Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for julio 2008

A vueltas con el Crucifijo

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Desde hace tiempo me ronda por la cabeza la idea de cursar la licenciatura en Teología y si Dios me da vida suficiente y mi profesión tiempo para ello, querría dedicar la sexta década de ella para hacerlo.

Educado en el campo de las Ciencias, mi espíritu siempre se ha sentido más atraído por el de las Letras y puedo decir hoy, ya muy avanzada mi vida y dedicado alguna reflexión y alguna lectura al asunto, que la ciencia sólo colma una pequeña parte del ansia de conocimiento del ser humano, concretamente, aquélla que satisface la curiosidad de conocer cómo funciona el Universo físico que nos es dado ver.

En ningún sitio está escrito que todo el Universo (empleo aquí el término Universo en sentido filosófico, es decir, me refiero a la totalidad de Todo lo que existe, no en el sentido astronómico del Universo que vemos por los catalejos) sea comprensible ni aprehensible para la razón humana —error extendidísimo en nuestro tiempo—, pero, aunque así fuera, la Ciencia sólo puede explicarnos el funcionamiento de ese Universo físico, visible y mensurable. Nos explica cómo funciona.

El resto de preguntas que se hace el ser humano —cuando digo ser humano hablo en términos generales y con ello no me refiero ni a Zapatero, ni a Blanco ni a Aído, no porque no los considere seres humanos, ni humanas, sino porque ya me hago cargo de que ellos no se preguntan estas cosas—, el qué, el por qué, el para qué, son preguntas que la Ciencia nunca va a podernos contestar. De ahí la necesidad de la Metafísica y de la Teología.

Ignoro si, acabaré cumpliéndolo: la vida es, al mimo tiempo que una continua sucesión de propósitos de los cuales casi ninguno se realiza, una permanente aparición inopinada de sucesos inesperados —las más de las veces, adversa, como dijo el autor de la inmortal Epístola moral a Fabio— que son los que de verdad la dirigen.

No sé pues si acabaré realizando éste mi viejo sueño de cursar la Licenciatura en Teología pero, si lo llego a hacer, manifiesto desde ahora mismo que no va a ser en la Universidad Carlos iii de Madrid y, menos, mientras don Juan José Tamayo sea director de su Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones.

Don Juan José nos regaló el pasado día 19 un artículo de opinión en El País titulado A vueltas con el Crucifijo en el que manosea conceptos e ideas que ya eran viejas cuando Ernest Renan, en el siglo xix, escribió La vida de Jesús, obra en la que, a su vez, manoseaba la vieja reducción de la figura de Jesucristo a su mera condición humana e histórica.

Ideas tan novedosas nos explica este señor, don Juan José Tamayo, en el artículo que público en la edición de El País del pasado día 19 titulado A vueltas con el crucifijo, cuando se esfuerza en hacernos comprender que:

«La muerte de Jesús de Nazaret en la cruz no respondió a la voluntad de Dios, como frecuentemente han predicado las iglesias cristianas, sino que fue la aplicación de una condena impuesta por las autoridades religiosas y políticas por su afilada crítica de la religión, su transgresión sistemática de la ley, su permanente conflicto con el poder político y su práctica liberadora, socialmente revolucionaria, políticamente desestabilizadora del orden establecido, religiosamente subversiva y desacralizadora del poder.

Como digo, pensamientos de este tipo ya eran viejos en el siglo xix y, seguramente, mucho antes.

Y lo eran porque la Fe es una gracia de Dios a la que no se puede llegar sólo a través de nuestra razón y, por ello, es muy comprensible que, desde los comienzos de la cristiandad, infinidad de personas no hayan llegado a comprender lo que de sublime encierra el dogma de la Encarnación, de la divinidad de Jesucristo, el de su Resurrección o el de su subida a los Cielos para reinar a la diestra de Dios Padre.

Aún a los que agachamos la cerviz ante estos misterios y decimos ¡sí, creo!, abandonados a nuestra sola razón, tampoco podríamos aceptarlos y no es menester, pues que el señor Tamayo nos explique cosa tan simple y, como digo, tan archirrepetida.

De esa dificultad que entraña la asunción de estos dogmas a la sola luz de la razón se debe el hecho de que tantos autores que los rechazan, interesados, sin embargo, algunos por la figura histórica de Jesucristo, otros por intentar sacar provecho de ella y casi todos por menospreciar a la Iglesia católica, se hayan dedicado a indagar en esta faceta histórica, unas veces con mejor fe, como en el caso de Renán, otras con tontería infinita, como la de Juan José Benítez en su Caballo de Troya, y otras con muy mala fe, como en el caso de El Código da Vinci.

No hay, nada nuevo, pues en lo que nos dice el señor Tamayo en El País. Lo significativo de su artículo es que argumentos tan banales los utilice un catedrático de Teología para defender, que es de lo que trata su artículo, la laicidad del Estado y, muy concretamente, la presencia del Crucifijo en los actos oficiales.

Ello lo justifica el señor Tamayo con las siguientes palabras:

«Es necesario llevar el laicismo o, si se quiere, la laicidad hasta las últimas consecuencias. Para ello hay que eliminar todos los restos de teísmo político criticado tan certeramente por el teólogo Paul Tillich que perviven incluso en los Estados no confesionales, y muy especialmente en el Estado español.»

No nos explica este teólogo porqué es esto necesario, cosa que sería esperable de un filósofo cuando hace una afirmación tan tajante, pero tampoco es que sea muy necesario. A estas alturas conocemos más que de sobra hacia donde se dirige la embestida de la izquierda, sabemos cómo, su fin último es erradicar a la religión católica de la sociedad y lo único que nos aporta este artículo es que nos hace darnos cuenta de que, si el mal es evidente y extendidísimo en la clase política dirigente, quizá sea aun peor su existencia soterrada en las cátedras universitarias.

No dice el señor Tamayo ni una palabra acerca de la riqueza cultural que encierra cualquier religión. Ni una sola palabra acerca de la belleza de sus símbolos ni de su liturgia. No se detiene don Juan José a dedicar ni un mínimo pensamiento al hecho de que, si el Crucifijo está presente en los actos oficiales es porque lo viene estando desde hace dos mil años, años que gravitan sobre las generaciones hoy vivas y no se detiene a preguntarse, ni por lo más remoto, si las generaciones hoy vivas tienen derecho a liquidar su historia y, de tenerlo, si esto es deseable no.

No, el teólogo Tamayo da por descontado que lo bueno es la laicidad y que la laicidad exige la retirada del Crucifijo.

Gran contraste la teología de este hombre con la reciente lisa y llana reacción de don Juan Alberto Benlloch, alcalde de Zaragoza, quien, a pesar de su condición de socialista no pudo por menos, hace poco y ante tanto sofisma, que ‘saltar’ y decir que “mientras el esté al frente del Ayuntamiento, el Crucifijo seguirá presidiendo su Salón de Plenos.”

Y añadió don Alberto;

«Las sociedades más maduras son las que no cambian las costumbres y tradiciones, sino que las acumulan y superponen.»

y que a él le basta:

«con que el Crucifijo lleve en su sitio todo este tiempo (desde el siglo xviii), porque, además, creo que eso no debe de ofender a nadie.»

Esto, que parece lo sensato, es lo que disgusta al señor Tamayo y así nos lo dice desde su cátedra de Teología de la Universidad Carlos iii.

El señor Tamayo será todo lo teólogo que él quiera pero es un teólogo iconoclasta. Y además, un sofista. Y, además, un hipócrita cuando trata de disimular su iconoclastia con palabras tales como:

«Es necesario preservar el crucifijo, símbolo de un cristianismo liberador y comprometido con los excluidos, de cualquier uso y abuso político, manipulación partidista y legitimación del poder. Me parece un sarcasmo que quien fuera crucificado por blasfemo, heterodoxo y subversivo sirva de legitimación de las actuaciones políticas de quienes van a ejercer el poder. Es una contradicción en toda regla y una desnaturalización de la muerte de Jesús de Nazaret. Los dirigentes eclesiásticos y los creyentes de las diferentes iglesias cristianas deberían ser los primeros en levantar la voz contra el uso y abuso del crucifijo en ceremonias de carácter político y de reclamar su supresión en actos institucionales.»

Pienso que de quien hay que preservar el Crucifijo es de personas como el señor Tamayo. Ni aún cuando tuviera razón y la razón de la crucifixión de Jesucristo se hubiera reducido a lo que la pobreza intelectual del señor Tamayo dice que fue, existiría esa contradicción, ni la presencia del Crucifijo en los actos oficiales desnaturalizaría nada: para los creyentes y para los no creyentes, su presencia en estos actos nos recuerda que la civilización española tiene como pilar esencial al catolicismo. Olvidar esto es empobrecernos y olvidar nuestra historia. Para los creyentes, la tesis del señor Tamayo es signo evidente de que postula relegar la religión a la conciencia de cada uno y le niega la dimensión pública que todas las religiones han tenido en cualquier civilización. Cuando nos dice: “Los dirigentes eclesiásticos y los creyentes de las diferentes iglesias cristianas deberían ser los primeros en levantar la voz contra el uso y abuso del crucifijo en ceremonias de carácter político y de reclamar su supresión en actos institucionales” debemos entender que intenta engatusarnos y equivocarnos con palabras envenenadas.

Por aquí camina el mundo político y el académico. Si acaban triunfando con esto del laicismo tendremos que empezar a pensar otro nombre para la Carrera de san Jerónimo, pues sería un “sarcasmo” el que los padres de la Patria tuvieran que pasar por una calle con el nombre de un santo para entrar en las Cortes.

Y tendremos que ir pensando en quitar la Cruz de los Ángeles del escudo de Asturias pues, aparte los argumentos que nos ha dado ya para ello el señor Tamayo, seguro que, si no la quitamos, nos vendrá a explicar que la leyenda sobre su origen es pura patraña.

Esto y tantas y tantas cosas que tendremos que quitar, romper o deshacer para que don Juan José Tamayo se quede conforme y descansar en paz en su cátedra.

 

Vínculos:

A vueltas con el crucifijo. Artículo de opinión de Juan José Tamayo en El País.
Mientras yo sea alcalde de Zaragoza, no se retirará el Crucifijo del Salón de Plenos. Don Juan Alberto Benlloch.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

23 julio, 2008 at 18:17

Publicado en Política

‘Violencia simbólica’

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De entre las muchas noticias terribles que nos ha traído el día de hoy: el desplome de la bolsa, el mantenimiento de la convocatoria de referéndum por parte del lehendakari vasco haciendo caso omiso a la legalidad vigente o la quiebra de la mayor empresa inmobiliaria española, me ha causado especial impacto desagradable la de las declaraciones del consejero de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalidad de Cataluña, Joan Manuel Tresserras.

Dice Tresserras respecto de los que hemos firmado el Manifiesto por la Lengua Común:

«Estamos acostumbrados a ver como violencia sólo la física, pero también hay violencia simbólica; cuando se intenta convencer a amplios colectivos de cosas que son falsas al servicio de determinados intereses políticos, es una forma de violencia simbólica.»

Como soy uno de los firmantes de tal manifiesto, me he sentido especialmente aludido pero, aunque no lo hubiera firmado, la indignación que me han causado estas palabras y la necesidad de responder a ellas hubieran sido las mismas.

Diciéndolo resumidamente: es intolerable que un gobernante de una nación supuestamente democrática acuse a un grupo de ciudadanos de violentos por el mero hecho de emitir una opinión.

Es intolerable y es muy preocupante porque la única violencia permitida en un estado de Derecho es la que se reserva dicho estado para imponer la Ley y, si un gobernante de dicho estado, acusa de violento a alguien por pensar de determinada forma, lo que viene es a amenazarnos con que a nuestra violencia se pueden oponer otras violencias, incluida la del Estado.

Hasta ahora pensábamos que el pensamiento no delinque y que la ley española protege la libertad de expresión. Tresserras, con sus palabras desde el gobierno de Cataluña, nos hace dudar de ello.

Esto es estalinismo puro y duro.

Tresserras es de ERC y gobierna en Cataluña, no lo olvidemos, porque el PSOE así lo quiere.

La violencia simbólica que dice Tresserras  existe. La vimos hace poco plasmada en la composición fotográfica en la que aparecía el rostro de Rosa Díez con en tiro en la frente colocada en pasquines callejeros por gentuza no menos estalinista que Tresserras.

Existe la violencia simbólica sí. Pero llamar violencia simbólica —y más desde el gobierno— a la expresión de una opinión tan comedida como la del Manifiesto sólo puede ser considerado, por un lado, truco semántico y, por otro, invitación y justificación de la violencia que contra nosotros pueda cometerse por haber firmado el Manifiesto.

Truco semántico como tantos otros utilizados por la izquierda española y que en Cataluña, y referidos a la independencia, se suma a otros como el del autoodi (autoodio), concepto que utilizan para convencer a los catalanes que se sienten españoles y no desean la independencia de que padecen odio hacia Cataluña, o, el más reciente de sostener la existencia de un supuesto genocidio de España hacia Cataluña. Eso por no hablar del ya anticuado y manido epíteto de facha o fascista aplicado de oficio a cualquiera que se atreva a considerar a Cataluña parte de España.

E invitación y justificación obvia de violencia hacia cualquiera que se atreva a disentir de Tresserras y compañía.

Y todo esto, repito, dicho desde el Gobierno de la Generalidad de Cataluña.

En tales manos ha caído el gobierno de Cataluña gracias al PSOE.

Hoy ha aparecido también otra noticia muy relacionada con esta y que apunta en la misma dirección.

Me refiero a los epítetos que ha lanzado Joan Puig, exdiputado de ERC, contra Monserrat Caballé por haber firmado, ella también, el manifiesto y, además, haberse declarado española de pura cepa.

Por este motivo la ha llamado y nos ha llamado a todos, indeseables y mentirosos:

«Yo digo basta, no les necesitamos, todos estos personajes forman parte de una lista de indeseables, de mentirosos, de generadores de conflictos, hace falta denunciarlo, tenemos la razón y ellos lo saben.»

Elocuente expresión la de «no les necesitamos».

El ambiente en Cataluña, y en España entera, es, cada vez, más irrespirable pero aún quedan personas valientes como Jordi, de Barcelona, quien en e-noticies comenta el hecho con estas palabras:

Resulta patètic que sigui precisament Joan Puig qui faci servir el qualificatiu d’indesitjable contra algú. I no deixa de ser curiós que utilitzi aquest adjetiu contra algú com la Caballé qui, al contrari que ell, sí que ha triomfat a la vida.

(Resulta patético que sea, precisamente, Joan Puig quien utilice el calificativo de indeseable contra nadie. Y no deja de ser curioso que utilice este adjetivo contra alguien como Caballé quien, al contario que él, sí ha triunfado en la vida.)

Cada vez es más irrespirable el ambiente que se vive en Cataluña y en toda España y poco más me queda por decir.

Dejo aquí el Manifiesto por la Lengua Común para que se vea la violencia simbólica que contiene y para que quien no ande muy enterado del asunto se vaya enterando que hay gobernantes en España que piensan que esto no se puede decir:

 

MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural —nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés— sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación.

Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas —el castellano— goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).

3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua cooficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la Administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que «las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

5. Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

1. La lengua castellana es COMÚN Y OFICIAL a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen DERECHO A SER EDUCADOS en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.

3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser ATENDIDO INSTITUCIONALMENTE EN LAS DOS LENGUAS OFICIALES. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.

4. LA ROTULACIÓN DE LOS EDIFICIOS OFICIALES Y DE LAS VÍAS PÚBLICAS, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc… en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.

5. LOS REPRESENTANTES POLÍTICOS, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Firmado por Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, José Luis Pardo, Alvaro Pombo, Ramón Rodríguez, José Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater y Francisco Sosa Wagner.

Esto, señores, es violencia simbólica para la gente de izquierda que nos gobierna y, a lo que parece, falta poco para que cosas como esta se puedan seguir diciendo en España.

Vínculos:

El ‘Manifiesto en defensa de la lengua común’ es “violencia simbólica.” De Libertad Digital.
El Govern acusa els promotors del Manifiesto de “violencia simbólica”. De e-noticies.
‘Boicot’ a Monserrat Caballé. De e-noticies.
Joan Puig llama indeseables a Montserrat Caballé, Vargas Llosa y Boadella. De Libertad Digital.
Manifiesto en defensa de la lengua común. De El Mundo.
Adhiérete al Manifiesto si lo deseas y tienes valor. En El Mundo.
          Nota: Tres años después de firmado el anterior manifiesto, otras 2.300 personas han firmado otro semejante y trasunto de aquél:  ‘Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña’.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

15 julio, 2008 at 17:47

Luz Casal entre la idiotez reinante, la cobardía y el melindre

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Con honrosísimas excepciones —me viene ahora a la cabeza la de mi admirada María Dolores Pradera— a nuestras folclóricas (y folclóricos) se les podrá escuchar en sus actuaciones con mayor o menor placer según los gustos de cada uno pero, fuera de ellas, cuando se les pone un micrófono delante de la boca para que opinen o filosofen, sus deposiciones mentales suelen resultar penosas.

Hasta hace poco su sonsonte preferido era la manifestación de sus inmensos deseos de que haya paz en el mundo.

Últimamente, con esto del cambio climático, parece que algo lo han cambiado y el otro día escuché o leí (no recuerdo bien) de Lolita —hija de la genial Lola Flores— que su mayor preocupación actual es dicho cambio biosférico.

¡Original e innovadora la chica!

Son, en general, así y no dan para más: son puros magnetófonos de lo políticamente correcto.

No es que ello tenga demasiada importancia. Su labor en este mundo no atañe al pensamiento sino a la representación artística, pero no deja de ser penoso la pobreza intelectual en la que se mueven.

Me han venido estas reflexiones a la cabeza a raíz de la noticia que leo en e-Noticies acerca del arrepentimiento de Luz Casal por haber firmado el Manifiesto por la lengua común, arrepentimiento que expresa en una carta dirigida a El Mundo, en la que dice (cito textualmente de e-Noticies):

«Quiero defenderme de la manipulación, del sinsentido y del partidismo que mi opinión haya suscitado. Desde que saltó la noticia de mi adhesión a considerar el castellano idioma y nexo común de todos (firmé siguiendo la estela de artistas como Gamoneda o Antonio López, a los que admiro profundamente), me he visto metida en una polémica que no deseo, que me es ajena y de la que quiero que me excluyan”.

»¡He pasado la peor semana desde que me dieron la noticia de mi enfermedad! Yo canto en castellano, gallego, catalán (no he tenido la ocasión de hacerlo todavía en vasco), en portugués y en francés… ¿Cómo puede alguien pensar que pueda estar en contra de ellas, de cualquier lengua? ¿Que esté en contra del bilingüismo?”, añade Casal, que està luchando contra un cáncer, para finalmente recordar que “durante toda mi vida profesional he tenido mucho cuidado de no significarme políticamente ni tampoco con la religión (…) Si he de tomar partido, lo haré por el que defienda un mundo en armonía.»

Como digo, no tiene, en sí, en lo personal, mayor importancia. Doña Luz es muy libre de firmar y de desfirmar lo que dé la realísima gana.

Pero es, sin embargo, muestra significativa del entontecimiento en el que vivimos.

Esta mujer ¿lee lo que firma? ¿tiene puñetera idea de en qué mundo vive? ¿conoce cómo andan las cosas en España o es sólo que vive en el mundo entontecido de ZP y engañada por sus mentiras?

Pues claro, hija mía, que tomar partido en éste, como en tantos otros asuntos muy graves y muy polémicos que hoy gravitan sobre nuestra patria trae complicaciones, disgustos y peligros. Y más si una es un personaje público.

Sin ir más lejos, nacionalistas catalanistas de izquierda colgaron, hace pocos días, pasquines en los que figuraba la foto de Rosa Díez con un tiro en la frente precisamente por firmar ese manifiesto. ¿Terrible, no? ¿Se han atrevido a tanto contigo durante esta semana tuya tan terrible?

Así andan las cosas, Luz. ¿Lees los periódicos? Pues por ahí andan. Firmar un manifiesto en favor de los niños de Somalia no cuesta nada y queda muy mono. Esto otro que firmaste es otra cosa que atañe a algo más próximo a nosotros y que afecta a la libertad de las personas; a la libertad de los ciudadanos españoles.

El miedo es libre, la tontería infinita y me parece muy bien que te borres del Manifiesto. Y me parece muy bien tu cuidado en no «significarte ni por lo político ni por lo religioso.» Las gallinas hacen lo mismo.

Lo único que te ruego es que leas, al menos una vez al mes los periódicos y, si no, que no firmes nada de estas cosas. Tú a cantar. Piensa, antes de firmar, lo que firmas y no firmes sólo porque firmen personas más o menos cercanas a ti.

Eso lo hacen los borregos.

Te deseo que, cuanto antes, se te pase el sofocón y que el próximo manifiesto que firmes sea, como dices uno que «defienda un mundo en armonía.» Total, eso no cuesta nada y queda muy requetebién.

¡Viva Cartagena!

Vínculos:

Manifiesto en defensa de la lengua común. De El Mundo.
Luz Casal se borra del Manifiesto “por la manipulación”
. De e-Noticies.

          Nota: Pocos días después de haber publicado el presente escrito me doy de bruces con que el Gobierno de Cataluña —reparen; no un señor exaltado, no: el Gobierno de Cataluña, por boca de su Consejero de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalidad de Cataluña, señor Tresserras— no tiene mayor empacho en calificar la firma del manifiesto de unos ciudadanos como violencia simbólica. Azuzado desde el poder ejecutivo catalán, Joan Puig, tampoco tiene mayor empacho en tachar de indeseable a Montserrat Caballé —otra firmante del manifiesto y catalana hasta la médula—, e invitarla a irse de Cataluña donde, según, él, no la necesitan. A día de hoy y que sepamos, Montserrat Caballé ni se ha arrepentido de su firma ni ha manifestado que la retira. ¿Comprendes, Casal, la diferencia que media entre Montserrat Caballé y tú? Es la misma que media entre una persona y una gallina; la misma diferencia que media entre una soprano que ha dedicado su vida al cultivo de su voz luchando contra mil adversidades y una cantante que, el acaso del marketing a puesto de moda.  La diferencia entre una persona consecuente y una imbécil que firma lo que no entiende que firma y que, atemorizada por la  violencia simbólica con la que amenaza el poder público, dice digo donde dijo Diego.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 julio, 2008 at 20:00

Publicado en Política

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