Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Reflexiones en torno a la idea de España

with one comment

Modificado de emagister.com

Dos de los más grandes políticos que nos ha dado la Transición española, Jaime Mayor Oreja y José María Aznar, alertándonos ayer del gravísimo problema que entraña en estos momentos el desafío separatista del gobierno catalán en alianza con la extrema izquierda para la pervivencia de la unidad política de España, nos han llamado a defenderla, José María Aznar, mediante “el coraje y la convicción”, Jaime Mayor, cogiendo el toro por los cuernos y pidiéndonos que entremos de lleno en la confrontación de ideas con los enemigos de esta unidad sin ningún miedo ni complejo intelectual frente a ellos y yendo más allá —en este terreno de las ideas— de los meros recursos legales que el Gobierno de la Nación pueda oponer a esta embestida.

Suscribo, como es lógico, ambos discursos pero, entrando en ese debate de ideas que nos pide Jaime Mayor, algo quiero añadir a ellos y algún pero tengo que ponerles abundando en lo que vengo diciendo al respecto en Conceptos Esparcidos desde hace seis años.

I

España

Efectivamente: antes de pasar a defender nada necesitamos tener una idea cabal de aquello que vamos a defender, que queremos defender. Necesitamos, pues, tener una idea precisa de lo que entendemos por España y, siendo la idea de España tan diversa según quien la formule, ya sean amigos, ya enemigos, necesitamos dibujar un perfil de su concepto para saber si estamos —al menos mínimamente— de acuerdo con él y para saber si nos interesa su defensa porque, por ejemplo, a mí, ni me interesa la defensa de la concepción de España que puedan tener los socialistas ni me interesa la defensa de su formulación política actual nacida de la Constitución del 78.

Entiendo bien que esta formulación política es la que es y que, hoy, la idea espiritual y eterna de España —que nadie va a poder romper— se encarna en esta fórmula legal que es preciso respetar. Pero, si queremos llevar el debate de las ideas a su verdadera raíz, lo primero que debemos de comprender —frente a las reiteradas invocaciones de José María Aznar y de Jaime Mayor a la “democracia” y a esta Constitución— es, no sólo ya que España es muchísimo más antigua que la Constitución del 78, sino, muy especialmente, dos ideas:

La una, que la Constitución del 78, por atea y por ser el enésimo trasunto de la Revolución Francesa, se da de bruces con el alma histórica de España. Define una idea de España que nada tiene que ver ni con su alma, ni con su tradición, ni con su historia.

Y la segunda que, precisamente por ello, han sido la Transición y la Constitución del 78, en especial en su título VIII, las que, poco a poco, como muy bien resume Jaime Mayor, han ido minando el concepto de España, lo han ido escondiendo y lo han ido falsificando a las nuevas generaciones de españoles, las que han dado pábulo a sus enemigos y las que nos han mantenido callados y acomplejados frente a ellos a quienes deseamos que la idea espiritual y eterna de España se siga concretando en alguna unidad política.

Y esto, no por motivos meramente pragmáticos, como apunta José María Aznar cuando apela a la “prosperidad” como argumento para mantener la unidad política. Es evidente que todos deseamos una España próspera pero no es menos evidente que aun cuando esta prosperidad no existiera —como no existe en estos momentos— o su unidad política entrañara menor prosperidad, la obligación de su defensa debería de ser la misma.

Es lugar común el que los cretinos nacidos y educados a la luz de esta transición se rían sin mayor reflexión de la definición que hizo José Antonio de España como unidad de destino en lo universal. Sin embargo, ni tal definición es exclusiva de José Antonio —desde Estrabón hasta nuestros días todo pensador que ha reflexionado sobre el asunto concluye que tanta es la diferencia con la que los pueblos hispánicos se ven a sí mismos como grande es la unidad con la que se les contempla desde el extranjero, empezando por lo puramente geográfico y acabando por lo espiritual— ni tal definición entraña nada sorprendente ni propio de España: en efecto, cualquier nación que, en el devenir de la historia haya alcanzado a tener algún resalte y algún reconocimiento frente al resto de naciones, es nación, muy especialmente, porque esas demás naciones, le reconocen un perfil propio, un espíritu propio, un discurso que, en lo que valga, tiene algo propio que decir al resto del mundo, algo con lo que enriquecer al resto del mundo; lo es, en fin, como unidad de destino en lo universal.

Notemos, pues, aquí, uno de los problemas fundamentales con el que nos encontramos a la hora de defender la permanencia de la unidad política de España: en tanto que somos una nación para el resto del mundo y en tanto el resto del mundo apenas alcanza a ver —si es que ve alguna— ninguna diferencia entre un catalán y un andaluz, nosotros, los españoles hemos llegado a desconocer que, si somos una nación, lo somos porque, mirando hacia dentro, tenemos algo en lo espiritual que compartimos todos, y, mirando hacia fuera, es ese algo lo que nos da una identidad nacional que es en la que repara el resto de las naciones.

Esto es lo que diferencia a una verdadera nación, a una nación forjada multisecularmente por una idea, de una nación artificial, de una de tantas naciones artificiales como han sido creadas durante los doscientos años que llevamos padeciendo la Revolución Francesa: si yo les pregunto a ustedes qué diferencias hay entre un francés y un inglés; un ruso y un norteamericano; un alemán y un italiano, ustedes, seguramente, tendrían una noción bastante precisa de tales diferencias.

Ahora bien, si yo les pregunto qué diferencia encuentran entre un uruguayo y un paraguayo; entre un keniata y un ugandés —más allá del “odio africano” que se tienen—, o entre un iraquí y un iraní, seguramente les pondría a ustedes en un aprieto y no se crean que ello sea por ignorancia de ustedes acerca de estas naciones sino por carencia de las mismas de unidad de destino en lo universal o, dicho de otro modo, por falta de perfil espiritual propio y distintivo. Para el uruguayo, su distancia pueblerina del paraguayo puede ser inmensa; para el resto del mundo pertenecen a la unidad de destino que llamamos hispanidad. De la misma forma, sean cuales sean las diferencias que separan a los chiitas de los sunitas, todos ellos pertenecen a un espíritu diferenciado en lo universal que llamamos islamismo.

Así, una futura y plausible nación catalana satisfaría a los catalanes que han olvidado su historia y que desean que su nación deje de formar parte de una unidad de destino en lo universal a la que a Cataluña han conducido la geografía primero y la historia después, para convertirse en una nación artificial más, muy apta, en lo negativo, para desfogar sus pasiones pueblerinas, contemplarse el ombligo y vomitar su odio hacia la España de la que forma parte, pero muy desdibujada, en lo positivo, para brindar al mundo un carácter propio, un espíritu propio del que, aislada, carece.

***

Para entrar, pues, en esta defensa de España necesitamos inexorablemente conocer y asumir, con todos sus defectos y con todas sus virtudes, cuál ha sido la aportación espiritual diferenciada española a este concierto de las naciones, a esta Historia de la Humanidad.

Romanizada muy tempranamente, desde que lo fue, podemos asegurar que el afán histórico de España ha sido el mantenimiento y la extensión de esa civilización romana primero, cristiano-romana y judeo-cristiana después y, por último, católica, entendiendo estas tres expresiones como formas de una continuidad histórica.

Varios hitos tenemos que tener muy presentes en su devenir histórico:

El primero y menos importante en lo que toca a nuestra singularidad como nación, pues lo compartimos con todos los demás pueblos europeos, es la invasión y dominio bárbaro, visigodo, que algo, indudablemente, contribuiría a la forja de nuestro espíritu pero que acabó disolviéndose en la romanidad española y cristiana tras los pocos siglos en los que hizo imperar su arrianismo bárbaro. Notemos que, durante estos siglos, pervivió como minoría no gobernante y al final se impuso, una minoría hispanorromana que fue la que mantuvo la lumbre de la cultura hispano-romana.

El segundo, mucho más definitorio, lo constituyen los ocho siglos de dominación musulmana, civilización esta mucho más fuerte y pujante que la goda y que, al contrario que ésta, jamás llegó a fundirse con la nuestra, hispanorromana. Notemos, igualmente, cómo durante estos ocho siglos, pervivió igualmente una minoría mozárabe, esto es, hispanorromana, que culminó la Reconquista, expulsó de nuestro solar a los musulmanes y lo devolvió en su totalidad a la civilización cristiana occidental. En La expulsión de los moriscos y fijándome en el gradiente del voto de izquierda, creciente, en líneas generales, de norte a sur en la España actual, me atreví a lanzar la hipótesis, que, por supuesto, no pretendo en absoluto que sea cierta, de que parte de este odio a la idea de España que hoy vemos tan claro y tan cierto en muchos de nuestros compatriotas no tenga en sus orígenes y en parte, el resquemor ancestral que quizá guardaran a través de las generaciones los descendientes de estos moriscos conversos, cristianos nuevos en contraposición a los cristianos viejos de herencia hispanogoda y que, como sabemos, durante muchos siglos carecieron de privilegios que estos sí tenían.

El tercero es, evidentemente, el descubrimiento, la conquista y la civilización de América. Con ello España extendió hasta el infinito aquella civilización cristianorromana que había heredado.

El cuarto es la postura que claramente adoptó España frente al cisma luterano poniéndose indubitablemente al lado de la iglesia romana, esto es, manteniéndose en el continuo histórico al que pertenecía desde que Roma la civilizó.

Y el quinto, en fin, es la aparición de la revolución científica y tecnológica del siglo XVIII, revolución que, indudablemente lideraron y llevaron a cabo las naciones protestantes de manera que el mundo que nació de ella, nuestro mundo, ante el espejismo de bienestar material que tal revolución nos ha proporcionado y olvidado de todo lo bueno que, sobre todo en el orden moral y político pudiera tener el Antiguo Régimen abomina de él y, por ende, de la idea de España, uno de sus principales bastiones sino el principal.

II

La minoría hispanorromana

Si, como acabo de exponer, durante los siglos de gobierno visigodo y los de dominación musulmana, pervivió obstinadamente como minoría, muchas veces perseguida, la que nunca jamás olvidó su verdadero origen clásico romano maravillosamente conjugado con la cultura judeo-cristiana y, al fin, acabó vencedora tanto frente a la barbarie de los unos como al carácter extranjero de los otros, así también nosotros lo que debemos defender es esa tradición dos veces milenaria que hoy sólo puede expresarse en la España que, desde 1942, forjaron de la mano la monarquía tradicional y la religión católica, sabiendo que vivimos en una nueva época de barbarie que lo que pretende, precisamente, es destruirla.

En esta época de barbarie somos, efectivamente, minoría. Empero, debemos de tener la misma convicción en nuestra causa que tuvieron los hispanorromanos en las épocas que digo y la esperanza de que nuestra firmeza intelectual en su defensa, olvidados de todo miedo a que nos llamen fascistas, la hará renacer algún día en toda su grandeza porque su grandeza es mucha frente a la poquedad de las ideas de nuestros enemigos.

Así y, como es lógico, adaptándola al pensamiento moderno, nuestra defensa de España tendría que ser la defensa de la religión católica y la defensa de la monarquía tradicional.

Ésta ha sido la gran aportación que España ha hecho al mundo y éste debería ser su discurso, como digo, actualizado y adaptado a los tiempos. Polonia lo intenta. No entiendo porqué no lo puede intentar también España.

Por contra: una España que se presenta ante el mundo como defensora del régimen político que coyunturalmente triunfa en el mundo actual —la democracia liberal—, es, sencillamente, grotesca. Para eso ya están los Estados Unidos cuya unidad de destino en lo universal es, precisamente, el liberalismo y la democracia. Tan grotesca como aquel miembro del PCE que no recuerdo con qué motivo —quizá fuera con el referéndum de la OTAN—, no tuvo ningún empacho en mandar al Congreso estadounidense un ejemplar de la Constitución del 78 como intentando dar lecciones a los estadounidenses de “democracia” y de “liberalismo”.

Y, en fin, de una España grotesca como esta; de una España tan olvidada de su historia y de su tradición, ¿nos puede extrañar que acabe yéndose al carajo como se está yendo?

III

La monarquía tradicional y la religión católica

Si olvidamos que el único cemento de unión que ha mantenido unidos a los pueblos hispánicos han sido la monarquía tradicional y la religión católica poco podremos hacer para mantener la unidad política de España. Lo saben muy bien sus enemigos y, por ello, tienen puesto en su principal punto de mira a ambas instituciones.

La religión católica no es —dejando aparte, por supuesto, su principal dimensión que es la meramente religiosa— sino el trasunto de la civilización romana. Su enseñanza no es sino el compendio de la sabiduría de la humanidad que apareció ente el Tigris y el Éufrates hace diez mil años, que, a través de la religión judeocristiana, se fundió con la cultura grecorromana y que nosotros heredamos precisamente a través de Roma.

Por su parte, la monarquía tradicional murió a manos de la Revolución. No podía haber sido de otra manera, pero España tuvo la desgracia de que la revolución que inspiró la suya no fue la “Gloriosa” inglesa de 1688 que imbuyó a los ingleses “de la idea de equilibrio entre la libertad y el orden”, sino la jacobina francesa de 1789 que, de las únicas ideas que nos ha imbuido han sido la del odio a la Tradición y la del convencimiento de que el progreso consiste en una huida hacia adelante desaforada y marcada por etapas en las que cada una de esas etapas tiene como único fin destruir a la anterior en un baño de sangre, de odio y de rencor. Una huida hacia adelante que, en fin, nada crea y todo destruye.

Tras la rotunda victoria de los aliados en la II Guerra Mundial, hoy se nos aparece que la mejor forma de gobierno posible es la democracia. Es, efectivamente, la única posible hoy en el mundo occidental pero, rotundamente, no es la mejor a mi modo de entender.

Prescindo de extenderme en este asunto pues ya lo he tratado sobradamente aquí y a ello me remito en los vínculos con los que finaliza este escrito.

Sea como sea (y de ello han tratado recientemente El Mundo en un editorial de la semana pasada y Victoria Prego en ese mismo diario), España es difícilmente entendible sin ese cemento de unión que representa la Monarquía, hoy simbólica de la nuestra tradicional.

IV

El marxismo y sus herederos

Es sumamente curioso ver como los nacionalismos vasco y catalán, que en su origen proceden del carlismo, que nacieron como reacción a la introducción en España del liberalismo entendido al modo en que lo entiende la Revolución francesa y que, en este sentido, son muy dignos de consideración, se han echado en manos de la izquierda marxista.

¿Para qué? ¿Para liberar a sus supuestas naciones de una supuesta opresión?

No. Se han echado en manos del marxismo que hoy representan Bildu-ETA y ERC, no  para construir nada, sino para destruir a España.

Su discurso que algún día pudo ser constructivo —y que la España liberal no entendió— es hoy francamente destructivo: nada pretenden realmente crear pues de la mano de socios tales como Bildu-ETA o ERC lo único que pueden crear son unas Provincias Vascongadas o una Cataluña marxista o, al menos, complaciente con el marxismo, esto es, las antípodas de los orígenes de estos nacionalismos.

Su discurso de hoy es destructivo y su único fin es la destrucción de España. No de la España liberal a la que, como digo, combatieron en sus orígenes y en cuyo combate yo me podría poner a su lado. No: de la destrucción lisa y llana de España.

***

Nota: El presente escrito, que pretendo depurar y continuar en días venideros, no es sino resumen de las reflexiones que acerca de este problema he venido haciendo en este foro desde el año 2006 y que se pueden repasar en los siguientes

Vínculos:

Pío Moa: la estupidez de Libertad Digital y la injusticia de generalisimofranco.com. Conceptos Esparcidos,diciembre, 2011.
Moa ‘vs’ Vidal
. Conceptos Esparcidos, julio, 2011.
Moa ‘vs’ Vilches
. Conceptos Esparcidos, junio, 2011.
Luz de Trento
. Conceptos Esparcidos, junio, 2011.
Ante la nueva embestida del odio anticatólico en España
. Conceptos Esparcidos, marzo, 2011.
Otra vez el Rey
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2010.
Pacta sunt servanda
. Conceptos Esparcidos, diciembre, 2009.
¡Esto se hunde!
Conceptos Esparcidos, agosto, 2009.
Comentarios al escrito “A favor del término ‘Euskal Herria’”
. Conceptos Esparcidos, julio, 2009.
A favor del término “Euskal Herria”
. Conceptos Esparcidos, julio, 2009.
Rosa Díez: una ventana de aire fresco. Conceptos Esparcidos, enero, 2009.
Joan Tardà grita ¡Muera el Borbón! Conceptos Esparcidos, diciembre, 2008.
Don Juan Alberto Belloch
. Conceptos Esparcidos, abril, 2008.
Si la Iglesia se mundaniza…
Conceptos Esparcidos, febrero 2008.
Los reyes merovingios
. Conceptos Esparcidos, noviembre, 2007.
En defensa de la monarquía española
. Conceptos Esparcidos, octubre, 2007.
El toro de Osborne
. Conceptos Esparcidos, agosto, 2007.
La Coca-Cola
. Conceptos Esparcidos, marzo, 2007.
A vueltas con “La expulsión de los moriscos”
. marzo, 2007.
El estatuto andaluz
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2007.
La expulsión de los moriscos
. Conceptos Esparcidos, febrero, 2007.

España, ¡Antes rota que roja!
. Conceptos Esparcidos, enero, 2007.
Javier Moreno y los (nefastos) periódicos. Conceptos Esparcidos, noviembre, 2006.
Las “democracias avanzadas” y 1984
. Conceptos Esparcidos, enero, 2006.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 enero, 2013 a 12:13

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. Estupenda disertación, Carlos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s