Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El buey, la mula y las bestias de los periodistas

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Nacimiento

Imagen tomada de GloriaTv (the more catholic the better)

Ya conocen ustedes el revuelo que ha levantado y las chirigotas que entre el público municipal y espeso ha inspirado, involuntariamente, nuestro Santo Padre, Benedicto XVI, cuando, de pasada, en el último libro de su trilogía sobre la vida de Jesucristo, ha mencionado que al Nacimiento del Redentor en el portal de Belén no asistieron ni el buey ni la mula que la tradición piadosa nos viene mostrando desde hace siglos en la iconografía navideña.

Morir habemus: ya lo sabemus, podríamos responder a esta muestra de incuria intelectual de la clase periodística que gobierna nuestro pensamiento.

Efectivamente: ya lo sabemus.

Lo que este hatajo de ignorantes ignora es que la religión, aparte de las verdades dogmáticas y de los textos canónicos, se nutre, entre mil maravillas más —como pueda ser la tradición ininterrumpida—, de lo que se llama la piedad popular. Y la piedad popular, que muchas veces puede llegar a ser, efectivamente, extravagante (no así en este caso), ha colocado —ignoro desde cuando ni por qué— las figuras de un buey y de una mula acompañando a la Santísima Virgen y a san José en la iconografía del Nacimiento de Jesucristo.

Lo que ha dicho el Santo Padre es lo que sabe cualquiera que haya leído los Evangelios: sencilla y llanamente, en ellos no se menciona a estas dos figuras animales.

Y esto, simplemente esto, es lo que ha escandalizado a esta caterva de ignorantes que, ignorantes de la diferencia que media entre la verdad dogmática y los adornos que la embellecen, son los que gobiernan, en esto y en todo, nuestro pensamiento. Y digo que gobiernan nuestro pensamiento por no decir que lo prostituyen.

Unas veces por mera ignorancia. Otras, por mezcla de ignorancia y de maldad.

Son las mismas bestias que, cínicamente, se escandalizaron ante el discurso de Ratisbona y armaron, más o menos, la misma algarabía que han armado con este asunto menor y de la que ya traté aquí en su momento.

Presento en el vínculo que sigue una reflexión atinadísima, erudita y muy cabal tanto acerca de esta polémica como del significado de estas figuras animales en el Nacimiento y de su posible origen histórico.

En fin, que tengan ustedes unas felices Navidades y, si son católicos, no hagan caso de estos payasos y coloquen en su belén, como todos los años, las figuras del buey y de la mula.

Vínculo:

¿Eliminó realmente Benedicto XVI a la mula y al buey de los nacimientos? Blog de Miguel Ángel García Calderón.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

18 diciembre, 2012 a 18:31

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