Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Los reptilianos existen y habitan entre nosotros

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Parece ley cierta, en la historia del pensamiento filosófico de los últimos siglos que, tras períodos de exaltado racionalismo, han de sobrevenir, como reacción, sistemas filosóficos que concentren su atención sobre lo concreto existente y cuyos medios de conocimientos sean de base predominantemente irracional.
Precisamente hoy, en el campo de la filosofía, asistimos a la más cruda expresión de esta antítesis de cuantas históricamente se han dado.

Rafael Gambra.

1. La edad media. Charlatanes

José Ignacio Torreblanca, en su columna Café Steiner de El Mundo, reflexionó el pasado día 5 de abril, en su artículo El Otro Virus, sobre la que él denomina “infodemia” o sea la sobreabundancia de información, lamentándose de que esa información no sea tal, sino basura que, disfrazada de información, circula por las redes.

Considera cómo esta basura, que ha existido siempre, gracias a la copia digital, prácticamente ilimitada y gratuita, hace de ella un inmenso vertedero informativo que está haciendo que el siglo XXI se parezca menos a un engrandecimiento de la Ilustración que a una nueva Edad Media amuchidumbrada de juglares, charlatanes y timadores que aprovechan la peste para darse importancia.

Apunta como causas del problema a la manipulación deliberada de la información por parte de políticos extremistas; a la predisposición al bulo y al sensacionalismo en una redes sociales que viven de fomentar la polarización y la emoción antes que el consenso y la razón, y, por último, a que gobiernos como el ruso o el chino, la utilizan para sostener lo que él llama su modelo autoritario.

Sin entrar a discutir con él acerca de tales causas, y prescindiendo de los chinos y de los rusos, cosa con la que no estoy muy de acuerdo con él, quiero apuntar en este escrito a otra, señalando antes que, más que al bulo político, me voy a referir a chaladuras tales como los ovnis, el terraplanismo, los marcianos redencionistas, las maravillas que obra en la salud el beber agua de mar, etc., aunque notaré de paso la relación perniciosa que ellas tienen con las fake-news políticas.

2. Antecedentes y situación actual

El bulo ha existido siempre y muchas veces se ha utilizado con finalidad política. Recordemos, por ejemplo, el que los rojos hacían circular durante la II República acusando a los curas de regalar caramelos envenenados a los niños.

Igualmente, siempre ha existido la concepción irracional de la Naturaleza, del universo físico. Siempre han existido vendedores de crecepelo, como ha existido gente que les ha creído. Y siempre han existido narradores de historias de fantasmas o de extraterrestres y gente que, más o menos ha creído tales historias o que, sin llegar a creerlas, las ha mirado como pasatiempo ameno.

Lo novedoso es la proliferación de estos charlatanes y lo sorprendente (y preocupante) es la cantidad de personas, mayormente jóvenes e ignorantes, que cree firmemente lo que un chalado les cuenta desde el otro lado de la pantalla, precisamente por hacerlo desde tal posición.

Y lo más pasmoso de todo es que este movimiento creciente está convencido, no sólo de la realidad de estas cosas que relata, sino de que existe una ciencia, que ellos llaman “oficial” cuyo objetivo es mantenerles engañados, no se sabe bien por qué.

De entre los incontables disparates que sostienen, consideremos aquí, como un ejemplo de entre los muchos que se pudieran poner, el convencimiento, no sé si de mucha o poca gente pero, en todo caso, cada vez más, de la existencia real de los llamados “reptilianos”.

3. Relación entre el bulo político-social y la concepción irracional del mundo físico

El bulo político-social, muchas veces, no es tal: no es bulo; no es mentira.

Es cierto que existe un movimiento gramsciano, neomarxista y globalista, que está intentando transformar la sociedad en el sentido de su pensamiento aberrante y es cierto que la izquierda política, principal vehículo suyo, considera cínicamente la mentira es un arma archiconocida del socialismo  su denuncia como bulo o fake-new.

En este sentido, la lucha que se está lidiando en los Estados Unidos alrededor del presidente Trump es paradigmática. Igualmente, en estos días, vemos cómo el gobierno marxista de España está tratando de erigirse en custodio de la verdad e inquisidor de la “falsedad”, en un clarísimo intento totalitario de controlar el pensamiento y, para ello, precisamente, apela a tachar las opiniones contrarias a tal movimiento de falsas, supersticiosas e irracionales, haciendo de ellas burla y escarnio.

La concepción irracional del mundo físico, en principio puede parecer asunto distinto y, efectivamente, lo es: ¿qué se le puede decir a un individuo que, con toda la seriedad de este mundo y una cohorte de seguidores convencidos, te dice que la Tierra es plana?

El problema viene (y es lo que quiero tratar) cuando el tal individuo desarrolla su “idea” y acaba señalando que, los mismos que te engañan diciéndote que la Tierra es redonda son los que te engañan contándote las bondades del globalismo, del feminismo, del lgtbeismo, del animalismo… en fin, del neomarxismo en general.

Y digo que esto es un problema porque es dar armas al enemigo globalista al que esta caterva de imbéciles le viene a dar la razón: si quien me dice que nuestro mundo occidental está siendo destrozado por Soros y compañía es el mismo que me dice que la esposa de Trump es “pleyadiana” o que la Tierra es plana, es evidente a primera vista que el tal individuo no rige y todo lo que diga debe de ser igualmente ridiculizado. En pura lógica no es así pero la impresión de que sí lo es es evidente.

4. ¿Ignorantes o reptilianos?

No cabe ninguna duda de que quienes nos cuentan estas ideas tan peregrinas, principalmente desde youtube, no son una avifauna homogénea sino muy variopinta que va desde el caradura que busca lucro contando cuentos hasta el rematadamente trastornado que se cree a rajatabla lo que nos esta diciendo.

Refiriéndonos a este último como caso extremo (y contemplando la existencia de infinidad de casos intermedios entre ambos extremos) ¿es, verdaderamente un chalado? ¿o es un “reptiliano”?

5. Reptiles y mamíferos

Si han llegado ustedes leyendo hasta aquí estarán ahora pensando que se me ha ido la olla. Me explico.

La Embriología es una de las disciplinas más bonitas de la Biología, así en su discurso como en la plasticidad de las imágenes que nos presenta para ilustrarlo.

Por ella sabemos que la ontogenia es una recapitulación de la filogenia.

La filogenia es el manera con que las especies vivas se han ido desarrollando durante la historia evolutiva, especialmente a nivel morfológico pero, también funcional, desde la monera primera hasta el ser humano. Se trata, en general, y aunque de esto se discute algo, de un desarrollo paulatino, gradual, sin cambios bruscos.

La ontogenia es el desarrollo de un ser vivo concreto; en el caso de los eucariotas, esto es, los seres que se reproducen por reproducción sexual, es su desarrollo desde que los gametos se juntan hasta que el ser se completa.

Pues bien, la Embriología nos muestra cómo este desarrollo ontogénico tiene una similitud pasmosa con el filogénico: en el desarrollo de un ser vivo concreto se pueden ir viendo las formas de las especies a partir de las cuales la suya evolucionó. Si contemplamos el de un ser humano podemos ver cómo va pasando por unas fases morfológicas que evocan de manera vehemente aquellas por las que han pasado las especies anteriores: el cigoto a la monera; la mórula a los poríferos; más tarde, el embrión es, tal cual, un pez del que van surgiendo miembros que le hacen aparecer anfibio, luego ave… hasta que acabamos reconociendo, al final de este desarrollo, un mamífero y, en fin, un ser humano.

El asunto es particularmente interesante en el desarrollo del sistema nervioso, sistema que es el encargado de coordinar al resto de los que componen el organismo y de establecer sus reacciones ante los estímulos que éste recibe del medio ambiente en el que vive.

Así, vemos cómo, de este sistema nervioso, que comienza siendo un simple cordón de células nerviosas (notocorda) capaces sólo de producir meros reflejos automáticos, van apareciendo ganglios y protuberancias cada vez más complejas que dan cumplimiento a funciones asimismo más elaboradas: desde la mera retracción de los tentáculos de un coral ante un contacto hasta el pensamiento humano más complejo y sofisticado.

Pues bien, y es a lo que voy, la principal de estas protuberancias, que aparece en los animales cordados, es el encéfalo y también éste tiene su filogenia.

El encéfalo de los reptiles no ha evolucionado más allá de lo que se llama sistema límbico, que es lo que podríamos llamar cerebro reptiliano (también en los anfibios) y, en los reptiles, tiene una función principalmente olfativa.

En los mamíferos, de ese diencéfalo en el que se halla el sistema límbico, han surgido dos protuberancias que conocemos con el nombre de telencéfalo o hemisferios cerebrales y que tiene múltiples funciones, entre ellas y situada en su zona frontal, la función de razonar. Conservamos, sí, dado que la ontogenia es recapitulación de la filogenia, el sistema límbico en el que se mantienen la función olfativa y otras: fundamentalmente la afectividad y las emociones y disponemos, además, del córtex frontal en el que asienta nuestra capacidad de razonar.

6. Influencia mutua de las distintas partes del cerebro humano

Las distintas partes del cerebro no funcionan de una manera absolutamente independiente y autónoma. Si decimos que el sistema límbico huele y es asiento de la emotividad, mientras que el córtex frontal lo es del pensamiento racional, no queremos decir que ambos “vayan a su bola”, a cumplir su función sin la interferencia de las otras partes, antes bien, debemos contemplar el cerebro como un órgano formado por regiones que se influencian entre sí, cosa demostrada por la neurofisiología y la neuroimagen.

El corazón tiene razones que la razón no entiende,

decía Pascal, y algo de eso se puede entender si miramos las cosas como voy diciendo: mi sistema límbico, mi afectividad, me puede hacer apetecer tal o cual cosa que mi córtex frontal, mi razón, me diga no ser muy, valga la redundancia, “razonable”. Y al revés.

7. Los “reptilianos” existen y es inútil razonar con ellos

Pues bien, siguiendo este razonamiento, dado que cada uno somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre y que no somos todos iguales, podemos asumir que existen personas en las que, muy seguramente, hay un predominio del córtex frontal sobre el sistema límbico y al revés. Personas en las que prevalece el pensamiento racional sobre el irracional y afectivo y personas en lo que sucede lo contrario.

En fin, personas a las que lo de la tierra plana les puede parecer una idea grata y romántica y, por tanto, la aceptan como verdad, y personas que razonan y que, aunque también, acaso, se lo pareciera, su razón les hace ver que tal idea es puro disparate.

De ahí que el diálogo entre estas dos clases de personas sea absolutamente estéril, inútil y exasperante.

El cerebro afectivo del “reptiliano” influencia en mayor o menor medida su cerebro frontal, que es el receptor del pensamiento racional y, por eso, es inútil que una persona “racional” intente, con argumentos “racionales”, convencer al primero. La persona de pensamiento racional se devanará los sesos buscando argumentos racionales que convenzan al “reptiliano”, pero tales argumentos serán rechazados por éste, precisamente, porque su receptividad racional está embotada por la afectiva: no es que no pueda comprender esos argumentos; es que esos argumentos, racionales, dirigidos a su cerebro racional contradicen a su cerebro emocional.

De ahí también que lo que surja del diálogo entre los unos y los otros no será nunca ni un mediano entendimiento sino, antes bien, una irritación por parte de ambos porque ambos están utilizando herramientas diferentes: si yo soy un “reptiliano” y adoro a mi madre y me viene cualquiera señalándome tal o cual falta suya, lo natural es que yo me irrite, por muy objetiva que tal falta sea y, quizá, más por serlo.

8. Ignorancia y superstición frente a pensamiento clásico y racional

Lo que llevo dicho no es cosa, que esté absolutamente comprobada por técnicas de neuroimagen u otras, pero me parece una explicación plausible o, al menos, una metáfora no despreciable.

Abundando en ello, yo diría que las personas no nacemos predeterminados para pertenecer a uno u otro grupo sino que es la educación, muy especialmente la lectura, la que va configurando nuestro cerebro, de sí muy plástico, en uno u otro sentido y en distintos grados. Una educación basada en las lecturas clásicas robustecería el pensamiento racional; otra fundamentada en la frecuentación de las películas de fantasmas y de ciencia ficción, fomentaría la parte “reptiliana” hasta llegarse al extremo (que, me parece, estoy empezando a adivinar en algunos jóvenes) de acabar siendo uno incapaz de distinguir con nitidez la línea que separa la ficción de la realidad precisamente porque esa ficción resulta más grata. Y más fácil.

Volviendo al Café Steiner de Torreblanca y a su Edad Media, podríamos ampliar el razonamiento que voy desarrollando y entender que, sí: hay épocas en las que predomina el pensamiento racional, que son las que llamaríamos épocas de clasicismo, y épocas medievales en las que el pensamiento racional cede paso a las emociones. Creo con Torreblanca, que estamos empezando a vivir una de estas edades medias y que la abundancia de charlatanes en youtube, y en internet, en general, son expresión de ello.

Queda el consuelo de pensar que toda acción tiene su reacción y de que la Historia no es sino una sucesión de edades clásicas y medievales que se van alternando. Es la convicción de que a esta nuestra edad media sucederá otra clásica, lo que me ha decidido a escribir estas líneas con la esperanza de que puedan dar alguna luz a la confusión que hoy impera en este asunto.

9. Charlatanes extremos en youtube

Como ya he dicho, la distinción entre seres racionales y seres “reptilianos” no implica una polarización de extremos; existe todo un gradiente que va desde el caradura hasta el “reptiliano” propiamente dicho que podríamos llamar sencillamente trastornado y a cuyo trastorno intento dar aquí una explicación.

En tal gradiente podemos encontrar infinidad de casos particulares, desde José Luis Camacho hasta Juan Lankamp como casos extremos, entre los que podríamos situar, con mayor o mejor cercanía a cada uno de esos polos, a Iru Landucci, Miguel Celades, Rafael Palacios, Pedro Rosillo

***

De todo ello podemos concluir que, efectivamente, los “reptilianos” existen: José Luis Camacho, Juan Lankamp, Iru Landucci, Miguel Celades, Rafael Palacios, Pedro Rosillo… son, en cierto modo “reptilianos” y están entre nosotros.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 mayo, 2020 a 11:26

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