Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Un comienzo de pontificado preocupante

with 17 comments

Quienes estos apuntes siguen conocerán la preocupación que vengo expresando en ellos acerca de la figura del Papa Francisco casi desde los primeros días de su pontificado.

Quiero manifestar, antes de seguir, que dicha preocupación nada tiene que ver con la desolación que me causó la renuncia de Benedicto XVI al Papado. Las expresiones de mi descontento con aquella sorprendentísima decisión del cardenal Ratzinger también andan por este blog pero, como digo, nada tienen que ver con el desasosiego creciente que en mí, y creo que, cada vez, en más católicos, están causando los gestos de este siervo de Dios. Muy al contrario: en un primer momento y desde la pena y el aturdimiento, aun vivísmos, que la renuncia del Papa me habían producido, celebré la llegada al Trono de San Pedro de Francisco con el natural júbilo y con la natural esperanza con los que cualquier católico recibe la llegada de un nuevo pastor.

Muy pronto, sin embargo ―desde que conocí la homilía de la Misa de Inicio de su Pontificado el 19 de marzo― nació en mí esta preocupación, este desasosiego, que se fundamentan, no ya en el paupérrimo fondo intelectual de nuestro Papa sino, sobre todo, en su afán de introducir la demagogia en el discurso de la Iglesia católica.

Siendo cierto que el diálogo de la Iglesia con el mundo ha sido, es y será siempre difícil y siendo cierto que en el mundo moderno lo es de manera especial, la Iglesia ni puede ni debe, para intentar salvar esta dificultad, tratar de “caerle simpática” al mundo. Su fuerza dos veces milenaria no es esa. Esto, que pudiera ser verdad  ―y tampoco, si bien lo miramos― en el caso de una empresa mercantil que desea que el mundo compre su producto o en el caso de un partido político que desea que el mundo le vote, no puede ser verdad para la Iglesia: la Iglesia está para decirle al mundo lo que el mundo no quiere oír, no para regalarle las orejas. La Iglesia ―además del Dogma, que es su razón última de ser― es depositaria de un tesoro de tradición, de liturgia, de costumbres que ni son caprichosos ni puede nadie entrar a trastocar como entra un elefante en una cacharrería y menos, como digo, para intentar complacer al mundo y condescender con él para aumentar el número de adeptos.

Esto ya lo notó Chesterton cuando dijo que si el mundo se mundaniza tiene detrás a la Iglesia para advertírselo pero, si es la Iglesia la que se mundaniza, ya nadie puede advertir a nadie de nada. Me pregunto a este propósito si Chesterton se hubiera convertido al catolicismo si el catolicismo fuera lo que parece que Francisco quiere que sea. O, para el caso, si fue la simpatía de san Ambrosio lo que convirtió a san Agustín.

Con esto no quiero decir que, ahora y siempre, dejen de existir en la Iglesia defectos que no hayan de pulirse, faltas que enmendarse ni abusos mundanales que corregirse. Mas esto debe de hacerse ―máxime por parte de sus príncipes― con caridad y con discreción, no a bombo y platillo. Debe de hacerse sin que la mano izquierda de estos príncipes sepa lo que hace su derecha y, ni mucho menos, aprovechar para hacer alarde por los medios de comunicación de humildad, verdadera o falsa. Quizá algo de esto nos quería indicar san Josemaría Escrivá de Balaguer cuando nos pedía que disimuláramos los defectos del sacerdote.

Francisco, en cambio, comenzó muy pronto a realizar gestos contrarios a estos principios tales como la renuncia a habitar en el Palacio Vaticano o la petición en aquella homilía a los argentinos para que no fueran a Roma a celebrar su acceso al Pontificado; gestos que, en sí, pueden parecer impecables; gestos que han sido y siguen siendo jaleados entusiásticamente por católicos y ―¡ojo!―, por los no católicos, pero gestos que a mí me empezaron a disonar por lo que veía en ellos de demagógico y por ver en ellos rupturas con tradiciones que a nadie molestan.

Mi desasosiego fue en aumento conforme leía en el Santo Padre pensamientos tan profundos como que “los responsables políticos son custodios del medio ambiente” ―en esto me recordó a Zapatero― o conforme me acerqué a ojear los pocos libros que lleva escritos y vi la distancia intelectual que media entre él y Ratzinger.

Me doy cuenta de que a nadie se le puede pedir todo, que todos tenemos nuestras carencias y que es imposible que siempre figure en la cabeza de la Iglesia un gigante intelectual como Benedicto XVI. Francisco, en este sentido, tendrá las limitaciones que tenga y ¡qué le vamos a hacer!

Otras virtudes tendrá, me decía yo ―y me sigo queriendo decir a mí mismo―. Sin embargo, todo ello junto y el no atisbar esas virtudes por mucho empeño que pongo en ello, ha hecho que, como digo, mi desosiego haya ido creciendo a lo largo de estos pocos meses.

Por eso es para mi un alivio comenzar a ver una sensibilidad semejante en otras personas ante este hecho.

***

Aquí debo hacer una digresión y una confesión que llevo mucho tiempo queriendo hacer en este blog ―que, lo recuerdo, desde su inicio se escribe, y no por casualidad, bajo el lema Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest―que se refiere a mi conversión al catolicismo.

Mi sensibilidad hacia lo sagrado y hacia lo litúrgico es muy parecida a la que tiene Sánchez Dragó, salvadas las distancias con este brillantísimo escritor. Y no es ello casualidad: pues la confesión que quiero hacer es que, en dicha conversión, algún  grano sembró Fernando Sánchez Dragó. Grano heterodoxo, puede ser, pero, al fin y al cabo, grano.

De hecho, hay dos frases en el prólogo de su Gárgoris y Habidis ―por otra parte y dicho sea de paso, lo mejor de este libro― que contribuyeron a esta conversión mía.

En efecto, a mi error cientificista de entonces le dio mucho que pensar el párrafo de Sánchez Dragó:

“Cae la tarde, dormita mi gata blanca en un sillón, enciendo la luz y eso es todo. ¿Incurriré en el vaniloquio de atribuir tanta maravilla a un vulgar enredo de cables alimentados por un generador? Quédense éstos y aquéllos para los electricistas. Una lámpara, al fin y al cabo, sólo alumbra cuando Dios lo quiere: hay, Horacio, en la breve Tierra y por el vasto universo infinitas cosas que no son el fruto de tal o cual martingala”.

La idea es sencilla, como puede verse, pero la brillantez y el desparpajo con los que está expresada me llamó la atención hasta el punto de que hoy, tantos años después, la mantengo en mi memoria y la recuerdo como hito de mi biografía. Por otra parte y, a pesar de su sencillez, es una idea que no es ni mucho menos todo lo evidente para el hombre moderno ―que identifica el universo, la totalidad del Ser, con el universo cognoscible por la razón humana―  como pudiera parecer. Digo más, a pesar de lo sencilla y evidente que sea, la ignorancia ―extendidísima― de ella está en la base de la increencia y del relativismo modernos.

***

La segunda frase de Sánchez Dragó a la que me he referido antes trata de la gran dificultad que para el incrédulo representa la multiplicidad de iglesias y de religiones. Cualquiera que sea o haya sido agnóstico y desde ese agnosticismo haya buscado la fe o se haya, al menos, interesado por ella, conoce de sobra esta dificultad y sabe que es uno de los principales argumentos de la increencia. Sánchez Dragó la despachó con una rotundidad, si ustedes quieren también heterodoxa, pero que para mí supuso una verdadera luz. Dice a este respecto nuestro autor:

“Todos los dioses son verdaderos pero sólo el autóctono es, además de verdadero, entrañable”.

Es evidente que mi imperfecta conversión al catolicismo no se debe, ni exclusivamente ni en su mayor parte a Sánchez Dragó, pero quería dejar constancia de esta influencia suya en mi pensamiento al paso de estas reflexiones sobre el Papa y como explicación a lo que sigo diciendo.

***

Pues bien, con todo esto, veo con satisfacción que la desazón que Francisco está causando en mí es ―si bien independiente― muy semejante a la que está causando en Sánchez Dragó y que ella ha seguido un proceso semejante, desde una prudencia inicial, como cuando hace meses, a la pregunta de qué le parecía el Papa Francisco respondió:

“Es simpático pero se equivoca al renunciar a la pompa Pontificia. Sin pompa, la Iglesia es poquita cosa”,

El Mundo, 6 de marzo de 2013

hasta la franca exasperación con la que, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud recién celebrada en el Brasil, trata el asunto en su columna de El Mundo del pasado lunes y que titula ―tomando su título de san Ireneo―, Adversus Haeresem:

Chaparrones, apagones, empujones, embotellamientos… Ya ha vuelto el Papa al lugar del que ojalá no hubiera salido. Para soltar tonterías mejor quedarse en casa, ¿no? Descansen los brasileños del aluvión demográfico, vuelvan las garotas en bikini a Copacabana y tranquilícese el pontífice en Castelgandolfo. ¡Claro que, a juzgar por lo visto y oído, igual se niega a veranear donde sus antecesores lo hacían y elige una favela de ilegales en el extrarradio de Roma! Pronto, al paso que va, canonizará a Zapatero, Verstrynge, la Colau, Sánchez Gordillo, Cañamero, Willy Toledo y José Luis Sampedro. Lo del Che aún no se sabe, pero llegará. «La fe es revolucionaria», ha dicho a los pies del Corcovado ese émulo de san Vladimiro Lenin. ¡Y yo que siempre había creído que sólo la razón lo es! ¿En qué estarían pensando los purpurados cuando decidieron instalar en el solio de Pedro, que nunca fue Papa, porque aún no había Iglesia, a un teólogo de la liberación? Otra frase gloriosa: «Pon fe en tu vida y ésta tendrá un sabor nuevo». Sí, como la cocina de El Bulli. A este Sumo Pontífice, cualquier día, le prenden en la bocamanga tres estrellas michelín. ¿Hablábamos de gastronomía? Pues llega el plato fuerte: «los pobres, ha dicho, son la carne de Cristo». ¿De veras, Santidad? ¿No habíamos quedado en que la Iglesia que usted preside es ecuménica, o sea, universal, abierta a todos, sin excepción, y no mide a la gente por lo que tiene, sino por lo que es?

[…]

Creía yo hasta hace poco que el Anticristo era Bill Gates, pero el Papa de la fe ha sembrado en mí la duda. Demagogia electoralista y populismo barato: he ahí la estrategia de este indigno sucesor de Ratzinger y Wojtyla. Aclaro, por si alguien me interpretara mal, que esta columna no va en contra de la Iglesia, sino a favor de ella.

El Mundo, 29 de julio de 2013

Duras palabras escritas en el tono escandalizador, provocador, que caracteriza a Fernando Sánchez Dragó, pero que no por ello dejan de ser una visión acertadísima de lo que está sucediendo en la cabeza de la Iglesia católica. En efecto: quienes entendemos a la Iglesia como madre y maestra entendemos muy bien que estas palabras no van en contra de ella sino en su favor. Volviendo a la frase que escribió hace ya muchos años y parafraseándola:

“Todos los dioses son verdaderos pero sólo el autóctono es, además de verdadero, entrañable”:

quienes anhelamos que el Dios que adoramos siga siendo entrañable, necesitamos para ello que siga siendo autóctono.

***

En tanto, Francisco sigue a la suya: mientras Sánchez Dragó escribía estas líneas, Su Santidad hacía una reflexión buenista sobre la homosexualidad:

¿Quién soy yo ―dijo― para juzgar a una persona gay (sic)?

y se perdió en divagaciones acerca de la maldad de los lobbies.

En efecto: ni el Papa ni nadie debemos juzgar a ninguno por sus apetencias sexuales, pero debería comprender Su Santidad que de él no esperamos escuchar estas obviedades. Su labor, en este punto, por muy jesuita que sea, es mantener y defender la doctrina moral de la Iglesia acerca de la homosexualidad y no salirse por la tangente para intentar seguir cayendo simpático a quienes nunca vamos a caer simpáticos.

A no ser, claro, que también le ande dando vueltas a cambiar tal doctrina…

***

Los ejemplos de lo que vengo diciendo son ya demasiados: el espectáculo de los señores obispos, contagiados de la jovialidad del Papa y bailando en la susodicha JMJ fue francamente bochornoso y me hicieron recordar las palabras que, en La República, Platón pone en boca de Sócrates:

…y los ancianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchan de buen humor y de jocosidad imitando a los muchachos por no parecerles agrios ni despóticos.

Sirva esto como un ejemplo más, Dios quiera que el último, de lo que vamos diciendo.

***

Resumamos: en tanto que los tibios y los que son francos enemigos de la religión católica están encantados con este Papa, creo que los católicos, cada vez en mayor número, empezamos a tener la mosca detrás de la oreja.

Confiemos, a pesar de todo, en la sabiduría dos veces milenaria de la Iglesia, en la infinita del Espíritu Santo y en el consuelo de que, como dice el dicho, a veces Dios escribe recto con renglones torcidos.

Confiemos en el propio siervo de Dios, Francisco, pues fue él mismo quien dijo que la Iglesia no es una ONG.

Y sírvannos de esperanza las palabras que él mismo escribió en uno de los pocos libros que ha escrito, El jesuita, o, mejor sea dicho, que le han escrito:

“Confieso que, en general, por mi temperamento, la primera respuesta que me surge es equivocada. Frente a una situación, lo primero que se me ocurre es lo que no hay que hacer. Es curioso, pero me sucede así. A raíz de ello aprendí a desconfiar de la primera reacción. Ya más tranquilo, después de pasar por el crisol de la soledad, voy acercándome a lo que hay que hacer”. (El jesuita. Conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio. 2010),

y pidamos a Dios con todo nuestro corazón que nos perdone si las primeras e inmediatas respuestas que nos surgen son equivocadas: que nos las perdone y que nos corrija a todos en lo que, en el fragor de la inmediatez, podamos estar equivocados.

*** 

Vínculos:
Francisco dice que el poder del Papa es para servir a los pobres. Libertad Digital. Nótese que, hoy, Libertad Digital ha modificado sibilinamente el título de esta noticia por el de Francisco: “el verdadero poder del Papa está en el servicio humilde”, cosa muy distinta de lo que decía el primero como puede comprobarse en mi página de Facebook, en la que compartí esta noticia el día 19 de marzo pasado. Ignoro si en este cambio habrán hecho alguna fuerza los comentarios que algunos hicimos entonces en aquella reseña y que pueden leerse en este vínculo.
Los señores obispos bailando en Copacabana. Youtube. Por aquí se encamina la nueva liturgia de la Iglesia católica.
Paganismo, cristianismo, comunismo, keynesismo y darwinismo social. Del blog de Fernando Sánchez Dragó.
El Papa de los gays. Germinans Germinabit.
Breve noticia de la manifestación francesa en repulsa al ‘matrimonio’ homosexual con alguna reflexión que, al cabo de ella, me trae a la cabeza el inicio del pontificado de Francisco. Conceptos Esparcidos.
Interesantísima discusión en torno a la renuncia de Benedicto XVI. Conceptos Esparcidos.
La tiara vacía. Conceptos Esparcidos.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

17 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Estimado amigo,
    Soy argentino, y católico como Ud. Me siento totalmente identificado con su desasosiego. En mi caso, se agrava bastante, pues he sufrido 15 años el pontificado de Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires. Nosotros ya sabemos los que se nos viene encima, y créame que no es nada bueno para la Iglesia.
    Creo que son tiempos para leer a los grandes autores del los últimos años que han hablado sobre los Ultimos Tiempos: el mejor, mi compatriota Leonardo Castellani. Pero también Benson, Newman, Piepper, Thibon y algunos otros. Allí encontraremos consuelo.
    Además, como creí entender de su historia personal que Ud. es un converso, me hizo recordar a los protagonistas de un libro que estoy leyendo de Joseph Pearce, “Escritores Conversos”, en donde cuenta el trauma que les produjo a toda una generación de conversos ingleses al catolicismo las malhadadas reformas litúrgicas emprendidas con ocasión del Concilio Vaticano II. Esta sensación fue unánime en todos ellos.
    Habrá que seguir adelante, confiados en el Señor, que nunca defrauda. La Iglesia Católica no son estos encuentros bailenteros de JMJ’s, sino que tiene un patrimonio cultural, histórico, arquitectónico, filosófico, musical, dignos de ser admirados. Seamos fieles a la auténtica Tradición, hoy más que nunca.
    Un saludo afectuoso

    Mariano

    5 agosto, 2013 at 23:35

    • Mi estimado don Mariano;

      aprecio mucho su comentario, máxime viniendo de alguien conocedor de la iglesia hispanoamericana y, más concretamente, de la argentina, iglesia de la que, aquí en España, fuera de lo referido a la llamada “Teología de la liberación” tenemos poca noticia y aun ésta, seguramente equivocada.

      Tomo nota de los autores que usted me menciona y aprecio, sobre todo, la noticia que usted me da de la la opinión de Joseph Pearce -autor que desconozco- acerca de las reticencias que para los anglicanos han supuesto las modificaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II. Como le digo, desconocía esta noticia particular pero la creo.

      De hecho, desde hace tiempo que estoy convencido que referido, no ya a los anglicanos, sino a los mismos católicos, el desapego hacia la Iglesia que vemos creciente en las nuevas generaciones se debe, en gran parte, a esta mistificación de la liturgia.

      Hay una corriente muy fuerte, en la Iglesia y fuera de ella, que mantiene lo contrario: para esta forma de pensar, el distanciamiento del hombre moderno se debería a que la Iglesia no ha cambiado al compás de los cambios modernos. De ahí los cambios que introdujo aquel concilio y de ahí, quizá, esta forma de actuar de nuestro Papa actual.

      Forma de pensar que, seguramente, es bienintencionada pero que, estoy de acuerdo con usted, es equivocada: a la verdad religiosa se llega por múltiples caminos y esa verdad tiene muchas facetas: teológicas, metafísicas, racionales, morales, históricas… pero, de estas vías, no son, ni muchísimo menos, las menos importantes, las impresiones estéticas que crea la liturgia y el arte de esa religión. Prívese, sobre todo al joven, al niño, de esta aproximación a la religión a través su aspecto formal y creo yo que será muy difícil que en sus años adultos pueda llegar a sentir nada hacia el hecho religioso. Me dice usted que, por lo que escribí, soy un converso. En efecto, tiene usted razón. Sin embargo, en mi niñez y en mi juventud dejó su impronta la belleza estética que la tradición católica ha venido creando a lo largo de dos mil años y pienso que esa impronta tiene mucho que ver con el hecho de que, al final, acabara encontrando en el catolicismo la verdad cabal que todo lo engloba, desde la solución, con el auxilio de la fe, a las eternas preguntas de la metafísica hasta la comprensión y el cariño hacia la civilización a la que pertenezco y que ha creado él.

      Creo que algo de esto entendieron Juan Pablo II y Benedicto XVI y, por ello, algún cauce quisieron poner durante sus pontificados a los excesos conciliares.

      Acabo proponiéndole a usted otro título de un escritor español, Ricardo de la Cierva, titulado Las Puertas del Infierno que trata de la historia moderna de la Iglesia y del que puede encontrar usted una versión incompleta, en formato pdf, en Sribid. Al ser yo contribuyente de esta página, lo he podido descargar aunque, aun así, sólo contiene una primera parte de la obra. Si es de su interés, puedo mandarle el archivo por email. Baste decir al respecto que, Ricardo de la Cierva, siendo un historiador prolífico y brillantísimo, a más de Licenciado y Doctor en Física, agregado de Historia Contemporánea de España e Iberoamérica y catedrático de Historia Moderna y Contemporánea, ha tenido que crearse su propia editorial para poder publicar sus libros.

      Así andan las cosas en España.

      Reciba usted un cordial saludo.

  2. los que sabemos quien y como es el ahora Fransisco no es menos que Muy Preocupante su Papado mucho populismo y paganismo 0 catolisismo .-

    jose luis

    6 agosto, 2013 at 2:46

  3. Muchas gracias por el artículo y las opiniones. He aqui otro católico al que este Papa le tiene con la mosca detrás de la oreja…su falta de apoyo a la iglesia en Francia en su lucha contra los masones que lideran el matrimonio gay y la destrucción de las familias, CLAMA AL CIELO…y como eso tantas y tantas cosas. Seguimos pidiendo por el cada día, porque para Dios nada hay imposible, pero las dudas sobre su figura se acrecientan al mismo ritmo que se deshielan los polos del planeta…

    Paloma

    6 agosto, 2013 at 19:16

  4. José María Castillo).- Los griegos inventaron la metafísica. Y Grecia está en Europa. Los romanos inventaron el derecho que tenemos. Y Roma está en Europa. Los escolásticos medievales canonizaron la metafísica y el derecho. Y esto también ocurrió en Europa. Por eso Europa engendró el pensamiento dogmático, que es primo hermano delpensamiento absoluto. Y pariente también del pensamiento excluyente.

    Luego, los grandes conquistadores, que también nacieron en Europa, esgrimiendo las bulas papales (Nicolás V, en 1454, Alejandro VI, en 1493, León X, en 1516, y Pablo III, en 1534), se vieron con el derecho de “hacer esclavos suyos a los habitantes de África” (sic) y de apropiarse del oro y demás objetos preciosos descubiertos en América.

    Los griegos inventaron la metafísica. Y Grecia está en Europa. Los romanos inventaron el derecho que tenemos. Y Roma está en Europa. Los escolásticos medievales canonizaron la metafísica y el derecho. Y esto también ocurrió en Europa. Por eso Europa engendró el pensamiento dogmático, que es primo hermano del pensamiento absoluto. Y pariente también del pensamiento excluyente.

    Luego, los grandes conquistadores, que también nacieron en Europa, esgrimiendo las bulas papales (Nicolás V, en 1454, Alejandro VI, en 1493, León X, en 1516, y Pablo III, en 1534), se vieron con el derecho de “hacer esclavos suyos a los habitantes de África” (sic) y de apropiarse del oro y demás objetos preciosos descubiertos en América.

    Es verdad que la Ilustración puso todo esto patas arriba. Pero no es menos cierto que las estructuras de pensamiento, rectoras de la cultura que produjo (y exportó) Europa, siguen aquí, entre nosotros y con nosotros, dictaminando desde nosotros, los hijos de Europa, cómo tiene que funcionar el mundo. Y, por supuesto, la religión.

    Pues bien, aquí es donde yo quería llegar. Porque el hecho es que, hasta el actual papa, todos los papas que en el mundo han sido, nacieron en el Imperio donde había nacido la metafísica y el derecho, la escolástica y los dogmas, el pensamiento absoluto y la coherencia de cada absoluto, enfrentada a todos los que se resisten a admitir o tolerar otras posibles coherencias, que, según se dice ahora, no pasan de ser un “pensamiento débil”.

    Francisco ha sido el primer papa que ha venido de otra cultura, de otra historia, de otra forma de situarse ante la vida y sus problemas. Francisco, por supuesto, ha leído metafísica y teología escolástica. Pero lo que configura a una persona no es lo que lee o estudia, sino la cultura en que nace, crece y se educa. Francisco no se ha hecho en la cultura de Europa, sino en la de América Latina, donde la vida se afronta de manera que allí un europeo ve cosas que no se acaba de explicar. Yo lo he vivido durante años. He visto “viejitas” que van a misa con velo, medallas y escapularios de los que usaba mi abuela. Mujeres que le rezan a un santo tan ñoño y tan antiguo que da grima verlo. Pero esas mismas mujeres, piadosas de hace dos siglos, acabada la misa, se echan a la calle, armando lío, para defender a un cura “rojete” al que está esposando la policía porque ha defendido a un tipejo que no le ha hecho mal a nadie.

    Aquí nos sentimos desconcertados cuando nos dicen que el papa piensa canonizar a Juan Pablo II y a Pío XII. Pero, ¿cómo es posible que quiera hacer eso y, al mismo tiempo, quiera también elevar a los altares a Juan XXIII y a Mons. Romero? En definitiva, ¿qué Iglesia quiere este papa?

    Seguramente – esto me parece a mí – Francisco quiere la Iglesia que tiene su eje y su consistencia en la bondad con todos, en la acogida y la cercanía a todos, en el respeto y la tolerancia. Ahora mismo hay gente que se pone de los nervios si un obispo no permite la misa tradicional (en latín, de espaldas al pueblo, etc). Es importante que respetemos la misa tradicional y las demás formas posibles (y aceptadas por la Iglesia) para recordar la Cena del Señor.

    El papa Francisco no tiene pelos en la lengua para decirle a cada cual lo que tiene que decirle. Pero, lo mismo que dice lo que tiene que decir, con la misma sinceridad deja en paz a los que no piensan como él. Jesús dejó claro que no estaba de acuerdo con los fariseos. Pero comió en casas de fariseos, lo mismo que compartió mesa y mantel con publicanos y pecadores. ¿Y no quedó claro el Evangelio?

    ¿Cuándo nos vamos a tragar, de una vez, que lo que importa en la vida es la bondad? Francisco, con la mentalidad del continente en el que nació la teología de la liberación de los pobres, está abriendo un camino nuevo, para la Iglesia, para cada uno de nosotros. Francisco no está desconcertado. Lo que ocurre es que nos ha desconcertado a todos los que tenemos más integrado en nuestras vidas el Helenismo que el Evangelio. ¿Os es que pretendemos que un latinoamericano se sitúe ante los problemas de la Iglesia y de la vida como nos situamos los europeos?

    Hay quienes piensan que el Francisco no puede con la Curia. Y si puede, ¿por qué no ha tomado ya medidas importantes? He vivido mucho tiempo en América Latina, desde México a Argentina. Y sé muy bien que el sentido del tiempo y de la puntualidad tampoco es allí como lo es en Europa. Cuando preguntas a qué hora empieza el acto y te responden “Ahorita”, nadie sabe, ni puede saber, cuándo comienza lo que ya nos impacienta. Decir que Francisco, por su lentitud en la toma de decisiones, está desorientado, eso sí que es desorientación de la buena.

    Francisco no le ha dicho a nadie que “ahorita reformo la Curia”. No es eso. Simplemente insisto una vez más en lo que ya he dicho: Francisco sabe muy bien lo que quiere. Y sabe los pasos que tiene que dar. Pero que nadie tenga miedo. Que si algo va a encontrar en este papa, será respeto. A no ser que nos pasemos de la raya. Me refiero a la raya que divide al “pecado” del “delito”. Porque si hablamos de delitos, ya se sabe lo que le espera al delincuente.

    DESDE MÉXICO

    6 agosto, 2013 at 22:06

    • Ya echaba yo en falta el argumento nacionalista y el discurso victimista por parte de algunos hispanoamericanos en el que yo, no es que no haya querido entrar en mi escrito: es que de hecho no creo que tenga mayor relación con él porque, en lo que sí creo, es en la condición ecuménica del catolicismo y lo mismo me da que el papa sea italiano que argentino, mejicano o canadiense. De la misma manera, otro espectáculo que se me atraganta es ese prurito chovinista acerca de la procedencia nacional del Papa (no digo de éste, digo de todos en los últimos tiempos) según el cual más parece, a la hora de asistir a su elección, que a lo que estamos asistiendo es a una competición de fútbol.

      Pues sí, señor: tiene usted razón. La filosofía, el derecho, el pensamiento que usted y yo compartimos nacieron en Europa -más concretamente en Grecia y Roma- y anclan sus raíces, a través de la intermediación muy importante, del pueblo de Israel, con las culturas egipcia y mesopotámica. Todo eso, cristalizado en el cristianismo y pasado por el tamiz de dos mil años de cultura europea -de cuyos quinientos últimos forma parte la americana- es lo que ha dado lugar a la Iglesia católica tal y como la conocemos.

      Ese pensamiento es el que usted desprecia y a ese pensamiento lo llama usted dogmático, absoluto y excluyente. No sé qué pensará usted de la religión musulmana, por ejemplo, en este sentido.

      Nos habla usted de la Conquista de América refocilándose en la injusticia que toda conquista conlleva. Mire usted: a la península ibérica la conquistó Roma cuando aquí nuestros antepasados no eran sino una algarabía de pueblos primitivos y de costumbres francamente bárbaras. Yo entiendo perfectamente que ente mis ancestros figuran estos pueblos prerromanos, iberos, celtas…, considero que alguna influencia, algún poso, han dejado en mi cultura y no reniego de ellos, pero me considero orgulloso de que Roma conquistase a España y la ganara para esta civilización a la que usted y yo pertenecemos. ¿Que en dicha conquista se cometerían mil atropellos? Pues seguro que sí. ¿Que Roma conquisto Iberia por razones militares y económicas expoliando la riqueza que la península tenía en metales preciosos? Pues tampoco hay duda de ello. Pero el caso es que, conquistándonos, nos ganó para la civilización occidental que usted considera tan dogmática, tan absoluta y tan excluyente. De no haber sido así, quizá, a estas horas, nos desayunaríamos bebiendo nuestros propios orines de la noche anterior, como refiere Estrabón, en su Segundo Libro de la Geografía, que hacían los cántabros. Por eso, lo que no se me pasa por la imaginación es estar en ese continuo reproche quejumbroso hacia Italia, primer solar de Roma, por haber sido ella la que conquistó lo que hoy es España.

      Se refiere usted ¡como no! a la esclavitud (como si los aztecas no hubieran esclavizado y hasta devorado a sus vecinos) y al despojo que entraña cualquier conquista sin entender que las cosas hay que mirarlas en su justa perspectiva histórica y temporal y sin comprender que es muy difícil juzgar sucesos que acaecieron hace muchos siglos -siglos de costumbres más bárbaras- con los parámetros del pensamiento moderno. Y, aunque no hayan pasado muchos siglos: fíjese usted en la que han armado hace poco los hutus y los tutsis en Ruanda. Este defecto del pensamiento se llama etnocentrismo.

      Sí, por supuesto que la cultura europea ha cometido errores y abusos. Pero: dígame usted de alguna cultura, de algún pueblo, de alguna nación tan beatíficos que no los hayan cometido siempre y cuando hayan podido realizarlos y siempre y cuando les aprovechara hacerlos.

      Pero la culpa de la cultura europea no es esa: su culpa es su apabullante victoria en todos los terrenos, desde el filosófico hasta el militar y el económico. Y, mire usted, será casualidad, pero la religión de esa cultura europea -que es la suya de usted y la mía- ha sido el cristianismo y, en nuestro caso concreto, el catolicismo.

      Y su culpa, ya que menciona usted a la Ilustración, es haber incurrido en errores tales como el “mito del buen salvaje” y tantos otros que, arropados por la demagogia, la han conducido a la época de decadencia en la que hoy se halla. Decadencia que mucho tiene que ver con el asunto del que vamos dialogando: es esta decadencia moral y espiritual la que yo no quiero ver instalada en la Iglesia católica pues considero que ella es el último bastión del pensamiento clásico frente a la incuria moral, espiritual e intelectual que nos invade a uno y otro lado del Atlántico.

      ¿Que a usted le resulta satisfactorio en lo espiritual considerarse heredero directo de los pueblos americanos precolombinos y situarse en esa postura victimista que se proclama a sí misma víctima de mil injusticias históricas por las que Europa -y muy especialmente, España-, tienen que estar pidiendo eternamente perdón? Pues me parece muy bien. Está usted en su derecho. Pero no mezcle este asunto con lo que vamos hablando acerca de la Iglesia católica. Eso ya lo hacen muy bien Morales, Maduro y lo hacía mucho mejor Chávez, q.e.p.d. Es muy de notar cómo, en general, la izquierda en todas partes se acoge a este argumento de ser víctima de alguna injusticia histórica más o menos precisa, más o menos justificada, para intentar imponer su concepción del mundo. Las gentes, a las que, en general, nos halaga esto de ser nosotros los víctimas y los demás los culpables, somos especialmente sensibles a esta manera torticera de pensar y si a ello se une el componente nacionalista, entonces somos más sensibles todavía.

      Para empezar, que yo sepa, Francisco no es descendiente de patagones sino de italianos. Usted mismo, no lo sé, pero es muy posible que sus ancestros no fueran ni los aztecas ni los mayas sino, precisamente, esos europeos que fueron a expoliar a aquellos pueblos. Y si no lo es usted, sí lo son muchos americanos de ascendencia europea que se apropian de ese discurso lacrimógeno sin darse cuenta de que el reproche lo están haciendo, precisamente, a sus antepasados -que fueron los conquistadores- y hasta a sí mismos; déjeme llevar el argumento al absurdo: si este es su caso y tanto le preocupa la injusticia de aquella conquista, intente repararla en lo que pueda reparase, vuélvase usted a Europa y deje que América la disfruten sus aborígenes. De los míos puedo decir que, hasta donde tengo noticia, ni fueron a América ni se quedaron allí para expoliar nada.

      Pido perdón por esta forma de expresarme a tantos americanos que, espero, entiendan lo que quiero decir y entiendan que no es el mío un discurso antiamericano. Muy al contrario, a estas horas lo que de verdad me complacería sería estar congratulándome por el pontificado del primer papa argentino.

      ***

      Sin embargo, todo esto no responde a lo fundamental de su comentario.

      Yo no puedo negar que la iglesia católica no tenga su idiosincrasia, su forma de ser particular, en cada parte del mundo. ¡Cómo voy a negar que sean distintas la iglesia católica china y la polaca! Por supuesto que esas diferencias existen por la misma naturaleza de las cosas y no sólo son lícitas sino que son hasta enriquecedoras.

      Pero ello no quiere decir que no deba de existir una unidad, no ya dogmática ¡por supuesto! sino, también, formal y en lo que respecta cuestiones de magisterio y de respeto a sus orígenes históricos. Insisto en mi idea de que lo que está haciendo este Papa, y lo que critico, es intentar caer simpático al mundo y, para ello, condescender con el mundo y esto, a mi modo de ver, es lo que no debe de hacer un Papa -sea italiano, sea chino o sea lo que sea-, en una época en la que el mundo anda tan descarriado y necesita más que nunca del magisterio firme de la Iglesia y del acervo moral y tradicional del que es depositaria. En resumen, este Papa -hasta ahora- está sirviendo a lo que usted muy bien llama “pensamiento débil” mediante la demagogia.

      Paso por alto otras observaciones suyas como cuando dice que “lo que configura a una persona no es lo que lee o estudia, sino la cultura en que nace, crece y se educa”. Esta afirmación suya es como para darle a usted una medalla al pensamiento débil: claro que es importante la procedencia cultural pero ¡hombre! ¡no me diga usted que no es importante lo que el Papa haya leído o estudiado!

      Mi crítica no va por ahí: ya comprendo que, como digo en el escrito, todos tenemos nuestras carencias y no podemos aspirar a que la dirección de la Iglesia recaiga siempre en un genio intelectual de la talla de Ratzinger. Las comparaciones son odiosas pero, a este respecto, le rogaría a usted que comparara las Catequesis que Benedicto XVI impartía en las Audiencias Generales de los miércoles con las de Francisco. Puede usted hallarlas en la página oficial de El Vaticano: La Santa Sede. Ya digo que mi reproche a Francisco no va dirigido a esta carencia pero, ¡caramba! ¡¡¡no me diga usted que la formación del Papa no importa!!!

      ***

      La verdad es que muy bien podría haberme ahorrado esta respuesta pues su comentario tiene poco que ver con mi escrito pero le agradezco a usted que me haya dado pie a puntualizarlo aquí.

      Usted, lo que viene a decir, es que, en América, hay un concepto “progresista” de la Iglesia y que el europeo está anticuado.

      Se equivoca usted: en lo que a América respecta, estoy convencido de que coexisten ambas concepciones y, en lo que respecta a Europa, le aseguro a usted que coexisten. No se trata, pues, de un discurso “Europa vs América” sino de un discurso “Modernidad vs Tradición” entendida tal Modernidad en sus muchos errores. De firmeza, en fin, en los principios multiseculares católicos -que no son otros que los que han configurado nuestra civilización- frente a la contemplación y a la transigencia con aquéllos a los que no les gusta la Iglesia católica.

      Acabo. Y acabo, si usted quiere, hasta dándole a usted la razón en todo lo que se refiere al origen “europeo” de la Iglesia católica. Pues bien, aun así y sea cual sea su origen, la Iglesia católica es así y siempre ha sido así.

      Los orígenes de la religión católica son, efectivamente, estos: nacidos de la civilización neolítica de la Mesopotamia, escritos en la Antiguo Testamento de los judíos, renovados con la verdad tan sublime como maravillosa del Nuevo, enfrentados y conjugados con el pensamiento grecorromano y realizados a lo largo de dos mil años de catolicismo, son éstos: quien los quiera tomar, que los tome. Quien no, que nos haga el favor de no inventarse una religión dictada por la extravangancia de su mente y dirigida por el pensamiento ateo moderno. A nadie se le obliga a ser católico pero creo que sí se puede pedir, a quien se dice católico, que tenga en cuenta estas cosas y que no caiga en la contradicción de decirse fiel de una iglesia y, al mismo tiempo, abominar de su origen.

      Ello sería tan absurdo como si yo, si existiera en nuestros días la civilización azteca, no se me ocurriera otra cosa que hacerme azteca, reprochar a los aztecas que su religión tenga un origen azteca y, además, ocuparme en despreciar todo lo que de azteca tuviera esa religión.

      Considere, usted, pues, lo absurdo de su razonamiento: si en vez de ser usted católico -si es que lo es, que tampoco lo sé- fuera usted hindú ¿no cree usted que sería bastante tonto reprocharle a esta religión su origen indio y su base filosófica india para inventarse una caricatura de la misma conforme a usted le dicta su extravagancia?

      La religión, amigo mío, no es esto. Al menos no lo son las religiones serias. Para su concepción de usted en este asunto puede usted recurrir al Cisma de Occidente y abrazar el Protestantismo. En él, cada cual concibe la religión cristiana como mejor le acomoda y, por eso, anda dividido en mil sectas, algunas, francamente extravagantes. Creo muy probable que halle usted en alguna de ellas la forma religiosa que más se conforme con su pensamiento pero, de no ser así, siempre puede usted crear en él una nueva “ad hoc” que satisfaga del todo sus inquietudes espirituales y religiosas.

      ***

      Por último, yo no he dicho que “Francisco, por su lentitud en la toma de decisiones, está desorientado”. Creo haber criticado lo contrario: su prisa en tomar decisiones, cuando menos, apresuradas.

      • ENVIÉ UN ARTÍCULO DE JOSÉ MARÍA CASTILLO,
        AHORA VA OTRO DE
        BENJAMÍN FORCANO.
        NO PRETENDO POLEMIZAR , MAS LAS RESPUESTAS HABLAN EN SÍ MISMAS.

        “El liderazgo del Papa mana del Evangelio”

        Francisco y la dignidad de todas las criaturas

        “Viene y está para servir, no para tiranizar”

        Benjamín Forcano, 08 de agosto de 2013 a las 11:42

        El obispo de Roma destripa la banalidad de quienes quieren reducir el ser humano a esclavo, robot de consumo o mercancía de cambio

        (Benjamín Forcano, http://www.cuartopoder.es)- Escribo al son de lo que nos ha venido transmitiendo el papa Francisco en los apretados días de su viaje a Brasil. Lo hago tras sumergirme en la lectura de sus más de 20 discursos dejados caer en lugares y públicos muy significativos, deliberadamente elegidos. Emocionado he visto que este Francisco, poco amigo de discursos formales, llega a todos, con una actitud natural de sencillez y ternura que bien pudiera ser la humanísima del poverello de Asís.

        Son muchas las cuestiones que Francisco toca, pero en todas parece acompañarle un mismo acento, todas van unidas por un hilo fundamental, que alcanza y une a todos, sin ofender, sin indicio alguno de presión o dominio, invitando a descubrir y juntar en un todo lo más valioso de todos. Su mirada, su lenguaje, sus brazos, sus palabras transpiran cercanía, luz, esperanza, ilusión, ternura, mucho amor y, también, realismo, audacia renovadora y profética, empuje para salir de la rutina, de lo obsoleto, de lo burocrático y organizativo y saltar a lo apremiante y esencial de lo humanamente descuidado, maltratado y herido.

        No es difícil catalogar el mosaico de sus intervenciones. Pero, quiero comenzar por subrayar dos apreciaciones que me parecen subyacentes a todas las demás.

        1. El papa Francisco y la dignidad universal de todas las criaturas.

        Francisco no es un ser humano aislado, un católico cerrado y proselitista, no empequeñece su mirada al contemplar el mundo pues trata de ser la misma del que lo hizo TODO, sin menospreciar ni excluir a nadie. Tengo la impresión de que, a su lado, estamos alcanzando un punto alto en la conciencia de que todos en el cosmos formamos un todo, dentro del cual somos singulares, necesarios e interdependientes. Nadie puede dominar a nadie, ni nadie puede sentirse excluido por nadie. Entre los humanos, la única soberanía es la del amor, que convierte al primero en último y al señor en servidor.

        Venimos de la historia, de una historia cargada de dualismos y hostilidades, de contraposiciones y exclusiones, de dominación y esclavitud, que ha impedido escuchar y gozar el concierto de todas las criaturas, su dignidad y su canto, en especial la de aquélla que siendo tierra (humus=hombre) como todas las demás, ha conseguido en su evolución la conquista del pensamiento, de la responsabilidad, del amor y de la libertad.

        La creación entera ha gemido en ese caminar de siglos que acumula avances, logros y éxitos incontables y, a la vez, sufrimientos lacerantes, choques de odio, destrucción y muerte. No aprendíamos a vivir todos con todos, sino que planeábamos erigir y enaltecer la vida de unos a costa de la humillación y sufrimiento de otros. Éramos ciegos, que nos encerrábamos en nuestro yo (individual, nacional, racial, religioso, político…) privados de luz para ver, entender y unirnos en la dignidad y canto de todos. Esa dignidad y ese canto, tantas veces lacerados y acallados, es lo que Francisco quiere descifrar, respetar, admirar y cuidar. Cada parte nuestra es del todo y el todo es parte nuestra. La dignidad es común y el canto es polifónico, y sólo desde una postura abierta y reverencial nos será dado descubrir la belleza de cada uno en el todo y del todo en cada uno.

        No todos caminan dentro de la Iglesia católica, pero todos son del Señor, y el Señor es el Alfa y la Omega, el Comienzo y el Fin, y en él cobra consistencia toda vida. La unidad, la relación respetuosa y solidaria, la cooperación y la armonía, el cuidado de unos por otros es lo que llena de esplendor la creación y asegura la afirmación y crecimiento de cada uno en la comunión con todos.

        Resulta sorprendente, y delicioso, comprobar los gestos cotidianos que confirman este estilo de Francisco y también sus palabras:

        “Estamos aquí para que alaben a Dios no sólo algunos pueblos, sino todos… Tengan el valor de ir contra corriente, de no renunciar a este don suyo: la única familia de sus hijos. El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad y la fraternidad, son los elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana. Ser servidores de la comunión y del encuentro. No queremos ser presuntuosos imponiendo ‘nuestra verdad’. Lo que nos guía es la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo y no puede dejar de proclamarla”. (Homilía en la catedral de San Sebastián, Río de Janeiro, 27 de julio).

        “Es fundamental la contribución de las grandes tradiciones religiosas que desempeñan un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia. La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas. La única manera de que la vida de los pueblos avance es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Sólo así puede prosperar un entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y con el respeto de los derechos de cada una” (Encuentro con la clase dirigente, Teatro municipal de Río de Janeiro, 27 de julio).

        “Cristo acoge todo con los brazos abiertos. Él recorre con su cruz nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos y se une al silencio de las víctimas de la violencia, que ya no pueden gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas o simplemente por el color de su piel; se une a tanto jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo o la corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia , e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio” (Vía Crucis en la playa de Copacabana, 26 de julio)

        “La cultura brasileña ha recibido mucho de la savia del Evangelio y puede fecundar un futuro mejor para todos. Hacer crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir. El cristianismo combina la trascendencia y la Encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto que invade el corazón y se propagan por las calles. El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad: este es el camino a seguir” (Encuentro con la clase dirigente. Teatro municipal de Río de Janeiro, 27 de julio).

        2. El liderazgo de Francisco mana del Evangelio: el que dirige que se iguale con el que sirve.

        Desde esa postura cósmica interrelacionada, Francisco llama a todos, cuenta con todos, escucha, quiere y respeta a todos, busca el bien para todos, sobre todo para los más necesitados y pobres, los más abandonados y que más sufren, los jóvenes y los ancianos, y se abre restallante a los dirigentes civiles y eclesiales, les señala su responsabilidad ante esta civilización descabalgada, las metas y valores primarios de su quehacer público y pastoral, sus fallos y traiciones, su necesidad de cambiar pues estamos en un “cambio de época”, y muchos por su egoísmo y psicología principesca se han instalado y deshumanizado y hacen estéril la búsqueda del Bien Común y el anuncio liberador del Evangelio.

        Quizás nunca como hoy nos es dado entender aquellas palabras de Jesús, cuando responde a la disputa de sus discípulos de saber quién era el más grande entre ellos: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros nada de eso; al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver: ¿quién es más grande: el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve”. (Lucas 22, 24-27).

        Son palabras de ayer y de hoy. Y gozan de la máxima credibilidad. Y son para que, los decididos a seguirle, las apliquen en su vida. Y, ahí, viene la ruptura y el desencanto, el abandono y la vuelta de espalda: no se cumplen, los seguidores no son creíbles y hacen increíble el Evangelio.

        Francisco, ese papa descompuesto, descuidado, antiprotocolario, nada ritualista, libre de tantas cadenas puestas al sucesor de Pedro, ha declarado obrar con sencillez, libertad y coherencia. Y ha hecho añicos la pompa, las liturgias solemnes desconectadas de la vida, de la justicia y del amor, ha relativizado normas y más normas que tergiversan, oscurecen y traicionan el Evangelio, normas secundarias, sacralizadas y que olvidan que “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”, y que “Justicia y misericordia es lo que quiero y no sacrificio”.

        “Me gustaría hacer un llamamiento a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y solidario. Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano” (25 de julio, en la favela Varginha de Río de Janeiro).

        “La dirigencia sabe elegir la más justa de las opciones después de haberlas considerado, a partir de su propia responsabilidad y el interés por el bien común; esta es la forma de ir al centro de los males de una sociedad y superarlos con la audacia de acciones valientes y libres. Quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás, y ante el juicio de Dios. Este sentido ético aparece hoy como un desafío histórico sin precedentes, además de la racionalidad y técnica, en la situación actual se impone la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria”. (Encuentro con la clase dirigente, Teatro municipal de Río de Janeiro, 27 de julio).
        Son muchas las cosas que nos quedan por comentar. Y lo haremos. Pero salta a la vista que este modo de mirar el mundo, tan radicalmente humano y universal, no es el propio del neoliberalismo cínico actual, ni el de muchas políticas vigentes, ni el de las empresas multinacionales.

        El obispo de Roma destripa la banalidad de quienes quieren reducir el ser humano a esclavo, robot de consumo o mercancía de cambio. Lo más obvio viene negado, todavía hoy, por una política imperial o colonizadora, a la que le importa un bledo la dignidad humana y sus derechos inalienables.
        Pero la naturaleza es la naturaleza y el liderazgo del dinero, del poder, del placer o del éxito, con todas su ramas de promesas y ofertas no realizan al hombre, no sacian sus anhelos, lo prostituyen y no pueden recomponer su dignidad y liberación. Economías o políticas no sujetas al bien y servicio de todos, se convierten en instrumentos de explotación y dominio en manos de unas minorías deshumanizadas y que deshumanizan. El papa Francisco, vestido de sandalias y con la mochila del Evangelio, henchida de justicia, de solidaridad, de ternura y liberación, enciende y propaga un fuego que calcinará la mentira de los ídolos de una sociedad desigual, altanera y bruta, y la reconstruirá sobre la soberanía de la igualdad, de la justicia, de la solidaridad, de la libertad y de la paz. Viene y está para servir, no para tiranizar.

        DESDE MÉXICO

        8 agosto, 2013 at 23:01

        • Todo esto está muy bien pero no veo qué tiene que ver con lo que digo como no sea que cuando dice que Francisco “no es un católico cerrado y proselitista” lo que quiere decir es que sus antecesores sí lo fueron, o cuando dice que “ha hecho añicos la pompa, las liturgias solemnes” que no digo yo tanto pero, sí, por ahí van las cosas.

  5. ¿Lo que nos quiere decir es, que Sanchez Deagó es para Vd. ejemplo de pensamiento y vida?

    Si es así, no me extraña que piense como piensa del papa. La iglesia debe ¡ya! bajar de sus tronos y dominaciones, obstentaciones, riqueza vergonzosa en sus…¿príncipoes? ¿Donde dijo el Señor Jesús, que deberían ser príncipes, monseñores, eminencias…?

    Dijo bien clarito: “No he venido a ser servido… si no a ¡¡¡Servir!!! Y esta iglesia está en poder de los que se quedan con el salario justo y necesario que deberían percibir sus empleados y poder así llevar una vida digna a la que tiene el mismo derecho que sus explotadores. Mientras ellos/as, engordan sus riquezas sin importales, ni el modo, la manera, la dureza con que tratan a los que ¡por supuesto no pueden llegar a donde ellos llegan.

    ¡Es una vergüenza! Cierto es, que el Papa, no podrá hacer nada de lo que esta iglesia necesita (y otras) quizá antes, lo hagan desaparecer… no sería la primera vez.

    Señor, con todo respeto, Vd, es el clásico ¿creyente? que quiere que todo siga igual, que cada día los pobres (porque son explotadosI) sigan cada vez con menos recursos para llevar una vida digna ¡porque tienen el mismo derecho que cada ser nacido y los poderosos tengan cada día más riqueza y poder y pueden seguir robando impunemente sin que se les caiga la cara de vergúenza.

    Así va este mundo. Solo personas, que todavía tengan algo de sentido común, salgan y nos alientan a que trabajermos todos en sanearlo, solito camina hacia un desastroso final.

    Me encantaría que alguna vez sus ojos, puedan ver con claridad, donde está el verdadero problema que nos esta asfixiando… y esa asfixia al final… todo ser nacido la sufrirá de igual manera, porque nadie escapa a la muerte por muy dorados, ricos, exquisitos, que sean los adornos que lo vistan.
    Mª Pilar

    Mª Pilar

    9 agosto, 2013 at 14:54

    • María del Pilar,

      creo que la confusión de ideas que tiene usted es grande:

      1. En mi opinión, Sánchez Dragó es un pensador brillante; anárquico pero brillante. Esta es mi opinión que, claro está, puede no coincidir con la suya. Lo que no le puedo admitir es el argumento ‘ad hominem’: “como lo dice Sánchez Dragó, es despreciable y debemos rechazarlo”. No es así, las razones -y las opiniones- debemos analizarlas según ellas mismas y no en función de quién las expresa. Una afirmación puede ser cierta aunque la manifieste la más vil de las personas y, al revés, otra puede ser falsa aunque la sostenga el justo más justo. Distinto es que usted discrepe de la opinión de Sánchez Dragó pero, si es así, rebata usted la opinión y no descalifique con un aspaviento al pensador. Como creo que esto puede entenderlo hasta usted, no insistiré en ello.

      2. Coros y dominaciones: es evidente que usted ha oído campanas pero no sabe dónde. Los “tronos” y las “dominaciones” no se refieren a ninguna prebenda eclesiástica sino que son dos de los nueve coros celestiales en los que la teología cristiana clasifica a los ángeles.

      Y, seguramente, esta ignorancia de usted no es culpa suya, sino de la incuria en la que han caído las enseñanzas religiosas. Con ello no quiero decir que el conocimiento de la Angelología sea importante en nuestros días, pero, en fin, son cosas curiosas de conocer aunque sólo sea por cuestión de cultura general. Lo que sí importa de este desconocimiento es que ha llevado, a usted y a tantos otros, a confundir el catolicismo con la doctrina social de la Iglesia que es de lo que tratamos ahora y, lo que es peor, a creer que el catolicismo es eso, sólo eso y nada más que eso.

      Las relegiones, fundamentalmente las religiones monoteístas, buscan y dan una respuesta integral a todos los asuntos filosóficos que constituyen el Ser. Entre ellos, uno más es la explicación de por qué existe el mal en el mundo. Es claro que la Iglesia, desde siempre, tiene una especial preocupación por el pobre y por el necesitado y que ello es una parte muy importante de ella, concretamente de su enseñanza moral, pero, entiéndalo bien: lo que define al cristianismo no es eso, no es la preocupación por los pobres ni por las injusticias sociales. Esta preocupación la pueden sentir igualmente personas que ni sean cristianas ni católicas. Un ateo puede tener, exactamente, esa misma inquietud social y hasta, si usted quiere, mucho mayor que muchos católicos. En consecuencia, lo que define al cristianismo no es eso, sino la fe en que Cristo es Dios hecho hombre, muerto, resucitado y ascendido al Cielo. Y lo que define al Catolicismo es la creencia de que su Iglesia fue instaurada por Él y que el primado de ella es la iglesia romana. El no tener esto muy claro nos conduce al riesgo de confundir política con religión como creo ver que se está confundiendo.

      3. Prescindamos de su afirmación (que necesitaría de alguna pueba y aclaración por su parte) de que “esta iglesia está en poder de los que se quedan con el salario justo y necesario -otra vez se deja usted llevar aquí de soniquetes- que deberían percibir sus empleados y poder así llevar una vida digna a la que tiene el mismo derecho que sus explotadores”. No le voy a asegurar a usted que no haya por ahí algún cura que no robe pero, comprenderá usted que ésta no es la doctrina de la Iglesia. Ni la doctrina ni la práctica. Antes bien, la institución que más hace por acudir a las necesidades de los pobres en todo el mundo es, precisamente, la Iglesia y sus ministros, se ponga usted como se ponga, hacen voto de pobreza.

      ¿Es esto incompatible con la dignidad y la belleza del culto? Yo creo que no.

      Mire usted: citas bíblicas las hay para todo. Propiamente hablando, la frase que usted menciona no la dijo Jesucristo de sí mismo, sino que se halla en Marcos y en Mateo referidas a Cristo:

      “El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida como rescate para todos”.

      El detalle no tiene mayor importancia pues Cristo mismo lo podía haber dicho así, y, seguramente, así lo dijo, limitándose estos evangelistas a repetirlo y a dejar constancia de ello, pero quiero precisárselo.

      Lo que sí dijo Jesucristo -seis días antes de la Pascua de su Crucifixión, en casa de Marta y María, cuando ésta le ungió con una libra de perfurme de nardo puro, de mucho precio, y Judas Iscariote preguntó: ¿por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?- fue: “¡Déjala! Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre”. (Jn 12, 1-8)

      ¿Le quiero decir con esto que Jesús prefería la vanagloria de un perfume al provecho del necesitado? Claro está que ni muchísimo menos quiero decir esto. Lo que, a mi modo de ver nos enseña este pasaje bíblico es que, en contra de lo que usted piensa, no sólo no están reñidas la belleza litúrgica y el decoro ni el boato eclesiásticos con la caridad sino que, antes bien, el catolicismo ha conseguido armonizarlos de manera maravillosa.

      Yo comprendo que, para una mente primitiva y mezquina, la contemplación de tanta belleza artística y de tanta riqueza como ha generado la Iglesia católica y de las que gozamos toda la Humanidad, confundiéndolas con riqueza vana, la reacción sea la de Judas Iscariote. Por eso no le voy a insistir a usted en la importancia de la belleza ni de la riqueza en la liturgia y voy a tratar de argumentar con razones puramente pragmáticas:

      Cuando Francisco, recién nombrado Papa, pide a los argentinos que no acudan a Roma a celebrar su ascenso al Trono de Pedro y que den el dinero del viaje a los necesitados, el gesto, a primera vista, puede parecer impecable, intachable, encomiable. No obstante, si lo examinamos con un poquito menos de demagogia, podemos entrever cuánta riqueza y cuántos puestos de trabajo que tal trasiego de argentinos con motivo, repito, de un ACTO LITÚRGICO MOTIVADO POR LA BELLEZA MILENARIA DE LA LITURGIA ROMANA, hubieran generado y que, en cambio, han dejado tal vez de crearse gracias a esta genialidad de SS.

      Aquí parece que el Santo Padre, con toda su buena voluntad -no lo discuto- pero pecando algo de “buenismo”, prefirió aquello de dar un pez en vez de una caña con la que enseñar a pescar.

      Como le digo, considero tarea imposible convencerla a usted de la necesidad de la liturgia con argumentos mejores que estos tan rudimentarios y renuncio a ello, pero comprenda usted con este pequeño ejemplo que de ninguna manera está reñida la pompa de la Iglesia con la caridad y que hasta muy bien puediera ser al contrario.

      Termino este punto haciéndole notar el hecho curioso de que quien utiliza el argumento de los pobres ante el asunto del perfume es, precisamente, Judas Iscariote. No quiero interpretar aquí este hecho. Sólo lo menciono porque me resulta curioso a la luz de este debate.

      4. Ya salió a relucir ¡cómo no! la Teoría de la Conspiración, en este caso, “avant la lettre”. ¡Ya se está usted maliciando que “hagan desaparecer” al Papa. ¡Oiga! Y ¿no se le ha ocurrido a usted pensar que hubo “conspiración” para forzar a Benedicto XVI a renunciar al Papado y, con ello, abrir paso al pontificado de Francisco?

      Por supuesto, no estoy sosteniendo semejante cosa de ninguna de las maneras, pero, puestos a ser tan malpensados como usted, todo podría ser, ¿no?

      5. Sí. Soy el clásico creyente. Lo de que “quiero que todo siga igual, que cada día los pobres sigan cada vez con menos recursos para llevar una vida digna” es algo que, sencillamente, se inventa usted utilizando la vieja trampa dialéctica de poner en boca de los demás lo que los demás no dicen para luego rebatirles o reprocharles lo que ni dicen ni piensan.

      6. Por último: la injusticia social, las desigualdades económicas, la pobreza, todas estas calamidades que afectan y afectarán siempre a la Humanidad tienen, en esencia una dimensión política y económica y su solución, en lo que quepa solucionarlas, atañe a la política. La Iglesia no puede ser, en efecto, indiferente a ellas como no puede ser indiferente a nada que afecte al hombre, pero no le corresponde a ella, como usted parece querer decir en sus últimos párrafos, su solución. Sí su denuncia. Sí su lenitivo. No su solución. Porque, entonces, la Iglesia lo que haría sería política, no religión, que, por otra parte, es lo que tanto se ha reprochado a la Iglesia: meterse en política.

      Y lo que me está pareciendo con estos discursos de quienes piensan como usted es que lo que piden es que la Iglesia entre a hacer política.

      Y lo que me está pareciendo con los primeros gestos de Francisco es que Su Santidad se está dejando llevar hasta cierto punto por esta tendencia.

      Quedo suyo.

  6. “¿Quién soy yo ―dijo― para juzgar a una persona gay (sic)?”

    Efectivamente, Francisco, no juzguéis, y no seréis juzgados (Mateo, 7). Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás cómo quitar la mota del ojo de tu hermano… Veo que Francisco I se sabe a la perfección el sermón de la montaña. Y también la perícopa de la adúltera (Juan, 8). Ya se sabe, el que esté libre de culpa… Pues eso.

    Pero te voy a recordar otro pasaje también conocido del Evangelio, Francisco. De Mateo, concretamente, en su capítulo 18, versículos 15 y siguientes. Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano… ¿Te suena? Es menos agradable que los anteriores, pero seguro que también lo conoces.

    O aquél otro, de Ezequiel, en el Antiguo Testamento…”Si le digo al malvado: ¡Vas a morir! y si tú no se lo adviertes, si no hablas de tal manera que ese malvado deje su mala conducta y así salve su vida, ese malvado morirá debido a su falta, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. En cambio, si se lo adviertes al malvado y él no quiera renunciar a su maldad y a su mala conducta, morirá debido a su falta, pero tú habrás salvado tu vida.” (Ez 3, 18-19).

    Aquí nadie habla de juzgar, ni de criticar siquiera, Francisco. Tan sólo de advertir, avisar, corregir, reprender incluso. Eso es sano, lícito, incluso exigible. Y si no recuerdas quién eres tú para hacerlo, yo te lo recordaré. Ya no eres Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, Cardenal primado de la Argentina. Ahora tú eres Pedro, y sobre la roca en la que te encuentras edificó Cristo su Iglesia. Ahora eres su vicario en la tierra, el sucesor de Pedro. Nada menos. No es poca la responsabilidad que tienes, no. Pero no la olvides nunca.

    Raúl

    19 septiembre, 2013 at 23:19

    • Agradezco mucho tu comentario, Raúl.

      Yo creo que estas cosas no habría ni que explicarlas. En el catolicismo, en el cristianismo en general -quizá no tanto en el protestantismo- el concepto de pecado no entraña, no debe de entrañar, ningún juicio personal. Yo, como dice Francisco, no soy nadie para juzgar a nadie. Será Dios quien nos juzgue a todos.

      Ahora bien, esto no quiere decir, ni muchísimo menos que ignoremos el concepto de pecado y que no lo señalemos allí donde nuestra religión nos dice que está. Y, muchísimo menos aun que por una caridad mal entendida con el hermano que peca transijamos con el pecado y cerremos los ojos a él como parece querer indicar Francisco cuando elude el asunto con un “¡Quien soy yo para juzgar a un homosexual” o, más recientemente, cuando dice que la Iglesia no debe de insistir demasiado en asuntos como la homosexualidad o el aborto.

      Francisco quiere una Iglesia que contemporice con el mundo, no una Iglesia que se enfrente al mundo para señalarle sus errores según ella los entiende. En fin, un desastre que cada vez se hace más evidente.

      Un saludo.

      Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

      20 septiembre, 2013 at 9:19

      • Ya son varias las ocasiones en las que el nuevo Papa divaga, se va por las ramas y, en definitiva, se sale por la tangente y no contesta ante las cuestiones que se le plantean. Creo que son ya un par de veces al menos en las que Francisco, ante cuestiones como el aborto y la homosexualidad, se limita a decir que él es hijo de la Iglesia y que la postura de ésta es clara. Pero él no dice nada expresamente, con lo cual hace surgir la duda sobre sus verdaderos pensamientos.

        En el tema de la homosexualidad, por ejemplo, considera que al homosexual hay que “acompañarle en su condición”. ¿En qué condición exactamente? ¿En la de pecador? ¿Pero acaso piensa Francisco que el homosexual es un pecador, o simplemente considera, de acuerdo con la mentalidad mundana actual, que la homosexualidad es una simple condición, una simple realidad biológica, inevitable por lo tanto y, en definitiva, inocua e inofensiva para la salud moral de las almas…? Porque no sé… pero yo no me imagino al Papa diciendo esas mismas palabras respecto a un adúltero, un ladrón, un asesino o un corrupto político (teniendo en cuenta el énfasis especial que pone Francisco, ahí sí que no se cansa nunca de recordar la doctrina de la Iglesia, en estas cuestiones socio-económicas…). ¿Hay que acompañarlos también a todos ellos en sus respectivas “condiciones”…?.

        En su reciente entrevista a Antonio Spadaro, tan comentada por todos los medios y especialmente jaleada por todos los de izquierda y todo el sector agnóstico y ateo, dice literalmente lo siguiente: “Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena? Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición”…

        Bueno, no sé por qué noto en esa frase cierto intento de emular a Cristo en el pasaje de los saduceos que le preguntan por el tributo al César, tratando también de provocarle y tenderle una trampa. Pero creo que las diferencias entre las cuestiones que se plantean en ambos casos son evidentes. En el pasaje evangélico se plantea una cuestión mundana, humana, sin demasiada trascendencia en el plano moral, y ante la cual Cristo se desenvuelve con verdadera maestría y sabiduría. Los saduceos se quedan callados y no saben qué responderle. Pero ante la respuesta de Francisco ante la “provocación” de la homosexualidad es imposible quedarse callado, porque se va por las ramas y no contesta a lo que se le pregunta. Preguntar si Dios aprueba la existencia de una persona, ante otra pregunta sobre un comportamiento pecaminoso de esa persona, es de una simpleza tan evidente que no merece más comentarios.

        En fin, me duele mucho tener que decir estas cosas. Nunca pensé que llegaría a sentirme tan extraño ante determinadas palabras y comentarios del Santo Padre. Pero necesito desahogarme. Y sobre todo, necesito saber si soy yo el que está equivocado, si la doctrina y la moral de la Iglesia realmente han cambiado tanto en estos últimos tiempos, o si acaso no eran exactamente como yo pensaba en algunas materias y yo soy un extremista y un radical intolerante con los hermanos.

        He descubierto ayer mismo su blog y le felicito sinceramente por él. Me admira la claridad con la que habla usted. Es realmente necesario en tiempos confusos y turbulentos como éstos escuchar y leer cosas como las que escribe usted. Un saludo.

        Raúl

        20 septiembre, 2013 at 22:07

  7. ….no ès normal que una persona tan lùcida como ud. considere a èste Papa “…de una cultura paupèrrima…”…con èsto no insulta ud. a Francesco, en realidad trata de ..imbèciles..a todos los cardenales que en su correspodiente porcentaje…le han elegido..ès decir que para ud. la mayoria de los cardenales son poco menos que idiotas..y han apostado por alguien que no ès digno..(lo digo porque ud. lo trata de indigno)…por el hecho de haber elegido a un -gnorante- (yà que ès lo que yò humildemente entiendo por cultura paupèrrima)…pero que utilice a un francotirador amoral, amorfo y absolutamente anticlerical como Sanchez Dragò,..que sòlo està al servicio de quièn le pague màs.. para con sus palabras dar una idea general de èste Papa, sòlo porque indecentemente a èste señor (verdadero malientencionado inconfeso, si ud. me lo permite decir)..que se atreve a decir que “…sin la pompa la iglesia es poquita cosa…”…es una frase vertida por alguien que desconoce en absoluto el sentido de la caridad, y que no vè màs allà de su propia soberbia…la iglesia no pierde su “pompa” ni se càe la cùpula de San Pedro porque un Papa decide ser humilde..en un mundo de sàtrapas indeseables que sòlo “sirven”…a èsa pompa pagada por el Santander, que ud. parece defender junto al imbècil senil…del señor Drago…

    Ugo Della Mora

    20 septiembre, 2013 at 15:12

    • Ni está en mi ánimo insultar al Santo Padre cuando hablo de su escaso nivel cultural ni mi crítica hacia él va en este sentido, si bien, no deja de ser cierto que esa escasa formación pueda ser la responsable en última instancia de su preferencia por la demagogia frente a la firmeza de pensamiento de sus antecesores.

      No es cosa que me invente yo. Cualquiera que acceda a la página web del Vaticano pude comparar -por muy odiosas que sean las comparaciónes- el pensamiento de Benedicto XVI con el de Francisco. Le invito a usted a que compare la erudición de las catequesis de Benedicto XVI con las de Francisco en las audiencias que ambos celebran los miércoles.

      No es menester, si se aburre usted con su lectura, que se las lea. Compare tan sólo la muchedumbre de asuntos que trataba Benedicto XVI, la lucidez, la sencillez, la asequibilidad, la cercanía con que los trataba, la ingente cantidad de citas con que los ilustraba, todo ello reflejo de un hombre que se ha pasado la vida estudiando, con la pobreza de las catequesis de Francisco.

      Y no trato de imbécil a nadie. Me limito, si no a constatar un hecho, al menos a señalar un miedo que a mí me parece bastante fundado visto lo visto hasta ahora.

      Con respecto a los despropósitos que usted dice referidos a Sánchez Dragó y con respecto a su opinión sobre la caridad, me remito a la respuesta que di más arriba a María del Pilar pues sus argumentos son, poco más o menos, los mismos que los suyos de usted.

      Por último: yo no estoy criticando que Francisco sea humilde. ¿Me quiere usted decir que Benedicto XVI o Juan Pablo II, por hablar de los más cercanos no lo fueron? No. No critico eso. Lo que critico es su demagogia.

      Un saludo.

      Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

      20 septiembre, 2013 at 18:00


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s