Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for agosto 2009

¡Esto se hunde!

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¡Esto se hunde!
 
Por mucho que los partidos políticos que han hecho hasta aquí su agosto gracias a la Transición y a la Constitución del 78 intenten convencernos de lo contrario, la una y la otra están muertas y en proceso de descomposición. Nos falta ver de qué manera organizamos su sepelio y qué nos inventamos para suplir su falta.

En lo formal podremos llevarnos las manos a la cabeza todo lo que ustedes quieran, pero no podemos dejar de dar la razón a Carod-Rovira cuando rechaza, avant la lettre, una sentencia del Tribunal Constitucional adversa para el Estatuto de Cataluña alegando que es un tribunal político porque sí: el Tribunal Constitucional es un tribunal político cuyos miembros los nombran a dedo el partido socialista y el partido popular.

Ni podemos dejar de conocer la razón que asiste al señor Benach, presidente del Parlamento catalán, cuando nos advierte que tal sentencia adversa, en todo o en parte, entrañaría un riesgo verdadero de crisis de estado y nos señala la existencia de un plan B que diseñará, de nuevo, las relaciones de Cataluña con el resto de España, porque esto es evidente para cualquiera que no esté ciego y aun se queda corto el señor Benach: no va a ser sólo este conflicto el que haya que revisar sino, de raíz, todo nuestro ordenamiento constitucional.

Y esto, sea cual sea la sentencia e independientemente de que guste o no guste al señor Benach.

Si la sentencia sanciona el Estatuto, consagrará la mascarada, la burla, en la que estamos viviendo desde hace años. Las aspiraciones del independentismo catalán seguirán siendo las mismas. Su desprecio al ordenamiento legal seguirá siendo el mismo, y aun mayor, viendo lo fácil que les resulta burlarlo aliándose con Zapatero y con el partido socialista, Bono incluido; el catalanismo moderado no tendrá más remedio que seguir radicalizándose para no perder de vista esa alianza del socialismo con el independentismo; a la derecha española liberal le quedarán sólo dos alternativas: o aceptar la mascarada durante el tiempo que dure o rebelarse abiertamente, cosa que, dada su condición gallinácea, ni se planteará, y sólo Zapatero y el partido socialista afectarán que vivimos, gracias a ellos, en el mejor de los mundos durante el tiempo que, repito, puedan mantener la broma, en tanto que Bono reúne a Barreda y a Feijóo en El Salobre y les espeta, cínicamente, lo de:

esto de la financiación tendréis que arreglarlo.

Y, si la sentencia es desfavorable en todo o en parte, ni Cataluña la va a acatar ni el resto de España va a tener autoridad moral para pedirle a Cataluña que la acate. Por mucho que, en lo formal, sea verdad que la Constitución es una ley superior a cualquier Estatuto y por muy verdad que sea que Cataluña votara la Constitución de manera mucho más mayoritaria que ésta con la que ha votado al Estatuto, es una auténtica burla que dicho Estatuto haya sido votado por el Parlamento catalán, el Parlamento español y sancionado en referéndum por el pueblo catalán para que ahora venga un Tribunal absolutamente desprestigiado a decir que el tal Estatuto es inconstitucional aunque de verdad lo sea. Una burla a Cataluña y a toda España.

Una burla sangrante cuyo principal autor y responsable es Zapatero.

Habrá, pues, “crisis de estado” como dice Benach y creo, a estas alturas, que esto, no sólo no nos debe ni atemorizar ni apesadumbrar sino, antes bien, podemos aceptarla con alivio como el principio del final de la estafa político-legal que estamos viviendo.

Tal crisis, a mi entender y como vengo diciendo, sólo puede pasar por una reforma de la Constitución.

Tras la sentencia se deberían convocar elecciones para una legislatura constituyente que culminara con la redacción de una nueva Constitución.

Ignoro si será posible, con esta reforma constitucional, mantener la unidad política de España. Apunté en mi escrito Reforma constitucional ¡Ya! de mayo del año pasado, la necesidad de que dicha constitución tuviera una fuerte inspiración carlista. En aquel momento mi invocación al tradicionalismo era más bien intuitiva, afectiva y con escaso fundamento racional.

Cuanto más estudio esta doctrina, su entendimiento del derecho, su visión de los pueblos de España, su concepción del hombre y cuanto más veo, aun siendo cuatro gatos los que la mantienen, cómo sigue viva en Cataluña, en Vascongadas, en Argentina, en todos los ámbitos de la Hispanidad, más me convenzo de que sólo la monarquía carlista puede refundar a España si es que esto es posible.

Confundiendo, muy lamentablemente, libertad con liberalismo y creyendo, catetamente, que el modelo parlamentario anglosajón es el único posible, llevamos casi dos siglos intentando crear una España liberal que no ha cuajado ni creo que vaya a cuajar a estas alturas.

Ni el mismo Caudillo, que inspiró su régimen en los valores de la Tradición e intentó conjugarla con la modernidad, pudo escapar a esta concepción liberal de España: mantuvo, por contra, su división territorial decimonónica y, al fin, reinstauró en la Corona de España a la misma dinastía cristina que la había conducido, por esta senda liberal, a tantas desgracias como hemos podido ver en los dos pasados siglos.

Cuando, hace días, vine a plantear esta cuestión en mi blog de Libertad Digital, el amigo Caminant, colaborador también de esos blogs, me señalaba el inconveniente de que, hoy, la sociedad no aceptaría el carlismo por considerarlo antiguo.

Estoy totalmente de acuerdo con Caminant. La sociedad de hoy no tiene ni puñetera idea de lo que es el carlismo y vive entontecida por las falacias liberales y por las muy mayores falacias del socialismo, hijo espurio del liberalismo. Pero, sin embargo, es el carlismo la única doctrina que de verdad puede aglutinar a todas las gentes hispanas, con unidad política o sin ella, como ya nos aglutina, a los pocos que tenemos ojos para verlo, en toda la Península y allende los mares. El único sistema político que nos dota de una base fuerte en lo doctrinal, conforme, a la vez, con nuestra manera de ser y con nuestra historia.

Podemos seguir dándonos cabezazos contra la pared. Llevamos dos siglos haciéndolo gobernados por una dinastía cristina y empeñados en fabricar una España artificial y, por artificial, inviable.

Dentro de doscientos años nadie recordará a don Juan Carlos I. Hoy, doscientos años después de su magnicidio a manos de la revolución liberal, los legitimistas franceses siguen rezando, cada año, por Luis XVI.

Con ese mismo movimiento de esa otra gran nación se hermana el tradicionalismo español.

Escrito en Valencia el día 27 de agosto del 2009, festividad de Santa Mónica.
 

Vínculos: 

Benach amenaza con una “crisis de estado”. De Libertad Digital.

Carod propone manifestarse en defensa del “Estatut”. De ABC.

Bono a Barreda y Feijóo: “Esto de la financiación tendréis que arreglarlo”. De e-noticies.

Testamento Político de S.M.C. Carlos VII.
Constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual. Página oficial de la Santa Sede.
España, antes rota que roja. De mi blog.
Los reyes merovingios. De mi blog.

En defensa de la Monarquía española. De mi blog.
Reforma constitucional ¡Ya! De mi blog.

 

Vínculos carlistas:

Comunión Tradicionalista.

Página de S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón en Facebook.

Derecho nuevo y derecho natural cristiano. Álvaro Pacheco Seré.

Europa, Cristianismo y Derecho. Rafael Navarro-Valls.

Acción Española. En Proyecto Filosofía en español.

En el centenario de S.M.C. don Carlos VII de Borbón. Devoción católica, la Fe de siempre.

¡Volverá! Homenaje a S.M.C. Carlos VII en el centenario de su muerte. Las cruces de las espadas.

Con motivo del centenario de S.M.C. Carlos VII. (Els catalans si tenim Rei només quan és legítim) Déu, Pàtria, Furs, Rei.

Tradició catalana.

Carlismo argentino. Esta página posee una muy interesante biblioteca de textos tradicionalistas descargables en formato pdf y abundantísimos enlaces a páginas de contenido tradicionalista.

Doctrina tradicional y medios avanzados. Antología de textos tradicionalistas.

Action française.

Textes et oeuvres de Charles Maurrax.

L’oeuvre de Charles Maurras. Maurras.net.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

27 agosto, 2009 at 10:58

Publicado en Política

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Vamos a ver si nos enteramos

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Con éste ya van tres los escritos que dedico, sin ser jurista ni, mucho menos, constitucionalista, y a las solas luces de las mías naturales, al nuevo Estatuto catalán y, de refilón a todos los demás que en él se han inspirado, así como al actual trámite acerca de su constitucionalidad en el Tribunal oportuno (lo de oportuno lo digo por decir algo y va con retranca).

Detrás del discurso, medio victimista, medio agresivo, que los socialistas y la inmensa mayor parte de los partidos catalanes, con la excepción del PPC, están haciendo sobre el recurso de inconstitucionalidad que este partido elevó hace casi tres años ante el Tribunal Constitucional contra dicho Estatuto figura una gran falacia.

Cuando desde Cataluña se nos dice que el Tribunal Constitucional no tiene autoridad moral para recortar un texto que ya ha sido aprobado por dos parlamentos y avalado por el pueblo en referéndum se nos está diciendo una enorme falacia que parece mentira que haya que descubrir y explicar empezando por aquello de la “b” con la “a”, “ba”.

Tal falacia consiste en sostener que el Parlamento catalán es soberano y que ningún Tribunal puede desdecir lo que dice la mayoría del pueblo catalán expresado en su Parlamento.

O, si ustedes quieren y para no herir susceptibilidades, el Parlamento de Castilla-La Mancha, pues hablo en general y en contra de una concepción perversa de lo que es el parlamentarismo y lo que son los referéndums.

Esto no es así: el Parlamento catalán, o del de Castilla-La Mancha, o el Parlamento español pueden votar hoy por mayoría absoluta que pasado mañana yo debo de ser colgado de un pino y someterlo mañana a referéndum y ser aprobada en él tal resolución y, sin embargo, a mí no me pueden colgar, legítimamente, pasado mañana de un pino pues esto es ilegítimo e ilegal:  por muy soberanos que sean estos parlamentos y por muy sacrosanta que sea la voluntad popular expresada mediante referéndum y ni los unos ni la otra pueden decidir tal cosa pues mi vida es un derecho mío que está protegido por las leyes.

El ejemplo es extremado, lo sé, pero hay que acudir a estos extremos didácticos para que mentes como la de Carod-Rovira o la de Caamaño entiendan de qué estamos hablando y comprendan hasta qué punto las mayorías parlamentarias deben de estar sujetas a la Ley. Además, tampoco sería la primera vez que los socialistas prescinden de la Ley y colocan por encima de ella su propia voluntad apoyada en una mayoría parlamentaria coyuntural: recordemos el latrocinio de Rumasa y cómo el partido socialista legisló contra derecho para robar a un ciudadano, don José María Ruiz Mateos.

Por esta razón es por lo que es posible el sistema parlamentario: porque las minorías aceptan las decisiones de la mayoría en tanto en cuanto esa mayoría respeta las reglas del juego; respeta la Ley. No siendo así, todo se va a hacer gárgaras, aunque juristas tan ilustres como Caamaño, ministro de Justicia para más inri, sostengan la hipótesis de que no pasa nada.

Por eso, Zapatero no es nadie para decir la sandez aquella de:

«Pascual, respetaré todo lo que apruebe el Parlamento de Cataluña»

que se halla en la génesis del problema, porque respetable, casi todo es respetable, pero una cosa es que sea respetable y otra que sea legal. Si resulta, como ha resultado, que el Estatuto, aún recocinado en el parlamento español, es altamente sospechoso de ser inconstitucional ¿qué gana Cataluña, qué gana nadie con que Zapatero respete o deje de respetarlo? Esto, sin contar que no lo respetó, pues, como digo, lo recocinó en el parlamento español.

El camino de polvo del que habla Conde Pumpido es, pues el camino hacia la dictadura de las mayorías. Viene de lejos y ya empezó cuando eliminaron el recurso previo de inconstitucionalidad, antigualla que, sin embargo, nos hubiera evitado este calvario que estamos padeciendo todos, los catalanes los primeros, con el Estatuto.

Aquella eliminación fue el primer paso, hacia la dictadura de la mayoría. Ahora estamos en la fase de hacer fuerza y atemorizar al Tribunal Constitucional con la monserga de que no tiene autoridad moral para recortar un texto que ya ha sido aprobado por dos parlamentos y avalado por el pueblo en referéndum. Monserga que el propio Tribunal Constitucional, bien por que se la crea, bien, sencillamente por miedo, considerará muy seriamente a la hora de dictaminar, como dictaminará, que el Estatuto es constitucional, como dije en El polvo del camino, por seis votos a favor, seis en contra y el voto de calidad, decisivo, de la presidenta.

Y, si por un acaso inimaginable, el Tribunal considerara inconstitucional al Estatuto, el siguiente paso de socialistas y catalanistas sería pasarse la sentencia por el forro, perdóneseme la expresión.

Mas, como también dije anteayer en El polvo del camino, tampoco es que, muerta la Constitución del 78, importe mucho por donde se pase esta gente las sentencias del Tribunal Constitucional.

Vínculos: 

Sobre la manifestació am motiu de sentència del TC. de Òmnium.

El Tribunal constitucional no té autoritat moral per a retallar un text ja aprovat a dos parlaments i avalat pel poble en referèndum. Racó Català: Òmnium proposarà a Pujol que encapçali la Marxa del Estatut amb Maragall.

Puig obre la porta a un refèrendum. De e-noticies.

Un corren de CDC demana una resposta contundent al TC. De e-noticies.

No volem sentència, volèm independència. De e-noticies.

El polvo del camino. De mi blog.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

17 agosto, 2009 at 18:30

Publicado en Política

Caamaño y la secta del perro

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Mais, appart ça, madame la marquise,

Tout va très bien, tout va très bien. 

   

Recién acabado mi escrito anterior, El polvo del camino, referente a las manifestaciones de don Ángel Juanes, presidente de la Audiencia Nacional en el que entendía su afirmación de que la sentencia del Tribunal Constitucional va a implicar una nueva interpretación de la Constitución en el único sentido que creo puede entenderse, es decir, en la sanción jurídica y consumación de la segunda parte del Golpe de Estado que viene desarrollándose en España desde los atentados del 11-M, me encuentro con que le ha faltado tiempo la ministro de Justicia, Francisco Caamaño, para remachar la idea diciendo, también a Europa Press y textualmente, que:

«El Estatut lleva aplicándose dos años y pico y no ha pasado nada.»

Si bien, hasta ahora, el señor Caamaño, había mantenido una discreta actitud, tan de agradecer, por su contraste, con el sectarismo estruendoso de su nefasto antecesor, Fernández Bermejo, el de la caza con perro, escopeta, morral y canana y compadreo con el juez Garzón, rota dicha discreción con la  enunciación del anterior pensamiento, −que no nos hubiera extrañado en Pajín ni en Álvarez, pongo por ejemplo de ministras que, cuando hablan, parece que lo hacen dirigiéndose a deficientes mentales pero, quizá, algo orprendente en este ministro− me queda añadir, a lo que acabo de decir en El polvo del camino, dos cosas:

Una, que del señor Caamaño sólo se puede decir eso: que es digno ministro de Zapatero.

Y, otra que, concordantes en tan escaso lapso de tiempo lo del no ha pasado nada de Caamaño con el va a implicar una nueva interpretación de la Constitución de Juanes, no nos puede caber ninguna duda de que nos están preparando el terreno para que recibamos una sentencia del Tribunal Constitucional sobre la constitucionalidad del Estatuto catalán que conocen y que saben injusta. 

***

Y, dicho esto, permítaseme una reflexión que hace al caso y que me ha venido al pensamiento al leer la frase de Caamaño.

Carlos García Gual es un filósofo español que, además, tiene una brillante capacidad didáctica. Si no tan prolífico, bien podríamos comparar su obra, en el terreno de la Filosofía, con la de Isaac Asimov en el de la ciencia.

El profesor García Gual escribió hace años un ensayo sobre el cinismo que tituló La secta del Perro. Estaba editado, como las obras de Asimov, en Alianza Editorial, en su colección El Libro de Bolsillo y desconozco si el título sigue catalogado.

En esta obra nos refiere el origen de la escuela cínica y nos presenta a su creador, Diógenes, quien, nos refiere García Gual, para demostrar su tesis, defecaba en el templo y obraba torpemente con su cuerpo en el ágora de Atenas y, haciéndolo, se dirigía a los atenienses diciéndoles:

«¿Veis, veis como no pasa nada?»

Y, efectivamente, no pasaba. Nada en el sentido que el templo se derrumbara o que un rayo del cielo fulminara a Diógenes mientras hacía tales marranadas, pero los atenienses entendían muy bien la blasfemia y rechazaban el argumento del no pasa nada.

Argumento que muy bien puede servir para mentes como las de la Pajín o Zapatero o, incluso, como la de Caamaño, no satisfacía a los atenieneses quienes consideraban que, aunque no pasara nada directamente atribuible al comportamiento de Diógenes, Diógenes se comportaba como los perros, no como las personas, de manera que le pusieron el apelativo de perro y pasó a ser conocido como Diógenes el perro y, como resulta que en griego perro se dice kynos, su escuela se denomina, desde entonces, cinismo.

Y es que hay infinidad de actos moralmente reprobables de los que, efectivamente, no se deriva de manera directa e inmediata ni con una relación causal evidente, ninguna desgracia, mas no por ello ni dejan de ser reprobables ni de tener consecuencias distantes que estas mentes simples no ven o no quieren ver (creo, más bien, que los cínicos lo que hacen es no quererlas ver).

***

Las palabras de Caamaño me han recordado la historia esta de Diogenes y creo que sólo podemos atribuirlas a cinismo.

Así, pues, para Caamaño no pasa nada porque el Estatuto catalán lleve tres años desarrollándose sin sanción de constitucionalidad.

Cualquiera puede ver la enormidad de semejante afirmación en boca de un jurista incluso aunque tal desarrollo se hubiera venido realizando con una prudencia y un cuidado exquisitos pero es que ni siquiera ha sido así.

Burlada la Constitución de esta manera que al señor Caamaño le parece tan inane, en Cataluña se impiden derechos elementales como es el de recibir la educación en la lengua que cada uno desee. No es que antes del Estatuto no fuera así pero, ahora, además de ser así, lo es con la sanción de dicho Estatuto y el silencio del Tribunal Constitucional.

Muerta la Constitución, el Tripartito catalán hace mangas y capirotes con las sentencias de los tribunales que le son desfavorables, tales como la de la tercera hora en castellano y estos tribunales se la tienen que envainar porque la Constitución es letra muerta y la única Ley en la que creen y aplican con dureza quienes hoy ocupan los poderes del Estado es la del embudo.

Muerta la Constitución a manos de las componendas de Zapatero y sus aliados de gobierno de la izquierda radical y ante la mirada impasible del Tribunal Constitucional, asunto tan fundamental como es el reparto de los dineros públicos, principal razón por la que existen los Parlamentos, se realiza hoy en España bajo secreto, de espaldas al Parlamento y en camarilla en la que deciden Zapatero y sus socios cómo ha de ser dicho reparto.

Todo esto, y lo que nos quedará por ver, es para el señor Caamaño, no pasar nada.

«Mais, appart ça, madame la marquise,

Tout va très bien, tout va très bien.»

que decía, con humor, la canción de Ray Ventura. 

 

Vínculos:

 

Caamaño: “El Estatut lleva aplicándose dos años y pico y no pasa nada”. Libertad Digital.

El polvo del camino. De mi blog.

Tout va très bien, madame la marquise. De YouTube.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

16 agosto, 2009 at 18:12

Publicado en Política

El polvo del camino

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Es, sin embargo, verosímil que existieron, en aquellos tiempos, muy escasas leyes y que, escritas éstas en muy pocas y claras palabras, no necesitaban comentario alguno.
Juan de Mariana. Del Rey y de la institución real.

 

¿Se imagina alguien que nadie temiera acudir a este o a aquel médico en función de su ideología política?

¿Se imaginan ustedes que alguien, de ideología socialista temiera acudir a un médico de ideología conservadora o viceversa temiendo que éste obrara, más o menos consciente o inconscientemente, en contra de los principios de su arte para causarle algún daño por enemistad política?

Pues esto, inimaginable en el terreno de la Medicina, es señores, precisamente, lo que está sucediendo en España en el terreno de la Justicia desde hace ya bastantes, demasiados, años, cuando ésta debe de tratar asuntos remotamente relacionados con la política.

Si bien todos comprendemos que los jueces son hombres y, como tales, tienen, cada uno la ideología que más les place, y comprendiendo, igualmente, que, muchas veces han de decidir respecto al propio aspecto político del asunto que deben juzgar −dilema ante el que nunca, gracias a Dios, se enfrenta el médico−, también todos entendemos −ingenuamente− que el Juez, a la hora de juzgar, debe dejar su ideología encima del piano y enfrentarse exclusivamente, con los ojos vendados, a los hechos que juzga y a la letra y al espíritu de la Ley.

Esto, hoy, no es así en España y, cuando se trata de juzgar asuntos con derivaciones políticas, si conocemos cuál es la adscripción política del magistrado podemos predecir de antemano, y con un índice de probabilidad altísmo, de acertar hacia donde va a apuntar su sentencia.

Agrava y envenena hasta lo infinito lo anterior el hecho de que la composición de los Tribunales más altos, Constitucional y Supremo, por no hablar de la Fiscalía, apéndice del Gobierno, la deciden los partidos políticos, de manera que sus debates vienen a ser una prolongación de la misma discusión estéril parlamentaria y sus sentencias, un eco de la votación del Parlamento, de manera que hemos llegado a un extremo en el que una mayoría parlamentaria puede aprobar una resolución injusta e ilegal en tanto que el tribunal que tendría que limitar este exceso, en vez de hacerlo, se limita a actuar de caja de resonancia sancionadora de aquella votación.

Estamos, pues, no en un Estado de Derecho cuya Ley obliga a todos, sino en una dictadura de la mayoría.

Muchos y muy significativos ejemplos de lo que digo llevamos vistos en estas dos legislaturas zapatero, época en la que el mal del que hablo se ha agravado hasta límites terroríficos en el contexto de una degradación y descomposición de nuestras instituciones políticas, y, de manera harto ilustrativa lo vino a decir Conde-Pumpido, fiscal general del Estado cuando manifestó que

la Justicia no está para obstaculizar los procesos políticos,

remachando la idea con aquella brillante alegoría en la que aseguró que

el vuelo de la toga de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino.

Y, tan poco les importó a las togas fiscales mancharse del polvo que levanta Zapatero en su camino, que hemos tenido que asistir al bochorno y al desaliento de ver un día a Otegui bendecido con todos los parabienes de la fiscalía e intangible para la acción de la Justicia y, al siguiente, encarcelado en función, no de hechos nuevos, sino de los avatares de ese camino del que hablaba Conde-Pumpido, es decir, de la razón de Estado, de la conveniencia del poder político al que tan servilmente ayuda el judicial. En fin: de la razón de Estado.

Vemos, aunque nos parezca mentira, cómo en la España de hoy hay dos personas condenadas a decenas de miles de años de prisión, Suárez Trashorras que, además, padece una deficiencia intelectual y Jamal Zougam, por un delito que la evidencia, cada vez, más palmaria, nos hace sospechar que no pudieron cometer. Y ni un juez mueve un dedo. Y ni un fiscal mueve un dedo. Y ni se sabe de ningún juez ni de ningún fiscal que se haya puesto ni medianamente colorado. De nuevo, cosas del polvo del camino que caminamos.

En este contexto, ayer, don Ángel Juanes, presidente de la Audiencia Nacional puso la guinda en una entrevista a Europa Press y nos dijo, negro sobre blanco, cual es la meta de ese camino del que hablaba Conde-Pumpido y en el que no le importaba mancharse la toga: una nueva interpretación de la Constitución.

No es que nos sorprenda, porque de sobra sospechamos desde hace años que es, precisamente, una reforma constitucional subrepticia lo que pretende Zapatero desde su llegada al poder tras el Golpe de Estado del 11-M, pero sí choca que el señor Juanes nos diga tan paladinamente que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña va a implicar una nueva interpretación de la Constitución, esto es, hablando sin eufemismos, la sanción de la segunda parte del Golpe de Estado por parte del poder judicial1.

La reforma del Estatuto de Cataluña y, secundariamente, la de todos los demás que en él se inspiraron juega un papel crucial en este Golpe de Estado. Merece la pena que hagamos una breve recapitulación de ella.

En su origen, la reforma del Estatuto de Cataluña fue una humorada que se le ocurrió a Pascual Maragall cuando en España gobernaba el PP y parecía seguro que iba a seguir haciéndolo durante bastante tiempo. El señor Maragall no tenía, pues, ni la más remota esperanza que esta reforma estatutaria −para la que, por otra parte, no existía la más mínima demanda social− saliera adelante y la planteó a los meros efectos de hacer ruido y poner en aprietos al gobierno del PP. Aunque he perdido la cita y no puedo repetirla aquí textualmente creo que llegó a decir algo así como ¡lo que nos vamos a divertir!

Al poco, Zapatero entró a rematar de cabeza la idea de Maragall y fue entonces cuando, en un mitin en Cataluña, dijo aquello de:

«Pascual, respetaré todo lo que apruebe el Parlamento de Cataluña.»

Palabras que, en aquel momento a nada le obligaba pues, como digo, todo indicaba que el PP iba a seguir gobernando, al menos, una legislatura más.

En éstas andábamos cuando el Golpe de Estado del 11-M colocó inopinadamente a Zapatero en el poder de la Nación.

El Parlamento catalán, efectivamente, comenzó a discutir la reforma del Estatuto pero fueron tantas las diferencias entre los partidos catalanes y tanta la indiferencia ciudadana que llegó un momento en el que pareció que la reforma estaba muerta y acabada.

Fue entonces cuando, de una manera sorprendentísima, Zapatero llamó a la Moncloa a don Artur Mas y, engañándolo como a un chino, resucitó el moribundo Estatuto en el célebre Pacto del Tabaco. Éstas son las fechas que aún no comprendemos de manera cabal por qué Zapatero dio este giro a los acontecimientos cuando lo único que hubiera tenido que hacer hubiera sido no hacer nada para evitar todas las dificultades y todo el trastorno institucional que el Estatuto ha traído consigo.

El Pacto del Tabaco supuso un relanzamiento del mismo y obligó a CiU a una radicalización de su postura que aún perdura y que, seguramente, se agudizará.

El Parlamento catalán acabó redactando, merced a esta radicalización espoleada por Zapatero, un Estatuto manifiestamente inconstitucional. Tan inconstitucional que el propio PSOE tuvo que dar marcha atrás y reformarlo en las Cortes, lo que en Cataluña fue entendido, con muchísima razón, como una falta de Zapatero a su palabra:

«Pascual, respetaré todo lo que apruebe el Parlamento de Cataluña»

así como un engaño del presidente a Artur Mas. En aquel entonces no se sabía aún cabalmente que la palabra de Zapatero puede ser hoy una y, mañana, justo la contraria.

Quedó así redactado un Estatuto que no complacía a nadie fuera de a Zapatero y que fue aprobado en un referéndum en Cataluña en el que la participación no llegó ni al cincuenta por ciento y lo fue, esencialmente, no porque Cataluña deseara tal Estatuto, sino como muestra del rechazo que el PP, único partido que se oponía a aquella reforma, tenía y tiene en esta región (Pacto del Tinell).

Abreviando: el PP recurrió ante el Tribunal Constitucional la constitucionalidad del Estatuto que, aun aguachirlado por el parlamento Español, sigue planteando dudas más que fundadas, y aquí volvemos al hilo con el que empecé este discurso y que no es otro que la sumisión del poder judicial al poder político.

En una muestra de desprecio absoluto hacia la importancia del asunto, el Tribunal Constitucional lleva más de tres años sin pronunciarse al respecto de esa constitucionalidad. Durante estos tres años, sin embargo, el Estatuto ha ido desarrollándose creando una situación de facto irreversible como si su constitucionalidad fuera inmaculada y bendecida con todos los parabienes.

Y, todo esto, para nada pues, como decía antes, podemos asegurar, atendiendo a su constitución y sin miedo a equivocarnos, que el Tribunal Constitucional acabará sentenciando la constitucionalidad del Estatuto por seis votos a favor, seis en contra y el voto de calidad, decisivo, de su presidenta.

Don Ángel Juanes justifica la burla cruel que supone este retraso a la “complicación de la sentencia”. Volviendo al símil médico, vendría a ser tan clamoroso como que un médico justificara su inacción ante un paciente que se le muere a chorros por lo complejo de su cuadro clínico, medico al que el señor Juanes, de verse en el trance de tener que juzgar, no tendría más remedio que condenar por negligencia dolosa.

Cuanto más que lo de la “complicación de la sentencia” ya nos habla, si no de una manifiesta inconstitucionalidad del Estatuto, sí de la perversión que implica la ambigüedad de la Ley. Perversión muy alejada de lo que consideraba deseable el Padre Mariana:

«Es, sin embargo, verosímil que existieron, en aquellos tiempos, muy escasas leyes y que, escritas éstas en muy pocas y claras palabras, no necesitaban comentario alguno.»

Pero, ya, lo del retraso es lo de menos pues la mascarada es más que evidente. Como dice el señor Juanes, esta sentencia va a conllevar una nueva interpretación de la Constitución.

Entiéndase: el Tribunal Constitucional no va a leer el Estatuto para ver si se adapta a la Constitución o no. No. Lo que va a hacer el Tribunal Constitucional es reinterpretar la Constitución para que sea ésta la que se adapte al Estatuto.

Si esto no es la consumación, la sanción jurídica, de un Golpe de Estado, que venga Dios y que lo vea.

Tampoco es que importe mucho. Como digo, lo que el señor Juanes manifiesta con palabras lisas y llanas, lo venimos intuyendo muchos y desde hace mucho.

La Constitución del 78 está muerta. Su espíritu está muerto y su letra también. Importa, pues, muy poco lo que en España sea o deje de ser constitucional ni el tiempo que el Tribunal Constitucional se tome para dictaminarlo.

Si era verdad que había que modificar los estatutos de autonomía en el sentido que estamos viendo, de fuerza contra el espíritu y la letra de la Constitución, hubiera sido necesario modificar ésta previamente, primero en Cortes constituyentes y, luego, en referéndum.

Lo que se ha hecho, lo que se está haciendo, no es sino una tomadura de pelo dramática a todos los españoles y, como digo, un Golpe de Estado soterrado.

Golpe de Estado que ni siquiera va a mejorar la situación política de Cataluña pues su desarrollo, como decía antes, no sólo no ha servido para dotar a esta región de un nuevo Estatuto sino que ha radicalizado, más si cabe, las posiciones de los radicales y ha obligado a radicalizar las posiciones de los moderados. Sea cual sea la sentencia del Constitucional, volveremos a ver en diciembre, D.m., cómo queman ejemplares de la Constitución partidos que en Cataluña ocupan el poder.

Pero, como digo, importa poco que se queme una Constitución muerta.

Los que hemos crecido y vivido creyéndonos ciudadanos y creyendo la monserga de lo del Estado de Derecho tenemos que admitir que estábamos equivocados. Tenemos que seguir viviendo en esta sociedad −los que no queramos o podamos expatriarnos− pero sabiendo que no vivimos en un Estado donde impera la Ley sino en el que impera la arbitrariedad de las mayorías parlamentarias, contra cuyos desafueros ninguna salvaguarda tenemos más allá de ellas mismas, como ningún arma tenemos para luchar contra ellos fuera de la desobediencia civil hasta donde el valor de cada uno nos lo permita.

Para acabar, vuelvo a apelar a la necesidad de una reforma constitucional imbuida del espíritu tradicionalista, único, a mi modo de ver, que puede solucionar el problema territorial español y que puede devolver al Derecho a la dignidad de la que ha caído.

Pero, aun así, pasarán muchos años antes de que podamos decir que vivimos en una nación bajo el imperio de la Ley, si es que podamos llegar algún día a verlo. Demasiadas instituciones se han destruido. Demasiadas generaciones han crecido pensando que las cosas deben de ser así. Demasiados profesionales del Derecho han encauzado su profesión al abrigo y al dictado del poder de los partidos políticos o, sencillamente, les temen. Demasiados jueces y fiscales están imbuidos de la misma soberbia intelectual que Zapatero y entienden el papel de la Justicia en el nuevo mundo que Zapatero está creando como la entiende éste. Y, en fin, demasiado difícil que aparezcan ex nihilo nuevas generaciones de profesionales del Derecho que se revelen contra esta servidumbre y estado de las cosas.

Acabo aquí. Al socaire de la alegoría condepumpidiana, me ha venido a la memoria un chascarrillo rimado (desconozco a su autor y, por tanto, no puedo citarlo) que nada tiene que ver con lo que precede pero que, como digo, me ha venido a la memoria y puede servir para distraernos, reír y no llorar ante tanta degradación.

Dice así, Pumpido:

¡Qué  polvo tiene el camino!
¡Qué polvo, la carretera!
¡Qué polvo tiene el molino!
¡Qué polvo la molinera!

Riamos por no llorar, Pumpido.

1 En el Golpe de Estado del 11-M podemos distinguir, a mi modo de ver, dos partes bien diferenciadas: una, el atentado terrorista de Atocha, de autoría desconocida, que llevó al partido socialista al poder. La segunda parte es su desarrollo por parte de ese mismo partido socialista aliado a los partidos de izquierda radical separatista, muy especialmente en Cataluña, y en el que la reforma del Estatuto catalán, y la de los demás estatutos de autonomía que en él se inspiraron, juega un papel crucial. Esta segunda parte todavía no ha finalizado. 

Vínculos:

 El presidente de la Audiencia Nacional justifica el retraso en la decisión sobre el Estatut. Libertad Digital.

          Agradezco la cita de esta entrada a maremagnumdequisicosillas.blogspot.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

15 agosto, 2009 at 19:30

Publicado en Política

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El Alcalde de Zalamea

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No saben ustedes lo que me alegro de que la Sociedad General de Autores y Editores le haya impuesto un tributo de catorce mil euros, en concepto de derechos de autor, al pueblo de Zamalea de la Serena por representar El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca.

En un principio, como es lógico, el sensacionalismo con que tituló la noticia Libertad Digital me escandalizó ya no sólo por entender que los clásicos son patrimonio de todos sino porque, taxativamente la Ley de Propiedad dicta un límite temporal a este derecho al copyright como, por otra parte, parece lo sensato.

Así, en su artículo 26, referido a la duración y cómputo de la protección de este derecho señala que:

«Los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento.»

Queriéndome asegurar, por razones que no vienen al caso, de que esto era así no sólo en España sino, también, en el mundo civilizado, me dirigí hace unos meses a la United States Copyright Office preguntándole acerca de esta exención de derechos de autor de las obras clásicas, respondiéndome esta oficina como sigue:

«Generally, the term of copyright protection is the life of the author plus 70 years. See Circular 15a at http://www.copyright.gov/circs/.

»Generally speaking, in the United States, works first registered with the Copyright Office or first published before 1923 are in the public domain. Works in the public domain no longer have copyright protection and can be freely used without permission. See “Works Published and Copyrighted before January 1, 1978” at http://www.copyright.gov/circs/circ22.html.

»However, works first registered or first published after 1922 may still be protected by copyright. See http://www.copyright.gov/circs/circ15a.html. For information about investigating the copyright status of a work, see http://www.copyright.gov/circs/circ22.html.

»Once a work enters the public domain, copyright can not be reclaimed. However, if new, substantial content is added to the public domain work, a new copyright registration claim can be made for the new content. See Circular 14 at http://www.copyright.gov/circs/circ14.pdf.»

Es decir, con algunas excepciones, transcurrido ese plazo de setenta años tras el fallecimiento del autor, cualquier obra pasa a ser de dominio público y puede ser utilizada por cualquiera sin necesidad de ningún tipo de permiso.

Con todo esto y con los abusos a que nos tiene sometidos la SGAE, como digo, la noticia me indignó y, no ya porque la Ley sea así, sino porque gavar a un clásico muerto hace más de trescientos años a nadie beneficia y sí, en cambio, se dificulta con ello su conocimiento y su difusión entre las generaciones actuales.

Ahora bien, sucede que la noticia no es así. No es que en Zalamea representaran El Alcalde de Zalamea y a Teddy Bautista, que está a la que cae, le haya faltado tiempo para pasarse por allí con el gorro.

Lo que ha sucedido es que lo que representaron en Zalamea es un versión en la que, parece ser, el horroroso poeta Francisco Brines prostituyó la obra de Calderón y, como resulta que este señor todavía está vivo pues hay que pagarle  sus derechos sobre la versión de marras.

Bien comprendo que es doloroso que haya que pagar ni una perra a un tío que, figurándose artista y faltándole inspiración para dar el coñazo al prójimo con algo sacado de su magín, la busque en los autores teatrales del Siglo de Oro en vez de en su madre, pongo por ejemplo y sin adjetivación alguna, pero así está el patio, así se concibe y se respeta hoy al arte y, si los de Zalamea están tan encantados con esta versión −teniendo, como tienen, gratis la original calderoniana− deben de dejar de llorarnos y pagar al señor Brines los catorce mil euros para que éste tenga holgura de vida suficiente como para darle vueltas en la cabeza antes de morirse a una plausible versión de Fuenteovejuna sin tener que preocuparse por los menesteres cotidianos, que para eso están los artistas.

***

Debo decir, de paso, y reconociendo que no he visto la versión que hacen en Zalamea de la Serena, que estoy hasta las narices de estas representaciones teatrales estivales y pueblerinas.

Y no es que sea un habitual de ellas. De hecho, sólo he ido a una pero, como digo, bastó para que quedara hasta las mismísimas narices de ellas y prometerme a mí mismo no volver a asistir a ninguna.

Fue hace unos años, tres o cuatro, en Chinchilla de Montearagón y, se trató de otra de estas dichosas versiones modernas, en aquella ocasión, creo recordar, que de El Caballero de Olmedo, del divino Lope, y digo creo porque cualquier parecido de aquel engendro con la obra de Lope de Vega era puro descuido de los desaprensivos que la pusieron en escena.

Básteme decir que, en determinado momento y no sé muy bien a santo de qué, sonaba por la megafonía del teatro (ni siquiera cantaban) la Picolissima serenata de Renato Carosone, encantadora canción que yo desconocía y que allí conocí, que debe de ser por cosas como ésta por lo que dicen que no hay mal que por bien no venga, pero, esto aparte, comprenderá el lector hasta qué punto se da de bofetadas la Picolissima serenata con El caballero de Olmedo.

Volviendo a los de Zalamea, parece ser que la razón de que hayan preferido la versión de Brines a la original de Calderón es que ésta, según el director de la representación, Miguel Nieto, es muy farragosa. Con ello no sé si lo que quiere decir es que piensa que resultaría demasiado aburrida para las bestias del pueblo o demasiado difícil de memorizar en su versificación para la ganadería que dirige, en cuyo caso mejor que se dedicaran a cavar zanjas en vez de a destrozar a los clásicos y tomarle el pelo a la gente, o a ambas cosas.

El señor alcalde, a todo esto, anda, como en su tiempo Brines, dándole vueltas a hacer una versión libre de la obra para el año que viene.

Puede ser, sí señor; es otra posibilidad. Con tal de no representar la obra original, cualquier cosa.

No me quiero ni imaginar la tal versión libre.

¡Dios mío! ¡Qué país de semovientes! ¿Se imagina alguien que en Stratford-upon-Avon encargasen a cualquier pelagatos una versión facilita, poco farragosa que diría el señor Nieto, de Hamlet?

Pues nada, a darle vueltas al magín para el año que viene. Otra posibilidad que me permito apuntarle aquí al alcalde, por si no cuaja lo de la versión libre, es la de un guiñol con actuación de Epi y Blas. Seguramente también tendrían que pagar algún canon pero el atrezo saldría infinitamente más barato y, sin duda, el paisanaje saldría bastante más edificado.

Yo, en cualquier caso, les prometo mi ausencia.

 

Vínculos:

La SGAE relama 14.000 euros a Zalamea por representar El Alcalde de Zalamea. Libertad Digital.
Ley de propiedad intelectual.
United States Copyright Office.
El límite de los derechos de propiedad intelectual.
El Alcalde de Zalamea.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 agosto, 2009 at 17:24

Publicado en Varia

¿Qué pasa contigo, tía?

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Estos días ando revisando, a la luz de mi descubrimiento del Derecho cristiano frente al derecho nuevo o derecho democrático, la idea que casi todos, yo el primero hasta ahora, aceptamos con resignación y que sostiene que  “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

Frente a ella, cada vez me parece más evidente y acertada la afirmación de quienes, considerando a la monarquía como la mejor forma de gobierno posible —me refiero a la monarquía tradicional limitada por la ley, inspirada a su vez en el derecho natural y las costumbres de cada pueblo, no a su caricatura—, sostienen que es “el gobernante el que conforma la manera de ser del pueblo”.

Quizá algo de verdad haya en las dos tesis pero, mientras que la primera implica una aceptación resignada del embrutecimiento de la sociedad, la segunda, quizá de manera algo ilusa, se resiste a aceptar, con tal argumento, tal degradación.

Me viene a la cabeza esta divagación leyendo la entrevista a Leire Pajín que ayer publicó El Mundo, ese gran periódico al que tanto debemos pero que tiene de vez en cuando estas humoradas y gusta, a las veces, de ponerle alguna vela al diablo, sin contar el altar privilegiado perpetuo que alberga en sus páginas dedicado a la advocación del negro de Antonio de Gala.

Una de las infinitas muestras del encanallamiento de la sociedad española de nuestros días y de su zafiedad, quizá muestra menor —pero son los detalles menores los que, muchas veces, nos ilustran mejor acerca de las generalidades abstractas—, es el abuso de los substantivos tío y tía para referirse a hombres y mujeres.

Supongo que el embrutecimiento anda tan avanzado que se precisará alguna mínima sensibilidad estética para darse cuenta de lo horrorosamente que suena pues, hasta en personas de algún, y aún elevado nivel cultural, lo vemos empleado por doquier.

No me refiero a la vulgar utilización antigua del término al modo de “tía Antonia” o “tío Cipriano” que se encontraba antes en las personas de baja educación y, sobre todo, en el ambiente rural, a la manera que se dice en el encantador poema de Juan Rufo, Carta que Juan Rufo escribió a su hijo siendo muy niño, y que publiqué aquí hace unos días:

«Llamaremos, si tú quieres,
por escusarnos de nombres,
tíos a todos los hombres
y tías a las mujeres.»

y, ni siquiera, a los comienzos de su utilización moderna en los ambientes que se llamaban cheli, también por gente de escasas luces, al modo que aparecía en aquella canción de dos jóvenes agitanados cuyo nombre no recuerdo ahora y que decía:

«—¿Qué pasa contigo, tío?
—Conmigo ¿que va’ pasá

y que, por estar reducida a estos ámbitos festivos, aunque faltos de cultivo, tenía su pase y podía resultar hasta graciosa, entendiendo lo gracioso, según nos enseña la Estética, como lo simpático tocado de un deje de fealdad.

No. Me refiero a su utilización indiscriminada por gentes de todas clases y en todos, o casi todos, los ámbitos y, sobre todo, a que tal utilización ha dejado de resultarnos malsonante, ha pasado a formar parte de la lengua castellana y nos muestra hasta qué punto las lenguas nos hablan de la naturaleza de sus hablantes.

Fuera de mis sobrinos, me repatea las tripas que se dirijan a mí en este término y, aún éstos, mis sobrinos, digo, a las veces lo hacen dándole el sonsonete impropio o colocándolo de manera impropia en la frase para que adquiera este significado moderno que degrada los conceptos de hombre y de mujer.

Dijérase que la clase gobernante, si no inmune a estas debilidades humanas, sí, al menos, debería de tener ante ellas alguna prudencia y mesura.

Pues, ¡no señor!

Si bien es cierto que, en el caso del que hablo, es el entrevistador, un tal Quico Alsedo, quien le pone el trapo a la ministra Pajín, nos encontramos en la entrevista cómo la ministra de cuota embiste con ganas:

«Eres tía y siempre te cae esa pregunta, es que, joder…»

Sagasta resucitado, podríamos decir si leemos con alguna atención la frase del tal Alsedo…

Por muy desenfadada que sea la entrevista, la zafiedad es desoladora y, más allá de la zafiedad en lo estético, nos hace reflexionar acerca de cómo el término tía anda más cerca del concepto de mujerzuela o de verdulera que del de mujer, de manera que cuando la Pajín insiste:

«Yo quiero que el poder sea más tía.»

aterra darnos cuenta de que lo que nos está diciendo es que quiere que el poder sea, cada vez, más mujerzuela, más verdulero.

La entrevista ha sido analizada brillantemente por José García Domínguez en su artículo de hoy en Libertad Digital, “Psicoanálisis de la señora Pajín”.

No me extenderé mucho más, pues, en la cantidad de sandeces, lugares comunes feministas e insulseces con las que Pajín abochorna al lector.

Sí quisiera dedicar alguna reflexión a cómo ha ido evolucionando la imagen de la mujer al compás de este desgarro en lo lingüístico acercándose más, como digo, al concepto de mujerzuela que al de mujer.

Hace unos meses comentaba yo con una querida amiga cómo, cada vez, me gustan menos mujeres. Entiéndase: no decía que me gustaran menos las mujeres, sino que, cada vez, me atrae un menor número de mujeres.

Mi amiga me entendió y, dado su temple pragmático y cartesiano, atribuyó esta tendencia a que me estaba haciendo viejo.

Puede ser. Puede ser que, en parte, no le falte razón pero yo lo atribuyo, además y más fundamentalmente al encanallamiento zafio de que hablo, traído, en este caso y en parte, en brazos del feminismo.

¿Cuántas preciosidades no andan hoy abriendo los ojos a la vida y vemos por doquier, acicaladas con todo el atractivo adorno moderno unas veces y, otras, a pelo, sin adorno, prácticamente, de ninguna clase tentando a varones?

¿Quiero decir que no me sienta atraído por tales pimpollos?

No. Lo que quiero decir es que, abren la boca estos pimpollos, las oyes hablar y se te caen los palos del sombrajo pues hablan justo igual que la Pajín.

Acabando, dice la Pajín que ella se iría de farra con Soraya Sáenz de Santamaría. Espero que, puesta en ese trance, Sáenz de Santamaría tuviera el gusto de no irse de farra con esta pobre mujer y la dignidad de mandarla a hacer gárgaras aunque no estoy muy seguro de ello y aun me temo lo peor, sobre todo después de contemplar el bochornoso espectáculo de ver a una mujer, ésta sí, cabal, Esperanza Aguirre, cantarle el Cumpleaños Feliz al canalla de Rubalcaba.

Y es que, como diría Maurice Barrès,

«Faut d’une doctrine»

Eso: nos falta una doctrina en la que creer y nos sobra compadreo con el enemigo, complacencia y gusto porque, las pocas veces que no nos escupe, nos acaricie el lomo o nos invite a irnos con él de farra.


Vínculos:

Psicoanálisis de la señora Pajín. Artículo de José García Domínguez en Libertad Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 agosto, 2009 at 21:36

Publicado en Política

Soneto al monasterio de San Lorenzo de El Escorial

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Mis poemas
 
 
Soneto al monasterio de San Lorenzo de El Escorial

 

Estas eternas hiladas de sillares
que sobrios bronces y mármoles severos
encierran, sin dejar de ser austeros,
sus infinitos muros seculares.

Y estas estancias mil cuadrangulares,
lúgubres para espíritus ligeros,
hácense callados mensajeros
del alma que soportan sus pilares.

Cuando ante ti, sagrado monumento,
mi planta paro y siento tu grandeza,
nunca jamás cansado de mirarte,

de la tierra en la que posas tu cimiento,
no el imperio lloro, ni la fuerza,
sino el alma que supo levantarte.

 

***

De Mis Poemas, c. 1995.
Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

Vínculos:

La Fundación del Monasterio de El Escorial. Fray José de Sigüenza. Editorial Aguilar. Madrid, 1988.
La Fundación del Monasterio de El Escorial. Fray José de Sigüenza. Primera parte en formato pdf.
Fray José de Sigüenza. Cuadro de Sánchez Coello.
Fray José de Sigüenza. De Alcarreños distinguidos.
Cafetín Croché.
San Lorenzo de El Escorial. Momentos españoles.
Volver a Mis Poemas.

© Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 agosto, 2009 at 8:26

Publicado en Mis poemas, Poesía