Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for marzo 2011

Estampas de la España de Zapatero

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 marzo, 2011 at 11:39

Ante la nueva embestida del odio anticatólico en España

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intoleranciarosa

(Foto HazteOir.org)

No puedo permanecer callado ante la nueva embestida del odio anticatólico que estamos viviendo en España estos días.

No es que me sorprenda, pues demasiado conozco la bilis que llevan metida en el cuerpo estos energúmenos y sé que la Roca de San Pedro es roca por esto mismo: porque ha resistido, resiste y resistirá, con la ayuda de Dios, estas embestidas que, unas veces, asesinan católicos, otras queman templos católicos y, otras, en fin, se aplican a profanar a la Iglesia Católica haciendo el payaso.

Como, en el fondo, no son más que pobre gente ignorantísima, uno, que ya anda con muy pocas ganas de lucha, preferiría mirar hacia otra parte, poner la otra mejilla y refugiarse en la comodidad de citar a Jesucristo diciendo

Pérdónales, Señor, porque no saben lo que hacen.

Pero no. Ni ante la imagen de una niñatas desnudando sus vergüenzas en la capilla de la Universidad Complutense, ni ante la que acabo de ver en Libertad Digital de unos cuantos maricas barceloneses manifestándose bajo una pancarta en la que se lee:

Iglesia Católica; Historia de una imbecilidad ilustrada,

puedo permanecer callado. Entre otras cosas, porque yo fui, en mi juventud, miembro de esta ralea (me refiero a la ralea de los enemigos patológicos del catolicismo, no a la de los maricas, y esto lo digo para que se entienda bien) y este blog, que languidece, lo cree, entre otras cosas, pero fundamentalmente, para dar testimonio de cómo me di cuenta de mi error y acabé comprendiendo que la historia de la Iglesia Católica no es, contra lo que sostienen estos pobres hombres, la historia de una imbecilidad ilustrada, sino todo lo contrario.

El asunto del que tratamos es tan inmenso que me pierdo y no sé bien por donde empezar. En él se funden interrogantes filosóficos, cosmogónicos, impresiones estéticas y cuestiones morales. Se funden, en fin, todos los ingredientes que, frente a lo que estas bestias ni se plantean, hacen que el ser humano sea ser humano y no un cerdo orwelliano de entre los que Zapatero se encuentra tan a gusto y maneja tan bien.

Permitidme, pues, que hoy me ciña al texto de la pancarta de los maricas de Barcelona:

Iglesia Católica; Historia de una imbecilidad ilustrada.

Intentaré explicar como, esto, no es así a mi modo de ver.

La Antropología y la Historia nos enseñan que el Hombre empezó a ser Hombre y dejó de ser medio animal con lo que llamamos Revolución Neolítica. Estrictamente hablando: cuando aprendió a trabajar la piedra de manera pulida, a sembrar la tierra con diferentes semillas gramináceas y, en fin, dejó de ser nómada cazador para asentarse en un lar.

Al tiempo que esto sucedía —y esto es lo que nos importa ahora—, fue dando forma a una manera de intentar comprender el mundo que le rodeaba y aprendiendo a conocer las normas morales que más feliz pueden hacer al ser humano. Es evidente que este conocimiento integral se plasmaba en una concepción religiosa del mundo pero, incluso quienes, hoy día, sostienen que el ser humano puede prescindir de la religión, no pueden negar el inmenso contenido estrictamente cultural de tal proceso.

Esto sucedió, que sepamos, en tres lugares del mundo aunque en diferentes épocas: uno, en Egipto y la Mesopotamia; otro, en el valle de el Indo y, el último y más reciente, en lo que hoy llamamos Centroamérica.

Prescindamos de los dos últimos, pues sólo en años muy recientes nuestra civilización se encontró con la americana y sus relaciones con la india fueron lejanas. Ciñámonos, pues, al primero, al nuestro: a la civilización que nació, a la vez, en Egipto y Mesopotamia.

Allí comenzó nuestra civilización, cuya degeneración, hoy, domina el mundo.

Sucede que, entre el Nilo y la tierra que se halla entre el Éufrates y el Tigris, vivía un pueblo, el judío, que, precisamente por esa su localización intermedia, asimiló toda la sabiduría de orden filosófico, religioso, cosmogónico, literario, estético, técnico y moral que creó esta Humanidad incipiente.

Lo asimiló, lo introdujo en sus leyendas y acabó escribiéndolo en el Antiguo Testamento.

Independientemente de la fe y de la dificultad de creer, esto, hablando en términos estrictamente históricos, es así.

Esta concepción integral del mundo que nos rodea, es decir, esta base de la cultura a la que pertenecemos, cuando, de la región judía surgió el cristianismo, cruzó el Mediterráneo, se fundió con la filosofía griega, hizo suya la maravillosa liturgia romana, y, durante el trascurso de dos mil años, con este bagaje detrás, siguió dando forma a nuestra cultura y capitaneando el conocimiento humano.

Y, entre otras cosas, creando las Universidades.

Esto es lo que, resumiendo mucho, llamamos catolicismo, independientemente de la fe, que a nadie se le exige, en las tierras que han permanecido fieles al magisterio de la Santa Iglesia Romana. Y lo único que ha hecho el catolicismo, aparte de mantener vivos sus dogmas religiosos que, repito, nadie está obligado a creer, ha sido mantener, a través de los siglos, esta cultura y enriquecerla con pensadores tan sublimes, tan diversos y tantos —desde san Agustín hasta nuestro Santo Padre actual, Benedicto XVI—cuya mera enumeración resultaría aquí cargante y por demás.

Parece mentira que haya que explicarlo pero, por lo visto, es menester hacerlo, no sólo en defensa del catolicismo, sino, también, como acto de caridad hacia esta pobre gente tan errada, tan equivocada, que parece pensar que la Historia comienza en el siglo XIX, o ¡qué digo siglo XIX! Para muchos de ellos, seguramente, la Historia comienza con Zapatero y antes de Zapatero sólo creen ver obscurantismo, error, maldad y esclavitud del ser humano a manos de los curas.

Si este grandísimo error fuera sólo eso, opinión errada, la cosa tendría pase porque la ignorancia es libre. Lo malo es que es un error cargado de odio y de violencia. Es un error iconoclasta y asesino a cuyas manos se han asesinado miles de católicos, se han destruido templos e imágenes sagradas —joyas artísticas y, lo que es peor, intenta imponer a la sociedad una concepción del mundo, una forma de ser diametralmente opuesta a aquella que nació cuando el ser humano era más ser humano, estaba más apegado a la tierra y más indefenso ante ella.

Seguramente, es su fe supersticiosa en el desarrollo de la ciencia y de la tecnología lo que les hace pensar así.

Por eso, me complace la reacción multitudinaria con la que la juventud universitaria católica ha respondido, con Misas de desagravio en las capillas universitarias, ante tan repugnante ataque y, muy especialmente, la que hace unos días se celebró en la capilla de mi facultad. Tan multitudinaria que los cerriles estos de los que hablo, al verse en minoría tan clamorosa, tuvieron que envainarse la contramanifestación y desparecer de la escena:

las niñatas deseosas, no sabemos bien si de lucir el palmito, ofender a una cultura milenaria o ambas cosas, tuvieron que irse con las tetas entre las piernas, ignorantes de que, cuando éstas sus ahora, mayores o menores hermosuras, no sean sino pingajos más que comidos por los gusanos, la Roca de San Pedro seguirá siendo roca firme y seguirá diciendo su verdad para quien quiera escucharla.

 

***

El argumento que utilizan para defender su agresión, para explicarse a sí mismos el odio irracional que llevan en sus entrañas, es tan simple como falaz:

dado que, en nuestro tiempo, hay, en nuestras universidades, estudiantes y profesores de distintos credos o de ningún credo se debe erradicar de ellas toda preeminencia religiosa.

Con lo cual, añado yo, destruimos una gran parte de la historia de nuestras universidades, de la misma forma que, si apartamos la cultura católica del ámbito social, destruimos nuestra historia y destruimos nuestra cultura. Cultura, como digo, milenaria ya va para 10.000 años que concentra, con todos los errores que se quiera, grandísima parte del conocimiento que esta vieja parte de la Humanidad ha ido descubriendo en su transcurso.

Y, concretamente, en lo moral, concentra las normas de comportamiento que, si bien, muchas de ellas, a primera vista, pueda parecer que aherrojan la libertad humana, en verdad no son sino las pautas de comportamiento que esta vieja parte de la Humanidad ha ido conociendo como mejores para conseguir la felicidad del ser humano, que no es otro el fin de la Moral, contra lo que piensa esta gente, que cree que la Moral está ideada para fastidiar al personal.

Es cierto que la revolución científica del siglo XIX desplazó, en el ámbito del conocimiento físico del Universo a la Iglesia católica. Pero pensar que la ciencia lo explica todo y todo lo soluciona es de zotes adeptos a la religión de lo que Unamuno llamó cientificismo y contra el que tantas veces me he rebelado en estas páginas. Fantasía en la que viven estos pobres hombres, no los verdaderos científicos que conocen de qué parte del Todo tratan.

Permitidme acabar relatándoos una anécdota personal que me ha traído a la memoria el incidente de la capilla de mi facultad.

La Universidad de Valencia, lo que se llamaba antes Universidad Literaria de Valencia, fue sancionada y patrocinada por bula del Santo Padre Alejandro VI y reafirmada por Sixto V en la bula Copiosus in Misericordia Dominus, y, desde entonces, figuraba en su escudo la imagen de la Santísima Virgen bajo la advocación de Virgen de la Sapiencia.

Cuando los rencorosos de nuestro pasado accedieron a sus cátedras y Rectorado, uno de ellos, el rector Lapiedra, consideró avant la lettre de las bestias de las que hoy tratamos y como señalándoles el camino que era intolerable que una imagen de la Virgen apareciera en el escudo de la Universidad y él, con dos pares, que diría Jesulín de Ubrique, decidió cargarse el escudo, quitar de él la imagen de la Santísima Virgen, y crear uno nuevo en el que, vaya usted a saber por qué, aparecen los escudos, con diseño moderno, de las provincias de Castellón de la Plana, Valencia y Alicante.

A mí eso me dolió en aquel entonces, pero, como era más joven, estaba más atemorizado con la idea de parecer fascista y no existían estos foros de Internet, nada dije. Así avanzan ellos, destruyendo, mientras nosotros retrocedemos callando.

Pero, a lo que iba:

andando el tiempo volví a mi vieja facultad a hacer un curso de postgrado.

En un receso de las clases, salí a fumar un cigarro en aquel entonces aún se podía fumar en algunos sitios al lado de una puerta de cristal en la que estaba grabado el maldito escudo nuevo de Lapiedra con los emblemas de las tres provincias.

Cuando estaba en este menester y reflexionando, una vez más sobre ello, apareció el director del curso, gran profesional, magnífica persona, pero, en fin, de la misma cuerda que Lapiedra.

Dirigí la conversación hacia el escudo.

Le expliqué la pena que me daba ver como venían a Valencia profesores de Oxford, de Salamanca, de mil sitios y ver cómo, en sus conferencias y presentaciones, figuraban con orgullo los emblemas centenarios de sus Universidades, mientras nosotros nos habíamos cargado el nuestro.

Me contestó:

“Sí. Quizá nos equivocamos.”

Sí, os equivocasteis y os seguís equivocando. Se equivocó el rector Lapiedra cuando eliminó la figura de la Virgen tanto como se equivoca el rector Berzosa cuando opina que en los centros públicos de enseñanza no debería haber capillas.

Y no sólo os equivocáis sino que, además, señaláis el camino a estos energúmenos y les azuzáis.

Os equivocáis hasta tal punto que, pudiendo hacer de la modernidad una continuación de nuestra historia, uniendo todo lo mucho de bueno que ambas, tradición y modernidad, tienen, os obstináis en matar la tradición y nos obligáis a decir:

Modernidad: historia de una imbecilidad ilustrada.

Basta con mirar a Zapatero y a las payasas éstas que gustan de mostrar sus bellezas mortales donde no deben, para entonar el sicut erat demostrandum.

 

Vínculos:

Expresiones anticatólicas en España. Libertad Digital.
Iconografía de la profanación. Libertad Digital.

“Normalizan” la Virgen de La Sapiencia. Ricardo García Moya.
La fundación del estudio general. Universitat de València.
Aumentan los mensajes de incitación a la violencia en foros ‘gays’. HazteOir.org.
Bula Copiosus in Misericordia Duminus. Sixto V.
Cientificismo. Miguel de Unamuno.
No debería haber capillas en las Universidades públicas. Berzosa.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 marzo, 2011 at 16:45

Publicado en Política, Religión

11-M

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

14 marzo, 2011 at 11:18

Publicado en Política

Lisboa, não sejas francesa

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Não namores os franceses,
Menina, Lisboa.
Portugal é meigo às vezes
Mas certas coisas não perdoa.
Vê-te bem no espelho
Desse honrado velho
Que o seu belo exemplo atrai:
Vai, segue o seu leal conselho
Não dês desgostos ao teu pai.
 
Lisboa não sejas francesa
Com toda a certeza
Não vais ser feliz;
Lisboa, que idéia daninha,
Vaidosa, alfacinha,
Casar com Paris.
Lisboa, tens cá namorados
Que dizem, coitados,
Com as almas na voz:
Lisboa, não sejas francesa
Tu és portuguesa,
Tu és só pra nós.
 
Tens amor às lindas fardas,
Menina, Lisboa.
Vê lá bem pra quem te guardas,
Donzela sem recato, enjoa.
Tens aí tenentes,
Bravos e valentes,
Nados e criados cá,
Vá, tenha modos mais decentes,
Menina caprichosa e má.
 

Letra y música: José Galhardo y Raul Ferrão
Intérprete: Amália Rodrigues

No enamores a los franceses,
pequeña Lisboa.
Portugal, tantas veces dulce,
ciertas cosas no  perdona.
Mírate en el espejo
de ese honrado viejo
que su ejemplo siempre atrae;
sigue su leal consejo,
no des disgustos a tu padre.
Lisboa no seas francesa,
con toda certeza,
no vas a ser feliz;
Lisboa, ¡qué idea dañina.
vanidosa lisboeta,
casarse con Paris!
Lisboa, aquí tienes novios
que dicen cuitados
con el alma en su voz:
¡Lisboa, no seas francesa,
tú eres portuguesa,
tú lo eres todo para nosotros.
Adoras los vistosos uniforme,
pequeña Lisboa.
Vigila bien para quien te guardas,
doncella sin recato.
Tienes tenientes,
valientes y audaces,
nacidos y criados aquí,
¡Vamos! Tienen formas más decentes,
Niña caprichosa.

Traducción: Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

 

Vínculos:

Raul Ferrão.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 marzo, 2011 at 17:55

Publicado en Canciones