Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Un intercambio epistolar a raíz de la ‘falacia naturalista’ de Hume

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El hecho de haber presentado ayer en la bitácora que don Pío Moa tiene en Libertad Digital mi viejo escrito de hace un año titulado Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos ha tenido como consecuencia  un interesante y, para mí, muy instructivo intercambio epistolar con un señor que no está de acuerdo con la tesis que expuse en aquel escrito y que, por lo instructivo de él, voy a reproducir aquí.

Como no tengo el permiso de este señor para revelar su identidad, me abstendré de hacerlo y me limitaré a reproducir, íntegramente, el debate que hemos mantenido.

Me dice en su primer escrito:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Todo lo que tú dices no es más que una enorme falacia, bien conocida y descrita por la filosofía. Recibe, habitualmente, el nombre de “falacia naturalista” y dice más o menos lo siguiente: de la observación de la naturaleza no puede deducirse ningún principio moral (dada tu manifiesta ignorancia al respecto, te recomiendo que leas la Investigación sobre los principios de la moral, de Hume).

Que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena”. También las enfermedades son fenómenos “naturales” y no por ello son “buenos”.

Si, en nuestra vida moral, siguiéramos los mismos principios que la naturaleza, deberíamos aceptar como buenas (puesto que son “naturales”) las enfermedades y la muerte. Las infecciones y los tumores son cosas “naturales”. De hecho, si hay algo que defina al ser humano, diferenciándolo del resto de los animales, es su perpetua lucha contra la ”naturaleza” (y lo pongo entre comillas, porque seguramente tu concepción de la naturaleza es distinta de la mía).

Otra objeción: Confundes reproducción y sexo. A pesar de tu frase (te cito textualmente):

No estoy ignorando que el ser humano sea algo mucho más rico que una mera especie animal más. No estoy diciendo que los aspectos placenteros, afectivos y culturales que envuelven la sexualidad humana dejen de ser algo bueno y valioso en sí mismos.

Parece que inmediatamente olvidas lo que acabas de decir. Los homosexuales pueden reproducirse igual que tú y que yo; son homosexuales simplemente porque, en sus relaciones sexuales, prefieren a las personas de su mismo sexo, lo cual no invalida su capacidad reproductoria. La reproducción consiste en tener hijos, el sexo consiste en pasarlo bien con otra (o otras) personas a base de proporcionarse unos a otros placer físico (deberías probarlo más a menudo. Por lo menos una vez).

Más mentiras: por si lo de la falacia naturalista no te convence, la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuinamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés (Jane Goodall, por ejemplo, describe algunos casos en sus libros).

Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales? ¿Será que la naturaleza no es del PP?

¿Qué coño te importa a ti con quien follan los demás? ¿Por qué os preocupa tanto, a los fachas, éste tema?

Si los primeros pervertidos sois vosotros…

A este primer escrito contesté en los siguientes términos:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo R.

Ante todo, gracias por tu comentario.

Comencemos por lo de la “falacia naturalista.”

Para empezar, quise tratar el asunto, y así lo expresé en el escrito, desde un punto de vista meramente biológico y abstenerme de hacer ningún juicio moral. Sin embargo, me reafirmo en lo que dije: dudo mucho, muchísimo, de que el ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz. Más bien soy de la opinión contraria. Como todo es discutible en este mundo, pudiera estar equivocado pero es eso lo que pienso.

Me abstendré, pues de nada te conozco, de tildarte de “manifiesto ignorante” como tú, sin mayor empacho, me tildas a mí. Permíteme decirte, sin embargo que no te obceques con Hume pues no es el único pensador que ha habido sobre la Moral. El sustento que daba Hume a ésta es la emotividad frente al intelectualismo moral de, por ejemplo, Platón. El que, en nuestros días, el concepto de Hume sea el más aceptado no quiere decir que sea ni el “bueno” ni el acertado.

Tergiversas las cosas cuando dices que

“el que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena.”

Yo no he dicho eso. He dicho que dudo de que el ir contra la naturaleza humana vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Confundes las cosas cuando hablas de las enfermedades como ejemplo de algo que es natural y, al mismo tiempo, no es bueno. Por supuesto que la enfermedad no es “buena” pero no lo es, no desde un punto de vista moral sino desde el punto de vista de la condición humana y del sufrimiento que causa en el ser humano. Nada tienen que ver las enfermedades con la moral. Más bien, se encuadran dentro de esa naturaleza humana que, al final, acaba, sí, con la muerte. O ¿es que también vais a conseguir un ser humano inmortal y libre de enfermedades a base de citar a Hume? Me parece que lo tenéis crudo. ¿No tendrá la felicidad algo que ver con la aceptación de esta condición del  ser humano?

El luchar, pues, contra la enfermedad no es “luchar contra la naturaleza” como dices. Es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto. No es, en definitiva, un intento de cambiar la naturaleza del ser humano sino un intento de mantener en este “valle de lágrimas”, en las mejores condiciones posibles y hasta donde Dios quiera, a un hombre defendiendo lo más precioso que tiene que es su vida y su salud.

No confundas, pues, las cosas.

No confundo yo “reproducción” con “sexo”. Reléeme, por favor. Señalo su íntima relación y cómo éste aparece, en la evolución de las especies, como mecanismo de la reproducción sexual ¿me equivoco también en esto?

Sigamos: el que te contradices eres tú cuando dices que

“la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuínamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés.”

y te contradices porque empezaste tu comentario rechazando la observación de la Naturaleza como base de ninguna conclusión moral.

Pero, aun así: es verdad, la homosexualidad se da también en los animales, mas ¿quién ha dicho que en los animales no se den, también, desviaciones de los instintos?

Yo, de niño, tenía un hámster hembra que se comía las crías que paría. ¿Esto es instinto maternal o desviación del instinto maternal? ¿Me quieres decir que tan “natural” es que las madres devoren a sus criaturas como que las cuiden y críen? Me dirás que tal perversión de ese instinto maternal podría deberse al hecho de estar enjaulada. Todo lo que tú quieras. Pero, sea cual sea la causa, el hecho es que se las comía y eso sólo puede considerarse desviación del instinto maternal. Y con los peces suele suceder algo semejante aunque no estén “enjaulados.”

En resumen, el que los gorilas tengan, de vez en cuando, prácticas homosexuales nada argumenta en contra de lo que vengo diciendo.

Respecto a tu pregunta

“Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales?”

creo que ya va más que contestada: una cosa son los instintos, otra la finalidad de los instintos y otra las desviaciones de esos instintos que no niego sino, todo lo contrario: lo que vengo diciendo es que la homosexualidad es una desviación del instinto sexual. O no me explico o no me entiendes.

Por último: te repito que a mí no me importa en absoluto con quién f… los demás. Tengo por costumbre no meterme en las intimidades del prójimo.

Más: en el escrito que me comentas dejé manifestado mi respeto hacia todas las personas sea cual sea su tendencia sexual. La finalidad de mi escrito no era desmerecer a nadie, sino rebatir la tesis de que tan “natural” es la homosexualidad como la heterosexualidad y defender mi derecho a expresar esta opinión sin que me tachen de homófobo.

Como ves, paso por alto tus impertinencias e insultos.

A lo que don R. me responde:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Te pido disculpas si mi comentario te ha ofendido (ha sido escrito en un estado de indignación; aunque no soy homosexual, tengo amigos que lo son). Retiro, por lo tanto, todo aquello que de mi mensaje pudiera ser ofensivo. Lo que no retiro son mis argumentos.

Respecto a la falacia naturalista, aunque fue Hume el filósofo que la describió de una forma más detallada, puede decirse que hoy en día es comúnmente aceptada como modelo de falacia incluso por autores que podríamos llamar “racionalistas”. No por que sí; es evidente que “natural” y “bueno” son conceptos que pertenecen a dos órdenes distintos. Mantengo mi ejemplo de las enfermedades. Tú dices que luchar contra la enfermedad es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto.

Pero la enfermedad, desde un punto de vista estrictamente natural, no es una desgracia, incluso podrían hallarse argumentos con los que mantener que la enfermedad es algo útil desde el punto de vista de la naturaleza (porque contribuye al control demográfico de las especies, etc). Para los microbios y las bacterias la enfermedad será algo bueno. En fin, que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, opuestas (muchas veces solemos decir que el mundo es “cruel” o que la vida es “cruel” simplemente porque perjudica los intereses humanos).

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

El comportamiento homosexual es perfectamente natural y no supone ninguna violación de los instintos. De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento. Cuando tu hámster se comió a sus crías actuaba por instinto (no por desviación del instinto). No existe ningún instinto que nos obligue a ser heterosexuales (si así fuera, no existirían los homosexuales, y menos en un número tan elevado como de hecho se dan).

También dices que no crees que ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Esta afirmación es sorprendente: pregúntale a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo. Indudablemente, cualquier homosexual (y cualquier persona sensata) te dirá que es más feliz cuando satisface sus deseos que cuando los reprime (de hecho, existen cientos de patologías asociadas a los impulsos reprimidos, a la frustración y a la insatisfacción).

Pero vuelvo a preguntar: ¿qué más te da? ¿Por qué juzgar el comportamiento sexual de otra persona, cuando éste se produce entre gente adulta que decide libremente participar? (obviamente, és condenable el caso de una violación, o de un abuso sexual, pero eso es igual en el caso de los homosexuales y en el de los heteros).

Reitero también que confundes sexualidad y reproducción. Hoy en día son dos cosas que no tienen nada que ver (hemos llegado a un nivel evolutivo en el que podemos reproducirnos sin necesidad de sexo y podemos follar sin necesidad de reproducirnos; desde mi punto de vista eso es un gran paso, desde el tuyo seguramente será un atraso).

Vuelvo a repetir; te pido disculpas si mi mensaje te ha ofendido (tampoco era para tanto) pero repito que te basas en falacias y dogmatismos. Ni desde un punto de vista filosófico ni desde un punto de vista científico son sostenibles tus afirmaciones, y una postura como la tuya contribuye, además, a perpetuar la marginación y el sufrimiento de un amplio colectivo humano. Te invito a que reconsideres tu postura y a que reflexiones sobre cual es la verdadera perversión.

A lo que, a mi vez, contesto a don R.:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo:

está claro que discrepamos y que no nos vamos a convencer, no obstante, quiero hacerte algunas observaciones a lo que me planteas.

No pretendía yo meterme en honduras tan filosóficas como las que has traído a colación. La intención de mi escrito era mucho más simple: mostrar mi convencimiento de que forzar la naturaleza del ser humano no va a hacer que consigamos un ser humano más feliz sino al revés. Quizá, como he dicho otras veces, esté yo equivocado, pero tengo este  convencimiento.

El sexo, en términos biológicos es lo que digo y su razón de ser es esa. El que, en el ser humano tenga, además, implicaciones placenteras o afectivas, que no niego, no implica que su base biológica sea el acercamiento de un individuo masculino hacia otro femenino con miras a la reproducción.

No puedo prescindir, sin embargo, de las implicaciones morales que tiene mi aserto y que tú me recuerdas. En mi escrito prescindí de entrar en ello y referirme estrictamente a lo biológico pero tu órdago me obliga a hacerlo ahora.

Efectivamente, filosofías subjetivistas como la de Hume son las más comúnmente aceptadas en nuestros días, pero eso no quiere decir que sean las verdaderas, ni la más verdaderas, ni las únicas; antes bien y a mi modo de ver, son la base del mundo equivocado que estamos creando.

Permite que te cite a dos filósofos, uno moderno y otro clásico que disienten de Hume:

Para don José Ramón Ayllón:

«En la historia de la filosofía, el primero en soltar las amarras de la ética con la realidad y divorciar esa unión de veinte siglos fue Hume.

»Una de las tesis esenciales de su empirismo ético es la imposibilidad de pasar del plano del «ser» al del «deber ser». Se trata de un postulado filosófico conocido como ley de Hume, porque fue él quien, en su Tratado sobre la naturaleza humana, insinuó que no era legítimo pasar del «es» indicativo al «debe» imperativo. Al entender la realidad como mero conjunto de hechos, Hume niega por exclusión los valores, pues no son hechos empíricos: «La distinción entre vicio y virtud», dirá, «no está basada meramente en relaciones de objetos, ni es percibida por la razón».

»La «ley de Hume» tiene una parte de verdad. Entre los hechos empíricos y los valores hay una distancia evidente. Pero esta verdad se distorsiona cuando no se admite otro conocimiento que el de los juicios empíricos, del estilo «el agua hierve al alcanzar los cien grados». Del hecho de que «este reloj es impreciso y se estropea con frecuencia», se sigue la valoración verdadera «es un mal reloj». El reloj es una realidad funcional, es decir, designa un objeto que tiene una función propia. Si el hombre tiene una función propia, que no hace indiferentes todos sus actos, entonces existe un fundamento para valorar su conducta.

»El puente entre el «ser» y el «deber ser» no es como se ha sugerido una falacia naturalista. Para un médico, no es una falacia pasar del «está enfermo» al «debo curarle». Para ningún conductor es una falacia pasar del «pongo gasolina» al «debo pagarla».

»En sentido literal, la ética empirista da un doble salto mortal. Primero prescinde de la realidad como fuente de eticidad, y el deber marcha a la deriva de la autonomía absoluta. Suprimida la realidad, el segundo salto consiste en reducir lo ético a lo emocional. Toda valoración moral va a consistir no en un juicio sino en un impacto emocional. Así lo explica Hume en su Tratado de la Naturaleza Humana.

«Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación», escribe Hume. Por eso su ética se denomina emotivista y utilitarista: es bueno lo que nos produce sensación de agrado y es útil para todos; es malo lo contrario. El nuevo criterio de conducta es el sentimiento, y la universalidad de la ética queda salvada si declaramos que los sentimientos son tan universales como la razón. El problema lo plantean los sentimientos mayoritarios equivocados. A Hume le diríamos que un mayoritario sentimiento de odio hacia los negros no convierte a los negros en malas personas, y que una mayoritaria simpatía hacia los nazis no los convierte en buenos. En realidad, sólo podemos reconocer sentimientos no fiables cuando disponemos de un criterio fiable. Sólo podemos condenar con justicia al racista y al neonazi desde un criterio independiente del sentimiento.»

Hasta aquí, Ayllón.

Pasemos ahora a ver qué opina Platón:

«Cabe entender la filosofía platónica como uno de los más importantes y radicales intentos de superar el relativismo. El relativismo al que se va a enfrentar Platón (como antes su maestro Sócrates) es el de los sofistas, y fue precisamente uno de estos filósofos, Protágoras, quien expresó gráficamente la esencia del relativismo con la frase “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son”.

»Desde el punto de vista ético y político Platón creyó que sólo la existencia de valores morales absolutos puede permitir la vida buena y la acción política justa, y precisamente el Mundo de las Ideas quiere ser ese marco de referencia absoluto “que es necesario tener en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público”, como nos dice al final de la exposición del mito de la caverna en “República”.

»Desde el punto de vista lógico: Si el relativismo estuviese en lo cierto no tendría sentido la enseñanza y todos estarían ya en la verdad o el conocimiento si así les parece: Con cierta ironía, Platón nos dice que si cuando a uno algo le parece verdadero, ese juicio ya es verdadero (tal y como afirma el relativismo), no se ve qué privilegio tiene el propio Protágoras “para creerse con derecho para enseñar a los demás y para poner sus lecciones a tan alto precio. Y nosotros, si fuéramos a su escuela ¿no seríamos unos necios, puesto que cada uno tiene en sí mismo la medida de su sabiduría? […] ¿no es una insigne extravagancia querer examinar y refutar mutuamente nuestras ideas y opiniones, mientras que todas ellas son verdaderas para cada uno, si la verdad es como la define Protágoras?”

»Si el relativismo fuese cierto también sería cierta la tesis contraria, luego el relativismo es falso: Dice Platón por boca de Sócrates: “… he aquí lo más gracioso. Protágoras, reconociendo que lo que parece a cada uno es verdadero, concede que la opinión de los que contradicen la suya, y a causa de la que creen ellos que él se engaña, es verdadera […] Luego conviene en que su opinión es falsa, puesto que reconoce y tiene por verdadera la opinión de los que creen que él está en el error […] Los otros, a su vez, no convienen ni confiesan que se engañan […]Está pues obligado a tener también esta misma opinión por verdadera, conforme a su sistema […] Así, puesto que es combatida por todo el mundo la verdad de Protágoras, no es verdadera para nadie, ni para él mismo…”; concluye Teodoro, seguidor de Protágoras: “Sócrates, tratamos muy mal a mi amigo”.

»Fijémonos en las siguientes proposiciones:

»a) “el relativismo es verdadero”

»b) “el relativismo es falso”

»a) y b) son proposiciones contradictorias; la primera le parece verdadera a Protágoras y a todos los relativistas; la segunda a Platón y a todos los que defienden el punto de vista objetivista. El objetivismo considera que no pueden ser ambas verdaderas, que la primera es falsa y la segunda verdadera. El relativismo, sin embargo, tiene que admitir que ambas son verdaderas puesto que la primera les parece verdadera a los relativistas y la segunda a los objetivistas (recordemos que para el relativismo una opinión es verdadera si así se lo parece a alguien). En definitiva, el argumento que presenta aquí Platón le llevaría a Protágoras a defender que su teoría es verdadera (pues así lo considera él mismo) y falsa (puesto que así lo consideran otras personas).»

Perdona la muchedumbre de citas pero me he sentido obligado a traerlas a colación para que veas que no todo es Hume y que frente a su “falacia naturalista” se puede enfrentar la “falacia de que es verdad lo que mi razón me dice que es verdad” o “que es bueno lo que mi sentimiento me dice que es bueno.

Como te decía, intenté huir de estas alturas filosóficas y definir, meramente, lo que es el sexo desde el punto de vista biológico. Y si es así, como es, no podemos aceptar en plano de igualdad el comportamiento heterosexual y el homosexual. Podremos, y debemos, tener toda la comprensión y toda la simpatía que tú quieras hacia los homosexuales, pero no podemos aceptar, en lo conceptual, que tan “naturales” sean una cosa como la otra ni que intenten hacernos comulgar con ruedas de molino.

Me dices que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, hasta opuestas. De acuerdo en lo primero: naturaleza y moral son dos cosas distintas. En absoluto desacuerdo con lo segundo: el ser humano es una globalidad y yerra el que piense que su naturaleza pueda ir por un lado y su moral por otro.

Estoy absolutamente de acuerdo con tu opinión sobre el papel que ocupa la enfermedad en la evolución de las especies pero no en la conclusión que sacas de ella. Efectivamente, para los microbios la enfermedad infecciosa que causan es buena. Aludes con tu símil a la lucha por la supervivencia darwiniana que, como el sexo, es otro mecanismo de tal evolución. Ahora bien: lo normal, lo natural, en esta lucha, por ejemplo, es que el león quiera cazar a la gacela para comérsela y que la gacela no quiera que se la coma el león y se escape. Nada hay contra la naturaleza en ninguno de esos dos comportamientos sino, justamente, al revés. Es pues, absolutamente normal, natural y bueno que luchemos contra la enfermedad y ello no va en contra de la naturaleza del ser humano sino, como te digo, justamente al revés.

Cuando dices:

De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento.

creo que te equivocas y que ahí está la raíz de tu error con respecto al asunto de la homosexualidad. Existen los instintos y las desviaciones, aberraciones, perversiones, llámalo como quieras, de tales instintos. Y, por favor, cuando digo desviación, aberración o perversión, no veas en estas palabras la carga peyorativa vulgar que tienen sino su significado directo y primero.

Voy acabando. Me pides que “pregunte a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo.” No lo sé. El asunto éste de la “felicidad” es muy complicado y, por otro lado, como te dije en mi escrito anterior, yo no me meto en la intimidad de las personas y que cada uno haga con su vida lo que mejor le acomode. Sí te diré dos cosas: 1. Goce y felicidad son dos cosas distintas. 2. Hay muchos homosexuales que comulgan tan poco como yo con las tesis de la mafia rosa.

Y, para acabar, me dices:

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

No te admito la tesis. Si discrepar y exponer una opinión que no gusta a algunos homosexuales (no a todos) es ofender resulta que me voy a tener que estar callado ¿no? Como es lógico, yo no me voy a hacer responsable de las palabras del señor Moa ni el señor Moa necesita que yo me explique por él. No obstante, con respecto a la palabra tara que utiliza te vuelvo a decir lo mismo que te acabo de decir respecto de las otras tres. La carga peyorativa se la pones tú. Relée a Moa: habla de tara para hablar de la homosexualidad militante, la que quiere imponernos a los demás su concepción sobre este asunto. El adjetivo tarado es de tu cosecha. No pongas en boca de los demás lo que no han dicho.

Un saludo.

Vínculos:

Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos. De Conceptos esparcidos.
Homosexualidad militante. De la bitácora de Pío Moa en Libertad Digital.
«Ética emotivista», David Hume. José Ramón Ayllón.
Filosofía griega. Platón. Crítica al relativismo. Torre de Babel Ediciones; portal de filosofía, psicología y Humanidades en Internet.

El presente escrito fue citado en el blog de Pío Moa: De taras y homosexualismo.

Addenda 

Casi dos años después de escritas las anteriores líneas, he tenido la satisfacción de e encontrar  esta conferencia del profesor Gustavo Bueno, catedrático de filosofía, en la que trata acerca de la falacia naturalista, en esta ocasión, en relación con la discusión en torno al aborto:

Gustavo Bueno. De Wikipedia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 junio, 2008 a 10:35

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