Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for the ‘Ciencia’ Category

El gran fraude del “Calentamiento Global”

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Vínculo (agosto de 2014): Australia, primer país rico en renegar del alarmismo climático. Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

21 agosto, 2013 at 10:30

El mono de Pablo Herreros

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Hace pocos días, a raíz del asunto Bretón, descubrí a un personaje,  Pablo Herreros, que, por muchas bendiciones y parabienes científicos de los que pueda enorgullecerse y vanagloriarse, a mí me ha recordado a aquel personaje del llorado Tony Leblanc, Cristobalito Gazmoño, que sólo comía patatas, o a aquel chiste de Jaimito cuando, enfrentado a las manchas del Test de Rorschach, todas las que se le presentaban le parecían mujeres desnudas. O a Artur Mas, para quien, como es sabido, no hay asunto que no acabe refiriendo al por él llamado derecho a decidir de Cataluña.

A don Pablo le sucede algo semejante con los monos: parece ser que no hay nada en el ser humano ni en su comportamiento para lo que don Pablo no se dé maña en encontrar algún comportamiento ancestral semejante en ellos ―más precisamente en los primates―, que nos evidencie nuestra cercanía a este orden animal al que, ciertamente, pertenecemos.

Y, seguramente, don Pablo no deja de tener bastante tino en muchas de sus observaciones pero sucede que, en su entusiasmo cientificista no se da cuenta de que está descubriendo el Mediterráneo ni de que, en su encomiable afán divulgador, cae en lo grotesco.

Ya he dicho en otras ocasiones que desde el fallecimiento del también llorado Isaac Asimov, la divulgación científica, con muy pocas excepciones, es como para echarse a llorar y mucho más si atendemos a ella en la prensa escrita aunque sea en diario tan estimable en muchos otros aspectos como El Mundo. Me he referido a ello con anterioridad en estos escritos al hablar de los extraterrestres hostiles de Stephen Hawking o del periódico entusiasmo que surge en los medios de comunicación con la colonización de Marte.

Sucede pues que don Pablo Herreros es un sociólogo, antropólogo y primatólogo que hoy es Presidente de la Asociación Española para la Investigación y Divulgación de la Conducta Animal y la Evolución humana, director científico del programa de Inteligencia Emocional y Social de la Fundación Eduard Punset y miembro del grupo de investigación de Evolución Humana y Cognición en la Universidad de las Islas Baleares.

Ignoro cuántos de estos cargos son pagados a costa del erario público en estos tiempos de crisis económica tan necesitados de este tipo de estudios, pero no voy a eso.

Con este currículum, El Mundo, para ilustrar a sus lectores en asuntos científicos (o para cubrir el expediente haciendo como que les ilustra) ha dado cabida en sus páginas a un blog de este señor que se titula “Yo, mono”, y, como digo, ahí fue donde supe de su existencia hace unos días leyendo noticias relacionadas con el asunto Bretón, asunto terrible, dicho sea de paso.

Como digo, don Pablo ve el mundo desde el prisma de su especialidad. El hecho de que algo suceda en él y no pueda referirlo al asunto de los primates es superior a sus fuerzas de manera que, estando España entera pendiente del veredicto del jurado sobre tan horroroso suceso, don Pablo se sintió en la obligación de redactar una entrada de su blog que se titulaba: “El único primate capaz de matar a sus propios hijos” en la que examinaba el caso de manera exhaustiva y desde todos los puntos de vista habidos y por haber: desde un repaso histórico del infanticidio selectivo ―como ven, cosa que nada tiene que ver con lo de Bretón como no sea por el forro―,

hasta reflexiones evolutivas:

En animales no humanos, cuando se trata de la descendencia ajena, el infanticidio puede tener varias explicaciones desde el punto de vista evolutivo. La hipótesis más extendida es que si un macho llega a un grupo nuevo donde existe una hembra con crías, ésta no entrará en celo hasta pasados varios años, cuando ya no dependan de ella.

etológicas:

Entre los primates no humanos, existe el fenómeno del infanticidio en algunas especies, como por ejemplo los langures que habitan en la India o los chimpancés de África. Pero la diferencia entre los casos documentados de primates con el de Bretón, es que las víctimas nunca son los propios hijos, sino de los de otros machos.

La venganza es un sentimiento que hasta ahora solo ha sido probado en humanos. Se cree que los elefantes son candidatos a engrosar la lista, debido a la poderosa memoria que poseen. Hace unos años, una elefanta de corta edad murió al caer a un canal de irrigación en una aldea de la India. Los vecinos la enterraron, pero la manada irrumpió enfurecida y destrozó todas las cabañas. Debieron pensar que los culpables eran los habitantes de la aldea. También ha ocurrido que los elefantes que son adiestrados con violencia, un día se rebelan y matan a sus domadores.

y hasta bioquímicas:

Puede que nunca lleguemos a saber por qué suceden crímenes tan abominables, pero matar a copias de nuestro ADN mediante el infanticidio, al igual que ocurre con los suicidas, son comportamientos muy difíciles de explicar por la ciencia.

El asunto, a mi modo de ver, es bastante más sencillo por mucho que el señor Herreros lo coja por los pelos y así se lo hice notar en un comentario a esta su entrada:

Sin negar la obviedad de ninguno de los antecedentes que podamos reconocer como nuestros en la escala filogenética, ya sean morfológicos, fisiológicos, comportamentales, etc, la exposición que hace el señor Herreros me parece cientificista y pedante. El asunto radica en que, sea cual sea nuestra proximidad con los primates, la mente humana es infinitamente más compleja que la de ellos, como también lo son nuestras relaciones sociales. De hecho, la mente humana es el mecanismo más complejo que conocemos o –mejor dicho- desconocemos. Y los mecanismos complejos tienen estas cosas: cuanto más complejos son, tanto más fácil es que una alteración en el más mínimo detalle de su funcionamiento dé como resultado una disfunción de ellos.

Así, del comportamiento de una hormiga podemos esperar pocas sorpresas (dejo aparte las variaciones mutacionales porque aquí no hacen al caso ―nadie ha dicho que Bretón sea un mutante―), de un primate podemos esperar un comportamiento bastante más complejo que el de una hormiga, y, de un ser humano, un comportamiento bastante más complejo que el de un primate.

Por eso, de un ser humano cabe esperar comportamientos mucho más diversos, complejos y hasta sorprendentes de los que podemos encontrar en un primate ―incluidos los langures de don Pablo―, y muchísimo más diversos y complejos que los de una hormiga. Y esto tanto para lo bueno como para lo malo.

¿Necesitamos que Pablo Herreros nos lo explique? De la misma forma que tituló su pedantísimo artículo: “El único primate capaz de matar a sus propios hijos” lo podría haber titulado, cambiando el asunto:

“El único primate capaz de tener cuentas bancarias en Suiza”,

“El único primate capaz de componer el Mesías de Haendel”,

“El único primate capaz de decir que la ‘Tierra es del viento”, etc.

He de decir que no sé si por comprender que se ha pasado diciendo tonterías o por inadvertencia, esta entrada suya no aparece actualmente en su blog principal. Puede encontrarse, no obstante, aislada en la página de El Mundo.

Lo cual no es óbice para que ese su blog principal, Yo, mono, siga albergando entradas con títulos tan sugerentes como “Las raíces ancestrales de los Reyes Magos”, “Las luchas de poder en el Vaticano”, “Los animales salen del armario”, “Los primates terroristas” o “La democracia nació en la selva”. Todo ello, como digo, referido a los primates.

***

Voy acabando. ¿Por qué estoy haciendo esta crítica del señor Herreros? Seguramente el señor Herreros no está haciendo sino un intento de ser asequible a la mentalidad más pobre de las que accedan a la lectura de su pensamiento. Seguramente su intención es encomiable y ―sin seguramente―, lo es su entusiasmo por hacernos ver la relación estrecha que existe entre el ser humano y los demás primates.

Sin embargo, leyéndole, algo chirría dentro de mí. No se trata ya de la pobreza de su intento divulgador. No, no es eso. Ni es que yo tenga nada contra los animales ―como todos ustedes saben, yo mismo soy un animal―, pero estas chaladuras, ya sea ora con los delfines, otrora con los dinosaurios, o ahora con los simios me parecen abusivas y me parece que, queriendo explicar mucho, a la vez explican muy poco y confunden mucho.

Aquello de El Proyecto Gran Simio ―proyecto que, recordémoslo, reclama un igualitarismo moral y legal para todos los grandes simios― no está tan lejos y me recelo que este tipo de estudios científicos tienden, consciente o inconscientemente, a desdibujar la línea de separación tajante que existe, digan lo que digan, entre el ser humano y el resto de las criaturas; entre el animal racional y los animales irracionales.

Uno de mis caballos de batalla en este blog ha sido la denuncia del cientificismo, del entendimiento supersticioso por parte del vulgo de lo que es la Ciencia. Esta entrada no pretende más que abundar en ello y abundar en que este tipo de divulgación tiene más peligro de confundir que de ilustrar.

Volviendo a su blog, don Pablo Herreros nos dice que:

la mejor manera de entendernos a nosotros mismos es partiendo de la base de que somos primates.

Sea. No es que sea la mejor: es una más, pero sea:

Morir habemus, ya lo sabemus: muchas veces, el decir obviedades más o menos evidentes con el adorno de la liturgia cientificista deslumbra al profano. Esto es cosa que deberían de tener en cuenta quienes se embarcan en estos menesteres.

***

Por lo demás, este blog de Herreros tiene la curiosa peculiaridad de que, al poco de publicar una entrada, aparece en él un sorprendente mensaje que dice:

En esta noticia ya no se admiten nuevos comentarios.

A lo cual, más que escribir un blog yo lo llamaría pontificar pero, como es lógico, cada cual puede hacer de su capa un sayo.

Vínculos:

El único primate capaz de matar a sus propios hijos. Yo, mono. El Mundo.
Yo, mono. Blog de Pablo Herreros en El Mundo.
Proyecto Gran Simio. Wikipedia.
Stephen Hawking habla acerca de la vida extraterrestre. Conceptos Esparcidos.
Un titular sensacionalista, desinformador y malformador. Conceptos Esparcidos.
Cientificismo. Miguel de Unamuno. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

16 julio, 2013 at 11:01

Un titular sensacionalista, desinformador y malformador

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A noticias sensacionalistas en lo científico tales como la que hoy publica Público —valga la cacofonía— me refería en el escrito que, hace un año, titulé Stephen Hawking habla acerca de la vida extraterrestre, y que me costó un debate tan interesante como descorazonador en lo que se refiere a lo poco que entendieron mis interlocutores lo que quería expresar o a l0 mal que supe yo explicarme.

Sé que las preocupaciones del común de las gentes son muchas y muy graves. Sé que no son tiempos de reflexionar sobre cuestiones filosóficas, aunque sea en la última escala de ellas como lo son las Ciencias Naturales. Pero por tener el convencimiento de que no podemos ni debemos atender a lo general desatendiendo a lo particular, me atrevo a mandaros este escrito hoy cuando la mayor atención se dirige a los resultados de las últimamente pasadas elecciones locales y, en algunas regiones, regionales.

La Filosofía es un todo. Aspira a la pretensión de comprender del todo al Ser. Sin la ayuda de la Teología, ni lo ha conseguido, ni lo conseguirá.

Por eso, la Filosofía puso, delante de le Física y de la Metafísica, y como encabezamiento suyo, a la Teología de la que hoy se ríen los burros.

El que un cerebro matemático como el del señor Hawking —quien ha dedicado su vida al estudio de los agujeros negros sin llegar a ninguna conclusión— nos venga ahora diciéndonos que debemos comprar pistolas por si, acaso, los extraterrestres, nos son hostiles sólo me puede parecer grotesco y no puedo más que decir que el que un  cerebro matemático, ni distinga entre las mil posibilidades matemáticas, ni pueda comprender que, en el campo de lo matemático vale todo lo que el racionamiento matemático da por bueno y que, a partir de ahí, nos diga —desde su autoridad académica— que debamos prepararnos ante la posible hostilidad de los extraterrestres me parece eso: grotesco.

La matemática no es una ciencia sino una forma reglada de pensar y como todo pensamiento humano, admirable.

Pero, ni don Setephen ni nadie ha elaborado ninguna teoría acerca de la curvatura del universo físico en el que vivimos, ni ha dicho nada comprensible respecto a los agujeros negros que, de haber tal curvatura tampoco pudieran ser su puerta de entrada. No digo que no haya intentado su vida a demostrarlo. Digo que que no lo ha conseguido.

La Física corpuscular murió, en los tiempos de Newton, hace mucho. La Física del campo es la que, hoy, se ha demostrado como único camino para comprender la realidad física del universo en el que vivimos.

Yo no reprocho a Hawkins el que haya dedicado su vida a estudiar estas cosas pertenecientes a las Ciencias Naturales.

Le reprocho, empero, que, desde su pretendida autoridad académica, nos diga que debemos enfundar las pistolas porque los extraterrestres pueden ser hostiles.

¡Tanta Física y tanta Matemática para concluir en tamaña tontería!

Sigo:

Mi tesis en aquel escrito era señalar el optimismo y la alegría con la que la prensa y hasta muchos científicos tratan acerca del asunto de la posibilidad de que haya aparecido vida distinta de la que conocemos en la Tierra —no entro en si apareció aquí o lo hizo en un cometa o vaya usted a saber donde— en algún otro punto del Universo. En aquella tesis defendía la idea simple de que, desconociendo cómo apareció la vida que conocemos y desconociendo qué cantidad de casualidades hubo de darse para que aparecieran una cadena de ácido nucleico y, al mismo tiempo, la enzima replicasa que permite su duplicación, nada podemos decir acerca de la probabilidad de la aparición de otra vida distinta de la que conocemos.

Dicho de otro modo: el argumento de que hay miles de millones de planetas en miles de millones de galaxias y que, ante tamaña multitud, es casi una certeza probabilística que en alguno de ellos haya aparecido alguna otra forma de vida, a mí no me vale. Y no me vale, porque, desconociendo cuánta cantidad de circunstancias tuvo que darse al mismo tiempo para que apareciera la vida terrestre, muy bien pudiera ser que la probabilidad de su sucesión sea —pongo por ejemplo— de 10 elevado a menos cien mil billones de trillones, con lo cual, aunque la cifra de astros, en principio aptos para albergar la vida, sea de 10 elevado cien mil trillones, una simple división nos hace ver que tal posibilidad, no siendo una imposibilidad absoluta en lo teórico, lo es en lo probabilístico.

Tales reflexiones no impidieron ayer a los de Público dar a la prensa una noticia titulada 10 seres extraterrestres.

Como es lógico, todos nos hemos lanzado sobre ella pensando que, por fin, la Humanidad había encontrado diez seres extraterrestres.

Pues bien: no. Si se toman ustedes la molestia de leer la noticia —no les recomiendo que pierdan el tiempo en ello— verán que de lo único que se trata es de que los zoólogos y los botánicos siguen descubriendo especies hasta ahora desconocidas pero que son tan terrestres como ustedes y como yo. Es decir, siguen en la muy encomiable tarea de Lamark y de Linneo pero, ni por el forro, ha descubierto nadie diez seres extraterrestres.

Una manipulación más de Público, ésta en el campo aséptico de la ciencia pero no menos venenosa a la hora de envenenar nuestro pensamiento porque como, decía antes, el pensamiento interesado por el mundo que nos rodea, la Filosofía, es todo uno.

Y, pensándolo bien, para buscar a un extraterrestre, lo que se dice un extraterrestre plausible, ahí tienen ustedes a Zapatero, quien, proveniente de la misma cadena única de ADN de la que venimos todos y, más concretamente, de Valladolid, si no es extraterrestre, lo parece.

No es, pues, menester, que los de Público nos distraigan con tal o cual invertebrado hasta ahora desconocido por la Humanidad porque nada tiene que ver el tocino con la velocidad.

Vínculos:

10 seres extraterrestres. Manuel Ansede. Público.
Stephen Hawking habla acerca de la vida extraterrestre. De Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

24 mayo, 2011 at 12:40

Stephen Hawking habla acerca de la vida extraterrestre

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Hace tiempo que quería presentar en este blog mi pensamiento acerca de la posibilidad de que exista vida extraterrestre. Habiendo sido la Teoría de la Evolución, quizá, el estudio favorito de mi juventud, alguna modesta reflexión he dedicado al asunto y, no estando muy de acuerdo con la concepción vaga, inconcreta y cargada de voluntarismo que impera en nuestro tiempo acerca de ella, deseaba exponerla aquí.

Como todo el mundo sabe, este blog tuvo la desgracia de nacer en los tiempos en que la gran calamidad que Zapatero ha traído a la vida española nos ha envenenado a muchos y ha distraído nuestra atención de estos asuntos de gusto más científico o filosófico, para fijarla, casi exclusivamente, en los gravísimos problemas que este hombre, gratuitamente, ha traído sobre nuestra patria y, por ello, ésta y otras reflexiones se me han ido quedando en el tintero. Todo sea en pro de las democracias avanzadas.

A pesar de ello, la reseña que hoy publica El País bajo el título “Hawking afirma que los extraterrestres pueden ser hostiles” resucita en mí aquel propósito y me anima a meter baza en el asunto y a sacar mi cuarto a espadas.

Empezaré diciendo, para evitar equívocos, que, pareciéndome, como me parece, que el conocimiento científico está parado desde el siglo XIX y que, a partir de la Teoría de la Relatividad de Einstein, el siglo XX ha sido un erial que prácticamente nada nuevo ha aportado al conocimiento del universo físico, dentro de este erial, creo que Hawking es de los pocos que ha intentado avanzar (si bien con poco éxito) en el conocimiento teórico del universo no euclidiano tal y como Einstein lo dejo planteado. Vaya, pues, por delante, mi reconocimiento a su labor en el campo de la Física y mi reconocimiento de que de él, como quería de sí mismo don Quijote que se le recordara, podrá decirse aquello de que

si no alcanzó grandes empresas
murió por acometellas.

Quiero decir con ello que considero a Hawking un gran científico (quizá el mayor de nuestra época) y, por ello, me han sorprendido mucho las palabras suyas que hoy publica El País, sobre todo, cuando dice:

Para mi cerebro matemático, los meros números hacen que pensar sobre extraterrestres sea perfectamente racional;

y no porque piense yo que ello sea irracional, sino porque Hawking, diciendo esto, parece sumarse a la vaga y no comprobada convicción reinante y dar tácitamente por sentada la existencia de la vida extraterrestre. Quizá, como él dice, se deba a su cerebro matemático, es decir, a que contempla el asunto desde el mero punto de vista de un cálculo de probabilidades sin haberse parado mucho a pensar en términos biológicos. Al fin y al cabo, Hawking es físico, no bioquímico.

***

Efectivamente, si bien nadie afirma tajantemente que exista vida fuera de la Tierra, tanto desde los medios de comunicación como desde numerosos ámbitos científicos se juega con la idea de que es prácticamente seguro que sí existe esa vida, inteligente o no.

El razonamiento es sencillo: si la vida apareció en el planeta Tierra, existiendo tantísimos miles de millones de galaxias con tantísimos miles de miles de millones de estrellas, a su vez con tan ingente cantidad de planetas, el mero cálculo de probabilidades parece indicarnos que en alguno de ellos han debido de darse las condiciones que se dieron en la Tierra hace más de tres mil millones de años y en alguno ha debido, efectivamente, aparecer.

Esta, repito, es la idea que predomina en nuestro tiempo, tanto en el mundo científico como en el profano.

Es, evidentemente, una hipótesis racional que debemos de tener en cuenta pero que, me parece, se admite con exceso de entusiasmo y de irreflexión y no presta ninguna atención a las dificultades que presenta y que luego expondré.

El entusiasmo y la falta de reflexión han llevado a extremos grotescos como cuando, hace unos años, el expresidente Bush se precipitó, en rueda de prensa, a anunciar al mundo que esa vida aparecida fuera de nuestro planeta había sido, por fin, hallada en lo que parecía remotamente ser una bacteria fósil encontrada en un meteorito.

Sin llegar a esos extremos, constantemente nos llegan noticias de hallazgos de agua ya sea en la Luna, ya en Marte, ya en algún satélite o cometa, noticias, en efecto, interesantes, porque siempre es interesante conocer hechos que antes desconocíamos, pero que llevan implícita la idea de que con ello se apuntala la probabilidad de que exista vida extraterrestre, ignorando que, siendo el hidrógeno el átomo más abundante del universo, el oxígeno uno de los más abundantes en las estrellas de segunda generación y, dada la tendencia de ambos átomos para reaccionar formando la molécula de agua, seguramente sería más sorprendente no encontrarla que encontrarla en los cuerpos que orbitan alrededor de esta clase de estrellas.

Dicho de otro modo: siendo la existencia de agua prácticamente obligada (según nuestro conocimiento) para la existencia de la vida, lo contrario, es decir, creer que habiendo agua es casi seguro que, antes o después debe de haber vida, dista mucho de ser cierto. Y, sin embargo, esta idea ronda siempre de manera insidiosa en las noticias que se nos presentan acerca de estos hallazgos.

***

Si bien no niego la posibilidad de que haya surgido o pueda surgir vida fuera de la Tierra, tengo varias razones para no compartir estos entusiasmos.

La primera y fundamental es que no tenemos ni idea de cómo surgió la vida en la Tierra y, si no tenemos ni idea de ello, no podemos, de ninguna manera afirmar que, por muy favorables que sean las condiciones planetarias, su aparición efectiva ha de ser un hecho probable, improbable o inaudito. Es decir, podría darse el caso de que el cúmulo de casualidades para que se formara una molécula capaz de reproducirse a sí misma (no otra cosa es la vida) fuera de tal magnitud que, por inmensa que sea la cantidad de planetas con unas condiciones generales aptas para que sucediera lo que sucedió en la Tierra hace tres mil millones de años, aun así, la probabilidad de que ello haya sucedido por segunda vez en otra parte sea tan escasa que, en la práctica, sea una imposibilidad estadística.

En segundo lugar quienes se adscriben a la “hipótesis optimista” hacen hincapié en las condiciones globales que debe de cumplir un astro para que en él aparezca la vida. Condiciones tales como la temperatura, la presión, la cercanía a una estrella, la existencia de agua (o, para llevar las cosas a su extremo, de alguna fase líquida en la que las moléculas y macromoléculas puedan moverse e interactuar, condición, también, imprescindible), etc.

Sin embargo (aunque no siempre) con frecuencia se desdeña la hipótesis de que, además de esas condiciones globales, planetarias, seguramente se necesitaron condiciones locales, a lo mejor especialísimas, improbabílisimas, para que apareciera la vida en la Tierra. Nuevamente, pues, el argumento estadístico de la ingente cantidad de planetas susceptibles de albergar vida no se muestra tan contundente como a primera vista parecería.

En tercer lugar yo me pregunto: si, dadas las condiciones aptas, es tan fácil la aparición de vida ¿cómo es que en la Tierra, lugar en el que, evidentemente, se daban hace tres mil millones de años, la vida apareció una y sólo una vez? Todos, absolutamente todos los seres vivos que existen o han existido proceden de una única cadena de ácido nucleico que en algún momento se formó no sabemos cómo.

Repito, si es tan probable que, dadas unas determinadas condiciones, aparezca vida ¿por qué en la Tierra no existen varias líneas evolutivas, varias “formas de vida”? Entiendo que el argumento no es definitivo pero no deja de tener su peso.

En cuarto lugar está el argumento que yo llamo “epistemológico”: si la aparición de la vida es un fenómeno frecuente en el Universo; si se rige meramente por reacciones moleculares ¿por qué el ser humano, que tanto ha avanzado en el conocimiento de todos los enigmas del universo físico y, muy especialmente, en la bioquímica, ha sido incapaz, hasta ahora, de presentar, no digo ya una teoría, sino, ni siquiera, una hipótesis mínimamente convincente que trate de explicar cómo fue posible que apareciera el ADN en la Tierra?

Debemos aceptar que la Ciencia sólo puede ocuparse de hechos reproducibles. Si es así, su incapacidad para dar una explicación (o un atisbo de explicación) al hecho de la aparición de la vida ¿no nos está hablando acerca de, si no de su absoluta irreproductibilidad, sí, al menos, de su excepcionalidad?

Y, no disponiendo ni siquiera de esta hipótesis ¿cómo se nos puede hablar con tanta ligereza acerca de la probabilidad de que haya vida en otros planetas? Y, ni mucho menos, ¿cómo puede uno ponerse a desvariar acerca de una supuesta hostilidad suya?

En fin y en resumen: sobre esta cuestión lo único que podemos decir es que no sabemos nada y el que don Stephen nos salga ahora diciendo que los extraterrestres pueden ser hostiles sólo cabe explicarlo atribuyéndolo a que este señor hablaba en broma o a que ha perdido el oremus.

Vínculos:

Hawking afirma que los extraterrestres pueden ser hostiles. El País.
Discusión en Libertad Digital.
Nueva discusión en Libertad Digital, esta vez inspirada en el asunto de la “colonización” de Marte.

Nota 1: Dos años después de escrita esta entrada, un amable compañero me llama la atención acerca de un video de youtube: El motor flagelar bateriano, “complejidad irreductible” y “designio inteligente”, extraído del documental La clave del misterio de la vida, presentado por Paul Nelson, filósofo de la Biología, en el que nos presenta dos conceptos: el de la complejidad irreductible y el del designio inteligente.

Prescindo del segundo por sus connotaciones religiosas, acientíficas, que, entiendo, aunque son de gran calado, no tienen cabida en este escrito.

Sí quiero, sin embargo, llamar la atención hacia el primero de estos conceptos, el de la complejidad irreductible porque entiendo que viene a abundar en los tres primeros reparos acerca de la posibilidad de la aparición de la vida que expongo en este escrito. Es cierto que Paul Nelson se está refiriendo aquí a las dificultades de aceptar, mediante la explicación darwiniana, la aparición de un determinado carácter más o menos complejo como pueda ser el flagelo bacteriano. Yo no voy tan lejos. Entiendo que, una vez aparecida la vida, su evolución, por muy compleja que sea, se puede explicar en términos darwinistas. Sin embargo, este concepto me viene pintiparado para insistir en los tres primeros reparos que digo: si, una vez aparecida la vida, Dios sabe cómo, a Paul Nelson le parece difícil explicar en términos darwinistas la aparición del flagelo bacteriano ¡qué no decir acerca de la dificultad de que, en circunstancias prebióticas, se diera la tan feliz como improbable aparición simultánea de una cadena de AN y de las enzimas replicasas que hicieron posible su replicación y, con ello, el principio de la vida! Cuando, hace dos años escribí aquí:

“Es decir, podría darse el caso de que el cúmulo de casualidades para que se formara una molécula capaz de reproducirse a sí misma (no otra cosa es la vida) fuera de tal magnitud que, por inmensa que sea la cantidad de planetas con unas condiciones generales aptas para que sucediera lo que sucedió en la Tierra hace tres mil millones de años, aun así, la probabilidad de que ello haya sucedido por segunda vez en otra parte sea tan escasa que, en la práctica, sea una imposibilidad estadística”

me estaba refiriendo, precisamente, a esto. Me alegro de que un filósofo de la Biología le haya puesto nombre: complejidad irreductible.

Nota 2: Pocos meses después de actualizado este escrito con la nota anterior, en junio del 2013 y a raíz de un intercambio de cometarios en Libertad Digital acerca de la posibilidad de la colonización de Marte por el ser humano, volví a exponer en él algunas de las ideas que apunto en este escrito. Si bien aquí trato, fundamentalmente, de lo nada que sabemos acerca del origen de la vida, traigo a colación este debate reciente porque su trasfondo es el mismo: el excesivo entusiasmo, la ignorancia y la falta de reflexión con la que el público en general contempla estos asuntos. Puede leerse dicho debate en el vínculo que antecede. Aquí me interesa señalar de él un documental que TVE 2 emitió en esas mismas fechas y sobre el que uno de los participantes, Juan Puyol, tuvo la amabilidad de llamarme la atención. Se titula ¿El final de los astronautas?.

Recomiendo que se vea en su totalidad. Quedémonos aquí con las palabras que constituyen su epílogo:

La conclusión es que viajar por el cosmos es, probablemente, imposible. Y no porque nuestra tecnología actual sea primitiva sino por las limitaciones de la naturaleza y de las leyes de la Física que, indiferentes a nuestros sueños y deseos, impiden los viajes cósmicos: el Universo no está a escala humana.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

27 abril, 2010 at 10:59