Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Salvador Sostres

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Como dije en mi farragoso artículo de anteayer, El “chico normal” de Salvador Sostres, —en el que mezclé tantas cosas—, mi intención primera no era tanto discutir el dichoso artículo como tratar en este blog la colaboración de Sostres con El Mundo, idea que llevaba en la cabeza desde hace tiempo y que lo llamativo del artículo, así como el revuelo que causó anteayer, me animó a hacerlo.

Pues bien, siendo el revuelo de anteayer tortas y pan pringado en comparación con el cisco que se organizó ayer, me siento en la obligación de puntualizarlo y de echar mi cuarto a espadas en defensa de Salvador Sostres y contra el linchamiento que está padeciendo.

Parto de la base de que me doy perfecta cuenta de que el asunto del que tratamos: la violencia física de los hombres contra las mujeres es delicadísimo, es una lacra de nuestra sociedad que asesina todos los años a varias decenas de seres humanos y que, por tanto, es indecoroso tratarlo de manera frívola.

Pero una cosa es tener esta prevención, este reparo, y otra muy distinta que se vede la reflexión acerca de sus causas cuando tal reflexión disuena en los oídos de quienes tienen muy claro su origen, conocen de sobra que el problema radica en la maldad ancestral del varón y —parece—, conocen también los cauces de su solución. Y digo parece porque, cada año, el número de mujeres asesinadas a manos de varones por motivos que hoy denominamos violencia de género superan al de año anterior sin que nada se solucione.

Lo que parece, realmente, es que, sin negar esta realidad dramática, no se puede, ni siquiera, apuntar a ninguna otra línea de pensamiento y se tache, a quien tiene la osadía de hacerlo, de fomentador del maltrato.

Intentaré explicarme, desde otro punto de vista, con un ejemplo:

Nadie duda que no es lo mismo matar que ser matado. Asesinar que ser asesinado. Esto, nadie en su sano juicio lo duda. Ni lo puso en duda Sostres en su artículo, ni lo estoy poniendo en duda yo ahora.

Que el criminal deba de pagar su crimen es algo que nadie duda.

Mas, el ser humano es tan complejo como simples son las mentes —izquierdistas, por supuesto— de quienes, rasgándose las vestiduras, quieren crucificar a Sostres.

Vayamos al ejemplo:

Consideremos la tantas veces repetida situación de un conductor imprudente —borracho quizá— que atropella a un peatón y lo mata.

¿Quién puede dudar de su culpa? ¿Quién no puede deplorar la desgracia de su víctima? ¿Quién dice que no deba de pagar su culpa en el grado que marque la Ley?

Creo que nadie. Ni los socialistas ni nosotros.

Pero, creedme: por motivos que no viene al caso explicar aquí, me enfrento con relativa frecuencia a hechos como el ejemplo que he relatado y, repito, creedme: sin dejar de conocer el drama de la víctima y de sus familias, nunca puedo dejar de reflexionar acerca del también drama que, de entonces en adelante, llevará marcado en su alma el culpable y permitid que os diga que mi conmiseración —independientemente de los resultados civiles y penales— tiende a repartirse entre las dos partes cuando veo, por un lado, el dolor de los allegados a la víctima y, por otra, el estigma y el remordimiento de conciencia que quedarán para el resto de su vida en el culpable.

Estas cosas nos suceden a los seres humanos. O, ¡Dios no lo quiera! nos pueden suceder y, de sucedernos, yo no sé muy bien que preferiría, si ser víctima llorada por todos o animal apestado de por vida.

Puede el feminismo empeñarse todo lo que quiera en transformar al ser humano pero el ser humano es como es. Con sus grandezas y con sus miserias. Y lo que entes se llamaba crimen pasional, ha existido, existe y existirá y seguirá siendo crimen aunque sea pasional. Y, hasta me da la impresión de que esta concepción feminista del mundo —aparte otros motivos— más que combatirlo, es ella la que lo fomenta. Involuntariamente claro, pero sí por su empeño en entender el problema de manera sesgada y cerrar los ojos a los mil factores que pueden incidir en él, tanto hablando en términos generales como de cada caso particular.

Repito que esto no justifica lo injustificable pero es algo que está dentro de la naturaleza humana.

Con ello, tampoco digo que esto sea un comportamiento normal. Seguramente el chico normal de Sostres no es tan normal y hay en su carácter alguna tara, alguna debilidad de su espíritu, que, oculta hasta entonces, se manifestó en aquél momento tan dramático.

Frente a la enseñanza de la Iglesia Católica que nos dice que nacemos y vivimos en un valle de lágrimas, la modernidad enseña al niño desde que nace que ha venido a este mundo a ser feliz, que tiene el derecho a ser feliz. Como esto no es así, ni muchísimo menos, la intolerancia ante el sufrimiento crece en las nuevas generaciones, con lo cual me pregunto si hechos como el que discutimos nacidos del sufrimiento que produce el desengaño amoroso no tenderán a ser más frecuentes, mas normales, estadísticamente hablando.

No lo sé.

Creo que esto, más o menos, es lo que Sostres intentaba explicar, si bien de manera estridente y poniendo el capote ante el hocico de la mafia que nos dice qué debemos pensar y qué no debemos pensar.

***

Hasta aquí la reflexión acerca de la mayor o menor pertinencia del artículo de Sostres. No insistiré ni ante el título de su artículo Un chico normal, ni ante su intento, tan valiente como imprudente —e impertinente en el contexto en el que lo escribió—, de mezclar la violencia psicológica con la violencia física.

Paremos aquí y vayamos a donde quiero ir:

No me extrañan ni la reacción de El País ni la querella criminal que CCOO ha levantado contra Sostres.

Puestos a pensar mal, hasta pensaría que este revuelo no se habría levantado si Sostres no hubiera salido nunca de Cataluña, hubiera escrito en ella el dichoso artículo y, sobre todo, no fuera, como dice Tomás Gómez, amigo de Esperanza Aguirre.

Pero sí me extraña, y mucho, la censura que Pedro J Ramírez ha forzado contra el artículo publicado en su periódico.

Como me extrañan y me aterran los centenares de firmas de periodistas que quieren callar la voz de Sostres en El Mundo.

Me extrañan y me aterran porque veo que anuncian la derrota del pensamiento noble y leal a manos del pensamiento que mandan las circunstancias. ¡Nunca hubiera imaginado esto de Pedro J! ¡Nunca!

Si, al juez que le toque leer el artículo de Sostres, admite la querella criminal de CCOO vs Sostres, a trámite, —cosa que no creo— ¡apaga, vámonos y empecemos a cerrar estos blogs!

Y, si Pedro J no recapacita, vuelve a publicar sin miedo el artículo de Sostres y no lo expulsa de sus páginas —entre las cuales figura el melodramático llorón insustancial de Antonio Gala desde su Tronera que truena en todas partes menos donde debe tronar pues sabe mucho acerca del pensamiento correcto— yo, sintiéndolo mucho, abandonaré su lectura.

Vínculos:

Un chico normal. Artículo original de Salvador Sostres.
Defensa de Salvador Sostres. Juan Carlos Girauta. Libertad Digital; año 2005.
Pedro J retira un artículo de Sostres sobre el asesino de la webcam. Libertad Digital.
Trabajadores de El Mundo piden a Pedro J. Ramírez que prescinda de Sostres. Periodista Digital.
Querella contra Sostres por apología de la violencia de género. Libertad Digital.
La fiscalía estudiará el artículo de Sostres en el que justifica la violencia doméstica. El País.
UGT exige a Aguirre que se persone en las demandas contra Sostres ya que, si no, cabría pensar que piensa como él. Diario Siglo XXI.

Mal síntoma. Arcadi Espada. El Mundo.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 abril, 2011 a 9:09

Publicado en Política

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