Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

La nueva embajadora de España ante la Santa Sede

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De la misma manera que he intentado combatir, dentro de la medida de mis fuerzas, el anticlericalismo del PSOE y la cruzada en la que se ha embarcado y nos ha embarcado a todos, contra o junto a él, envenenándonos la vida, he de admitir hoy, sin que me duelan prendas, la grata sorpresa que me causó el pasado día diecisiete de los corrientes, Domingo de Ramos a la sazón, la reseña que leí en La Razón acerca de la audiencia que nuestro Santo Padre, Benedicto XVI concedió a la nueva embajadora de España ante la Sede que él preside: doña María Jesús Figa López-Palop.

El discurso de Su Santidad en tal audiencia no tiene desperdicio y es menester leerlo con alguna atención (lo pueden leer ustedes en los vínculos “ut infra”) pero, aquí, citaré sólo un párrafo de la reseña que leí en La Razón y que, con toda evidencia, respondía, en general, a la hostilidad del partido que gobierna a España contra la Iglesia católica y, en particular, a la reciente profanación de la capilla de la Universidad Complutense por unas pobres mujeres y a la pancarta de los maricas de Barcelona en la que se leía que la iglesia católica es la historia de una imbecilidad ilustrada.

Ante ello dijo nuestro Santo Padre:

…en vez de vivir y organizar la sociedad de tal manera que favorezca la apertura a la trascendencia, no faltan formas, a menudo sofisticadas, de hostilidad contra la fe, que «se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos». El que en ciertos ambientes se tienda a considerar la religión como un factor socialmente insignificante, e incluso molesto, no justifica el tratar de marginarla, a veces mediante la denigración, la burla, la discriminación e incluso la indiferencia ante episodios de clara profanación, pues así se viola el derecho fundamental a la libertad religiosa inherente a la dignidad de la persona humana, y que «es un arma auténtica de la paz, porque puede cambiar y mejorar el mundo».

Pero no menos desperdicio tienen las palabras de nuestra nueva embajadora cuando dijo al Santo Padre:

entre España y la Santa Sede existen lazos seculares

y que

es evidente que una buena parte de la identidad de nuestra nación responde a sus raíces cristianas que siguen produciendo ejemplares frutos en lo individual y en lo social.

Unos pocos días antes, me atreví a decir en este blog, con motivo de esta enésima oleada de anticlericalismo en España y en un intento de respuesta al pobre Peces-Barba que:

Ni desconozco los problemas que entraña la relación de la modernidad con la Fe, ni me estoy refiriendo aquí a ellos. Digo sólo que un signo de cultura en el siglo XXI debería ser, contra lo que dice Peces-Barba, intentar conjugar lo mejor de nuestro pasado con lo mejor de la modernidad y que ello, a mi modo de discurrir, implicaría, sin demérito de la libertad de culto, una preeminencia de lo católico, al menos en lo simbólico, en nuestra sociedad española. Así lo entienden, por ejemplo, los británicos cuyo Rey es, a la vez, la cabeza de la iglesia anglicana y nadie se rasga las vestiduras por ello.

Por eso me ha resultado gratísimo leer las palabras de nuestra embajadora diciendo que

entre España y la Santa Sede existen lazos seculares,

y que

es evidente que una buena parte de la identidad de nuestra nación responde a sus raíces cristianas que siguen produciendo ejemplares frutos en lo individual y en lo social.

Y, sobre todo, cuando dice que:

la Constitución también establece “la aconfesionalidad del Estado” como el principio “de colaboración con todas las confesiones, de modo singular con la Iglesia Católica”.

***

Así debería de ser, efectivamente, y a esa singularidad apelaba yo cuando pedí una preeminencia, al menos simbólica, del catolicismo en las leyes españolas.

***

Sucede, no obstante, que, a doña María Jesús, la ha designado embajadora nada menos que Zapatero, cuyo gobierno es, a las pruebas me remito, enemigo declarado del catolicismo y de todo lo que Roma significa.

¿Comprenden ustedes algo?

Se puede comprender si entendemos que Zapatero es maestro en ponerle una vela a Dios y otra al diablo. Siempre, entiéndase, pro domo sua, y que, para él, no supone ningún problema decir una cosa en Roma y hacer lo contrario en España.

***

Quedémonos, pues, con las palabras de Benedicto XVI y de doña María Jesús y prescindamos de Zapatero aunque este episodio nos haga ver que, en cierto modo, hasta él se da cuenta de que no andamos tan errados quienes pensamos lo que dijo la embajadora al Santo Padre.

 

Vínculos:

Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a la Excma. Sra. María Jesús F. López.Palop, nueva embajadora de España. La Santa Sede.
La embajadora afirma que España tiene raíces cristianas. Canarias Actual.
Los católicos sólo entendemos del palo. De mi blog.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

19 abril, 2011 a 21:11

Publicado en Política, Religión

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