Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for abril 2011

Attende Domine, et miserere

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Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.
Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Ad te Rex summe,
omnium Redemptor,
oculos nostros
sublevamus flentes:
exaudi, Christe,
supplicantum preces.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Dextera Patris,
lapis angularis,
via salutis,
ianua caelestis,
ablue nostri
maculas delicti.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Rogamus, Deus,
tuam maiestatem:
auribus sacris
gemitus exaudi:
crimina nostra
placidus indulge.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Tibi fatemur
crimina admissa:
contrito corde
pandimus occulta:
tua, Redemptor,
pietas ignoscat.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Innocens captus,
nec repugnans ductus;
testibus falsis
pro impiis damnatus
quos redemisti,
tu conserva, Christe.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

 

Vínculos:

Attende Domine… un canto mozárabe de Cuaresma. Historia del himno en Anglicanvm Scriporivm.
Traducción al castellano
. El Atril.
Otras versiones. Chantblog.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

12 abril, 2011 at 12:48

Tengo dos noticias que darles

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Perdónenme ustedes la frivolidad al tratar asunto tan grave, pero, a mí, la encuesta que ayer publicó el diario El Mundo en la que el PSOE parece reducir distancias en intención de voto con respecto al PP en nada menos que la mitad porcentual, me ha traído a la memoria un viejo chiste que contaba cómo un hijo se confesaba ante su padre:

―Papá ―le decía―, tengo dos noticias que darte: una buena y una mala.
―Comencemos por la mala ―dijo el padre con cierta preocupación―.
―Pues, la mala es que soy marica ―comenzó el hijo.
―¡Ay! ¡Qué desgracia! ¡Qué dirá tu madre cuando se entere! ―dijo declamatorio el padre al oírlo (es un chiste de tiempos anteriores a Zerolo)―. ¡Bien! ¡Admitámoslo! Y ¿cuál es la buena?
―La buena ―respondió el hijo― es que me acaban de nombrar Fallera Mayor.

Perdóneseme, ya digo, la frivolidad, pero el chiste me ha venido a las mientes al conocer la encuesta.

Ante el pesimismo y la desolación con los que grandes escritores de la derecha como Federico Jiménez Losantos o Emilio Campmany han recibido la encuesta,―pesimismo y desolación comprensibles tras tantos años de lucha―, comencemos aquí por la buena noticia: Zapatero se va. Y se va porque este pobre pueblo nuestro, tan cerril, ha necesitado nada menos que siete años para dase cuenta de que le gobierna un perturbado, un mentiroso, un demagogo y, además, un inútil. Nunca es tarde si la dicha es buena, dicen, pero el caso es que se va dejando a la nación arruinada en lo económico, deshecha en lo político y depravada en lo moral hasta límites tales que sus propios conmilitones socialistas le han tenido que señalar la puerta por la que debe irse so pena de desaparecer todos ellos del mapa.

Y sigamos por la mala. Tan verdad es lo que acabo de decir que han bastado apenas horas veinticuatro tras el anuncio de la retirada de Zapatero para que el PSOE haya subido como la espuma en intención de voto. ¡Cómo no será el tío y hasta donde no tendría a sus propios votantes!

No sé, como es lógico, cómo se traducirá en los próximos comicios locales, autonómicos, ni en los generales del año que viene, tal encuesta.

Sí sé que aproximadamente la mitad de la población española es de izquierda y que gracias a ella hemos tenido que soportar a esta peste siete años. Pero con ella hemos de convivir y es bueno, al menos, ―gane quien gane― que, al fin, se hayan dado cuenta de lo que era evidente desde el principio para quien no estuviera ciego y que el PSOE, gane o pierda, comience una etapa de modernización y de regeneración y elija, para los cargos públicos que pueda elegir, a los mejores de entre ellos tal y como ha dicho hace poco Joaquín Leguina:

El PSOE no puede seguir adelante sin que su congreso reflexione sobre la era 2002-2012, durante la cual el partido se metió de hoz y coz en jardines peligrosísimos para el Estado, acostándose en todas las camas en amor y compañía de sus más declarados enemigos. […] También vinieron a desfogarse en nuestros lechos gentes defensoras de utopías parciales, dice en referencia a los radicales del ecologismo y del feminismo. A los ecologistas les reprocha apostar por las desaladoras, y al “radicalismo feminista” los logros históricos tales como la paridad. Un partido de gobierno no puede convertirse en la correa de transmisión de ideologías tan parciales como radicales”. […] Nadie como Zapatero se ha pasado por debajo del arco del triunfo con más soltura que él los principios constitucionales de mérito y capacidad. Una empresa que selecciona su personal mediante estos métodos perversos acaba siempre en la ruina. Y en eso andamos.

¡Dios le oiga!

Vínculos:

¡No es por joder, lo juro! Joaquín Leguina. Libertad Digital.
Espectacular subida del PSOE en los sondeos tras del descarte de ZP. Libertad Digital.
Esto se le va de las manos a Rajoy. Blog de Federico Jiménez Losantos. Libertad Digital.
Siete puntos no es nada. Emilio Campmany. Libertad Digital.
Y el tío se nos fue de rositas. Pablo Molina. Suplementos de Libertad Digital.
El efecto Rajoy. José Carlos Rodríguez. Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 abril, 2011 at 18:06

Publicado en Política

Salvador Sostres

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Como dije en mi farragoso artículo de anteayer, El “chico normal” de Salvador Sostres, —en el que mezclé tantas cosas—, mi intención primera no era tanto discutir el dichoso artículo como tratar en este blog la colaboración de Sostres con El Mundo, idea que llevaba en la cabeza desde hace tiempo y que lo llamativo del artículo, así como el revuelo que causó anteayer, me animó a hacerlo.

Pues bien, siendo el revuelo de anteayer tortas y pan pringado en comparación con el cisco que se organizó ayer, me siento en la obligación de puntualizarlo y de echar mi cuarto a espadas en defensa de Salvador Sostres y contra el linchamiento que está padeciendo.

Parto de la base de que me doy perfecta cuenta de que el asunto del que tratamos: la violencia física de los hombres contra las mujeres es delicadísimo, es una lacra de nuestra sociedad que asesina todos los años a varias decenas de seres humanos y que, por tanto, es indecoroso tratarlo de manera frívola.

Pero una cosa es tener esta prevención, este reparo, y otra muy distinta que se vede la reflexión acerca de sus causas cuando tal reflexión disuena en los oídos de quienes tienen muy claro su origen, conocen de sobra que el problema radica en la maldad ancestral del varón y —parece—, conocen también los cauces de su solución. Y digo parece porque, cada año, el número de mujeres asesinadas a manos de varones por motivos que hoy denominamos violencia de género superan al de año anterior sin que nada se solucione.

Lo que parece, realmente, es que, sin negar esta realidad dramática, no se puede, ni siquiera, apuntar a ninguna otra línea de pensamiento y se tache, a quien tiene la osadía de hacerlo, de fomentador del maltrato.

Intentaré explicarme, desde otro punto de vista, con un ejemplo:

Nadie duda que no es lo mismo matar que ser matado. Asesinar que ser asesinado. Esto, nadie en su sano juicio lo duda. Ni lo puso en duda Sostres en su artículo, ni lo estoy poniendo en duda yo ahora.

Que el criminal deba de pagar su crimen es algo que nadie duda.

Mas, el ser humano es tan complejo como simples son las mentes —izquierdistas, por supuesto— de quienes, rasgándose las vestiduras, quieren crucificar a Sostres.

Vayamos al ejemplo:

Consideremos la tantas veces repetida situación de un conductor imprudente —borracho quizá— que atropella a un peatón y lo mata.

¿Quién puede dudar de su culpa? ¿Quién no puede deplorar la desgracia de su víctima? ¿Quién dice que no deba de pagar su culpa en el grado que marque la Ley?

Creo que nadie. Ni los socialistas ni nosotros.

Pero, creedme: por motivos que no viene al caso explicar aquí, me enfrento con relativa frecuencia a hechos como el ejemplo que he relatado y, repito, creedme: sin dejar de conocer el drama de la víctima y de sus familias, nunca puedo dejar de reflexionar acerca del también drama que, de entonces en adelante, llevará marcado en su alma el culpable y permitid que os diga que mi conmiseración —independientemente de los resultados civiles y penales— tiende a repartirse entre las dos partes cuando veo, por un lado, el dolor de los allegados a la víctima y, por otra, el estigma y el remordimiento de conciencia que quedarán para el resto de su vida en el culpable.

Estas cosas nos suceden a los seres humanos. O, ¡Dios no lo quiera! nos pueden suceder y, de sucedernos, yo no sé muy bien que preferiría, si ser víctima llorada por todos o animal apestado de por vida.

Puede el feminismo empeñarse todo lo que quiera en transformar al ser humano pero el ser humano es como es. Con sus grandezas y con sus miserias. Y lo que entes se llamaba crimen pasional, ha existido, existe y existirá y seguirá siendo crimen aunque sea pasional. Y, hasta me da la impresión de que esta concepción feminista del mundo —aparte otros motivos— más que combatirlo, es ella la que lo fomenta. Involuntariamente claro, pero sí por su empeño en entender el problema de manera sesgada y cerrar los ojos a los mil factores que pueden incidir en él, tanto hablando en términos generales como de cada caso particular.

Repito que esto no justifica lo injustificable pero es algo que está dentro de la naturaleza humana.

Con ello, tampoco digo que esto sea un comportamiento normal. Seguramente el chico normal de Sostres no es tan normal y hay en su carácter alguna tara, alguna debilidad de su espíritu, que, oculta hasta entonces, se manifestó en aquél momento tan dramático.

Frente a la enseñanza de la Iglesia Católica que nos dice que nacemos y vivimos en un valle de lágrimas, la modernidad enseña al niño desde que nace que ha venido a este mundo a ser feliz, que tiene el derecho a ser feliz. Como esto no es así, ni muchísimo menos, la intolerancia ante el sufrimiento crece en las nuevas generaciones, con lo cual me pregunto si hechos como el que discutimos nacidos del sufrimiento que produce el desengaño amoroso no tenderán a ser más frecuentes, mas normales, estadísticamente hablando.

No lo sé.

Creo que esto, más o menos, es lo que Sostres intentaba explicar, si bien de manera estridente y poniendo el capote ante el hocico de la mafia que nos dice qué debemos pensar y qué no debemos pensar.

***

Hasta aquí la reflexión acerca de la mayor o menor pertinencia del artículo de Sostres. No insistiré ni ante el título de su artículo Un chico normal, ni ante su intento, tan valiente como imprudente —e impertinente en el contexto en el que lo escribió—, de mezclar la violencia psicológica con la violencia física.

Paremos aquí y vayamos a donde quiero ir:

No me extrañan ni la reacción de El País ni la querella criminal que CCOO ha levantado contra Sostres.

Puestos a pensar mal, hasta pensaría que este revuelo no se habría levantado si Sostres no hubiera salido nunca de Cataluña, hubiera escrito en ella el dichoso artículo y, sobre todo, no fuera, como dice Tomás Gómez, amigo de Esperanza Aguirre.

Pero sí me extraña, y mucho, la censura que Pedro J Ramírez ha forzado contra el artículo publicado en su periódico.

Como me extrañan y me aterran los centenares de firmas de periodistas que quieren callar la voz de Sostres en El Mundo.

Me extrañan y me aterran porque veo que anuncian la derrota del pensamiento noble y leal a manos del pensamiento que mandan las circunstancias. ¡Nunca hubiera imaginado esto de Pedro J! ¡Nunca!

Si, al juez que le toque leer el artículo de Sostres, admite la querella criminal de CCOO vs Sostres, a trámite, —cosa que no creo— ¡apaga, vámonos y empecemos a cerrar estos blogs!

Y, si Pedro J no recapacita, vuelve a publicar sin miedo el artículo de Sostres y no lo expulsa de sus páginas —entre las cuales figura el melodramático llorón insustancial de Antonio Gala desde su Tronera que truena en todas partes menos donde debe tronar pues sabe mucho acerca del pensamiento correcto— yo, sintiéndolo mucho, abandonaré su lectura.

Vínculos:

Un chico normal. Artículo original de Salvador Sostres.
Defensa de Salvador Sostres. Juan Carlos Girauta. Libertad Digital; año 2005.
Pedro J retira un artículo de Sostres sobre el asesino de la webcam. Libertad Digital.
Trabajadores de El Mundo piden a Pedro J. Ramírez que prescinda de Sostres. Periodista Digital.
Querella contra Sostres por apología de la violencia de género. Libertad Digital.
La fiscalía estudiará el artículo de Sostres en el que justifica la violencia doméstica. El País.
UGT exige a Aguirre que se persone en las demandas contra Sostres ya que, si no, cabría pensar que piensa como él. Diario Siglo XXI.

Mal síntoma. Arcadi Espada. El Mundo.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 abril, 2011 at 9:09

Publicado en Política

El “chico normal” de Salvador Sostres

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Hace tiempo que deseaba felicitarme en este blog por el ya no tan reciente aterrizaje de Salvador Sostres en las páginas de El Mundo como columnista habitual.

Ya he dicho en otras ocasiones que, el siglo XX nos ha transmitido a los españoles mesetarios la idea falsa de que el separatista catalán es rojo, es, invariablemente, de izquierda y he señalado cómo, a mi modo de ver, la unión perversa del nacionalismo catalán (y vasco) ha envenenado hasta el infinito el llamado problema territorial de España que comenzó, de manera muy diferente, durante el siglo anterior, el XIX, hasta hacerlo prácticamente irresoluble.

He dicho, aquí y en e-noticies, que yo, aunque castellano, siempre me voy a sentir más próximo en lo espiritual a un señor como Durán y Lleida, por muy catalán que sea, que a un tío de Valladolid de la calaña de Zapatero. Puedo decir lo mismo de Sostres.

Y he sostenido, igualmente, que el Caudillo se equivocó con Cataluña en lo que respecta al tratamiento que dio a su idioma y a su sensibilidad. Quizá no tanto el Caudillo como quienes fueron más caudillistas que él. O, quizá, las cosas no pudieron ser de otro modo después de la unión del separatismo catalán con la revolución marxista. El caso es que, sea como sea, estoy convencido de que si el nacionalismo catalán, como el vasco —así se lo pidieron los obispos vasconavarros al PNV en carta publicada por Ricardo de la Cierva en La Historia se confiesa—, hubieran estado del lado nacional durante nuestra Guerra Civil o, no habiéndolo estado, éste hubiera mostrado mayor sensibilidad hacia Cataluña y las Vascongadas de la manera que lo intuyó José Antonio Primo de Rivera:

Dios nos libre, señores, de envenenar otro problema nacionalista. En Cataluña hay ya un separatismo rencoroso de muy difícil remedio, y creo que, ha sido, en parte, culpable de este separatismo el no haber sabido entender pronto lo que era Cataluña verdaderamente. Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental, un pueblo que no entienden ni poco ni mucho los que le atribuyen codicias y miras prácticas en todas sus actitudes. Cataluña es un pueblo impregnado de un sedimento poético, no sólo en sus manifestaciones típicamente artísticas, como son las canciones antiguas y como es la liturgia de las sardanas, sino aun en su vida burguesa más vulgar, hasta en la vida hereditaria de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas de las calles antiguas, en los alrededores de la plaza Real; no sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que lo perciben conscientemente y van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo; a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual sólo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista.

hoy, ni habría problema territorial en España más allá de las inevitables rencillas pueblerinas, ni el socialismo, a más de socialista, imbécil, que padecemos de manera tan apabullante, lo padeceríamos como lo padecemos, ni Cataluña hubiera sido —es— pieza fundamental para que este sistema de pensamiento —el socialista zapaterino— se haya aposentado en el gobierno de la Nación Española, no ya para desgobernarla y arruinarla sino para, además, decirnos a los que en ella nacimos y por ella andamos, cómo debemos pensar y qué debemos decir y no decir.

Con todo esto quiero señalar que Sostres —fuera de alguna puya que le mandé en los comentarios de e-noticies, hace ya años, cuando no le conocía bien— me parece un hombre valiente e inteligente.

Él se declara independentista catalán y yo me declaro partidario de mantener la unidad de España pero esta discrepancia ni me hiere ni me molesta de la manera que, no es ya que me moleste, es que me asquea, el independentismo tipo Carod-Rovira y no digamos el, no sé si decir imbécil o contradictorio, de la Chacón quien ora se coloca una camiseta bordada con el lema

¡Tots som Rubianes!

justo después de que Rubianes se hubiera

cagado en la puta España,

ora se plantea —dicen— postularse como candidata a la presidencia de la Nación Española.

Como ven ustedes, la línea de pensamiento socialista es así de firme y de consecuente.

***

Paréntesis:

esto escribiendo, me ha venido a la memoria la cita atribuida a Unamuno cuando, hablando de una publicación periódica que, al parecer, se llamaba: El pensamiento navarro, decía de ella que:

siendo pensamiento, no puede ser navarro,

floritura o sinécdoque injusta de Unamuno contra los navarros pero, quizá, no tan injusta y mucho más pertinente si hablamos del pensamiento socialista de la Chacón y su patrulla.

Por cierto, Unamuno, como le sucede a Sostres, gustaba de herir conciencias con pensamientos muchas veces excesivos pero no por el gusto de herirlas, sino para conmoverlas.

Cierro paréntesis.

***

Resumiendo este preámbulo:

Celebré muchísimo la llegada de Salvador Sostres a El Mundo. Le he seguido y tenía pendiente comentarla en este blog, mas, entre unas cosas y otras, lo fui dejando.

La algarabía que han montado los bien pensantes contra su artículo, Un chico normal, en la edición de hoy, siete de abril de El Mundo, me obliga a no demorar más decir lo que quiero decir, ni, de paso, soltar mi cuarto a espadas en defensa da Sostres.

***

Como digo, Salvador Sostres, no obstante su pensamiento independentista catalán, lleva varios meses escribiendo su columna en el diario El Mundo, quién, como todo el mundo sabe, no es un diario separatista catalán sino, más bien, todo lo contrario: so capa de liberal es centralista y constitucionalista, que diría Sostres. Como yo mismo soy centralista y, aunque no me gusten ni el liberalismo ni la Constitución del 78, me gusta conocer las reglas del juego y respetarlas es, por ello, el diario al que estoy suscrito, últimamente a través de la historia esta de Orbyt que se ha inventado Pedro Jota y que, dicho sea de paso, no permite, como antaño, la descarga de la edición acabada en formato pdf, cosa, a mi modo de ver, molestísima para quienes tenemos la manía del coleccionismo, de la cual me he quejado por los cauces oportunos y ante cuya queja me han dicho que me ponga contento.

Pero esto es aparte.

Lleva, Salvador Sostres, muchos meses escribiendo en El Mundo, desde  su convicción separatista catalana, de una manera sumamente respetuosa, que no contemporizadora, para con la opinión contraria: nunca, por poner un ejemplo, se le han caído los palos del sombrajo por llamar España a España —algo, por otra parte, normal, en un nacido en cualquier parte de la antigua Hispania, pero muy anormal en el engendro en el que ha acabado convirtiéndose dicha antigua Hispania tras dos dosis de socialismo— y muy contundente contra el enemigo común de toda la civilización occidental, otrora llamada cristiana, la hispánica incluida, es decir, el socialismo.

***

Pues bien: sucede que, hace unos pocos días, un hombre ha asesinado a una mujer a la que amaba y, tras ello, ha mostrado el resultado de su crimen por una webcam.

Un horror, dirán ustedes y estoy absolutamente de acuerdo con la adjetivación. Lo mismo que lo está Sostres, como puede ver cualquiera que lea su artículo Un chico normal en la edición de hoy de El Mundo.

Mas sucede que Sostres, ni se queda en la superficialidad de las cosas, ni es de los bien pensantes a los que antes me refería, ni le importa un comino aparecer políticamente correcto y, por ello, a más de titular su artículo con lo de Un chico normal,  —título bastante como para que le crucifiquen sin tomarse la molestia de leerle—intenta en él indagar en las profundidades más sórdidas del ser humano y nos viene a decir que, en un arrebato, cualquiera de nosotros podríamos haber hecho lo mismo puestos en tal tesitura.

Ni justifica Sostres tal asesinato ni yo, en estas líneas, intento justificarlo aunque sé de sobra que, tomando el rábano por las hojas, la jauría orwelliana, me hará decir lo contrario.

Sostres reflexiona acerca de la mayor fuerza y violencia físicas del varón frente a la mujer y acerca del mucho caso que se hace a la violencia física y el muy poco que se hace a la violencia psicológica, reflexión verdadera pero, quizá, impertinente en el contexto en el que escribía.

Por lo demás, nada justifica ni nada disculpa:

que la Justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser,

pues nada justifica un asesinato, como nos manda el quinto mandamiento de la Ley mosaica:

no matarás.

Ni lo justifica, ni lo relativiza, ni lo disculpa, ni lo explica.

Y, ni mucho menos, intenta hacer recaer la culpa en la víctima.

Nos interroga, sólo, acerca de cómo hubiéramos reaccionado nosotros ante el engaño y el abandono femenino de la mujer que amamos y que creíamos que nos amaba:

Espero que, si algún día me sucede algo parecido, disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero, ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?

Yo superé trance semejante yéndome a tomar no sé cuántos wiskys en la cafetería New York —de la que,también, he hablado y, después, eran las Fallas del 1998 y, justo al lado de aquella cafetería había un puesto de churrosrecuperando la glucemia que reduce el alcohol, ingiriendo doce churros —porras madrileñas— de manera tan desgarrada como indecorosa, sentado en un banco de la Gran Vía.

A estas alturas de mi vida, no es que no sepa: es que sé que jamás tendría tal reacción.

Pero comprendo muy bien la desesperación y el hundimiento del que habla Sostres.

Repito: ni Sostres ni yo estamos intentando justificar ningún asesinato. Sobre este caso concreto, quien debe de hablar es el Código Penal. A nosotros quiero decir, a lo pocos que van quedando como Sostres para decir verdades como puños, sólo nos queda indagar, en las miserias del hombre y de la mujer de nuestro tiempo frente a quienes pretenden resolver problema tan grave con pulseras o con teléfonos en línea directa con Bibiana Aído para que nos explique cómo evitar la violencia machista.

***

Acabo aquí. Acabo con el recuerdo y con la cita a Pío Moa en su artículo titulado El embrutecimiento del varón que ya he citado mil veces:

…las orientaciones educativas de la España de los años cincuenta. Un objetivo de la escuela de entonces era formar “caballeros cristianos”, fomentando las cualidades de esfuerzo, templanza, valor, sentido de la justicia, etc.; es decir, encauzando tendencias del varón que, descuidadas, suelen decaer en agresividad brutal. A la vista de la gran cantidad de cantamañanas salidos de aquella escuela, salta a la vista que el objetivo sólo fue logrado muy parcialmente, y seguramente el éxito nunca será muy grande, aunque los métodos mejoren. Pero incluso así, aquellos valores son auténticos, y siempre serán superiores a la mezcolanza contradictoria hoy predominante, cuyos malos efectos palpamos a diario.

Empecé hablando de Cataluña y acabo hablando embrutecimiento del varón.

Puede parecer mezcolanza pero no lo es: la vida es un todo y no entiendo yo el terrible incremento de la violencia física de los hombres hacia las mujeres al que asistimos en nuestra época como enteramente ajeno a la pérdida de los viejos valores del Antiguo Régimen ni al diseño de una sociedad nueva ideado según las aberraciones del pensamiento de la izquierda.

Como puso Platón en boca de Sócrates en La República:

Para decirlo, pues, brevemente: los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educación no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que, en todo, han de vigilar de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito ni en la gimnasia ni en la música. Antes bien, deben vigilar lo más posible y sentir miedo si alguno dice:

la gente celebra entre todos los cantos
el postrero, el más nuevo que viene a halagar sus oídos.

Ni crean ni celebren que el poeta habla de cantos nuevos, sino de un género nuevo de canto. Porque ni hay que celebrar tal cosa ni hay que hacer semejante suposición. Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio y con la introducción de una nueva especie de canto y hay que tener el convencimiento de que, con ello, todo se pone en peligro porque no se pueden remover los modos musicales sin remover, al mismo tiempo, las más grandes leyes.

Por otra parte y, como dije al principio, mi intención al redactar estas líneas no era tanto comentar este artículo concreto como felicitarme por su aterrizaje en El Mundo.

Le digo que la defensa de los valores que él hoy defiende son los valores de la vieja España, Cataluña incluida.

Ante la unidad de España, le digo que la deseo unida en mi sentimiento pero, en mi razón, no puedo decir más que me atengo a lo que dijeron nuestros pastores: los tuyos y los míos, en la Instrucción Pastoral que la Conferencia Episcopal Española, eco de los concilios toledanos, tan lejanos de tu tierra catalana como próximos en su espíritu:

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que deciri cerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen.

Vínculos:

Un chico normal. El Mundo. De momento, sólo para suscriptores de Orbyt.
Los vascos y España. José Antonio Primo de Rivera. Obras completas.
España, antes rota que roja. De mi blog.
El embrutecimiento del varón. Pío Moa en su blog de Libertad Digital.
Orientaciones morales ante la nueva situación actual de España. Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española.
Instrucción pastoral de los obispos vasconavarros.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 abril, 2011 at 20:39

Publicado en Política

Perdona a tu pueblo, Señor

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Perdona a tu Pueblo, Señor;
perdona a tu Pueblo,
¡Perdónale, Señor!

No estés eternamente enojado;
¡No estés eternamente enojado!
¡Perdónale, Señor!

Por las heridas de pies y manos;
por los azotes tan inhumanos,
¡Perdónale, Señor!

Por tus profundas yagas cruëles;
por tus afrentas y por tus hieles,
¡Perdónale, Señor!

Por los esclavos que te clavaron
y las espinas que te punzaron,
¡Perdónale, Señor!

Perdona a tu Pueblo, Señor;
perdona a tu Pueblo,
¡Perdónale, Señor!

Por la apertura de tu costado:
No estés eternamente enojado,
¡Perdónale, Señor!

No estés eternamente enojado,
¡No estés eternamente enojado!
¡Perdónale, Señor!

Perdona a tu Pueblo, Señor;
perdona a tu Pueblo,
¡Perdónale, Señor!

*** 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

4 abril, 2011 at 19:11

¡Que no se ha ido! ¡Que lo hemos ‘echao’!

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La fuente de nuestras lágrimas se ha secado.
San Jerónimo.

 

Algunas almas nobles sostienen la tesis de que Zapatero ha sido el peor Presidente del Gobierno de España de los que ha habido durante la llamada Transición.

Permitidme que discrepe de ello:

siendo peor adjetivo comparativo de malo, definir con tal adjetivo a Zapatero es quedarse muy corto.

Sus antecesores, a saber:

Adolfo Suárez, manufacturero de la merienda de negros esta de la Transición y quien, digan lo que digan sus apologistas, se negó una y mil veces a unirse con la derecha, seguramente pagado de su imagen y medroso de que fuera manchada con la etiqueta de fascista.

Don Leopoldo Calvo Sotelo el breve, figura opuestísima a la de este pobre hombre —Zapatero—, que dirigió la nave del estado en momentos delicadísimos y que dejó la política, según sus propias palabras, porque no tenía gracia para dar besos a los niños en los mítines electorales.

Felipe González quien, si bien socialista y, por tanto, hombre erradísimo que empobreció a España, elevó el latrocinio a la categoría de lo normal en la res publica, y no tuvo mayor empacho en asesinar etarras y, además, equivocándose y asesinando y enterrando en cal a hombres que de etarras tenían lo mismo que yo de obispo, al menos supo comprender la diferencia que media entre el adversario político y el enemigo y nunca traspasó la línea que marca tal diferencia. Quiero decir: en lo esencial, respetó su juramento a la Constitución del 78 y el espíritu reconciliador de la Transición.

Y, acabando, don José María Aznar, el coco de la izquierda. Presunto criminal de guerra en palabras de un ex-juez sectario de cuyo nombre no me quiero acordar. Don José María Aznar quien, después de sobrevivir a un atentado terrorista etarra, tuvo (y tiene) la indecencia de no necesitar hacerse perdonar por esta izquierda tan zafia como asquerosa, a más de rencorosa, que ha resucitado Zapatero.

Estos gobernantes que acabo de recordar aquí, como digo, habrán sido peores o mejores, habrán errado más o menos, pero la comparación de Zapatero con cualquiera de ellos es, a más de una equivocación sintáctica, una ignominia:

Zapatero no ha sido el peor presidente del gobierno. Esto no es decir nada pues, siendo sus predecesores, en el fondo, más o menos buenos, decir que él ha sido el peor no es decir nada pues sólo diríamos que ha sido el menos bueno.

No.

Zapatero ha sido un gobernante funesto y es un hombre funesto. Desde que apareció en escena, hemos dudado mucho acerca de si es malo, imbécil o ambas cosas. Hoy la duda no importa y el único calificativo que le cabe es funesto. Gracias a Dios, hoy hemos empezado a quitárnoslo de encima.

Ha sido, bajo su sonrisa, más falsa que un beso de Judas, un gobernante execrable, miserable y traidor a los juramentos que ha hecho.

  1. Alcanzó el poder utilizando, con la inestimable ayuda de Gabilondo, un atentado terrorista que no sabemos muy bien si fue atentado terrorista o Golpe de Estado.
  2. Entró en el poder afirmando su esencia de rojo y de feminista y le faltó tiempo para, desde la Presidencia del Gobierno, recordarnos a todos las heridas personales que en él dejó nuestra Guerra Civil, como anticipando el guerracivilismo que pensaba resucitar y que, en efecto, resucitó
  3. Intentó apartar de la vida política ¡hay que ser imbécil!al cincuenta por ciento como mínimo del pueblo español en lo que conocemos como Pacto de el Tinell. Ha envenenado hasta lo infinito el llamado problema territorial de España hasta hacerlo, si Dios no lo remedia, insoluble.
  4. Para ello, no tuvo escrúpulo ninguno en decirle a la ETA que necesitaba un pacto para volver a ganar las elecciones. Y, parafraseando a Muñoz Seca, el pobre Rajoy en la higuera: ¡Los hay que tienen un sino!
  5. Durante su magistratura, el desempleo ha subido hasta cifras de cinco millones de personas. Ha dilapidado el erario público, ora con el plan E de economía sostenible; ora con una dádiva —de nuestros bolsillos, que no de los suyos—, para solventar problemas tan acuciantes como, por ejemplo, los que sufren los maricas y las lesbianas de Zimbabue-Rodesia.
  6. Ha  sido el gobernante que, en vez de gobernar para el bien público, se ha dedicado a resucitar odios antiguos y a crear problemas donde no los había.

En fin: ¿para qué seguir?

¿Para qué seguir reflexionando sobre un hombre que no ha venido a gobernar sino a utilizar el gobierno de la nación española para descargar su bilis a la manera de Largo Caballero en sus sucios prejuicios y su servidumbre a la URSS, o a la de Negrín, quien, ya sin mayores argumentos, huyó de España como un conejo, eso sí, con el bolsillo forrado, tratando de desmantelar el Museo de El Prado y regalando al padrito Stalin el oro que el Banco de España custodiaba?

El PSOE es una peste en nuestra vida.

No es un partido político que exista para intentar, en el juego político, conseguir en la dialéctica con el contrario, lo mejor para España.

Es una mafia a la que personas honradísimas y veraces como Julián Besteiro —¡cuánto se equivocó el Caudillo con él— o, más recientemente, Joaquín Leguina, no pertenecen. Citando de memoria a José Antonio, ni el ser humano nace suscrito a un partido ni el partido político es sitio en el que el ser humano pueda dar nada más que lo peor de sí mismo.

Zapatero es ser de partido. Si los mismos socialistas le han mandado a la mierda ¿para qué seguir?

Siempre odié hacer leña del árbol caído. Me parece cobarde.

Pero, ante este tío, cualquier escrúpulo moral, ético o estético, huelga.

Nos dice desde su sonrisa boba:

Cuando fui elegido, en 2012, tenía la convicción de que dos legislaturas eran el periodo adecuado. Ocho años, no más”.

¡Ja! Zapatero. Eso lo dijo Aznar al comienzo de su gobierno y lo cumplió. Tú lo dices ahora cuando hasta tu propio partido socialista abomina de ti. Tú lo dices cuando, desde tu propio partido, te señalan la puerta de salida.

Acaba, gracias a Dios, la etapa durante la cual España ha tenido que sufrir el gobierno de este hombre.

Me vienen a la memoria las palabras de San Jerónimo cuando conoció la caída de Roma de cuyos vicios y degeneración había sido despiadado acusador:

La fuente de nuestras lágrimas se ha secado.

Zapatero se va. Nos deja por delante una nueva Edad Media pero seamos optimistas y pensemos que las edades medias no son sino purgatorio del pasado corrompido y antesala de un nuevo Renacimiento que yo, con toda mi alma, deseo para España aunque no llegue a verlo.

Y, en el peor de los casos y, a partir de ahora, al menos, nos evitaremos el bochorno de oírle decir, en foros internacionales, gilipolleces del calibre de su cita:

la Tierra es del viento.

Pues eso, Zapatero: ¡A tomar viento y que Dios te perdone!

Vínculos:

Siete años para olvidar. Libertad Digital.
Adiós a Zapatero. Editorial en Libertad Digital.
Se va el faisán. Horacio Vázquez-Rial. Libertad Digital.
La huida. José García Domínguez. Libertad Digital.
Mutis antes del ‘meneo’. Cristina Losada. Libertad Digital.
Lo peor de Zapatero no se va. Juan Ramón Rallo. Libertad Digital.
Aldabonazo de Leguina contra Zapatero y contra el ‘sectarismo de corral’ del PSOE. El Mundo.

“Yes”. David Gistau. La Razón. Vuelvo a insertar aquí este artículo del genial David Gistau porque me parece que fue de los que mejor calaron la personalidad de Zapatero en fecha tan temprana como el 2004.
Una imagen vale más que mil palabras: Estampas de la España que Zapatero deja. De mi blog.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 abril, 2011 at 19:54

Publicado en Política