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DEL REY Y DE LA INSTITUCIÓN REAL. Juan de Mariana.

          Libro Primero.
          Libro Segundo.

FUNDACIÓN DEL MONASTERIO DE EL ESCORIAL. Fray José de Sigüenza.

          Primera parte: DE LA FUNDACIÓN DEL MONASTERIO.
          Segunda parte: DE LAS PARTES DEL EDIFICIO.

HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA. Juan de Mariana.

CIENTIFICISMO. Miguel de Unamuno.

IDEA IMPERIAL DE CARLOS V. Ramón Menéndez Pidal.

CIUDAD RODRIGO. LA CATEDRAL Y LA CIUDAD. Mateo Hernández Vegas.

           Tomo I.
           Tomo II.

LAS CORTES DE LA MUERTE. Luis Hurtado de Mendoza.

TEXTOS FUNDAMENTALES DEL PENSAMIENTO TRADICIONALISTA ESPAÑOL:

          Manifiesto de los Persas. Varios.
          Cartas a un escéptico en materia de religión. Jaime Balmes.

HISTORIA INTERNA DOCUMENTADA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS. Miguel Mir, Pbro.

SERMÓN CON AVEMARÍA. José Serred Mestre.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 octubre, 2009 at 10:59

Publicado en Biblioteca

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Sermón con avemaría

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portadaAcceso a la edición en formato pdf.

Quan dilecta tabernacula tua, Domine.
Psalmi penitentiali, LXXXIII.

Desternillante y preciosa obrita jocosa escrita por José Serred Mestre (1875-1933) y editada en Valencia en 1902.

Hijo de esta ciudad, fue autor de numerosas obras humorísticas entre las que destaca y ha llegado de manera muy principal a nuestro tiempo este Sermón en el que un entrañable cura rural intenta adoctrinar a sus parroquianos ―vecinos, por lo que se desprende del texto, de algún pueblecito vecino de la capital― acerca de la “Patria celestial” y, al mismo tiempo y, al hilo de numerosas interrupciones ocasionadas por la cerrilidad de los parroquianos:

¡Éstos están en la Iglesia
lo mateix que en un estable!

instruirles en unas normas básicas de urbanidad de las que andan enternecedoramente horros. Ello cual da pie al autor para alternar la parte principal de su sermón, hablada en un castellano tan torpe como voluntarioso, con unas admoniciones que, por salirle del alma al cura, las dice en aquel entrañable idioma valenciano que hoy, merced a la normalización, se oye cada vez menos aunque todavía se oye.

Consigue así el autor una deliciosa obra a la vez jocosa y costumbrista que nos muestra la Valencia de principios del siglo pasado.

La edición que presento aquí digitalizada lo es a partir de la séptima que publicó la Imprenta Julio Mateu. No puedo precisar el año de la misma por no constar en ella pero, por la apariencia del volumen calculo que no debe de ser posterior a los años de 1930.

Vínculos:

Sermón. José Serred Mestre. Edición en pdf. Conceptos Esparcidos.
José Serred. El Sermó del Pare Serret
. Del blog Valencia Canta.
Facsímil portada. Conceptos esparcidos.
Facsímil obra completa. Conceptos esparcidos. (Pendiente).
El Sermó de les Cairetes. Publicado en Scribd por Juan V. Oltra Gutiérrez. Contiene algunas variaciones léxicas que lo acercan más al valenciano moderno (costisia/chostisia/xustisia/justícia; noestros/nostres, etc.), ignoro si por proceder de alguna edición posterior a la que poseo o por modificaciones hechas por el señor Oltra.
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Gutierre de Cetina: Como la simplecilla mariposa… (soneto)

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Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;

vase, vuelve, anda y torna y no reposa,
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.

Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;

mas es tan diferente mi cuidado
que, en medio del dolor de mis enojos,
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo.

Gutierre de Cetina.

 

Nota: Gutierre de Cetina, el conocido autor del soneto que comienza:

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados…

es, también, el autor, entre otros muchos, de éste que presento hoy en Flor de Pretericiones y que se inspira en el de Petrarca:

Come tal ora al caldo tempo sòle
semplicetta farfalla al lume avezza
volar ne gli occhi altrui per sua vaghezza,
onde aven ch’ella more, altri si dole;

cosí sempre io corro al fatal mio sole
degli occhi, onde mi ven tanta dolcezza
che’l fen de la ragione Amor non prezza
e chi discerne è vinto da chi vòle.

E veggio ben quant’elli a shivo m’hanno,
e so ch’i’ne morrò veracemente
ché mia vertú non po contra l’affanno:

ma sí m’abbaglia Amor soavemente,
ch’i’piango l’altrui noia e no’l mio danno,
e, cieca, al suo morir  l’alma consente.

Introductor del soneto en la literatura castellana junto a Íñigo López de Mendoza, Garcilaso, Boscán, Diego de Mendoza y Hernando de Acuña, sus Sonetos y madrigales completos existen en edición moderna de Begoña López Bueno en la colección Letras Hispánicas de Ediciones Cátedra.

Vínculos:

Gutierre de Cetina. Wikipedia.
Obras de Gutierre de Cetina. Biblioteca Digital Hispánica. Biblioteca Nacional. (No se incluyen en ella ni los sonetos ni los madrigales).
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 septiembre, 2013 at 17:31

La Canción de la Carne

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La Canción de la Carne

Para Francisco Villaespesa

Las moradas sombras de la tarde muerta
por el hondo valle, lentas resonaban…;
la selva sombría
se quedó en silencio, triste y solitaria…
C
ortando con lumbre las siluetas largas, largas y espectrales
de los negros árboles,
asomó la Luna por el alto monte su faz tersa y pálida…

Un suspiro lúbrico
estremeció el bosque triste y solitario…
R
esonaron luego frescas carcajadas…,
y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
surgieron desnudas, radiantes y blancas,
hermosas bacantes
que, al beso plateado de la Luna tersa, de la Luna pálida,
parecían vivientes estatuas de nieve;
parecían estatuas
de marmóreos pechos, de muslos pentélicos,
de espaldas turgentes, ebúrneas y albas…

Se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un loco vértigo febril e incitante
giraron lascivas en lasciva danza…

Cesó el torbellino…
Una blonda niña de pupilas verdes y cabellos de oro,
de incipientes pechos y caderas lánguidas,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptuosas,
entornado triste los húmedos ojos,
alzó una canturia de cadencias báquicas…

Todas las bacantes,
balanceando el cuerpo con ondulaciones tiernas, voluptüosas,
entornando tristes los húmedos ojos,
con suspiros hondos la canturia báquica de la rubia niña, locas corëaban…

Cantaba la niña:

«La Carne es sublime, ― la Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
Son sus esplendores
soles febricientes
que alumbran la Senda,
la angustiosa Senda
de los Sufrimientos y de las Desgracias…
En las largas Horas,
en las largas Horas de recuerdos fríos y horribles Nostalgias,
en que el pobre mártir,
en que el pobre esclavo consume las hieles de la Lucha amarga;
cuando los Desprecios, las Ingratitudes, los Amores falsos,
desbordan el rojo Lago de las lágrimas;
cuando los Pesares
destrozan el Alma,
la Carne es un dulce consuelo, en un bálsamo
que, con sus turgencias, con sus morbideces y con sus fragancias,
en espasmos rientes,
trae un noble olvido de la triste Alma;
trae un goce al cuerpo
y bebe la sangre, y la herida cierra, y enjuga las lágrimas…»

«La Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana…
El día más grande de la Vida lúgubre,
es el día rojo de la Desposada,
de la pura virgen
que en delirios locos gozará una dicha lujuriosa y lánguida…:
el Placer ignoto
que, entre el blanco velo y los azahares ve la virgen cándida,
es una Diadema de áureos resplandores
que ciñe la frente de los Sufrimientos y de las Desgracias…;
cuando el noble amado,
la cerrada verja del jardín de goces abre enardecido,
cuando el noble amado la helada inocencia de la virgen rasga,
una Aurora ríe en los cielos verdes de las Ilusiones,
y es la Vida un Sueño de hermosas visiones enloquecedoras;
la Vida es dichosa, la Vida sonríe, suspira la Vida y la Vida canta…»

«En aquel Ensueño
de la niña ardiente,
de la niña ardiente que siente en sus venas la sangre inflamada:
en aquel Ensueño que lleva en sus brumas
brazos amorosos y lechos nupciales y fusión hirviente de cuerpos y almas,
la Carne es el ángel
que bate sus alas…»

«La Carne es la gloria;
la Carne es el cielo de las Esperanzas;
aumenta alegrías;
endulza nostalgias,
y hace que se olviden los negros Pesares,
y hace que no duela la Espina del Alma…
Como a única reina, ciñámosle alegres,
de flores y risas y aromas y cantos, eternal guirnalda…
Löor a la Carne,
que al arder mitiga los cruentos martirios de la Vida humana…»

Se calló la niña.
Tejió una corona de myrthos y rosas y lirios y palmas,
y ciñó su frente
y adornó sus pechos y adornó su vientre y adornó sus piernas y adornó su espalda…

…Las locas bacantes
se enlazaron todas en abrazo ardiente
y, al compás sonoro de sus carcajadas,
en un raudo vértigo febril e incitante,
giraron lascivas en lasciva danza…;
y entre los ramajes de hojas cristalinas
huyeron desnudas, radiantes y blancas…

Y, entre los ramajes de hojas cristalinas,
al beso plateado de la Luna tersa, a veces brillaban
cual estatuas níveas…
hasta que en la agreste selva se perdieron…
y la selva agreste se quedó, de nuevo, muda y solitaria…

Sólo allá, a lo lejos… muy lejos… muy lejos…,
débiles sonaban
quejas ardorosas, intensos suspiros, sollozos extraños,
frescas carcajadas.

Y, de vez en cuando,
venía en las brisas la voz de la niña
que alzaba, embriagada, la canturia hermosa de cadencias báquicas…

…De pronto, cruzaron los Espacios mudos,
de lúgubres cuervos lúgubres bandadas,
que con fugaz vuelo
graznando seguían a tierna paloma cuyas plumas blancas
de gotas de sangre
iban salpicadas…

Juan Ramón Jiménez.

Nota: Si en la entrada anterior de esta Flor de Pretericiones gozamos de la experiencia mística gracias al soneto A Jesús Crucificado de Rafael Sánchez Mazas, con esta Canción de la Carne del delicadísimo autor de Platero y yo descendemos al tratamiento del goce carnal por parte de la poesía.

Cosa difícil. Más difícil de lo que pudiera parecer a simple vista. No cabe ninguna duda de que el sentimiento amoroso es uno de los principales estros de la poesía y el principal de la lírica, como tampoco la cabe de que ha inspirado infinidad de obras sublimes en cualquier literatura, desde luego en la nuestra, de las que renuncio aquí a dar ejemplos por lo infinito de la labor.

Digo, sin embargo, que es cosa difícil: lo es para la poesía moderna desnortada por el error general en el que cae el arte moderno que centra toda su atención en la persona del artista y en su sentimiento y prescinde del todo de la forma, del cuidado del metro, de sus acentos, de la estrofa, de la belleza y ornato de la rima, de ingredientes tan substanciales a la poesía como son los tropos y, muy en especial, de la metáfora y de la alegoría, de manera que cualquier niña enamorada puede plasmar su vulgar sentimiento con cuatro frases manidas y decir que escribe poesía. Nada tengo contra ello. Contra lo que me manifiesto es contra la tomadura de pelo de la industria editorial que, efectivamente, considera poesía estos desahogos y como tal los publica.

Y, si podemos hacer estas consideraciones acerca de la poesía amatoria, ¡qué no podríamos decir de la poesía erótica! ¿A quién se le escapa que asunto tan cercano a nuestra animalidad debiera exigir de la poesía un tratamiento exquisito de forma que evocara las sensaciones que pretende evocar sin caer en la chabacanería, en la fealdad, en la obscenidad y en la crudeza más descarnada? Y, sin embargo, una somera consulta en Google puede hacerles ver a ustedes los abusos que se cometen en este campo.

***

Como ejemplo de un muy buen tratamiento de este asunto escabroso presento hoy en Flor de Pretericiones La Canción de la Carne de la que no tengo noticia que se haya publicado íntegramente con anterioridad en Internet. Pertenece al libro Ninfeas, que Juan Ramón Jiménez escribió por los años de 1900 y con la que, al parecer de los críticos, se inicia en el modernismo. Lo transcribo de la edición que Javier Blasco hizo en la Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, en 1987.

***

Por lo que respecta a la explicación de su origen y creación, bástenos la que el mismo poeta da en el Ofertorio que sirve de prólogo a Ninfeas:

De mi sangre se nutrieron las estrofas de estos cantos;

y, con respecto a su valor moral, recordemos solamente lo que el gran Rubén Darío escribió acerca este poema en su Historia de mis libros:

¡Cuántas veces me he refugiado en algún paraíso artificial poseído por el horror fatídico de la muerte!

***

Vínculos:

Juan Ramón Jiménez. Wikipedia.
Juan Ramón Jiménez. Biografía. Instituto Cervantes.
Juan Ramón Jimenez. Iconografía y tres poemas escogidos. Aprender español en Madrid.
Volver a Flor de Pretericiones. Conceptos esparcidos.

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Cartas a un escéptico en materia de religión

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Cuando se combate contra los enemigos de la religión, que sólo buscan medios de atacarla valiéndose de cuanto les sugieren la astucia y la mala fe, entonces la disputa puede tomar el carácter de un combate en regla; pero, cuando tiene uno la fortuna de encontrarse con hombres que, si bien han tenido la desgracia de perder la fe, desean, no obstante, volver a ella y buscan de corazón los motivos que puedan conducirlos a la misma, entonces el hacer alarde de la ciencia, el mostrar espíritu de disputa, el pretender el laurel del vencimiento, es un insoportable abuso de los dones de Dios, es un completo olvido de los caminos que, según nos ha manifestado, se complace el Señor en seguir, es sacar a plaza el orgullo, es decir, el enemigo declarado de todo bien y el más grave obstáculo para que puedan aprovecharse las mejores disposiciones.
(Carta VII)

Como puede adivinarse por los vínculos que siguen, he dudado mucho si incluir estas Cartas de Balmes en mi colección de Textos Fundamentales del Pensamiento Tradicionalista Español. Me ha hecho dudar la llamada “Tragedia de Balmes” que, tal vez, no sea sino la tragedia de aquéllos que hoy nos preciamos de ser tradicionalistas y hacemos protesta de ello. En palabras de Martín Rubio:

Firme en los principios y en la defensa de la unidad española (católica, monárquica y territorial) […] por penosa inconsecuencia, Balmes no será uno de los representantes del carlismo. En política incurre en lo que se ha llamado la “tragedia de Balmes”: convencido de los errores del liberalismo, testigo de cómo las revoluciones inspiradas por esta ideología han descompuesto la vida española de la primera mitad del siglo XIX, se lanza a predicar la unión dinástica y de los partidos para "conservar, en lo posible, lo antiguo, sin desdeñar demasiado lo bueno". Simple, y quizá por eso fracasada de antemano, fórmula para terminar aquella lucha planteada entre la España tradicional y los liberales.

Así, desde su antiliberalismo, condesciende con él en la mayor campaña política que llevó a cabo desde El Pensamiento de la Nación: el matrimonio entre Isabel II y Carlos VI que fue, también su mayor fracaso.

Como se ha dicho, Balmes no era un político: era un filósofo que llegó a la política desde la filosofía obligado por la coyuntura de su tiempo. Esta transigencia con el liberalismo y este intento suyo de aprovechar lo que de aprovechable tuviera a pesar de estar convencido de su error nos habla de un espíritu tan firme como amable y deseoso, no de vencer sino de convencer.

Este mismo espíritu podemos encontrarlo en estas Cartas en las que, de manera asistemática y con variable acierto a nuestros ojos contemporáneos, trata de los problemas con los que se enfrentaba la religión católica a finales del siglo XIV que, como podemos ver, vienen a ser los mismos con los que en nuestros días se enfrenta. Espíritu que, además, rebosa paciencia y caridad cristiana en su intento de convertir a su interlocutor escéptico.

Paciencia, caridad y… serenidad que notó muy atinadamente Menéndez Pelayo:

Balmes no disputaba jamás con sus contradictores y aguardaba sereno, aunque fuese para un lejano porvenir, el triunfo de la razón y de la justicia.

Sea como sea, a mí me ha encantado su lectura y, por ello, la presento aquí. Valen tanto para el creyente como para el no creyente a quien las dirigió. Para el creyente recuerda Balmes argumentos muy substanciosos que entroncan a nuestra religión con la filosofía. Al no creyente que las leyera con interés y sin prejuicio, seguramente le harán vacilar un tanto en su convicción.

Vínculos:

Centenario de Balmes. Vida y tiempo histórico.  Ángel David Martín Rubio. Tradición viva.
¿Es coherente que un tradicionalista español no sea legitimista?. Hispanismo.org.
El Partido Carlista. Jaime Balmes. El Pensamiento de la Nación.

Volver a Biblioteca.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 abril, 2013 at 9:53

Reflexiones en torno a la acentuación diacrítica de ciertas voces

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Encuentro en un apreciable blog que cito en los vínculos de más abajo —Bibliófilos—, noticia del fracaso que viene teniendo la Real Academia de la Lengua española con respecto a la Ortografía que dictó en el 2010 y del poco caso que los escritores vienen haciendo a sus recomendaciones en lo que respecta a dejar de acentuar el adverbio sólo y los pronombres demostrativos.

Sin entrar en que, como es sabido, la Real Academia no es nadie para dictar normas, sino instituto que se ocupa de fijar, lustrar y dar esplendor al idioma castellano hablado y escrito por el pueblo, ni sin entrar, tampoco, en que desde que Juan Luis Cebrián y otra avifauna entraron en la Real Academia, ésta ya no es la que era, quiero decir que me alegro muchísimo de que, contra lo que dicta su nueva ortografía, la mayoría de las gentes, dos años después de publicada aquélla, continuemos acentuando el adverbio "sólo" y los pronombres demostrativos "éste", "ésta", etc.

Yo, al menos, voy a seguir haciéndolo y ello por tres motivos:

1º. Por respeto a la continuidad de la lengua escrita: el castellano es de las lenguas que menos han cambiado en su escritura a través de los siglos. Un español contemporáneo puede leer con escasa dificultad el Cantar de Mio Cid. Un francés se encuentra con dificultades bastante mayores para leer La chanson de Roland. Cambios nimios en lo particular, acumulados a través de los siglos acaban haciendo de un idioma dos casi distintos y yo, qué quieren que les diga, considero un privilegio de los castellano-hablantes el que podamos leer obras escritas en nuestro idioma hace novecientos años.

En este sentido, quizá la RAE siga cumpliendo sus funciones de “limpiar” y de “dar esplendor” al idioma. De lo que, desde luego, ha prescindido es de “fijarlo”.

2º. Por evitar las ambigüedades y anfibologías que, si bien es cierto que es raro que se produzcan en los casos que aquí comento, tal o cual vez pudieran darse.

3º. Y fundamental: para que los lectores de la lengua castellana de las siguientes generaciones tengan conciencia de la gramática en la que leen, escriben y hablan y conozcan la diferencia que hay entre un adverbio (sólo) y un adjetivo (solo) o entre un adjetivo demostrativo (este) y un pronombre demostrativo (éste). En este sentido, la eliminación de los acentos por parte de la RAE me parece una escalada más en el embrutecimiento de la gente, ya de por sí lo bastante bestia en líneas generales, como para confundir, pongo por ejemplo que en nuestros días clama al cielo, el verbo “haber” con la exclamación “a ver”, vicio extendídisimo en nuestros días, aun entre personas con alguna formación, y que sólo puede explicarse por un desconocimiento absoluto de la gramática: como suenan igual, pues ¡los escribimos igual!

Hace años y notando las dudas que ya existían al respecto en el Siglo de Oro, traté de esto (referido únicamente a la acentuación de los pronombres demostrativos), en este blog.

En aquel tiempo medio me convencieron las respuestas de Amando de Miguel y de otros comentaristas y, hasta ahora y en lo que respecta a los pronombres demostrativos, repito, me he guiado por la regla vaga de su mayor o menor cercanía en la frase al sujeto al que se refieren.

A partir de hoy, como digo, los voy a acentuar sistemáticamente todos aunque la RAE diga Misa y, si alguno se me escapa, que Dios me lo perdone.

Vínculos:

La tilde gana la batalla a la RAE en las palabras “sólo” y “éste”. Bibliófilos. El blog del Café Literario de los usuarios de la Biblioteca Pública Virgilio Barco.
Acentuación del pronombre demostrativo. Conceptos Esparcidos.
Ortografía de la lengua española, 1999. RAE.
Ortografía de la lengua española, 2010. RAE, fragmento (nótese, de paso, cómo han hecho mangas y capirotes con el logotipo).

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 marzo, 2013 at 18:36

Manifiesto de los Persas

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manifiestodelospersas

Quiero aprovechar la efeméride del día de hoy, fiesta nacional de los Mártires de la Tradición instituida por don Carlos VII en su Testamento Político, para iniciar la publicación, en mi biblioteca digital, de una colección de Textos fundamentales del pensamiento tradicionalista español.

Lo hago con el llamado Manifiesto de los Persas, documento tan vilipendiado y ridiculizado como poco leído, por ser, quizá, si no el primer escrito de este pensamiento tradicionalista, sí, al menos el más desgarrado y el que más clara y tempranamente nos expone el inicio de la lucha declarada entre las dos grandes corrientes políticas que ha ocupado nuestra historia en los últimos dos siglos. Lucha que, hasta ahora, no ha sido sino el martirio de la causa tradicionalista a manos de la causa liberal.

Tiempo habrá de comentarlo con mayor extensión. Fijémonos, por ahora, en alguno de sus párrafos:

Tropezaron, pues, desde el primer paso en la equivocación de decir al Pueblo que es soberano y dueño de sí mismo después de jurado su Gobierno monárquico, sin que pueda sacar bien alguno de éste ni otros principios abstractos que jamás son aplicables a la práctica y, en la inteligencia común, se oponen a la subordinación, que es la esencia de toda sociedad humana; así que el deseo de coartar el poder del Rey de la manera que en la revolución de Francia extravió aquellas Cortes y convirtió el Gobierno de España en una oligarquía incapaz de subsistir por repugnante a su carácter, hábitos y costumbres. Por eso, apenas quedaron las provincias libres de franceses, se vieron sumergidas en una entera anarquía, y su gobierno, a pasos de gigante, iba a parar en un completo despotismo.

***

Las ideas en abstracto, a veces, aparecen con un colorido lisonjero; pero contraídas a la práctica no permiten ejecución; así es que, dictada la Constitución, los caminos y poblados están llenos de malhechores; no se experimenta el castigo; los ofendidos miran como infructuosa la queja, resueltos más bien a tomarse la justicia que a reclamarla, y los jueces se consideran impedidos de aplicar remedio hallando una dificultad en cada Artículo, de forma que sólo hallamos libertad en el delincuente y esclavitud en el buen vasallo.

***

Pareció en un principio que sólo procuraban éstos reunir, equipar, disciplinar tropas y buscar fondos que hiciesen valer la fuerza; mas pronto desapareció esta creída virtud y se notó que, mientras gemía el común de los españoles, se ocupaban algunos individuos de estas juntas en acomodarles y acomodarse a sí mismos distintivos y tratamientos, en llenar de empleos a sus parientes, en recoger cuantiosos donativos, en exigir crecidas contribuciones (cuya inversión aun se ignora), hacer inmensas gracias y dar destinos militares y políticos no necesarios, que motivaban una sobrecarga cuando más debía prevalecer la economía. Así hicieron odioso su gobierno, resfriaron el fuego patriótico y aumentaron las desgracias del desamparo y esclavitud.

***

Se crean jefes políticos de las Provincias que motivan un sobrecargo de millones anuales a la Nación y, según las funciones que se les han demarcado, eran las mismas que antes ejercían los jefes de los tribunales sin este gravamen. Al propio tiempo, por el Artículo 325 se crean Juntas Provinciales para promover su prosperidad y, aunque el pensamiento al parecer es bueno, la ejecución nunca corresponderá a él; y, si no, examínese lo que hasta ahora se ha verificado. Mientras menos cuerpos colegiados haya y menos encargados, la ejecución de la ley y la prosperidad de la Nación serán más expeditas y enérgicas.

***

El Artículo 92 dijo: «Que para ser electo Diputado de Cortes se requería tener una renta anual proporcionada procedente de bienes propios»; mas como esto se oponía a la popularidad y el Artículo no podía hablar con los más de los que estaban en aquellas Cortes (antes bien, la Diputación había de convenirse en el empleo o renta de que carecían), se suspendió este Artículo en el 93 siguiente.

***

¿Les suena esto a algo?

A mí, sí. Vieron estos Diputados, y padecieron en sus carnes, lo que hoy, elevado a la enésima potencia, seguimos viendo como fruto del liberalismo político que llevamos padeciendo desde hace doscientos años.

Como dirían ellos:

Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor.

Hoy podemos decir que, a diferencia de “los antiguos persas”, que sólo mantenían esta costumbre durante cinco días tras la muerte de su rey, nosotros, los españoles, llevamos padeciendo, inasequibles al desaliento e imbuidos de la falsa doctrina liberal, sin rey,  desde hace doscientos años la experiencia de la anarquía, asesinatos, robos y mil desgracias más sin encontrar sucesor ni, lo que es peor, sin que tal experiencia nos muestre la necesidad de encontrarlo.

***

Nota a esta edición:  Por los documentos con los que he trabajado para realizar la presente edición, que son su entrada en la wikisource y la edición de la que dispongo en mi biblioteca de la colección Publicaciones Españolas, de  la Dirección General de Información, preparada por don Vicente Marrero y editada en Madrid en 1955, veo que el texto dista mucho de estar fijado y que, tanto la entrada de la wikisource como la edición a la que me refiero contienen abundancia de errores de bulto que, hasta donde me ha sido posible, he tratado de corregir en ésta.

El Artículo 92 dijo: «Que para ser electo Diputado de Cortes se requería tener una renta anual proporcionada procedente de bienes propios»; mas como esto se oponía a la popularidad y el Artículo no podía hablar con los más de los que estaban en aquellas Cortes (antes bien, la Diputación había de convenirse en el empleo o renta de que carecían), se suspendió este Artículo en el 93 siguiente.

Vínculos:

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 marzo, 2013 at 12:28

Del rey y de la institución real. Libro segundo.

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Nota a esta edición:  La presente edición digital está tomada de la que la Biblioteca de Autores Españoles publicó en Madrid, en la Editorial Atlas, en 1950 dentro del título Obras del Padre Juan de Mariana.

Fuera de alguna errata tipográfica evidente, tan sólo he realizado en ella los cambios que señalo o, aun creyéndoles erratas, me he abstenido de hacerlo como igualmente aquí digo:

Pág. 9. Donde dice “cuán pocos se encontrarán” creo que debe decir “cuán pocos se encontrará”. Me he abstenido de modificar el original.
Pág. 23. Donde dice “luchas que habían que procurarles” el original dice “luchas que habían que procurarle”.
Pág. 33. Donde dice “y colmarla” el original dice “y colmarlas”.
Pág. 36. Donde dice “absorbido” el original dice “absorvido”. Ignoro si en el siglo XVI era admisible la ortografía de esta palabra tal como la escribe el padre Mariana.
Pág. 39. Donde dice “prorrata” el original dice “prorata”.
Pág. 45.
Donde dice “en el mundo no había” el original dice “en el mundo no habían”.
Pág. 55. Donde dice “había tampoco” creo que debe decir “había tan poco”. Me he abstenido de modificar el original.
Pág. 57. He respetado la voz “faustuoso” por creer verosímil su uso en el siglo XVI.
Pág. 63. Donde dice “consagrándolo sólo” el original dice “consagrándolos solo”.

Vínculo:
Juan de Mariana. Wikipedia.
Juan de Mariana. Escolásticos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

19 febrero, 2013 at 19:21

Las Cortes de la Muerte

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Oid los que estais dormidos,
Despertad del sueño grave,
Desatapad los oidos,
Quitad la mundana llave
Con que cerrais los sentidos.
Entienda todo mortal
Que tiene cerca la Muerte:
Tenga en la memoria cuál
Será la trompeta fuerte
De aquel jüicio final.

 

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En el día de hoy, conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, enriquezco apresuradamente mi editorial digital con esta maravilla del teatro castellano: un auto sacramental olvidadísimo y sin embargo, desbordante de sabiduría, de moral —véase, por poner uno de tantos ejemplos, el diálogo entre Heráclito, filósofo triste, y Demócrito, filósofo alegre, en la escena XVIII— y hasta de un insuperable sentido del humor —la participación en la escena vigésima del portugués pretendiendo que la Muerte no tiene poder sobre los reyes de Portugal, leída con atención, es desternillante—.

Son Las Cortes de la Muerte de Luis Hurtado de Toledo, —aunque comenzadas por Miguel de Carvajal—, a no confundir con la obra del mismo título de, indudablemente, inspirada en aquella, del divino Lope.

Estas cosas, señores, tiene la literatura castellana: su Siglo de Oro no nació de la nada. Nació de antecedentes como este.

Esta edición la he realizado a partir de la de la Imprenta de los Sucesores de Hernando, Madrid, 1915, en la recopilación que don Juan Justo de Sancha hizo para el tomo trigésimoquinto de la Biblioteca de Autores Españoles, obra tan monumental en su día como olvidada en los nuestros y  que poseo, encuadernada en pasta española, como una de las joyas de mi biblioteca.

Vaya aquí, en lo que valga, en formato e-book.

Vínculos:

Danza de la Muerte. Wikipedia.
Luis Hurtado de Toledo. Wikipedia.
Edición facsímil. Google-Books. En ella pueden encontrarse la presentación y los comentarios del editor, don Justo de Sancha, de los que he prescindido en mi edición por dejarla más expedita.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 noviembre, 2012 at 20:14

Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad

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Presento hoy aquí, en esta Biblioteca que, poco a poco y con la ayuda de Dios, va aumentando, el primer volumen de un clásico local mirobrigense: Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad, escrita por don Mateo Hernández Vegas en la primera mitad del siglo pasado y publicada por subscripción popular.

Poca presentación necesita para el lector de Ciudad Rodrigo. Alguna, sí, para el foráneo: En su obra, don Mateo relata con minuciosidad y erudición exquisitas la historia del edificio material de la Catedral y de la sede episcopal civitatense desde su probable fundación en tiempo del emperador Constantino, y pasando, a través de la oscuridad de siglos oscurísimos, por su cierta reposición por Fernando II, hasta el desgraciado siglo pasado, relato  en el que entrevera los avatares históricos de la ciudad con tal o cual noticia de interés puramente local.

Ciudad Rodrigo ha sido fortaleza fronteriza por partida doble: frontera, por un lado, frente a la España sarracena y, por otro, frente al reino de Portugal. Esto la sometió a infinidad de guerras y sitios tanto durante la Edad Media como durante la Moderna en la Guerra de la Independencia. Su historia es, pues, tan rica en episodios bélicos dignos de memoria para la historia general de España como en heridas en el edificio de su catedral, edificada en el flanco más débil de la ciudad y, por ello y a la vez, como iglesia y como fortaleza. Así lo expresa don Mateo en su prólogo:

Por lo menos, nosotros confiamos que los que se dignen pasar la vista por estos apuntes y sepan apreciar la historia heroica de nuestra Catedral, cuando observen en el precioso monumento tantas mutilaciones, tantas descalabraduras y, ¿por qué no decirlo? tanta pobreza en muchos de sus accesorios, podrán decir: No es extraño; lo extraño, lo verdaderamente admirable, es que la Catedral de Ciudad Rodrigo exista todavía.

No es, sin embargo, este libro mero relato de aconteceres bélicos. Ni muchísimo menos: es todo un alarde de erudición artística, histórica, religiosa, moral y, ¿por qué no decirlo?, de noticias que, no teniendo más interés que el puramente local, nos dan un dibujo entretenídisimo de la vida de nuestros antepasados.

Trasciende, pues, esta obra del mero interés local, y lo tiene, y mucho, para el amante de la Historia de España que quiera entretenerse con este pequeño fragmento de la misma. Como, igualmente, dice don Mateo:

La historia de nuestra Catedral y de nuestra nobilísima y heroica ciudad, juntamente con pequeñas rencillas de vecindad, nos ofrecerá altos ejemplos, no superados por ningún otro pueblo y ninguna otra institución, de amor a la patria, de virtudes religiosas y cívicas, de abnegación y heroísmo, dignos de ocupar honroso lugar en las más brillantes páginas de la historia general de España.

Nota: La presente edición digital la he realizado a partir de la edición del autor impresa en Salamanca el año 1935 sin introducir en ella ningunas otras sino aquellas modificaciones que me han parecido de erratas tipográficas evidentes.

Es mi intención publicar aquí, en el lapso de tres o cuatro meses, el segundo tomo de esta obra.

Vínculos.

Ciudad Rodrigo. Wikipedia.
Catedral de Santa María de Ciudad Rodrigo. Wikipedia.
Centro de Estudios Mirobrigenses.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

1 octubre, 2012 at 13:19