Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El “chico normal” de Salvador Sostres

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Hace tiempo que deseaba felicitarme en este blog por el ya no tan reciente aterrizaje de Salvador Sostres en las páginas de El Mundo como columnista habitual.

Ya he dicho en otras ocasiones que, el siglo XX nos ha transmitido a los españoles mesetarios la idea falsa de que el separatista catalán es rojo, es, invariablemente, de izquierda y he señalado cómo, a mi modo de ver, la unión perversa del nacionalismo catalán (y vasco) ha envenenado hasta el infinito el llamado problema territorial de España que comenzó, de manera muy diferente, durante el siglo anterior, el XIX, hasta hacerlo prácticamente irresoluble.

He dicho, aquí y en e-noticies, que yo, aunque castellano, siempre me voy a sentir más próximo en lo espiritual a un señor como Durán y Lleida, por muy catalán que sea, que a un tío de Valladolid de la calaña de Zapatero. Puedo decir lo mismo de Sostres.

Y he sostenido, igualmente, que el Caudillo se equivocó con Cataluña en lo que respecta al tratamiento que dio a su idioma y a su sensibilidad. Quizá no tanto el Caudillo como quienes fueron más caudillistas que él. O, quizá, las cosas no pudieron ser de otro modo después de la unión del separatismo catalán con la revolución marxista. El caso es que, sea como sea, estoy convencido de que si el nacionalismo catalán, como el vasco —así se lo pidieron los obispos vasconavarros al PNV en carta publicada por Ricardo de la Cierva en La Historia se confiesa—, hubieran estado del lado nacional durante nuestra Guerra Civil o, no habiéndolo estado, éste hubiera mostrado mayor sensibilidad hacia Cataluña y las Vascongadas de la manera que lo intuyó José Antonio Primo de Rivera:

Dios nos libre, señores, de envenenar otro problema nacionalista. En Cataluña hay ya un separatismo rencoroso de muy difícil remedio, y creo que, ha sido, en parte, culpable de este separatismo el no haber sabido entender pronto lo que era Cataluña verdaderamente. Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental, un pueblo que no entienden ni poco ni mucho los que le atribuyen codicias y miras prácticas en todas sus actitudes. Cataluña es un pueblo impregnado de un sedimento poético, no sólo en sus manifestaciones típicamente artísticas, como son las canciones antiguas y como es la liturgia de las sardanas, sino aun en su vida burguesa más vulgar, hasta en la vida hereditaria de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas de las calles antiguas, en los alrededores de la plaza Real; no sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que lo perciben conscientemente y van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo; a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual sólo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista.

hoy, ni habría problema territorial en España más allá de las inevitables rencillas pueblerinas, ni el socialismo, a más de socialista, imbécil, que padecemos de manera tan apabullante, lo padeceríamos como lo padecemos, ni Cataluña hubiera sido —es— pieza fundamental para que este sistema de pensamiento —el socialista zapaterino— se haya aposentado en el gobierno de la Nación Española, no ya para desgobernarla y arruinarla sino para, además, decirnos a los que en ella nacimos y por ella andamos, cómo debemos pensar y qué debemos decir y no decir.

Con todo esto quiero señalar que Sostres —fuera de alguna puya que le mandé en los comentarios de e-noticies, hace ya años, cuando no le conocía bien— me parece un hombre valiente e inteligente.

Él se declara independentista catalán y yo me declaro partidario de mantener la unidad de España pero esta discrepancia ni me hiere ni me molesta de la manera que, no es ya que me moleste, es que me asquea, el independentismo tipo Carod-Rovira y no digamos el, no sé si decir imbécil o contradictorio, de la Chacón quien ora se coloca una camiseta bordada con el lema

¡Tots som Rubianes!

justo después de que Rubianes se hubiera

cagado en la puta España,

ora se plantea —dicen— postularse como candidata a la presidencia de la Nación Española.

Como ven ustedes, la línea de pensamiento socialista es así de firme y de consecuente.

***

Paréntesis:

esto escribiendo, me ha venido a la memoria la cita atribuida a Unamuno cuando, hablando de una publicación periódica que, al parecer, se llamaba: El pensamiento navarro, decía de ella que:

siendo pensamiento, no puede ser navarro,

floritura o sinécdoque injusta de Unamuno contra los navarros pero, quizá, no tan injusta y mucho más pertinente si hablamos del pensamiento socialista de la Chacón y su patrulla.

Por cierto, Unamuno, como le sucede a Sostres, gustaba de herir conciencias con pensamientos muchas veces excesivos pero no por el gusto de herirlas, sino para conmoverlas.

Cierro paréntesis.

***

Resumiendo este preámbulo:

Celebré muchísimo la llegada de Salvador Sostres a El Mundo. Le he seguido y tenía pendiente comentarla en este blog, mas, entre unas cosas y otras, lo fui dejando.

La algarabía que han montado los bien pensantes contra su artículo, Un chico normal, en la edición de hoy, siete de abril de El Mundo, me obliga a no demorar más decir lo que quiero decir, ni, de paso, soltar mi cuarto a espadas en defensa da Sostres.

***

Como digo, Salvador Sostres, no obstante su pensamiento independentista catalán, lleva varios meses escribiendo su columna en el diario El Mundo, quién, como todo el mundo sabe, no es un diario separatista catalán sino, más bien, todo lo contrario: so capa de liberal es centralista y constitucionalista, que diría Sostres. Como yo mismo soy centralista y, aunque no me gusten ni el liberalismo ni la Constitución del 78, me gusta conocer las reglas del juego y respetarlas es, por ello, el diario al que estoy suscrito, últimamente a través de la historia esta de Orbyt que se ha inventado Pedro Jota y que, dicho sea de paso, no permite, como antaño, la descarga de la edición acabada en formato pdf, cosa, a mi modo de ver, molestísima para quienes tenemos la manía del coleccionismo, de la cual me he quejado por los cauces oportunos y ante cuya queja me han dicho que me ponga contento.

Pero esto es aparte.

Lleva, Salvador Sostres, muchos meses escribiendo en El Mundo, desde  su convicción separatista catalana, de una manera sumamente respetuosa, que no contemporizadora, para con la opinión contraria: nunca, por poner un ejemplo, se le han caído los palos del sombrajo por llamar España a España —algo, por otra parte, normal, en un nacido en cualquier parte de la antigua Hispania, pero muy anormal en el engendro en el que ha acabado convirtiéndose dicha antigua Hispania tras dos dosis de socialismo— y muy contundente contra el enemigo común de toda la civilización occidental, otrora llamada cristiana, la hispánica incluida, es decir, el socialismo.

***

Pues bien: sucede que, hace unos pocos días, un hombre ha asesinado a una mujer a la que amaba y, tras ello, ha mostrado el resultado de su crimen por una webcam.

Un horror, dirán ustedes y estoy absolutamente de acuerdo con la adjetivación. Lo mismo que lo está Sostres, como puede ver cualquiera que lea su artículo Un chico normal en la edición de hoy de El Mundo.

Mas sucede que Sostres, ni se queda en la superficialidad de las cosas, ni es de los bien pensantes a los que antes me refería, ni le importa un comino aparecer políticamente correcto y, por ello, a más de titular su artículo con lo de Un chico normal,  —título bastante como para que le crucifiquen sin tomarse la molestia de leerle—intenta en él indagar en las profundidades más sórdidas del ser humano y nos viene a decir que, en un arrebato, cualquiera de nosotros podríamos haber hecho lo mismo puestos en tal tesitura.

Ni justifica Sostres tal asesinato ni yo, en estas líneas, intento justificarlo aunque sé de sobra que, tomando el rábano por las hojas, la jauría orwelliana, me hará decir lo contrario.

Sostres reflexiona acerca de la mayor fuerza y violencia físicas del varón frente a la mujer y acerca del mucho caso que se hace a la violencia física y el muy poco que se hace a la violencia psicológica, reflexión verdadera pero, quizá, impertinente en el contexto en el que escribía.

Por lo demás, nada justifica ni nada disculpa:

que la Justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser,

pues nada justifica un asesinato, como nos manda el quinto mandamiento de la Ley mosaica:

no matarás.

Ni lo justifica, ni lo relativiza, ni lo disculpa, ni lo explica.

Y, ni mucho menos, intenta hacer recaer la culpa en la víctima.

Nos interroga, sólo, acerca de cómo hubiéramos reaccionado nosotros ante el engaño y el abandono femenino de la mujer que amamos y que creíamos que nos amaba:

Espero que, si algún día me sucede algo parecido, disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero, ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?

Yo superé trance semejante yéndome a tomar no sé cuántos wiskys en la cafetería New York —de la que,también, he hablado y, después, eran las Fallas del 1998 y, justo al lado de aquella cafetería había un puesto de churrosrecuperando la glucemia que reduce el alcohol, ingiriendo doce churros —porras madrileñas— de manera tan desgarrada como indecorosa, sentado en un banco de la Gran Vía.

A estas alturas de mi vida, no es que no sepa: es que sé que jamás tendría tal reacción.

Pero comprendo muy bien la desesperación y el hundimiento del que habla Sostres.

Repito: ni Sostres ni yo estamos intentando justificar ningún asesinato. Sobre este caso concreto, quien debe de hablar es el Código Penal. A nosotros quiero decir, a lo pocos que van quedando como Sostres para decir verdades como puños, sólo nos queda indagar, en las miserias del hombre y de la mujer de nuestro tiempo frente a quienes pretenden resolver problema tan grave con pulseras o con teléfonos en línea directa con Bibiana Aído para que nos explique cómo evitar la violencia machista.

***

Acabo aquí. Acabo con el recuerdo y con la cita a Pío Moa en su artículo titulado El embrutecimiento del varón que ya he citado mil veces:

…las orientaciones educativas de la España de los años cincuenta. Un objetivo de la escuela de entonces era formar “caballeros cristianos”, fomentando las cualidades de esfuerzo, templanza, valor, sentido de la justicia, etc.; es decir, encauzando tendencias del varón que, descuidadas, suelen decaer en agresividad brutal. A la vista de la gran cantidad de cantamañanas salidos de aquella escuela, salta a la vista que el objetivo sólo fue logrado muy parcialmente, y seguramente el éxito nunca será muy grande, aunque los métodos mejoren. Pero incluso así, aquellos valores son auténticos, y siempre serán superiores a la mezcolanza contradictoria hoy predominante, cuyos malos efectos palpamos a diario.

Empecé hablando de Cataluña y acabo hablando embrutecimiento del varón.

Puede parecer mezcolanza pero no lo es: la vida es un todo y no entiendo yo el terrible incremento de la violencia física de los hombres hacia las mujeres al que asistimos en nuestra época como enteramente ajeno a la pérdida de los viejos valores del Antiguo Régimen ni al diseño de una sociedad nueva ideado según las aberraciones del pensamiento de la izquierda.

Como puso Platón en boca de Sócrates en La República:

Para decirlo, pues, brevemente: los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educación no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que, en todo, han de vigilar de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito ni en la gimnasia ni en la música. Antes bien, deben vigilar lo más posible y sentir miedo si alguno dice:

la gente celebra entre todos los cantos
el postrero, el más nuevo que viene a halagar sus oídos.

Ni crean ni celebren que el poeta habla de cantos nuevos, sino de un género nuevo de canto. Porque ni hay que celebrar tal cosa ni hay que hacer semejante suposición. Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio y con la introducción de una nueva especie de canto y hay que tener el convencimiento de que, con ello, todo se pone en peligro porque no se pueden remover los modos musicales sin remover, al mismo tiempo, las más grandes leyes.

Por otra parte y, como dije al principio, mi intención al redactar estas líneas no era tanto comentar este artículo concreto como felicitarme por su aterrizaje en El Mundo.

Le digo que la defensa de los valores que él hoy defiende son los valores de la vieja España, Cataluña incluida.

Ante la unidad de España, le digo que la deseo unida en mi sentimiento pero, en mi razón, no puedo decir más que me atengo a lo que dijeron nuestros pastores: los tuyos y los míos, en la Instrucción Pastoral que la Conferencia Episcopal Española, eco de los concilios toledanos, tan lejanos de tu tierra catalana como próximos en su espíritu:

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que deciri cerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen.

Vínculos:

Un chico normal. El Mundo. De momento, sólo para suscriptores de Orbyt.
Los vascos y España. José Antonio Primo de Rivera. Obras completas.
España, antes rota que roja. De mi blog.
El embrutecimiento del varón. Pío Moa en su blog de Libertad Digital.
Orientaciones morales ante la nueva situación actual de España. Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española.
Instrucción pastoral de los obispos vasconavarros.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

7 abril, 2011 a 20:39

Publicado en Política

4 comentarios

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  1. Majo; mediante una disertación pesada y tortuosa pretendes justificar lo injustificable.
    El individuo al que pretendes defender no es más que un impresentable, al que rechazan sus propios compañeros y tu en su defensa lo único que consigues es ponerte a su altura.

    José luis Castilllo

    8 abril, 2011 at 13:14

    • Mi querido amigo:
      Me doy perfecta cuenta de que el escrito es excesivamente largo y farragoso.
      Quise mezclar en él mi opinión acerca de la colaboración de Sostres con “El Mundo”, idea que venía arrastrando desde hace tiempo porque el problema territorial español es algo que me preocupa grandemente, con el dichoso artículo que escribió ese día y acabé yéndome por los Cerros de Úbeda.
      Respecto a lo que me dices sobre que Sostres es un impresentable al que rechazan sus propios compañeros te diré que me parece muy bien que cada uno tache de “impresentable” a quien mejor le parezca pero, si lo que me quieres decir es que los “impresentables” no pueden dar su opinión en público (y parece que por ahí van las cosas, no solo en lo que a tí respecta, que es lo de menos, sino en lo que respecta a sus compañeros que le han censurado el artículo y pretenden expulsarlo de “El Mundo”), eso ya empieza a parecerme aterrador.
      Aterrador, amigo José Luis.
      Un saludo y gracias por el comentario.

  2. Impecable, justo y necesario. Me alegro de que haya alguien que hable claro y sea capaz de poner este asunto en su sitio. Sostres no ha molestado a nadie, mas que a los hipócritas. Punto.

    Séneca

    8 abril, 2011 at 22:23

    • Te agradezco el comentario y creo que tienes razón. Quizá Sostres haya sido excesivo en lo formal en alguno de sus párrafos pero la reacción ha sido tan enorme y desmesurada que creo que el asunto acabará en nada.
      Un abrazo.


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