Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

La desesperanza de Peces-Barba

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Hace menos de un mes me sentí profundamente indignado por el artículo de Peces-Barba en el diario El País, titulado La laicidad, objetivo de la democracia en España en el que él, todo un padre de la Constitución y catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III, se rebajaba hasta decirnos a los católicos que sólo entendemos del palo.

Entiéndase: no lo dijo un zote rojo que pasaba por allí, ni siquiera el alcalde de Getafe, señor Castro, quien hace poco —recordarán ustedes— nos llamó, a los votantes de derecha, tontos de los cojones.

No. La perla de que los católicos sólo entendemos del palo, la escribió un señor que, hace treinta años nos pareció una persona procedente de la izquierda, de alguna altura intelectual y con la que se podía dialogar. Fue como digo, uno de los padres de la Constitución del 78 que ahora se ha ido a hacer gárgaras y del llamado espíritu de la transición —es decir, de aquella predisposición que mostramos la mayor parte del pueblo español para reconciliarnos y que mantuvimos hasta que, recién llegado Zapatero a la Presidencia del Gobierno, de las primeras cosas que hizo fue recordarnos a su abuelo muerto en la Guerra Civil— que también se ha ido a hacer gárgaras y no por culpa, como dice Peces-Barba de la derecha sino, muy al contrario, del socialismo que viene gobernando en España, muchas veces en alianza con la izquierda radical y, muy en concreto, de Zapatero que con tal y tan ominoso brindis comenzó sus legislaturas.

Comenté tal artículo en mi escrito del pasado 16 de abril: Los católicos sólo entendemos del palo, en el que ya expresé cómo me llamaba la atención la mención extemporánea que en él hacía Peces de Esperanza Aguirre.

Anteayer, en el mismo diario, el mismo Peces volvió a la carga con otro artículo titulado Reproche a los madrileños resignados.

Pretende ser una arenga política en medio de la campaña electoral que estamos padeciendo en la que Peces parece creer que los madrileños son imbéciles e incapaces de comparar la gestión de Esperanza Aguirre en su comunidad con la del socialismo en regiones tales como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o, hasta hace poco, Cataluña y que acaba con un ¡Madrileños, despertad! que lástima que no se le ocurriera introducir al Alcalde de Móstoles en su bando contra la invasión francesa, invasión, por cierto, Peces, portadora de la Revolución, contra ella y en defensa de la Monarquía Tradicional española.

Pero no voy a eso. Cualquiera puede leer por sí mismo hasta qué punto desbarra este hombre.

Sólo quiero aquí destacar dos puntos:

1. Dice Peces:

No hicimos los socialistas ni la Transición ni la Constitución, con el Rey, Con Adolfo Suárez y su UCD, con los nacionalistas más integradores para facilitar el acceso al Gobierno a los antiguos franquistas a los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad.

¡Ah! ¿no?

Pues yo pensaba que la Transición y la Constitución la hicimos todos para que alcanzara el poder cualquier partido que aceptase el juego constitucional. Usted nos acaba de decir que no la hicieron los socialistas para facilitar el acceso al Gobierno a los antiguos franquistas a los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad. ¡Mira que nos lo maliciábamos! ¡Mira que nos venimos maliciando desde que comenzaron estas dos malditas legislaturas Zapatero, que es esto precisamente a lo que van: a apartar, otra vez, de la vida política a media España!

Nos lo maliciábamos pero es de agradecer que usted nos lo diga tan claro: ustedes no hicieron ni la Transición ni la Constitución para que gobernara Esperanza Aguirre.

¡BILDU, sí! ¡Esperanza Aguirre, no!

Para esto nos dices que hiciste la Constitución.

2. Y dices:

El PP tiene sectores democráticos modernos pero su silencio, y sobre todo el de Rajoy, aumentan el impacto y los gritos de doña Esperanza y sus corifeos afines, Mayor Oreja o Camps, integristas, populistas, que han traicionado el espíritu de la vuelta a la democracia, las esperanzas de una transformación desde la libertad y la igualdad y que han adormecido a muchos ciudadanos, también muchos madrileños, para que olviden el sueño de la razón y la utopía progresista que ha sido su meta más querida y más deseada. No debemos dejar paso a esos sectores casposos, llenos de rencor y sedientos de riquezas.

Me siento aludido porque me siento al lado de Esperanza Aguirre, de Mayor Oreja y de Camps. Y porque soy casposo —¿te has mirado en el espejo, Peces?—, pero te quiero decir que yo, personalmente, ni estoy sediento de riquezas —¡Demagogo!— ni, mucho menos, lleno de rencor. Ni yo ni —estoy seguro—, Aguirre, Mayor Oreja, Camps ni tantos otros tenemos rencor alguno. El rencor es el que tú y tantos socialistas como tú venís transpirando, con el que venís envenenando a la nación española y con el que os estáis cargando la Constitución desde hace siete años. Yo sólo quiero que se respeten la reglas del juego constitucional que tú, con otros, creaste y que hoy se nos manifiesta como un dramático engaño y una funesta tomadura de pelo.

¿Las esperanzas de una transformación? Mira, Peces: la Constitución, como toda Constitución, se hizo para dictar las normas de convivencia y de gobierno básicas. Esperanzas tú tendrás las tuyas y yo las mías, pero eso no hace al caso, eminentísimo catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III.

Es legítimo que tú pretendas proponer al electorado todas las transformaciones que te dé la gana —siguiendo los cauces que marque la ley: (“De la ley a ley”; A. Suárez)—. Lo que no es legítimo, eminentísimo catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III, es que pretendas que la Transición fue monopolio de tus esperanzas en la transformación que quieres. Mira, no. Esto no es así: en una democracia, cada aspirante al poder le dice al elector de manera meridianamente lo que va a hacer y el elector decide.

En fin, sin dejar de ser tu artículo una arenga política, en el se ven a la legua tus rencores, tus obsesiones y tu desesperanza.

Pareces antediluviano; eres antediluviano; tu discurso de matacuras es, más que decimonónico, antediluviano, y, lo que es más: creo que, subconscientemente, te das cuenta de hasta que punto eres un anacronismo; de cómo las cosas no van por ahí.

De ahí tu desesperanza y de ahí tu obsesión con Esperanza.

Vínculos:

Reproche a los madrileños resignados. Artículo de Peces-Barba en El País.
Los católicos “sólo entendemos del palo”. De Conceptos Esparcidos.
Mentalidad genocida de Peces-Barba. Del blog de Pío Moa.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 mayo, 2011 a 17:57

Publicado en Política

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Una respuesta

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  1. Nunca estaré tan de acuerdo con alguien como ahora lo estoy contigo. ¡Qué barbaridad de hombre, un tal Peces Barba! Yo también pensé en su día que era un intelectual de izquierdas algo disconforme o revoltosillo como todos etc…¡Qué fracasos se lleva uno en la vida, el primero fué el de Felipito González, porque al fín y al cabo, Marcelino Camacho o Carrillo ya sabíamos como eran y había que mantenerlos en una distancia. Pero algunos disfrazados o camaleones, ojo, ojo, ojo…
    Un abrazo.-

    wenceslaoeduardo

    13 mayo, 2011 at 9:52


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