Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Mis poemas

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Mis poemas

 

La sombra sola del olvido temo,

porque es como no ser un olvidado

y no hay mal que se iguale al no haber sido.

Lupercio Leonardo de Argensola.

 

Creo que pocos poemas escribí animado de espíritu lírico.

La mayoría no fueron sino ejercicios, intentos de emular la rima y el metro de los grandes de la literatura española, y de hacerme ver a mí mismo hasta dónde podría yo llegar ni siquiera a mal imitar aquella rima y aquella prosa que llevaba metida en mi alma, primero desde la niñez, en la que mi padre acostumbraba a hacerme memorizar poemillas sencillos —poemas para niños, se llamaban (recuerdo ahora el Amapolita, amapola, de Juan Ramón Jiménez, o el Romance de la loba parda recopilado por Menéndez Pidal en volumen de la Colección Austral)— y, luego, en mi adolescencia, en la que tenía la mala costumbre de utilizar las horas lectivas que entonces se llamaban de estudio —algunas horas a la semana en las que, en vez de haber clase de alguna materia concreta, se reservaban para que los estudiantes estudiáramos aquello que más se nos antojara o aquello en cuyo conocimiento nos viéramos menos aventajados—, tenía yo la mala costumbre, digo, de, en vez de aplicarme a ello, dedicarme a leer, durante tales horas, la Antología de la Literatura Española que, en aquel entonces, formaba parte de nuestros libros de texto.

Allí descubrí a don Quijote de la Mancha y allí ni recuerdo las veces que pude llegar a leer, hasta memorizarla por completo, la Marcha Triunfal del grandísimo Rubén Darío.

Durante alguna época vacía de mi vida tuve todo el tiempo del mundo para rumiar en mi alma tantas y tan grandes obras y, como digo, tuve la osadía, no de escribir poesía, sino de, dejándome arrastrar por esta música, intentar imitar a sus autores y, de paso, investigar cómo habían sido capaces de utilizar la música del metro y de la rima y, entre todas las figuras, la metáfora, ingredientes todos esenciales de la Poesía contra lo que algunos sostengan.

Así nacieron estos Mis Poemas que hoy presento aquí. Como digo, no son fruto, con muy pocas excepciones, de ningún arrebato lírico: siempre he pensado que el arte es muy poco de inspiración y un mucho de paciencia china y la mayoría de estos poemas no nacieron, ni mucho menos, como los voy presentando aquí sino de un trabajo machacón mediante el que hoy cambiaba una palabra, mañana un verso entero o, a la semana siguiente, una coma.

Tras ello los dejaba dormir en un cajón, meses. Años. Pues pienso también que al trabajo artístico se le debe dejar reposar para ver si resiste o no el paso del tiempo. Hoy, releyéndolos, creo que algunos de ellos tienen la dignidad mínima como para ser publicados y yo la bastante impudicia como para caer en la vanagloria de hacerlo, en parte porque, si bien, como digo, no son partos de mis sentidos abrasados, sí son obras mías que, con mejor o peor suerte, quiero que me sobrevivan y me sobrevivirán. Como dijo Argensola:

La sombra sola del olvido temo,
porque es como no ser un olvidado
y no hay mal que se iguale al no haber sido,

y, en parte, e independientemente de mi persona —una de las pestes del arte moderno es prestar mucha atención al artista y muy poca a la obra—, porque, nacidos, tienen ya su vida propia y es mi deseo dejarlos volar sin más atadura ni mayor pretensión que la sanción y el juicio de quien buenamente los encuentre por aquí y los lea.

 

***

Repito que nada hay más alejado de mi concepción de la poesía que el arrebato lírico y ni, mucho menos, la mera escritura en renglones cortos de sentimientos comunes, manidos, de manera desangelada y sin miramiento alguno, no ya hacia la rima ni el metro, sino hacia el tropo más pobre, que es como se concibe mayormente en nuestros días el escribir poesía. Me rebelo contra la idea de una amable comentarista que tuvo la gentileza de comentar mi Soneto al Monasterio de El Escorial diciéndome:

Ahora se lleva la poesía sin corsés, libre. No entiendo empeñarse en hacer algo muy difícil exponiéndose a que no quede perfecto. Un saludo afectuoso.

No recuerdo qué respondí precisamente a esta comentarista —por este blog anda escrito—. Creo recordar que algo pedante refiriéndome a las múltiples variantes del soneto por excelencia tal y como lo definió el divino Lope en Un Soneto me manda hacer Violante.

Hoy le respondería que la Poesía sin corsés, libre, es una grandísima peste de las muchas que infectan nuestra cultura, y, le diría más. Le diría que dejar de tratar de hacer algo difícil por no exponerse a que no quede perfecto es algo propio de las gallinas —no de las personas—,  que hoy infectan el arte moderno y lo llenan de fealdad. Esto sí que es una grandísima peste.

¿Dónde está escrito que no debamos afrontar lo difícil por miedo al fracaso?

Con esta concepción de las cosas, ¿hubiera Magallanes intentado circunnavegar la Tierra para, eso: fracasar muriéndose en el empeño y dejándole el record, que no la gloria, a Juan Sebastián Elcano —marinero vascuence que, gracias a Dios, nunca tuvo que padecer en su tiempo la desgracia de tener que convivir con un Movimiento Marxista de Liberación Vasco—?

No. Ni existía tal movimiento, ni Carlos V era Zapatero.

Perdonadme. Como, de costumbre, me pierdo en la redacción:

Este escrito intentaba ser una Poética y sabéis que, cuando empiezo a escribir, me acabo perdiendo por los cerros de Úbeda.

O no me pierdo:

para ser hombres libres, debemos de empezar por distinguir el trigo de la paja.

Y, como muy bien dijo Zerolo en un you tube inmortal, Zapatero es pura paja.

Y, quizá, no sea casualidad que la degeneración del arte occidental haya nacido y caminado de la mano de la concepción marxista del mundo. ¿Recuerdan ustedes aquel eslogan que decía:

La perfección es fascista?

ni sea casualidad que el embotamiento del sentimiento estético de nuestra sociedad convierta en sus dirigentes a seres tan inanes y zafios.

 

***

Los poemas que aquí quiero presentar no son inéditos. Fueron publicados, en su mayor parte, en el órgano de Los amigos de la Poesía de Valencia, en su  revista Millenium.

Perdonad la vanagloria y la mezcla del culo con la témporas.

 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

5 agosto, 2009 a 8:43

Publicado en Mis poemas, Poesía

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