Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

La foto de las hijas de Zapatero

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En un país donde un diputado puede gritar “Muera el Borbón”; donde un regidor de Cultura de un ayuntamiento llama a una infanta de España “puta berganta”; en un país donde esto lo disculpan los socialistas y lo llaman “cultura popular”; en un país en el que el Ayuntamiento de Gijón se permite el lujo de insultarnos, mediante carteles callejeros, a los que no somos negros, ni mujeres, ni maricas, llamándonos imbéciles, en un país en el que tales cosas suceden, no se puede, sin embargo, publicar una estrafalaria fotografía en la que aparecen junto a Zapatero, Obama y sus respectivos cónyuges, las hijas del matrimonio Zapatero vestidas al modo que se denomina gótico y que corresponde a cierta moda que triunfa en una parte de la marginalidad juvenil y que configura una de las llamadas tribus urbanas.

***

Ante tal censura encubierta so capa de proteger la intimidad de unas menores de edad quiero decir:

1. Considero la fotografía un documento historiográfico equiparable, por lo que tiene de descriptivo de nuestra época, al retrato de Carlos II de Carreño de Miranda o a La familia de Carlos IV de Goya. Este documento no se puede hurtar a nuestra generación ni, mucho menos, a las venideras pues es una descripción grafica impagable de la España de Zapatero.

2. Esta fotografía no ha sido obtenida furtivamente en el transcurso de una escapada de las jóvenes desconocida por sus padres. Antes bien, se ha obtenido bajo la sonriente mirada de ellos y en el transcurso de un acto protocolario oficial en el que ambas jóvenes representaban a España. Si ellas no eran conscientes, sus padres sí lo eran. O deberían de haberlo sido.

3. Zapatero no es un particular. Es un señor que nos pide el voto para, entre otras cosas, imponer un determinado modelo educativo de la infancia y de la juventud contrario al pensamiento, a la cultura y a las costumbres de gran parte del electorado. Un modelo anticristiano y anticatólico que, en lo estético, encuentra en modas tales como la gótica un arma poderosa para conformar la mente de la juventud en el sentido que Zapatero piensa que debe ser conformada.

4. Es inimaginable que tal fotografía pudiera haber sido obtenida de la familia de cualquier otro líder mundial. Ya no es, ni siquiera, cuestión de ideología. Es cuestión de ver, de manera palmaria, en manos de quién hemos puesto el gobierno de la nación. Cualquier mandatario, cualquier persona con dos dedos de frente, hubiera comprendido que esa no es forma de acudir a una recepción del presidente de los Estados Unidos y así se lo hubiera hecho notar a sus hijas. Cualquiera, menos el matrimonio Zapatero y, aunque aquí, seguramente, la mayor culpa corresponde a la señora, vale aquello del Dios los cría y ellos se juntan. Los españoles tenemos derecho a conocer el funcionamiento mental del presidente del Gobierno, funcionamiento, como digo, inverosímil en cualquier mandatario medianamente equilibrado.

5. La degeneración estética que tal fotografía muestra no es un mal que afecte exclusivamente a España. Aunque sea en nuestra patria especialmente virulento, se extiende por todo el Occidente. En este sentido es incomprensible que la Casa Blanca no dicte unas mínimas normas protocolarias que dirijan las formas en las que las gentes deben posar junto al Presidente de los Estados Unidos. Ya sabemos que los socialistas españoles están para saltarlse los protocolos cuando les apetece pero, en este caso, no sabemos que la Casa Blanca hiciera ningún reparo previo a la vestimenta de las niñas.

Por otra parte, Meghan McCain, hija, por lo visto, del senador McCain, contrincante de Obama desde el partido republicano en las pasadas elecciones presidenciales, habla de adolescentes expresándose a sí mismas y, cínicamente, se pregunta: si el presidente y su esposa no tienen, como es evidente, ningún problema con que vistan atuendos góticos ¿por qué nos tendríamos que preocupar nosotros?

Pues, por eso ¡hija mía!: porque, dado que ni el presidente ni su esposa se preocupan de respetar las formas cuando posan en familia junto al presidente de los EEUU, algo nos tendrá que preocupar, al menos a los españoles cuyo gobierno preside el primero de estos dos inconscientes.

McCain, de la misma generación que las hijas de Zapatero, habla de la popularidad de la moda gótica y, efectivamente, estas modas son populares. Pero se equivoca cuando dice que nos preocupamos de ello. El asunto no es que nos preocupemos por eso −que sí nos preocupa− sino, además, de la censura con la que se intenta esconder el incidente.

Quizá cuando la McCain y las Zapatero sean ancianas el mundo esté dominado por la moda gótica u otra tan alejada del clasicismo como ella. Pero es, precisamente, en nuestro tiempo cuando estamos discutiendo si nos gusta o no nos gusta un futuro así. A tal debate no se puede responder con un ¿por qué nos tendríamos que preocupar nosotros? —el célebre no pasa nada de los cínicos y de los relativistas morales— ni a tal debate se le puede dejar de ilustrar con la fotografía del G-20.

6. Este asunto nos sirve para ilustrar maravillosamente la inconsecuencia del pensamiento de Zapatero y, por extensión, del pensamiento de la clase que está intentando machacar nuestros valores tradicionales. En efecto, si vale lo mismo cualquier estética, si, en aras de la libertad individual hemos de aceptar en todo momento y situación cualquier excentricidad ¿por qué deploran luego su resultado? Es falso que la censura de la que estamos hablando se haya producido por la publicación de los rostros de las niñas. Esto es falso. Si hubieran aparecido en la fotografía presentándose bajo un canon estético más acorde con la belleza clásica, la fotografía estaría hoy en todos los medios de comunicación, muy especialmente en los de la izquierda y Zapatero, quien durante años mendigó, sin conseguirlo, ser retratado junto al presidente Bush no cabría en sí de gozo.

En cualquier caso y sea como sea, lo que no puede hacer Zapatero es pedir un día que se respete la imagen de sus hijas, al siguiente ponerlas a posar nada menos que ante los fotógrafos de la Casa Blanca en compañía del presidente de los Estados Unidos y al otro decirnos que hay que romper la foto.

Bueno, miento, Zapatero, en su inconsecuencia y necedad puede hacer esto y mucho más.

7. Evidentemente, no se trata de herir a unas niñas con este asunto, ni siquiera aunque una de ellas ya ande por la edad de poder abortar sin que Zapatero se entere. Ni siquiera, tampoco, se trata de herir con ello a sus padres. Se trata, a mi modo de ver y por las razones que he dicho, de no esconder, de no permitir la censura de un asunto del mayor interés público. En un mundo casi totalmente dominado por la imagen, esta fotografía muestra, como hemos podido ver por el revuelo que ha generado, quién es la persona que nos gobierna, cuál la política que impone y de qué forma reacciona cuando los resultados desmienten sus convicciones.

Por otro lado, reflexionando −como debemos reflexionar− sobre el daño que, efectivamente, podemos hacer a las niñas dando pábulo al incidente, no podemos menos que concluir, lo primero, que la culpa primera y principal la tienen sus padres al permitirles tal apariencia en ese escenario y, lo segundo, que de los errores aprendemos todos, también los menores de edad. Que el disgusto que este incidente les habrá causado sin duda, en poco tiempo será nada y que de él no puede nacer sino una reflexión acerca del comportamiento que, en cada situación, se debe mostrar. Reflexión que tendrían que haberles hecho sus padres y que, ahora, de manera dolorosa pero didáctica, tendrán que hacerse ellas solas. A partir de tal reflexión ellas decidirán, esta vez libremente y no engañadas ni por el mundo absurdo en el que vive su padre ni por la indulgencia de Luis María Anson, si en la próxima foto que se hagan con Obama van disfrazadas de bruja o no.

Y, habando de Luis María Anson, o su ironía es muy fina y yo no la capto o su indulgencia es muy grande en la Carta boca arriba que el pasado domingo escribió en El Mundo, que comienza con un Queridas niñas y en la que reprocha que se hable del incidente, pero, leyéndola, no he podido menos que recordar las palabras que Platón pone en boca de Sócrates:

«Y los ancianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchan de buen humor y de jocosidad imitando a los muchachos por no parecerles agrios ni despóticos.»

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.


 

 

Vínculos:

Montajes. Minuto Digital.

U.N. Photo Disaster. Artículo de Megan McCain en The Daily  Beast.

Las hijas de Zapatero. Luis Maria Anson. El Imparcial.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 septiembre, 2009 a 17:18

Publicado en Política

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