Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for the ‘Literatura y crítica literaria’ Category

Sermón con avemaría

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portadaAcceso a la edición en formato pdf.

Quan dilecta tabernacula tua, Domine.
Psalmi penitentiali, LXXXIII.

Desternillante y preciosa obrita jocosa escrita por José Serred Mestre (1875-1933) y editada en Valencia en 1902.

Hijo de esta ciudad, fue autor de numerosas obras humorísticas entre las que destaca y ha llegado de manera muy principal a nuestro tiempo este Sermón en el que un entrañable cura rural intenta adoctrinar a sus parroquianos ―vecinos, por lo que se desprende del texto, de algún pueblecito vecino de la capital― acerca de la “Patria celestial” y, al mismo tiempo y, al hilo de numerosas interrupciones ocasionadas por la cerrilidad de los parroquianos:

¡Éstos están en la Iglesia
lo mateix que en un estable!

instruirles en unas normas básicas de urbanidad de las que andan enternecedoramente horros. Ello cual da pie al autor para alternar la parte principal de su sermón, hablada en un castellano tan torpe como voluntarioso, con unas admoniciones que, por salirle del alma al cura, las dice en aquel entrañable idioma valenciano que hoy, merced a la normalización, se oye cada vez menos aunque todavía se oye.

Consigue así el autor una deliciosa obra a la vez jocosa y costumbrista que nos muestra la Valencia de principios del siglo pasado.

La edición que presento aquí digitalizada lo es a partir de la séptima que publicó la Imprenta Julio Mateu. No puedo precisar el año de la misma por no constar en ella pero, por la apariencia del volumen calculo que no debe de ser posterior a los años de 1930.

Vínculos:

Sermón. José Serred Mestre. Edición en pdf. Conceptos Esparcidos.
José Serred. El Sermó del Pare Serret
. Del blog Valencia Canta.
Facsímil portada. Conceptos esparcidos.
Facsímil obra completa. Conceptos esparcidos. (Pendiente).
El Sermó de les Cairetes. Publicado en Scribd por Juan V. Oltra Gutiérrez. Contiene algunas variaciones léxicas que lo acercan más al valenciano moderno (costisia/chostisia/xustisia/justícia; noestros/nostres, etc.), ignoro si por proceder de alguna edición posterior a la que poseo o por modificaciones hechas por el señor Oltra.
Volver a Biblioteca.

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Gutierre de Cetina: Como la simplecilla mariposa… (soneto)

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Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;

vase, vuelve, anda y torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.

Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;

mas es tan diferente mi cuidado
que, en medio del dolor de mis enojos,
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo.

Gutierre de Cetina.

 

Nota: Gutierre de Cetina, el conocido autor del soneto que comienza:

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados…

es, también, el autor, entre otros muchos, de éste que presento hoy en Flor de Pretericiones y que se inspira en el de Petrarca:

Come tal ora al caldo tempo sòle
semplicetta farfalla al lume avezza
volar ne gli occhi altrui per sua vaghezza,
onde aven ch’ella more, altri si dole;

cosí sempre io corro al fatal mio sole
degli occhi, onde mi ven tanta dolcezza
che’l fen de la ragione Amor non prezza
e chi discerne è vinto da chi vòle.

E veggio ben quant’elli a shivo m’hanno,
e so ch’i’ne morrò veracemente
ché mia vertú non po contra l’affanno:

ma sí m’abbaglia Amor soavemente,
ch’i’piango l’altrui noia e no’l mio danno,
e, cieca, al suo morir  l’alma consente.

Introductor del soneto en la literatura castellana junto a Íñigo López de Mendoza, Garcilaso, Boscán, Diego de Mendoza y Hernando de Acuña, sus Sonetos y madrigales completos existen en edición moderna de Begoña López Bueno en la colección Letras Hispánicas de Ediciones Cátedra.

Vínculos:

Gutierre de Cetina. Wikipedia.
Obras de Gutierre de Cetina. Biblioteca Digital Hispánica. Biblioteca Nacional. (No se incluyen en ella ni los sonetos ni los madrigales).
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 septiembre, 2013 at 17:31

La Canción de la Carne

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La Canción de la Carne

Para Francisco Villaespesa

Las moradas sombras de la tarde muerta
por el hondo valle, lentas resonaban…;
la selva sombría
se quedó en silencio, triste y solitaria…
C
ortando con lumbre las siluetas largas, largas y espectrales
de los negros árboles,
asomó la Luna por el alto monte su faz tersa y pálida…

Un suspiro lúbrico
estremeció el bosque triste y solitario…
R
esonaron luego frescas carcajadas…,
y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
surgieron desnudas, radiantes y blancas,
hermosas bacantes
que, al beso plateado de la Luna tersa, de la Luna pálida,
parecían vivientes estatuas de nieve;
parecían estatuas
de marmóreos pechos, de muslos pentélicos,
de espaldas turgentes, ebúrneas y albas…

Se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un loco vértigo febril e incitante
giraron lascivas en lasciva danza…

Cesó el torbellino…
Una blonda niña de pupilas verdes y cabellos de oro,
de incipientes pechos y caderas lánguidas,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptuosas,
entornado triste los húmedos ojos,
alzó una canturia de cadencias báquicas…

Todas las bacantes,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptüosas,
entornando tristes los húmedos ojos,
con suspiros hondos la canturia báquica de la rubia niña, locas corëaban…

Cantaba la niña:

«La Carne es sublime, ― la Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
Son sus esplendores
soles febricientes
que alumbran la Senda,
la angustiosa Senda
de los Sufrimientos y de las Desgracias…
En las largas Horas,
en las largas Horas de recuerdos fríos y horribles Nostalgias,
en que el pobre mártir,
en que el pobre esclavo consume las hieles de la Lucha amarga;
cuando los Desprecios, las Ingratitudes, los Amores falsos,
desbordan el rojo Lago de las lágrimas;
cuando los Pesares
destrozan el Alma,
la Carne es un dulce consuelo, en un bálsamo
que, con sus turgencias, con sus morbideces y con sus fragancias,
en espasmos rientes,
trae un noble olvido de la triste Alma;
trae un goce al cuerpo
y bebe la sangre, y la herida cierra, y enjuga las lágrimas…»

«La Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
El día más grande de la Vida lúgubre,
es el día rojo de la Desposada,
de la pura virgen
que en delirios locos gozará una dicha lujuriosa y lánguida…:
el Placer ignoto
que, entre el blanco velo y los azahares ve la virgen cándida,
es una Diadema de áureos resplandores
que ciñe la frente de los Sufrimientos y de las Desgracias…;
cuando el noble amado,
la cerrada verja del jardín de goces abre enardecido,
cuando el noble amado la helada inocencia de la virgen rasga,
una Aurora ríe en los cielos verdes de las Ilusiones,
y es la Vida un Sueño de hermosas visiones enloquecedoras;
la Vida es dichosa, la Vida sonríe, suspira la Vida y la Vida canta…»

«En aquel Ensueño
de la niña ardiente,
de la niña ardiente que siente en sus venas la sangre inflamada:
en aquel Ensueño que lleva en sus brumas
brazos amorosos y lechos nupciales y fusión hirviente de cuerpos y almas,
la Carne es el ángel
que bate sus alas…»

«La Carne es la gloria;
la Carne es el cielo de las Esperanzas;
aumenta alegrías;
endulza nostalgias,
y hace que se olviden los negros Pesares,
y hace que no duela la Espina del Alma…
Como a única reina, ciñámosle alegres,
de flores y risas y aromas y cantos, eternal guirnalda…
Löor a la Carne,
que al arder mitiga los cruentos martirios de la Vida humana…»

Se calló la niña.
Tejió una corona de myrthos y rosas y lirios y palmas,
y ciñó su frente
y adornó sus pechos y adornó su vientre y adornó sus piernas y adornó su espalda…

…Las locas bacantes
se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un raudo vértigo febril e incitante,
giraron lascivas en lasciva danza…;
y entre los ramajes de hojas cristalinas
huyeron desnudas, radiantes y blancas…

Y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
al beso plateado de la Luna tersa, a veces brillaban
cual estatuas níveas…
hasta que en la agreste selva se perdieron…
y la selva agreste se quedó, de nuevo, muda y solitaria…

Sólo allá, a lo lejos… muy lejos… muy lejos…,
débiles sonaban
quejas ardorosas, intensos suspiros, sollozos extraños,
frescas carcajadas.

Y, de vez en cuando,
venía en las brisas la voz de la niña
que alzaba, embriagada, la canturia hermosa de cadencias báquicas…

…De pronto, cruzaron los Espacios mudos,
de lúgubres cuervos lúgubres bandadas,
que con fugaz vuelo
graznando seguían a tierna paloma cuyas plumas blancas
de gotas de sangre
iban salpicadas…

Juan Ramón Jiménez.

Nota: Si en la entrada anterior de esta Flor de Pretericiones gozamos de la experiencia mística gracias al soneto A Jesús Crucificado de Rafael Sánchez Mazas, con esta Canción de la Carne del delicadísimo autor de Platero y yo descendemos al tratamiento del goce carnal por parte de la poesía.

Cosa difícil. Más difícil de lo que pudiera parecer a simple vista. No cabe ninguna duda de que el sentimiento amoroso es uno de los principales estros de la poesía y el principal de la lírica, como tampoco la cabe de que ha inspirado infinidad de obras sublimes en cualquier literatura, desde luego en la nuestra, de las que renuncio aquí a dar ejemplos por lo infinito de la labor.

Digo, sin embargo, que es cosa difícil: lo es para la poesía moderna desnortada por el error general en el que cae el arte moderno que centra toda su atención en la persona del artista y en su sentimiento y prescinde del todo de la forma, del cuidado del metro, de sus acentos, de la estrofa, de la belleza y ornato de la rima, de ingredientes tan substanciales a la poesía como son los tropos y, muy en especial, de la metáfora y de la alegoría, de manera que cualquier niña enamorada puede plasmar su vulgar sentimiento con cuatro frases manidas y decir que escribe poesía. Nada tengo contra ello. Contra lo que me manifiesto es contra la tomadura de pelo de la industria editorial que, efectivamente, considera poesía estos desahogos y como tal los publica.

Y, si podemos hacer estas consideraciones acerca de la poesía amatoria, ¡qué no podríamos decir de la poesía erótica! ¿A quién se le escapa que asunto tan cercano a nuestra animalidad debiera exigir de la poesía un tratamiento exquisito de forma que evocara las sensaciones que pretende evocar sin caer en la chabacanería, en la fealdad, en la obscenidad y en la crudeza más descarnada? Y, sin embargo, una somera consulta en Google puede hacerles ver a ustedes los abusos que se cometen en este campo.

***

Como ejemplo de un muy buen tratamiento de este asunto escabroso presento hoy en Flor de Pretericiones La Canción de la Carne de la que no tengo noticia que se haya publicado íntegramente con anterioridad en Internet. Pertenece al libro Ninfeas, que Juan Ramón Jiménez escribió por los años de 1900 y con la que, al parecer de los críticos, se inicia en el modernismo. Lo transcribo de la edición que Javier Blasco hizo en la Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, en 1987.

***

Por lo que respecta a la explicación de su origen y creación, bástenos la que el mismo poeta da en el Ofertorio que sirve de prólogo a Ninfeas:

De mi sangre se nutrieron las estrofas de estos cantos;

y, con respecto a su valor moral, recordemos solamente lo que el gran Rubén Darío escribió acerca este poema en su Historia de mis libros:

¡Cuántas veces me he refugiado en algún paraíso artificial poseído por el horror fatídico de la muerte!

***

Vínculos:

Juan Ramón Jiménez. Wikipedia.
Juan Ramón Jiménez. Biografía. Instituto Cervantes.
Juan Ramón Jimenez. Iconografía y tres poemas escogidos. Aprender español en Madrid.
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos esparcidos.

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Soneto de Agustín de Foxá a Celia Gámez

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Tú, que naciste en las porteñas hampas
y del amor conoces los oficios,
hermosa zorra de las anchas pampas
que enamoras marqueses pontificios.

Tú, que cantas esos tangos con ojeras
repletos de memeces argentinas,
y hablando con duquesas tortilleras
confundes las Meninas con mininas.

Los prognatas toreros que complicas
por ti se tornan en babosos toros;
vas al teatro con señoras ricas,

y estrenas obras con cretinos coros
escritas para ti por los maricas
que sueñan con los culos de los moros.

***

Hoy ya no puede importar la descortesía que el genio de Agustín de Foxá escribió a la no menos genial y muy respetable señora Celia Gámez. Lo traigo a colación, aparte de por lo chusco y ocurrente que tiene, como muestra episódica de la chispa y de la vivacidad de aquel mundillo artístico que existió hace sólo unas pocas décadas en lo estrictamente temporal pero que, en lo espiritual y atendiendo a la pobreza del páramo intelectual en el que vivimos se nos aparece a años luz de distancia. Y lo reproduzco porque estoy convencido de que Celia Gámez no pudo sentirse ofendida porque Foxá le dedicara soneto tan grosero: tuvo que comprender que se encuadraba en el género de la sátira y no en el del sarcasmo.

Debo su conocimiento a la publicación que de él hizo hace algunos años Alfonso Ussía en su columna de La Razón y su recuerdo a cierto intercambio de notas que, relativas al humor y, muy en concreto, al de Ussía, mantuve ayer con un contacto muy enriquecedor de Facebook.

Por lo que respecta a los marqueses pontificios y a las duquesas esas, ignoro a quiénes se refería Foxá. En lo que respecta a los “prognatas toreros” no puede caber ninguna duda que está refiriéndose a Juan Belmonte.

Vínculos:

Lluvia. Alfonso Ussía. La Razón.
Agustín de Foxá. Wikipedia.
Celia Gámez. Wikipedia.
Pichi (Las Leandras). Celia Gámez. Youtube.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 junio, 2013 at 9:38

Canción

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Flor de Pretericiones

 

 

José María Gabriel y Galán

 

Canción

No piense nunca el lloroso
que este cantar dolorido
es un capricho tejido
por la musa de un dichoso.
No piense que es armonioso
juego de un estro liviano;
piense que yo no profano,
ni con mentiras sonoras,
las penas desgarradoras
del corazón de un hermano.

Una canción de dolores
me piden mis padeceres,
tal como ayer mis quereres
pidieron cantos de amores;
que así como son mayores
si se cantan los contentos,
así los tristes acentos
de las trovas doloridas,
si no curan las heridas,
amansan los sufrimientos.

Mis penas son tan vulgares
como esas espinas duras
que erizan las espesuras
de todos los espinares.
Más hondas son que los mares.
Más hondas y más sombrías
que un horizonte sin días,
pues no hay abismo tan hondo
como el abismo sin fondo
de unas entrañas vacías.

Dios me las hizo de fuego…
¿Por qué no les dio dureza
si quiso su fortaleza
probar golpe a golpe luego?
¿Por qué enriqueció con riego
de sementera de amores
huerto que sabe dar flores,
si luego le manda días
de matadoras sequías
y vientos asoladores?

¡Ay! Al llegar a las puertas
de la tarde de mi vida,
voz de los cielos venida
me ha dicho: «¡Ya están abiertas!
¡Entra y sigue, y no conviertas
la mente a tiempos mejores,
que en vez de aquellos amores
de santidades pristinas
verás las desiertas ruinas
del solar de tus mayores!»

«¡Mejor es cegar, Dios mío!
¡Mejor es ir paso a paso
cayendo hacia el propio ocaso
solo, con pena y con frío!
¡Mejor es ir al vacío
que a ruinas y sepulturas!
¡Mejores son las negruras
de la noche más sombría,
que las negruras del día,
que son dos veces oscuras!»

Así, loco de dolor,
dije con vil vocecilla…
¡Esto que tengo de arcilla
fue quien lo dijo, Señor!
Pero esto que es resplandor
de Ti, venido hasta mí,
cuando tu rayo sentí
bien sabes Tú que te dijo:
«¡Señor! ¡La frente del hijo
tienes rendida ante Ti!»

Con sólo llorar mi suerte,
con sólo dejar abierta
de tal herida la puerta,
muriera de triste muerte.
Mas, hijo yo del Dios fuerte,
me he resignado a vivir,
y voy dejándome ir
sobre el polvo de la senda
caminando a media rienda
por el campo del sentir.

Porque si rindo la frente
sobre las manos crispadas;
si hacia las ruinas sagradas
dejo que vaya la mente;
si de mi llanto el torrente
dejo que anegue mi vida,
si abriese más esta herida
que en lumbre de fiebre arde,
viviera como un cobarde,
muriera como un suicida.

¡Quiero vivir! Las dulzuras
de los gozados placeres,
con hieles de padeceres
se tornan del todo puras.
Visión de mis desventuras:
¡Yo no te cierro mis ojos!
Camino de los abrojos:
¡yo no me cubro las plantas!
Cruz que mis hombros quebrantas:
¡yo te acepto sin enojos!

¡Quiero vivir! Dios es vida.
¿No veis que en vida convierte
la ancianidad que en la muerte
cayó con dulce caída?
¿No soy yo vida nacida
de vidas que a mí se dieran?
Pues vidas que en mí se unieran,
si vivo, no han de morir,
¡por eso quiero vivir,
porque mis muertos no mueran!

¡Y no morirán conmigo,
que el huerto de mis amores
está rebosando flores
que pinta Dios y yo abrigo!
¡Y atrás el cierzo enemigo
de esas mis vivas canciones,
pues son santos eslabones
de una cadena florida
para corona tejida
del Dios de las creaciones.

¡Quiero vivir! A Dios voy
y a Dios no se va muriendo;
se va al Oriente subiendo
por la breve noche de hoy.
De luz y de sombras soy
y quiero darme a las dos.
¡Quiero dejar de mí en pos
robusta y santa semilla
de esto que tengo de arcilla,
de esto que tengo de Dios!

 
***
José María Gabriel y Galán, 1905
 

Nota: Este poema lo escribió el malogrado poeta salmantino pocos días después de la muerte de su padre y pocos, también, antes de la suya propia.

Los pensamientos de la poesía de Gabriel y Galán, como se ha notado, son vulgares; su originalidad no depende de lo que en ella se dice sino de cómo lo dice a la manera propia suya con la que presenta su idea: una de las cualidades del verdadero poeta es atinar a dar con la fórmula artística para expresar lo que todos los hombres pensamos y sentimos. La inspiración de Gabriel y Galán no nace del espíritu enfermizo del arte moderno —esto es lo que viene a decir en la primera décima de esta canción: “no piense que es armonioso – estro de un juego livianosino que, nacida de las eternas inquietudes del alma humana, arraigada en la dureza y en la belleza de la tierra salmantina en la que hunde su nacimiento, se nutre, casi exclusivamente, de las lecturas de nuestros escritores clásicos, se realiza con su lección y se lustra con ellas sin hacer caso de novedades extravagantes.

Nada más vulgar que el pensamiento de “todo pasa; todo se desvanece”. Nada más vulgar que la inquietud del hombre ante la muerte. Y, sin embargo, este pensamiento vulgar, que alcanzó a formularlo Jorge Manrique de manera sublime y con belleza imperecedera, nos lo presenta aquí José María Gabriel y Galán en esta bellísima Canción que, por olvidada, incluyo hoy en mi Flor de Pretericiones.

Vínculos:

José María Gabriel y Galán. Wikipedia.
José María Gabriel y Galán. Wikisource.
Juicios críticos y elogios.

Volver a Flor de Pretericiones. 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 enero, 2013 at 11:16

¡Provincia tan desdichada!

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En relación con el agravamiento agudo del problema separatista catalán que vivimos estos días, me gustaría dejar aquí una digresión historiográfica que, no obstante, creo pertinente en lo que tiene de demostrativo de cuán antiguo —y cuán extravagante, a veces—, es el desmedido amor a la patria chica de los diversos pueblos, incluido el portugués, que constituyen la nación española.

Días atrás publiqué en estas páginas mi edición de Las Cortes de la Muerte, de Luis Hurtado de Toledo. Es un auto sacramental del siglo XVI en el que se representan las demandas, las quejas, que los diversos estados colectivos, diríamos hoy—, presentan a la Muerte que les convoca a Cortes para que lo hagan.

Así, vemos desfilar en un maravilloso cuadro teatral y dando a la Muerte sus quejas, a la vejez, a la juventud, al rico, al pobre, a la nobleza, a los indios occidentales, al juez, al letrado, al médico, al labrador, a Beatriz y a Durandarte, etcétera, etcétera, hasta que damos, en la escena vigésima con el hilarante, desternillante, discurso del portugués.

Si todos los demás estados se atienen al grave y universal discurso de la muerte, hete aquí que el portugués, zumbón como él sólo, desatendiendo la universalidad del asunto, de lo que se queja no es de la condición humana mortal, sino de que dichas Cortes… ¡no se hayan celebrado en Lisboa!

Já non podeys escapar;
E deceyme, ruyn persoa,
Já que quereis pregoar,
¿Non fora millor armar
As Cortes allá en Lisboa?

Entusiasmado con su tierra:

¡Qué belo porto do mar
Ten lá tanta caravela
Bombardas para tirar
Si non vistes as armar!
¡Boa fe, non baste Castela!
Mas ollays muyto sobestes
En non pasar adiante:
Ben sé porque o fecestes
¡Boa fe, de temor que hobestes
Do Cardenal é do Infante!

no duda ni en asegurar que la Muerte no tiene poder en Portugal:

¡Voto á Deus, doña Roñosa,
Fantasma mal encarada!
¡Ollay ben á la lendrosa!
¡Do á Demo á mentirosa!
¡Olla, mentira probada!
Esos todos que levastes
Nin un oy de Portogal,
Que inda esotros matastes,
A Portogal non chegastes,
Nen fecistes nen un mal.

ni en mantener que, si los reyes portugueses murieron, fue porque ellos, aburridos del mundo, así lo quisieron, no porque en Portugal la Muerte tenga ningún poder:

Que nos reys que en el reynaron
Eses quisieron morrer,
Que de ó mundo se enfadaron,
E depois cuando acabaron,
Fó muyto por su pracer.
Que no e vosa forza tal,
Que osásedes emprender
En el rey de Portugal,
Ques seu poder tan real,
Cuale vos daré á entender.

A tanto disparate le responde la Muerte:

¡Oh, cuánto es innumerable
Este cuento de los locos!
No hay persona que lo hable,
Segun qu’ello es variable,
Mayormente destos pocos.

¡Provincia tan desdichada,
Lusitania, en la verdad,
Que siempre fuiste notada,
De criar gente tocada
De locura y necedad!

Podemos entender por aquí con cuánta razón apelaba Pascual Maragall al estado portugués como referencia para otro catalán.

Es evidente que esta obra, castellana, caricaturiza aquí a los portugueses, pero no es menos evidente que la caricatura no nace de la nada, ni es menos evidente que para el chauvinismo exacerbado de nuestros pueblos hispánicos, los asuntos universales, dígase la Muerte en el caso del portugués, dígase la crisis económica en el caso del señor Mas, son asuntos menores en comparación con la contemplación de su ombligo y en su obsesión miope por exigirle al Universo que gire en torno a su condición pueblerina, por otra parte, muy respetable y, sin ninguna duda, llena de riquísimas tradiciones culturales.

***

Por lo demás, no voy a insistir aquí acerca del problema del separatismo catalán, asunto del que vengo ocupándome en estas páginas desde el año 2006 y que pueden repasar ustedes en los vínculos ut infra. Sí quiero, no obstante, repetir, por enésima vez, que la España liberal que nos impuso la Revolución Francesa es inviable; que nos equivocamos en lo que respecta a la dinastía reinante, y, en fin, que deberíamos releer una y mil veces la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España de la Conferencia Episcopal Española del año 2006, muy especialmente su párrafo 72º:

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás.

Vínculos:

Las Cortes de La Muerte. Conceptos Esparcidos.
Orientaciones morales ante la situación actual de España. Conferencia Episcopal Española.
España, antes rota que roja. Conceptos Esparcidos.
Reforma constitucional ¡ya! Conceptos Esparcidos.
El toro de Osborne. Conceptos Esparcidos.
Els borinots. Conceptos Esparcidos.
¡Esto se hunde! Conceptos Esparcidos.
Testamento político de S.M.C. Carlos VII, fragmento. Edición mía en Scribd.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 noviembre, 2012 at 12:23

Carta que Juan Rufo escribió a su hijo siendo muy niño

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Flor de Pretericiones

Carta que Juan Rufo escribió a su hijo siendo muy niño

Juan Rufo 4

 

Dulce hijo de mi vida,
juro por lo que te quiero
que no ser el mensajero
me causa pena crecida.

Mas no cumpliréis tres años,
sin que yo, mi bien, te vea,
porque alivio se provea
al proceso de mis daños.

A Dios que mi pecho entiende,
le pide, pues ángel eres,
lo ordene como tú quieres
y tu padre lo pretende.

Dos veces al justo son
las que Febo ha declinado
hasta el Capricornio helado
desde el ardiente León,

después que, hijo querido,
puse tanta tierra en medio,
más por buscar tu remedio
que mi descanso cumplido.

Espérame, que ya voy,
do te veré y me verás,
puesto que conmigo estás
adonde quiera que estoy.

Mas al fin desta jornada
espero, sin falta alguna
a pesar de la fortuna,
que seremos camarada.

Prenderé tu blanca mano
con esta no blanca mía,
y hacerte he compañía
como si fueras anciano.

Y si algún camino luengo
te cansa o causa embarazos,
llevarte he sobre mis brazos
como en el alma te tengo.

Darte he besos verdaderos
y, transformándome en ti,
parecerán bien en mí
los ejercicios primeros:

trompos, cañas, morterillos
saltar, brincar y correr,
y jugar al esconder,
cazar avispas y grillos;

andar a la coxcojita
con diferencia de trotes
y tirar lisos virotes
con arco y cuerda de guita.

Chifle en hueso de albarcoque;
pelota blanca y liviana
y tirar por cerbatana
garbanzo, china y bodoque.

Hacer de la haba verde
capilludos frailecillos,
y de las guindas zarcillos,
joyas en que no se pierde.

Zampoñas del alcacel
y de cogollos de cañas
reclamos, que a las arañas
sacan a muerte cruel.

Romper una amapola,
hoja por hoja, en la frente,
y escuchar a quien nos cuente
Las consejas de Bartola.

Llamaremos, si tú quieres,
por excusarnos de nombres,
tíos a todos los hombres
y tías a las mujeres.

Columpio en que nos mezcamos,
colchones en que trepemos,
nueces para que juguemos,
y algunas que comamos.

Cuarto lucio en el zapato,
mendrugos en faltriquera
con otra cosa cualquiera
y sacar de rato en rato.

Tener en un agujero
alfileres y rodajas,
y asechar por las sonajas
cuando pasa el melcochero.

Y porque mejor me admitas
de tus gustos a la parte,
cien melcochas pienso darte
y avellanas infinitas.

Mazapanes y turrón,
dátiles y confitura,
y, entre alcorzada blancura,
el rosado canelón.

Mas cuando sufra tu edad
tratar de mayores cosas,
con palabras amorosas
te enseñaré la verdad,

no con rigor que te ofenda,
ni blandura que te dañe,
ni aspereza que te estrañe,
ni temor que te suspenda;

antes con sana doctrina
y término compasado,
conforme soy obligado
por ley humana y divina.

Mas pues la vida es incierta
y no sé, por ser mortal,
si al entrar tú por su umbral
saldré yo por la otra puerta,

esto que escribiere aquí
con paternal afición,
en los años de razón
traslada, mi hijo, en ti.

Verás la fe encarecida
con que pude y quise amarte,
y quisiera gobernarte
en las ondas de tu vida,

en cuyo corto viaje
hallarás tormentas largas,
mudanzas, disgustos, cargas,
y mal seguro pasaje.

Verás como nace el hombre
llorando, pobre y desnudo,
tan miserable y tan rudo
que aun no muestra solo el nombre.

Verás después las potencias
ir valiendo, y los sentidos
ser de ellas ennoblecidos
con avisos y experiencias.

Verás que cada animal,
conforme a su inclinación,
sigue la disposición,
de su instinto natural

y solo el hombre pervierte
sus justas obligaciones,
si no vence sus pasiones
como valeroso y fuerte.

Reloj es cierto y solar
el bruto, y así nos muestra
lo que otra causa le adiestra,
sin de ello un punto faltar.

El hombre es globo y esfera
y al de ruedas comparado,
que, estando bien concertado,
trae su cuenta verdadera.

Mas si prudencia no rige
de su curso el movimiento,
por una da hasta ciento
y el tiempo no le corrige.

Sabe, hijo, que si vas
por el derecho camino,
un espíritu divino,
un ángel parecerás.

Mas si tuerces la carrera
en esta vida mortal,
quedarás de racional
transformado en bestia fiera.

Tu secreto en cualquier cosa
comunícale contigo,
y no obligues a tu amigo
a carga tan peligrosa.

Si te es difícil cubrillo,
como muchas veces suele,
el otro, a quien menos duele,
¿qué hará sino decillo?

De la dudosa esperanza
nunca hagas certidumbre,
pues, por natural costumbre,
aun en lo cierto hay mudanza.

Deja siempre la porfía
primero que se comience;
porque sin duda la vence
el que de ella se desvía.

Afable comedimiento
alaben todos en ti,
porque resbalar de aquí
es de bajo entendimiento.

Y ya que no por igual
trates a los desiguales,
no les quites, sino dales
en su tanto a cada cual.

Lo que cierto no supieres,
no te hagas de ello autor:
callarlo es mucho mejor
mientras dudoso estuvieres;

que quien afirma lo incierto
es hombre de poco vaso,
y el decir verdad acaso
imita el mentir más cierto.

Aunque sustenta el honor
el haber que poseemos,
de los dos malos estremos
ser pródigo es el menor.

Es hacienda peligrosa
la que se gasta sin tiento;
mas la del triste avariento,
necesidad muy forzosa.

Al hombre que fuere así
que no le trates te digo,
porque mal será tu amigo
el enemigo de sí.

De los celosos casados
algunos vimos caer;
pero no vienen a ser
tantos como confiados.

Porque si la sujeción
(cuando es mucha) los despierta,
¿qué hará abrilles la puerta
de libertad y ocasión?

Tú, hijo, en este contrato
abraza el seguro medio;
que no es áspero remedio
el moderado recato.

Ten siempre puesta la mira
en tratar pura verdad,
porque es gran calamidad
el ser cogido en mentira.

Esto es fácil de inferir,
pues no hay razón que consienta
que sea el mentís afrenta,
y que no lo sea el mentir.

Y los que usan juramentos
por ser más acreditados,
ten los tú por defraudados
del blanco de sus intentos;

porque bien está entendido
que suele fabulizar
quien piensa que sin jurar
no merece ser creído.

También se jura por uso,
mas, comoquiera que sea,
deshonra y culpa acarrea
la licencia de este abuso.

No aflijas al afligido,
que, a las veces, el que ha errado
tiene enmienda consolado
mejor que reprehendido.

No fíes en los placeres,
porque pasan como viento,
y, cuando estés descontento,
disimula si pudieres;

porque el mal comunicado,
aunque dicen que es menor,
no arguye tanto valor
como el secreto y callado.

Ten mancilla al invidioso
que se aflige sin provecho,
alimentando en su pecho
el áspid mas ponzoñoso.

Es la envidia testimonio
que denota vil flaqueza,
es malicia y es simpleza;
es desdicha y es demonio.

Holgar con el bien ajeno
es ser partícipe dél,
piedra de toque fïel
en que se conoce el bueno.

Las blancas sienes que son
lustre, corona y riqueza,
si el seso tiene pobreza,
lastiman el corazón.

Porque a la florida edad,
en vicios desenfrenada,
sucede vejez pesada
con torpe simplicidad.

Y así, pasando los años
con su curso acelerado,
crece el martirio pesado
y huyen los desengaños.

Las horas y su medida
debes, hijo, conocer
y echar en ellas de ver
la brevedad de la vida.

Son números compasados,
leguas de la senda humana,
descripción fácil y llana
de los esféricos grados.

Son métrica distinción
de los cuadrantes del día,
de cuya acorde armonía
trastes y compases son.

Son del tiempo y su vejez
la más corriente moneda;
joyas de rica almoneda;
sellos del número diez.

Son del sol alternamente,
centinelas voladoras;
discretas compartidoras
de los tratos de la gente.

Son alivio del tormento,
son esperanzas del bien,
y un alfabeto por quien
discurre el entendimiento.

Son macizos eslabones
que abrazan los elementos;
conductos y ligamentos
de las anales sazones.

Son principio desde cuando
el primero comenzó;
tiempo que se anticipó
a todos los de su bando.

Porque el minuto y momento
y los átomos instables
no fueron considerables
hasta llegar á su aumento,

así como no es persona
un miembro, ni una facción
ni la unidad, con razón,
por número se pregona.

Así que las horas fueron
términos fundamentales
de tiempos inmemoriales
que en siglos se convirtieron,

y serán al fin postrero
remate de la jornada,
cuando vuelva el primer nada
y cierren ellas el cero.

Las horas son para orar,
y el que ignora es un orate,
como el que espera combate
sin armas para lidiar,

y son, mi hijo querido,
para consideración
de que las cosas que son
pasarán cual las que han sido.

Obra con peso y medida
y cogerás con decoro
de las horas aquel oro
que enriquece más la vida;

y contino se te acuerde
de que el tiempo bien gastado,
aunque parezca pasado,
no se pasa ni se pierde.

Pásase y piérdese aquél
que los hombres gastan mal,
y es desdicha sin igual
que se pierden ellos y él.

Todo el tiempo que vivimos
hacia el morir caminamos,
rodeando, si velamos,
y atajando, si dormimos.

Del que te burló primera,
guárdate la vez segunda;
mas si en efecto segunda,
vélate bien la tercera.

Y piensa que el trato vil
redunda en tu menosprecio:
que si eres tres veces necio,
lo serás trescientas mil.

Nunca digas mala nueva,
y, si descanso codicias,
no le arriendes las albricias
al correo que las lleva.

Esto, hijo, no se entiende
cuando puede el desengaño
evitar un nuevo daño
que del primero depende.

Mas vale un tardar prudente,
aunque causa pena esquiva,
que la priesa intempestiva
si el caso no la consiente.

Que mejor es con trabajo
esperar lo deseado,
que perder lo trabajado
por codicia de un atajo.

No quiero decirte mas,
que lo divino y humano
es un fácil canto llano
si razón lleva el compás.

Si el colegio de Talía
te diere furor divino,
sigue el honesto camino
y nunca dél te desvía.

Sean por ti celebrados
los generosos motivos;
no los amores lascivos,
ni gustos desenfrenados.

Los insignes caballeros
que murieron en la guerra,
no sátiros en la tierra,
ni en el mar ninfas en cueros.

Las obras dignas de fama
cantarás en grave estilo,
no las riberas del Nilo
ni mudanzas de una dama.

Oye misa cada día
y serás de Dios oído;
témele y serás temido
como un rey decir solía.

Ama su bondad y en Él
amarás sus creaturas,
y serán tus obras puras
en este mundo y aquél.

Téngate Dios de su mano,
y, para que el bien te cuadre,
sirve a tu hermosa madre,
ama a Juan, tu dulce hermano
y no me olvides.— Tu Padre.

Inclusa.

La vida es largo morir
y el morir, fin de la muerte;
procura morir de suerte
que comiences a vivir.

***
Firma de Juan Rufo

 

Vínculos:

Edición de 1948. Red Municipal Bibliotecas Córdoba.
Juan Rufo. Wikipedia.
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes con mil documentos hasta ahora inéditos y numerosas ilustraciones y grabados de la época. Capítulo XII. Luis Astrana Marín. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos Esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

23 mayo, 2009 at 21:01