Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El mono de Pablo Herreros

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Hace pocos días, a raíz del asunto Bretón, descubrí a un personaje,  Pablo Herreros, que, por muchas bendiciones y parabienes científicos de los que pueda enorgullecerse y vanagloriarse, a mí me ha recordado a aquel personaje del llorado Tony Leblanc, Cristobalito Gazmoño, que sólo comía patatas, o a aquel chiste de Jaimito cuando, enfrentado a las manchas del Test de Rorschach, todas las que se le presentaban le parecían mujeres desnudas. O a Artur Mas, para quien, como es sabido, no hay asunto que no acabe refiriendo al por él llamado derecho a decidir de Cataluña.

A don Pablo le sucede algo semejante con los monos: parece ser que no hay nada en el ser humano ni en su comportamiento para lo que don Pablo no se dé maña en encontrar algún comportamiento ancestral semejante en ellos ―más precisamente en los primates―, que nos evidencie nuestra cercanía a este orden animal al que, ciertamente, pertenecemos.

Y, seguramente, don Pablo no deja de tener bastante tino en muchas de sus observaciones pero sucede que, en su entusiasmo cientificista no se da cuenta de que está descubriendo el Mediterráneo ni de que, en su encomiable afán divulgador, cae en lo grotesco.

Ya he dicho en otras ocasiones que desde el fallecimiento del también llorado Isaac Asimov, la divulgación científica, con muy pocas excepciones, es como para echarse a llorar y mucho más si atendemos a ella en la prensa escrita aunque sea en diario tan estimable en muchos otros aspectos como El Mundo. Me he referido a ello con anterioridad en estos escritos al hablar de los extraterrestres hostiles de Stephen Hawking o del periódico entusiasmo que surge en los medios de comunicación con la colonización de Marte.

Sucede pues que don Pablo Herreros es un sociólogo, antropólogo y primatólogo que hoy es Presidente de la Asociación Española para la Investigación y Divulgación de la Conducta Animal y la Evolución humana, director científico del programa de Inteligencia Emocional y Social de la Fundación Eduard Punset y miembro del grupo de investigación de Evolución Humana y Cognición en la Universidad de las Islas Baleares.

Ignoro cuántos de estos cargos son pagados a costa del erario público en estos tiempos de crisis económica tan necesitados de este tipo de estudios, pero no voy a eso.

Con este currículum, El Mundo, para ilustrar a sus lectores en asuntos científicos (o para cubrir el expediente haciendo como que les ilustra) ha dado cabida en sus páginas a un blog de este señor que se titula “Yo, mono”, y, como digo, ahí fue donde supe de su existencia hace unos días leyendo noticias relacionadas con el asunto Bretón, asunto terrible, dicho sea de paso.

Como digo, don Pablo ve el mundo desde el prisma de su especialidad. El hecho de que algo suceda en él y no pueda referirlo al asunto de los primates es superior a sus fuerzas de manera que, estando España entera pendiente del veredicto del jurado sobre tan horroroso suceso, don Pablo se sintió en la obligación de redactar una entrada de su blog que se titulaba: “El único primate capaz de matar a sus propios hijos” en la que examinaba el caso de manera exhaustiva y desde todos los puntos de vista habidos y por haber: desde un repaso histórico del infanticidio selectivo ―como ven, cosa que nada tiene que ver con lo de Bretón como no sea por el forro―,

hasta reflexiones evolutivas:

En animales no humanos, cuando se trata de la descendencia ajena, el infanticidio puede tener varias explicaciones desde el punto de vista evolutivo. La hipótesis más extendida es que si un macho llega a un grupo nuevo donde existe una hembra con crías, ésta no entrará en celo hasta pasados varios años, cuando ya no dependan de ella.

etológicas:

Entre los primates no humanos, existe el fenómeno del infanticidio en algunas especies, como por ejemplo los langures que habitan en la India o los chimpancés de África. Pero la diferencia entre los casos documentados de primates con el de Bretón, es que las víctimas nunca son los propios hijos, sino de los de otros machos.

La venganza es un sentimiento que hasta ahora solo ha sido probado en humanos. Se cree que los elefantes son candidatos a engrosar la lista, debido a la poderosa memoria que poseen. Hace unos años, una elefanta de corta edad murió al caer a un canal de irrigación en una aldea de la India. Los vecinos la enterraron, pero la manada irrumpió enfurecida y destrozó todas las cabañas. Debieron pensar que los culpables eran los habitantes de la aldea. También ha ocurrido que los elefantes que son adiestrados con violencia, un día se rebelan y matan a sus domadores.

y hasta bioquímicas:

Puede que nunca lleguemos a saber por qué suceden crímenes tan abominables, pero matar a copias de nuestro ADN mediante el infanticidio, al igual que ocurre con los suicidas, son comportamientos muy difíciles de explicar por la ciencia.

El asunto, a mi modo de ver, es bastante más sencillo por mucho que el señor Herreros lo coja por los pelos y así se lo hice notar en un comentario a esta su entrada:

Sin negar la obviedad de ninguno de los antecedentes que podamos reconocer como nuestros en la escala filogenética, ya sean morfológicos, fisiológicos, comportamentales, etc, la exposición que hace el señor Herreros me parece cientificista y pedante. El asunto radica en que, sea cual sea nuestra proximidad con los primates, la mente humana es infinitamente más compleja que la de ellos, como también lo son nuestras relaciones sociales. De hecho, la mente humana es el mecanismo más complejo que conocemos o –mejor dicho- desconocemos. Y los mecanismos complejos tienen estas cosas: cuanto más complejos son, tanto más fácil es que una alteración en el más mínimo detalle de su funcionamiento dé como resultado una disfunción de ellos.

Así, del comportamiento de una hormiga podemos esperar pocas sorpresas (dejo aparte las variaciones mutacionales porque aquí no hacen al caso ―nadie ha dicho que Bretón sea un mutante―), de un primate podemos esperar un comportamiento bastante más complejo que el de una hormiga, y, de un ser humano, un comportamiento bastante más complejo que el de un primate.

Por eso, de un ser humano cabe esperar comportamientos mucho más diversos, complejos y hasta sorprendentes de los que podemos encontrar en un primate ―incluidos los langures de don Pablo―, y muchísimo más diversos y complejos que los de una hormiga. Y esto tanto para lo bueno como para lo malo.

¿Necesitamos que Pablo Herreros nos lo explique? De la misma forma que tituló su pedantísimo artículo: “El único primate capaz de matar a sus propios hijos” lo podría haber titulado, cambiando el asunto:

“El único primate capaz de tener cuentas bancarias en Suiza”,

“El único primate capaz de componer el Mesías de Haendel”,

“El único primate capaz de decir que la ‘Tierra es del viento”, etc.

He de decir que no sé si por comprender que se ha pasado diciendo tonterías o por inadvertencia, esta entrada suya no aparece actualmente en su blog principal. Puede encontrarse, no obstante, aislada en la página de El Mundo.

Lo cual no es óbice para que ese su blog principal, Yo, mono, siga albergando entradas con títulos tan sugerentes como “Las raíces ancestrales de los Reyes Magos”, “Las luchas de poder en el Vaticano”, “Los animales salen del armario”, “Los primates terroristas” o “La democracia nació en la selva”. Todo ello, como digo, referido a los primates.

***

Voy acabando. ¿Por qué estoy haciendo esta crítica del señor Herreros? Seguramente el señor Herreros no está haciendo sino un intento de ser asequible a la mentalidad más pobre de las que accedan a la lectura de su pensamiento. Seguramente su intención es encomiable y ―sin seguramente―, lo es su entusiasmo por hacernos ver la relación estrecha que existe entre el ser humano y los demás primates.

Sin embargo, leyéndole, algo chirría dentro de mí. No se trata ya de la pobreza de su intento divulgador. No, no es eso. Ni es que yo tenga nada contra los animales ―como todos ustedes saben, yo mismo soy un animal―, pero estas chaladuras, ya sea ora con los delfines, otrora con los dinosaurios, o ahora con los simios me parecen abusivas y me parece que, queriendo explicar mucho, a la vez explican muy poco y confunden mucho.

Aquello de El Proyecto Gran Simio ―proyecto que, recordémoslo, reclama un igualitarismo moral y legal para todos los grandes simios― no está tan lejos y me recelo que este tipo de estudios científicos tienden, consciente o inconscientemente, a desdibujar la línea de separación tajante que existe, digan lo que digan, entre el ser humano y el resto de las criaturas; entre el animal racional y los animales irracionales.

Uno de mis caballos de batalla en este blog ha sido la denuncia del cientificismo, del entendimiento supersticioso por parte del vulgo de lo que es la Ciencia. Esta entrada no pretende más que abundar en ello y abundar en que este tipo de divulgación tiene más peligro de confundir que de ilustrar.

Volviendo a su blog, don Pablo Herreros nos dice que:

la mejor manera de entendernos a nosotros mismos es partiendo de la base de que somos primates.

Sea. No es que sea la mejor: es una más, pero sea:

Morir habemus, ya lo sabemus: muchas veces, el decir obviedades más o menos evidentes con el adorno de la liturgia cientificista deslumbra al profano. Esto es cosa que deberían de tener en cuenta quienes se embarcan en estos menesteres.

***

Por lo demás, este blog de Herreros tiene la curiosa peculiaridad de que, al poco de publicar una entrada, aparece en él un sorprendente mensaje que dice:

En esta noticia ya no se admiten nuevos comentarios.

A lo cual, más que escribir un blog yo lo llamaría pontificar pero, como es lógico, cada cual puede hacer de su capa un sayo.

Vínculos:

El único primate capaz de matar a sus propios hijos. Yo, mono. El Mundo.
Yo, mono. Blog de Pablo Herreros en El Mundo.
Proyecto Gran Simio. Wikipedia.
Stephen Hawking habla acerca de la vida extraterrestre. Conceptos Esparcidos.
Un titular sensacionalista, desinformador y malformador. Conceptos Esparcidos.
Cientificismo. Miguel de Unamuno. Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

16 julio, 2013 a 11:01

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