Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

La hora de los enanos

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La hora de los enanos

 

Francisco Franco

Franco. Basado en el cuadro de Francisco Ribera (1939)

 

Ayer, el consistorio madrileño dio muestra de lo perfectamente que representa a la mezcolanza de canallas resentidos y de cobardes acomplejados que conforma a la mayor parte de la casta política que dirige hoy a España.

En un ejercicio de valor y guiado por el “noble” principio que dice: a moro muerto gran lanzada, el consistorio, por decisión unánime de todos los grupos políticos que lo constituyen con las honrosas excepciones de los concejales del PP, señores Henríquez de Luna y Martínez Vidal—, despojó al general Franco de todos los títulos honoríficos que le había concedido durante la época de su dictadura.

Así es el populacho: henchido siempre de una mezcla asquerosa de soberbia intelectual y de miseria moral, hoy te encumbra para apedrearte mañana.

Ayer, tocó apedreamiento. Ayer, el consistorio, más populachero que el propio pueblo al que dice representar, dedicó la tarde a tirar piedras contra la figura del general Franco.

Ayer, el Ayuntamiento de Madrid, nos volvió a recordar, por si lo habíamos olvidado, que estamos en lo que José Antonio llamó la hora de los enanos.

Efectivamente:

Allí estaban todos, abigarrados, mezquinos, chillones, engolados en su mísera pequeñez. […] ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! ¡Que no quede ni rastro de lo que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos −los pedantes− sonríen irónicamente. […] Pasarán los años, torrente de cuyas espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla −abogadetes, politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes− se perderá arrastrada por las aguas ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura de él −sencilla y fuerte como su espíritu− se alzará sobre las centurias, grande, serena y luminosa.

Ayer tuvimos que volver a escuchar los ladridos de las fieras vesánicas que, considerándose herederas de aquellas otras a las que derrotó el Generalísimo, viven para, pequeñez tras pequeñez, miseria tras miseria, insultar la memoria de la última gran figura de la Historia de España ante el silencio cobarde y complaciente de los más.

Como digo, importa poco. Estos gestos simbólicos del populacho en nada van a poder cambiar la Historia.

No en su nombre, porque él −también en palabras de José Antonio−, goza ya del premio allá en lo alto, en los ámbitos de la perpetua serenidad, adonde no llegan ni los ladridos de las fieras ni llega, tampoco, el silencio cómplice y cobarde de la gentecilla acobardada por tales fieras, sino en el mío, le digo, con toda la tranquilidad del mundo pero, también, con toda rotundidad, al Ayuntamiento de Madrid que se puede meter sus distinciones honoríficas por donde mejor le quepan y le acomoden.

Vínculos:

El Ayuntamiento de Madrid retira las distinciones concedidas a Franco. Libertad Digital.

Madrid retira todos los honores a Franco. La Vanguardia.

Cautivo y desarmado, Franco se rinde a Gallardón. Crónicas Murcianas. Pablo Molina.

Afrenta injustificada. Artículo de José Utrera Molina en ABC.

La hora de los enanos. José Antonio Primo de Rivera.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

30 junio, 2009 a 10:11

Publicado en Política

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