Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for diciembre 2009

Pacta sunt servanda

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A estas alturas de la Transición pocas dudas nos puede caber a nadie de la tomadura de pelo que ésta ha sido para la generalidad de los españoles y de cómo ha servido de instrumento para que los enemigos de España hayan utilizado sus normas y sus leyes, para atacarla.

La verdad es que ahora nos deberíamos de dar cuenta de que esto no es extraño ni nos debe maravillar, pues es la forma de actuar normal de la maldita izquierda en todas las latitudes: pervertir la utilización de la Ley para modificar la sociedad a su antojo. Cuando lo van, mal que bien, consiguiendo, hacen como que acatan las reglas del juego. Cuando no, apelan al plan B, esto es a la revolución.

Como he dicho ya muchas veces, en España, la alianza de la izquierda con el nacionalismo vasco y catalán y el aprovechamiento que esta izquierda hace de un problema real y muy difícil cual es el nacionalista, envenena y complica este problema hasta lo infinito, fundamentalmente porque arrastra a la radicalización de esos nacionalismos, en teoría de ideología derechista.

Frente a tan imponente alianza, los españoles sólo disponemos, en la práctica, de un partido político que combata sus desmanes, sus desafueros y sus fechorías.

Este partido, con todos sus defectos y todas sus debilidades que, últimamente, son muchas, es el partido conservador español. El PP.

De ahí el odio feroz que tal partido, sus simpatizantes y sus votantes, despertamos en esta alianza de nuestros enemigos. Enemigos unos, los socialistas, naturales por la propia esencia de las cosas, y, otros, muy lamentablemente, creados al compás de mil desencuentros e incomprensiones históricos.

Aparte de los ataques diarios que el PP sufre de parte de estas fieras casi a diario y a raíz de asuntos coyunturales, existe una descalificación previa de este partido que le obliga, en la práctica, a estar dando continuamente las gracias a sus enemigos por permitirle existir en esto que ellos llaman democracia.

Esta descalificación previa del PP tiene su asiento en dos pecados originales:

Uno es la supuesta continuidad en él del franquismo. No hablaré aquí de ello pero hemos podido ver, en los últimos años, cómo la explotación de esta idea por parte de Zapatero no sé si a este desaprensivo le habrá servido para obtener el rédito electoral que con ella busca pero que, indudablemente, ha envenenado nuestra política y nuestra convivencia como no podíamos ni imaginar antes de que semejante desgracia llegara a presidir el gobierno de España.

El otro pecado original del PP (y es éste del que quiero hablar aquí) es el hecho de haber votado en contra, cuando era AP, de la Constitución del 78.

El rigor intelectual que caracteriza a esta mezcla de canallas y deficientes mentales plantea el siguiente sofisma: “Ustedes no votaron la Constitución; nosotros sí. Luego somos nosotros los que tenemos un plus de legitimidad a la hora de interpretarla y de defenderla.”

Es esta idea absurda y perversa la que nos explica el reciente editorial conjunto de doce diarios catalanes y las recientes declaraciones de Montilla exigiendo al PP que retire el recurso de inconstitucionalidad del Estatuto catalán del Tribunal Supremo.

Los pactos están para cumplirlos, nos dicen en latín los periodistas catalanes desde dicho editorial y se quedan tan panchos.

Los pactos, efectivamente, están para ser cumplidos. Por eso es por lo que quien de verdad está dispuesto a cumplir el pacto que firme, durante su discusión previa tiene el derecho y el deber de luchar hasta el final porque lo que se pacte se acomode a lo que desea. Por eso: porque lo va a cumplir.

No es, pues, ni muchísimo menos, vituperable, que AP dejara de votar la Constitución. El asunto es que, aprobada esta por la mayoría, la acató y la hizo suya, le gustara más o le gustara menos. Nos gustara más o nos gustara menos.

Bien distinta es esta actitud de aquellos que, como saben de antemano que van a cumplir lo pactado mientras les interese y cuando no, no, no se les atraganta ni pactar ni firmar lo que sea.

Por eso la Constitución del 78 se ha ido a freír espárragos pero, mientras permanezca, aunque sólo sea en lo formal, hay que cumplir, señores editorialistas catalanes y señor Montilla, lo pactado.

Y lo pactado es que el recurso del que estamos hablando es un trámite absolutamente legal al que cualquiera que considere inconstitucional al Estatuto tiene el derecho, y el deber, de apelar.

Pedir, cuando todo apunta a que el Tribunal Constitucional va a decir que muchos de sus artículos no son constitucionales, que se retire el recurso es, aparte de cínico, muestra evidente de lo que les importa la Constitución, el Estatuto, las reglas del juego y los pacta servanda.

Es muy cierto que, sea cual sea la resolución del Tribunal Constitucional, la crisis a la que se enfrenta la nación española es enorme. Es verdad que, después de su sentencia, tendremos que cambiar la Constitución pues el problema que plantea Cataluña es real e importantísimo. Como no lo hicimos antes de que se aprobara el Estatuto, cuando quienes lo promovieron tildaban de fascistas a quienes así lo aconsejaban, tendremos que hacerlo ahora. (Sería, a mi modo de ver, necesario, incluso, aprovechar la coyuntura y cambiar la dinastía reinante).

Pero esto es otro asunto. El hecho es que quienes han promovido esta enorme crisis por motivos partidistas, nos vengan a decir ahora que, ante la más que probable inconstitucionalidad del Estatuto, lo que hay que hacer es retirar el recurso y hacer como que no nos damos cuenta, sólo puede ser considerado una tomadura de pelo, de quienes, como digo, en el fondo piensan que los pactos están para pasárselos por el forro.

Vínculos:

La dignidad de Catalunya. La Vanguardia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

1 diciembre, 2009 at 10:00

Publicado en Política

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