Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for the ‘Historia’ Category

El ‘Soneto a Jesús Crucificado’ de Sánchez Mazas

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Flor de Pretericiones

 
Rafael Sánchez Mazas

 

 

A Jesús Crucificado

 

Delante de la cruz, los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando
y sin ellos quererlo estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.

Y estos labios que dicen mis desvíos
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos querer estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.

Y así con la mirada en vos prendida
y así con la palabra prisionera,
como a la carne a vuestra cruz asida,

quédeseme, Señor, el alma entera
así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así cuando queráis me muera.

***

Rafael Sánchez Mazas
 
 

Nota: En mi antigua entrada, Los ‘Episodios Nacionales’ de Pedro J, relato el disgusto que me causó ver que este precioso soneto de Sánchez Mazas había desaparecido de una reedición moderna de Las mil mejores poesías de la lengua castellana, de la Editorial Iberia para ser substituido por un engendro de Rigoberta Menchú.

La anécdota, no lo recuerdo con precisión, debió suceder por los años ochenta y, ya fuera el hecho debido a que la editorial considerara decadente este soneto, ya fuera uno de tantos detalles ominosos que se nos aparecían en aquellos años, anunciadores del desastre de los tiempos que en estos vivimos o fuera por lo que fuera, el caso es que el soneto desapareció de aquella reedición.

Por ello lo  incluyo hoy en esta Flor de Pretericiones.

Vínculos:

Rafael Sánchez Mazas. Julián Pérez Porto. Poemas del Alma.
Rafael Sánchez Mazas. Biografías y Vidas.
Rafael Sánchez Mazas. Poetas Siglo XXI. Antología mundial.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 junio, 2020 at 8:42

Testamento político de S. M. C. Carlos VII

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Biblioteca
 
Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto.
 
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Tu texto alternativo

Vínculos:

Apartados del Testamento. Wikisource.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

26 mayo, 2020 at 17:43

La gripe de 1918 en Burgos

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Debo a la curiosidad y a la amabilidad de un estimado compañero de Hellín esta preciosa correspondencia que ocurrió entre las autoridades de Burgos con motivo de la epidemia de gripe de 1918 entre los meses de octubre y noviembre de aquel año.

Su intrínseco interés se agranda a nuestros ojos de hoy cuando estamos padeciendo en España un trance parecidísimo. Con su lectura vemos cuán poco cambia la naturaleza humana; cómo la autoridad reprocha a unos jóvenes su inconsciencia al acudir a una fiesta durante lo que entonces se llamaba “epidemia reinante”. Se nos aparece aquí la figura del delator de comportamientos que hoy llamaríamos insolidarios y en la que entrevemos rencillas personales. La repercusión de la enfermedad en los actos religiosos y fúnebres nos sorprende por su semejanza con lo que estamos viviendo. Es muy interesante, asimismo, la insistencia de las autoridades por la desinfección (con “Zotal”) y produce asombro, por el parecido con el coronavirus, tanto la existencia de una “forma cerebral” de aquella gripe como el empleo de la quinina.

Aprecio, sin embargo, una diferencia en el comportamiento de dichas autoridades (estamos en el reinado de Alfonso XIII, durante la presidencia de Antonio Maura) con las actuales. Si, en nuestros días, parecen utilizar la pandemia como escaparate de su imagen y campo de batalla político, vemos en las de 1918 un interés callado, dirigido a la lucha contra la “epidemia reinante” y al bienestar público, sin afán de notoriedad, publicidad ni beneficio que no sea el del cumplimiento del deber. Tal vez la diferencia se deba a que hoy vivimos en lo que se llama un régimen de opinión pública y entonces no pero, en cualquier caso, me ha llamado poderosísimamente la atención.

Sin más preámbulo, reproduzco y transcribo aquí esta curiosísima correspondencia en la que, con muy pocas correcciones, he mantenido la ortografía original:

I

Sanidad

Clasificado 251

Administrativo

Sanidad e Higiene.

Lg. 5.

(sello)

II

1918

251

Sanidad e Higiene

Lg 5.

Sanidad

(Grippe)

III

AYUNTAMIENTO

BURGOS

El Sr. Presidente de la Comisión de Salubridad me trasmite el siguiente oficio. » Ruego a V. se sirva ordenar se reunan los Médicos de la Beneficencia Municipal al objeto de emitir su ilustrada opinión informando sobre las medidas que debe acordar el Exmo Ayuntamiento para combatir la enfermedad reinante.

La Comisión de Salubridad, se reuniré el martes cuatro á las once de la mañana y espero de su celo tendrán evacuado el informe que podrán exponerle por escrito ó de palabra, y estimando de suma conveniencia para la salud pública el citado informe ruego á V. se sirva hacerle patente ante la Comisión de Salubridad el dia que se indica en la forma que estime más comveniente.

Dios guarde á V.. muchos años.

Burgos 1º de Junio de 1.918.

El Alcalde Presidente.

Juan Antonio Gutiérrez Moliner.

Sr. D. Benito Martín / Decano de los Médicos de la Beneficencia municipal Domiciliaria.

IV

AYUNTAMIENTO

BURGOS

Habiendome notificado el Sr. Presidente de la Comisión de Salubridad D. Félix Cecilia Barbadillo el rumor público de la existencia de varios casos de Dipteria, le ruego se sirva manifestar á esta Alcaldía, si existe algún atacado en el Distrito Municipal que visita, indicándo caso afirmativo las medidas que considere precisas y vigentes para evitar su propagación.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 1º de Junio de 1.918.

El Alcalde Presidente.

V

El Presidente de la Junta provincial de Sanidad, con fecha de ayer me dice:

Esta Corporacion en sesion de ayer adoptó, entre otros, los siguientes acuerdos: = Seguidamente y por el Secretario se da lectura de una comunicación del Iltrmo. Sr. Rector del Seminario de San Jerónimo, dirigida al Sr. Gobernador, indicando si convendría aplazar la apertura de curso, ya próxima, en vista del estado Sanitario de la provincia.

Esta cornunicacion da lugar a que usen de la palabra todos los Señores vocales discutiendose ampliamente todos los aspectos que presenta la existencia de una extensa y grave epidemia de grippe en la provincia y conviniendose por todos en que deben adoptarse medidas porfilacticas que atajen en los posible el mal difundido desgraciadamente. Por unanimidad se acuerda, lo siguiente 1º Que no se abra ningún Centro docente y que se clausuren los que en la actualidad funcionan. 2º Que por el Gobernador se oficie a los Directores de los establecimientos de Beneficiencia de Burgos para que con toda urgencia se habiliten donde admitir si llega el caso a los enfermos […]ante esta epidemia. 3° Que de conformidad [con lo] dispuesto en el artículo 137 del Reglamento […] a Higiene general de Burgos los coches fú[nebres] sigan el camino mas corto al cementerio […] una vez sacado el cadaver de la casa vuel […] parroquia, sino seguir directamente al ce[menteri]o. 4º Que de conformidad con lo dispuesto […] Sr. Alcalde y con lo que tambien disponen [las Ord]enanzas Municipales y el Reglamento de Hi[giene d]e Burgos se continue desinfectando, patios, […]s, cuadras, mercados , tabernas, posadas, [casas d]e huespedes, fondas, cafes, teatros o […]s, por el personal a las órdenes de la Al[caldía].

[…]e traslado a V. S. para su conocimiento y [su] cumplimiento en lo que afecta al 3º y 4º […] y al 2º en lo que se refiere al Hospital de […]n

[Dios] guarde a V. S. muchos años.

[Burgo]s 24 de Septiembre de 1918.

VI

Al objeto de tratar de la regulacion del abastecimiento de leche y a fin de que facilite los detalles y datos que en unión de sus compañeros estime pertinentes, se le ruega asista en el dia de hoy a las seis de la tarde al Despacho de ésta Alcaldia.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 26 de Septiembre de 1918.

J. Antonio Gutierrez Moliner

VII

En atención a las circunstancias actuales y en previsión de que la epidemia reinante pudiera tomar graves caracteres, ésta Alcaldia ha dispuesto como medida higiénica de caracter indispensable, la desinfección de todos los locales donde habitualmente se reuna gran concurrencia.

A tal efecto, se servirá, en el establecimiento de su propiedad realizar diariamente una desinfección del suelo, el que será lavado con una disolución de “ZOTAL”, de cuya sustancia disolverá cincuenta gramos en cada litro de agua agitando perfectamente la mezcla y regando el piso del establecimiento.

El cumplimiento de esta órden será comprobado por la Guardia Municipal y los que dejaren de cumplir esta disposición en perjuicio de la salud del vecindario, serán castigados severamente pasando en caso de reincidencia la correspondiente denuncia a los Tribunales de Justicia.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 24 de Septiembre de 1918.

J. Antonio Gutierrez Moliner

VIII

Ayuntamiento Constitucional de Burgos [sello]

Comisión de Salubridad

La actual epidemia que entristece a nuestra Ciudad nos impone a todos y obliga a todas las clases a grandes sacrificios.

Me permito rogar a V. E. piense, si a las almas doloridas por la desgracia, a los enfermos y a los aprensivos podrá perjudicarles el triste toque a muerto que en algunas parroquias se dá casi continuo.

Si hubiera algun medio que dentro de la mas pura ortodoxia pudiera emplearse para atenuar esas deprimentes emociones mi autoridad se lo agradeceria a V. E.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Burgos 27 de Septiembre de 1918.

El primer Teniente de Alcalde

Excmo. Sr. Vicario Capitular. S. V.

IX

Al Sr. Director del Hospital Militar

En 28 de Septiembre de 1918

Habiendose comunicado a esta Alcaldia por varios vecinos del Barrio de Huelgas, que las ropas procedentes del Hospital Militar, son lavadas y tendidas en lugar donde puede facilmente producirse contaminación y al efecto de tomar cuantas precauciones sea posible para evitar la propagación de la epidemia reinante, le ruego encarecidamente ordene se varie el sitio donde ha de practicarse ese servicio, en la forma que estime mas conveniente y adecuada para garantizar la salud pública.

Dios etc.

X

AUDIENCIA TERRITORIAL DE BURGOS

PRESIDENCIA

AUDIENCIA PROVINCIAL

BURGOS

28 SET 1918 [sello]

REGISTRO DE ENTRADA

Núm. 678

28. SET. 1918

Fcho. 51 [sello]

Careciendo esta Audiencia de los elementos necesarios para la desinfección de los grandes locales de la misma, y muy especialmente de los retretes de servicio público instalados en el piso bajo, ruego a V.S. se sirva dar las órdenes oportunas, para que por el personal de ese Ayuntamiento encargado de aquel servicio, y con los elementos propios de la Corporación, se practiquen en este edificio periódicamente lag necesarias operaciones de desinfección.

Dios

güe a V.S. muchos años.

Burgos 28 de Sepbre. de 1918.

[firma ilegible]

Sr. Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad.

XI

Al Sr. Presidente de la Audiencia Territorial de esta Ciudad

En 28 de Septiembre de 1918

En contestacion a su atento oficio he de manifestarle la imposibilidad de disponer del personal de la Brigada Sanitaria encargada de practicar desinfecciones, por hallarse este servicio de guardia permanente a las ordenes de los facultativos, para verificar rapidamente el traslado de fallecidos y desinfectar las viviendas donde hubiere enfermos contagiosos, atención urgente que no es posible desatender, recomendandose la conveniencia de arrojar cloruro de cal en los retretes y encargar se practique el lavado de suelos con alguna sustancia desinfectante, siendo el “Zotal” la generalmente usada por el vecindario como consecuencia de las recomendaciones higiénicas dictadas por esta Alcaldia.

Dios etc

XII

AYUNTAMIENTO

BURGOS [sello]

En virtud de las circunstancias anormales por que atraviesa la Ciudad a causa de la epidemia reinante y siendo precisa la cooperación de todos los ciudadanos para ayudar la acción de las Autoridades en la misión humanitaria que estan obligados a realizar, ruego encarecidamente a esa Comunidad se sirva, mientras la situación actual perdure, aminorar todo lo posible el consumo de leche, (remitiendo el resto a la plaza) con el fin de que pueda haber mayor disponibilidad de este artículo en el mercado para los numerosos enfermos y especialmente aque1los que por su condición de pobres, encuentran mayores dificultades para adquirirlo.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 28 de Septiembre de 1.918.

Juan Antonio Gutiérrez Moliner.

Carmelitas. (Frailes). CAFES.

Jesuitas. Candela.

Salesas. Montañés.

Esclavas. Iris.

Adoratrices. Salón de Recreo.

Carmelitas. Circulo de la Unión.

Maristas. Bar el Rhin.

Saldaña. Id.el Polo.

Santa Dorotea. Id. Arriaga.

Bernardas. Circulo Venatorio.

Las marcadas con una X. se las puso lo de Parentesis.

XIII

En 30 de Septiembre se puso una comunicación al Sr. Director del Hospicio provincial diciendole: Que habiendose dirigido esta Alcaldía á todos los Hospitáles y casas de beneficencia pare que le ofrezcan las camas y demás elementos que tuvieren disponibles con el fin de poder atender á la hospitalización de enfermos le ruego me manifieste que clase de elementos pudiera poner á nuestra disposición al fin indicado.

XIV

AYUNTAMIENTO DE BURGOS [sello]

En atención a las circunstancias y con el fin de […] en la medida de lo posible cuantas medidas de caracter higiénico puedan contribuir a evitar la propagación de la enfermedad reinante, me permito rogar encarecidamente a V. S. que ordene sean conducidos por el camino más directo y procurando evitar el paso por las calles céntricas de la población, los enfermos que desde ese cuartel sean trasladados al Hospital Militar.

A la vez, seria de gran conveniencia no atravesaran las vias de la Ciudad los carros que hacen la recogida de los despojos y basuras procedentes de ese cuartel.

Dios guarde a V. S. muchos años.

Burgos 30 de Septiembre de 1918.

El Alcalde Presidente.

Sr. Coronel de Regimiento de Borbón = España = Artilleria = Lealtad = San Marcial.

XV

Hallándose enfermo el Director del Laboratorio Sr. Carazo y siendo de suma importancia que al frente de aquel establecimiento se encuentre durante el término en que se halle imposibilitado referido Señor, persona que reuna excepcionales condiciones de competencia, esta Alcaldia se permite rogarle en interés de le salud pública, acepte la dirección de aquel Centro, prestando de este modo un señalado servicio el vecindario.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 30 de Septiembre de 1918.

El Alcalde Presidente.

XVI

Siendo de absoluta necesidad el que todas las posadas, casas de huéspedes y viajeros así como las viviendas donde exista gran aglomeración de vecinos se hallen en las debidas condiciones de higiene, esta Alcaldia se ha servido ordenar que por V. en unión del Médico Auxiliar Sr. Carretero se proceda a la inspección de referidas viviendas, denunciando las que no se hallaren en condiciones e indicando las medidas que fuera conveniente adoptar a la mayor brevedad posible.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 30 de Septiembre de 1918.

El Alcalde Presidente.

Al Sr. Carretero se le puso una comunicación en términos análogos á la presente.

XVII

El Presidente acl. del Círculo de la Unión

B. L. M.

Al Sr. Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntº de esta Ciudad y tiene el gusto de manifestarlo en contestación á su atento oficio de 27 del actual, que en esta Sociedad se ha ordenado aminorar todo lo posible el consumo de leche por los señores socios, con el fin de que haya mas abundancia de dicho artículo para los numerosos enfermos de la Capital, con motivo de la epidemia reinante.

Gregorio Marrón Tejada.

Aprovecha esta ocasión para ofrecer a Vd. el testimonio de su mas distinguida consideración.

XVIII

AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE BURGOS

Comisión de SALUBRIDAD.

ILMO SEÑOR.

Tengo el honor y me complazco de participar á V. E. el agrado con que he visto las medidas acordadas por V. E. con motivo de la actual epidemia y que me honraré dando cuenta ante este Ayuntamiento Cabeza de Castilla.

Estos precedentes me animan, ya que la epidemia no decrece que, por V. E. y á la hora y dia que su autoridad creyera oportuno permita que se hieciere en las Parroquias la oportuna desinfección que sobre ser conducente á la salud pública llevaria tambien tranquilidad á los fieles.

Dios guarde á V. E. muchos años.

Burgos 1° de Octubre de 1.918.

El Presidente

Félix Cecilia

Ilmo Sr. Gobernador Eclesiástico (S. V.).

XIX

Al Sr. Padre Prior del Convento de Carmelitas.

El 1° de Octubre de 1.918.

HIGIENE.

Me permito rogar á V. como respetable Prior del Convento del Carmen, ordene, si ya no lo hubiera hecho, una desinfección de la Iglesia, cooperándo asi la Comunidad á los esfuerzos del Ayuntamiento y Autoridades.

Si no tuvieran los elementos necesarios para ello, la Corporación les facilitaría.

Dios guarde á V. muchos años.

El Presidente.

Felix Cecilia.

Al Sr. Rector del Colegio de la Merced.

En la misma fecha.

Si ya no hubiera V. desinfectado la Iglesia de la Comunidad de la que es V. su digno Presidente, le agradeceria mucho se procediera á verificarlo, cooperándo asi con el Excmo Ayuntamiento á combatir la actual epidemia para lo que hace falta la unión de todos.

Si no tuviera elementos esa Comunidad, la Corporación les facilitaría.

Dios guarde á V. muchos años.

El Presidente. Felix Cecilia.

XX

ESTABLECIMIENTOS PROVINCIALES DE BENEFICENCIA

BURGOS

DIRECCIÓN

En contestación a su atenta Comunicación he de manifestar a Vd. que durante los últimos años en vista del precio elevado que todo viene adquiriendo se limitó en lo posible la adquisición de camas y enseres para los establecimientos provinciales de Beneficencia y como consecuencia y en previsión de que la epidemia reinante invadiera a los acogidos acudirá la Comisión provincial exponiendo la necesidad de adquirir camas para en caso necesario poder aislar convenientemente a los asilados que se sintieran atacados, y la Corporación […] de momento acordó que se adquieran las camas necesarias al objeto indicado, por lo que tengo el sentimiento de comunicar a Vd. que en el Establecimiento carecemos de camas y enseres que poder ofrecer para fin tan elevado como el que indica.

[ilegible]

Burgos 1º de Octubre 1918

Mariano […]

Presidente del Excmo. Ayuntamiento […]

XXI

Artillería

11°. REGIMIENTO LIGERO de Campaña

Coronel

Núm 543

En atención a su atento escrito de fecha de ayer tengo la distinción de participar a V. S. que la conducción de los enfermos que de este Regimiento sean trasladados al Hospital Militar de esta Plaza, corresponde hacerla a dicho Establecimiento, y por lo que respecta a los despojos y basuras procedentes de este Cuartel, este Regimiento, las tiene contratadas a una sociedad representada por don Tiburcio Ortega,vecino de esta Capital, a quien por este Cuerpo se le hará saber lo que se interesa en su ya citado escrito.

Dios guarde a V. S. muchos años.

Burgos 1º de Octubre de 1918

El Comandante 1er. Jefe acdtl.

Felix Gil Verdejo

Alcalde Constitucional de esta Capital

XXII

LANCEROS DE BORBON

4.º DE CABALLERÍA

Sección

Número 1634

Participo a V. S. que he recibido su atenta comunicación de ayer fech., relativa a ciertas medidas que me recomienda con objeto de contribuir a evitar la propagación da la enfermedad reinante, debiendo significarle que, hasta la fecha ,no existe ningún individuo de este Regtº. atacado de dicha enfermedad, ni en el Hospital Militar ni en este Cuartel, que la conducción de enfermos al indicado Hospital es incumbencia del servicio sanitario del mismo, y que la recogida de los estiércoles y basuras de este Cuartel está contratada con individuos particulares, los cuales se hacen cargo de los mismos en el sitio en qué se depositan. que está separado de los dormitorios y caballerizas.

Dios guarde a V. S. muchos años.

Burgos 1º. de Octubre de 1918.

El Coronel,

Jesús Varela

Sr. Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta Capital.

XXIII

AYUNTAMIENTO

BURGOS

A los Sres. Médicos

Con el fin de tomar cuantas medidas pudieran ser convenientes al efecto de evitar la propagación de la epidemia reinante y teniendo en cuenta que una de las causas que a ello puedan contribuir es el contacto con los fallecidos o la permanencia en las habitaciones donde aquellos estuvieren hasta su enterramiento, he dispuesto que los Señores Médicos de la Beneficencia domiciliaria comuniquen urgentemente las defunciones de caracter infeccioso que ocurran en sus respectivos distritos, recomendando a las familias lo dispuesto en el artº 135 del Reglamento de Higiene, para procurar sean envueltos los cadáveres en una sábana o lienzo empapado en una disolución antiséptica que facilitará cuando fuere pedida la Brigada de Desinfección de este Ayuntamiento.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 26 de Septiembre de 1918.

El Primer Teniente de Alcalde.

Felix [ilegible]

XXIV

AYUNTAMIENTO

BURGOS

En cumplimiento del acuerdo adoptado en la sesión de ayer por el Excmo. Ayuntamiento, sobre necesidad urgente é inmediata de efectuar riegos en las calles de la Ciudad, durante las primeras horas de la mañana y de la tarde como medida de alta conveniencia higiénica para evitar la propagación de la epidemia reinante, ésta Alcaldia, ruega encarecidamente a esa Empresa se sirva disponer lo necesario para comenzar a ser posible en el dia de hoy este servicio con el personal a sus órdenes, esperando de su atención me dé respuesta, para caso de existir algun obstáculo tomar las medidas necesarias a evitarlo.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 3 de Octubre de 1918.

El Alcalde en cargos

Félix Cecilia

Sr. Director Gerente de lo […] de Aguas

XXV

Reunidos los Médicos propietarios del 1.º y 2.º distrito con el auxiliar Dn. Félix Rojas acuerdan segregar del 1er. distrito las calles de San Juan, Santander, General Santocildes, plaza de Prim y Moneda para el citado auxiliar y tomará del 2.º distrito las que convengan según las necesidades del servicio, toda vez que los avisos se recibirán en el domicilio común de ambos.

Lo que comunicamos á V. S. á los efectos consiguientes.

Dios guarde á V. S. m. a.

Burgos 3 Octubre 1918

[firma ilegible]

Pedro Rojas

Señor Alcalde Constitucional de Burgos

XXVI

Primero y Segundo Distrito.

Don [ilegible] Izquierdo por enfermedad del

Médico D. Felix Rojas Gutiérrez. Domicilio Huerto del Rey núm 22.

Visitará las calles de San Juan, Santander, General Santocildes, Plaza de Prim y Moneda, del Primer Distrito, y del segundo tomará las que convengan según las necesidades del servicio, toda vez que los avisos se recibirán en el domicilio común de ambos.

Tercero y Cuarto Distrito.

Médico D. Emilio Ruiz Dominguez. Domicilio Santa Cruz núm 16.

Visitará las calles de Huerto del Rey, Cid, Arco del Pilar, Fernan-González en su totalidad y Santa Agueda en su totalidad.

Cuarto y Quinto Distrito

Médico D. Odorico Mata Manzanedo. Domicilio Plaza Alonso Martinez núm 1.

Visitará las calles del Hospital Militar, San Pablo, San Julián, Salas, Pisones, Carretera de Madrid, Concepción, Plaza de Vega, Calatravas, Calera Parra, Carretera de Valladolid. San Cosme.

XXVII

Sábado 5 de octubre de 1918.

BOLETIN OFICIAL EXTAORDINARIO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

Gobierno Civil.

CIRCULARES.

La Junta provincial de Sanidad de mi presidencia, en sesión celebrada en el día de hoy, adoptó el acuerdo siguiente:

Vista la comunicación del Inspector provincial de Sanidad manifestando que la epidemia de grippe aparecida hace algunos dias en la Capital y en algunos pueblos de la provincia se extiende considerablemente, invadiendo numerosos pueblos y produciendo mortalidad, esta Junta, teniendo en cuenta lo dispuesto en los artículos 153 y 154 de la Instrucción general de Sanidad y en la Real orden de 24 de abril último, acuerda declarar la existencia de aquella epidemia en la provincia de Burgos.

Lo que se publica en este periódico oficial para conocimiento de las Autoridades y del público en general.

Burgos 4 de octubre de 1918.— El Gobernador-Presidente, Andrés Alonso y López.

Habiéndose cometido por algunos pueblos la imprudencia, á pesar de lo dispuesto por este Gobierno civil en la circular inserta en el BOLETIN de 25 del mes último, de celebrar las fiestas de la localidad, dando origen con ello á que se haya difundido rapidísimamente la epidemia de grippe entre el vecindario, creando con ello situaciones angustiosas para dichos pueblos, vuelvo á reiterar á los que todavia no estén convencidos del grave peligro que esto encierra, que se abstengan terminantemente de celebrar dichas fiestas ó reuniones. La triste experiencia de lo ocurrido en otros pueblos como Los Balbases, donde fueron unos mozos á la función de Villaquirán, contrayendo allí la enfermedad y habiéndose celebrado á continuación los festejos en el primero de dichos pueblos, en pocos dias llegó el número de atacados á 800, de los 1200 vecinos que lo habitan, nos ha servido de ejemplo además de ser aconsejado ya por la ciencia antes de ahora. Por tanto, estoy resuelto á castigar duramente, como ya se ha hecho en algún caso, á los incumplidores de esta disposición.

Asimismo recuerdo que la infección se propaga por las gotitas de saliva que despide el que habla, tose, etc. á nuestro lado, al ser respiradas por los que le rodean, si está enfermo ó convaleciente. Que se abstengan, en consecuencia, de permanecer en locales cerrados, mal ventilados, donde se reune mucha gente, como tabernas, cafés, etc. Que se extreme la limpieza de las casas. Que se tengan abiertas todo el dia las ventanas de los dormitorios y se ventilen con frecuencia los locales donde permanezcan durante el dia. Estar en el campo el mayor tiempo posible porque el aire libre, el agua y la luz son los mejores desinfectantes en esta ocasión. Tener mucha limpieza de la boca y en una palabra, seguir los consejos del Médico y desoir á los ignorantes que os invitan á beber alcohol ó consumir tabaco como remedios preventivos por ser sus efectos en esta ocasión más nocivos que nunca.

Burgos 4 de octubre de 1918.

EL GOBERNADOR,

Andrés Alonso López.

XXVIII

En cumplimiento de lo dispuesto en la Real Orden del Ministerio de Abastecimiento, fecha 19 de Septiembre próximo pasado, sírvase V. dar las órdenes oportunas con el fin de que sean retrasados una hora todos los relojes de la Corporación municipal, debiendo tener lugar este retraso al señalar la una del dia 7 de los corrientes.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 6 de Octubre de 1.918.

El Alcalde Presidente.

XXIX

A los efectos de que por V. sean conocidos los nuevos Médicos designados por la Corporación para la Beneficencia domiciliaria, le participo que en el dia de ayer han comenzada á prestar servicio los Sres D. Emilio Ruiz, Don Felix Rojas y D. Odorico Mata, cuyos Sres en unión de los Médicos propietarios realizan la visita á los Distritos.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 4 de Octubre de 1.918.

El Alcalde encargos.

Sr. Farmacéutico del Hospital de San Juan.

XXX

GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

NEGOCIADO 2º

Núm. 581

El Exmo. Sr. Ministro de la Gobernación con fecha tres del actual, comunica á este gobierno lo que sigue.

“Con el fin de disminuir en cuanto sea posible la […] extraordinaria que ha tomando la epidemia de gripe en España y su propagación por las vías ferreas, dispondrá V. S. que en cuanto sea posible se organice en las estaciones ferrocarril de la capital de la provincia y de aquellos pueblos que por ser importancia ferroviaria lo requieran con […] sanitario de vigilancia donde sean examinados los individuos que puedan llegar á las estaciones enfermos de la epidemia reinante con el fin de proveer á aquellas medidas de profilaxis que cada caso requiera […] estos sanitarios serán organizados con el personal y material de desinfección que sea necesario por los […] Ayuntamientos, con la colaboración de V. S”.

Lo que traslado á V. S. Para su conocimiento y efectos consiguientes. Dios guarde á V. S. m. a.

Burgos 4 Octubre 1918.

Andrés Alonso López

Señor Alcalde del Excmo Ayuntº. de esta Capital.

XXXI

GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

NEGOCIADO 1º

Núm 1079

ALCALDÍA DE BÚRGOS

Número 690

4 OCT. 1918

Folio 52

REGISTRO DE ENTRADA

Adjunto tengo el gusto de remitir a V. S. copia del escrito que se ha dirigido al Presidente de la Federación de dos Sindicatos Agrícolas Católicos, por [si creyera] oportuno tener en cuenta las manifestaciones que en él se hacen, cuando el momento llegara de llevarlas a la práctica.

Dios guarde a V. S. muchos años.

Burgos 2 de Octubre de 1918.

El Gobernador Civil

Andrés Alonso Lopez

Sr. Alcalde de la Capital.

XXXII

ALCALDIA CONSTITUCIONAL DE BURGOS [sello]

La ciencia ha demostrado que una de las principales causas de la propagación de la epidemia reinante es el aire viciado en los locales cerrados por la aglomeración de sus concurrentes.

Asi, se servirá V. que á la hora que crea más oportuna se desocupe su establecimiento, por el tiempo necesario, para hacer una exquisita limpieza y regarle con una sustancia desinfectante, que se practicará diariamente.

Espero de la Ciudadania de V. y de su amor á Burgos cumplirá extrictamente esta órden.

Burgos 6 de Octubre de 1.916.

El Presidente de Salubridad, y Primer Teniente Alcalde.

[varias firmas]

XXXIII

A los tres Farmaceuticos y Drogueros

En el deseo de esta Alcaldía de cooperar en lo posible á la desaparición de la actual epidemia, me dirijo á V. á fin de que indique si se halla surtido de los productos farmacéuticos que actualmente mas se utilizan y en caso contrario las medidas que á su juicio se deban adoptar encaminadas á evitar la escasez que de ellos pudiera haber en la Ciudad.

Dios guarde á V. muchos años. Burgos 8 de Ootubre de 1.918.

El Alcalde Presidente.

XXXIV

A esta Alcaldia ha llegado la noticia de que los farmacéuticos de la Ciudad no disponen de los productos más indispensables para combatir la actual epidemia, muchos de los cuales estan facturados en los centros productores desde hace fecha y debido a no se sabe qué circunstancias tardan en llegar; y como esto pudiera dar lugar a que la salud del vecindario sufriere mayor quebranto, me dirijo V. en la seguridad de verme atendido, rogandole adopte las medidas que estime oportunas para lograr que las expediciones consignadas a los farmacéuticos y drogueros de esta Capital, que se hallan en camino, se cursen con la mayor rapidez posible, y que los dependientes de ellos sean preferentemente atendidos en el despacho de talones por los empleados de esa Compañía.

No duda esta Alcaldia ha de hacer V. lo que humanamente sea posible a los fines que se indican, ya que en combatir la actual epidemia todos estamos grandemente interesados, constituyendo un ineludible deber en todos cuantos ejercemos cargos públicos.

Dios guarde a V. muchos años.

Burgos 8 de Octubre de 1918.

El Alcalde Presidente.

Sr. Jefe de esta Estación de Burgos.

XXXV

Sr. D. Amaro Izquierdo

En 8 de Octubre de 1918

Habiendo regresado D. Juan Cruz Martínez Acitores, quién desde el comienzo de la epidemia reinante se encargó de la asistencia médica del Hospital de San Juan, la Comisión de Beneficencia ha acordado que continúe en el desempeño de dicho cargo, y, por consiguiente, encargado V. de visitar el 1.º y 2.º distritos conforme á la distribución acordada anoche.

Dios (etc)

Sr. D. Juan Cruz Martínez Acitores

En 8 de Octubre de 1918

La Comisión de Beneficencia ha acordado que continúe V., en unión del Sr. Médico propietario del Hospital de San Juan, prestando en las salas del mismo su asistencia facultativa; debiendo significarle, al propio tiempo, la satisfacción con que la Corporación ha visto sus servicios en la ocasión presente.

Dios (etc)

Sr. D. Antonio Álvarez B. Carretero

En 8 de Octubre de 1918

Sírvase V. encargarse en unión del Sr. Mata, médico auxiliar de la Beneficencia municipal últimamente nombrado por el Ayuntamiento, de la visita á los distritos 5.º y 6.º, de acuerdo con los médicos propietarios de los mismos.

Dios (etc)

Gutiérrez Moliner

XXXVI

AYUNTAMIENTO

BURGOS

Tratándose de habilitar algunas dependencias del Hospital de la Concepción para el alojamiento de atacados de la epidemia reinante y careciendo de instalación para luz eléctrica, agradeceria a V. que a ser posible y por tratarse de la salud del vecindario, diese las oportunas órdenes para que los instaladores se entrevistasen mañana por la mañana con el encargado de las obras que se están ejecutando en dichos locales, el cual ha recibido ya mis instrucciones respecto al número de lámparas y colocación de las mismas.

9 de Octubre de 1.918

DIOS

Sr. Director Gerente de la Compañía de Aguas.

XXXVII

AYUNTAMIENTO BURGOS

Siendo urgente y necesario á consecuencia de los carácteres que presenta la epidemia reinante, adoptar cuantas medidas contribuyan á la defensa de la salud pública, la Junta de Sanidad reunida en la tarde de hoy, acordó, quede terminantemente prohibido que los cadáveres de las personas que fallezcan sean colocados en los portales de las casas en espera del acompañamiento que han de llevar en su entierro, debiendo permanecer en las habitaciones donde hubieren fallecido para que en el momento que el Clero parroquial llegue á la casa mortuoria sean directamente conducidos al Cementerio.

Lo que le comunico para su exacto cumplimiento advirtiéndole que le serán aplicadas inexorablemente caso de faltar á esta orden las responsabilidades que señala la vigente ley de Sanidad.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 9 de Octubre de 1.918.

A los tres propietarios de agencias fúnebres

XXXVIII

Habiendo recibido ésta Alcaldia varias denuncias en las que se le comunica son trasladados enfermos a los Hospitales en los coches pertenecientes a las Empresas de alquiler y teniendo presente que este hecho puede dar lugar a la difusión de la epidemia reinante, queda terminantemente prohibido el utilizar los coches en estos traslados a menos que disposición por escrito del facultativo asi lo determine en algun caso excepcional, debiendo inmediatamente comunicarse a esta Alcaldia para la desinfección inmediata del vehículo que no prestará ningún servicio hasta que sea puesto nuevamente en debidas condiciones de higiene.

Lo que lo comunico para su conocimiento advirtiéndole que serán aplicadas a los contraventores sin escusas ni protesto las responsabilidades que establece la vigente ley de Sanidad.

Burgos 9 de Octubre de 1918

XXXIX

En contestación á su attª y plausible comunicación en ocho en los corrientes, tengo el honor en participar a V. S. que mi Oficina en Farmacia se halla en la actualidad surtida en los medicamentos necesarios para el tratamiento en la actual epidemia.

Burgos 9 en Octubre en 1918

Alberto [Velasco]

Ilmo. Sr. Alcalde Presidente

XL

Recibida la comunicación de V. S. debo indicarle, mientras los almacenes al por mayor vayan sirviendo los pedidos, como hasta ahora lo vienen realizando, a la mayor parte de los productos creo podremos salvar las dificultades que puedan presentarse. Solamente las sales de quinina, dada la escasez que hay de este producto, pudiera temerse llegara a faltar y para evitarlo puesto que se me invita á dar una opinión de este conflicto probable, aconsejo que el Exmo. Ayuntamiento debe acaparar cantidades de quinina, para que si llegase el caso, repartir la equitativamente entre todos los farmacéuticos de la ciudad.

Dios guarde á V. S. muchos años

Burgos 10 Octubre de 1918

Ildefonso Martín

Sr. Alcalde presidente del Exmo. Ayuntamiento de Burgos

A D. Ildefonso Martín

En 11 de Octubre de 1918

Dispuesta esta Alcaldía a recoger la opinión que V. indica en su escrito de ayer, le ruego se sirva indicarme los nombres de las sales de quinina que cree deben de ser objeto de acopiamiento, así como los [puntos] procedentes ó almacenes en que podríamos pedirlos con eficacia, y cantidad aproximada.

[firma]

XLI

Habiendose denunciado quejas en esta Alcaldía de que algunos enterramientos son verificados sin que por Vdes se cumpla el precepto reglamentario de recibirlos y rezar las preces de ritual, sobre todo en los que se verifican en las primeras horas de la mañana, cuyo hecho supone gravísima falta aumentada por las actuales circunstancias, que exigen se practique con todo celo los actos que la religión ordena y la caridad cristiana demanda, esta Alcaldía les comunica caso de repetirse la falta denunciada con tomar enérgicas resoluciones y participar el hecho á la autoridad eclesiástica á fin de aplicarles las más severas sanciones.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 11 de octubre de 1918.

El Alcalde Presidente.

XLII

AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE BURGOS

Salubridad

Cumpliendo la orden de esa Alcaldía he visitado la […] del Paseo de la Quinta, prestando asistencia a una mujer de sesenta años de edad con bronconeumonía y a instancia de la familia, la enferma continuará en su casa, visitandola el que suscribe, como V. S. ha dispuesto.

Dios guarde a V. S. muchos años.

Burgos a 11 de octubre de 1918

Antonio [… Carretero]

Exmo. Sr. Alcalde Presidente

XLIII

Habiendose denunciado á esta Alcaldía que, en la bohardilla de la casa número siete de la Plaza de San Juan, existen algunas aves de corral, asi como que se hallan depositadas las basuras de las mismas, con grave peligro para la salud pública por la que todos estamos obligados á velar y con más interés en la ocasión presente, le ordeno que á la mayor brevedad posible sean re[t]iradas dichas aves asi como las basuras, pues de lo contrario me veré en la precisión de imponerle el correctivo que la ley determina.

Dios guarde á V. muchos años. Burgos 11 de Octubre de 1.918.

El Alcalde Presidente.

Sr. D. Guillermo Aceña.

XLIV

Guillermo Aceña Redondo

Sargento retirado

Plaza de S. Juan 7

Consecuente á su atento oficio de fecha 11 de los corrientes en el que se me ordena la evacuación de unos pollos que tenía en el desvan, así como la limpieza de sus basuras debo manifestarle que da cumplimentado en todas sus partes; haciendo al propio tiempo presente á V. S. que en la delatora es […] de D. Leandro […] la que hasta el dia de la denuncia ha tenido conejos en una habitación de la misma planta que ellos habitan tiene en la actualidad también aves y además un borrego que con sus balidos molesta á la vecindad aparte de lo que también afecta á la higiene pues cree el que suscribe ser por este animal que los pollos toda vez que estos no despiden orin dichos animales los tenía como se deja dicho en el […] de ellos pero ahora los tiene en la planta baja en un cuarto pequeño y su puerta tiene la gatera tapada con unos listones de madera.

Lo que pongo en su conocimiento á sus efectos.

Dios que á V. S. […]

Burgos 13 de octubre de 1918.

Guillermo Aceña

Señor Alcalde Constitucional de esta Ciudad

XLV

Al girar una visita de inspección á las viviendas del Distrito de mi cargo, he encontrado que los individuos que al margen se expresan, se hallan enfermos y no tienen asistencia facultativa.

En esta atención le ruego que con toda urgencia se sirva V. visitarles y prestarles los auxilios de su profesión, en la forma debida.

Asi bien le encarezco que facilite V. los bonos de carne y leche que estime procedentes entre las familias necesitadas de ese Distrito, teniendo en cuenta para ello que ese vecindario es seguramente de los que más lo precisan.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 15 de Octubre de 1.918.

Sr. D. Emilio Ruiz Dominguez.

[Al margen]

Juato Juarroa. Fernan-González núm 13.

Petra Garata. Id. 25 dplº

Serapia Villalaín. Id. Id.

Juana Alzaga. Id. 27.

Teresa Mendoza. Id. 35.

XLVI

Al girar una visita de inspección á las viviendas del Distrito de mi cargo he encontrado que los individuos que al margen se expresan, se hallan enfermos y no tienen asistencia facultativa.

En esta atención le ruego que con toda urgencia se sirva V. visitarles y prestarles los auxilios de su profesión, en la forma debida.

Asi bien encarezco que facilite V. los bonos de carne y leche que estime procedentes entre las familias necesitadas de ese Distrito teniendo en cuenta para ello que ese vecindario es seguramente de los que más lo precisan.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos a 15 de Octubre de 1.918.

Sr. D. Mariano Paramo.

[Al margen]

3ª.

Victor Gimenez. Saldaña núm. 9.

Ignacio Benito. Id. 10.

Gregorio Ansados. Subida á Saldaña. núm. 9.

Sr. D. Mariano Paramo.

XLVII

Teniendo noticias de haber llegado á esta Estación, la expedición de Zotak consignada á D. Justo Martínez y de la que se hizo cargo esta Alcaldía, le ruego ordene inmediatamente sea entregada con la mayor urgencia, por ser de absoluta precisión para la desinfección de lugares infectados.

A la vez, espero me indique las causas que pueden retrasar la llegada de la expedición de cloruro de cal, que consignada al mismo Sr. y fué facturada en Madrid el dia 10, para dirigirme según instrucciónes recibidas al Sr. Ministro de la Gobernación, al efecto de que ordene su inmediata remisión.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 16 de Octubre de 1.918.

El Alcalde Presidente.

XLVIII

El que suscribe pone en conocimiento de V. S. que habiendo fallecido de grippe [forma] cerebral Angeles Ortega en la calle de Villalon nº 41 – 2.º piso, y no teniendo más que una habitación con dos camas y en la […] se halla enfermo el marido y un hijo conviene que á la mayor brevedad sea trasladado el cadáver al Depósito del cementerio y desinfectar las ropas y habitación.

Dios guarde a V. S. ms. años.

Burgos en 10 de octubre de 1918

[firma]

Sr. Alcalde de esta Ciudad

XLIX

Hay un membrete que dice Gobierno Eclesiástico del Arzobispado de Burgos Sede Vacante = He recibido la atenta comunicación de V. S. I. fecha de ayer, y deseando cooperar por mi parte á cuanto pueda ceder en interés de la salud pública dentro de la esfera de las atribuciones que como Vicario Capitular de la Diócesis Sede vacante me correspondan, me creo en el deber y apresuro á manifestar á V. S. I. que, en atención á las circunstancias epidémicas por las que actualmente pasa esta Ciudad, no tendré inconveniente en que solamente mientras estas circunstancias duren se cumpla la disposición que indica de que “el itinerario ó ruta que deben llevar los coches fúnebres al Cementerio será siempre el más corto, prohibiendose que una vez sacado el cadaver de la casa vuelva á la parroquia sino seguir directamente al Cementerio”, y en dar las órdenes oportunas á las parroquias de esta Ciudad para que en tal sentido la lleven á efecto, pero cesando tal prohibición cuando cesen esas circunstancias epidémicas, como estoy seguro que lo desearán y será muy bien recibido por el Clero y fieles en general. Lo que tengo el honor de comunicar a V. E. I. para su inteligencia, rogándole se sirva manifestarme si está conforme con lo que propongo á fin de dar las órdenes oportunas para su cumplimiento y á los efectos consiguientes. Dios guarde á V. S. I. ms. as. Burgos 24 de Septiembre de 1.918. Lic. Manuel Rivas. Vic. Cap. = Rubricado. Ilmo Sr. Alcalde Presidente del Exmo Ayuntamiento de ésta Ciudad. = Es copia.

L

Sr. D. Pedro de la Cerda, Coronel del Rgmtº Lanceros de España.

Muy distinguido Señor: Por haberle indicado personalmente las órdenes dadas para evitar se disminuyese la cantidad de leche que ese cuartel consume, no contesté á su carta, en la que me expresaba lo ocurrido según manifestación del contratista.

Como de mis informes resulta no se decomisó leche en el dia que á Vds. les fue disminuida la cantidad que habitualmente reciben, le rogué y nuevamente lo hago, me comunique el nombre del abastecedor de ese Regimiento á los efectos de comprobar la certeza de la queja que ante V. formuló.

Tiene sumo gusto en repetirse á sus órdenes su affmº, s. s. q. e. s. m.

17/X/918.

LI

Las sales de quinina que mas se emplean son: sulfato, clorhidrato, bromhidrato, valerianato, todas ellas pueden sustituirse fácilmente en caso de necesidad pues sus propiedades terapeúticas son casi iguales. Las casas importantes, todas ellas escasean de estos productos, sin embargo hay unas que ofrecen [diez] kilos de sulfato y clorhidrato, pago al contado, poniendo el sulfato á 775 pts el kilogramo y á 800 el clorhidrato. La dirección telegráfica es Buenafé y por carta D. Manuel Buenafé Parreño. Huelva. Dios guarde a V. S. muchos años.

Ildefonso Martín

Burgos 13 Octubre de 1918

Sr. Alcalde Presidente del Exmo. Ayuntamiento de Burgos

LII

Tengo el honor en poner en conocimiento en […] Pobres Desamparados […] por localizarse en los bronquios y pulmones; habiendo en el día […] seis hermanos enfermos necesitaron […]

Lo que le participo para los efectos oportunos.

[…]

Burgos […] en octubre […] 918.

[firma]

Sr. […] en la Ciudad de Burgos

LIII

Sr. D. Ignacio G. de Careaga.

Madrid.

Mi distinguido amigo: Poseo su atenta de 17 del actual á la que era adjunto cheque por valor de QUINIENTAS PESETAS que se ha servido remitirme para atender á los necesitados con motivo de la epidemia reinante que tantos extragos ha causado en nuestra querida Ciudad.

En nombre de los menesterosos, y en el mio propio, me complazco en significarle nuestro reconocimiento más sincero por tan generoso desprendimiento, y á la vez se reitera de V. su affmº. s. s. q. e. s. m.

19/X/918.

LIV

Teniendo noticias esta Alcaldía de que en la calle de Santa Agueda existen varios cerdos de su propiedad, cuyo hecho constituye un grave peligro para la salud pública y siendo necesario á toda costa el evitar los contagios que pudieran producirse por la existencia de estos animales al lado de casas habitadas, se le ordena que en el improrrogable plazo de cuarenta y ocho horas desaparezcan de este término apercibiendole de no efectuarlo con las sanciones contenidas en la ley de Sanidad.

Dios guarde á V. muchos años.

Burgos 16 de Octubre de 1.918.

El Alcalde Presidente.

Sr. D. Gerardo de Mateo

LV

Director Instituto Llorente.

Ferras núm 7.

Madrid.

Ruegole urgentemente envio 40 frascos suero antidicterico Llorente para Hospital S. Juan de esta Corporación donde tenemos 200 enfermos.

Alcalde Burgos.

LVI

AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE BURGOS

[sello]

ALCALDÍA DE BARRIO DE Cortes

Certifico oy dia 23 de Octubre del año 1918 yo alcalde del Barrio de Cortes certifico como el Becino Laureano López es difunto pobre desolenidaz. La familia desea [quinsia] le daria la capa.

Dios guarde muchos años.

El alcalde.

Isidoro [Saiz]

[sello]

LVII

AYUNTAMIENTO

BURGOS

A los tres médicos

Habiendo acordado la Comisión de Beneficencia el reparto de socorros á los enfermos de la actual epidemia que á consecuencia de la convalecencia á que forzosamente han de estar sujetos, no pueden dedicarse á sus ocupaciones habituales por no estar en condiciones fisicas para ello, y considerándo que á este fin deben ser aplicadas las cantidades que generosamente han donado algunos vecinos pudientes para auxilio de enfermos, le ruego que en el plazo más breve que le fuera posible, envíe á esta Alcaldía de relación nominal de los enfermos á que haya prestado asistencia en su Distrito y se hallen en aquellas condiciones rogándole la mayor exactitud á fin de que sea debidamente distribuido este socorro.

Dios

LVIII

GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

NEGOCIADO 2.º

Núm. [643]

El señor Presidente de la Junta Provincial de Sanidad me dice, con esta fecha, lo que sigue.

“Esta Corporación en ocasión celebrada en el día de hoy, adoptó entre otros el acuerdo siguiente.

“El Señor Presidente de la Diputación, manifiesta que la Corporación de su Presidencia desearia saber de que manera podria ella de coadyubar á las medidas sanitarias en las presentes circunstancias y para ello pide á la Junta se sirva declarar que medida eficaz y de orden general debe adoptarse. La Junta teniendo en cuenta que en muchos pueblos se ha sepultado un número grande de cadáveres en muchas ocasiones los enterramientos se han verificado precipitadamente no estando cubiertos de bastante cantidad de tierra seria conveniente enviar á aquellos que lo necesitaran suficiente cantidad de cal para echarla en las sepulturas”.

Lo que traslado á V. S. para para su conocimiento y demás efectos.

Dios guarde á V. S. muchos años.

Burgos 24 de octubre de 1918

[firma ilegible]

El Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntº de esta Capital.

LIX

GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

NEGOCIADO 2.º

Núm. 812

El Ilmo. Señor Presidente de la Junta Provincial de Sanidad, me comunica con fecha 28 de los corrientes, lo que sigue:

“Esta Corporación en la sesión de 22 del actual, acordó lo siguiente. Como la epidémia ha cesado en muchos pueblos y disminuido á casi todos, no hay pedidos de medicamentos, de substancias alimenticias ni de desinfectantes. En vista de estas manifestaciones la Junta acuerda: Que de la cantidad que la Superioridad ha remitido al Señor Gobernador para los gastos de la epidémia se remitan dos mil pesetas al Señor Alcalde de la Capital con destino á la suscripción para socorro á los pobres de la Capital”.

Y ejecutando el preinserto acuerdo lo comunico á V. S. para su conocimiento y efectos interesados.

Dios guarde á V. S. muchos años.

Burgos 27 de noviembre de 1918

[Andres Alonso Lopez]

Señor Alcalde de la Capital.

LX

Con la atenta comunicación de V. S. fecha de ayer, se han recibido en esta Alcaldía las DOS MIL PESETAS, que por acuerdo de la Junta Provincial de Sanidad se ha servido enviarme de la cantidad que la superioridad ha remitido para los gastos de la epidemia, y cuya suma se ha hecho figurar como donativo en la suscripción abierta para socorro de los pobres de la Capital.

Al tener el honor de acusar recibo del indicado donativo, me complazco en significar á V. S. y á la expresada Junta el más sincero reconocimiento de la Corporación Municipal por tan laudable acuerdo, á la vez que le reitero mi consideración personal mas distinguida.

Dios guarde á V. S. muchos años.

Burgos 28 de Noviembre de 1.918.

Sr. Gobernador Civil de esta provincia.

LXI

GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BURGOS

NEGOCIADO 2.º

Núm. 646

El Señor Presidente de la Junta provincial de Sanidad me dice, con esta fecha, lo que sigue.

“Esta Corporación en sesión celebrada en el día de hoy, adoptó, entre otros, los acuerdos siguientes.

Se acuerda rogar á la Autoridad Eclesiástica dé las órdenes oportunas a fin de que en los templos se desinfecte á diario y se ventilen enérgicamente; que los actos religiosos sean los estrictamente indispensables haciéndolos con toda la brevedad compatibles con la naturaleza de los mismos”.

“Se acuerda igualmente que los Casinos, Cafés, tabernas etc. continuen con el mismo régimen de desinfección, ventilación y clausura de alguna hora por la tarde como se viene haciendo”.

“A propuesta del Señor Alcalde se acuerda que se prohiba la permanencia de los cadáveres en los portales de las casas, siendo conducidos directamente desde la habitación al cementerio sin parar en ninguna parte como ya se había acordado anteriormente por la Junta”.

Lo que traslado a V. S. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde á V. S. muchos años.

Burgos 24 de Octubre de 1918.

[firma ilegible]

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 mayo, 2020 at 15:07

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Dos de Mayo

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Aunque por motivos bien distintos, tal día como mañana las calles de toda España amanecerán tan desiertas como aquí nos refiere el conde de Toreno que amanecieron las de Madrid hace 212 años.

Don José María Queipo de Llano y Ruis de Saravia nació en Oviedo el 26 de noviembre de 1786 en el seno de la Casa de Toreno, una de las más ricas y antiguas de Asturias y fue excepcional testigo del hecho grandioso del 2 de mayo de 1808 en Madrid. A la sazón vizconde de Matarrosa, estaba en la capital aquel día y, además, sus gestiones para salvar la vida de un amigo, le hicieron recorrer los lugares en donde se decidía y ejecutaba la muerte de los sublevados frente a la invasión francesa. Así pudo relatar de primera mano aquellas horas de angustia, de horror y de heroísmo en su Historia del levantamiento, guerra y revolución de España con unas líneas que, aunque escritas veinte años más tarde, conservan la emoción mal reprimida de lo visto y sentido personalmente:

La fuerte y hostil posición de los franceses era también para desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie y de a caballo, con una división de infantería, mandada por el general Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo de observación de las costas del Océano, a las órdenes del mariscal Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento de San Bernardino, Pozuelo y la Casa de Campo. En Aranjuez, Toledo y El Escorial había divisiones del cuerpo Dupont; de suerte que Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres, habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de Marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto, lo manifestaba cada día más a cara descubierta y sin ponerle ya límites a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación, y ora delante de la imprenta Real para aguardar la publicación de una gaceta, ora delante de la casa de correos para saber noticias, se veían constantemente grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban sus oficinas, los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus caseras ocupaciones, para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas, ansiosos de satisfacer su noble curiosidad; interés loable y señalado indicio de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los valerosos pechos españoles.

Murat, por su parte, no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus recursos para infundir pavor en el ánimo de la de sosegada multitud. Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado, después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos, calle de Alcalá. La demostración religiosa, acompañada de la estrepitosa reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera, tachándola de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos, si bien ofendidos, moradores. De una y otra parte fue creciendo la irritación, siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado francés, temeroso de una oculta trama, anhelaba por salir de su situación penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal punto había llegado la agitación y la cólera que, al volver Murat el domingo 1.º de Mayo de su acostumbrada revista y a su paso por la Puerta del Sol, fue escarnecido y silbado, con escándalo de su comitiva, por el numeroso pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante estado de cosas era demasiado violento para que se prolongase sin haber de ambas partes un abierto y declarado rompimiento. Sólo faltaba oportuna ocasión, la cual desgraciadamente se ofreció muy luego.

El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la Reina de Etruria y el infante don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso la Junta a la partida del Infante, dejando a la Reina que obrase según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de Mayo la demanda acerca del Infante, tomando a su cuidado evitar a la Junta cualquiera desazón o responsabilidad. Tratóse largamente en ella si había o no de acceder; los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso resistir con la fuerza. Consultóse acerca del punto con don Gonzalo Ofárril, como ministro de la Guerra, quien trazó un cuadro en tal manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid, apreciada militarmente, que no sólo arrastró a su opinión a la mayoría, sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la Junta había sido débil e indecisa; en adelante, menos atenta a sus sagrados deberes, irá poco a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto, pues, el viaje de la Reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el del Infante don Francisco por consentimiento de la Junta, se señaló la mañana siguiente para su partida.

Amaneció, en fin, el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya, más bien, por la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz, y la suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, habían llamado desde muy temprano a la plazuela de Palacio numeroso concurso de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en un coche, con sus hijos, la Reina de Etruria, mirada más bien como princesa extranjera que como propia, y muy desamada por su continuo y secreto trato con Murat; partió sin oponérsele resistencia. Quedaban todavía dos coches y, al instante, corrió por la multitud que estaban destinados al viaje de los dos infantes don Antonio y don Francisco. Por instantes crecía el enojo y la ira, cuando, al oír de la boca de los criados de Palacio que el niño don Francisco lloraba y no quería ir, se enternecieron todos y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos sollozos. En este estado, y alterados más y más los ánimos, llegó a Palacio el ayudante de Murat, Mr. Augusto Lagrange, encargado de ver lo que allí pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía fundados temores de alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, conocido como tal por su particular uniforme, nada grato a los ojos del pueblo, se persuadió éste que era venido allí para sacar por fuerza a los infantes. Siguióse un general susurro, y al grito de una mujerzuela: ¡Que nos los llevan!, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de walonas don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas, subiendo de punto la gritería, y ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados y muertos si, afortunadamente, no hubiera llegado a tiempo una patrulla francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat, prontamente informado de lo que pasaba, envió sin tardanza un batallón con dos piezas de artillería; la proximidad a Palacio de su alojamiento facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa, llegada que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto en su origen, sin previo aviso, ni determinación anterior, hizo una descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general dispersión y, con ella, un levantamiento en toda la capital, porque, derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un instante y como por encanto, se sublevó la población entera.

El Infante don Francisco de Paula

Acudieron todos a buscar armas y, con ansia, a falta de buenas, se aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba. Respetáronse, en general, los que estaban dentro de las casas o iban desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que, arrojando las armas e implorando clemencia, se salvaron y fueron custodiados en paraje seguro. ¡Admirable generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El gentío era inmenso en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de las Carretas. Durante algún tiempo los franceses desaparecieron y los inexpertos madrileños creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo; pero, desgraciadamente, fue de corta duración su alegría.

Los extranjeros, prevenidos de antemano y estando siempre en vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad, apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo, barriéndolas con su artillería y arrollando a la multitud la caballería de la guardia imperial, a las órdenes del jefe de escuadrón Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos y los mamelucos, los que, conforme a las órdenes de los generales de brigada Guillot y Daubray, forzaron las puertas de algunas casas, o ya porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así, asaltando, entre otras, la casa del Duque de Híjar, en la Carrera de San Jerónimo, arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron también próximos a experimentar igual suerte el Marqués de Villamejor y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación. Salváronlos sus alojados. El pueblo, combatido por todas partes, fue rechazado y disperso, y sólo unos cuantos siguieron defendiéndose y aún atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo que, vendiendo caras sus vidas, se arrojaron en medio de las filas francesas, hiriendo y matando hasta dar el postrer aliento; hubo otros que, parapetándose en las esquinas de las calles, iban de una en otra haciendo continuado y mortífero fuego; algunos también, en vez de huir, aguardaban a pie firme, o asestaban su último y furibundo golpe contra el jefe u oficial, conocido por sus insignias. ¡Estériles esfuerzos de valor y personal denuedo!

La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la Junta y del capitán general don Francisco Javier Negrete, furiosa y encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto, paisanos sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces, y puestos al frente don Pedro Velarde y don Luis Daoiz, abrieron las puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos franceses, pero, poco después, una columna de éstos, de los acantonados en el convento de San Bernardino, se avanzó, mandada por el general Lefranc, trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque se defendió valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron tendidos número crecido de enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes soldados y paisanos; el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente herido. Don Pedro Velarde feneció, atravesado de un balazo; y, escaseando ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a desalentar y quisieron rendirse. Pero, cuando se creía que los enemigos iban a admitir la capitulación, se arrojaron sobre las piezas, mataron a algunos, y, entre ellos, traspasaron despiadadamente a bayonetazos a don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde; honra y gloria de España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el que costó más sangre a los franceses y en donde hubo resistencia más ordenada.

Entretanto, la débil Junta, azorada y sorprendida, pensó en buscar remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza, habiendo recorrido inútilmente los alrededores de Palacio, y no siendo escuchados de los franceses, montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat quien, desde el principio de la sublevación, para estar más desembarazado y más a mano de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de dentro, se colocó, con el mariscal Moncey y principales generales, fuera de puertas, en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados de la Junta y dijeron al gran Duque que si mandaba suspender el fuego y les daba para acompañarlos uno de sus generales, se ofrecían a restablecer la tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al general Harispe. Juntos los tres pasaron a los Consejos y, asistidos de individuos de todos ellos, se distribuyeron por calles y plazas y, recorriendo las principales, alcanzaron que la multitud se aplacase con oferta de olvido de lo pasado y reconciliación general. En aquel paseo se salvó la vida a varios desgraciados y, señaladamente, a algunos traficantes catalanes a ruego de don Gonzalo Ofárril.

Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las encrucijadas cañones con mecha encendida.

Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con la consoladora idea de que, por lo menos, haría pausa la desolación y la muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde, una voz lúgubre y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas se daba crédito a tamaña atrocidad y conceptuábanse falsos rumores de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño. En efecto, los franceses, después de estar todo tranquilo, habían comenzado a prender a muchos españoles que, en virtud de las promesas, creyeron poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos con pretexto de que llevaban armas; muchos no las tenían, a otros sólo acompañaba o una navaja o unas tijeras de su uso. Algunos fueron arcabuceados sin dilación, otros quedaron depositados en la casa de Correos y en los cuarteles. Las autoridades españolas, fiadas en el convenio concluido con los jefes franceses, descansaban en el puntual cumplimiento de lo pactado. Por desgracia, fuimos de los primeros a ser testigos de su ciega confianza. Llevados a casa de don Arias Mon, gobernador del Consejo, con deseo de liberar la vida a don Antonio Oviedo, quien, sin motivo, había sido preso al cruzar de una calle, nos encontramos con que el venerable anciano, rendido al cansancio de la fatigosa mañana, dormía sosegadamente la siesta. Enlazados con él por relaciones de paisanaje y parentesco, conseguimos que se le despertara y, con dificultad, pudimos persuadirle de la verdad de lo que pasaba, respondiendo a todo que una persona como el gran Duque de Berg no podía descaradamente faltar a su palabra… ¡Tanto repugnaba el falso proceder a su acendrada probidad! Cerciorado al fin, procuró aquel digno magistrado reparar por su parte el grave daño, dándonos también a nosotros en propia mano la orden para que se pusiese en libertad a nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron inútiles, y en balde nuestros pasos en favor de don Antonio Oviedo. A duras penas, penetrando por las filas enemigas con bastante peligro, de que nos salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a la casa de Correos, donde mandaba por los españoles el general Sesti. Le presentamos la orden del Gobernador y, fríamente, nos contestó que, para evitar las continuadas reclamaciones de los franceses, les había entregado todos sus presos y puéstolos en sus manos; así, aquel italiano al servicio de España, retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le había honrado. En dicha casa de Correos se había juntado una comisión militar francesa con apariencias de tribunal; mas, por lo común, sin ver a los supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa, los enviaba en pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes de su suerte; y, atados de dos en dos, tirando los soldados franceses sobre el montón, caían o muertos o malheridos, pasando a enterrarlos cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa noche, sólo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que, de cuando en cuando y a lo lejos, se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a sus hogares, lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir, a la misma sazón que, pálido y despavorido, le vimos impensadamente entrar por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber la vida a la generosidad de un oficial francés, movido de sus ruegos y de su inocencia, expresados en la lengua extraña con la persuasiva elocuencia que le daba su crítica situación. Atado ya en un patio del Retiro, estando para ser arcabuceado, le soltó, y aún no había salido Oviedo del recinto del palacio, cuando oyó los tiros que terminaron la larga y horrorosa agonía de sus compañeros de infortunio. Me he atrevido a entretejer con la relación general un hecho que, si bien particular, da una idea clara y verdadera del modo bárbaro y cruel con que perecieron muchos españoles, entre los cuales había sacerdotes, ancianos, y otras personas respetables. No satisfechos los invasores con la sangre derramada por la noche, continuaron todavía en la mañana siguiente pasando por las armas a algunos de los arrestados la víspera, para cuya ejecución destinaron el cercado de la casa del Príncipe Pío. Con aquel sangriento suceso se dio correspondiente remate a la empresa comenzada el 2 de Mayo, día que cubrirá eternamente de baldón al caudillo del ejército francés que, fríamente, mandó asesinar, atraillados, sin juicio ni defensa, a inocentes y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces de prever el orgulloso y arrogante Murat que, años después, cogido, sorprendido y casi atraillado también a la manera de los españoles del 2 de Mayo, sería arcabucero sin detenidas formas y, a pesar de sus reclamaciones, ofreciendo en su persona un señalado escarmiento a los que ostentaban hollar impunemente los derechos sagrados de la justicia y de la humanidad.

La Puerta del Sol

Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo por ambas partes. El Consejo, interesado en disminuirla, la rebajó a unos 200 hombres del pueblo. Murat, aumentando la de los españoles, redujo la suya, acortándola el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las dos relaciones debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron y el diverso interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos, y atendiendo a lo que hemos consultado después y al número de heridos que entraron en los hospitales, creemos que, aproximadamente, puede computarse la pérdida de unos y otros en 1200 hombres.

Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de Mayo de trama urdida por los franceses, y no faltaron algunos de éstos que se imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por aquéllos; suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento. Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos, sí, a que Murat celebró la ocasión que se le presentaba, y no la desaprovechó, jactándose, como después lo hizo, de haber humillado con un recio escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento de España contra los franceses, contribuyendo a ello, en gran manera, el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del advenimiento de Fernando VII al trono. Asustados éstos y horrorizados, volvieron a sus casas, difundiendo por todas las provincias la infausta nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido extranjero.

Profunda tristeza y abatimiento señalaron el día 3. Las tiendas y las casas cerradas, las calles solitarias y recorridas solamente por patrullas francesas, ofrecían el aspecto de una ciudad desierta y abandonada. Murat mandó fijar en las esquinas una proclama digna de Atila, respirando sangre y amenazas, con lo que la indignación, si bien reconcentrada entonces, tomó cada vez mayor incremento y braveza.

Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de trasladar a Francia toda la real familia y, el mismo día 3, salió para Bayona el infante don Francisco. No se había pasado aquella noche sin que el Conde Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia secreta al infante don Antonio la conveniencia y necesidad de que fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que, en presencia de todos, se tomasen, de acuerdo con el Emperador, las medidas convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el Infante, consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la Duquesa viuda de Osuna a fin de que caminase más disimuladamente. Dirigió, antes de su salida, un papel o decreto (no sabemos qué nombre darle) a don Francisco Gil y Lemus, como vocal más antiguo de la Junta y persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad de la historia, lo curioso del papel, así en la sustancia como en la forma, exige que le insertemos aquí literalmente: “Al señor Gil.‒ A la Junta, para su gobierno, la pongo en su noticia cómo me he marchado a Bayona de orden del Rey, y digo a dicha Junta que ella sigue en los mismos términos como si yo estuviese en ella.‒ Dios nos la dé buena.‒ Adiós, señores, hasta el valle de Josafat.‒ Antonio Pascual.

***

Conde de Toreno

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 mayo, 2020 at 9:46

Villarrobledo: otro caso de la insania iconoclasta marxista

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El caso del monolito erigido en el parque Joaquín Acacio de Villarrobledo es una muestra más del rencor iconoclasta de los marxistas que perdieron la Guerra Civil y que, desde los tiempos del nunca bastante maldecido Zapatero, vienen tratando de que la Historia hubiese sido como ellos hubieran querido que fuera y no como fue.

Aunque el monolito ha podido salvarse en parte, la historia es la misma que relaté hace años en Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia, la misma que tantas atrocidades y atentados al arte y a la Historia vienen perpetrándose a lo largo y a lo ancho del solar de nuestra Patria por parte de estas bestias y la misma, en fin, que nos hace temer por el destino de El Valle de los Caídos, obra grandiosa de la arquitectura y del arte cristianos que el genio de Juan de Ávalos levantó en el Guadarrama al dictado del espíritu de Franco:

Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido y constituyan lugar de meditación y de reposo en el que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.

Éste de Villarrobledo es uno de los sencillos monumentos de los que hablaba el Decreto fundacional de El Valle de los Caídos y que, como digo, ha conseguido salvarse de la inquisición marxista –si bien expurgado de su simbología franquista–, no por benevolencia ni reflexión de estas malas bestias, sino porque el parque en el que levanta su columna truncada fue solar donado a la villa por la familia de don Joaquín Acacio –asesinado en la contienda– con la condición expresa de que fuera dedicado a ello.

Como hice en la entrada Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia, dejo aquí plasmada su imagen original con el propósito de que, materialmente destruida por esta gente, quede de ella memoria intangible.

 

Vínculos:
El monolito de Villarrobledo se queda y se le retirará la simbología franquista. Eldiario.es.
Caídos de Villarrobledo 1936-1939.
Decreto fundacional de El Valle de los Caídos.
Los talibanes en la Facultad de Medicina de Valencia. Conceptos esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

24 febrero, 2020 at 8:06

Antonio Machado visto por Ridruejo

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Pedro Sánchez, el cerdo socialista –sin perdón, así los representó Orwellque hoy gobierna España en contubernio con los comunistas, conmemoró ayer el aniversario de la muerte de Antonio Machado diciendo que “hoy” su país le honra como merece.

Su partido, el PSOE, escribe que “la obra de Antonio Machado pasa al dominio público ochenta años después de su muerte”.

Leyendo lo que dice esta tropa de indigentes intelectuales pareciera que han tenido que llegar ellos para descubrirnos a Machado.

Sucede, empero que poseo un ejemplar de sus Poesías completas publicado en Madrid por Espasa-Calpe en 1941 y que, con el título de El poeta rescatado, prologa Dionisio Ridruejo.

Lo transcribo íntegro para que estos necios entiendan que en la España de Franco ya lo valorábamos y lo queríamos:

Por cuatro razones normales puede un escritor prologar un libro: primera, por interés o capricho de su autor; segunda, por competencia profesional, por su notoria cualidad de crítico o docto en la materia; tercera, por designio de protección, lo cual supone la superioridad consagrada de quien lo escribe y la necesitada humildad u oscuridad de quien lo utiliza, y, por último, por respeto, por ternura, por necesidad o deseo de elogio u homenaje, como el discípulo para con el maestro.

Desde mi posición literaria –que es la que se ejerce al escribir algo– es más que evidente que yo no tengo, no puedo tener para escribir este prólogo otro título que el último de los señalados, y ciertamente no me faltan razones de amor, de ternura, de admiración ni de secuacidad para hacerlo.

De niño conocí a Antonio Machado. Tenía yo diez años y él era catedrático en el Instituto de Segovia, adonde yo acababa de llegar. De leer en sus versos el nombre de Soria –tierra de mi sangre– me había nacido una espontánea afición por él y un orgullo pueril, de parentesco. Asombraba risueñamente a los niños su aspecto distraído, desaliñado, torpón, casi sucio; su bondadoso mirar, sus grandes botas estrafalarias. A mí me producía una melancolía emocionada y una especie de ternísimo estupor. Me dio un Sobresaliente en Gramática, casi sin hacerme caso en el examen, y le tuve rencor un poco de tiempo. Luego –a mis 15 años– comencé a gustar su poesía, y en un pequeño libro que publiqué a los veinte es potentísima su influencia. Ningún otro poeta contemporáneo ha entrado en mí más honda ni, por lo tanto, ha podido salir más patentemente en mí. Por otra parte, he creído, y creo, que de Rubén acá no hay poeta español que se aproxime a su perfección, a su autenticidad y a su hondura. Lo cual es casi como decir –con muy pocas reservas– que le creo el poeta más grande de España desde el vencimiento del siglo XVII hasta la fecha.

Pero aunque esta razón de mi ternura, de mi preferencia, de mi devoción debiera ser la que justificase este prólogo, me es forzoso declarar que no es ésta la razón por la que lo escribo. Probablemente no habría editor serio que la estimara suficiente. La razón por la cual yo escribo este prólogo no es una razón normal, no es una de las razones enumeradas; es otra más triste y que hemos de afrontar como se debe: cruda, sincera, directamente.

Yo no escribo este prólogo como poeta joven para el libro de un maestro muy amado. Yo escribo este prólogo como escritor falangista con jerarquía de Gobierno para el libro de un poeta que sirvió frente a mí, en el campo contrario, y que tuvo la desdicha de morir sin poderlo escribir por sí mismo.

***

El 18 de julio España se vio partida, geográfica y políticamente, en dos mitades incomunicables y combatientes. Desde tiempo atrás, sobre el vago deseo de justicia, sobre la vaga y justa desazón reivindicadora de las masas pobres, se había instalado en la política y en el Poder una minoría rencorosa, abyecta, desarraigada, cuyo designio último puede explicarse por la patología o por el oro, pero cuya operación visible, inminente, era nada menos que el arrasamiento de toda vida espiritual, el descuartizamiento territorial y moral de España y la venta de sus residuos a la primera ambición cotizante. A punto de consumarse irreparablemente, para siglos, la tradición, se alzó frente a ella una verdadera, correcta y limpia violencia nacional respaldada, moral y políticamente, por quienes ya habían ofrecido a España la oportunidad, serenamente revolucionaria, de lograr la síntesis de sus aspiraciones discordes, juntando el interés del pueblo, el los valores morales y el trascendente de la misma España. La resistencia terca, sostenida a golpe de crimen por los que gobernaban, hizo necesaria aquella división tremenda y a su asoladora. Las fuerzas netas de los que resistían no eran muchas en comparación con las que aportaban los atacantes, cuyo enraizamiento popular era patente y fue después probado por el triunfo. Hubo que allegar fuerzas por malas artes, y así se constituyó la gran población roja, la gran masa y aun algunas de las más delicadas minorías colaboradoras: por coacción. Claro es que en esto de la coacción hubo dos formas y, por lo tanto, los géneros de hombres: los sometidos por la fuerza bruta, por el miedo a represalias de todo orden, y los moralmente secuestrados por la hábil explotación de sus fibras más débiles. De aquí la apariencia polifacética de aquella política roja, tan pronto comunista por Rusia, como democrática en alquiler a las plutocracias de Europa y América, como católica frente a todos los bobos ojitiernos del grupo. A cada uno se le atrapaba a su modo, y si se contaba con la concurrencia de la senilidad, el hábito de la incomunicación y una cierta incapacidad para el entendimiento del mundo real, tanto más fácil era el negocio.

Don Antonio Machado, viejo, aunque fresco en sus facultades literarias, fue uno de estos secuestrados morales. Fue propagandista “propagandeado”. Su ingenuidad de viejo profesor desaliñado le hacía bueno para creer honradamente toda patraña, y, sin más datos ni averiguación de ellos, consideró a los de enfrente tal como los próximos él se los presentaban y a ellos mismos tal como en el plácido aislamiento quisieron presentarse.

Para todo se contó con la fidelidad del pobre don Antonio a sus antiguos y sencillos sentimientos políticos, y digo sentimientos y no ideas porque don Antonio ideas políticas no tenía, o las que tenía no tenían forma de tales, y siendo como era luminoso para tantas cosas, era para otras, para ésas y para lo sentencioso moral, por ejemplo –véase el “Mairena”o cualquier otra muestra–, un elegante y delicioso caos, un caos provinciano.

El poeta, a pesar de todo lo que se ha dicho, y no sin razón, de “adivino”, “anticipador”, “guía”, etc., canta generalmente el combate que tiene delante y se deja sugestionar y enamorar por la acción como nadie. Y la batalla del tiempo de don Antonio fue la de las libertades y el progreso, y libertario y progresista resulto el –sin meterse a mucho examen– ya para toda la vida. Claro es que sin rencor, sin obstinación, sin “meterse en política”, sin faltar por ello –¡Dios le librara!– Ni por un momento, a las condiciones de su nativa bondad.

Evidentemente, ser esto ante el problema ideológico planteado en el 18 de julio no era estar definido en ningún bando, porque era en esta cuestión ser un anacrónico superviviente de una cuestión pasada.

Nadie podría decir, por lo tanto, que don Antonio fuese rojo, al menos si empleamos esta palabra elástica con un mínimo rigor; de que no era comunista, por ejemplo, nos consta, como nos consta que no era “fascista”. En él había elementos por los que unos y otros podían tirar del hilo, y, sacando el ovillo, llevárselo a su campo, y nada más. La fatalidad quiso que el hilo quedase geográficamente al alcance de la mano del enemigo y que el gran poeta pasase así a ser un elemento más de ataque, una pieza más de confusión.

Si todo esto no se probará por hechos, habría una prueba más fuerte aún: la prueba de su misma conciencia, definida poéticamente:

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero la fuente brota de manantial sereno,
y más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Y así, en efecto, era: jacobino por “gotas de sangre”, por atavismo casi inconsciente, por el tiempo, por los amigos de la juventud, por los primeros maestros, por la desilusión del 98, por el asco a la España heredada y envilecida, por el decoro externo y la pedantería seductora de las instituciones izquierdistas. Por todo lo que puede arrebatar a un alma ingenua y en duda una vez y sujetarla para siempre con el lazo de su propio descuido.

De fuente serena, porque serena fue, en la amarga misantropía sin resentimiento, esta vida triste, cenicienta, con lágrimas y sequedades sobre la delicadeza del genio.

Ignorante de su doctrina, porque ¿cómo puede pensar en ella un abismado, un ausente, un desencantado, un errante, un solitario, un absorto, un alma de Dios?

Y bueno, bueno, bueno en el buen sentido y en todos los sentidos, y si algo malo hubo, absolvámolo de todo corazón y echémoslo –como me contaba Cossío que decía Jarnés– sobre la conciencia “al pelmazo de Juan de Mairena” y no al bueno y entrañable y triste don Antonio.

En fin, no debió serlo, pero fue un enemigo. Esta concesión es preciso dejarla hecha con crudeza en este prólogo. En el reparto de las dos Españas, a él, por A o por B, le tocó estar en frente, y en periódicos, revistas, folletos y conferencia sirvió las consignas de aquella torpe guerra.

No hemos querido mitigar este hecho, ni aún la existencia de las raíces que de él haya en toda su vida. Nos parecería una hipocresía estúpida, una puerilidad de avestruz. Ahí están los pocos versos, que pueden ser un antecedente, ¡tan inocentes, sin embargo! Pero no está de más señalar que esos versos son sus peores versos y que es legítimo pensar de un poeta que no debe ser definido por los peores versos por por los más ocasionales, extemporáneos y vanos. Ahí está la elegía a Giner con su bobada progresista “Yunques, sonad; enmudeced, campanas”, y aún el elogio a Ortega –incomprensible e inadecuado– el que se desea que Felipe II se levante “y bendiga la prole de Lutero”.

Ahora bien; basta hojear las páginas de este libro para asegurarse que, pese a todo –incluso a esos banales antecedentes– nosotros no podemos resignarnos a tener a Machado en un concepto de poeta nefando, prohibido y enemigo. Por el contrario, queremos y debemos proclamarlo –cara a la eternidad de su obra y de la vida de España– como gran poeta de España, como gran poeta “nuestro”.

Y esto no es ciertamente una decisión generosa –y menos egoísta– de las horas póstumas para él, serenas para nosotros. En la misma guerra, mientras él escribía sus artículos o sus versos contra nuestra Causa, nosotros, obstinadamente, le hemos querido, le hemos considerado –con la medida de lo eterno– nuestro y sólo nuestro, porque nuestra –de nuestra Causa– era España y sólo de España podía ser el poeta que tan tiernamente descubrió –por primera vez en verso castellano– su geografía y su paisaje real y que cantó su angustia y su náusea, su alma elevada, trascendente, amorosa y desnudamente severa.

Cuando las revistas y los folletos llegaban a nuestras manos, haya, en Burgos, nos esforzaba ambos –y no pocas veces con harta razón– por encontrar nuestro y no rojo su mundo conceptual, los propios argumentos y tesis con que a los rojos creía servir. Recuerdo haber saltado de gozo una vez, con otros falangistas, al descubrir un artículo que era –hacen el vocabulario y el estilo– del todo atribuible a nuestra fuente más pura.

“Hay que rescatarlo”, decíamos, y lo decíamos con emoción y dolor. Y así hubiera sido –y por entero– de vivir. Y ya que ha muerto, quedémonos, al menos, el consuelo de rescatar lo que más enteramente –por lo menos temporal y tocado de circunstancias– era patrimonio de España: esta su obra poética, que, con sus toques de error propios del tiempo –en lo conceptual y sentencioso–, es –incluso en lo más increpatorio y directo frente a España– tal nuestra, tan de nuestro gusto –y, de otra parte, la eternamente poética–, tan magistral, henchida y eterna.

Había que rescatarlo, y rescatada está su obra, porque –aún no siendo tales todas sus circunstancias– cumplíamos con desearlo y hacerlo con un precepto de fidelidad a la propia Causa, que no por otra cosa hemos combatido que por conciliar en unidad toda la dispersión española y por poner todo lo español –éste, con todo su rigor, es el límite– al servicio de un solo destino universal, de una sola poesía y de una sola historia.

***

Murió don Antonio en tierra de Francia. Quienes tanto ruido y alharaca armaron en defensa de la “cultura occidental democrática” contra España, no supieron rodear la muerte de este hombre del consuelo y del honor que merecía. Murió allí ignorado, en soledad y desatendido –después de estar en un campo de concentración–, el único fragmento verdadero de “cultura universal” de que los enemigos habían dispuesto, el único que por los puertos pirenaicos recibió aquella Francia a quien Dios perdone, ya que los hombres le han dado su castigo.

“Aborto, ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos del mar”, despojado de sus anécdotas, de sus circunstancias, ¿qué visiones poblaron el tránsito del hombre?

¿Qué infantiles Sevillas? ¿Qué Sorias traspasadas de espíritu, el corazón bajo la tierra? ¿Qué Moncayos, Urbiones, Aznaitines y Maginas gloriosamente coronadas?

Con su muerte moría la melancolía de España. La melancolía que pudo llevar a España y le llevó a él al error y a la muerte. Con su muerte, o con su vida, nacía la otra España clara, la que va a merecer el alma de su verso como la fortaleza merece la caricia. La España que él quizá vio y entendió en esa hora grave y ligera, espesa y luminosa, cuando él dormía el sueño no contado y Dios “estaba despierto”.

Dionisio Ridruejo
Madrid, octubre 1940.

 

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

23 febrero, 2020 at 13:40

En la muerte de David Gistau

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Profundamente impresionado y consternado he quedado esta mañana al conocer la noticia del fallecimiento de David Gistau.

Considerando como considero que la columna periodística es el género literario de nuestros días, no tengo ningún empacho en tener a Gistau entre los mejores escritores contemporáneos, si no el mejor.

La primera noticia que de él tuve fue en agosto de hace diez y seis años cuando di con Yes, artículo que publicó en La Razón y que empezaba:

A Zetapé hablando, uno siempre le ha encontrado igual que una máquina de vender tabaco…

Devoto de P.G. Woodehouse, intuí, por la mención al hallazgo de la trufa, que Gistau era también lector suyo.

Me encantó el artículo: la agilidad de la prosa, la precisión en el detalle, la facilidad, la finura y sorprendente y singular pertinencia de la metáfora; la agudeza, el acierto y la penetración en la descripción de los personajes y, sobre todo, la sutileza de su finísimo, exquisito, humor.

Me fascinó Gistau. Ni su circunspección ni su distanciamiento al escribir escondían ninguna firmeza de pensamiento; su redacción era puro temple y desde entonces le he seguido.

En La Razón, en El Mundo, en La COPE… ¿Cómo olvidar sus crónicas de los altercados en Barcelona o las de los debates que hicieron los candidatos a las elecciones en abril y diciembre del año pasado? ¿Qué mayor profundidad psicológica y humor que su descripción de Pablo Iglesias en el debate de abril

Mientras, Iglesias seguía apegado a esa actitud de santurrón constitucionalista que va por el patio de recreo mediando en las peleas..?

Estas líneas en recuerdo suyo no son un panegírico. La consternación y la desolación son certísimas porque, en este momento de España, tan aciago, tan apasionante y tan triste, su pluma era necesaria: la crónica de estos días no será la misma sin él y hasta los mismos personajes estrambóticos que hoy dirigen la vida pública española han perdido a su mejor caricaturista!

David Gistau ha fallecido sin llegar a conocer el desenlace (si es que la historia de las naciones tienen desenlace) de tal momento, pero esperamos piadosamente que la trascendencia del Hombre le tendrá al tanto.

En la página web Fundación para la Libertad puede encontrarse una selección abundante de sus artículos desde el año 2011 hasta noviembre del pasado.

Vínculos: 
Yes. La Razón. 16 de agosto del 2004.
Entrevista a David Gistau.
Le Miau Noir. 9 de diciembre de 2015.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 febrero, 2020 at 12:31

Publicado en Historia, Política

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Palabras que el Caudillo Francisco Franco dirigió a S.A.R. el infante don Juan Carlos de Borbón en marzo de 1955

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Lo que se perdona a cualquier ciudadano
no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente.

«Los reyes no deben fiarse de los aristócratas ni los cortesanos, que les adulan para obtener prebendas. Los reyes tienen que estar en contacto con el pueblo lo más directamente posible para enterarse de sus necesidades y tratar de corregirlas. No cabe duda de que es mucho más agradable el estar con gente culta y refinada, que tiene nuestros gustos y aficiones, por ejemplo deportes, para los cuales hay que disponer de tiempo y dinero, cosa que no tiene la gente modesta. Pero hay que tener en cuenta que esta gente, si no tiene refinamientos ni esa educación esmerada es porque tampoco nadie se ocupó de que la pudieran tener; la culpa no es de ellos y en países pobres como el nuestro hay una gran diferencia de bienestar y posibilidades entre el pueblo y los que están en las alturas por ley de herencia y otros privilegios. El verdadero pueblo es más sano, menos egoísta que la gente elevada y siente el patriotismo de verdad para amar a la Patria y sacrificarse por ella. Hoy se oye decir a mucha gente adinerada “yo estuve en la guerra y me sacrifiqué por España”, sin pensar que ha salvado todos sus bienes y con ello su bienestar y el de sus hijos. Pero muchas veces los que más alardean de hacer resaltar sus méritos, son los que han hecho la guerra en el Cuartel General o conduciendo coches en la retaguardia, pero muy lejos de los sitios donde otros sí se jugaban la vida y la daban con alegría, sin importarles, pues lo hacían por la Patria, aun cuando no disfrutasen de ella más que en un mísero hogar. No quiero decir con lo anterior que no hubiese héroes y españoles patriotas en la clase pudiente, y en la aristocracia también, que incluso dieron su vida en los frentes; pero era mucho mayor el mérito del sacrificio y el patriotismo del pueblo que todo lo da y nada pide. Cuando en una misma familia humilde quedan unos niños huérfanos, se los reparten entre los vecinos para educarlos y mantenerlos. En cambio, hay mucha gente pudiente que no es capaz de cobijar al pariente que queda solo y desamparado. Frecuente V.A. el trato con el pueblo, vea sus necesidades y haga siempre lo posible para remediarlas, pues así es como se sirve mejor a la Patria; y un rey siempre debe atender a los humildes. Es frecuente que los príncipes estudien una Historia amañada, en la que no se ponen de manifiesto los errores de sus antepasados y el mal que por su abandono y por no estar enterados de los negocios públicos han causado a la Patria. No se les dice que por una frivolidad de un rey como Alfonso VI, éste dejó el condado de Portugal a don Enrique de Borgoña, casado con su hija María Teresa, desmembrando y rompiendo la naciente labor que sus antepasados habían realizado con la expulsión de los árabes de España y yendo en contra de la naturaleza que, por leyes geográficas, había hecho una sola nación en toda la Península Ibérica. Otros reyes, también por no ocuparse de su alta misión y no defender el interés de su pueblo, abandonaron el gobierno del país en manos de favoritos que perdieron, esta vez para siempre, Portugal, sin darle a dicha catástrofe la menor importancia; al conde-duque de Olivares le afecta este reproche, y también a su monarca Felipe IV de Austria. Fue un error de los Reyes perder el imperio de América por el abandono en que lo tenían y que con otra política se pudieran aprovechar sus riquezas en beneficio de España. De la Historia conviene saber la verdad, para que estudiándola bien no se incurra en los mismos errores y abandonos debidos a la frivolidad de muchos monarcas que no sentían el amor y el interés debido por su pueblo.

»Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente».

En Ricardo de la Cierva, La Historia se confiesa, Planeta, 1976, tomo VI, págs. 106-108.
Apud Francisco Franco Salgado, Mis conversaciones privadas con Franco.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 enero, 2016 at 18:58

Discutiendo con Emilio Castelar acerca de la República

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Emilio Castelar es seudónimo de un contacto que tengo añadido a mi “facebook”. No recuerdo por qué razón ni desde cuando pero el caso es que lo tengo.

Emilio Castelar publicó en el suyo, el pasado día 14 de abril, un artículo de Javier Castro-Villacañas titulado Nosotros los republicanos. Este artículo puede leerse completo en los vínculos que añado al final pero, en resumen, don Javier viene a querer diferenciar en él el concepto de República, en abstracto, de la idea que tenemos la derecha española de la República inspirada por las dos que hemos padecido, partidistas, dogmáticas, disgregadoras y matacuras.

Como el artículo del señor Castro-Villacañas me pareció muy sensato y moderado así se lo hice saber a Emilio Castelar en comentario a su referencia, seguramente equivocándome algo en mi interpretación del artículo de Castro-Villacañas:

Te agradezco, Emilio, la referencia a este artículo tan sensato. Efectivamente, otra de las razones por las que la República es indeseable en España es la que se menciona aquí: por su adscripción, para la inmensa mayoría de los que se llaman republicanos, a “programas políticos partidistas e ideologizados”, concretamente, los de izquierda y, como también señala muy bien el artículo, los independentistas que no es que quieran la República por ella en sí sino como medio más fácil para destruir a España.

Un artículo muy honesto.

Como digo, ésta era una interpretación mía, quizá abusiva, quizá voluntariosa, de lo que había escrito el autor, razón por la cual Emilio Castelar contestó a mi comentario corrigiéndome con su interpretación y, a partir de ahí, en estos días, hemos sostenido un diálogo que, por creerlo de algún interés para la reflexión sosegada acerca de las formas de gobierno quiero reproducir aquí.

Me respondió, pues, Emilio Castelar:

Carlos, ese artículo lo ha escrito un republicano, y no es eso lo que dice, ni es esa su intención.

1º No dice, porque no es cierto, que la inmensa mayoría de los republicanos sean de izquierdas. La izquierda nostálgica de la II República es una porción minoritaria de los republicanos españoles, (que según las últimas encuestas son como mínimo el 45% de la población) aunque sean los que más se hacen oír.

2º No dice, porque tampoco es cierto, que los separatistas quieran una república como medio para destruir España. Dice expresamente lo contrario: “Estas personas se caracterizan porque no tienen el más mínimo interés por conseguir una república para España y sí su desaparición. Además, forman parte del ‘establishment’ nacionalista y, por tanto, son piezas integrantes de nuestro actual régimen político”. Es decir, los separatistas forman parte del régimen juancarlista.

3º Una república, objetivamente, no facilita más dicha tarea que una monarquía. En todo caso, a la vista de los últimos 35 años, podemos afirmar lo contrario. Es bajo el reinado de Juan Carlos I cuando se ha producido el mayor proceso de disolución nacional de nuestra historia. Es el régimen del 78 el que ha facilitado sobremanera a los separatistas alcanzar sus objetivos, que ya están a punto de culminar con la anunciada secesión, mientras el monarca y su gobierno miran para otro lado. Conviene recordar a este respecto que, por ejemplo, el gobierno republicano de Lerroux encarceló al gobierno autonómico catalán y suspendió la autonomía de esa región cuando Companys proclamó el “Estado catalán”.

4º Nunca podrá levantarse ningún régimen político contra media España, cualquier sistema político que haya en el futuro, será de todos o no será. Por eso mismo, la república será lo que quieran los españoles. ¿Y acaso crees que la mayoría de los españoles quieren volver a 1931?

A lo cual le respondí el 16 de abril:

Quizá no dice explícitamente la conclusión que extraigo pero, creo, es lo viene a decir.

1. Dado el desprestigio actual de la casa reinante, no me extraña ese porcentaje que señalas de republicanos según la encuestas. Sé perfectamente que la República es un sistema de gobierno más, con sus ventajas e inconvenientes, pero dudo muchísimo que un 45% de españoles la prefieran en abstracto y no a consecuencia del desprestigio del que te hablo de la monarquía actual. En cualquier caso para la mayoría (no para este señor) hablar de República en España es evocar a la II República: “los únicos que hasta ahora han monopolizado las propuestas para la construcción de un sistema no monárquico son en su mayoría fantasmas de un ayer imposible”.

2. Yo creo que sí lo dice: “También es cómodo ser republicano independentista catalán, vasco o gallego. Estas personas se caracterizan porque no tienen el más mínimo interés por conseguir una república para España y sí su desaparición”. Y, además, tiene razón. Y, además, tienen razón los independentistas: como me he cansado de repetir en mi blog, el único cemento que mantiene unidos a los pueblos españoles son la Monarquía en lo político y la religión católica en lo espiritual. Si no consideramos las cosas en abstracto tenemos que darnos cuenta de que una República española, antes o después, acarrearía la disgregación de España.

3. Me dices “Es bajo el reinado de Juan Carlos I cuando se ha producido el mayor proceso de disolución nacional de nuestra historia”. No lo creo cierto: ahí tienes a la I y II Repúblicas como ejemplos de disolución mucho mayores.

4.Y ¿acaso crees que los españoles de 1931 querían que sucediese lo que sucedió en 1931 y siguientes?

Ese mismo día me respondió Emilio Castelar:

1º Naturalmente, los españoles son accidentalistas en cuanto a las formas de Estado, cuando ven que un régimen político no funciona dejan de apoyarlo. En cuanto a que para la mayoría República = II República, eso ya no es así, pues de lo contrario, no habría crecido como la espuma el número de republicanos ni se habría desplomado el apoyo a la monarquía. Es una minoría menguante, situada en la derecha reaccionaria, la que cree que por el hecho de quitar al rey nos vamos a convertir en Cuba.

2º En España hay un único pueblo, el español, porque hay una única ciudadanía, la española; y por supuesto, una única nación. La monarquía es un elemento ceremonial que no une absolutamente nada, un nexo simbólico se rompe con enorme facilidad. La monarquía, para lo que sirve es para disimular el proceso de disgregación nacional, porque hay (o mejor dicho, ha habido) bastante gente ingenua que cree que por el hecho de tener una testa coronada la unidad nacional está a salvo. Conscientes de ello, los grandes partidos separatistas, CiU y PNV, no han cuestionado a la monarquía en estos 35 años. Antes al contrario, han defendido “el pacto con la corona”, pensando que España puede convertirse en una especie de Commonwealth en la que el rey sea el único elemento común entre varios Estados-taifa independientes. El rey también ha jugado a eso, creyendo que si es el único nexo de unión entre españoles, su figura será imprescindible. Se equivoca, si no hay unidad nacional, sobra la monarquía.

3º En la I República el cantonalismo fue derrotado por Salmerón, y sobre todo, por Castelar. La monarquía pudo volver en 1874 gracias al que la unidad y el orden habían sido restablecidos por los republicanos unitarios, tras el caos provocado por los federalistas. En la II República el separatismo catalán fue derrotado por Lerroux, que como he dicho antes, encarceló al gobierno de la generalidad y suspendió la autonomía catalana. Compara eso con los abrazos y sonrisas cómplices del rey a Artur Mas después de que éste anunciara su plebiscito separatista. Si a pesar de esa evidencia sigues diciendo que la 2ª república disolvió España y la monarquía juancarlista la mantiene unida, yo no tengo más que decir. Si no te convence la realidad, no te voy a convencer yo.

4º Gran parte de los españoles, sí. Algo menos de media España, la otra media desde luego que no.

También ese mismo día contesté:

Veo que dejamos de hablar del artículo y pasamos a discutir acerca de tu entusiasmo por la república como mejor sistema de gobierno. Vayamos a ello.

1. No tengo ninguna objeción que hacerte respecto a la volubilidad del pueblo español pues estoy de acuerdo contigo. Sin embargo me parece muy pobre argumento a la hora de preferir una cierta forma de gobierno y decidir cuál es mejor, en abstracto y en concreto para cada nación. En efecto: la principal virtud que tiene la Monarquía hereditaria para los que la consideramos la mejor forma de gobierno es que, al estar en cada momento meridianamente claro quién ha de ocupar el poder, está libre de la lucha por el mismo, luchas que, en tiempos más bárbaros, implicaban hambre, muertes y desolación y, en los nuestros, el espectáculo nauseabundo que presenciamos en nuestros días. Para eso, ya tenemos bastante con la democracia local, y las legislativas autonómicas y nacional. Y me parece muy pobre argumento porque es evidente que esta ventaja acarrea el inconveniente de que tenemos que aceptar que haya reyes buenos, malos y regulares. Esto de preferir la Monarquía en virtud de que el Monarca de turno nos caiga más o menos simpático es una aberración propia, como tú dices, de gente voluble que no alcanza a comprender por qué se debe de preferir una u otra.

No creo que quienes preferimos la Monarquía seamos esa minoría menguante, situada en la derecha reaccionaria, que pensemos que, sin rey, nos vamos a convertir en Cuba pero, ya que lo mencionas, nos tendrías qué explicar por qué es mejor la República que la Monarquía. La Gran Bretaña, Suecia, Holanda, Bélgica… son Monarquías (parlamentarias, sí, pero, al menos en lo formal, Monarquías) mientras que, sin necesidad de irte a Cuba, Venezuela, Argentina, Nicaragua… son Repúblicas. Quiero decir con ello: la forma de gobierno en sí no va a proporcionar a cada nación un mayor o menor grado de bienestar sino que ello va a depender más bien de la índole de ese pueblo.
Si esto es así, no entiendo por qué preferís que España renuncie a una institución propia, centenaria, con todos los defectos que tu quieras, pero que ha sido y es una seña de identidad propia suya, aunque hoy ande de capa caída.

2. La visión que me refieres de los independentistas la encuentro igualmente acertada. Lo que tú llamas una Commonwealth no es sino la imagen de nuestra Monarquía tradicional, bajo la que estaban los reinos de Castilla, Aragón, Valencia y Murcia y que se llevó por delante la revolución francesa, cambiándola por ese concepto ambiguo que tú ves tan claro del “pueblo español” y que, sin embargo, ni con Monarquía parlamentaria ni con República, lleva más de doscientos años sin acabar de cuajar.

Más, aunque no haya cuajado con la monarquía isabelina, insisto en que su papel simbólico, trasunto del que fue, es lo que mantiene cierta unión entre los pueblos de España que tú te niegas a reconocer. En efecto: un vasco, un catalán independentistas, si de verdad quieren a su tierra y a su historia no pueden dejar de reconocer los quinientos años que han vivido sus pueblos bajo la corona española (aunque hoy abominen de ella y la consideren esclavizadora; si de verdad aman a su historia no pueden renunciar del todo a ella sin algún desgarro). Por contra, ante una República, ¿qué argumento poner para mantener la unidad? Nos dirán los catalanes, nos dirán los vascos, y con razón, “para pertenecer a una república española preferimos pertenecer a una República catalana, vasca…” Y digo con razón: la monarquía tiene justificación histórica. La República española no deja de ser una construcción teórica que, para más inri, tiene los antecedentes que tiene en las dos que hemos padecido. Construcción teórica en el mejor de los casos y en el caso de personas bienintencionadas como creo que es el tuyo y es el del autor del artículo que ha dado motivo a este grato intercambio epistolar porque, en el resto de los casos, en la mayoría, aunque no lo quieras ver, la República en España no es un ente abstracto sino que se identifica, en la mayoría de los casos, con la II República. No tienes más que mirar en qué tipo de manifestaciones se aboga por ella y se enarbola su bandera, por cierto, tan extraña a nuestras costumbres y extravagante como la propia República en sí.

A pesar de todo lo dicho, no estoy en desacuerdo contigo en que el rey actual, como todo el resto de la dinastía isabelina, no ha estado a la altura de las circunstancias y ha complacido en exceso tanto con la izquierda como con el separatismo, si bien hay que comprender que la Constitución no le da mucho juego.

3. En lo que no estoy de acuerdo contigo es en el tercer punto. Eso de que en la I República “el cantonalismo fue derrotado por Salmerón, y sobre todo, por Castelar” (no lo digo personalmente por ellos) me suena a que fueron los bomberos los que apagaron el fuego que ellos mismos encendieron. El caso es que acabó con Pavía, Serrano y el pronunciamiento de Sagunto.

Igualmente ingenuo de toda ingenuidad me parece lo que me dices de que el separatismo catalán fue derrotado por Lerroux. Lo primero porque Lerroux nunca estuvo para derrotar nada y lo segundo porque es evidente que no lo derrotó como lo demuestra el hecho de la proclamación del Estat Català por Companys.

Encaminada la discusión por estos derroteros, me contesta Emilio Castelar el día 20:

1º Dices que en una monarquía está siempre claro quien ocupa “el poder”. Si nos creemos lo que cuenta la constitución del 78 y la práctica de las monarquías parlamentarias europeas, el rey no tiene poder alguno, es una institución ceremonial sin margen de decisión. Eso, en la teoría, no en la práctica española, que tiene una centenaria expresión, el “borboneo”, para referirse a la realidad política opuesta, que impera en nuestro país. En cualquier caso, no hay argumento más falso y fácilmente rebatible a la luz de la historia de cualquier monarquía, y de la española en concreto, que el de que por el hecho de ser hereditaria, se sabe siempre quién es el monarca y no hay luchas por el poder. Y lo más chocante de todo es que este argumento lo esgrima un tradicionalista, como si los llamados tradicionalistas no hubieran provocado tres guerras civiles en el siglo XIX para decidir quién tenía la legitimidad dinástica en España. La historia de una monarquía es la historia de sucesivas usurpaciones, guerras de sucesión y de conflictos dinásticos entre distintos aspirantes que se consideran con mejor derecho que el resto para heredar. Y todos se llaman a sí mismos “legitimistas”, cuando es muy difícil por no decir imposible saber con una mínima objetividad quien tiene algo tan borroso como es la “legitimidad dinástica”. ¿Que no hay luchas por el poder en una monarquía? Al margen de los conflictos entre distintas casas reales o entre diferentes ramas de una dinastía, particularmente entre hermanos, tenemos en España el clásico enfrentamiento entre padres e hijos por el trono; que es una constante histórica en los dos últimos siglos. Empieza con el golpe de Estado de Fernando VII contra su padre, seguido de las humillantes abdicaciones de Bayona, cuando María Luisa de Parma llega a pedirle a Napoleón que asesine al hijo que ella había traído al mundo, y éste solicita al emperador de los franceses que se convierta en su padre adoptivo. Fernando VII, que no dejará volver a España a sus padres hasta que mueran, lo mismo que hizo después Alfonso XII con su madre Isabel II; y finalmente tenemos a Juan Carlos I que aceptó ser rey en lugar de su padre y en contra de la voluntad de éste, saltándose las reglas sucesorias. Supongo que todo esto (por citar solo los ejemplos más inmediatos) no empaña tu argumento de que en la monarquía hereditaria no existen luchas de poder, ¿verdad? No hay régimen político ajeno a las luchas de poder; la diferencia entre una monarquía y una república democrática es que en aquélla las luchas de poder se dirimen mediante golpes de Estado y guerras civiles, y en ésta, se resuelven mediante elecciones periódicas, eso que tú llamas “espectáculo nauseabundo”. Desde luego, donde esté una buena guerra fratricida para poner y quitar reyes, que se quiten esas mariconadas de las campañas electorales y el sufragio universal.

Claro, es irrelevante quién ocupe la más alta magistratura del Estado. No importa que el monarca sea un traidor, un corrupto o un criminal, lo importante es que haya accedido al trono por derecho de sangre. Pensar otra cosa es una aberración propia del vulgo ignaro y voluble, que en su infinita necedad, quiere tener buenos gobernantes. ¿A quién se le ocurre semejante disparate de querer ser bien gobernados? A la plebe indocta, por supuesto. Verás, semejante petición de principio no puede ser aceptada más que por alguien que sea tan entusiasta de la monarquía como tú. En el siglo XXI, el juicio sobre la república puede disociarse de la persona que ocupa su presidencia en cada momento, pues a un mal presidente solo hay que aguantarle 4 u 8 años como mucho, y existen mecanismos constitucionales para deponerlo antes de concluir su mandato; en cambio, el juicio sobre la monarquía no puede disociarse sobre el titular de la corona, al no existir medios pacíficos y legales para destituirlo si no ejerce sus funciones adecuadamente. Pero efectivamente, esos son argumentos propios del populacho iletrado, que se empeña en su capricho de tener un jefe de Estado digno, y no es capaz de calibrar adecuadamente las grandes ventajas que aporta la monarquía sobre sus nimios inconvenientes. ¿El pequeño inconveniente de tener que tragar con reyes nefastos hasta que se mueran se compensa por la gran ventaja de tener que recurrir al golpe de Estado o a la guerra civil para dirimir las luchas de poder? Sí, me has convencido, la monarquía es una forma de Estado virtuosa donde las haya.

Tras el argumento históricamente falso, y el sociológicamente insostenible, llega el argumento falaz, consistente en comparar lo que no es comparable: monarquías de Europa occidental con repúblicas nominales de países subdesarrollados. El más mínimo rigor intelectual obliga a comparar el funcionamiento de las distintas formas de Estado en países económica, social y políticamente similares. Si pretendes confrontar las repúblicas de Cuba, Venezuela, Argentina o Nicaragua con alguna monarquía, hazlo con otros países del segundo o el tercer mundo que tengan esa forma de Estado, es decir, con monarquías cleptocráticas y cuasi-absolutistas como Marruecos, Tailandia, Swazilandia o Camboya. Y si quieres contrastar las monarquías de Reino Unido, Suecia, Holanda o Bélgica con alguna república, hazlo con repúblicas occidentales del mismo entorno, como Francia, Estados Unidos, Suiza o Finlandia. Ninguna forma de Estado proporciona bienestar, pero algunas sí pueden proporcionar malestar y desprestigio al país, como estamos viendo. La monarquía es tan seña de identidad de España como de todos esos países europeos que durante siglos fueron monarquías, y que llegado el momento, se sacudieron esa institución sin perder un ápice de su “esencia” nacional.

2º Es curioso y muy significativo que la existencia de varios pueblos en España te parezca un hecho indiscutible, y en cambio, la existencia del pueblo español te resulte dudosa y ambigua, un invento revolucionario que no ha cuajado. Un separatista (que no independentista) piensa exactamente lo mismo que tú sobre eso. Eso vuelve a confirmar lo que he dicho siempre, que la diferencia entre el carlismo y el separatismo es solo de matiz. No en vano, los padres del separatismo, empezando por los hermanos Arana, proceden del carlismo. La “monarquía tradicional” no fue más que la indiferencia de los Austrias hacia la articulación territorial de España, que hasta Felipe IV con el Conde Duque de Olivares ni se molestaron en plantear la unificación política de sus reinos peninsulares. Afortunadamente con Felipe V y los tan necesarios Decretos de Nueva Planta se acabó en buena medida ese sistema disparatado, injusto y arcaico, y España se convirtió en un Estado unitario moderno, como ha sido a partir de entonces.

Tu argumento sobre cómo la corona integra a los separatistas (al precio de desintegrar España) es conmovedor. Empiezas diciendo que si un separatista quiere a la historia de su terruño no pueden dejar de reconocer que han pertenecido “a la corona española”. ¿Cuándo le ha importado a un separatista la realidad histórica? Precisamente el nacionalismo antiespañol se basa en el absoluto desprecio a la verdad histórica, y la invención de una historia-ficción cuasi mitológica. Pero sobre todo, en ese argumento es significativo que hables de “los quinientos años que han vivido sus pueblos bajo la corona española”. Verás, Cataluña y Vascongadas no pertenecen a la “corona española” (a la corona han pertenecido Flandes, Nueva España, el Franco Condado, Nápoles, Filipinas…) sino sencillamente a España, que es una Nación que tiene una existencia propia e independiente de la corona, es más, la corona es desde hace dos siglos simplemente un elemento ornamental, una institución más que España puede decidir soberanamente conservar o no, según sus intereses y deseos, puesto que la Nación está por encima del régimen político que adopte en cada momento.

«Por contra, ante una República, ¿qué argumento poner para mantener la unidad? Nos dirán los catalanes, nos dirán los vascos, y con razón, “para pertenecer a una república española preferimos pertenecer a una República catalana, vasca…”».

O sea, según tú los separatistas, lo que quieren por encima de todo es vivir en una monarquía, aunque sea española, y si España se transforma en república, deja de interesarles. No es que odien a España y se quieran separar de ella, sino que aman a la monarquía sobre todas las cosas, España les trae sin cuidado y condicionan su existencia al mantenimiento del trono. Entonces no es que entre separatismo y carlismo haya una diferencia de matiz, es que son una y la misma cosa.

Los fracasos de las dos experiencias republicanas no condicionan lo que pueda ser la república en el futuro, como tampoco las vergüenzas y traiciones de los antepasados de Juan Carlos I en los últimos 200 años afectan a su reinado, o al de sus sucesores si llegasen a reinar: las traiciones a España de Juan Carlos I son independientes y no guardan relación con las de las de Carlos IV, Fernando VII, Isabel II o Alfonso XIII. Pero sobre “fracasos” debo resaltar que, aunque es cierto que las dos repúblicas españolas fracasaron, si llegaron es porque antes la monarquía había fracasado dos veces.

Insistes en confundir a los republicanos con los segundorrepublicanos o nostálgicos de la II República o del frente popular. Los que se manifiestan los 14 de abril con banderas tricolores pidiendo una “república popular, confederal y socialista” no son “los republicanos”, sino un grupo marginal que aprovecha la excusa de la república para reclamar un régimen totalitario imposible. Esos supuestos “republicanos” son los que se encargan de desprestigiar la república y amedrentar al pueblo español para que se agarre como un clavo ardiendo a la monarquía, y por ello, son los mayores aliados de la corona. Nadie con dos dedos de frente puede pensar de verdad que la mayoría de los republicanos españoles sean de esa calaña, teniendo en cuenta que según las encuestas republicanos somos casi media España. Si de verdad fuera así, créeme que lo notarías por las iglesias quemadas, monjas violadas, etc. Y por cierto, la tricolor, como he repetido hasta la saciedad, no es la bandera republicana, sino la de la Segunda República, aunque solo sea porque la Primera República conservó la rojigualda.

3º Castelar y Salmerón eran republicanos unitarios, no encendieron ningún fuego. El fuego lo encendieron los federalistas de Pi i Margall. La I República no fracasó por ser república, sino por pretender ser federal. Organización territorial ésta, que seguro que consideras mucho más acorde con la “monarquía tradicional”, que el “ominoso” unitarismo liberal, que pretende que los españoles somos una única nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley, ¡puaj! En cuanto a Lerroux, me parece que no comprendes bien la secuencia de los acontecimientos, que es la siguiente: 1º Companys proclama el Estado Catalán, 2º Companys y su gobierno son destituidos y encarcelados por Lerroux, 3º suspende la autonomía de Cataluña. Es decir, Lerroux derrota al nacionalismo porque aborta el intento separatista, castiga semejante traición a la patria e impide que pueda producirse de nuevo, al disolver las instituciones autonómicas. Que después el Frente Popular liberara a Companys, restituyera la Generalidad y le restableciera como presidente de la misma, eso ya no es culpa de Lerroux, que hizo lo que tenía que hacer cuando era presidente.

Ante semejante órdago, le contesté aquel mismo sábado:

Vamos a tener que emplear, con mucho gusto, parte de esta tarde sabatina a intentar responder a las muchas cuestiones que planteas en tu larga respuesta.

En primer lugar, quiero agradecerte el interés que me has prestado y hacer protesta inicial de que nada de lo que diga o haya dicho esté dictado por ninguna animadversión personal.

1. Es verdad lo que dices de la carencia de poder de las monarquías europeas de la actualidad. Yo mismo critiqué esto hace años señalando el sinsentido de que, significando la palabra monarquía “gobierno de uno sobre todos los demás”, en ellas pueden gobernar todos menos ese uno (En defensa de la monarquía española. Conceptos esparcidos, 2007). No obstante esto, no podemos dejar de considerar un hecho positivo el que la primera magistratura de la nación esté alejada de esa lucha partidista sin que la democracia, tan cara a vosotros, se resienta en nada pues, a mi modo de ver ya estamos lo suficientemente representados democráticamente en el municipio, en las Cortes regionales y en las Cortes nacionales.

Te refieres al tradicionalismo como causantes de tres guerras civiles en el siglo XIX y ves un contrasentido entre esto y mi aserto de que la Monarquía tiene la ventaja de que evita la lucha por el poder. Bien: precisamente las guerras carlistas, al menos en lo formal, se debieron a la ruptura de este principio hereditario con las idas y venidas de la Pragmática Sanción de Carlos IV en los últimos años del reinado de don Fernando VII que, por conocidos y por no extenderme no detallaré aquí. En todo caso, no habiendo ninguna institución humana perfecta, yo no he dicho que la monarquía hereditaria jamás pueda evitar este tipo de problemas. Lo que he dicho es que lo normal es que ella se vea libre de los inconvenientes que acarrea la lucha por el poder.

Por lo demás, la expresión “borboneo” no se refiere a esto, que es un hecho muy aislado y puntual, sino a la complacencia y transigencia de algunos borbones con lo que ni podían ni debían transigir como reyes. Y digo ALGUNOS: desde luego, a la dinastía carlista se la podrá acusar de muchas cosas pero no de “borbonear”: contra viento y marea y a costa de grandes sacrificios personales se ha mantenido y se mantiene fiel a los principios que nosotros creemos que son los de la monarquía tradicional española, los de las costumbres españolas y los de la naturaleza española.

Con respecto a Fernando VII, es cierto que durante su reinado tuvieron lugar acontecimientos muy penosos pero calificar los acontecimientos de Bayona como golpe de Estado me parece excesivo. En todo caso, tenemos que contextualizarlos: estamos hablando de una época revolucionaria en la que a su pariente Luis XVI le acababan de guillotinar los franceses. Es aventurado juzgar el reinado de Fernando VII sin considerar estos acontecimientos revolucionarios y los que les siguieron pero, en todo caso, y admitiéndote las faltas que este rey pudiera tener, ya llevo dicho que entra dentro de la naturaleza de las cosas el que haya reyes buenos, regulares y malos. Esto no nos dice nada a la hora de preferir uno u otro sistema de gobierno.

Si me dijeras que, sistemáticamente, todos los reyes españoles han sido nefastos para la nación y, al revés, todos los presidentes de República han sido benéficos para ella, te admitiría el argumento. Pero que me señales, en el curso de quinientos tal o cual falta es algo que no me demuestra nada.

Con respecto a que no dejó que volvieran a España sus padres y que lo mismo hizo Alfonso XII con Isabel II creo que es algo que, sencillamente, te inventas. Al menos yo no lo he leído en ninguna parte. Si he leído, en cambio que a Isabel II se le insistió reiteradamente en que volviera y ella jamás quiso hacerlo.

Abusas nuevamente de la historia cuando te refieres a Juan Carlos I y a su padre. Todos sabemos que la proclamación de don Juan Carlos es un hecho excepcional en unas circunstancias excepcionales y no entiendo por qué lo traes a colación cuando hablas de la legitimidad dinástica. De nuevo, nos perderíamos en mil divagaciones si insistiéramos en ello.

Resumiendo: efectivamente, todo esto que mencionas no empaña, a mi modo de ver el argumento “de que en la monarquía hereditaria no existen luchas de poder”. No es que no existan (tú has citado un ejemplo muy concreto en el tiempo) es que, lo normal es que no existan. En todo caso, su fundamento esencial es ése. El que tal o cual vez fracase no quita para que su fundamento esencial sea ése y esa sea la razón para preferirla.

A ti, por lo visto te encantan las campañas electorales. Yo estoy más que hastiado de ellas y como te digo, no veo que utilidad añadida puedes ver en que, una vez que hemos votado, por poner un ejemplo a don Mariano Rajoy como presidente del ejecutivo, votemos a doña Carmen Chacón para como presidenta de la República, fuera, como digo, del gusto que tenéis algunos por pasaros la vida votando y, lo que es peor, padeciendo campañas electorales que son verdaderos insultos para la inteligencia más corta.

Por otra parte (y, de nuevo, nos perderíamos en discusiones interminables) me dices que en la República democrática, por democrática, no hay golpes de Estado ni Guerras civiles. No quisiera abusar de las palabras como tú has hecho al referirte a los acontecimientos de La Granja, pero, en esta “república coronada” que padecemos, te recuerdo que hubo un atentado como el del 11-M que forzó una campaña electoral (no voy a llamarlo golpe de estado) y, tras él, una discordia civil promovida y alimentada por Zapatero sin venir más a cuento que a afirmar al PSOE como única alternativa de poder. ¡Cuántas energías no ha gastado inútilmente España en estas dos últimas legislaturas y que, en fin, no son otra cosa más que resultado de la lucha partidista por el poder!

Me dices, melodramatizando, “No importa que el monarca sea un traidor, un corrupto o un criminal, lo importante es que haya accedido al trono por derecho de sangre”. Pensar esto, sí, es cosa propia del vulgo ignaro, voluble y sometido a doscientos años de adoctrinamiento revolucionario. Bien se ve que desconoces absolutamente la esencia de nuestra monarquía tradicional. Precisamente, estoy realizando la edición digital de la obra del Padre Mariana, Del Rey y de la institución real de la que llevo publicados los dos primeros volúmenes que aquí te presento por si son de tu interés.

Por su lectura conocerás como los reyes de España y, antes, los de los reinos que la constituían, fuera de ser un tirano, un corrupto o un criminal, se le exigían prendas muy altas y, en cualquier caso, gobernar de acuerdo con las leyes y usos de la nación y, por supuesto, con el único fin del bienestar de la “república”, palabra, por cierto, que no se le cae de la boca, quiero decir, de la pluma, al Padre Mariana. Esa concepción tuya de la Monarquía española es una caricatura dibujada por la revolución francesa pero muy ajena a la realidad. Con todos los defectos, repito, que tienen las cosas humanas. Lo siento, sí: pienso que los republicanos “no sois capaces de calibrar adecuadamente las grandes ventajas que aporta la monarquía sobre sus nimios inconvenientes” aun y cuando no seáis populacho iletrado.

Comento rápidamente tu párrafo sobre las repúblicas sudamericanas. Sólo pretendía decirte que la forma de gobierno republicana no nos va a hacer, por arte de magia, ser “justos y benéficos”. Una eventual República española ¿a quién se parecería más? ¿A los EEUU o a Venezuela? ¿o a la Argentina? No lo sabemos.

2. La existencia del pueblo español como depositario de la soberanía nacional no es que me resulte dudosa. Es que me resulta un invento de las Cortes de Cádiz. Invento genial que fue la verdadera razón de las guerras carlistas a las que antes te referías y cuya equivocación llevamos padeciendo más de doscientos años. Aun no la hemos resuelto ni lleva visos de resolverse como puedes ver si contemplas a Cataluña o a las Provincias Vascongadas.

Me pregunto ¿Qué ha pasado en España durante estos doscientos años para que el pueblo vasco, cuyos gudaris se prepararon para librar a Fernando VII del cautiverio de Bayona haya degenerado en un nacionalismo del que, a su vez, ha nacido la ETA? ¿Qué para que una Cataluña que luchó por don Carlos como su rey legítimo, abomine hoy de la idea de España?

¿Te lo has preguntado tú? ¿No será que ese concepto de “pueblo español” definido por las cortes de Cádiz es falaz y se da de bruces con el verdadero pueblo español?

Las Cortes de Cádiz fueron una tomadura de pelo. La Constitución no se hizo con arreglo a nuestras leyes y costumbres sino que, antes bien, se nombró diputados a los que pasaban por allí, quiero decir, a los naturales de cada provincia que coyunturalmente estaban en Cádiz. Y eso con protesta de las provincias, ciudades y estados que constituían nuestras cortes tradicionales. Puedes verlo en el Manifiesto de los persas.

Tu idea de que la diferencia entre el carlismo y el separatismo es sólo de matiz me parece, sencillamente, grotesca. Antes bien, creo que la única forma de mantener la unidad de España es la monarquía de carácter carlista adaptada a los tiempos. Lo creo desde hace tiempo y hace meses tuve la grata sorpresa de ver a Artur Mas expresando algo parecido cuando ya había montado la gresca del referéndum: «Una las cuestiones fundamentales se refiere al futuro modelo “de Estado” de Cataluña, esto es, si en su relación con España, esa Cataluña independiente con la que sueña será una república o estará bajo la Corona. Mas, que públicamente no ha querido manifestarse al respecto, ha explicado a sus distintos interlocutores que, a fin de cuentas Cataluña podría seguir siendo una monarquía porque “el Príncipe Felipe es también Príncipe de Girona”».

Veo que en este segundo punto das un giro a tu aversión borbónica y te felicitas por los Decretos de Nueva Planta frente a la indolencia de los Austria ante “la articulación territorial de España”. También he tratado de esto en otro sitio: es cierto que las cosas no son inconmovibles. Es cierto que algún grado de unificación era necesario a la luz de la Ilustración para que España continuara desarrollándose como país moderno. Pero no es menos cierto que, tras las cortes de Cádiz, además de “unitario” y “moderno” acabó convirtiéndose en una jaula de grillos en la que estamos todavía, con República o con Monarquía. Como bien supo ver Fernando VII ante todo esto: “España es una botella de cerveza. Yo soy el tapón. El día que yo falte, la cerveza se derramará”. (Cito de memoria. Mesonero Romanos. Memorias de un setentón). Así fue.

Caricaturizas mi pensamiento cuando dices “O sea, según tú los separatistas, lo que quieren por encima de todo es vivir en una monarquía, aunque sea española, y si España se transforma en república, deja de interesarles. No es que odien a España y se quieran separar de ella, sino que aman a la monarquía sobre todas las cosas, España les trae sin cuidado y condicionan su existencia al mantenimiento del trono”. Me vuelvo a remitir, en este sentido, a las palabras que dijo don Artur Mas hace pocos meses y que te he citado más arriba.

No es que confunda a los republicanos con los “segundorrepublicanos”. Es que en España la República tiene esta connotación, esos antecedentes y es lo que por ella entiende la mayoría de la gente. El que existan, como tú, partidarios de una República abstracta e idílica no desmiente ese hecho.

3. Nada dije de que Castelar ni Salmerón encendieran ningún fuego. Dije lo contrario y, efectivamente, me refería como incendiario a Pi i Margall. En todo caso, la República. ¿La República federal? ¡¡¡Pues claro!!! ¿O es que tienes la candidez de pensar de que en España es posible la Unitaria? Me temo que tendrías que hablarlo con Mas, Urkullu, Carod-Rovira… a ver que les parece. Al fin y al cabo, “hablando se entiende la gente”, que diría don Juan Carlos, pero me parece que lo vas a tener bastante crudo. Y, me temo, del federalismo al cantonalismo, en España, hay un paso. Y del cantonalismo al ¡viva Cartagena! otro.

Lerroux: Bien, admitido. Muy bien por Lerroux. Ya conocemos de sobra como acabó la cosa. Antes me decías que si tenemos un rey malo hay que aguantar hasta que se muera (ya te he dicho que no es así; no debe de ser así en sana doctrina monárquica) y que a un presidente de República sólo tenemos que aguantarlo cuatro años. Perfecto. Pero pasan estas cosas con los presidentes de la república y sus ministros: viene uno de la CEDA e intenta mantener la Ley. Vienen, a los cuatro años los del Frente Popular y hacen justo lo contrario. Muy bien.

4. No quiero cansarte. Para acabar te dejo una cita de don Rafael Gambra:

«Y aquí, como en tantos momentos, surge la diferencia esencial entre la Monarquía tradicional y todos los demás regímenes de sello revolucionario, que son de opinión o de partido.

»La Monarquía, precisamente por estar vinculada al tiempo y a las generaciones, por situarse sobre los grupos e intereses y no deberles nada, procura apoyarse en las más viejas y estables instituciones y en las más nobles autonomías que, como ella misma, hunden su prestigio en la Historia. Sólo la Monarquía no entra en rivalidad con la sociedad, porque es, cabalmente, el único régimen social en el puro y profundo sentido de la palabra».

Al día siguiente, 21 de abril, me contesta Emilio Castelar:

Agradezco igualmente tu respuesta, y por supuesto, nunca he visto animadversión en tus comentarios hacia mi persona, como espero que tampoco hayas visto animadversión hacia ti en los míos.

1º Que la jefatura del Estado esté al margen de la lucha partidista significa que no pueden competir por alcanzarla, pero no quiere decir que el jefe del Estado sea algo así como una figura neutral. El monarca tiene intereses políticos propios, intereses partidistas, de que gobierne un partido u otro. La historia de la monarquía parlamentaria en España es la historia de cómo los reyes y reinas meten sus narices en asuntos de gobierno, y favorecen descaradamente a un partido sobre otro. Eso es el “borboneo”. Efectivamente, los carlistas no “borbonean”, porque en el régimen político que ellos defienden, el rey reina, gobierna, legisla y juzga. Por lo tanto, el rey carlista no se puede entremeter en asuntos de gobierno, porque el rey carlista es el gobierno.

¿Lo normal es que no haya usurpaciones, golpes de Estado y guerras civiles en una monarquía. Hombre, cuatro guerras por el trono en España solo en el siglo XIX, no está mal para ser algo excepcional, ¿eh? En cualquier caso, cuando se producen, siempre desangran al país (literalmente), las elecciones no. Lo que sucede es que la monarquía se basa en el presupuesto falso de que si el monarca es alguien definido según unas reglas sucesorias predeterminadas, nadie le va a disputar el trono ni va a haber luchas de poder. Al no prever medios pacíficos para resolver luchas de poder, hay que recurrir al golpe de Estado o a la guerra civil para decidir cuál de los pretendientes es el “heredero legítimo”.

Con el golpe de Estado de Fernando VII contra su padre, me refiero al Motín de Aranjuez, que obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo, no a las abdicaciones de Bayona, que obligó a Fernando VII a abdicar en su padre, que a su vez había abdicado en Napoleón. A Luis XVI no le “acababan de guillotinar”, le habían guillotinado 16 años antes, tiempo suficiente para asimilarlo. La peor parte de la Revolución Francesa transcurrió durante el reinado de Carlos IV sin mayores sobresaltos ni peligro para el trono de España. En 1808 la Revolución Francesa ya se había transformado en una monarquía absolutista disfrazada de luces. En cualquier caso, no hay Revolución Francesa capaz de justificar el comportamiento abyecto, miserable y traidor en grado superlativo de Carlos IV y Fernando VII. No se trata de buenos o malos reyes, sino de reyes extremadamente traidores a España, más acreedores del regicidio que cualquiera de los que han pasado por el cadalso. Por mucho menos de lo que hicieron ellos, Juan de Mariana hubiera aplaudido su ejecución.

No, no todos los reyes, “solamente” todos los reyes de los últimos 200 años con la relativa excepción de Alfonso XII. Semejante perseverancia en la traición a España, la cobardía, la corrupción y el puterío a lo largo de dos siglos creo que es un dato para tomar en consideración a la hora de elegir un sistema u otro. No lo es, en cambio, cómo fueron los presidentes del gobierno o de la república en las dos experiencias republicanas anteriores, en la medida en que todos ellos son de su padre y de su madre, cada uno de ellos tiene una procedencia, una formación y una forma de ser y de pensar completamente distinta a los demás, y completamente ajena a la personalidad y origen de los futuros mandatarios de una posible III República. Frente a eso, los Borbones son todos de la misma estirpe, una familia que ha transmitido los mismos “valores”, modos y maneras generación tras generación. De esta forma, es posible tener buenos reyes y malos reyes, que tras un buen rey, su sucesor salga rana. Sin embargo, es extremadamente difícil que el hijo de un rey cobarde, traidor y corrupto, se convierta en un futuro rey valiente, leal e íntegro. Los miembros de las familias reales hacen lo que ven hacer en casa, se pueden estropear, pero es muy difícil que se arreglen.

Pues sí, Fernando VII mantuvo en el exilio a Carlos IV y a María Luisa de Parma por una razón muy simple: para evitar que le disputaran el trono. Los padres del “deseado” se instalaron en Roma, donde murieron en 1819, y entonces sí, volvieron a España, a la cripta del Monasterio del Escorial, concretamente. En cuanto a Isabel II, regresó a Madrid en 1876, y estuvo estrechamente vigilada por Cánovas, quien la prohibió toda actividad política; pero se saltó a la torera tal prohibición y se puso a conspirar contra el régimen de su hijo, lo que le valió que fuera inmediatamente expulsada de España ya de forma definitiva. Los Borbones que mantienen a sus padres en el exilio es una tradición consolidada, también le fue exiliada María Cristina de Borbón (dos veces), durante el reinado de su hija. Y siempre la razón es la misma: para poner coto a las ambiciones de poder de los progenitores del monarca. Es decir, que eso de que Alfonso XII quería que volviese Isabel II pero ella no, ni es cierto, ni tiene el más mínimo sentido. Hablo de Juan Carlos I aceptando ser rey contra la voluntad de su padre no por la cuestión de la legitimidad dinástica, sino como un ejemplo más que ilustra las luchas de poder que se libran en una monarquía (la española concretamente) entre padres e hijos. Padres e hijos enfrentados por el trono, esa es la constante histórica en los últimos 200 años, sin prejuicio de los enfrentamientos entre tío y sobrina, primo y prima, sobrino y tía, etc., que supusieron tres guerras civiles en el XIX.

A mí no me gustan las campañas electorales, me gusta que haya elecciones (lo que supone que hay campañas electorales), que es distinto. Pero no te confundas, yo no voto, soy abstencionista. No voto porque el régimen del 78 no es una verdadera democracia, sino una partitocracia, y de hecho, ni siquiera se puede decir que haya verdaderas elecciones, sino simples votaciones. En cuanto a elegir a Rajoy como presidente del gobierno y a Chacón como presidente de la república… Para empezar, todo cambio de régimen supone reconocer el fracaso del régimen anterior y de su élite dirigente, lo que implica una renovación total de la clase política. De modo que Rajoy y Chacón no podrían nunca aspirar a ocupar semejantes puestos en una futura III República. Y para continuar, en la república que yo defiendo, esa situación no sería posible, pues el jefe del Estado y el de gobierno serían el mismo cargo y la misma persona, como en EEUU, es decir, sería una república presidencialista.

No tengo problema en llamar golpe de Estado al 11-M. ¿Pero qué tiene eso que ver con la democracia? ¿Acaso la “democracia” es la causa del 11-M? ¿Acaso es frecuente en las “democracias” occidentales que haya masacres para cambiar gobiernos? En cuanto al zapaterismo y a la discordia que sembró, ese es un error típico de la derecha, llamar causa a lo que es consecuencia. ZP no es el causante del enfrentamiento civil, sino la consecuencia del cainismo político que se ha venido insuflando a los españoles desde la transición, esa etapa que la propaganda oficial identifica con la reconciliación, cuando es exactamente al revés. La misma raíz histórica tienen los escraches, tomas del Congreso, etc.

Tengo muy leído al Padre Mariana, y en concreto, ese tratado. Me resulta curioso que lo cites tú, porque si algo se puede decir de él es que fue un proto-liberal, no precisamente un proto-tradicionalista. En cualquier caso, lo que no puedes pretender es hacer pasar un tratado de filosofía política sobre las virtudes del príncipe y el origen de la soberanía como si fuera un manual de historia que contiene la descripción exacta de lo que era la “monarquía tradicional” en España a finales del siglo XVI. Debes distinguir lo que es la “sana doctrina monárquica”, de la realidad política e histórica de una monarquía concreta. Y en nuestro caso, la realidad histórica no se parece en nada a las loables pretensiones del Padre Mariana. En la “monarquía tradicional” el rey sólo estaba limitado por esas “prendas” allí donde había fueros e instituciones muy celosas de sus privilegios, que el rey respetaba escrupulosamente, librándoles de la penosa tarea de pagar impuestos. Pero no así en Castilla, donde gobernaba autoritariamente, con unas Cortes completamente sometidas, que permitían a los monarcas depredar la riqueza castellana hasta terminar convirtiéndola en un erial. Por eso, la llegada de Felipe V y los Decretos de Nueva Planta (que acabaron con eso que tú llamas “monarquía tradicional”, salvo en Navarra y Vascongadas) fue una bendición, un acto de justicia entre los distintos territorios de España, pues ya no sería Castilla sola quien costease el imperio a costa de arruinarse. Y yo no tengo aversión hacia los Borbones, los tres primeros fueron muy beneficiosos para España, son Carlos IV y siguientes a quienes tengo por traidores a España.

2º También es curioso que después de citar al Padre Mariana, vengas a echar pestes de las Cortes de Cádiz, pues la filosofía de ese insigne jesuita estuvo olvidada durante dos siglos, hasta que las por ti tan odiadas Cortes de Cádiz, rescataron su doctrina sobre la soberanía popular, que venía como un guante al momento histórico. Dices “aun no la hemos resuelto ni lleva visos de resolverse como puedes ver si contemplas a Cataluña o a las Provincias Vascongadas”. O sea, que como en 1812 nuestra primera Constitución proclamó que el sujeto de soberanía es la Nación Española, la consecuencia es que, 200 años después Cataluña y Vascongadas están a punto de separarse. Non sequitur. El nacionalismo antiespañol no aparece hasta el último cuarto del XIX, y sólo a partir del desastre del 98 empieza a ser algo mínimamente significativo, con todo, jamás es una ideología de masas capaz de poner en peligro la unidad de España hasta la II República, y sobre todo, hasta la monarquía juancarlista, que es cuando el separatismo se convierte en hegemónico, no sólo en esas dos regiones, sino que se extiende al resto de España y consigue una influencia decisiva en Madrid. ¿Me quieres decir que todo eso es culpa de las Cortes de Cádiz, que manifiestan sus “perversos efectos” con entre un siglo y dos de retraso? ¿O que eso es consecuencia de un principio de soberanía que ha sido adoptado por casi todos los países europeos? Francia, cuna de la doctrina de la soberanía nacional, también tiene vascos y catalanes (además de corsos, bretones, aquitanos, normandos, etc.) y sin embargo, no tiene ningún problema de unidad nacional, que es incuestionada. ¿Por qué? Porque la Revolución Francesa arrasó con los privilegios locales, y “hechos diferenciales” de los “pueblos” de Francia, eliminando hasta el mapa regional histórico. En cambio, España fue extremadamente respetuosa con ellos, y el resultado salta a la vista.

La Constitución de 1812 se puede ver como una “actualización” de las leyes históricas de España (así la entendió Martínez Marina) o como una ruptura de las mismas. Pues bien, si es esto último, y yo así lo creo, no es motivo para descalificarla. Una Constitución es algo que España no había tenido jamás y por definición no se podía redactar “con arreglo a nuestras leyes y costumbres”. Respetar algo tan vaporoso y discutible en su contenido como “las leyes tradicionales” era algo además imposible en un momento histórico como ese. Es curioso, para ti el ajusticiamiento de Luis XVI tres lustros antes justifica las humillantes y viles Abdicaciones de Bayona, en cambio, la invasión napoleónica y el confinamiento de los diputados en la Isla de León no justifica que osaran hacer una Constitución en contra de las “leyes y costumbres”.

Dices que mi idea sobre la evidente afinidad entre carlismo y separatismo es grotesca, pero a continuación sostienes que la única forma de mantener la unidad de España es la monarquía carlista adaptada a los tiempos, y que la mejor prueba de ello es que hace meses tuviste «la grata sorpresa de ver a Artur Mas expresando algo parecido cuando ya había montado la gresca del referéndum (…) que Cataluña podría seguir siendo una monarquía porque “el Príncipe Felipe es también Príncipe de Girona”». Es curioso, ese mismo hecho para mí es una demostración del carácter antinacional de la monarquía juancarlista, para ti demuestra que solo la monarquía puede mantener la unidad de España. En realidad lo que sucede es que todo este tiempo tú y yo hemos estado hablando de cosas radicalmente distintas cuando utilizamos la expresión “unidad de España”. Para ti, la “unidad de España” consiste en que nuestra nación se fracture en múltiples estaditos (pretendiendo que sean continuadores de los difuntos reinos medievales) ajenos entre sí, y que lo único que tengan en común es el nexo simbólico de la corona. Es decir, para ti, la “unidad de España” empieza y termina en la persona del rey. Por el contrario, la unidad de España para mí consiste una unidad política, jurídica y social de todos los españoles. Unidad política, porque España es un único Estado, una única nación, un único pueblo soberano y una única ciudadanía, unidad que existe y se mantiene al margen de cualquier régimen político; unidad jurídica, que se concreta en la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles, regidos por las mismas leyes y las mismas instituciones; y unidad social, que se consiste en la cohesión nacional y en la solidaridad entre españoles.

Eso y no otra cosa es la unidad nacional. Y ni yo, ni la mayoría de los españoles de este siglo estamos dispuestos a admitir que la unidad de España consista en que el rey de lo que quede de España sea también jefe de Estado de una Cataluña independiente. Un pueblo digno no puede tolerar esa situación. Si España se desmiembra, con toda lógica, el rey tendrá que marcharse inmediatamente al exilio, porque no puede pretender seguir diciendo que él es el “símbolo de la unidad y permanencia del Estado”, cuando esa unidad ya ha desaparecido. Y desde luego, mucho menos aún, puede pretender ser rey de los distintos Estados en que se haya dividido España. Si consigue ser monarca de una Cataluña independiente, lo que desde luego no podrá aspirar es a seguir siendo rey de lo que quede de España. El pueblo español todavía tiene algo de dignidad y jamás toleraría semejante afrenta, que tú tanto aplaudes.

3º Insisto, si son ciertas todas las encuestas y casi media España es republicana, eso quiere decir que la identificación de república con la II República ya no es mayoritaria, sino que sólo se mantiene entre la derecha reaccionaria y entre la izquierda totalitaria, ambos, sectores minoritarios de la sociedad española.

La República solo podrá ser lo que quieran los españoles, y no lo que quieran los oligarcas del régimen del 78, y menos aún la facción separatista que no suma ni el 10% de los votos. Y resulta que, según las encuestas, hay ya una mayoría de los españoles que quieren dar marcha atrás al Estado autonómico o suprimirlo directamente. Si la Cadena SER llega a reconocer estos porcentajes, no hay que tener mucha imaginación para deducir que en realidad el porcentaje de españoles hastiados del Estado autonómico es mucho mayor. En España no sólo es posible la república unitaria, sino que no es posible la un Estado federal. Como ya recordaron Ortega y Unamuno durante la II República, “federar significa unir lo que está separado”, para poder federar primero tiene que haber varios Estados independientes que pacten unirse. En España hay un único Estado, para poder convertirlo en federal habría que romperlo en mil pedazos y después intentar pegar sus trozos, que es lo que hicieron los federalistas en la I República (lo de romper en mil pedazos España, volverla a pegar es lo que hicieron los unitarios).

El caso lamentable de la II República no se puede poner como ejemplo de lo que sucedería si quitásemos al rey. Aquel era un régimen muy excepcional en unas circunstancias históricas muy excepcionales y con una clase política que desde luego no se volverá a repetir, empezando porque hoy el partido principal de la izquierda no considera que la república sea una parada técnica para llegar a la dictadura del proletariado, ni estamos viviendo el ascenso de los totalitarismos en Europa, ni el pueblo español está ideológicamente polarizado… Sea lo que sea la 3ª República, lo que es seguro es que no se parecerá a la 2ª, porque las circunstancias actuales son radicalmente distintas a las de los años 30.

Es evidente que Emilio Castelar hilvana bien el discurso y sus argumentos no son en absoluto desdeñables, si bien en ellos tiende a prescindir del debate teórico para centrar su atención en los defectos, supuestos o reales, de algunos reyes. Continué, pues, respondiéndole:

Evidentemente, tanto tú como yo estamos hablando de las cosas como deberían ser y no de como son. Es claro que en la monarquía española, con seiscientos años de existencia, tiene que haber habido episodios lamentables y rechazables. Tú te cebas en la dinastía cristina de los últimos doscientos años que, ciertamente, nos ha brindado episodios muy penosos, y en la figura de don Fernando VII que es algo así como el pim pam pum de tirios y troyanos, prescindiendo del hecho de que a esta dinastía (que, dicho sea de paso, tampoco cuenta con mis simpatías) le tocó lidiar con la revolución. Y cuando digo revolución no entiendas, por favor, el lapso de dieciséis años que median entre el asesinato de Luis XVI y los sucesos de Aranjuez (a ellos me refería, disculpa si dije Bayona) sino al proceso que comienza la Ilustración en terreno de las ideas, lo desencadena la Revolución francesa y continúa hasta nuestros días. En resumen, un proceso que, imbuido de la creencia de que la religión católica y le monarquía tradicional aherrojaban al ser humano, eliminándolas, se iba a construir un mundo mejor en el que todos íbamos a ser más felices. Es indudable que esta revolución, acompañada de la científica y tecnológica, nos ha dado un gran bienestar material como no ha conocido la nunca la Humanidad. Mi pregunta es si realmente esto ha conseguido una humanidad más feliz.

Mi tesis es que no y que, sin renunciar a lo bueno que esta revolución haya aportado al ser humano, abominar de lo bueno que tiene lo antiguo, de lo mucho de bueno que tiene nuestro pasado, es un error garrafal. Primero porque tenía muchas cosas buenas en el ámbito de lo moral, de lo político, de lo filosófico, cosas que hoy, o hemos olvidado o las miramos con sorna como antiguallas. Y segundo porque, con todo lo bueno y lo malo que haya tenido, es nuestro pasado y abominar de él o, simplemente, querer cambiarlo en lo que no hay más necesidad que, por ejemplo, tu construcción hipotética de una república seráfica, es matar nuestro espíritu. Al menos, matarlo en gran parte. En grandísima parte.

Así, la monarquía, independientemente de las razones filosóficas que haya y las hay para preferirla como mejor sistema de gobierno, en el caso de España es innegable que tiene un arraigo de mil quinientos años, si me permites que empiece a contar desde la visigoda. Es, pues, un patrimonio nuestro: de todos los españoles y renunciar a ella me parece una desidia y una auténtica pena.

Esto lo entendieron muy bien los ingleses en su revolición. La lástima es que España tomara como modelo de la suya a la Revolución francesa en vez de a la inglesa.

No entraré a discutir los muchos datos que presentas con respecto a los Borbones desde Carlos IV por dos motivos. 1. Porque tienes razón en bastantes de ellos (no en todos) y, 2. Porque lo que estoy discutiendo es la teoría: la preferencia teórica de uno u otro sistema de gobierno. Por esta razón yo no he utilizado como argumentos los muchos que podía haber utilizado refiriéndome a las dos únicas repúblicas españolas existentes hasta la fecha.

Yo no sé si existe la verdadera democracia o si esta degenera, inevitablemente, en partitocracia más o menos nefasta en función del genio particular de cada nación. Quizá en la esfera de las ideas exista y quizá en unos, muy pocos países EEUU funcione medianamente bien, pero esto de decir que “un cambio de régimen implica una renovación total de la clase política” me parece de una candidez conmovedora. Por dos motivos: 1. Porque no siempre es así (vide II República) y, 2. Porque me parece muy cándido distinguir entre clase dirigente y pueblo en general del que ella nace. No sé: tendrías que explicarme de donde te vas a sacar ese elenco de padres de la patria buenos y benéficos y donde vas a meter a los actuales. Mira: si me garantizaras que en una hipotética República no iba a haber Zapateros, Bibianas Aído, Marías Teresas F. de la Vega, etc, a lo mejor hasta yo mismo me hacía republicano. Pero comprende, amigo mío, que esto es confundir el deseo con la realidad de las cosas. Es claro que es muy fácil imaginar un sistema perfecto. Enfrentarlo a la realidad es otra cosa.

Te puse el ejemplo de Zapatero como muestra del desgaste inútil y miserable de las energías de la nación en beneficio partidista. Sin echarle toda la culpa a Zapatero, el ejemplo me parece de libro y me da lo mismo que sea causa o consecuencia. Es ejemplo de cómo una nación dilapida sus mayores energías en beneficio de la lucha de partidos.

Como llevo diciéndote hasta la saciedad, no confundo el fundamento filosófico de la Monarquía con su realidad histórica. Lo que te digo es que este fundamento filosófico me hace preferirla como mejor forma de gobierno, en general y, añadidas las razones anteriores, para España en particular. ¿Tendré que repetirte una vez más que admito los errores que los monarcas hayan tenido a lo largo de la historia? Si Mariana escribió ese tratado es, precisamente, por eso: para advertir al príncipe de esos errores y de lo que debe de ser realmente la Monarquía.

Cortes las hubo en todos los reinos españoles, incluido Castilla, si bien es cierto que languidecieron durante los últimos reinados de los Austria. A estas Cortes acudían los reyes a pedir dinero a las ciudades que tenían voto en ellas y ellas se lo daban o no se lo daban. Me gustaría que me pusieras un ejemplo de “depredación de la riqueza castellana” por parte del antojo tiránico de algún rey.

Ni odio ni dejo de odiar a las Cortes de Cádiz. Simplemente critico el papanatismo con el que se las contempla en nuestros días. Me aceptarás, espero, que fue un atropello el que unos señores a quienes no había elegido nadie:

«los más de los que se decían representantes de las Provincias habían asistido al Congreso sin poder especial ni general de ellas; por consiguiente, no habían merecido la confianza del Pueblo a cuyo nombre hablaban, pues sólo se formaron en Cádiz unas listas o padrones (no exactos) de los de aquel domicilio y emigrados que casualmente o por premeditación se hallaban en aquel puerto, y según la Provincia a que pertenecían, los fueron sacando para Diputados de Cortes por ellas. En los representantes de América aun hubo mayores defectos, porque hubo Diputados de Provincias sublevadas y rebeldes a la obediencia de V. M., y que sostenían su rebelión, aspirando a la independencia con las noticias que salían de los decretos del Congreso, y sin tener censo de población de las Américas, continuaron siendo Diputados los suplentes (que al pronto se eligieron de los americanos que casualmente existían en Cádiz), aun después de haber venido los apoderados electos por las mismas Provincias ultramarinas». Manifiesto de los Persas.

se dedicaran a redactar una Constitución cuando estaban rodeados por el ejército napoleónico y aislados del resto de la nación. Tu odiado tan fácil de odiar Fernando VII, frente a esto, dirigió desde Bayona un decreto al Consejo Real diciéndole que “era su soberana voluntad que se convocasen las Cortes en el paraje más expedito” (ib).

Extraño “rescate de la soberanía popular”.

Es verdad que entre estas cortes y la aparición de los nacionalismos primero y de los separatismos después, transcurrieron cien y ciento cincuenta años respectivamente. Pero el inicio de la discordia estuvo allí: en Cádiz. Sí: su “efecto perverso se manifestó con ese siglo de retraso”.

La cuestión que me planteas sobre las nacionalidades francesas es enjundiosa, no puedo negarlo. En este sentido vuelvo a mi reflexión anterior con respecto a las bondades y defectos de la revolución política, religiosa, científica y tecnológica: tiene sus defectos y tiene sus virtudes. ¿Qué preferir, un sistema que uniformiza u otro que respeta la diversidad?

Es más cómodo el primero, no te lo niego, pero algo mata en el alma de los pueblos y, en cualquier caso, las cosas son como son y en España las fuerzas centrífugas son muy grandes. Que la dinastía cristina no ha podido contrarrestarlas: cierto. ¿Que la España liberal no ha podido resolver este problema?: cierto también.

Pero tampoco pudieron hacerlo ninguna de las dos repúblicas.

Quizá, pienso yo, el quid de la cuestión radique en lo que vengo diciendo: España es obra de la Monarquía tradicional y de la religión católica. Destruye a éstas y, no digo que destruyas a España, pero lo que obtengas será una España a la que no va a reconocer “ni la madre que la parió” que diría un ilustre pensador contemporáneo. Por cierto, republicano.

Quizá, pienso yo, una monarquía de carácter carlista, adaptada a los tiempos, fuera la solución, si es que esto tiene solución. Te preguntaba en mi anterior misiva qué ha pasado en España para que, en el lapso de doscientos años, el pueblo vasco, que formó guerrillas para liberar a su rey, Fernando VII del secuestro de Bayona, haya llegado a abominar de España hasta el punto de nacer la ETA de él. A este respecto he tenido la satisfacción de encontrar hoy en el Facebook de don Sixto Enrique de Borbón la siguiente noticia que se refiere a la retirada, por parte de la izquierda abertzale, del nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza por el hecho de haber sido carlista. Con ese motivo, el concejal don Silvestre Zubitur les dijo a estas bestias:

«¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

»¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

»¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

»¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

»¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

»Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:

»¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?

»Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas

»Pero hay más,

»¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

»¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

[…]

»¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

»¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?

»O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

»Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

»Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

»Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

»Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan».

Sí: tu idea de identificar carlismo y separatismo es, perdóname, grotesca. Antes bien, el separatismo nace tras la desaparición de la Monarquía tradicional y a consecuencia de ello. Lo que se identifica con el carlismo es la libertad de los distintos pueblos de España que la conformaban armónicamente en el seno de esa Monarquía tradicional. Desaparecida ésta, desaparecido ese pacto implícito centenario ¿qué de extraño tiene que haya nacido, primero un nacionalismo hostil hacia todo lo que signifique España y, después, un separatismo que ha llegado, muchas veces, en Vascongadas y en Cataluña, hasta el terrorismo y el asesinato?

Y, esto ¿lo va a resolver una república unitaria, federal, cuasifederal o pluscuamperfectamente federal? Lo dudo. Como dudo de que pueda resolverlo la España liberal, si bien la España liberal monárquica tiene ese último recurso espiritual, litúrgico si quieres, que es la Monarquía y que, si bien no va a convencer a las bestias de Bildu, sí puede hacer alguna mella en los nacionalistas que honestamente lo son porque lo son por amor a su tierra. Así lo insinuó el señor Mas en el vínculo que te mandé y así vino a insinuarlo el lendakari Ibarretxe cuando presentó ante el Parlamento español su proyecto de nuevo estatuto. Todo esto te lo digo sin ignorar lo mucho que tiene y ha tenido de desleal e interesado el comportamiento de estos nacionalismos “moderados”.

Efectivamente, amigo mío: tienes razón cuando dices que tú y yo hablamos de cosas distintas cuando hablamos de la unidad de España. Y también hablan de cosas distintas los nacionalistas y los separatistas y los terroristas cuando hablan de España.

Como hombre instruido que eres conocerás de sobra que el concepto de España es tan apasionante como difícil de aprehender.

Para mí, nace de una singularidad geográfica que reconocen las civilizaciones de la Antigüedad y le dan un nombre que abarca a la diversidad de tribus que describe Estrabón en su II libro de La Geografía. Tribus que vaya usted a saber si reconocían alguna comunión remota entre ellas (seguramente no; seguramente los astures no tenían ni la más remota idea de la existencia de los tartesos) pero, de reconocerla, sería eso: remota. La unidad no era “vista desde dentro” sino “desde fuera”.

A la civilización nos trajo la conquista romana y, desde entonces (y hasta la malhadada introducción de la revolución liberal) España ha sido uno de los bastiones más grandes de esta romanidad primero y, después, de su continuidad en el catolicismo.

Hito fundamental es en esto la Reconquista que no es sino el intento, más o menos consciente, de volver a esa romanidad de la que nos separó la invasión musulmana.

Y esto se hizo con la dirección política de la monarquía y con la dirección espiritual de la Iglesia católica. Renunciar a cualquiera de ellas es desespiritualizar a España, es enervarla, es mixtificarla, es falsearla. Y, si falseamos el concepto de España, por muy buena intención que tengamos al hacerlo, difícilmente vamos a resolver en su raíz los problemas que nos aquejan.

Soy, no obstante, a fuer de carlista, optimista. Me inspiran para ello las palabras de don Carlos VII:

«Nuestra monarquía es superior a las personas. El Rey no muere.

»Si muero sin conseguirlo, no olvidéis vosotros que esa es la meta, y que para tocarla es indispensable sacudir más allá de nuestras fronteras las instituciones importadas de países que no sienten, ni razonan, ni quieren como nosotros, y restaurar las instituciones tradicionales de nuestra Historia, sin las cuales el cuerpo de la nación es cuerpo sin alma.

»Respecto a los procedimientos y las formas, a todo lo que es contingente y externo, las circunstancias y las exigencias de la época indicarán las modificaciones necesarias, pero sin poner mano en los principios esenciales.

»El mismo sagrado compromiso hubiera contraído en cada una de las regiones de la Patria española, una e indivisible, según ofrecí a Cataluña, Aragón y Valencia, si materialmente me hubiera sido posible. De esta suerte, identificados y confundidos en todos los españoles, dignos de este nombre, su deber de vasallos leales con su dignidad de ciudadanos libres, compenetrados en mí la potestad Real y el alto magisterio de primer custodio de las libertades patrias he podido creer, y puedo afirmar con toda verdad, que donde quiera que me hallase, llevaba conmigo la Covadonga de la España moderna.

»Y aún así, si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás.

»Dios, que le ha designado para sucederme [don Jaime], le dará las luces y las fuerzas necesarias para capitanearos. No necesito recordarle que si en vosotros, los carlistas de siempre, hallará a una especie de aristocracia moral, todos los españoles, por el hecho de serlo, tienen derecho a su solicitud y a su cariño. Nunca me decidí a considerar como enemigo a ningún hijo de la tierra española».

Efectivamente: el Rey no muere. Aunque el afán de novedad o la ingenuidad filosófica de algunos os hagan convertir a España en una República, sabed que el Rey no muere y que en las almas de muchos se mantendrán estas ideas sublimes a través de los siglos. Llámalo sebastianismo si quieres pero el hecho es que de los presidentes de la República francesa hoy no se acuerda ni la madre que les trajo al mundo. En cambio, hoy, doscientos y pico años después, los legitimistas franceses rezan cada año por el rey Luis XVI.

Se va haciendo larga esta respuesta. Permíteme que pase de puntillas sobre la encuesta de la Cadena SER. Te molestó, y lo lamento, mi expresión “populacho” al comienzo de este intercambio. Bien, la retiro: demasiadas veces me pierde el exceso verbal. Sólo decirte que con todo lo que está pasando ¿cómo nos va a extrañar que el noble pueblo español, más preocupado por ver como la gente se tira del trampolín que dijo Pedro J ayer en su homilía dominical se fije en ello y, prescindiendo de todas estas reflexiones tan largas, muestre su desapego por la monarquía? Pero esto, amigo mío, se soluciona con dos telediarios. Por eso hablé de “populacho”.

En fin: al atreverme a publicar aquí este largo intercambio de ideas ni quiero ni dejo de querer tener más ni mejor razón que Emilio Castelar. Mi intención al hacerlo no es sino dar algún motivo de reflexión, de meditación, acerca de este asunto más allá de la simplicidad con la que se le contempla a la luz de los hechos históricos concretos de nuestro pasado reciente. Por ello, doy las gracias a Emilio Castelar por haberse  esforzado en hacernos comprender la distancia entre el concepto abstracto de República y la experiencia que de ella tenemos los españoles. Como dijo Prieto desde su destierro mejicano refiriéndose a José Antonio (y vuelvo a citar de memoria porque, con todo lo que llevo escrito esta mañana no me apetece buscar el volumen perdido por alguna estantería): «muchas veces hemos sentido una cercanía espiritual en aquéllos que llamábamos nuestros enemigos y, al revés, muchas veces, también, nos hemos sentido extraños al lado de aquéllos a los que llamábamos aliados nuestros».

Vínculos:

Facebook de Emilio Castelar. Aquí se halla la discusión completa en “tiempo real” que aquí publico sin más modificaciones que las de los errores ortográficos.
Mas ve una Cataluña independiente pero monárquica. vozpopuli.
Un hombre en pie: pensamiento de un carlista de Leiza. El Brigante.
Encuesta de la Cadena SER.
Del rey y de la institución real. Libro primero. Conceptos Esparcidos.
Del rey y de la institución real. Libro segundo. Conceptos Esparcidos.
Manifiesto de los Persas. Conceptos Esparcidos.
En defensa de la  monarquía española. Conceptos Esparcidos.

Anexo:

La opinión de Hans-Herman Hoppe. Libertad Digital. Hans-Herman Hoppe es un economista que se acerca a esta cuestión desde el punto de vista meramente técnico, sin a priorismos ideológicos. Preguntado acerca de que sistema es peor, si la democracia o la monarquía, responde:

Empezaré definiendo el Estado como una institución que tiene máximo poder de decisión y gestiona un territorio de forma monopólica. Las monarquías y la democracia son formas de gestionar ese Estado. Ambas son instituciones peligrosas y, por lo tanto, no hablo de encontrar una buena solución sino de encontrar la menos mala. En ese sentido, detecto una cierta superioridad de las antiguas monarquías en la medida en que el Rey considera el Estado como su propiedad privada. Esto le llevará a pensar más en el largo plazo y a intentar preservar el valor de su capital, de ese Estado que, en cierta medida, es suyo.

En la democracia, el cuidado de esa propiedad por parte de un gobierno es de una legislatura, quizá dos o tres, pero no hablamos de una propiedad que permanece en las manos de los gestores durante toda la vida. Por eso, mientras que el monarca tiende a conservar su capital, el gobernante en democracia se orienta a consumir ese capital mientras ostenta el poder.

Hay otra ventaja de la antigua monarquía sobre la democracia, y es que en el primero de estos dos sistemas se llega al poder "por accidente", pero en el segundo se llega mediante la competencia electoral. La competencia en sí es un mecanismo de eficiencia, no es buena ni mala en sí misma. Si se compite para producir bienes y servicios, esa eficiencia es buena, pero si se compite por hacer algo malo, esa eficiencia es peligrosa. En la democracia, la competencia por el poder de fijar impuestos y de ordenar leyes consigue que lleguen al poder quienes son más eficientes haciendo algo que, en esencia, es malo.

Lo que, creo, viene a ser mi tesis de que la monarquía es preferible a la república democrática porque en ella queda fuera el desgaste de la energía de la nación que entraña la lucha continua por el poder.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

23 abril, 2013 at 10:01

Testamento de S.M.C. Luis XVI

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Testamento
de
Su Majestad Cristianísima
Luis xvi

Au nom de la très Sainte-Trinité, du Pere, du Fils et du Saint-Esprit. Aujourd’hui, vingt-cinquieme jour de décembre 1792, moi Louis XVIe du nom, roi de France, étant depuis plus de quatre mois enfermé avec ma famille dans la tour du Temple à Paris, par ceux qui étoient mes sujets, et privé de toutes communications quelconques, même depuis le onze du courant avec ma famille, de plus impliqué dans un procès, dont il est impossible de prévoir l’issue à cause des passions des hommes, et dont on ne trouve aucun prétexte ni moyen dans aucune loi existante, n’ayant que Dieu pour témoin de mes pensées, et auquel je puisse m’adresser; je déclare ici en sa présence mes dernieres volontés et mes sentimens.

Je laisse mon ame à Dieu, mon créateur, et je le prie de la recevoir dans sa miséricorde, de ne pas la juger d’après ses mérites, mais par ceux de notre Seigneur Jesus-Christ, qui s’est offert en sacrifice à Dieu son pere, pour nous autres hommes quels qu’indignes que nous en fussions, et moi le premier.

Je meurs dans l’union de notre sainte mere l’Église catholique, apostolique et romaine, qui tient ses pouvoirs par une succession non interrompue de Saint-Pierre, auquel Jesus-Christ les avoit confiés; je crois fermement et je confesse tout ce qui est contenu dans le Symbole et les commandemens de Dieu et de l’Église, les sacremens et les mysteres tels que l’Église catholique les enseigne et les a toujours enseignés. Je n’ai jamais prétendu me rendre juge dans les différentes manieres d’expliquer les dogmes qui déchirent l’Église de Jesus-Christ; mais je m’en suis rapporté et rapporterai toujours, si Dieu m’accorde vie, aux décisions que les Supérieurs ecclésiastiques, unis à la sainte Église catholique, donnent et donneront conformément à la discipline de l’Église, suivie depuis Jesus-Christ. Je plains de tout mon cœur nos freres qui peuvent être dans l’erreur, mais je ne prétends pas les juger, et je ne les aime pas moins tous en Jesus-Christ, suivant ce que la charité chrétienne nous l’enseigne. Je prie Dieu de me pardonner tous mes péchés; j’ai cherché à les connoître scrupuleusement, à les détester et à m’humilier en sa présence; ne pouvant me servir du ministere d’un prêtre catholique, je prie Dieu de recevoir la confession que je lui a faite, et sur-tout le repentir profond que j’ai d’avoir mis mon nom (quoique cela fût contre ma volonté) à des actes qui peuvent être contraires à la discipline et à la croyance de l’Église catholique, à laquelle je suis toujours resté sincèrement ami de cœur; je prie Dieu de recevoir la ferme résolution où je suis, s’il m’accorde vie, de me servir aussi-tôt que je le pourrai du ministere d’un prêtre catholique pour m’accuser de tous mes péchés et recevoir le sacrement de pénitence.

Je prie tous ceux que je pourrois avoir offensés par inadvertence (car je ne me rappelle pas d’avoir fait sciemment aucune offense à personne) ou ceux à qui j’aurois pu avoir donné de mauvais exemples ou des scandales, de me pardonner le mal qu’ils croyent que je peux leur avoir fait.

Je prie, tous ceux qui ont de la charité, d’unir leurs prieres aux miennes pour obtenir de Dieu le pardon de mes péchés.

Je pardonne de tout mon cœur à ceux qui se sont fait mes ennemis, sans que je leur en aie donné aucun sujet, et je prie Dieu de leur pardonner, de même que ceux qui, par un zèle mal entendu, m’ont fait beaucoup de mal.

Je recommande à Dieu ma femme, mes enfans, ma sœur, mes tantes, mes freres, et tous ceux qui me sont attachés par les liens du sang ou par quelqu’autre maniere que ce puisse être; je prie Dieu particulierement de jetter des yeux de miséricorde sur ma femme, mes enfans et ma sœur, qui souffrent depuis longtems avec moi, de les soutenir par sa grâce s’ils viennent à me perdre, et tant qu’ils resteront dans ce monde périssable.

Je recommande mes enfans à ma femme; je n’ai jamais douté de sa tendresse maternelle pour eux; je lui recommande sur-tout d’en faire de bons chrétiens et d’honnêtes hommes; de leur faire regarder les grandeurs de ce monde (s’ils sont condamnés à les éprouver) comme des biens dangereux et périssables, et de tourner leurs regards vers la seule gloire solide et durable de l’éternité; je prie ma sœur de vouloir bien continuer sa tendresse à mes enfans, et de leur tenir lieu de mere, s’ils avoient le malheur de perdre la leur.

Je prie ma femme de me pardonner tous les maux qu’elle souffre pour moi et les chagrins que je pourrois lui avoir donnés dans le cours de notre union, comme elle peut être sûre que je ne garde rien contre elle, si elle croyoit avoir quelque chose à se reprocher.

Je recommande bien vivement à mes enfans, après ce qu’ils doivent à Dieu, qui doit marcher avant tout, de rester toujours unis entr’eux, soumis et obéissans à leur mère, et reconnoissans de tous les soins et les peines qu’elle se donne pour eux et en mémoire de moi. Je les prie de regarder ma sœur comme une seconde mere.

Je recommande à mon fils, s’il avoit le malheur de devenir roi, de songer qu’il se doit tout entier au bonheur de ses concitoyens; qu’il doit oublier toute haine et tout ressentiment, et nommément tout ce qui a rapport aux malheurs et aux chagrins que j’éprouve; qu’il ne peut faire le bonheur des peuples qu’en regnant suivant les loix, mais en même tems qu’un roi ne les peut faire respecter et faire le bien qui est dans son cœur, qu’autant qu’il a l’autorité nécessaire, et qu’autrement, lié dans ses opérations et n’inspirant point de respect, il est plus nuisible qu’utile.

Je recommande à mon fils d’avoir soin de toutes les personnes qui m’étoient attachées autant que les circonstances où il se trouvera lui en donneront les facultés; de songer que c’est une dette sacrée que j’ai contractée envers les enfans ou les parens de ceux qui ont péri pour moi, et ensuite de ceux qui sont malheureux pour moi. Je sais qu’il y a plusieurs personnes de celles qui m’étoient attachées, qui ne se sont pas conduites envers moi comme elles le devoient, et qui ont même montré de l’ingratitude; mais je leur pardonne, (souvent dans les momens de troubles et d’effervescence, on n’est pas le maître de soi) et je prie mon fils, s’il en trouve l’occasion, de ne songer qu’à leur malheur.

Je voudrois pouvoir témoigner ici ma reconnoissance à ceux qui m’ont montré un véritable attachement et désintéressé; d’un côté, si j’étois sensiblement touché de l’ingratitude et de la déloyauté de gens à qui je n’avois jamais témoigné que des bontés, à eux, à leurs parens ou amis, de l’autre, j’ai eu de la consolation à voir l’attachement et l’intérêt gratuit que beaucoup de personnes m’ont montré. Je les prie d’en recevoir tous mes remercimens; dans la situation où sont encore les choses, je craindrois de les compromettre si je parlois plus explicitement; mais je recommande spécialement à mon fils de chercher les occasions de pouvoir les reconnoître.

Je croirois calomnier cependant les sentimens de la nation, si je ne recommandois ouvertement à mon fils, MM. de Chamilly et Hue, que leur véritable attachement pour moi avoient porté à s’enfermer avec moi dans ce triste séjour, et qui ont pensé en être les malheureuses victimes; je lui recommande aussi Clery, des soins duquel j’ai eu tout lieu de me louer, depuis qu’il est avec moi; comme c’est lui qui est resté avec moi jusqu’à la fin, je prie MM. de la commune de lui remettre mes hardes, mes livres, ma montre, ma bourse, et les autres petits effets qui ont été déposés au conseil de la commune.

Je pardonne encore très-volontiers à ceux qui me gardoient, les mauvais traitements et les gênes dont ils ont cru devoir user envers moi; j’ai trouvé quelques âmes sensibles et compatissante: que celles-là jouissent dans leur cœur de la tranquillité que doit leur donner leur façon de penser.

Je prie MM. Malherbes, Tronchet et Deseze, de recevoir ici tous mes remercimens et l’expression de ma sensibilité pour tous les soins et les peines qu’ils se sont donnés pour moi.

Je finis en déclarant devant Dieu, et prêt à paroître devant lui, que je ne me reproche aucun des crimes qui sont avancés contre moi.

Fait double à la Tour du Temple, le 25 décembre 1792,

Signé, Louis.

***

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy, día 25 de diciembre de 1792, yo, Luis XVI, Rey de Francia, estando ya más de cuatro meses prisionero con mi familia por aquéllos que fueron mis súbditos en la Torre del Temple en París, y privado de toda comunicación, aun con mi familia y hasta el más pequeño instante; más aun, procesado por un proceso cuyo fin me es imposible prever debido a las pasiones de los hombres y para el cual no se puede encontrar ni pretexto ni fuerza en ninguna ley existente y no teniendo más testigo de mis pensamientos que Dios a quien me puedo dirigir, declaro aquí, en Su presencia, mis últimas voluntades y sentimientos.

Entrego mi alma a Dios, mi creador; le ruego la reciba en Su Misericordia y no la juzgue por sus méritos sino por los de Nuestro Señor Jesucristo que se ofreció a Sí Mismo en sacrificio a Dios, Su Padre, por nosotros los hombres sin importar cuan indignos seamos, yo el primero.

Muero en comunión con Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que tiene la autoridad, por sucesión ininterrumpida desde San Pedro, a quien Jesucristo se la confió. Creo firmemente y confieso en todo lo que está contenido en el Credo y en los mandamientos de Dios y de la Iglesia, en los sacramentos y en los misterios tal como la Iglesia Católica los enseña y siempre ha enseñado. No he pretendido jamás hacerme juez en lo que respecta a las diferentes maneras de exponer el dogma que desgarran a la Iglesia de Jesucristo, pero estoy de acuerdo y siempre estaré de acuerdo, si Dios me concede vida, con las decisiones que los superiores eclesiásticos de la Santa Iglesia Católica den y darán siempre en conformidad con las disciplinas que la Iglesia ha seguido desde Jesucristo. Compadezco con todo mi corazón a nuestros hermanos que puedan estar en el error pero no pretendo juzgarlos y no los amo menos en Jesucristo, como nuestra caridad cristiana nos lo enseña. Ruego a Dios perdone todos mis pecados; he tratado de reconocerlos escrupulosamente, de odiarlos y de humillarme en su presencia. No pudiendo servirme del ministerio de un sacerdote católico, ruego a Dios que reciba la confesión que le hago y, sobre todo, el arrepentimiento profundo de haber puesto a mi nombre (a pesar de que fuera en contra de mi voluntad) actos que puedan ser contrarios a la disciplina y a la creencia de la Iglesia Católica, a la que siempre he estado unido sinceramente en mi corazón. Ruego a Dios que reciba, desde donde estoy y si me da vida,  la firme resolución que hago de servirme, tan pronto como me sea posible, del Ministerio de un sacerdote católico para acusarme de todos mis pecados y recibir el sacramento de la penitencia.

Suplico a todos aquéllos a los que pudiera haber ofendido por inadvertencia (pues no recuerdo haber ofendido conscientemente a nadie) o a aquéllos a los que yo haya podido dar mal ejemplo o motivo de escándalo, que perdonen el mal que crean pude haberles causado.

Imploro a todos que tengan la caridad de unir sus oraciones a las mías para obtener el perdón de Dios por mis pecados.

Perdono con todo mi corazón a los que se convirtieron en mis enemigos, sin haberles dado yo causa, y ruego a Dios que les perdone, así como a aquéllos que, por un celo malentendido, me han hecho tanto mal.

Pongo en manos de Dios a mi esposa, a mis hijos, a mi hermana, a mis tías, a mis hermanos y a todos aquéllos que están ligados a mí por los lazos de la sangre o por cualquiera otra manera. Ruego a Dios, particularmente, que mire con ojos compasivos a mi esposa, a mis hijos y a mi hermana, que tanto han sufrido conmigo durante tanto tiempo, y, si me perdieran, les dé el apoyo de su gracia en tanto permanezcan en este mundo perecedero.

Encomiendo mis hijos a mi esposa. Nunca he dudado de su ternura maternal por ellos. Le encomiendo, sobre todo, que haga de ellos buenos cristianos y hombres honestos; que les haga ver que las grandezas de este mundo (si es que están condenados a experimentarlas) son bienes muy peligrosos y transitorios, y les haga volver sus ojos hacia la única gloria sólida y duradera que es la eternidad. Suplico a mi hermana que mantenga su amable ternura hacia mis hijos y que ocupe el lugar de su madre si tuvieran ellos la desgracia de perderla.

Suplico a mi esposa me perdone todos los males que haya sufrido por mi causa y los dolores que pude haberle causado en el curso de nuestra unión. Puede estar segura de que nada tengo nada en contra de ella, aun aunque ella tuviese algo de qué reprocharse a sí misma.

Encarezco a mis hijos que, después de lo que deben a Dios, quien debe estar antes que todo,  permanezcan siempre unidos entre sí, sumisos y obedientes a su madre y agradecidos por todos los cuidados y penas que ella ha tenido para con ellos, así como en recuerdo mío. Les pido que consideren a mi hermana como a su segunda madre.

Exhorto a mi hijo, si es que tuviese la desgracia de convertirse en rey, a que recuerde que se debe por entero a la felicidad de sus conciudadanos; que debe olvidar todo odio y todo resentimiento, particularmente los que tengan que ver con las desgracias y penas que estoy sufriendo; que no puede hacer la felicidad del pueblo sino gobernando únicamente de acuerdo a las leyes, pero que, al mismo tiempo, recuerde que un rey no las puede hacer respetar y hacer el bien que está en su corazón a menos que tenga la autoridad necesaria y que, de lo contrario, estando empeñado en sus actividades y no inspirando respeto, es más dañino que útil.

Exhorto a mi hijo para que cuide de todas las personas que están ligadas a mí tanto como las circunstancias lo permitan; que recuerde que es una deuda sagrada la que he contraído hacia los hijos y parientes de aquéllos que han muerto por mí, así como hacia los que se hallan en desgracia por mí. Sé que hay muchas personas, entre aquéllos que estuvieron cerca de mí, que no se condujeron conmigo como deberían haberlo hecho y que hasta han mostrado ingratitud, pero les perdono (a menudo, en momentos de preocupación y agitación, uno no es dueño de uno mismo) y pido a mi hijo que, si encuentra la ocasión, debe pensar sólo en sus infortunios.

Hubiera querido mostrar aquí mi gratitud a aquéllos que me han demostrado un compromiso real y desinteresado; si, por un lado, fui profundamente lastimado por la ingratitud y deslealtad de aquéllos a los que siempre mostré bondad, así como a sus parientes y amigos, por otro lado he tenido el consuelo de ver el afecto y el interés gratuito que muchas personas me han demostrado. Les pido que reciban mi todo agradecimiento. En la situación en la que las cosas se encuentran, temo comprometerles si hablo más explícitamente, pero ordeno de manera especial a mi hijo que busque la ocasión para poder reconocérselo.

Creería, sin embargo, calumniar a los sentimientos de la nación si no encomendara abiertamente a mi hijo a los señores De Chamilly y Hue, cuyo verdadero apego hacia mí les llevó voluntariamente a hacerse prisioneros conmigo en esta triste morada. También le encomiendo a Cléry, para con cuyas atenciones no tengo más que alabanzas desde que está conmigo. Ya que es él quien me ha acompañado hasta el final, suplico a los caballeros de la comuna le entreguen mis ropas, mis libros, mi reloj, mi bolsa y los demás pequeños efectos que han sido depositados ante el consejo de la comuna.

Perdono de nuevo de todo corazón a aquéllos que me vigilan el mal trato y las vejaciones que han creído necesario imponerme. He encontrado unas pocas almas sensibles y compasivas entre ellos. Que tengan en su corazón la tranquilidad que su modo de pensar les da.

Pido a los señores De Malesherbes, Tronchet y De Seze que reciban todo mi agradecimiento y las expresiones de mis sentimientos por todas sus atenciones y por las preocupaciones que han tenido por mí.

Termino declarando ante Dios, preparado para presentarme ante Él, que no me reprocho ninguno de los crímenes que se me imputan.

Hecho por duplicado en la Torre del Temple, el 25 de diciembre de 1792.

Firmado, Luis.

Traducción al castellano de Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

***

Vínculos:

Luis XVII de Francia. El sol robado. Precioso blog que se centra en la persona del rey niño Luis XVII, asesinado a la edad de diez años en la prisión del Temple como su padre, Luis XVI, a quien pertenece el testamento que aquí transcribo. De esta página he tomado el grueso de la traducción al castellano de dicho testamento y lo he corregido como aquí lo presento.
Luis XVI. Wikipedia.
Requiem (à la memoire de Louis XVI). Cherubini. Youtube.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 marzo, 2013 at 10:45