Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Els borinots

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Borinot es, en el idioma valenciano, la palabra con la que se designa al moscardón. Se emplea asimismo, aunque cada vez se oye menos, para designar a una persona pesada, molesta, cansina, que, como el moscardón, vuela y revuela, zumba y rezumba, una y mil veces, acerca de una idea que, para ella puede ser importantísima pero que para el resto de la Humanidad no significa apenas nada.

Analogía se llama esta figura.

Muy preocupado por el problema nacionalista vasco y catalán desde la Transición más incipiente y mucho más preocupado desde que Zapatero metió la mano en el asunto transformando un equilibrio tan frágil e inestable como falso en la algarabía que vemos en nuestros días, no había yo caído en la cuenta de que nuestros nacionalistas, aparte las razones históricas que puedan tener y que tienen, y que he defendido otras veces en este blog, son, fundamentalmente, eso: borinots.

No de otra forma se explica la reacción del aspirante a la Lehendakaritza, señor Urkullu, ante el éxito aparente que su colega en la Presidencia de la Generalitat catalana, señor Mas, en la reciente y multitudinaria manifestación independentista de la Diada y los buenos augurios que para su proyecto emanacipador catalán han mostrado las encuestas de varios diarios nacionales.

Nunca, pues, y, al menos, aparentemente, ha estado tan cerca el independentismo catalán de conseguir su objetivo de separarse del resto de España.

Y, además y según ha dejado entrever el señor Mas de una forma que, en mi humilde opinión, ya expresada aquí otras veces, sería una solución muy apreciable. El señor Mas ha mencionado la posibilidad de que Cataluña siga siendo monárquica, esto es, mantenga el nexo de unión con España a través de la Monarquía, y, como me he cansado de decir que el único cemento común que tienen los pueblos de España es, por un lado, la religión católica y, por otro, la Monarquía tradicional, no puede estar más de acuerdo con la plausibilidad de esta solución ni, aun, de su conveniencia.

De paso, nos quitaríamos de encima este modelo de estado liberal, impuesto por el extranjero, ajeno a nuestras costumbres y a nuestro alma ancestral y que tanta sangre y lucha nos ha costado desde hace doscientos años.

Prescindiendo, no obstante, de estas reflexiones mías que, como digo, me he hartado de repetir aquí, razonarán ustedes, como razono yo, que este éxito coyuntural del independentismo catalán debería de haber elevado al séptimo cielo al independentismo vasco que, acogiéndose al dicho que pinta a la ocasión como calva, debería de haberla cogido por los pelos y entonar el ¡Nosotros también! o, incluso, el ¡Mas, nosotros más!

Pues no señor. Y esto es lo que me deja estupefacto.

Con reflexiones tales como

La palabra secesión es demasiado grande

o

Hay que saber el mundo en que vivimos

Urkullu califica de sal gorda el éxito mediático y propagandístico de su colega catalán y parece que recula; que da marcha atrás.

Me he quedado, como digo estupefacto y no he podido menos que recordar la conocida estrofa de Las coplas de ¡Ay Panadera!:

Amarillo como cera estaba el conde de Haro,
buscando de algún reparo por no pasar la ribera;
desque vido la manera que el señor rey la pasaba,
pedos tan grandes tiraba que se oían en Talavera.

 

Canguelo se llama esta figura.

Vamos, que al señor Urkullu le ha dado canguelo el último movimiento de ficha del señor Mas.

Pues tal parece que los independentistas, sin renunciar al independentismo, tienen miedo del independentismo, cosa que, en el caso del señor Urkullu, tampoco me choca, dado que se iba a quedar, en caso de independencia de las Vascongadas, solo, cara a cara con el último movimiento marxista que en nuestros días queda en Europa. Trocaría un enemigo de salón, España, por un adversario que es de lo más cerril y dogmático que queda en nuestro continente.

Parece, pues, que al señor Urkullu le ha dado miedo el que el señor Mas pareciera que pasara la frontera pues, tal paso, le obligaría a él a dar otro semejante.

Tal y cual hacen los borinots: zumban, molestan, parece que se complacen en molestar; parece que su única razón de ser es esta, pero su ámbito de acción no es sino el aire cercano del ser al que importunan. Ninguna frontera piensan pasar. Sin el ser cercano sobre el que zumban y revolotean —si es que el verbo revolotear puede referirse a un insecto, que creo que no— nada serían.

No. No es fácil la independencia ni de Vascongadas ni de Cataluña por mucho odio que se haya cultivado en esas regiones hacia el resto de España. Y, en todo caso, como decía Arcadi Espada hace unos días en su Correo catalán:

la peor pesadilla del nacionalismo es que la independencia llegue cuando sea parte de un pasado ya incomprensible y remoto.

Tal parece que Urkullu tiene estas pesadillas.

¡Ay, Panadera!

Vinculos:

Mas no descarta una Cataluña monárquica. Libertad Digital.
Urkullu: “La palabra secesión es demasiado grande”. Libertad Digital.
¡Esto se hunde! Conceptos Esparcidos.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 septiembre, 2012 a 20:20

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