Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Manifiesto de los Persas

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Quiero aprovechar la efeméride del día de hoy, fiesta nacional de los Mártires de la Tradición instituida por don Carlos VII en su Testamento Político, para iniciar la publicación, en mi biblioteca digital, de una colección de Textos fundamentales del pensamiento tradicionalista español.

Lo hago con el llamado Manifiesto de los Persas, documento tan vilipendiado y ridiculizado como poco leído, por ser, quizá, si no el primer escrito de este pensamiento tradicionalista, sí, al menos el más desgarrado y el que más clara y tempranamente nos expone el inicio de la lucha declarada entre las dos grandes corrientes políticas que ha ocupado nuestra historia en los últimos dos siglos. Lucha que, hasta ahora, no ha sido sino el martirio de la causa tradicionalista a manos de la causa liberal.

Tiempo habrá de comentarlo con mayor extensión. Fijémonos, por ahora, en alguno de sus párrafos:

Tropezaron, pues, desde el primer paso en la equivocación de decir al Pueblo que es soberano y dueño de sí mismo después de jurado su Gobierno monárquico, sin que pueda sacar bien alguno de éste ni otros principios abstractos que jamás son aplicables a la práctica y, en la inteligencia común, se oponen a la subordinación, que es la esencia de toda sociedad humana; así que el deseo de coartar el poder del Rey de la manera que en la revolución de Francia extravió aquellas Cortes y convirtió el Gobierno de España en una oligarquía incapaz de subsistir por repugnante a su carácter, hábitos y costumbres. Por eso, apenas quedaron las provincias libres de franceses, se vieron sumergidas en una entera anarquía, y su gobierno, a pasos de gigante, iba a parar en un completo despotismo.

***

Las ideas en abstracto, a veces, aparecen con un colorido lisonjero; pero contraídas a la práctica no permiten ejecución; así es que, dictada la Constitución, los caminos y poblados están llenos de malhechores; no se experimenta el castigo; los ofendidos miran como infructuosa la queja, resueltos más bien a tomarse la justicia que a reclamarla, y los jueces se consideran impedidos de aplicar remedio hallando una dificultad en cada Artículo, de forma que sólo hallamos libertad en el delincuente y esclavitud en el buen vasallo.

***

Pareció en un principio que sólo procuraban éstos reunir, equipar, disciplinar tropas y buscar fondos que hiciesen valer la fuerza; mas pronto desapareció esta creída virtud y se notó que, mientras gemía el común de los españoles, se ocupaban algunos individuos de estas juntas en acomodarles y acomodarse a sí mismos distintivos y tratamientos, en llenar de empleos a sus parientes, en recoger cuantiosos donativos, en exigir crecidas contribuciones (cuya inversión aun se ignora), hacer inmensas gracias y dar destinos militares y políticos no necesarios, que motivaban una sobrecarga cuando más debía prevalecer la economía. Así hicieron odioso su gobierno, resfriaron el fuego patriótico y aumentaron las desgracias del desamparo y esclavitud.

***

Se crean jefes políticos de las Provincias que motivan un sobrecargo de millones anuales a la Nación y, según las funciones que se les han demarcado, eran las mismas que antes ejercían los jefes de los tribunales sin este gravamen. Al propio tiempo, por el Artículo 325 se crean Juntas Provinciales para promover su prosperidad y, aunque el pensamiento al parecer es bueno, la ejecución nunca corresponderá a él; y, si no, examínese lo que hasta ahora se ha verificado. Mientras menos cuerpos colegiados haya y menos encargados, la ejecución de la ley y la prosperidad de la Nación serán más expeditas y enérgicas.

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El Artículo 92 dijo: «Que para ser electo Diputado de Cortes se requería tener una renta anual proporcionada procedente de bienes propios»; mas como esto se oponía a la popularidad y el Artículo no podía hablar con los más de los que estaban en aquellas Cortes (antes bien, la Diputación había de convenirse en el empleo o renta de que carecían), se suspendió este Artículo en el 93 siguiente.

***

¿Les suena esto a algo?

A mí, sí. Vieron estos Diputados, y padecieron en sus carnes, lo que hoy, elevado a la enésima potencia, seguimos viendo como fruto del liberalismo político que llevamos padeciendo desde hace doscientos años.

Como dirían ellos:

Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor.

Hoy podemos decir que, a diferencia de “los antiguos persas”, que sólo mantenían esta costumbre durante cinco días tras la muerte de su rey, nosotros, los españoles, llevamos padeciendo, inasequibles al desaliento e imbuidos de la falsa doctrina liberal, sin rey,  desde hace doscientos años la experiencia de la anarquía, asesinatos, robos y mil desgracias más sin encontrar sucesor ni, lo que es peor, sin que tal experiencia nos muestre la necesidad de encontrarlo.

***

Nota a esta edición:  Por los documentos con los que he trabajado para realizar la presente edición, que son su entrada en la wikisource y la edición de la que dispongo en mi biblioteca de la colección Publicaciones Españolas, de  la Dirección General de Información, preparada por don Vicente Marrero y editada en Madrid en 1955, veo que el texto dista mucho de estar fijado y que, tanto la entrada de la wikisource como la edición a la que me refiero contienen abundancia de errores de bulto que, hasta donde me ha sido posible, he tratado de corregir en ésta.

El Artículo 92 dijo: «Que para ser electo Diputado de Cortes se requería tener una renta anual proporcionada procedente de bienes propios»; mas como esto se oponía a la popularidad y el Artículo no podía hablar con los más de los que estaban en aquellas Cortes (antes bien, la Diputación había de convenirse en el empleo o renta de que carecían), se suspendió este Artículo en el 93 siguiente.

Vínculos:

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 marzo, 2013 a 12:28

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