Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for octubre 2013

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

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«Hijo eterno de Dios y Redentor del mundo, Jesús bueno, Tú, que al hacerte hombre te has unido en cierto modo a todo hombre y nos has amado con tu corazón humano, míranos postrados ante tu altar. Tuyos somos y tuyos queremos ser y, para vivir más estrechamente unidos a Ti, todos y cada uno nos consagramos hoy a tu Sagrado Corazón.

De tu corazón traspasado brota el Amor de Dios hecho allí visible para nosotros y revelado para suscitar nuestro amor. Ante la generación del nuevo milenio, tan esperanzada y tan temerosa al mismo tiempo, la Iglesia da testimonio de la misericordia encarnada de Dios dirigiéndose a tu Corazón.

Muchos, por desgracia, nunca te han conocido; muchos, despreciando tus mandamientos, te han abandonado. Jesús misericordioso, compadécete de todos y atráelos a tu Corazón. Señor, sé Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti sino, también, de los hijos pródigos que te han dejado. Haz que vuelvan pronto a la casa paterna para que no perezcan de hambre y de miseria. Sé Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Ti: devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la Fe para que pronto se forme un solo rebaño de un solo pastor.

Concede, Señor, libertad a tu Iglesia; otorga a todos los pueblos y, en particular, a España, la paz y la justicia. Que del uno al otro extremo de la tierra no resuene sino esta voz:

Bendito sea el Corazón divino, causa de nuestra salvación.

A Él la gloria y el honor por los siglos de los siglos.

Amén.»

***

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

27 octubre, 2013 at 19:26

Publicado en Religión

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‘Liberalismo y apostasía’, examen crítico del liberalismo por Alberto Caturelli.

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Alberto Caturelli (Fotografía: La Iglesia es noticia)

Si en el anterior escrito de este blog mencionamos la distancia que media entre el pensamiento clásico y el romántico, aquí tenemos ―hallada por feliz casualidadesta brillantísima y modernísima reflexión filosófica del profesor argentino Alberto Caturelli acerca de la esencia antinatural e inhumana del liberalismo.

En el vídeo se resume el libro del profesor Caturelli. El texto completo puede leerse en los vínculos que siguen.

Vínculos:

Liberalismo y apostasía. Alberto Caturelli.
Liberalismo y apostasía. Alberto Caturelli (formato pdf).
Alberto Caturelli. Wikipedia.
Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo (formato pdf).

Referencias:

Guillermo de Occam. Wikipedia.
John of Janduno. Catholic Encyclopedia.
Averroísmo. Manuel Polo y Peyrolón en Diccionario de ciencias eclesiásticas. Filosofía.org.
Averroísmo. Wikipedia.
Marsilio de Padua. Enciclopedia Católica.
Marsilio de Padua. Wikipedia.
Nicolás de Autrecourt. Wikipedia.
Carlos Alberto Sacheri y la Doctrina Social de la Iglesia. Centro de Humanidades Josef Pieper.

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12 de Octubre: Fiesta de la Hispanidad en la Plaza de Cataluña de Barcelona.

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Si París bien vale una Misa, la defensa de la españolidad de Cataluña bien vale un madrugón, me dije yo a mí mismo anteayer viendo la buena cara que apuntaba la manifestación cívica de la Plaza de Cataluña que convocó a decenas de miles de catalanes en defensa de su españolidad y en rechazo del separatismo que están promoviendo desde hace tanto tiempo los partidos catalanistas y algunos otros.

Doy por muy bien empleado el madrugón y sólo puedo decir que el acto me emocionó hasta donde no lo puedo expresar con palabras.

Dado que mi intención era ―aparte, claro está, de manifestar mi presencia en este acto―, la de realizar un pequeño reportaje fotográfico del mismo y escribir algunas líneas a su respecto en este blog que tanto ha tratado del asunto, durante el viaje en ferrocarril hasta la capital catalana me estuvo preocupando lo nublado que aparecía el cielo y lo que ello podría deslucir lo luminoso del acto.

Gracias a Dios, no fue así: la mañana barcelonesa se descubrió para cobijarlo bajo el hermosísimo cielo azul español del otoño, sólo salpicado por alguna nube de esas tan blancas que no hacen sino adornar y realzar su belleza.

Comenzado el acto con una ofrenda floral a Cristóbal Colón a los pies de su monumento, culminó, Ramblas arriba, en la Plaza de Cataluña, en la que una multitud de decenas de miles de españoles nos manifestamos bajo el lema “Som Catalunya: Somos España”

y haciendo hincapié en la riqueza que representa la unidad de cuarenta y siete millones de personas, no todas, por desgracia, conscientes de las inmensas dificultades que el devenir de la Historia ha presentado y presenta para que podamos hoy alardear de tanta muchedumbre, y unas pocas de ellas, francamente enemigas de que los españoles lo seamos en número tan grande y gustosas de escarbar en tales dificultades que ―sería tonto negarlo― existen como existen en cualquier organismo vivo.

Es cierto que, en algún comentario a la noticia de esta afirmación de la españolidad de Cataluña, algún aguafiestas, atendiendo a algunas fotografías, ha querido notar, fijándose en tal o cual foto, que fuimos pocos.

Es cierto que no fuimos los bastantes como para formar una cadena humana capaz de enlazar Le Perthus con Vinaroz, como hicieron los separatistas hace unas semanas ―aunque de esto también habría mucho que hablar―. Sin embargo, lo significativo de esta manifestación ciudadana no es tanto el número de personas que acudió a ella como el mero hecho de que acudieran: el pueblo catalán, adoctrinado durante décadas por la idea separatista, por la antipatía hacia el resto de España y amedrentado por este nacionalismo tan corto de miras, jamás hasta ayer tuvo el coraje de enfrentarse de semejante manera a la agobiante tesis nacionalista.

Ayer lo hizo y en grandísimo y muy valioso número si contemplamos estas circunstancias. Ayer manifestó que en la esencia de lo español late un solo corazón;

ayer algún catalán tuvo la afortunadísima idea de plasmar en una sencilla pancarta escrita con bolígrafo el hecho innegable ―el hecho que el nacionalismo catalán no puede ignorar sin falsificarse a sí mismo― de la profundidad de los lazos que unen a Cataluña con el resto de España:

La cadena de nuestros antepasados pasa por todos los rincones de España:

Así es y así lo entiende a su manera la juventud catalana que ayer acudió a la Plaza de Cataluña. Manera quizá imprecisa debido a la indigencia con la que ha sido educada en este y en tantos otros sentidos, pero la idea eterna de España latía en su corazón a pesar de los muchos intentos que se han hecho por parte de tantos de borrarla del pecho de las generaciones que nos han de seguir. Como anécdota diré que, acabada la lectura del manifiesto de los organizadores y sonando el Himno Nacional por la megafonía, mientras los jóvenes lo tatareaban, los viejos lo cantamos con la letra de Pemán:

Gloria a la Patria que supo seguir
sobre el azul del mar
el caminar del sol…

 

En esta continuidad de generaciones ―el llamado derecho a decidir es una falacia pues la nación no la formamos sólo los que vivimos en un momento dado, sino que es una continuidad que no tenemos ningún derecho a romper los que coyunturalmente estamos vivos hasta que Dios quiera―, olvidándonos de nuestros muertos y olvidados de quienes nos han de seguir, ningún derecho tenemos a decidir sobre una nación milenaria por el mero hecho de estar hoy vivos, tener un DNI y porque así lo crea el señor Mas―.

De la misma manera y por la misma razón, el tratar de cambiar la bandera de Cataluña por la estrellada es mero disparate: es estrellar a Cataluña.

El verdadero nacionalista, el que conozca y ame a su tierra y a su historia, ni puede cambiar a su antojo su Bandera, su Senyera, ni puede venirnos con el cuento ―excusatio non petita, acusatio manifesta― de que la majadería de la estrellada es “provisional” en tanto que consigan su ansiada independencia.

A este respecto, querría recordarles que su verdadera Senyera es la bandera cuatribarrada del Reino de Aragón y, siendo así, o una de tres: o tendrían que quedarse con la estrellada, ―trasunto cubano―, o tendrían que inventarse otra o tendrían que apropiarse de la Bandera del Reino de Aragón. No me cabe ninguna duda, dado el desprecio hacia la Historia de los separatistas, de que no tendrían mayor desahogo en hacerlo. Pero tampoco me cabe ninguna duda de que los aragoneses tendrían mucho que decir al respecto: dos entes políticos con la misma bandera es una aberración que no recuerdo se haya visto en la Historia de la Humanidad.

Seguramente, ni al señor Junqueras ni al señor Navarro esto les causa mayor complicación ni mayor escrúpulo. Al señor Mas quiero creer que sí.

Por cierto y dicho sea de paso que las cuatro barras de la bandera de Aragón también andaban ayer por la Plaza de Cataluña como un cuartel más del Escudo de España, junto a los de Castilla, León y Navarra.

Y, dicho sea también de paso: en mi viaje de ayer a Cataluña, aunque alguna estelada vi colgada en balcones o coronando tejados, tampoco fueron tantas. Eran, sí, las que más abundaban. Pero también conté bastantes de la cuatribarrada sin estrella y hasta dos de la rojigualda, una de ellas hermanada con la de Aragón. Por no comprometer a quienes tuvieron la valentía de colgarlas en sus balcones, no publico aquí sus fotografías.

***

Otras veces he insistido en este blog acerca de la importancia suma que tienen la religión católica y el Tradicionalismo en la concepción de la España moderna (cuando digo moderna me refiero a la que nace con la unidad política de 1492). No quiero insistir aquí sobre ello pues sé de sobra que es asunto que repele a muchos constitucionalistas y, quizá, a muchos de los españoles que ayer fueron a esta manifestación.

Sólo señalaré que, en la defensa de la idea de España que ayer se hizo en la Plaza de Cataluña, no faltaron ni el Sagrado Corazón de Jesús ni la Cruz de Borgoña:

Por lo demás, también andaba por allí alguna bandera europea. En el mundo en el que vivimos no podemos prescindir de lo que hoy se llama Europa, pero se equivoca quien crea que es Europa la que le va a resolver a España el problema de sus separatismos:

así como tampoco podemos prescindir del hecho de que Europa anda tan descarriada y tan olvidada de sus orígenes como la misma Cataluña y la misma España institucionales. En todo caso y sea como sea, el apelar a la idea europea es apelar al pragmatismo y, como vino a decir José Antonio, nada más lejos hay del problema catalán que el pragmatismo. Cataluña es poesía: se podrá separar de España por razones poéticas y sentimentales. Lo que no va a hacer nunca es separarse de España por meras razones de balanzas fiscales como dicen quienes quieren utilizar este argumento pro domo sua. Quien no entienda esto, no entiende nada.

***

Uno de los valores que enriquecen a España es el seny catalán: como si dijéramos, en traducción aproximada al castellano, una mezcla de temple y de sentido común,

De ambos andamos necesitadísmos para salir de tantos trances en los que nos hemos metido, lo primero por cobardía y, lo segundo, por falta de seny.

El seny es justo lo contrario del romanticismo, entendiendo el romanticismo en la peor acepción de su palabra que es, por otra parte, la propia. Los nacionalismos vascos y catalán son nacionalismos románticos. El nacionalismo español, aunque algunas veces se exprese visceralmente, no es romántico. Es lo contrario de lo romántico: es clásico. Es clásico porque así lo ha querido la Historia: porque es el heredero de la civilización romana que desasnó a esta Península y de la religión católica que le alumbró hasta hace dos siglos. Dos elementos que, como se entenderá sin necesidad de mayor explicación, nada tienen que ver con el romanticismo.

Si embargo, para salir de estos trances no basta el seny. Necesitamos recuperar el amor a España. Para ello, necesitamos primero perder el miedo y la vergüenza a que nos tilden de españoles quienes han conseguido, gracias a nuestra indolencia, que la palabra España, cuando menos, suene mal, y, segundo, comprender de manera cabal que estos nacionalismos pequeños son eso: románticos, y que, frente a ellos, la Nación Española es un concepto que, a la vez que ha sido forjado por el pensamiento clásico, ella misma ha contribuido a mantenerlo, a defenderlo y a enriquecerlo, y es, precisamente, esta lucha por el clasicismo de lo que hoy denominamos Nación española lo que, a su vez, la ha troquelado: frente a la sencillez, asequible a cualquiera, de la concepción romántica de la aldea de Asterix, podemos oponer, además del seny, desde el libro segundo de la Geografía de Estrabón hasta la obra del Padre Mariana, la del valenciano Juan Luis Vives y, sin olvidar la de tantos otros, y por citar aquí sólo a los que se me vienen de repente a la memoria, la de san Isidoro de Sevilla, compilador y mantenedor de la cultura grecorromana en la época de la barbarie arriana.

Para una mente primitiva, es seguro que es mucho más cara y asequible la idea romántica de la aldea de Asterix que el clasicismo que aparece tan antipáticamente defendido por las legiones romanas en los, por otra parte, geniales comics de Goscinny y Uderzo.

Sin embargo, en nuestra cultura, triunfó, gracias a Dios, la antipatía del clasicismo frente al romanticismo simpático.

El seny quizá no vaya tan lejos ni se meta en tantas honduras, pero algo tiene que ver con ello.

***

Para defender esta concepción de la nación española necesitamos que la ciudadanía salga a la calle como hizo ayer y necesitamos, tras ello, que los partidos que ostentan su representación se den por aludidos. Necesitamos que el PP, Ciutadans y UPyD se dejen de historias y se alíen en este asunto fundamental.

Pero necesitamos muchísimo más que el socialismo abandone su ambigüedad calculada y se ponga real y efectivamente del lado de los que ayer salimos a la calle para defender la unidad de España.

Hace unos años escribí en este mismo blog que el verdadero problema del nacionalismo vasco y catalán resulta de la aberración que significa su alianza con la izquierda. Pues, bien, ayer, en el viaje de regreso de tan magnífico acto leí en El Mundo esta misma idea en palabras de Fernando García de Cortazar:

España sufre hoy la impugnación más grave que ha soportado porque pone en peligro su propia existencia.

De ello culpa no sólo a la

tarea tramposa y minuciosa de los nacionalismos

sino, también a

una izquierda que ha traicionado a sus propios fundadores para entregar esta nación, que un día dijo querer defender, a quienes ansían destruirla; curiosamente, no en nombre de la lucha de clases o en busca del paraíso proletario, sino empujada por su patológico despiste al servicio de los horizontes egoístas de una oligarquía regional.

¡Ya era hora de que alguien lo dijera tan claro!

No basta con que Corcuera, Bono, Paco Vázquez, Belloch, Leguina o cualquiera de las muchas personas honestas, intelectualmente honestas, que hay en la izquierda, denuncien estos hechos y se rasguen las vestiduras a toro pasado y cuando ya no pintan nada en su partido. No basta con ello. Es necesario que quienes hoy dirigen el PSOE dejen de decir bobadas tales como las de Elena Valenciano, quien entiende el problema catalán como culpa del PP por “fomentar la catalanofobia durante años” o mezquindades tales como que jamás se aliarán con quienes quieren resucitar a una España reaccionaria, o que Pere Navarro, aparte de dejar libertad a los afiliados del PSC para que acudan a actos como el de ayer, les llame para que acudan, o que Rubalcaba deje de silbar al aire y de jugar al ni sí ni no, ni blanco ni negro.

Mucho más honesto me parece, digan lo que digan, el señor Durán i Lleida cuando confesó hace poco que fue un error dejar fuera del pacto por el Estatuto a la media España que representa el PP. ¡Lástima que el señor Durán recuperase el seny después de tantos años y cuando las cosas se han puesto tan negras y, también, a toro pasado!

Para todo esto necesitamos del socialismo. De un socialismo renovado con el que formar una mayoría grande y conforme en asuntos fundamentales como éste de manera que no seamos los ciudadanos quienes hemos de salir a la calle el día de la Fiesta Nacional para intentar defender a una nación que se rompe por todas partes y que sólo en nosotros parece apuntar alguna esperanza.

***

En fin, para mí la de ayer fue una jornada entrañable y emocionante. En cualquier país normal estas cosas ni deberían suceder ni suceden: las personas deberíamos emplear el tiempo libre que depara el asueto de un día festivo a otros asuntos distintos al de la permanencia de una nación que sus políticos han puesto en trance peligrosísimo de destrucción, pero así son las cosas y, siendo así, ningún empleo mejor encontré que dedicar dichas horas a intentar defender, en la pobrísima medida de mis fuerzas, la intangibilidad de mi nación. No me arrepiento de ello; antes bien me siento orgulloso y emocionado por haber puesto mi persona al lado de tantísimas otras con las que, sean cuales sean las muchas diferencias que me separen de ellas, me une esta idea tan lisa, tan llana y tan sencilla de la unidad política de España.

***

Sólo me resta añadir a lo que llevo dicho que sería muy de desear que las entidades unionistas, en años venideros, trabajaran por fomentar con la suficiente antelación este tipo de actos. Su publicidad importa mucho para que quienes, ayer, fuimos varias decenas de miles de españoles, seamos muchísimas más, D.m., en años venideros con la sola mira puesta en que siga naciendo el mismo sol sobre la España que Cristóbal Colón, siguiendo su caminar por el cielo, llevó hasta más allá de su ocaso.


Dulce et decorum est pro patria mori.

Reseñas periodísticas:

Barcelona  12.10.2013   Bandera hispano catalana de grandes dimensiones en el lado 'muntanya'  durante los actos de celebración del Día de la Hispanidad en la plaza de Catalunya  . Fotografía de Jordi Cotrina
Fotografía de El Periódico.

Miles de personas se concentran en Barcelona contra la independencia. El Mundo.
La sociedad civil asume la defensa de España y la libertad en Cataluña
. Libertad Digital.
Miles de personas claman en Barcelona en contra del independentismo. El País.
12-O: Miles de personas reivindican en Barcelona ser catalanes y españoles. La Vanguardia.
El 12-O supera la marca de asistentes del año pasado y llena la Plaza de Cataluña. El Periódico.
Espagne: 160.oo0 anti-indépendantistes manifestent à Barcelone. Action Française.

Vínculos:

El PSC dice que la manifestación del 12-O “alienta el enfrentamiento”. Libertad Digital:
Tiene razón el PSC: si quienes no deseamos transigir con el separatismo, ni nos manifestamos ni decimos nada, no hay enfrentamiento que valga. Lo que nos viene a decir el PSC es que el separatismo puede manifestarse tanto y cuanto quiera. Los unionistas no debemos hacerlo para no alentar el enfrentamiento. El separatismo puede engañar a la gente convocándola a consultas ilegales. Los demás tenemos que permanecer callados para no alentar el enfrentamiento. A esto siempre se le ha llamado jugar con dos barajas, que es, precisamente, lo que siempre, desde su fundación, ha hecho el PSOE.
La ayuda de Cambó a Franco. Pedro Fernández Barbadillo. Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 octubre, 2013 at 18:53

El fallo del ‘señor’ José en el ‘Caso Malaya’

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Don José Godino

Nulla ethica sine aesthetica.

Desde hace tiempo vengo insistiendo en estas notas acerca de la deplorable confusión en la que el idioma castellano está cayendo, cada vez con más frecuencia y con mayor gravedad, a la hora de utilizar los tratamientos de “don” y de “señor” y a ella me referí hace más de dos años en la entrada de este blog que titulé Señor Pepiño.

Decía yo entonces que el idioma castellano, no admite el tratamiento de señor delante del nombre propio de la persona y lo reserva para colocarlo delante del primer apellido, siendo el tratamiento de don el que se coloca delante del nombre propio.

Aunque, si bien es verdad que, creo recordar, este tratamiento de don estaba antes restringido para aquéllos que tenían el título de bachiller superior, en nuestros días esto se aplica a todo el mundo y no voy a hacer mayor cuestión de ello pues, como decía una abuela mía:

Hoy los dones valen tan poco
que a mi burro le puse señor don potro.

De lo que sí quiero hacer cuestión es de la anteposición del tratamiento de señor al nombre propio: como decía entonces, a mí se me puede llamar don Carlos o señor Muñoz-Caravaca. Lo que nunca se me puede llamar es señor Carlos.

Esto, antaño, era costumbre disculpable en personas que, teniendo muy escaso cultivo, querían afectar educación. Así las porteras, en las cuales era falta frecuentísima; o, en un tono más festivo, en las clases bajas madrileñas, como podemos disfrutar en el dúo del personaje de Julián de La Verbena de la Paloma con la señá Rita:

¡Ay señá Rita, no puedo más!
Esta chulapa me va a matar
.

Igualmente se encuentra desde siempre con alguna frecuencia, también comprensible y disculpable, en aquellos catalanoparlantes que no teniendo un conocimiento cabal del castellano intentan forzarlo.

Sin embargo, esta costumbre se está extendiendo como la peste: la vemos en documentos, oficiales y no oficiales, quizá por estar creados con plantillas informáticas; en entrevistadoras telefónicas que se esfuerzan en que las escuches sin darse cuenta de que cuando empiezan con lo de señor Carlos es como si te pegaran una patada en las orejas, etc.  Y compruebo que no sólo se extiende en lo trasversal ―como se dice ahora―, sino también en lo vertical: lo que antes era error disculpable de personas, como digo, de poco cultivo, lo vemos avanzar cada vez más en otras gentes en las que, por su formación, no lo esperaríamos.

Lo que no esperaba yo verla es infectando la prosa jurídica de una sentencia judicial hasta que acabo de verlo ―todavía me lloran los ojos― en la sentencia del llamado caso Malaya que firman los magistrados de la Audiencia Provincial de Málaga, don José Godino, don Rafael Linares y don Manuel Caballero-Bonald.

Pues sí: lo acabo de ver y lo puede ver cualquiera de ustedes que tenga la curiosidad de leer la sentencia.

Nos dicen estos señores en su fallo:

Debemos condenar y condenamos al procesado SR. JUAN ANTONIO ROCA NICOLÁS como autor criminalmente responsable…

Debemos condenar y condenamos al SR. MANUEL JUAN BENITO SÁNCHEZ ZUBIZARRETA como responsable en concepto de autor de un delito continuado de…

y, así, hasta noventa y cinco condenas y absoluciones a otros tantos señores y señoras.

Como puede darse cuenta el lector, si este vicio que tanto afea a nuestra lengua ha llegado hasta el lenguaje jurídico ―tan celosa de las formas―, creo batalla perdida empeñarse en su combate. Sin embargo, el hecho me parece merecedor de mención como muestra de cómo, al tiempo que avanza la especialización (no me cabe ninguna duda de que estos señores son grandes profesionales en su especialidad ni dejo de darme cuenta de que el haberse tenido que leer y entender cinco mil legajos no es moco de pavo) retrocede la llamada cultura general y el descuido por este tipo de cosas que no precisarían de más cuidado que el no dejarse llevar por modas y sonsonetes.

Amando de Miguel,tratando de esto, me respondió:

Carlos Muñoz-Caravaca anota un error cada vez más frecuente. Consiste en la fórmula vocativa de “señor + nombre propio”, por ejemplo, “Oiga usted, señor Carlos”. En efecto, yo también he observado ese lamentable uso. Una vez, en un debate televisivo, un líder sindicalista se dirigió a mí como “señor Amando”. Le contesté, “Por favor, dígame don Amando o señor De Miguel”. El hombre no entendió bien a qué me refería yo. Seguramente creyó que era un capricho mío. Esa manía del "señor + nombre propio" quizá provenga del catalán o, más probable, de la ignorancia generalizada. A mí me suena como un vulgarismo, si bien la cosa tampoco es tan grave,

la cosa no es, en efecto, tan grave, pero a mí no deja de parecerme un ejemplo más de la vulgaridad y de un analfabetismo que avanza, como digo, galopante al tiempo que avanza la especialización del conocimiento. Lo que hace unos pocos años notó don Amando en un sindicalista, hoy lo vemos escrito por unos señores que han hecho una licenciatura universitaria y han aprobado una oposición tan difícil como la de la judicatura.

¡Ah! Y que, además, son uno de los poderes del Estado.

De este estado nuestro que, lo miremos por donde lo miremos, se está carcomiendo por todas partes: en las cosas graves y en las no tan graves, que diría don Amando: en la corrupción urbanística de Marbella, en la sentencia que la condena y en tantas y tantas otras cosas…

Quizá, para abordar y afrontar las cosas graves, deberíamos de empezar por no perder de vista estas otras que no nos parecen tan graves.

Vínculos:

Entrada ‘don’ del Diccionario de la RAE.
Entrada ‘señor’ del Diccionario de la RAE.
Fallo de la sentencia del Caso Malaya. Diario Sur.
Don de lenguas. Amando de Miguel. Libertad Digital.
Señor Pepiño”. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

4 octubre, 2013 at 17:53