto totalitario; un partido que ni siquiera condena el ataque al domicilio de la señora Mendía el mismo día en que el partido socialista se exhibe con ellos. Señorías del PSOE, mediten por favor, mediten. Y, señorías del PNV, prepárense: Durango, Galdácano, Rentería… la próxima parada es el gobierno vasco, y de ahí a Cataluña, a repetir la operación ahora con Serra. Señor vicepresidente segundo, usted dice “yo defiendo derechos de autodeterminación”, y yo le contesto dos cosas: no existe el derecho a exigir un derecho que no existe y, menos aún, a imponerlo, y, segundo, no es verdad que usted defienda un derecho anulado. Lo que usted defiende es la anulación de los derechos vigentes. El presunto derecho de autodeterminación es una agresión; una agresión a la igualdad de los españoles con la que a usted se le llena la boca.
Hoy ha acusado a mi partido de alentar una insubordinación. ¡Usted hablando de insubordinación! ¡El gran valedor de los golpistas de octubre de dos mil diecisiete! Esto es risible. ¿No sea cuenta de que es risible? Su calificación de aquel golpe a la democracia como una manifestación política legítima; sus críticas contra la ejemplar actuación de la policía y la Guardia Civil frente al golpe. Por cierto, ahí estaban con el señor Pérez de los Cobos, purgado ahora en una operación propia de una dictadura. Su visita, dos, al ya condenado Junqueras en la cárcel para intentar pactar los presupuestos y para impulsar la mesa de negociación. Sus presiones al Tribunal Supremo, anticipando juez y parte, “no fue rebelión”. Sus críticas a la justicia española frente a tribunales europeos. Este documento de once de mayo en que con Bidu, Esquerra y otros reclaman excarcelaciones con la excusa del covid: el estado de alarma, instrumento para sacar a terroristas y golpistas de la cárcel y meterle a usted en el CNI, y, por último, lo de ayer: el voto de Podemos a favor de la comparecencia del prófugo Puigdemont en la comisión de reconstrucción en calidad de experto europeo. ¡En fin! El escudo social con Puigdemont. Realmente no cabe mayor ofensa a los veintiocho mil víctimas de la pandemia y al conjunto de los españoles.
Señor vicepresidente segundo, usted tiene un plan, es verdad. Es un plan, como he dicho, contra la democracia. Contra la democracia en sentido recto, porque violenta los derechos de los españoles, y contra la democracia también como la entiende usted. Usted dice: “más estado”. Falso. Usted apadrina a los que buscan la destrucción del estado. Esa es su paradoja: quiere mandar un régimen autoritario de izquierdas a la vez que erosiona la base de esa misma autoridad. Y esta es su mentira: sin estado no puede haber estado social, ni escudo, ni pensiones, ni nada. En realidad, señor vicepresidente segundo, todo su corpus doctrinal, si lo podemos llamar así, es contrario a la razón democrática y a la razón sin más.
Otra vez la hemeroteca.
Usted ha dicho, no de adolescente universitario, rebelde y tal, ya casi cuarentón, cosas como las siguientes:
“Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que disputo en la tele. Quizá, cuando acabemos esta charla en vez de mariconadas del teatro, nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria”.
“Me gusta quien moviliza al ejército para decir a los mercados: ¡cuidado, que las pistolas ahora las tengo yo!”
Otra: “el astuto Mao Tse-tung decía que el poder nace de la boca de los fusiles y así sigue siendo”. Lo de astuto es formidable tratándose del mayor asesino de la historia. Y esa obsesión con las armas, ¿de dónde le sale?
Aquí, otra vez: “estamos construyendo ese contrapoder social que hace que a un joven, si hace una pintada, si tira un cóctel molotov o, incluso, si saca una pistola, le proteja una parte de la sociedad”.
El siguiente se lo vamos a dedicar a la ministra igualdad:
“Uno puede afrontar las elecciones de una manera masculina, por cojones. Le decimos al poder: ‘aquí estamos yo y mis pelotas frente a ti’”. Muy bonito.
El último; éste es definitivo: “la democracia es incompatible ―dice― con el monopolio de la fuerza por parte del estado”. Está diciendo que la violencia contra el estado o entre particulares es legítima. Usted, señor vicepresidente segundo, legitima la violencia. Incluso, a veces, la practica: el escrache a Rosa Díez en la Complutense; jarabe democrático para dirigentes del PP; su apoyo a Rodrigo Lanza, aquel que mató a un hombre por llevar tirantes con la bandera de España, y ya, la semana pasada, sus amenazas a la presidenta Ayuso y al señor Abascal. Como el señor Torra, usted pretende ahora mantener un pie a las instituciones y el otro a los escuadrones. Pensará, supongo, que es más fácil hacer la revolución desde el poder. Desde luego, más cómodo, seguro que es. Yo quiero decirle que no hay ningún gobierno de Europa, un dirigente del que pueda citarse semejante arsenal de expresiones y hechos contra los valores de la Europa democrática, pacífica, moderna y civilizada. Barufakis español: ¡Ojalá! Usted es una anomalía europea; sus posiciones son de una marginalidad radical y no sólo por comunista. Como comunista, ciertamente, debería usted pedir perdón por los millones de muertos que hermanan a sus ideas con el nazismo. Sus posiciones son marginales, sobre todo por su vinculación con la violencia. Liquidar la Transición que en su momento fue el monumento a la reconciliación y la obra política más importante en nuestra historia. Acabar con la Constitución, que es la paz civil española, el marco que nos permite vivir juntos los distintos. Nada de eso puede hacerse contra la otra mitad de España por vías democráticas y pacíficas. Usted sólo podría imponer su proyecto por la fuerza o en circunstancias muy particulares y lo sabe. Lo reconoció en dos mil trece: “cuando hay elecciones ―dijo― en condiciones de normalidad, los comunistas nunca ganan. Los comunistas han tenido éxito en momentos de excepcionalidad, de crisis. Eso es. Usted, aprovechando la pandemia, la tragedia española para hacer avanzar sus proyecto que, en definitiva, no es otro que el fracaso de la España constitucional, la más justa y fértil de la historia. Y, por eso, yo no debería dirigirme tanto a usted hoy como a los socialistas, es verdad. Quizá no a la tercera fila, hoy primeras filas. ¿Qué puedo decirle yo a la señora Lastra, la infeliz firmante del pacto con Bildu, o al señor Simancas, que aceptó la humillación de tener que culpar de dicho pacto al PP? Pero sí a la bancada, y sobre todo a los votantes. Hay, es verdad, una España atávica, cuartelaria, autoritaria; una España bravía y sanguinolenta; una España que se regodea en el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Esa España ha tenido, además, su proyección en América latina. En la figura del caudillo, militarista, pendenciero, incluso un punto ridículo si las consecuencias no fueron dramáticas. Un Chávez, un Maduro, usted me entiende. El señor vicepresidente segundo enlaza perfectamente con esa tradición. Es la versión contemporánea del caudillo iberoamericano que tantos prejuicios enciende en el mundo anglosajón y que tantos estragos ha causado cíclicamente a la libertad y el bienestar de los españoles de ambos hemisferios. En mil novecientos setenta y ocho la tercera España enterró sus dos peores versiones y una España nueva, tolerante, abierta y luminosa, se puso en pie. Esa España es la que los socialistas deberían cuidar y promover, junto a esa inmensa mayoría de españoles que defiende la libertad, la igualdad y, sí, la fraternidad y, por eso, a modo de estímulo, ya para acabar, y a ver si me atienden, acabaré con unas palabras de la autoridad competente.
El hoy presidente del gobierno dijo en dos mil quince:
“Pablo Iglesias ha hecho de la mentira su forma de hacer política. Miente más que habla”.
Estoy segura, señor vicepresidente, que no le molestará la cita. Pensará que, viniendo de Pedro Sánchez Castejón, es un elogio. También en esto es usted el número dos. Muchas gracias.

Réplica:

¿Cómo era aquello, señor vicepresidente, del himno de España cutre pachanga fachosa? Defender a España. ¡Venga, vamos a descender a España! Los comunistas, efectivamente, fueron útiles cuando, a diferencia de ustedes, dejaron de ser comunistas. No vamos a hablar de su veneración y apego a los comunistas. El otro día, en el homenaje a Julio Anguita, que en paz descanse, escribió usted: “se nos va nuestro mejor referente político. Hasta siempre”. Pero es que, unos años antes, decía usted, en un acto, se quejaba de que mucha gente quiere resucitar a Anguita que es como el cadáver del Cid a caballo y deseaba que se fuera, literalmente y perdóneme, señoría, la expresión, a la mierda. Este es su apego a los referentes comunistas y al comunismo, su hipocresía radical.
Hablemos ahora de los padres la constitución. Sí, tenemos varios. Usted ha citado a Fraga, a la dictadura. ¿Usted me va a hablar de dictaduras? ¿El discípulo de los ayatolás de Irán? ¿El prohijado de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? Es que, a mí, no me tiene que contar, a mí y a muchos en esta cámara, no nos tienen que contar los resultados de esas políticas en Venezuela. Yo lo he visto con mis propios ojos: hambre, represión, violaciones, miseria. Sólo desde una infinita condescendencia con la violencia y sólo desde un racismo visceral, se lo diré, se puede mantener respecto a la dictadura venezolana la actitud que mantiene usted. Y una cosa más: sólo cuando su padre político Nicolás Maduro sea capaz de hacer una constitución como la que hizo Manuel Fraga podrá usted venir aquí a decir algo al respecto. Ahora esto de defender España, la sanidad pública, la educación, todo eso, se ha puesto muy campanudo usted, ¿no? Hablemos de eso: escudo social ―dice― protección de los débiles ―afirma―. Vamos a ver. Le voy a contar una cosa. Se lo voy a decir suavemente para que no duela mucho. La prima de riesgo española lleva su nombre, Pablo Iglesias Turrión es la prima de riesgo española, espantajo de los inversores, argumento irrefutable de los recelos europeos; sus posiciones hacen imposible un rescate en condiciones razonables, asumibles, que no supongan un brutal quebranto a los más débiles de este país. Sus posiciones destruyen empleo, sus frases amenazan las pensiones, los sueldos de los funcionarios, alejan la recuperación. A usted eso, claro, puede que le importe poco, ¿no?, el comunismo, al final, es el reparto de la miseria y todas estas cosas, pero que al conjunto de los españoles, sí. Cuando a usted los vulnerables y los débiles le escuchan, tiemblan. No tiemblan de veneración, como le gustaría a usted, que temblaran de veneración; tiemblan de pánico.
Tercero. Yo le he hablado… con atención hice un llamamiento a los socialistas pero, después de escucharles, yo creo que hay que hacer un llamamiento al conjunto los españoles. Yo pido a los españoles que recuerden los famosos versos de Gil de Biezma, ¿no?: “De todas las historias de la historia la más triste, sin duda, es la de España, porque termina mal”. Pero yo, sobre todo, les pido que recuerden la segunda parte, ahí donde asoma la esperanza, dice: “A menudo he pensado en otra historia distinta y menos triste; en otra España donde ya no cuentan los demonios. Pido que España expulse a esos demonios; que sea el hombre el dueño de su historia”. Efectivamente expulsemos a esos demonios; seamos dueños de nuestras historia. Huyan, españoles, de la sumisión, también de la trampa del asistencialismo que usted reparte, de esa gran mentira gubernamental que usted encarna, que se resume en más estado y que lo paguen otros, que lo pague Europa. España se va a recuperar, sí. Habrá que pedir ayuda, desde luego, no sólo para levantarnos, no para mantenernos en pie ni siquiera y, desde luego, no para mantenernos de rodillas como pretende el vicepresidente segundo. Podemos, ustedes, son en realidad un no podemos, una forma de abdicación política y social. España no está condenada a repetir sus errores históricos; no está condenada a la marginalidad ni al enfrentamiento. La España constitucional es reconciliación, algo que usted no entiende, y también es responsabilidad, algo que usted tampoco entiende, y esfuerzo, y capacidad de ser modelo. Como la Transición, sí. Y para eso no necesitamos a caudillitos carismáticos que nos tutelen, que nos traten como menores de edad. Me ratifico en que usted realmente es el pesimismo y la caspa.
Y una cosa más ya para acabar: Vamos a hablar de esto de la aristocracia. Ha hecho usted referencia a mi título de marquesa. A la clase social, la aristocracia, una y otra vez en definitiva, ¿no? Como usted muy bien sabe los hijos no somos responsables de nuestros padres, ni siquiera los padres somos del todo responsables de lo que vayan a hacer nuestros hijos por eso se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista. A esa aristocracia pertenece usted. A la del crimen político. Muchas gracias.

Protesta: Considerando magnífica esta intervención, no puedo menos que demostrar mi absoluto desacuerdo con la parte en la que afirma la existencia de una España atávica, cuartelaria, autoritaria, sanguinolenta que se regodea con el racismo, el conflicto, el odio, la violencia. Tal España ni existe ni ha existido nunca. Esto es error que critiqué hace unos días aquí a Oramas y que le critico a ella. Como es también un error la afirmación de Gil de Biedma de que la Historia más triste es la de España pero esto es harina de otro costal.

Vínculos:

Sesión parlamentaria completa. 27 de mayo de 2020.
Entrevista a Cayetana Álvarez de Toledo en RAC1. Abril 2019.
Alianza Popular recomienda el “sí” a la Constitución. El País, 31 de octubre de 1978.

Conceptos esparcidos | Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 mayo, 2020 at 17:30

El golpe de estado marxista en España

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Pudiera parecer al observador superficial que es la gravedad de la pandemia que padecemos estos días en España, causante ya de casi treinta mil muertos, lo que ha obligado al gobierno socialista-marxista a adoptar medidas, órdenes, disposiciones y a tomar decisiones que, a quienes somos contrarios a su ideología, nos parecen encaminadas a la instauración de un régimen totalitario de signo neomarxista en nuestra patria.

Pudiera parecer que, de no haber sucedido tal desgracia, esta legislatura, la décimo cuarta de la Transición, hubiera sido una más, antipática, sí, para quienes somos de derecha, pero legítima en la alternancia del poder.

No es tal. El coronavirus lo que ha venido a hacer es a acelerar, a catalizar, un movimiento subrepticio revolucionario que pretende, desde el poder, acabar con el régimen de la Transición y postergar a la media España que les es contraria.

Y no es que lo diga yo: es que lo dijeron ellos mismos, sin cortarse un pelo, en aquella sesión:

muestro aquí el anuncio, punto por punto, del programa revolucionario y totalitario que presentaron en las sesiones de investidura del pasado mes de enero y que, quizá, por producirse en la víspera de la fiesta de Reyes, pasó inadvertido para mucha gente.

Debate de investidura de Pedro Sánchez

Aquí podemos ver como:

1. La intención de Sánchez era “devolver la intolerancia y el fanatismo a la irrelevancia”. Ustedes se preguntarán, ¿qué intolerancia y qué fanatismo? Pues bien, se refiere a la derecha. Es la repetición del Frente Popular: postergar a media España.

No nos van a pedir desde el Gobierno que renunciemos a nuestros principios: sólo nos van a pedir que renunciemos a nuestro sectarismo: es decir, podremos seguir pensando en nuestro fuero interno lo que nos dé la gana pero el Gobierno nos va a pedir que no manifestemos lo que a él le parece sectarismo por nuestra parte. ¿Por qué no podemos ser sectarios si nos da la gana? ¡Ah!

2. El Gobierno va a establecer un cordón sanitario. Sí: aunque parezca mentira, así lo dice Sánchez, literalmente, en su discurso. Añade que no se dirigirá contra las personas, sino contra las ideas.

3. El Gobierno decidirá qué es falso y qué es verdad. Lo llama estrategia nacional de lucha contra la desinformación.

4. La nueva legislatura, para Iglesias, irá dirigida a reparar las traiciones de la derecha a la Patria.

5. Los togados reaccionarios, serán una amenaza para el nuevo gobierno…

y, todo ello, enunciado con una virulencia, una violencia y un rencor que a mí mismo, que hace mucho tiempo estoy convencido de la vesania de estos totalitarios, me sorprendió, me estremeció, me espantó y me animó a compilar esta selección de barbaridades con que la izquierda anunció sus intenciones.

Dos meses más tarde vino el coronavirus a acelerar las cosas pero, como se ve, sus intenciones las habían anunciado con anterioridad.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

25 mayo, 2020 at 5:30

Las dos Españas de Oramas

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Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Si hay algo que desprecio con toda mi alma es a esa gente que sostiene que todos los políticos son iguales.

Hoy, a la sesión del Congreso que ha dado a Pedro Sánchez la enésima prórroga de su estado de alarma, la diputada de Coalición Canaria, doña Ana Oramas, ―la que con tanto donaire reprochara al macarra de Iglesias  aquel “ese tonito, ese tonito”― ha acudido melodramática, lacrimógena y, lo que es peor, imparcial y equidistante.

Y, a falta de mejor numen para ilustrar su discurso con alguna cita literaria, lo ha hecho con la manida de Machado de las dos Españas.

Nos ha dicho, desde la tribuna, la señora Oramas:

Goya pintó los cuadros más hermosos y más siniestros en los que se puede leer una parte de la historia de nuestro país. Hoy miro las fotos de los periódicos y las declaraciones de ustedes, los grandes líderes políticos y me parece estar viendo lo mismo: un cuadro cada vez más tenebroso de una sociedad dividida en donde las dos mitades se odian a muerte. […] Estamos pintando el viejo país de siempre; las dos Españas de Machado que al final terminan helándonos el alma, etc.

El del españolito que vienes al mundo te guarde Dios, me ha parecido siempre uno de los poemillas más estúpidos y desafortunados de Machado. Cada cual tiene las dotes que tiene y, en general, no creo que un poeta lírico deba meterse en honduras políticas al versificar. Lo que a un poeta sarcástico como Quevedo se le permite:

Católica, sacra, real majestad…

no se le debiera alabar al gran paisajista de Soria y, mucho menos, acogerse a su indudable valor de poeta y recurrir a la majadería que escribió allí para justificar una imparcialidad y equidistancia reprochables.

Porque el ser imparcial ante un enfrentamiento desigual no es imparcialidad sino cobardía: ya sea por miedo a tomar partido por lo justo ante lo injusto, ya sea por querer disimular que, en realidad, se está del lado de lo injusto.

Y es injusto ―como ya lo era en el tiempo de Machado― hacer iguales a las izquierdas y a las derechas (permítaseme esta clasificación simplista) y acusarlas con el mismo grado de responsabilidad de las calamidades que la izquierda y sólo la izquierda está ocasionando a España desde hace cien años.

No, Oramas, no. No ha sido la derecha la que ha ha vuelto a traer el enfrentamiento civil a España; no la que ha comenzado esta legislatura con los discursos más pavorosos y llenos de rencor y amenazas que hemos escuchado nunca en una investidura parlamentaria desde que empezó la Transición.

Nosotros a nadie odiamos a muerte. Ellos, sí.

Sería interminable remontarse al sin fin de pruebas que ha venido dando la izquierda desde los tiempos del video del doberman socialista. Tampoco es menester darlas porque están en la mente de todos quienes no están cegados por la insania marxista o la ceguera progre.

Y, tan interminable como eso sería pormenorizar el miedo de la derecha, desde los primeros tiempos de la Transición hasta casi nuestros días, a que la tilden de facha, fascista o franquista. Miedo que le ha hecho tratar a esa izquierda cerril, rencorosa y violenta con un respeto reverencial, que Oramas no quiere ver, y que la ha llevado hasta a asumir y transigir con cosas con las que nunca debiera de haber transigido ni asumido.

Oramas lo sabe.

Repito que sería interminable acudir a los hechos pasados y presentes. Bástenos reflexionar cuál hubiera sido el comportamiento de la izquierda ante el desastre de la pandemia que padecemos si hubiera estado en la oposición y cuál está siendo desde ella el de la derecha.

Y, todo ello, si atendemos únicamente a los comportamientos.

Si, además, atendemos a hechos objetivos plasmados en el BOE; a la deriva totalitaria neomarxista que la izquierda está desenvolviendo desde el Gobierno de la nación al amparo del estado de alarma que Oramas ha vuelto a respaldar hoy refugiándose en la cita de Machado, notaremos una actitud equiparable a la de aquél que, viendo a un energúmeno atacar por la calle a una anciana, se manifiesta neutral, equidistante.

Porque anciana, muy anciana, es la nación que estos energúmenos están tratando de llevarse por delante ante la mirada imparcial de Oramas y porque hay momentos en los que tomar partido es una obligación moral.

Las bestias marxistas son nuestros enemigos. Enemigos ya declarados y a batir, sí. Pero yo no sé que decir de políticos neutrales que halagan al ciudadano repitiendo la torpe disculpa de que todos los políticos son iguales.

Nos habla de Machado y yo digo que lo que estoy diciendo aquí, se lo diría al mismísimo Machado si resucitara porque el comportamiento de los unos y de los otros es el mismo ahora que hace ochenta años.

Lo peor del cuarteto de Machado no es que sea un ripio, sino que es mentira: no hay dos Españas pendientes del nacimiento de españolitos para ir a helarles el corazón. Lo que hay es una España que no tolera la existencia de la otra y quiere hacerla desaparecer o, al menos, relegar de la vida pública, y otra, ésta, que no se resigna a ello.

Esta última, creyendo que to er mundo é güeno, que cualquier ideología política es respetable, vive normalmente en la higüera mientras la otra maquina contra ella y sólo cuando se quita el disfraz, reacciona. Hoy mismo, mientras Oramas votaba a los marxistas, estos le han abierto la cabeza a un taxista en Moratalaz y han llamado “puta fascista” a su novia. ¿Su culpa? Manifestarse contra el Gobierno llevando la bandera española. ¿Me querría Oramas citar un ejemplo semejante en esa otra España que, según ella, también nos quiere helar el corazón?

Alguien, no recuerdo quién, dijo una vez que el problema de resolver quién fue el culpable de la Guerra Civil se limitaba a conocer quién fue el que pegó el primer tiro.

Se lo digo con palabras que pronunció José Antonio desde la misma tribuna desde la que ella ha hablado:

Y nosotros, que tenemos en nuestras filas todas estas bajas y otros muchos heridos graves, nos hemos resistido a todos los impulsos vindicativos de los que nos pedían una represión enérgica y una represalia justa, porque consideramos mejor soportar, mientras sea posible, que abran bajas en nuestras filas que desencadenar sobre un pueblo una situación de pugna civil. Nosotros hemos sufrido hasta ahora todas las víctimas y las hemos sufrido en silencio; y, si no lo hemos dicho antes y si lo digo ahora, sobria y solemnemente para contestar a las imputaciones salidas de esos bancos (Señalando a la minoría socialista) es porque nosotros, con nuestros muertos —y esto es lo más serio que os digo de todas mis palabras—, podemos hacer símbolo de enseñanza o de escuela de sacrificio; lo que no queremos nunca es pasear sus despojos por el terciopelo ajado de estos bancos para convertirlos en efectos políticos desdeñables.

Es seguro que la derecha de hoy día no tiene la grandeza intelectual ni espiritual que respiran estas palabras, pero es igualmente cierto que el grado de prudencia de esta derecha sólo es equiparable a la violencia de la izquierda, y no es aceptable que gente como Oramas utilicen la disculpa de tal o cual manifestación salida de tono para medirnos a todos por el mismo rasero.

Es al contrario: la derecha tiene el deber de plantar cara resueltamente, valientemente, no ya a los ataques personales de la izquierda ―que lo llevamos haciendo con resignación desde hace muchos años―, sino a sus actos de ahora que nos llevan al despeñadero del totalitarismo neomarxista y de la ruina económica.

En tanto que los partidos de izquierda no se han cortado nunca ni un pelo a la hora del ataque verbal ―y, a veces, no tan verbal― la derecha siempre ha tratado de responder con mesura y amabilidad. Una amabilidad que la diputada canaria, parece echar hoy en falta y cuya falta pone al mismo nivel que la violencia izquierdista.

Vuelvo otra vez, las palabras de José Antonio:

Porque ¿quién ha dicho —al hablar de «todo menos la violencia»— que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Entiéndase, como yo quiero entender, que son otros tiempos, que lo de las pistolas hay que contextualizarlo y que yo soy el primero que no quisiera que llegáramos a ello aunque, al paso que van las cosas, no soy ya capaz de asegurar nada.

En cualquier caso, sí: en estos momentos abogo por el enfrentamiento civil descubierto y por el fin del disimulo, la complacencia y la equidistancia.

En este sentido, créame, Oramas, que deploro su discurso de hoy en el Parlamento.

Vínculos:

Resumen de las intervenciones de los partidos de izquierda en la sesión de investidura de Pedro Sánchez. Enero 2020. Parlamento español.
Discurso de fundación de la Falange Española. José Antonio Primo de Rivera, 1933. Obras Completas de José Antonio. Rumbos.net.
La Falange y la F.U.E. José Antonio Primo de Rivera, 1933. Obras Completas de José Antonio. Rumbos.net.
Antonio Machado visto por Ridruejo. Conceptos esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 mayo, 2020 at 15:41

Los reptilianos existen y habitan entre nosotros

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1. La edad media. Charlatanes

José Ignacio Torreblanca, en su columna Café Steiner de El Mundo, reflexionó el pasado día 5 de abril, en su artículo El Otro Virus, sobre la que él denomina “infodemia” o sea la sobreabundancia de información, lamentándose de que esa información no sea tal, sino basura que, disfrazada de información, circula por las redes.

Considera cómo esta basura, que ha existido siempre, gracias a la copia digital, prácticamente ilimitada y gratuita, hace de ella un inmenso vertedero informativo que está haciendo que el siglo XXI se parezca menos a un engrandecimiento de la Ilustración que a una nueva Edad Media amuchidumbrada de juglares, charlatanes y timadores que aprovechan la peste para darse importancia.

Apunta como causas del problema a la manipulación deliberada de la información por parte de políticos extremistas; a la predisposición al bulo y al sensacionalismo en una redes sociales que viven de fomentar la polarización y la emoción antes que el consenso y la razón, y, por último, a que gobiernos como el ruso o el chino, la utilizan para sostener lo que él llama su modelo autoritario.

Sin entrar a discutir con él acerca de tales causas, y prescindiendo de los chinos y de los rusos, cosa con la que no estoy muy de acuerdo con él, quiero apuntar en este escrito a otra, señalando antes que, más que al bulo político, me voy a referir a chaladuras tales como los ovnis, el terraplanismo, los marcianos redencionistas, las maravillas que obra en la salud el beber agua de mar, etc., aunque notaré de paso la relación perniciosa que ellas tienen con las fake-news políticas.

2. Antecedentes y situación actual

El bulo ha existido siempre y muchas veces se ha utilizado con finalidad política. Recordemos, por ejemplo, el que los rojos hacían circular durante la II República acusando a los curas de regalar caramelos envenenados a los niños.

Igualmente, siempre ha existido la concepción irracional de la Naturaleza, del universo físico. Siempre han existido vendedores de crecepelo, como ha existido gente que les ha creído. Y siempre han existido narradores de historias de fantasmas o de extraterrestres y gente que, más o menos ha creído tales historias o que, sin llegar a creerlas, las ha mirado como pasatiempo ameno.

Lo novedoso es la proliferación de estos charlatanes y lo sorprendente (y preocupante) es la cantidad de personas, mayormente jóvenes e ignorantes, que cree firmemente lo que un chalado les cuenta desde el otro lado de la pantalla, precisamente por hacerlo desde tal posición.

Y lo más pasmoso de todo es que este movimiento creciente está convencido, no sólo de la realidad de estas cosas que relata, sino de que existe una ciencia, que ellos llaman “oficial” cuyo objetivo es mantenerles engañados, no se sabe bien por qué.

De entre los incontables disparates que sostienen, consideremos aquí, como un ejemplo de entre los muchos que se pudieran poner, el convencimiento, no sé si de mucha o poca gente pero, en todo caso, cada vez más, de la existencia real de los llamados “reptilianos”.

3. Relación entre el bulo político-social y la concepción irracional del mundo físico

El bulo político-social, muchas veces, no es tal: no es bulo; no es mentira.

Es cierto que existe un movimiento gramsciano, neomarxista y globalista, que está intentando transformar la sociedad en el sentido de su pensamiento aberrante y es cierto que la izquierda política, principal vehículo suyo, considera cínicamente la mentira es un arma archiconocida del socialismo  su denuncia como bulo o fake-new.

En este sentido, la lucha que se está lidiando en los Estados Unidos alrededor del presidente Trump es paradigmática. Igualmente, en estos días, vemos cómo el gobierno marxista de España está tratando de erigirse en custodio de la verdad e inquisidor de la “falsedad”, en un clarísimo intento totalitario de controlar el pensamiento y, para ello, precisamente, apela a tachar las opiniones contrarias a tal movimiento de falsas, supersticiosas e irracionales, haciendo de ellas burla y escarnio.

La concepción irracional del mundo físico, en principio puede parecer asunto distinto y, efectivamente, lo es: ¿qué se le puede decir a un individuo que, con toda la seriedad de este mundo y una cohorte de seguidores convencidos, te dice que la Tierra es plana?

El problema viene (y es lo que quiero tratar) cuando el tal individuo desarrolla su “idea” y acaba señalando que, los mismos que te engañan diciéndote que la Tierra es redonda son los que te engañan contándote las bondades del globalismo, del feminismo, del lgtbeismo, del animalismo… en fin, del neomarxismo en general.

Y digo que esto es un problema porque es dar armas al enemigo globalista al que esta caterva de imbéciles le viene a dar la razón: si quien me dice que nuestro mundo occidental está siendo destrozado por Soros y compañía es el mismo que me dice que la esposa de Trump es “pleyadiana” o que la Tierra es plana, es evidente a primera vista que el tal individuo no rige y todo lo que diga debe de ser igualmente ridiculizado. En pura lógica no es así pero la impresión de que sí lo es es evidente.

4. ¿Ignorantes o reptilianos?

No cabe ninguna duda de que quienes nos cuentan estas ideas tan peregrinas, principalmente desde youtube, no son una avifauna homogénea sino muy variopinta que va desde el caradura que busca lucro contando cuentos hasta el rematadamente trastornado que se cree a rajatabla lo que nos esta diciendo.

Refiriéndonos a este último como caso extremo (y contemplando la existencia de infinidad de casos intermedios entre ambos extremos) ¿es, verdaderamente un chalado? ¿o es un “reptiliano”?

5. Reptiles y mamíferos

Si han llegado ustedes leyendo hasta aquí estarán ahora pensando que se me ha ido la olla. Me explico.

La Embriología es una de las disciplinas más bonitas de la Biología, así en su discurso como en la plasticidad de las imágenes que nos presenta para ilustrarlo.

Por ella sabemos que la ontogenia es una recapitulación de la filogenia.

La filogenia es el manera con que las especies vivas se han ido desarrollando durante la historia evolutiva, especialmente a nivel morfológico pero, también funcional, desde la monera primera hasta el ser humano. Se trata, en general, y aunque de esto se discute algo, de un desarrollo paulatino, gradual, sin cambios bruscos.

La ontogenia es el desarrollo de un ser vivo concreto; en el caso de los eucariotas, esto es, los seres que se reproducen por reproducción sexual, es su desarrollo desde que los gametos se juntan hasta que el ser se completa.

Pues bien, la Embriología nos muestra cómo este desarrollo ontogénico tiene una similitud pasmosa con el filogénico: en el desarrollo de un ser vivo concreto se pueden ir viendo las formas de las especies a partir de las cuales la suya evolucionó. Si contemplamos el de un ser humano podemos ver cómo va pasando por unas fases morfológicas que evocan de manera vehemente aquellas por las que han pasado las especies anteriores: el cigoto a la monera; la mórula a los poríferos; más tarde, el embrión es, tal cual, un pez del que van surgiendo miembros que le hacen aparecer anfibio, luego ave… hasta que acabamos reconociendo, al final de este desarrollo, un mamífero y, en fin, un ser humano.

El asunto es particularmente interesante en el desarrollo del sistema nervioso, sistema que es el encargado de coordinar al resto de los que componen el organismo y de establecer sus reacciones ante los estímulos que éste recibe del medio ambiente en el que vive.

Así, vemos cómo, de este sistema nervioso, que comienza siendo un simple cordón de células nerviosas (notocorda) capaces sólo de producir meros reflejos automáticos, van apareciendo ganglios y protuberancias cada vez más complejas que dan cumplimiento a funciones asimismo más elaboradas: desde la mera retracción de los tentáculos de un coral ante un contacto hasta el pensamiento humano más complejo y sofisticado.

Pues bien, y es a lo que voy, la principal de estas protuberancias, que aparece en los animales cordados, es el encéfalo y también éste tiene su filogenia.

El encéfalo de los reptiles no ha evolucionado más allá de lo que se llama sistema límbico, que es lo que podríamos llamar cerebro reptiliano (también en los anfibios) y, en los reptiles, tiene una función principalmente olfativa.

En los mamíferos, de ese diencéfalo en el que se halla el sistema límbico, han surgido dos protuberancias que conocemos con el nombre de telencéfalo o hemisferios cerebrales y que tiene múltiples funciones, entre ellas y situada en su zona frontal, la función de razonar. Conservamos, sí, dado que la ontogenia es recapitulación de la filogenia, el sistema límbico en el que se mantienen la función olfativa y otras: fundamentalmente la afectividad y las emociones y disponemos, además, del córtex frontal en el que asienta nuestra capacidad de razonar.

6. Influencia mutua de las distintas partes del cerebro humano

Las distintas partes del cerebro no funcionan de una manera absolutamente independiente y autónoma. Si decimos que el sistema límbico huele y es asiento de la emotividad, mientras que el córtex frontal lo es del pensamiento racional, no queremos decir que ambos “vayan a su bola”, a cumplir su función sin la interferencia de las otras partes, antes bien, debemos contemplar el cerebro como un órgano formado por regiones que se influencian entre sí, cosa demostrada por la neurofisiología y la neuroimagen.

El corazón tiene razones que la razón no entiende,

decía Pascal, y algo de eso se puede entender si miramos las cosas como voy diciendo: mi sistema límbico, mi afectividad, me puede hacer apetecer tal o cual cosa que mi córtex frontal, mi razón, me diga no ser muy, valga la redundancia, “razonable”. Y al revés.

7. Los “reptilianos” existen y es inútil razonar con ellos

Pues bien, siguiendo este razonamiento, dado que cada uno somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre y que no somos todos iguales, podemos asumir que existen personas en las que, muy seguramente, hay un predominio del córtex frontal sobre el sistema límbico y al revés. Personas en las que prevalece el pensamiento racional sobre el irracional y afectivo y personas en lo que sucede lo contrario.

En fin, personas a las que lo de la tierra plana les puede parecer una idea grata y romántica y, por tanto, la aceptan como verdad, y personas que razonan y que, aunque también, acaso, se lo pareciera, su razón les hace ver que tal idea es puro disparate.

De ahí que el diálogo entre estas dos clases de personas sea absolutamente estéril, inútil y exasperante.

El cerebro afectivo del “reptiliano” influencia en mayor o menor medida su cerebro frontal, que es el receptor del pensamiento racional y, por eso, es inútil que una persona “racional” intente, con argumentos “racionales”, convencer al primero. La persona de pensamiento racional se devanará los sesos buscando argumentos racionales que convenzan al “reptiliano”, pero tales argumentos serán rechazados por éste, precisamente, porque su receptividad racional está embotada por la afectiva: no es que no pueda comprender esos argumentos; es que esos argumentos, racionales, dirigidos a su cerebro racional contradicen a su cerebro emocional.

De ahí también que lo que surja del diálogo entre los unos y los otros no será nunca ni un mediano entendimiento sino, antes bien, una irritación por parte de ambos porque ambos están utilizando herramientas diferentes: si yo soy un “reptiliano” y adoro a mi madre y me viene cualquiera señalándome tal o cual falta suya, lo natural es que yo me irrite, por muy objetiva que tal falta sea y, quizá, más por serlo.

8. Ignorancia y superstición frente a pensamiento clásico y racional

Lo que llevo dicho no es cosa, que esté absolutamente comprobada por técnicas de neuroimagen u otras, pero me parece una explicación plausible o, al menos, una metáfora no despreciable.

Abundando en ello, yo diría que las personas no nacemos predeterminados para pertenecer a uno u otro grupo sino que es la educación, muy especialmente la lectura, la que va configurando nuestro cerebro, de sí muy plástico, en uno u otro sentido y en distintos grados. Una educación basada en las lecturas clásicas robustecería el pensamiento racional; otra fundamentada en la frecuentación de las películas de fantasmas y de ciencia ficción, fomentaría la parte “reptiliana” hasta llegarse al extremo (que, me parece, estoy empezando a adivinar en algunos jóvenes) de acabar siendo uno incapaz de distinguir con nitidez la línea que separa la ficción de la realidad precisamente porque esa ficción resulta más grata. Y más fácil.

Volviendo al Café Steiner de Torreblanca y a su Edad Media, podríamos ampliar el razonamiento que voy desarrollando y entender que, sí: hay épocas en las que predomina el pensamiento racional, que son las que llamaríamos épocas de clasicismo, y épocas medievales en las que el pensamiento racional cede paso a las emociones. Creo con Torreblanca, que estamos empezando a vivir una de estas edades medias y que la abundancia de charlatanes en youtube, y en internet, en general, son expresión de ello.

Queda el consuelo de pensar que toda acción tiene su reacción y de que la Historia no es sino una sucesión de edades clásicas y medievales que se van alternando. Es la convicción de que a esta nuestra edad media sucederá otra clásica, lo que me ha decidido a escribir estas líneas con la esperanza de que puedan dar alguna luz a la confusión que hoy impera en este asunto.

9. Charlatanes extremos en youtube

Como ya he dicho, la distinción entre seres racionales y seres “reptilianos” no implica una polarización de extremos; existe todo un gradiente que va desde el caradura hasta el “reptiliano” propiamente dicho que podríamos llamar sencillamente trastornado y a cuyo trastorno intento dar aquí una explicación.

En tal gradiente podemos encontrar infinidad de casos particulares, desde José Luis Camacho hasta Juan Lankamp como casos extremos, entre los que podríamos situar, con mayor o mejor cercanía a cada uno de esos polos, a Iru Landucci, Miguel Celades, Rafael Palacios, Pedro Rosillo

***

De todo ello podemos concluir que, efectivamente, los “reptilianos” existen: José Luis Camacho, Juan Lankamp, Iru Landucci, Miguel Celades, Rafael Palacios, Pedro Rosillo… son, en cierto modo “reptilianos” y están entre nosotros.


Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 mayo, 2020 at 11:26

De la educación de los niños y del coronavirus

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I. De la educación de los niños

Hace muchos años que intento echar mi cuarto a espadas en el asunto de la reforma educativa y ello porque, cada vez que leía u oía hablar de la “necesidad de consenso” en tal materia, pensaba para mis adentros en lo necio y equivocado de tan voluntarioso y bienintencionado propósito.

Lo pensaba y lo pienso así por conocer, más que por intuir, la importancia que da la izquierda a esta materia y la condición de piedra angular sobre la que los marxistas edifican con paciencia de chino el monumento a la idiotización de las masas.

Hoy, tras conocer las clarísimas y paladinas intenciones de Irene Montero de que, mientras ellos ocupen el poder ‒cosa que, me empiezo a temer, puede ser que sea para un muy largo periodo de tiempo‒, educarán a los hijos de VOX conforme al pensamiento neomarxista, me arrepiento de no haberlo hecho antes porque siempre es más gallardo entonar un “sicut erat demostandum” que un “ya lo decía yo”.

Sin embargo, es muy cierto que lo del tan cacareado consenso en materia de educación lo considero una estupidez desde hace mucho, porque la izquierda, conociendo que no puede engañar a gentes que ya estamos en edad provecta, renuncia a ello y, a cambio, necesita corromper el pensamiento de la juventud y modelarlo a sus necesidades, que no son otras que la ocupación continuada  del poder y la modelación de la sociedad a su capricho y conforme a su pensamiento aberrante.

El consenso educativo es, pues, imposible a mi modo de ver. Vayan enterándose los partidos de derecha hoy llamados constitucionalistas.

Por otra parte, los marxistas no han necesitado tal consenso en los últimos cuarenta años. Habrán apelado a él con la boca chica ‒ahora, como vemos, ya ni eso‒ pero necesitarlo, no lo han necesitado. En los periodos en los que han gobernado, porque han impuesto el criterio de la mediocridad y el adoctrinamiento y, en los que no han gobernado, porque hay que reconocer que el grueso de nuestra generación ha sido, y sigue siendo en gran parte, progre y, siendo los profesores parte de esta generación, progres son ellos también.

Y vemos hoy que de lo progre a lo declaradamente neomarxista hay un paso. De ahí que los críos, hoy ya electores, sean también en buena parte progres y, en parte apreciable, neomarxistas. Y, así, no resulta extraño comprobar que a buena parte de la población no le escandalice el que Irene Montero aspire a educar a los hijos de los señores de VOX como estos señores no quieren que se les eduque.

A quienes crecimos con aquello del “prohibido prohibir” y el “no pienso como usted pero daría mi vida por que usted pudiera expresar su pensamiento” estas cosas nos escandalizan y se nos manifiestan como lo que son: totalitarias.

Lisa y llanamente totalitarias.

Constato, sin embargo, y cada vez con con más convencimiento, que a la generaciones jóvenes no se lo parecen tanto y ahí están las encuestas de intención de voto para demostrarlo.

El consenso, pues, no es posible. A los marxistas les ha ido muy bien sin él y, por mucho que los infelices demócratas lo crean, jamás van a consensuar nada en este asunto. Hay que resignarse a sufrir y resistir este embate neomarxista ‒no sólo en este ámbito sino en tantos otros‒ los años que Dios quiera y empezar a planificar la reconstrucción de España para cuando estos cerdos se estampen, como se acabarán estampando, contra las consecuencias de su error.

Y se estamparán porque la herejía, o sea el pensamiento contrario al orden natural, ha existido siempre. La peor herejía que ha sufrido nunca la humanidad es el marxismo, pero el marxismo no deja de ser una herejía más, muy semejante a las anteriores como lo son todas ellas entre sí; de hecho tiene mucho de gnosticismo en lo que respecta a la superioridad intelectual de que presumen, si bien los gnósticos no eran ni la mitad de degenerados que los marxistas. Frente a la herejía, sin embargo, siempre ha acabado triunfando la verdad porque el orden natural no es una quimera: existe y acaba triunfando, precisamente, porque quienes quieren violarlo acaban, antes o después, comprobando que, frente a sus teorizaciones, la naturaleza de las cosas es tozuda.

Con esto quiero decir que, aunque seguramente nos quedan muchos años por delante de sufrir el embate del Frente Popular, éste acabará derrotado: la Historia nos demuestra que, a cada periodo de barbarie y decadencia, sucede otro de Renacimiento.

Para entonces, y en lo que se refiere a la educación de la juventud, ni consenso con estos cerdos ni leches en vinagre: planes de educación conforme a los valores clásicos y cristianos. Que lo vayan asumiendo los partidos constitucionalistas.

II. Del coronavirus

Dicen que con el alboroto éste del coronavirus, al moverse menos la gente, el precio de los carburantes ha bajado. Efectivamente, sea o no sea ésta la causa, a mí el gasóleo ‒¡huy! ¡qué he dicho!‒ me viene costando un céntimo más barato. Hasta ahora, esto es lo que me ha afectado a mí el coronavirus en lo personal y espero que quede ahí la cosa.

Esto y el tener que soportar con infinita paciencia la chaladura que está produciendo en el público y en las Autoridades y que nos está brindando imágenes propias de películas de ciencia ficción.

No voy a hablar aquí de que siempre ha habido gripe, ni de que, cada cuatro años el virus de la gripe muta y produce epidemias más graves de lo normal, ni de que hay otros virus, cada uno de su padre y de su madre, que infectan al ser humano produciendo, cada uno, una tasa de mortalidad concreta. Tampoco voy a hablar de la gripe del 18. Estas cosas han pasado, pasan y pasarán porque no vivimos en Disneylandia sino en un nicho ecológico en el que interactuamos con otras especies. Unas nos son indiferentes, como los pelícanos, otras nos comen si nos acercamos a ellas, como los leones y otras, en fin, nos parasitan e infectan con resultados más o menos desagradables para nosotros, como es el caso del coronavirus. Prescindo aquí de discutir si los virus son seres vivos o no porque no hace al caso.

De lo que quiero hablar es de la neurotización rayante en paranoia.

No lo recuerdo bien, pero creo que fue Sánchez Dragó quien rescató el concepto aristotélico de bípedo implume no como lo utilizó Aristóteles, sino para hacer burla de la condición pusilánime y gallinácea del ser humano considerado como masa; más concretamente, del hombre occidental.

Este miedo que sentimos es normal y comprensible: nadie queremos que nos suceda nada malo ni, mucho menos, morirnos antes de que nos toque.

Pero, señores, así es la vida.

Volviendo al punto anterior, en el que trataba de la educación de la juventud, hablaba de un orden natural y postulaba una educación clásica y cristiana, se me ocurre pensar que el espectáculo que estamos dando deriva, en gran parte, de esa convicción que se ha anclado en nuestro pensamiento de que “nacemos para ser felices”.

“Porque tú tienes el derecho a ser feliz”, dice un anuncio de televisión y la gente acaba convencida de que es así.

Y no es así. Al menos, no lo es en los términos en los que el bípedo implume entiende la felicidad.

Frente a esta concepción hedonista de la vida, que explica el pánico neurótico que provoca el coronavirus, se alza la concepción católica que nos enseñaba que nuestra vida terrenal no es sino un valle de lágrimas y nos recordaba aquello del memento homo

Es verdad que toda exageración es mala y que, en aquellos tiempos más felices, existía la figura de la beata, mujer excesivamente pendiente de los preceptos de la religión y de las instrucciones del cura. Pero, digo yo que, entre aquel extremo y el de los beatos de hoy en día, obsesionados con el culto al cuerpo y a la salud, con el gimnasio, con el azúcar, con las mascarillas, con las cuarentenas en Tenerife y todo esto que estamos viendo, tiene que haber un término medio sensato.

No pretendo que no hagamos nada en estos asuntos porque es sabido que la providencia divina no excusa la providencia humana, pero algún término medio sí sería deseable.

Y, junto a la concepción católica, se alza la clásica, más estoica, más resignada, de la condición humana como nos la enseñaba, por ejemplo, Fernández de Andrada en su Epístola moral (nótese lo de moral):

Esta invasión terrible e importuna
de sucesos adversos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.

Dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis cuando, airado,
desata hasta los montes su frontera.

Por cierto, ¿se enseña hoy a los niños en las escuelas a memorizar poemas sencillos o se prefiere instruirlos en otros asuntos más modernos? No digo que se les obligue a memorizar la Epístola moral a Fabio pero, ¿qué se yo? poemillas sencillos como aquel de la Amapolita, amapola, ¿te quieres casar conmigo? o, aprovechando que ahora el PSOE ha recuperado a Machado y nos lo ha devuelto a todos los españoles, lo de la tarde parda y fría… en fin, cosas que ayudan a ir templando el alma con unos valores estéticos y, por ende, espirituales que la distancian del materialismo grosero en el que hozan estos animales a los que me refería al principio.

Para acabar; creo adivinar otras causas para explicar este pánico como puedan ser  la errónea creencia vulgar de que el conocimiento científico y el progreso tecnológico son omnipotentes y poco menos que infinitos, o una cierta desestructuración del pensamiento de las nuevas generaciones que, excesivamente influenciadas por el cine y excesivamente carentes de lecturas en ésta que se ha llamado era de la imagen, en ellas me parece apreciar que se está difuminando la frontera entre la ficción y la realidad… pero extenderme en ellas sería ya demasiado largo.



Vínculos:
Irene Montero, a Vox: “Vuestros hijos van a saber que hay tantas formas de familia como formas de amar”. Siglo XXI.
Intervención de Irene Montero. Vídeo de Twitter.
Apuntes para una reflexión sobre la “Educación de la ciudadanía”. Conceptos esparcidos.



Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

26 febrero, 2020 at 11:42

Villarrobledo: otro caso de la insania iconoclasta marxista

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El caso del monolito erigido en el parque Joaquín Acacio de Villarrobledo es una muestra más del rencor iconoclasta de los marxistas que perdieron la Guerra Civil y que, desde los tiempos del nunca bastante maldecido Zapatero, vienen tratando de que la Historia hubiese sido como ellos hubieran querido que fuera y no como fue.

Aunque el monolito ha podido salvarse en parte, la historia es la misma que relaté hace años en Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia, la misma que tantas atrocidades y atentados al arte y a la Historia vienen perpetrándose a lo largo y a lo ancho del solar de nuestra Patria por parte de estas bestias y la misma, en fin, que nos hace temer por el destino de El Valle de los Caídos, obra grandiosa de la arquitectura y del arte cristianos que el genio de Juan de Ávalos levantó en el Guadarrama al dictado del espíritu de Franco:

Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido y constituyan lugar de meditación y de reposo en el que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.

Éste de Villarrobledo es uno de los sencillos monumentos de los que hablaba el Decreto fundacional de El Valle de los Caídos y que, como digo, ha conseguido salvarse de la inquisición marxista –si bien expurgado de su simbología franquista–, no por benevolencia ni reflexión de estas malas bestias, sino porque el parque en el que levanta su columna truncada fue solar donado a la villa por la familia de don Joaquín Acacio –asesinado en la contienda– con la condición expresa de que fuera dedicado a ello.

Como hice en la entrada Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia, dejo aquí plasmada su imagen original con el propósito de que, materialmente destruida por esta gente, quede de ella memoria intangible.

 

Vínculos:
El monolito de Villarrobledo se queda y se le retirará la simbología franquista. Eldiario.es.
Caídos de Villarrobledo 1936-1939.
Decreto fundacional de El Valle de los Caídos.
Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia. Conceptos esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

24 febrero, 2020 at 8:06