Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

El Alcalde de Zalamea

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No saben ustedes lo que me alegro de que la Sociedad General de Autores y Editores le haya impuesto un tributo de catorce mil euros, en concepto de derechos de autor, al pueblo de Zamalea de la Serena por representar El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca.

En un principio, como es lógico, el sensacionalismo con que tituló la noticia Libertad Digital me escandalizó ya no sólo por entender que los clásicos son patrimonio de todos sino porque, taxativamente la Ley de Propiedad dicta un límite temporal a este derecho al copyright como, por otra parte, parece lo sensato.

Así, en su artículo 26, referido a la duración y cómputo de la protección de este derecho señala que:

«Los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento.»

Queriéndome asegurar, por razones que no vienen al caso, de que esto era así no sólo en España sino, también, en el mundo civilizado, me dirigí hace unos meses a la United States Copyright Office preguntándole acerca de esta exención de derechos de autor de las obras clásicas, respondiéndome esta oficina como sigue:

«Generally, the term of copyright protection is the life of the author plus 70 years. See Circular 15a at http://www.copyright.gov/circs/.

»Generally speaking, in the United States, works first registered with the Copyright Office or first published before 1923 are in the public domain. Works in the public domain no longer have copyright protection and can be freely used without permission. See “Works Published and Copyrighted before January 1, 1978” at http://www.copyright.gov/circs/circ22.html.

»However, works first registered or first published after 1922 may still be protected by copyright. See http://www.copyright.gov/circs/circ15a.html. For information about investigating the copyright status of a work, see http://www.copyright.gov/circs/circ22.html.

»Once a work enters the public domain, copyright can not be reclaimed. However, if new, substantial content is added to the public domain work, a new copyright registration claim can be made for the new content. See Circular 14 at http://www.copyright.gov/circs/circ14.pdf.»

Es decir, con algunas excepciones, transcurrido ese plazo de setenta años tras el fallecimiento del autor, cualquier obra pasa a ser de dominio público y puede ser utilizada por cualquiera sin necesidad de ningún tipo de permiso.

Con todo esto y con los abusos a que nos tiene sometidos la SGAE, como digo, la noticia me indignó y, no ya porque la Ley sea así, sino porque gavar a un clásico muerto hace más de trescientos años a nadie beneficia y sí, en cambio, se dificulta con ello su conocimiento y su difusión entre las generaciones actuales.

Ahora bien, sucede que la noticia no es así. No es que en Zalamea representaran El Alcalde de Zalamea y a Teddy Bautista, que está a la que cae, le haya faltado tiempo para pasarse por allí con el gorro.

Lo que ha sucedido es que lo que representaron en Zalamea es un versión en la que, parece ser, el horroroso poeta Francisco Brines prostituyó la obra de Calderón y, como resulta que este señor todavía está vivo pues hay que pagarle  sus derechos sobre la versión de marras.

Bien comprendo que es doloroso que haya que pagar ni una perra a un tío que, figurándose artista y faltándole inspiración para dar el coñazo al prójimo con algo sacado de su magín, la busque en los autores teatrales del Siglo de Oro en vez de en su madre, pongo por ejemplo y sin adjetivación alguna, pero así está el patio, así se concibe y se respeta hoy al arte y, si los de Zalamea están tan encantados con esta versión −teniendo, como tienen, gratis la original calderoniana− deben de dejar de llorarnos y pagar al señor Brines los catorce mil euros para que éste tenga holgura de vida suficiente como para darle vueltas en la cabeza antes de morirse a una plausible versión de Fuenteovejuna sin tener que preocuparse por los menesteres cotidianos, que para eso están los artistas.

***

Debo decir, de paso, y reconociendo que no he visto la versión que hacen en Zalamea de la Serena, que estoy hasta las narices de estas representaciones teatrales estivales y pueblerinas.

Y no es que sea un habitual de ellas. De hecho, sólo he ido a una pero, como digo, bastó para que quedara hasta las mismísimas narices de ellas y prometerme a mí mismo no volver a asistir a ninguna.

Fue hace unos años, tres o cuatro, en Chinchilla de Montearagón y, se trató de otra de estas dichosas versiones modernas, en aquella ocasión, creo recordar, que de El Caballero de Olmedo, del divino Lope, y digo creo porque cualquier parecido de aquel engendro con la obra de Lope de Vega era puro descuido de los desaprensivos que la pusieron en escena.

Básteme decir que, en determinado momento y no sé muy bien a santo de qué, sonaba por la megafonía del teatro (ni siquiera cantaban) la Picolissima serenata de Renato Carosone, encantadora canción que yo desconocía y que allí conocí, que debe de ser por cosas como ésta por lo que dicen que no hay mal que por bien no venga, pero, esto aparte, comprenderá el lector hasta qué punto se da de bofetadas la Picolissima serenata con El caballero de Olmedo.

Volviendo a los de Zalamea, parece ser que la razón de que hayan preferido la versión de Brines a la original de Calderón es que ésta, según el director de la representación, Miguel Nieto, es muy farragosa. Con ello no sé si lo que quiere decir es que piensa que resultaría demasiado aburrida para las bestias del pueblo o demasiado difícil de memorizar en su versificación para la ganadería que dirige, en cuyo caso mejor que se dedicaran a cavar zanjas en vez de a destrozar a los clásicos y tomarle el pelo a la gente, o a ambas cosas.

El señor alcalde, a todo esto, anda, como en su tiempo Brines, dándole vueltas a hacer una versión libre de la obra para el año que viene.

Puede ser, sí señor; es otra posibilidad. Con tal de no representar la obra original, cualquier cosa.

No me quiero ni imaginar la tal versión libre.

¡Dios mío! ¡Qué país de semovientes! ¿Se imagina alguien que en Stratford-upon-Avon encargasen a cualquier pelagatos una versión facilita, poco farragosa que diría el señor Nieto, de Hamlet?

Pues nada, a darle vueltas al magín para el año que viene. Otra posibilidad que me permito apuntarle aquí al alcalde, por si no cuaja lo de la versión libre, es la de un guiñol con actuación de Epi y Blas. Seguramente también tendrían que pagar algún canon pero el atrezo saldría infinitamente más barato y, sin duda, el paisanaje saldría bastante más edificado.

Yo, en cualquier caso, les prometo mi ausencia.

 

Vínculos:

La SGAE relama 14.000 euros a Zalamea por representar El Alcalde de Zalamea. Libertad Digital.
Ley de propiedad intelectual.
United States Copyright Office.
El límite de los derechos de propiedad intelectual.
El Alcalde de Zalamea.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 agosto, 2009 a 17:24

Publicado en Varia

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