Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Vamos a ver si nos enteramos

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Con éste ya van tres los escritos que dedico, sin ser jurista ni, mucho menos, constitucionalista, y a las solas luces de las mías naturales, al nuevo Estatuto catalán y, de refilón a todos los demás que en él se han inspirado, así como al actual trámite acerca de su constitucionalidad en el Tribunal oportuno (lo de oportuno lo digo por decir algo y va con retranca).

Detrás del discurso, medio victimista, medio agresivo, que los socialistas y la inmensa mayor parte de los partidos catalanes, con la excepción del PPC, están haciendo sobre el recurso de inconstitucionalidad que este partido elevó hace casi tres años ante el Tribunal Constitucional contra dicho Estatuto figura una gran falacia.

Cuando desde Cataluña se nos dice que el Tribunal Constitucional no tiene autoridad moral para recortar un texto que ya ha sido aprobado por dos parlamentos y avalado por el pueblo en referéndum se nos está diciendo una enorme falacia que parece mentira que haya que descubrir y explicar empezando por aquello de la “b” con la “a”, “ba”.

Tal falacia consiste en sostener que el Parlamento catalán es soberano y que ningún Tribunal puede desdecir lo que dice la mayoría del pueblo catalán expresado en su Parlamento.

O, si ustedes quieren y para no herir susceptibilidades, el Parlamento de Castilla-La Mancha, pues hablo en general y en contra de una concepción perversa de lo que es el parlamentarismo y lo que son los referéndums.

Esto no es así: el Parlamento catalán, o del de Castilla-La Mancha, o el Parlamento español pueden votar hoy por mayoría absoluta que pasado mañana yo debo de ser colgado de un pino y someterlo mañana a referéndum y ser aprobada en él tal resolución y, sin embargo, a mí no me pueden colgar, legítimamente, pasado mañana de un pino pues esto es ilegítimo e ilegal:  por muy soberanos que sean estos parlamentos y por muy sacrosanta que sea la voluntad popular expresada mediante referéndum y ni los unos ni la otra pueden decidir tal cosa pues mi vida es un derecho mío que está protegido por las leyes.

El ejemplo es extremado, lo sé, pero hay que acudir a estos extremos didácticos para que mentes como la de Carod-Rovira o la de Caamaño entiendan de qué estamos hablando y comprendan hasta qué punto las mayorías parlamentarias deben de estar sujetas a la Ley. Además, tampoco sería la primera vez que los socialistas prescinden de la Ley y colocan por encima de ella su propia voluntad apoyada en una mayoría parlamentaria coyuntural: recordemos el latrocinio de Rumasa y cómo el partido socialista legisló contra derecho para robar a un ciudadano, don José María Ruiz Mateos.

Por esta razón es por lo que es posible el sistema parlamentario: porque las minorías aceptan las decisiones de la mayoría en tanto en cuanto esa mayoría respeta las reglas del juego; respeta la Ley. No siendo así, todo se va a hacer gárgaras, aunque juristas tan ilustres como Caamaño, ministro de Justicia para más inri, sostengan la hipótesis de que no pasa nada.

Por eso, Zapatero no es nadie para decir la sandez aquella de:

«Pascual, respetaré todo lo que apruebe el Parlamento de Cataluña»

que se halla en la génesis del problema, porque respetable, casi todo es respetable, pero una cosa es que sea respetable y otra que sea legal. Si resulta, como ha resultado, que el Estatuto, aún recocinado en el parlamento español, es altamente sospechoso de ser inconstitucional ¿qué gana Cataluña, qué gana nadie con que Zapatero respete o deje de respetarlo? Esto, sin contar que no lo respetó, pues, como digo, lo recocinó en el parlamento español.

El camino de polvo del que habla Conde Pumpido es, pues el camino hacia la dictadura de las mayorías. Viene de lejos y ya empezó cuando eliminaron el recurso previo de inconstitucionalidad, antigualla que, sin embargo, nos hubiera evitado este calvario que estamos padeciendo todos, los catalanes los primeros, con el Estatuto.

Aquella eliminación fue el primer paso, hacia la dictadura de la mayoría. Ahora estamos en la fase de hacer fuerza y atemorizar al Tribunal Constitucional con la monserga de que no tiene autoridad moral para recortar un texto que ya ha sido aprobado por dos parlamentos y avalado por el pueblo en referéndum. Monserga que el propio Tribunal Constitucional, bien por que se la crea, bien, sencillamente por miedo, considerará muy seriamente a la hora de dictaminar, como dictaminará, que el Estatuto es constitucional, como dije en El polvo del camino, por seis votos a favor, seis en contra y el voto de calidad, decisivo, de la presidenta.

Y, si por un acaso inimaginable, el Tribunal considerara inconstitucional al Estatuto, el siguiente paso de socialistas y catalanistas sería pasarse la sentencia por el forro, perdóneseme la expresión.

Mas, como también dije anteayer en El polvo del camino, tampoco es que, muerta la Constitución del 78, importe mucho por donde se pase esta gente las sentencias del Tribunal Constitucional.

Vínculos: 

Sobre la manifestació am motiu de sentència del TC. de Òmnium.

El Tribunal constitucional no té autoritat moral per a retallar un text ja aprovat a dos parlaments i avalat pel poble en referèndum. Racó Català: Òmnium proposarà a Pujol que encapçali la Marxa del Estatut amb Maragall.

Puig obre la porta a un refèrendum. De e-noticies.

Un corren de CDC demana una resposta contundent al TC. De e-noticies.

No volem sentència, volèm independència. De e-noticies.

El polvo del camino. De mi blog.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 agosto, 2009 a 18:30

Publicado en Política

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