Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El diccionario ideológico de Casares

with 6 comments

Con el acierto que caracteriza al diario El Mundo en la elección de sus promociones, —ya saben: estas ofertas de productos que se venden junto con el diario y que, en su día incluyeron nada menos que a la Cossío—, este domingo, dicho diario ha comenzado a vender una serie de diccionarios de entre los cuales pretendo adquirir el María Moliner y el Etimológico de Joan Corominas, obras que siempre faltaron en mi biblioteca y que siempre quise tener pero cuyo elevado precio en el mercado hizo que fuera posponiendo su adquisición.

Es cierto que estas ofertas, en lo que respecta al volumen en sí, dejan mucho que desear para el bibliófilo. Por mucho que nos vengan con la monserga moderna esa de la tapa dura no están hechos sino en lo que se llama encuadernación americana, esto es, no con cuadernillos cosidos y encuadernados, sino hechos con hojas sueltas pegadas por detrás; es decir, justo lo contrario de lo que cualquier persona cabal entendería por encuadernación. Pero, en fin, esto, y más a estas alturas, es lo de menos.

Empero, no es de esta oferta en sí de la que quiero hablar sino de una gran carencia que veo en ella. Seguramente por motivos editoriales y de copyright pero no por ello menos dolorosa. Y no ya porque esté ausente de esta promoción, sino porque está ausente de casi todas partes, no se habla de ella y no tengo noticia de que se vaya renovando ni actualizando por modernos filólogos y lexicógrafos, quizá por descuido, quizá porque los lexicógrafos de nuestros días prefieran reflexionar acerca del culo de Bibiana Aído antes que dedicarse a labores propiamente lexicográficas.

Me refiero al Diccionario ideológico de la lengua española, obra monumental de don Julio Casares y de la que, con excepción del inglés y del francés, no dispone ninguna otra lengua.

Como decía el propio Julio Casares, los diccionarios, por su cotidianeidad y omnipresencia, son obras de cuya importancia no nos damos cuenta cabal. Ni de su importancia ni del esfuerzo ingente que, ya sea una persona, ya sean generaciones, han dedicado en ellos.

Más, cuando hablamos de diccionario evocamos, ante todo, la obra de consulta que nos explica el significado de una palabra. Es el caso, por antonomasia, del Diccionario de la RAE, con sus soberbias definiciones, y de tantos otros.

Por decirlo al modo de don Julio, son diccionarios que nos conducen de la palabra a la idea.

El Diccionario de Casares es justo al revés: de la idea nos lleva a la palabra.

Y, me dirán, quizá, ustedes: y, para qué sirve eso?

Pues sirve, precisamente, para elegir en cada momento el vocablo más preciso para expresar la idea que queremos. Quienes, en alguna época de nuestras vidas hemos pretendido escribir algo digno de la lengua castellana —ya digo que es la única, con la excepción de la inglesa y la francesa, que puede vanagloriarse de poseer esta joya de la lexicográfica— hemos acudido una y mil veces a él.

Por poner un ejemplo, si yo quiero expresarles una idea concreta que exprese, que lleve en sí, el concepto general de alegría, me voy al Diccionario de Casares y éste me ofrece, entre mil vocablos más, algunos como “dicha”, “felicidad”, “contento”, “satisfacción”, “alegranza”, “sanso”, “titiritaina”, “hilaridad”, “alegrar”, “letificar”, “alborozar”, “holgarse”, “gratularse”, “alegrársele las pajarillas”, “estar como unas castañuelas”, “alegre”, “contento”, “ufano”, “radiante”… y elijo la palabra cuyo significado más se adecue a lo que deseo expresar.

O, supongamos que me ronda por la cabeza y quiero expresar con palabras la idea de “escrito u oración en alabanza de personas o cosas”. Podría conformarme con escribir “alabanza” o “elogio” pero, si me voy al Casares, bajo el concepto general de alabanza encuentro la voz “laudatoria” que es, justo, la que expresa dicha idea.

Acudiendo, pues a este diccionario, —con la prudencia de intentar no caer en el ridículo de emplear palabras raras por el mero prurito de hacerlo— enriquecemos nuestro y precisamos lenguaje.

Diciéndolo con las palabras de don Julio:

La república de las letras padece una triste indigencia: mientras el Diccionario de lengua se acrecienta y se perfecciona de una a otra edición, el caudal circulante de vocablos se empobrece de día en día.

La edición que poseo, de Gustavo Gili (no puedo ni citar el año de edición, pues le faltan las primeras páginas) está tan manoseada que miedo me hasta de mirarla pero, esto aparte, recomendaría encarecidamente a quienes se dedican a escribir que prestaran alguna atención al viejo y olvidado Diccionario de Casares.

***

Casares, acabaré diciendo, fue un hombre bueno; como diría Antonio Machado:

en el buen sentido de la palabra, bueno.

Dedicó su vida a estas cosas que hoy nos pueden parecer tan inútiles como escribir maravillosos ensayos lingüísticos o a elaborar este diccionario.

Trabajó en él veinticinco años. Con minuciosidad, cuidado y cariño, archivaba las fichas de cada entrada hasta que, llegada la Guerra Civil, tuvo que abandonar Madrid y, con Madrid, su obra.

No puedo reproducir aquí su relato del hecho con sus propias palabras pues ya saben del desorden que tengo en mi biblioteca, pero sí quiero decirles con toda rotundidad, en aras de la Memoria Histórica, que los rojos asaltaron su domicilio y quiero, asimismo, hablarles del desánimo que le causó, una vez liberado Madrid por las tropas nacionales y vuelto don Julio a él, el ver todas las fichas de su diccionario perdidas al viento por las calles.

Viéndola tan perdida, pensó en abandonar su idea, pero su genio le hizo retomarla y el Diccionario ideológico de Casares, hoy tan olvidado, vio al fin la luz en el año 1942.

De izquierda a derecha: Wenceslao Fernández Flórez, desconocido por mí (¿Pérez de Ayala?), Ramón Menéndez Pidal y Julio Casares

Vínculos:

Diccionario ideológico de la lengua española. Wikipedia.
Julio Casares. Página dedicada al autor, creada y mantenida por sus herederos.
Julio Casares. Wikipedia.
Julio Casares. Personajes granadinos del siglo XX, de cuya procedencia es la imagen que ilustra este escrito.
Respuesta de Amando de Miguel. Libertad Digital:

Creo que no me he sabido explicar bien para don Amando a quién remití copia de este escrito y cuya desilusionante respuesta puede leerse en el vínculo anterior.
Y, aparte de que yo no me haya sabido explicar bien, de tal respuesta se deduce que don Amando desconoce el Diccionario Ideológico de Casares y, además, confunde el tocino con la velocidad al remitirse a otros diccionarios que nada tienen que ver con este.
El Diccionario Ideológico no tiene nada que ver, como digo, con los diccionarios que menciona don Amando ni con ningún otro de los tradicionales, esto es, de lo que normalmente entendemos por diccionario.
Estos diccionarios nos informan acerca del significado de un vocablo.
El Diccionario Ideológico es lo contrario de ellos: a partir de un significado, de una idea, nos permite obtener el vocablo preciso que, o bien desconocemos, o bien no se nos viene a la cabeza en el momento que lo precisamos. Adelantándome a la crítica diré que no es, ni mucho menos, un diccionario de sinónimos. 
No disponemos de ninguna herramienta semejante en la lengua española y me apena ver este desconocimiento suyo por parte de don Amando. Me apena pero, al mismo tiempo, me hace justificar la oportunidad de esta entrada de blog: si don Amando lo desconoce ¡qué no diremos del común de las gentes!
O, si no lo desconoce, lo tacha de “antigüito”. En efecto: en cierta manera es “antigüito” pues, como digo en el cuerpo del escrito, es la obra de un sólo hombre, Julio Casares, elaborado hace mucho tiempo y que ni ha sido continuado por nadie  ni, a lo que parece, nadie le presta la atención debida. Por eso me alegro de haberle traído a colación.
Mas, con todo lo “antigüito” que sea, es —copio de la Wikipedia—, una obra sin parangón en la lengua española, todavía no superada, y que sólo cuenta con el precedente en otras lenguas del Thesaurus de Peter Mark Roget en inglés (1852) y del Boissière en francés (1862).
  (Nota añadida el 29 de septiembre del 2011).

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

18 septiembre, 2011 a 18:43

6 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Creo que el primer personaje de la fotografía no es el General Franco sino el académico gallego Wenceslao Fernández Florez.

    j

    18 febrero, 2013 at 19:02

  2. Le escribo en calidad de bisnieta de Julio Casares, y para informar que se reedita el diccionario Ideológico de la Lengua Española, su obra cumbre, además completando la colección de la editorial Gredos. Ha sido una labor exclusiva de mi padre, que ha retomada el olvidado legado y haciendo un modesto homenaje se ha puesto “manos a la obra”. Por lo que le traigo la buena nueva, el Diccionario Ideológico estará en la calle a mediados de Noviembre, para gran alegría de todos nosotros. Así mismo,estoy preparando una pag web sobre Julio Casares http://www.juliocasares.es/ con la ayuda de mi padre, que convivió muchos años con él en la Academia, es imperfecta y aún le queda mucho trabajo, pero esta hecha con mucho cariño e ilusión.
    Indagando por la red he topado con diferentes artículos sobre la obra de mi bisabuelo, incluyendo su blog, y me he animado a escribirle, me gustaría compartir con usted la alegría y premiarle a que siga escribiendo. Si quisieran colaborar escribiendo algún articulo sobre la obra de mi bisabuelo y lo que consideren relevante a su aportación a la lengua española. Estaría encantada de incluirlo en la web y difundirlo.
    Muchas gracias

    Un saludo
    María Sierra

    maria sierra

    5 noviembre, 2013 at 20:35

    • Créame usted, María, que su comentario es para mí motivo de gran alegría y que adquiriré sin ninguna duda esta edición de la nunca bastantemente alabada editorial Gredos, pues el que poseo y que ahora mismo tengo a mi lado, de Gustavo Gili, se cae, literalmente, a pedazos. Igualmente y en la medida de mis fuerzas, intentaré publicitarla.

      Es una gran noticia.

      Le animo a que perservere en la edición de su página web de la que, desde ahora mismo, me declaro seguidor.

      Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

      5 noviembre, 2013 at 21:27

  3. La voluntad de conservar la circulación del Diccionario Ideológico de Julio Casares merece el mayor reconocimiento. Y ojalá esto se cumpla. Empecé a consultar el Diccionario desde el principio de mis estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires, al final de los años 50. Desde entonces lo tengo siempre a mano cada vez que escribo un texto, no importa si ficcional o no. No sólo ayuda a encontrar la palabra más justa sino que promueve un activo ejercicio de pensamiento (ya sabemos que pensamiento y lenguaje van de la mano y sus fronteras son indiscernibles). Sería importante poner esta obra en mano de las nuevas generaciones, sobre todo de aquellos que de una u otra forma se dedican a la escritura o, en términos generales, a la comunicación. La riqueza del castellano excede en mucho la ayuda de diccionario que habitualmente proveen los programas que se usan en las computadoras: ésta es útil, pero bastante limitada y a ella se reducen por lo general las consultas de mucha gente que no sabe de otras fuentes de consulta.
    Maravillosa idea la de promover el conocimiento de “el Casares” (así se lo conocía tiempo atrás). Tiene absoluta vigencia.
    Muchas gracias.

    Rosa Maria Rey

    22 noviembre, 2014 at 20:49

  4. El segundo por la izquierda, que Vd. desconoce, es Gregorio Marañón.

    José

    23 diciembre, 2015 at 21:56


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s