Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Las dos Españas de Oramas

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Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Si hay algo que desprecio con toda mi alma es a esa gente que sostiene que todos los políticos son iguales.

Hoy, a la sesión del Congreso que ha dado a Pedro Sánchez la enésima prórroga de su estado de alarma, la diputada de Coalición Canaria, doña Ana Oramas, ―la que con tanto donaire reprochara al macarra de Iglesias  aquel “ese tonito, ese tonito”― ha acudido melodramática, lacrimógena y, lo que es peor, imparcial y equidistante.

Y, a falta de mejor numen para ilustrar su discurso con alguna cita literaria, lo ha hecho con la manida de Machado de las dos Españas.

Nos ha dicho, desde la tribuna, la señora Oramas:

Goya pintó los cuadros más hermosos y más siniestros en los que se puede leer una parte de la historia de nuestro país. Hoy miro las fotos de los periódicos y las declaraciones de ustedes, los grandes líderes políticos y me parece estar viendo lo mismo: un cuadro cada vez más tenebroso de una sociedad dividida en donde las dos mitades se odian a muerte. […] Estamos pintando el viejo país de siempre; las dos Españas de Machado que al final terminan helándonos el alma, etc.

El del españolito que vienes al mundo te guarde Dios, me ha parecido siempre uno de los poemillas más estúpidos y desafortunados de Machado. Cada cual tiene las dotes que tiene y, en general, no creo que un poeta lírico deba meterse en honduras políticas al versificar. Lo que a un poeta sarcástico como Quevedo se le permite:

Católica, sacra, real majestad…

no se le debiera alabar al gran paisajista de Soria y, mucho menos, acogerse a su indudable valor de poeta y recurrir a la majadería que escribió allí para justificar una imparcialidad y equidistancia reprochables.

Porque el ser imparcial ante un enfrentamiento desigual no es imparcialidad sino cobardía: ya sea por miedo a tomar partido por lo justo ante lo injusto, ya sea por querer disimular que, en realidad, se está del lado de lo injusto.

Y es injusto ―como ya lo era en el tiempo de Machado― hacer iguales a las izquierdas y a las derechas (permítaseme esta clasificación simplista) y acusarlas con el mismo grado de responsabilidad de las calamidades que la izquierda y sólo la izquierda está ocasionando a España desde hace cien años.

No, Oramas, no. No ha sido la derecha la que ha ha vuelto a traer el enfrentamiento civil a España; no la que ha comenzado esta legislatura con los discursos más pavorosos y llenos de rencor y amenazas que hemos escuchado nunca en una investidura parlamentaria desde que empezó la Transición.

Nosotros a nadie odiamos a muerte. Ellos, sí.

Sería interminable remontarse al sin fin de pruebas que ha venido dando la izquierda desde los tiempos del video del doberman socialista. Tampoco es menester darlas porque están en la mente de todos quienes no están cegados por la insania marxista o la ceguera progre.

Y, tan interminable como eso sería pormenorizar el miedo de la derecha, desde los primeros tiempos de la Transición hasta casi nuestros días, a que la tilden de facha, fascista o franquista. Miedo que le ha hecho tratar a esa izquierda cerril, rencorosa y violenta con un respeto reverencial, que Oramas no quiere ver, y que la ha llevado hasta a asumir y transigir con cosas con las que nunca debiera de haber transigido ni asumido.

Oramas lo sabe.

Repito que sería interminable acudir a los hechos pasados y presentes. Bástenos reflexionar cuál hubiera sido el comportamiento de la izquierda ante el desastre de la pandemia que padecemos si hubiera estado en la oposición y cuál está siendo desde ella el de la derecha.

Y, todo ello, si atendemos únicamente a los comportamientos.

Si, además, atendemos a hechos objetivos plasmados en el BOE; a la deriva totalitaria neomarxista que la izquierda está desenvolviendo desde el Gobierno de la nación al amparo del estado de alarma que Oramas ha vuelto a respaldar hoy refugiándose en la cita de Machado, notaremos una actitud equiparable a la de aquél que, viendo a un energúmeno atacar por la calle a una anciana, se manifiesta neutral, equidistante.

Porque anciana, muy anciana, es la nación que estos energúmenos están tratando de llevarse por delante ante la mirada imparcial de Oramas y porque hay momentos en los que tomar partido es una obligación moral.

Las bestias marxistas son nuestros enemigos. Enemigos ya declarados y a batir, sí. Pero yo no sé que decir de políticos neutrales que halagan al ciudadano repitiendo la torpe disculpa de que todos los políticos son iguales.

Nos habla de Machado y yo digo que lo que estoy diciendo aquí, se lo diría al mismísimo Machado si resucitara porque el comportamiento de los unos y de los otros es el mismo ahora que hace ochenta años.

Lo peor del cuarteto de Machado no es que sea un ripio, sino que es mentira: no hay dos Españas pendientes del nacimiento de españolitos para ir a helarles el corazón. Lo que hay es una España que no tolera la existencia de la otra y quiere hacerla desaparecer o, al menos, relegar de la vida pública, y otra, ésta, que no se resigna a ello.

Esta última, creyendo que to er mundo é güeno, que cualquier ideología política es respetable, vive normalmente en la higüera mientras la otra maquina contra ella y sólo cuando se quita el disfraz, reacciona. Hoy mismo, mientras Oramas votaba a los marxistas, estos le han abierto la cabeza a un taxista en Moratalaz y han llamado “puta fascista” a su novia. ¿Su culpa? Manifestarse contra el Gobierno llevando la bandera española. ¿Me querría Oramas citar un ejemplo semejante en esa otra España que, según ella, también nos quiere helar el corazón?

Alguien, no recuerdo quién, dijo una vez que el problema de resolver quién fue el culpable de la Guerra Civil se limitaba a conocer quién fue el que pegó el primer tiro.

Se lo digo con palabras que pronunció José Antonio desde la misma tribuna desde la que ella ha hablado:

Y nosotros, que tenemos en nuestras filas todas estas bajas y otros muchos heridos graves, nos hemos resistido a todos los impulsos vindicativos de los que nos pedían una represión enérgica y una represalia justa, porque consideramos mejor soportar, mientras sea posible, que abran bajas en nuestras filas que desencadenar sobre un pueblo una situación de pugna civil. Nosotros hemos sufrido hasta ahora todas las víctimas y las hemos sufrido en silencio; y, si no lo hemos dicho antes y si lo digo ahora, sobria y solemnemente para contestar a las imputaciones salidas de esos bancos (Señalando a la minoría socialista) es porque nosotros, con nuestros muertos —y esto es lo más serio que os digo de todas mis palabras—, podemos hacer símbolo de enseñanza o de escuela de sacrificio; lo que no queremos nunca es pasear sus despojos por el terciopelo ajado de estos bancos para convertirlos en efectos políticos desdeñables.

Es seguro que la derecha de hoy día no tiene la grandeza intelectual ni espiritual que respiran estas palabras, pero es igualmente cierto que el grado de prudencia de esta derecha sólo es equiparable a la violencia de la izquierda, y no es aceptable que gente como Oramas utilicen la disculpa de tal o cual manifestación salida de tono para medirnos a todos por el mismo rasero.

Es al contrario: la derecha tiene el deber de plantar cara resueltamente, valientemente, no ya a los ataques personales de la izquierda ―que lo llevamos haciendo con resignación desde hace muchos años―, sino a sus actos de ahora que nos llevan al despeñadero del totalitarismo neomarxista y de la ruina económica.

En tanto que los partidos de izquierda no se han cortado nunca ni un pelo a la hora del ataque verbal ―y, a veces, no tan verbal― la derecha siempre ha tratado de responder con mesura y amabilidad. Una amabilidad que la diputada canaria, parece echar hoy en falta y cuya falta pone al mismo nivel que la violencia izquierdista.

Vuelvo otra vez, las palabras de José Antonio:

Porque ¿quién ha dicho —al hablar de «todo menos la violencia»— que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Entiéndase, como yo quiero entender, que son otros tiempos, que lo de las pistolas hay que contextualizarlo y que yo soy el primero que no quisiera que llegáramos a ello aunque, al paso que van las cosas, no soy ya capaz de asegurar nada.

En cualquier caso, sí: en estos momentos abogo por el enfrentamiento civil descubierto y por el fin del disimulo, la complacencia y la equidistancia.

En este sentido, créame, Oramas, que deploro su discurso de hoy en el Parlamento.

Vínculos:

Resumen de las intervenciones de los partidos de izquierda en la sesión de investidura de Pedro Sánchez. Enero 2020. Parlamento español.
Discurso de fundación de la Falange Española. José Antonio Primo de Rivera, 1933. Obras Completas de José Antonio. Rumbos.net.
La Falange y la F.U.E. José Antonio Primo de Rivera, 1933. Obras Completas de José Antonio. Rumbos.net.
Antonio Machado visto por Ridruejo. Conceptos esparcidos.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

20 mayo, 2020 a 15:41

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