Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Rafael Palacios. El pensamiento irracional

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En una entrada reciente de este blog, Los reptilianos existen y habitan entre nosotros, me ocupé en la reflexión de cómo el pensamiento racional, que suponemos en quienes se dirigen a nosotros con algún afán de magisterio, está siendo sustituido en nuestros tiempos por otro en el que la razón se deja dominar por la emotividad, por la fantasía y por la afectividad hasta acabar apareciéndosenos como un pensamiento pseudorracional cuando no, francamente disparatado en sus formas más extremas que podríamos denominar pensamiento Lankamp.

Las razones por las que esto está sucediendo serán, con seguridad, muchas.

En primer lugar, tal modo de razonar ha existido siempre: siempre ha habido personas cuyo pensamiento ni está ―ni tiene porque estar―, presidido de manera omnipresente por la razón. Pero, de lo que trato no es de su existencia, sino de su proliferación.

Y, como digo, las razones serán muchas: la práctica ausencia de lectura clásica; la importancia que han adquirido las películas de cine en la cultura de la mayoría de la gente que, quizá, esté borrando la frontera entre la realidad y la fantasía en muchas personas, sobre todo jóvenes. La facilidad con que cualquiera puede acceder, con una cámara y un micrófono, a miles de personas que aplauden su discurso, por muy disparatado que sea. La satisfacción espiritual que tal aplauso genera en esas personas. La necesidad de, para mantener tal audiencia, ir disparatado cada vez más el discurso, etc. y muchas otras que, seguramente, se me escaparán.

El asunto me preocupa porque este pensamiento irracional ―que antes se ocupaba de temas baladíes (fantasmas, extraterrestres, etc.)―, se está empezando a ocupar de asuntos políticos y sociales, de manera que se está propalando la impresión de que, por todas partes, estamos ―cuando digo estamos, en plural, me refiero a una colectividad imprecisa― subyugados por una conspiración dirigida por lo que se llama ―también de manera imprecisa―las élites.

Ciertamente, yo soy el primer convencido de la embestida de un movimiento neomarxista, gramsciano y dirigido por la izquierda política y por los medios de comunicación mayoritarios. Un movimiento que pretende dinamitar el orden natural y nuestra manera de ser tradicional fundamentada en éste y que trata de instaurar lo que se conoce como nuevo orden mundial.

De esto, a estas alturas, no creo que se necesite dar pruebas: la legislación que se está haciendo con respecto al movimiento lgtb, el menosprecio y el ataque a la religión católica, la falsificación de la Historia, la utilización política de minorías, el acoso y derribo que estamos viendo a la Presidencia de Trump desde su mismo comienzo etc., lo son más que evidentes.

Existe, pues, tal ―llamémosla― conspiración y sucede que, cada vez, más gente se está dando cuenta de ello.

El problema que trato aquí es que mucha de esta gente, ignorante y tan ayuna de lectura como empachada de películas de ciencia-ficción, vídeos de YouTube y búsquedas en Google como sola fuente de conocimiento, cree y sostiene que todo es conspiración, confundiendo ese movimiento neomarxista con una conspiración que está en todas partes: en la ciencia, en la medicina, en la Iglesia…

***

El asunto me viene preocupando. Soy antisocialista a muerte. Si tuviera un hijo, le haría jurar, como Amílcar Barca a Aníbal, odio eterno a los socialistas.

Afiliado a VOX desde el 6 de octubre de 2018, esto es, desde antes de que este partido diera la campanada en las elecciones andaluzas de diciembre de aquel año. Y me preocupa que personas cercanas a él incurran en este error, por no decir en estos disparates y en este engaño a los simples.

Y me preocupa porque, escuchando el enemigo globalista en nuestra boca tales disparates, lo que estamos haciendo es darle armas para combatirnos: si quienes dicen que la tierra es plana, que la señora de Trump es pleyadiana o que a las niñas de Alcacer las mató el rey Juan Carlos, son los mismos que denuncian y combaten el movimiento neomarxista, se sigue que tales gentes estamos como una cabra y que tan falsa es esa conspiración neomarxista como el terraplanismo.

***

Pesan sobre nuestras espaldas dos mil quinientos años de pensamiento racional, defendido, en los últimos dos mil, por el catolicismo que, desde sus mismos orígenes, tuvo que enfrentarse con las armas de la razón a la heterodoxia y a la herejía, argumentadas siempre mediante sofismas, sentimentalismos y este pensamiento irracional.

El marxismo ―hoy neomarxismo― es la peor de las herejías, hija del error filosófico del subjetivismo, y su combate hay que hacerlo con el arma de la razón, como siempre ha combatido la Iglesia Católica a la herejía, y no mediante el error; el error de utilizar para ello ese pensamiento irracional del que hablamos y que también hunde su raíz en el subjetivismo.

***


Para ilustrar mi pensamiento voy a utilizar un vídeo de YouTube de hace unos días en el que, uno de estos reptilianos, Rafael Palacios, pontifica acerca de la catástrofe del coronavirus.

Y lo ilustro con Palacios porque, frente a otros iluminados, pretende disimular su discurso con una apariencia de seriedad, abundancia de información y pseudorracionalidad de la que carecen otros. Y, también, porque su supuesta simpatía por VOX, le hacen más peligroso en el sentido al que antes me referí.

***

Hecho este preámbulo, quiero añadir, antes de continuar, que soy médico, que durante estos últimos meses he tenido que asistir a enfermos de la covid19 y que, por tanto, no estoy hablando a humo de pajas, aunque esa condición mía es lo que menos importa para este discurso.

***

Analizamos, pues, la intervención de Palacios.

Su tesis general es que la catástrofe que ha supuesto el coronavirus forma parte de esas conspiraciones que las élites gobernantes y la ciencia fomentan a mano a mano. Analicémosla:

Comienza diciéndonos, para empezar, que:

Prácticamente nadie que esté sano se ha muerto por el covid.

Esto, sencillamente, no es así. Y no es así, no sólo con el covid; lo es con cualquier enfermedad banal: casi cualquier enfermedad, por leve que sea, puede complicarse y causar la muerte de una persona aunque no lo parezca. Sucede, sin embargo, que en la infección por coronavirus la mortalidad en personas sanas ha sido mucho mayor. Dramáticamente mayor.

Principia su tesis conspirativa diciéndonos que se han dado “órdenes para sedar a los ancianos enfermos sin prestarles otra asistencia”:

Hay una orden directa que ha ocurrido en España y se sabe perfectamente, que la orden era: sedación, no se puede hacer nada por ellos, dejadlo.

Lo que dice aquí es una ofensa para cualquier médico; ningún médico, a la hora de tratar a un paciente, va a hacerlo siguiendo las órdenes de nadie. Va a tratarle según los conocimientos médicos actuales, su propio conocimiento  y según su leal saber y entender. Ningún médico, conociendo que una supuesta “orden” que le den va a redundar en perjuicio de su paciente, va a cumplir tal orden.

Lo que aquí ignora Palacios es que, en Medicina, se entiende como catástrofe aquella situación en la que las necesidades superan con mucho a los recursos y, cuando, esto sucede hay que establecer preferencias. Es lo que se llama “triage” ―clasificación―y existe desde mucho antes de que apareciera el coronavirus. Es doloroso, es frustrante, pero, cuando esto sucede, hay que preferir a aquél que tenga mayores posibilidades de sobrevivir sobre el que tiene menos.

Con esto, no quiero decir que no se haya cometido errores muy dolorosos haciendo un corte tajante por la edad, pero hay que comprender las cosas: la catástrofe, en Medicina de catástrofes, se considera como caos o desorden. La misión del médico al enfrentarse a ella en su comienzo, no es la de prestar asistencia a todos y cada uno de los afectados, sino intentar ir introduciendo orden en el desorden y ello significa que no se puede prestar la asistencia como se presta normalmente y significa, también, que, efectivamente, se cometen errores.

Continuemos:

Durante los primeros días circularon varios mensajes de médicos por whatsapp

Hete aquí una muestra de lo que Palacios considera “fuentes”, “argumentos” y “documentación” para abonar su tesis: el whatsapp.

Lo que yo pienso es que los que han muerto ha sido a consecuencia de la mala praxis, de las letales recomendaciones de la OMS…

Pues, lo que yo pienso es que la Medicina se ha encontrado ante una situación desconocida y, como no puede ser de otra manera, no ha dispuesto de pautas de prevención y tratamiento efectivos para afrontarla.

Si, desde un primer momento, se hubiera sabido cómo tratarlo, seguramente hubieran muerto muy pocas personas.

¡Coño! ¡Claro! Y, si lo supiéramos ya, no estaríamos tan preocupados.

Un profesor mío de francés, cuando traducíamos una palabra castellana a ese idioma haciendo la pretendida trampa de decirla en castellano pero acabada en é nos decía:

Entonces el francesé sería muy facilé, señor fulané.

Pues eso: tiene razón Palacios: si supiéramos cómo se trata no habría habido tantos muertos.

Se refiere Palacios, también, a la utilización de las sales de quinina en el tratamiento y, aunque su discurso aquí es algo atropellado, habla de lo que él entiende como un veto hacia las mismas por parte de la UE y dice:

Nos encontramos ante un asesinato en masa preconcebido cuyos responsables son los jefes de la OMS.

Las sales de quinina se utilizaron ya en el tratamiento de la gripe de 1918. Su utilidad es dudosa pero, ante la carencia de tratamientos con efectividad clara, su uso es lícito. Tan lícito como que en los hospitales españoles, antes de que Trump las mencionara para rechifla general del rojerío, se estaban utilizando en España como tratamiento de prescripción hospitalaria, tanto para pacientes hospitalizados como para pacientes ambulatorios. No ha habido, pues, ningún veto a la hidroxicloroquina. Lo que ha habido ha sido un desabastecimiento debido a que La India, principal suministrador de su principio activo, cerró sus fronteras a la exportación.

Insinúa la especie de la “creación” del virus; habla del laboratorio de Wuhan y, en definitiva, aunque no afirma rotundamente su origen artificial, lo deja caer:

Aparte, ya, de la creación del virus, que ésa es otra película, claro.

No siendo impensable, en nuestros días, la creación artificial de un virus a la vez muy mortífero y muy contagioso ―al fin y al cabo, la ingeniería genética es capaz de crear razas vegetales resistentes a las plagas, por ejemplo― no tenemos, absolutamente, ninguna razón para pensar que esto haya sucedido con el coronavirus. Su genoma es conocido y está a disposición de todos los genetistas y virólogos del mundo. Si en ese genoma se detectaran secuencias imposibles de explicar por cambios naturales, por mutaciones naturales, nos enteraríamos todos. Otra cosa es que haya salido de manera accidental del laboratorio de Wuhan, pero el truco está en pasar subrepticiamente del argumento del origen artificial al de el escape accidental, con lo cual esta gente lo que hace es llevar a la mente del simple y del indocto la idea de que el virus lo han creado los chinos para cargarse a media humanidad.

Llegados a este punto del vídeo entra en el interlocutor de Palacios a rematar de cabeza introduciendo el tan querido argumento de esta gente: la herboristería:

Esto te lo puedo contar yo que, en mi familia, hemos tenido todos ―creo― el virus y nos lo quitamos con artemisa en un día o día y medio… te puedo asegurar que en mi caso funcionó de maravilla.

¿Qué decir? Aquí me remito a lo que dije en Los reptilianos..: con esta gente no merece la pena argumentar. Su sistema límbico, asiento de la afectividad y de las emociones, tiene hegemonía sobre su córtex frontal, asiento del pensamiento racional. Si argumentamos con razones, pensamos que se las estamos dirigiendo a la corteza frontal, pero, en realidad, ella las recibe sumamente influenciada por el sistema límbico y las rebota, con lo cual es como si estuviéramos hablando con la pared de enfrente. Aunque, bien es verdad que este interlocutor no es de los más cerrados y deja abierta la puerta a la duda:

También es verdad que hay gente que no tomó nada y, más o menos, también se libró… yo creo que, si no lo hubiéramos tomado no hubiera pasado nada.

Yo pienso lo mismo.

Aprovecho en este punto para volver a señalar la forma con la que este pensamiento irracional se esparce y multiplica:

Y compramos la última bolsita y ya no había más; dijo la chica: se ha agotado. Ya no hay.

Remata entonces Palacios:

Imagínate tú si esto lo supieran todos los españoles y todo el mundo tuviera su poquito de artemisa en su casa…

Sirva para el MMS lo dicho para la artemisa.

***

Y entramos ya en la conspiración pura y dura:

Todo aquello que cure van a perseguirlo… si tuviéramos los métodos para curarnos no dependeríamos del sistema sanitario que está controlado por ellos.

Y en la Filosofía:

Estamos viviendo el final de un paradigma en el cual la ciencia ha ocupado el papel de Dios.

En esto estoy de acuerdo con Palacios; esto siempre se ha llamado cientificismo ―ya Unamuno se ocupó de él―. No estoy seguro de si es verdad que estamos ante su final; no lo creo, pero estoy de acuerdo con Palacios. Sucede, sin embargo, como veremos más adelante, lo muy cientificista que es él.

Dice su interlocutor:

Si yo soy un profesional de la salud y alguien me dice que la artemisa cura, yo, ¿qué hago? ¿Lo niego o voy a investigarlo?

Es evidente que si algo se demuestra eficaz para tratar una enfermedad, ese algo pasa a formar parte del arsenal terapéutico de lo que esta gente llama medicina científica. El problema está en que hay que probarlo. Tiene que haber evidencia. Lo que no pueden hacer los médicos es hacer lo que se dice en YouTube que debe hacerse.

La especialización en las diferentes ramas del saber y, particularmente, en Medicina, ha hecho que no se comprenda el conjunto… si hay un especialista que sabe del riñón, otro del páncreas, otro del pulmón, otro de los huesos y otro de la uretra, no se da cuenta de que todo eso va junto, pues es que nos perdemos.

Los médicos, como todo el mundo sabe, somos tontos y desconocemos la unidad del cuerpo y de la persona humana. Cuando recetamos un fármaco para curar un órgano, no nos preocupa que podamos fastidiar a otro órgano. Desconocemos las interacciones y los efectos secundarios de los medicamentos. Menos mal que está Palacios para advertirnóslo.

El interlocutor:

De hecho, ¿cuánto hace que no se escucha que se descubre, de verdad, la cura de algo? La cura de verdad.

Aquí estoy del todo de acuerdo con él. La Medicina que, hasta la revolución científica estaba dividida en multitud de escuelas, cada una de las cuales la practicaba según ideas preconcebidas suyas, se unificó y experimentó su mayor desarrollo con la teoría celular de Schleiden y Schwann y los estudios de Virchow en Patología, Claude Bernard en Fisiología, Leeuwenhoek en Microbiología, Mendel y Watson y Crick en Genética. Estamos hablando del siglo XIX y principios del XX. Esto fue un cambio radical de la Medicina que elevó exponencialmente su eficacia a la hora de cumplir su objetivo, que es la curación de la enfermedad. Culminó este desarrollo con el descubrimiento por Fleming de la penicilina y, con el advenimiento de los antibióticos, la Humanidad pudo ver cómo un grupo de enfermedades, las infecciones bacterianas, hasta entonces muchas veces mortales, se convirtieron en enfermedades leves. Es verdad, sin embargo, que, desde entonces, no hemos asistido a un avance tan determinante y continúa habiendo muchos grupos de enfermedades que no podemos tratar de manera definitiva no obstante los avances técnicos que han sucedido desde entonces.

Pero, hete aquí que Palacios le contesta y completa la idea de una manera insospechada:

Es que las curas las censuran… Es que al que descubre algo le crucifican.

Y aquí vuelvo a lo que afirmé antes: Palacios es cientificista. Cree en la omnipotencia de la ciencia. Cree que su desarrollo será infinito y llegará un tiempo en el que, gracias a ella, la Humanidad será feliz. Si esto no sucede, hoy por hoy, es porque alguien “lo censura” y… el problema está en el Colegio de Médicos.

Y no es así: en ningún sitio está escrito que la ciencia sea capaz ni de saberlo todo, ni de poderlo todo, ni de resolver todo a nuestro gusto. Ni de que su avance haya de ser exponencial. El hecho de que tuviera un momento esplendoroso en el siglo XIX y que ese momento deslumbrara a la Humanidad, no quiere decir que la carrerilla que tomó durante él vaya a durar para siempre.

Habla Palacios:

Llegando casi a prohibir que una persona se sane a sí misma… llegando a obligarnos a meternos un veneno en nuestro cuerpo.

No hay nada de esto. Es otro concepto estrambótico de la Medicina del que también participa Celades. La Medicina no obliga a nadie a nada. Una persona, cualquier persona, bien informada, es absolutamente dueña de sí. La Medicina le aconseja, le informa, acerca de lo que, por su conocimiento actual, piensa que es mejor para ella. Pero obligarla, no la obliga a nada.

Otra cosa es, y estoy de acuerdo en esto, la utilización que gobiernos de tendencia totalitaria hagan del miedo a la enfermedad por parte de la población y utilicen de manera más o menos torticera argumentos médicos o argumentos científicos. Por eso insisto tanto en la diferencia meridiana que tiene que haber entre la crítica al peligro totalitario real que entraña la izquierda y la crítica a una supuesta conspiración por parte de los científicos, mezclando ambas en un totum revolutum.

Voy acabando:

Para mí el progreso es una cosa peyorativa; es la degradación del ser humano ―dice Palacios.

y lo presenta mostrando cómo, desde la Revolución Francesa, el Estado se nos mete hasta en la sopa.

También estoy de acuerdo, pero vuelvo a lo mismo: si un señor que nos dice estas cosas, que son ciertas, nos dice al mismo tiempo que la cura para el coronavirus está en la artemisa, vamos mal.

***

Con todo esto no quiero decir ni que la OMS, ni la coalición de gobierno socialista-comunista que gobierna en España no hayan sido responsables de multitud de negligencias, ni que éste último esté aprovechando la catástrofe para dar un golpe de estado totalitario en España.

Lo que digo es que, utilizar los argumentos pararracionales que utiliza Palacios desacredita la denuncia de tales negligencias y de tal golpe de Estado.

Vínculos:

Charla con el gran Rafael Palacios. Opinatubers. YouTube.
España. Personalismo y crisis de la razón católica. Magnífica exposición de David González Alonso en la que desarrolla la identidad del pensamiento católico hasta el Concilio Vaticano II con el pensamiento clásico y a ambos con el racional frente al irracional emotivo propio del subjetivismo. Canal TLV1.
Historia de los heterodoxos españoles
. Marcelino Menéndez Pelayo.
Cientificismo. Miguel de Unamuno.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

8 junio, 2020 a 14:40

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