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Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Canción

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Flor de Pretericiones

 

 

José María Gabriel y Galán

 

Canción

No piense nunca el lloroso
que este cantar dolorido
es un capricho tejido
por la musa de un dichoso.
No piense que es armonioso
juego de un estro liviano;
piense que yo no profano,
ni con mentiras sonoras,
las penas desgarradoras
del corazón de un hermano.

Una canción de dolores
me piden mis padeceres,
tal como ayer mis quereres
pidieron cantos de amores;
que así como son mayores
si se cantan los contentos,
así los tristes acentos
de las trovas doloridas,
si no curan las heridas,
amansan los sufrimientos.

Mis penas son tan vulgares
como esas espinas duras
que erizan las espesuras
de todos los espinares.
Más hondas son que los mares.
Más hondas y más sombrías
que un horizonte sin días,
pues no hay abismo tan hondo
como el abismo sin fondo
de unas entrañas vacías.

Dios me las hizo de fuego…
¿Por qué no les dio dureza
si quiso su fortaleza
probar golpe a golpe luego?
¿Por qué enriqueció con riego
de sementera de amores
huerto que sabe dar flores,
si luego le manda días
de matadoras sequías
y vientos asoladores?

¡Ay! Al llegar a las puertas
de la tarde de mi vida,
voz de los cielos venida
me ha dicho: «¡Ya están abiertas!
¡Entra y sigue, y no conviertas
la mente a tiempos mejores,
que en vez de aquellos amores
de santidades pristinas
verás las desiertas ruinas
del solar de tus mayores!»

«¡Mejor es cegar, Dios mío!
¡Mejor es ir paso a paso
cayendo hacia el propio ocaso
solo, con pena y con frío!
¡Mejor es ir al vacío
que a ruinas y sepulturas!
¡Mejores son las negruras
de la noche más sombría,
que las negruras del día,
que son dos veces oscuras!»

Así, loco de dolor,
dije con vil vocecilla…
¡Esto que tengo de arcilla
fue quien lo dijo, Señor!
Pero esto que es resplandor
de Ti, venido hasta mí,
cuando tu rayo sentí
bien sabes Tú que te dijo:
«¡Señor! ¡La frente del hijo
tienes rendida ante Ti!»

Con sólo llorar mi suerte,
con sólo dejar abierta
de tal herida la puerta,
muriera de triste muerte.
Mas, hijo yo del Dios fuerte,
me he resignado a vivir,
y voy dejándome ir
sobre el polvo de la senda
caminando a media rienda
por el campo del sentir.

Porque si rindo la frente
sobre las manos crispadas;
si hacia las ruinas sagradas
dejo que vaya la mente;
si de mi llanto el torrente
dejo que anegue mi vida,
si abriese más esta herida
que en lumbre de fiebre arde,
viviera como un cobarde,
muriera como un suicida.

¡Quiero vivir! Las dulzuras
de los gozados placeres,
con hieles de padeceres
se tornan del todo puras.
Visión de mis desventuras:
¡Yo no te cierro mis ojos!
Camino de los abrojos:
¡yo no me cubro las plantas!
Cruz que mis hombros quebrantas:
¡yo te acepto sin enojos!

¡Quiero vivir! Dios es vida.
¿No veis que en vida convierte
la ancianidad que en la muerte
cayó con dulce caída?
¿No soy yo vida nacida
de vidas que a mí se dieran?
Pues vidas que en mí se unieran,
si vivo, no han de morir,
¡por eso quiero vivir,
porque mis muertos no mueran!

¡Y no morirán conmigo,
que el huerto de mis amores
está rebosando flores
que pinta Dios y yo abrigo!
¡Y atrás el cierzo enemigo
de esas mis vivas canciones,
pues son santos eslabones
de una cadena florida
para corona tejida
del Dios de las creaciones.

¡Quiero vivir! A Dios voy
y a Dios no se va muriendo;
se va al Oriente subiendo
por la breve noche de hoy.
De luz y de sombras soy
y quiero darme a las dos.
¡Quiero dejar de mí en pos
robusta y santa semilla
de esto que tengo de arcilla,
de esto que tengo de Dios!

 
***
José María Gabriel y Galán, 1905
 

Nota: Este poema lo escribió el malogrado poeta salmantino pocos días después de la muerte de su padre y pocos, también, antes de la suya propia.

Los pensamientos de la poesía de Gabriel y Galán, como se ha notado, son vulgares; su originalidad no depende de lo que en ella se dice sino de cómo lo dice a la manera propia suya con la que presenta su idea: una de las cualidades del verdadero poeta es atinar a dar con la fórmula artística para expresar lo que todos los hombres pensamos y sentimos. La inspiración de Gabriel y Galán no nace del espíritu enfermizo del arte moderno —esto es lo que viene a decir en la primera décima de esta canción: “no piense que es armonioso – estro de un juego livianosino que, nacida de las eternas inquietudes del alma humana, arraigada en la dureza y en la belleza de la tierra salmantina en la que hunde su nacimiento, se nutre, casi exclusivamente, de las lecturas de nuestros escritores clásicos, se realiza con su lección y se lustra con ellas sin hacer caso de novedades extravagantes.

Nada más vulgar que el pensamiento de “todo pasa; todo se desvanece”. Nada más vulgar que la inquietud del hombre ante la muerte. Y, sin embargo, este pensamiento vulgar, que alcanzó a formularlo Jorge Manrique de manera sublime y con belleza imperecedera, nos lo presenta aquí José María Gabriel y Galán en esta bellísima Canción que, por olvidada, incluyo hoy en mi Flor de Pretericiones.

Vínculos:

José María Gabriel y Galán. Wikipedia.
José María Gabriel y Galán. Wikisource.
Juicios críticos y elogios.

Volver a Flor de Pretericiones. 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 enero, 2013 a 11:16

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