Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Santa Misa de la Maternidad Divina de María. Vaticano, 31 de diciembre de 2012.

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SANTA MISA DE LA MATERNIDAD DIVINA

RITOS INICIALES

PROCESIÓN DE ENTRADA

SALUDO INICIAL

SACERDOTE: In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.

CONGREGACIÓN: Amen.

[S] Pax vovis.

[C] Et cum spritu tuo.

ACTO PENITENCIAL

[S] Fratres, agnoscamus peccata nostra, ut apti simus ad sacra mysteria celebranda.

Confiteor Deo omnipotenti et vobis, fratres, quia peccavi nimis cogitatione, verbo, opere et omissione: mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. Ideo præcor beatam Mariam semper Virginem, omnes Angelos et Sanctos, et vos, fratres, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Misereatur nostri omnipotens Deus, et dimissis peccatis nostris, perducat nos ad vitam æternam.

[C] Amen.

Kyrie, eleison.
Kyrie, eleison.
Christe, eleison.
Christe, eleison.
Kyrie, eleison.
Kyrie, eleison.

GLORIA

[S] GLORIA IN EXCELSIS DEO

[C] et in terra pax hominibus bonæ voluntatis. Laudamos te, benedicimus te, adoramus te, glorificamus te, gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam, Domine Deus, Rex cælestis, Deus Pater omnipotens. Domine Fili unigenite, Iesu Christe, Domine Deus, Agnus Dei, Filius Patris: qui tollis peccata mundi, miserere nobis; qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus Sanctus, tu solus Dominus, tu solus Altissimus, Iesu Christe, cum Sancto Spiritu, in gloria Dei Patris. Amen.

ORACIÓN COLECTA

[S] Oremus.

Deus, qui salutis aeternae beatae Mariae virginitate foecunda humano generi praemia praestitisti: tribue, quaesumus, ut ipsam pro nobis intercedere sentiamus, per quam meruimus, Auctorem vitae suscipere. Per Dominum nostrum Iesum Christum filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.

[C] Amen.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA (Antiguo Testamento)

LECTOR: Libro de los Números:

El Señor dijo a Moisés:
Habla así a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas.  Les dirán:
Que el Señor te bendiga y te proteja.
Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.
Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.

Nm, 6, 22-27.

Verbum Domini.

[C] Deo gratias.

SALMO RESPONSORIAL

[L] Deus misereatur nostri, et benedicat nobis.
[C] Deus misereatur nostri, et benedicat nobis.

[L] El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

[C] Deus misereatur nostri, et benedicat nobis.

[L] Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

[C] Deus misereatur nostri, et benedicat nobis.

[L] Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga y que le teman,
hasta los confines del orbe.

[C] Deus misereatur nostri, et benedicat nobis.

Salm, 66, 2-8.

SEGUNDA LECTURA (Nuevo Testamento)

[L] Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero  por la gracia de Dios.

Gál, 4, 4-7.

[L] Verbum Domini.

[C] Deo gratias.

TERCERA LECTURA (Evangelio)

[C] Hallelujah!

[S] Dominus vobiscum.

[C] Et cum spiritu tuo.

[S] Lectio Sancti Evangeli secundum Lucam.

[C] Gloria a tibi domine.

[S] In illo tempore venerunt pastores faestinates usque Bethlehem et invenerunt Mariam et Ioseph et infantem positum in praesepio. Videntes autem notum fecerunt verbum, quod dictum erat illis de puero hoc. Et omnes, qui audierunt, mirati sunt de his, quae dicta erant a pastoribus ad ipsos. Maria autem conservabat omnia verba haec conferens in corde suo. Et reversi sunt pastores glorificantes et laudantes Deum in omnibus, quae audierant et viderant, sicut dictum est ad illos. Et postquam consummati sunt dies octo, ut circumcideretur, vocatum est nomen eius Iesus, quod vocatum est ab angelo, priusquam in utero conciperetur.

Lc, 2, 16-21.

[S] Verbum Domini.

[C] Laus tibi, Christe.

HOMILÍA

Queridos hermanos y hermanas:

«Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros». Así, con estas palabras del Salmo 66, hemos aclamado, después de haber escuchado en la primera lectura la antigua bendición sacerdotal sobre el pueblo de la alianza. Es particularmente significativo que al comienzo de cada año Dios proyecte sobre nosotros, su pueblo, la luminosidad de su santo Nombre, el Nombre que viene pronunciado tres veces en la solemne fórmula de la bendición bíblica. Resulta también muy significativo que al Verbo de Dios, que «se hizo carne y habitó entre nosotros» como la «luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (Jn 1,9.14), se le dé, ocho días después de su nacimiento – como nos narra el evangelio de hoy – el nombre de Jesús (cf. Lc 2,21).

Estamos aquí reunidos en este nombre. Saludo de corazón a todos los presentes, en primer lugar a los ilustres Embajadores del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Saludo con afecto al Cardenal Bertone, mi Secretario de Estado, y al Cardenal Turkson, junto a todos los miembros del Pontificio Consejo Justicia y Paz; a ellos les agradezco particularmente su esfuerzo por difundir el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que este año tiene como tema «Bienaventurados los que trabajan por la paz».

A pesar de que el mundo está todavía lamentablemente marcado por «focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado», así como por distintas formas de terrorismo y criminalidad, estoy persuadido de que «las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda… El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios. Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9)» (Mensaje, 1). Esta bienaventuranza «dice que la paz es al mismo tiempo un don mesiánico y una obra humana …Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación» (ibíd., 2 y 3). Sí, la paz es el bien por excelencia que hay que pedir como don de Dios y, al mismo tiempo, construir con todas las fuerzas.

Podemos preguntarnos: ¿Cuál es el fundamento, el origen, la raíz de esta paz? ¿Cómo podemos sentir la paz en nosotros, a pesar de los problemas, las oscuridades, las angustias? La respuesta la tenemos en las lecturas de la liturgia de hoy. Los textos bíblicos, sobre todo el evangelio de san Lucas que se ha proclamado hace poco, nos proponen contemplar la paz interior de María, la Madre de Jesús. A ella, durante los días en los que «dio a luz a su hijo primogénito» (Lc 2,7), le sucedieron muchos acontecimientos imprevistos: no sólo el nacimiento del Hijo, sino que antes un extenuante viaje desde Nazaret a Belén, el no encontrar sitio en la posada, la búsqueda de un refugio para la noche; y después el canto de los ángeles, la visita inesperada de los pastores. En todo esto, sin embargo, María no pierde la calma, no se inquieta, no se siente aturdida por los sucesos que la superan; simplemente considera en silencio cuanto sucede, lo custodia en su memoria y en su corazón, reflexionando sobre eso con calma y serenidad. Es esta la paz interior que nos gustaría tener en medio de los acontecimientos a veces turbulentos y confusos de la historia, acontecimientos cuyo sentido no captamos con frecuencia y nos desconciertan.

El texto evangélico termina con una mención a la circuncisión de Jesús. Según la ley de Moisés, un niño tenía que ser circuncidado ocho días después de su nacimiento, y en ese momento se le imponía el nombre. Dios mismo, mediante su mensajero, había dicho a María –y también a José– que el nombre del Niño era «Jesús» (cf. Mt 1,21; Lc 1,31); y así sucedió. El nombre que Dios había ya establecido aún antes de que el Niño fuera concebido se le impone oficialmente en el momento de la circuncisión. Y esto marca también definitivamente la identidad de María: ella es «la madre de Jesús», es decir la madre del Salvador, del Cristo, del Señor. Jesús no es un hombre como cualquier otro, sino el Verbo de Dios, una de las Personas divinas, el Hijo de Dios: por eso la Iglesia ha dado a María el título de Theotokos, es decir «Madre de Dios».

La primera lectura nos recuerda que la paz es un don de Dios y que esta unida al esplendor del rostro de Dios, según el texto del Libro de los Números, que transmite la bendición utilizada por los sacerdotes del pueblo de Israel en las asambleas litúrgicas. Una bendición que repite tres veces el santo nombre de Dios, el nombre impronunciable, y uniéndolo cada vez a dos verbos que indican una acción favorable al hombre: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine el Señor su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (6,24-26). La paz es por tanto la culminación de estas seis acciones de Dios en favor nuestro, en las que vuelve el esplendor de su rostro sobre nosotros.

Para la sagrada Escritura, contemplar el rostro de Dios es la máxima felicidad: «lo colmas de gozo delante de tu rostro», dice el salmista (Sal 21,7). Alegría, seguridad y paz, nacen de la contemplación del rostro de Dios. Pero, ¿qué significa concretamente contemplar el rostro del Señor, tal y como lo entiende el Nuevo Testamento? Quiere decir conocerlo directamente, en la medida en que es posible en esta vida, mediante Jesucristo, en el que se ha revelado. Gozar del esplendor del rostro de Dios quiere decir penetrar en el misterio de su Nombre que Jesús nos ha manifestado, comprender algo de su vida íntima y de su voluntad, para que vivamos de acuerdo con su designio de amor sobre la humanidad. Lo expresa el apóstol Pablo en la segunda lectura, tomada de la Carta a los Gálatas (4,4-7), al hablar del Espíritu que grita en lo más profundo de nuestros corazones: «¡Abba Padre!». Es el grito que brota de la contemplación del rostro verdadero de Dios, de la revelación del misterio de su Nombre. Jesús afirma: «He manifestado tu nombre a los hombres» (Jn 17,6). El Hijo de Dios que se hizo carne nos ha dado a conocer al Padre, nos ha hecho percibir en su rostro humano visible el rostro invisible del Padre; a través del don del Espíritu Santo derramado en nuestro corazones, nos ha hecho conocer que en él también nosotros somos hijos de Dios, como afirma san Pablo en el texto que hemos escuchado: «Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba Padre!”» (Ga 4,6).

Queridos hermanos, aquí está el fundamento de nuestra paz: la certeza de contemplar en Jesucristo el esplendor del rostro de Dios Padre, de ser hijos en el Hijo, y de tener así, en el camino de nuestra vida, la misma seguridad que el niño experimenta en los brazos de un padre bueno y omnipotente. El esplendor del rostro del Señor sobre nosotros, que nos da paz, es la manifestación de su paternidad; el Señor vuelve su rostro sobre nosotros, se manifiesta como Padre y nos da paz. Aquí está el principio de esa paz profunda –«paz con Dios»– que está unida indisolublemente a la fe y a la gracia, como escribe san Pablo a los cristianos de Roma (cf. Rm 5,2). No hay nada que pueda quitar a los creyentes esta paz, ni siquiera las dificultades y sufrimientos de la vida. En efecto, los sufrimientos, las pruebas y las oscuridades no debilitan sino que fortalecen nuestra esperanza, una esperanza que no defrauda porque «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5).

Que la Virgen María, a la que hoy veneramos con el título de Madre de Dios, nos ayude a contemplar el rostro de Jesús, Príncipe de la Paz. Que nos sostenga y acompañe en este año nuevo; que obtenga para nosotros y el mundo entero el don de la paz.

Amén.

CREDO

Credo in unum Deum,
Patrem omnipotentem,
factorem caeli et terrae,
visibilium ominum et invisibilium.
Et in unum Dominum Iesum Christum
Filium Dei unigenitum.
Et ex Patre natum ante omnia saecula.
Deum de Deo, lumen de lumine,
Deum verum de Deo vero.
Gentium, non factum, consubtantialem Patri:
per quem omnia facta sunt.
Qui propter nos homines
et propter nostram salutem descendit de caelis
Et incarnatus est de Spiritu Sancto
ex Maria Virgine et homo factus est.
Crucifixus etiam pro nobis:
sub Pontio Pilato passus et sepultus est.
Et resurrexit tertia die, secundum scripturas.
Et ascedit in caelum: sedet ad dexteram Patris.
Et iterum venturus est cum gloria
inducare vivos et mortuos:
cuius regni non erit finis.
Et in Spiritum Sanctum,
Dominum et vivificantem:
qui ex Patre et Filioque procedit.
Qui cum Patre et Filio
simul adoratur et conglorificatur;
qui locutus est per Prophetas.
Et unam sanctam catholicam
et apostolicam Ecclesiam.
Confiteor unum baptisma
in remissionem peccatorum.
Et exspecto resurrectionem mortuorum.
Et venturi saeculi.
Amen.

ORACIÓN POR LOS FIELES

[S] Queridísimos hermanos: ayudados por el ejemplo de la Santa Madre de Dios, María Santísima, digamos nuestra plegaria con fe al dador de todo bien:

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Oremus pro Ecclesia sancta Dei:

[L] Para que la Santa Madre de Dios la conduzca en su misión de promover el diálogo y la paz entre todas las personas a través de la acción pastoral del Papa y de los obispos,

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Oremus pro publicis moderatoribus:

[L] Para que la Santa Madre del Redentor dé a los gobernantes, a los legisladores y a los hombres de ciencia, el respeto y el cuidado por la maternidad, don altísimo de Dios a la Humanidad,

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Oremus pro familiis:

[L] Para que la Santa Madre del Redentor que, junto a san José, cuidó del Niño Jesús con inefable amor ayude a los padres y a las madres a ser para sus hijos educadores y testigos de la fe,

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Oremus pro universo mundo:

[L] Para que la Santa Madre del Redentor obtenga para las naciones que sufren, laceradas por la guerra, el don de la paz, de la Navidad, y en todos los pueblos sean respetados la libertad y la dignidad de la vida humana,

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Oremus pro familia Dei Domini hodie hic congregata:

[L] Para que la Santa Madre del Redentor nos ayude a dar testimonio con alegría de la pertenencia al Señor y a anunciar con franqueza y perseverancia el Reino de Dios,

[S] Dominus deprecemur.

[C] Te rogamos, audi nos.

[S] Dios Padre de inmenso amor, acoge benigno la plegaria y las súplicas de tu iglesia que hoy celebra a la bienaventurada siempre Virgen María, Madre de tu querido Hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS

[S] Orate, fratres: ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum Patrem omnipotentem.

[C] Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis ad laudem et gloriam nominis sui, ad utilitatem quoque nostram, totiusque Ecclesiæ suæ sanctæ. Amen.

[S] Dominus vobiscum.

[C] Et cum spiritu tuo.

[S] Sursum corda.

[C] Habemus ad Dominum.

[S] Gratias agamus Domino Deo nostro.

[C] Dignum et iustum est.

PREFACIO

[S] Vere dignum et iustum est, aequum et salutare, nos tibi semper et ubique gratias agere: Domine, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus: Christum Dominum nostrum. Per quem maiestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Caeli caelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces ut admitti iubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes:

[C] Sanctus, Sanctus, Sanctus,
Dominus Deus, Sabaoth.
Pleni sunt coeli et terra gloria tua.
Hosanna in excelsis.
Benedictus qui venit in nomine Domini.
Hosanna in excelsis.

EPÍCLESIS

(La congregación se arrodilla).

[S] Vere Sanctus es, Domine, et merito te laudat omnis a te condita creatura, quia per Filium tuum, Dominum nostrum Iesum Christum, Spiritus Sancti operante virtute, vivificas et sanctificas universa, et populum tibi congregare non desinis, ut a solis ortu usque ad occasum oblatio munda offeratur nomini tuo. Supplices ergo te, Domine, deprecamur, ut hæc munera, quæ tibi sacranda detulimus, eodem Spiritu sanctificare digneris, ut Corpus ✠ et Sanguis✠ fiant Filii tui Domini nostri Iesu Christi, cuius mandato hæc mysteria celebramus.

CONSAGRACIÓN

Ipse enim in qua nocte tradebatur, accepit panem, et tibi gratias agens benedixit, fregit, deditque discipulis suis dicens:

ACCIPITE ET MANDUCATE EX HOC OMNES: HOC EST ENIM CORPUS MEUM, QUOD PRO VOBIS TRADETUR.

Simili modo, postquam cenatum est, accipiens calicem, et tibi gratias agens benedixit, deditque discipulis suis dicens:

ACCIPITE ET BIBITE EX EO OMNES: HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI NOVI ET ÆTERNI TESTAMENTI, QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR  IN REMISSIONEM PECCATORUM. HOC FACITE IN MEAM COMMEMORATIONEM.

ACLAMACIÓN

(La congregación se pone de pie).

[S] Mysterium fidei.

[C] Mortem tuam annuntiamus, Domine, et tuam resurrectionem confitemur, donec venias.

INTERCESIÓN

[S] Memores igitur, Domine, eiusdem Filii tui salutiferæ passionis necnon mirabilis resurrectionis et ascensionis in cælum, sed et præstolantes alterum eius adventum, offerimus tibi, gratias referentes, hoc sacrificium vivum et sanctum. Respice, quæsumus, in oblationem Ecclesiæ tuæ et, agnoscens Hostiam, cuius voluisti immolatione placari, concede, ut qui Corpore et Sanguine Filii tui reficimur, Spiritu eius Sancto repleti, unum corpus et unus spiritus inveniamur in Christo.

Ipse nos tibi perficiat munus æternum, ut cum electis tuis hereditatem consequi valeamus, in primis cum beatissima Virgine, Dei Genetrice, Maria, cum beatis Apostolis tuis et gloriosis Martyribus et omnibus Sanctis, quorum intercessione perpetuo apud te confidimus adiuvari.

DOXOLOGÍA

Hæc Hostia nostræ reconciliationis proficiat, quæsumus, Domine, ad totius mundi pacem atque salutem. Ecclesiam tuam peregrinantem in terra, in fide et caritate firmare digneris cum famulo tuo Papa nostro Benedictum, cum episcopali ordine et universo clero et omni populo acquisitionis tuæ.  Votis huius familiæ, quam tibi astare voluisti, adesto propitius. Omnes filios tuos ubique dispersos tibi, clemens Pater, miseratus coniunge. Fratres nostros defunctos et omnes, qui tibi placentes, ex hoc sæculo transierunt, in regnum tuum benignus admitte, ubi fore speramus, ut simul gloria tua perenniter satiemur.

Per Christum dominum nostrum, per quem mundo bona cuncta largiris.

Per ipsum, et cum ipso, et in ipso est tibi Deo Patri omnipotenti, in unitate Spiritus Sancti, omnis honor et gloria per omnia sæcula sæculorum.

[C] Amen.

PATERNOSTER

[S] Præceptis salutaribus moniti, et divina institutione formati, audemus dicere:

[C] Pater noster, qui es in cælis,
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris:
et ne nos inducas in tentationem,
sed libera nos a malo.

[S] Libera nos, quæsumus, Domine, ab omnibus malis, da propitius pacem in diebus nostris, ut, ope misericordiæ tuæ adiuti, et a peccato simus semper liberi et ab omni perturbatione securi: exspectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Iesu Christi.

[C] Quia tuum est regnum et potestas, et gloria in sæcula.

[S] Domine Iesu Christe, qui dixisti Apostolis tuis: Pacem relinquo vobis, pacem meam do vobis: ne respicias peccata nostra, sed fidem Ecclesiæ tuæ; eamque secundum voluntatem tuam pacificare et coadunare digneris. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.

Pax Domini sit semper vobiscum.

[C] Et cum spiritu tuo.

[S] Offerte vobis pacem.

[C] Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: dona nobis pacem!

[S] Ecce Agnus Dei, ecce qui tollit peccata mundi. Beati qui ad cenam Agni vocati sunt.

[C] Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanabitur anima mea.

COMUNIÓN

ORACIÓN

[S] …per Christum Dominum nostrum.

[C] Amen.

[S] Dominus vobiscum.

[C] Et cum spiritu tuo.

RITOS DE DESPEDIDA

BENDICIÓN

[S] Et benedictio Dei omnipotentis, Patris ✠et Filii ✠et Spiritus Sancti ✠descendat super vos et maneat semper.

[C] Amen.

ITE, MISSA EST

[S] Ite, missa est.

[C] Deo gratias.

Vínculo; se puede ver la Misa completa celebrada por el Santo Padre en la basílica de San Pedro del Vaticano el 31 de diciembre de 2012 en:

Misa de la Maternidad Divina de María. RTVE.

Esta entrada ha merecido la atención de ser reproducida, con su correspondiente cita, en Globedia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 enero, 2013 a 14:39

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