Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Moa ‘vs’ Vidal

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En mi escrito anterior de hace unos días, Luz de Trento, intenté echar mi cuarto a espadas en la discusión que mantienen Pío Moa y César Vidal. Como la discusión se ha alargado tanto y se ha hecho tan extensa, en estas líneas intento sólo concentrar los escritos de ambos señores y los del señor Vilches, de quien partió la discusión.

Sí quiero apuntar, no obstante, un hecho:

esta discusión comenzó a raíz de que Pío Moa sostuviera la tesis de que

el franquismo se puede defender desde la democracia liberal (en Franco desde el liberalismo).

A lo que respondió César Vidal torciendo las palabras de Moa y haciéndole decir:

los liberales tenemos que asumir a Franco (en Moa me decepciona).

cosa que ni Moa ha dicho ni se acaba de entender qué quiere decir Vidal con eso de asumir, pues, asumir, lo que se dice asumir, hemos de asumir todos los hechos de nuestra Historia, los que nos gustan y los que no nos gustan, a no ser que tuviéramos el poder para cambiarla a nuestro antojo como lo tienen los socialistas.

Fuera de ello, a lo que César Vidal se aplica en sus respuestas es a señalar que Franco no era liberal, cosa que todos sabemos, incluido el señor Moa.

Franco —quien yo no sé si era liberal o no antes de su sublevación—, respetó, acató y defendió a la II República y sólo se alzó contra ella en último extremo, cuando ya Sanjurjo lo había hecho y tras el asesinato de Calvo Sotelo a manos del gobierno de dicha república. A partir de ahí, asume el mando supremo de la sublevación, gana la Guerra Civil e instaura un régimen que, efectivamente, fue dictatorial y no fue liberal.

Nadie intenta decir lo contrario y argumentar negando que Franco lo fuera es argumentar poniendo en boca del otro lo que el otro no dice, modo de argumentación, por otra parte, facilón.

Ahora bien, la tesis de Moa:

el franquismo se puede defender desde la democracia liberal,

sigue en pie y no podemos pasarla por alto.

Se podrá tener la opinión que cualquiera desee al respecto pero, quienes nos identificamos con ella, no podemos despacharla apelando a la falacia dialéctica de César Vidal.

Así, lo que no puede negar nadie es que el régimen del general Franco creo en España una clase media sin la cual la democracia liberal hubiera sido tan papel mojado como lo fue en la segunda república.

Creo que a algo de esto, entre otras muchas cosas y más profundas, se refería Pío Moa.

¿Que el régimen de Franco varió a lo largo de su desarrollo en función de los acontecimientos internacionales? Pues ¡por supuesto! Franco buscaba para España su sitio en el concierto de las naciones civilizadas. No le confundan Vilches ni Vidal con Kim Il Sung.

Y noten de paso los señores Vilches y Vidal que, si en vez de ganar los aliados la II Guerra Mundial la hubieran ganado las potencias del Eje, quizá ellos fueran ahora los primeros en estar alabando la grandeza del totalitarismo y abominando de la democracia liberal. Y, si no ellos, en ello andaría el 99% de nuestros pensadores políticos. Lo digo por lo fácil que es subirse al caballo del vencedor y, desde tal cabalgadura, lanzar lanzadas al moro muerto.

Franco utilizó, copiado de José Antonio, el término totalitario en una circunstancia histórica muy determinada y en un momento en el que muchos grandes pensadores europeos admiraban a Hitler. José Antonio, sin embargo, precisó qué quería decir con ello.

De la misma manera, años después, intentó que España entrara en la entonces llamada CEE, es decir en la unión económica europea que resultó de la victoria de las democracias liberales en aquella guerra.

¿Hay que admirarse algo por todo ello?

¿Debe la democracia liberal algo al franquismo? Pues miren, en tanto que las dictaduras comunistas de la Europa del Este dejaron pueblos arruinados, Franco dejó una España rica y capaz de recibir, como forma política de gobierno, la democracia liberal. Y esto, independientemente de lo que Franco pensara del liberalismo que, aunque Cesar Vidal y Vilches se empeñen en otra cosa, no es la cuestión.

***

Al comienzo de la discusión señalé en algún comentario que andará por ahí perdido que debemos de tener en cuenta las diversas acepciones de la palabra liberalismo:

1. m. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas.

2. m. Doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.

Es evidente que el franquismo no fue del todo liberal en esta segunda acepción del término, pero consideren los señores Vilches y Vidal si no lo fue algo más en la primera que ciertos gobiernos que padecemos por estas fechas y que se le aparecen al individuo, al ciudadano, hasta en la sopa y legislan sobre cuestiones que afectan a lo más íntimo de sus vidas. De nuestras vidas.

***

Esta discusión sobre el franquismo ha derivado en una discusión sobre lo que César Vidal denomina una visión franquista y decimonónica de la Historia de España. Ya respondí a ello en Luz de Trento. Repito aquí que tal Historia de España la escribieron, entre otros, Marcelino Menéndez Pelayo y Ramón Menéndez Pidal, historiadores que, seguramente, le parecerán obsoletos a Vidal pero a los que no puede tachar ni de franquistas ni de faltos de metodología.

Como ya he dicho, dado el carácter protestante de Vidal —persona, por otra parte muy estimable y de la que, repito, debemos de considerarnos orgullosos de que figure entre nuestros conciudadanos— es comprensible que él deplore esta concepción de la Historia de España.

Seguramente él estará muy en contra de las palabras de Menéndez Pidal:

Pocas semanas después de su partida de La Coruña, en la dieta de Worms, Carlos V vio aparecer ante la asamblea aquel fraile rebelde y altivo que, él solo, desafiando grandiosamente a las dos supremas potestades del mundo, va a precipitar a Europa en el abismo de su disgregación moral,

Pero la Historia de España no se explica sin este enfrentamiento contra la herejía luterana justo después de haber acabado de vencer al islamismo en nuestro suelo y en tanto España conquistaba un continente inimaginado.

Pueden leer el texto completo de Menéndez Pidal en la Idea imperial de Carlos V que he publicado en la entrada Luz de Trento y que repito en los vínculos ut infra.

Todo ello será mejor o peor; tales nuestros avatares históricos habrán sido mejores o peores para España. Ahora bien, lo que es innegable es que esta historia no se la inventó Franco.

***

Por último, notemos la grandísima relación que guardan ambos asuntos sometidos a esta discusión: la naturaleza del franquismo y la historia de España concebida al modo que Vidal tacha de franquista.

Ya lo he expresado en múltiples ocasiones: durante el siglo XVIII, el Siglo de las Luces, se gesta una filosofía que sostiene que el ser humano está esclavizado por la religión y por la monarquía tradicional. Sostiene este pensamiento que, liberado de la religión y de la monarquía, el ser humano va a ser más feliz.

Al mismo tiempo, se desarrolla la revolución científica y tecnológica que, efectivamente, dan al ser humano un bienestar material como nunca éste había conocido.

Tanto la revolución filosófica como la científica las lideran los países anglosajones de manera que va pareciendo que España, no es ya que quede rezagada en estos avances de la humanidad, sino que es rémora y estorbo para ellos y eso, precisamente, por haber sido, en los dos siglos anteriores, XVI y XVII, la mayor defensora del catolicismo y por haber sido sus reyes sus mayores valedores.

Hasta aquí, bien, y ello, a mi modo de ver, explica la llamada leyenda negra española.

Sucede sin embargo que, si bien, en el siglo XVIII podía admitirse verosímilmente la hipótesis de que tales revoluciones iban a hacer más feliz al ser humano, hoy comprendemos muy bien la diferencia que hay entre bienestar material y felicidad. Es cierto que vivimos con mayores comodidades que nuestros antepasados pero ¿somos de verdad más felices que ellos? Yo lo dudo pero, en cualquier caso, hemos de admitir que la sociedad perfecta que idearon los filósofos del Siglo de las Luces no se ha conseguido.

Pero hay más: esta nueva filosofía, en Francia y en España quiso imponerse de manera revolucionaria; en España, la padecimos de manera especialmente cruel durante la II República y hoy la entrevemos su intento de reaparecer. Efectivamente: los extremistas revolucionarios, creyendo a pies juntillas lo nefasta que había sido la España antigua para el desarrollo moderno se dedicaron a combatirla sin importarles un comino lo bueno que pudiera haber habido en ella. Lo bueno por lo que combatieron Carlos V y Felipe II. Y, en tal combate, muy poco les importó llevarse por delante a todo aquel que consideraran reaccionario.

He aquí la gran paradoja: supuestamente luchando por la mayor felicidad del ser humano, jamás les importó el sufrimiento que con su revolución causaban en éste ni jamás intentaron comprender las razones que pudieran tener aquellos a los que les disparaban el tiro en la frente.

Mi postura ante todo esto no es negar lo bueno que ha tenido la modernidad, sino deplorar que se destruya, como se está destruyendo, lo bueno que tenía el Antiguo Régimen.

Y aquí aparece Franco:

Es evidente que ni soy historiador ni pretendo que mi concepción del franquismo sea la única admisible pero, contemplándolo con perspectiva histórica y sin prejuicios e, independientemente de las injusticias que se pudieran cometer en los inicios de su régimen, el franquismo fue eso: un intento de conjugar la modernidad con lo mejor de nuestra tradición.

Creo que César Vidal se equivoca cuando sostiene que la Ley de Sucesión fue un intento de autoperpetuación del régimen de Franco y creo que Pío Moa atisba a comprender nuestra historia antigua reciente de manera semejante a como yo la concibo. Para mí, el franquismo no fue sino un intento de introducir a la España de siempre en el mundo moderno y próximo a nosotros y dicha Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado es prueba de ello.

Europa no nos lo permitió.

Vínculos:

Jorge Viches:
          Criticar al franquismo.
          La guerra de Moa.

César Vidal:
          Primera acotación a Pío Moa.
          Segunda acotación a Pío Moa.
          Tercera acotación a Pío Moa.
          Moa me decepciona.

Pío Moa:
          Defender al franquismo.
          ¿Qué es ser antifranquista?
          Franco desde el liberalismo.
          Democracia liberal y franquismo.
          La arrogante ignorancia de Malefakis.
          Enfoques de la Guerra Civil.
          ¡Ay, Vilches…!.
          Franquismo: la cuestión de la legitimidad.
          La aceptación popular del franquismo.
          Error mío hacia Malefakis / Vilches y la represión franquista / España al morir Franco.
          Franquismo hoy / Viches y los intereses de Franco / Dos retos históricos.
          Felipe II y sus enemigos / La alegría de la España franquista.
          César Vidal intenta refutarme / Felipe II y la tolerancia.
          Importancia de LD.
          Segunda respuesta a César Vidal.
          Tercera respuesta a César Vidal (I).
          Errores metodológicos de César Vidal. Opiniones de liberales sobre Franco.
          Errores de hecho de César Vidal / ¿Años perdidos los 40 y 50?
          ¿Cuándo llegó la reconciliación?
          ¿Es liberal César Vidal? / ¿Un fracaso la historia reciente de España?

Conceptos Esparcidos:
          Moa vs Vilches.
          Luz de Trento.
          Idea imperial de Carlos V. Ramón Menéndez Pidal.

Otros:
          Franco y el liberalismo. Polémica entre Pío Moa y César Vidal. Algaida.
          Importante descubrimiento de César Vidal: Franco no era liberal. Contralosgigantes.com.

          Cuando los liberales apoyaban a Franco. El Manifiesto.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 julio, 2011 a 9:36

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