Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for junio 2008

Un intercambio epistolar a raíz de la ‘falacia naturalista’ de Hume

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El hecho de haber presentado ayer en la bitácora que don Pío Moa tiene en Libertad Digital mi viejo escrito de hace un año titulado Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos ha tenido como consecuencia  un interesante y, para mí, muy instructivo intercambio epistolar con un señor que no está de acuerdo con la tesis que expuse en aquel escrito y que, por lo instructivo de él, voy a reproducir aquí.

Como no tengo el permiso de este señor para revelar su identidad, me abstendré de hacerlo y me limitaré a reproducir, íntegramente, el debate que hemos mantenido.

Me dice en su primer escrito:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Todo lo que tú dices no es más que una enorme falacia, bien conocida y descrita por la filosofía. Recibe, habitualmente, el nombre de “falacia naturalista” y dice más o menos lo siguiente: de la observación de la naturaleza no puede deducirse ningún principio moral (dada tu manifiesta ignorancia al respecto, te recomiendo que leas la Investigación sobre los principios de la moral, de Hume).

Que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena”. También las enfermedades son fenómenos “naturales” y no por ello son “buenos”.

Si, en nuestra vida moral, siguiéramos los mismos principios que la naturaleza, deberíamos aceptar como buenas (puesto que son “naturales”) las enfermedades y la muerte. Las infecciones y los tumores son cosas “naturales”. De hecho, si hay algo que defina al ser humano, diferenciándolo del resto de los animales, es su perpetua lucha contra la ”naturaleza” (y lo pongo entre comillas, porque seguramente tu concepción de la naturaleza es distinta de la mía).

Otra objeción: Confundes reproducción y sexo. A pesar de tu frase (te cito textualmente):

No estoy ignorando que el ser humano sea algo mucho más rico que una mera especie animal más. No estoy diciendo que los aspectos placenteros, afectivos y culturales que envuelven la sexualidad humana dejen de ser algo bueno y valioso en sí mismos.

Parece que inmediatamente olvidas lo que acabas de decir. Los homosexuales pueden reproducirse igual que tú y que yo; son homosexuales simplemente porque, en sus relaciones sexuales, prefieren a las personas de su mismo sexo, lo cual no invalida su capacidad reproductoria. La reproducción consiste en tener hijos, el sexo consiste en pasarlo bien con otra (o otras) personas a base de proporcionarse unos a otros placer físico (deberías probarlo más a menudo. Por lo menos una vez).

Más mentiras: por si lo de la falacia naturalista no te convence, la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuinamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés (Jane Goodall, por ejemplo, describe algunos casos en sus libros).

Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales? ¿Será que la naturaleza no es del PP?

¿Qué coño te importa a ti con quien follan los demás? ¿Por qué os preocupa tanto, a los fachas, éste tema?

Si los primeros pervertidos sois vosotros…

A este primer escrito contesté en los siguientes términos:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo R.

Ante todo, gracias por tu comentario.

Comencemos por lo de la “falacia naturalista.”

Para empezar, quise tratar el asunto, y así lo expresé en el escrito, desde un punto de vista meramente biológico y abstenerme de hacer ningún juicio moral. Sin embargo, me reafirmo en lo que dije: dudo mucho, muchísimo, de que el ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz. Más bien soy de la opinión contraria. Como todo es discutible en este mundo, pudiera estar equivocado pero es eso lo que pienso.

Me abstendré, pues de nada te conozco, de tildarte de “manifiesto ignorante” como tú, sin mayor empacho, me tildas a mí. Permíteme decirte, sin embargo que no te obceques con Hume pues no es el único pensador que ha habido sobre la Moral. El sustento que daba Hume a ésta es la emotividad frente al intelectualismo moral de, por ejemplo, Platón. El que, en nuestros días, el concepto de Hume sea el más aceptado no quiere decir que sea ni el “bueno” ni el acertado.

Tergiversas las cosas cuando dices que

“el que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena.”

Yo no he dicho eso. He dicho que dudo de que el ir contra la naturaleza humana vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Confundes las cosas cuando hablas de las enfermedades como ejemplo de algo que es natural y, al mismo tiempo, no es bueno. Por supuesto que la enfermedad no es “buena” pero no lo es, no desde un punto de vista moral sino desde el punto de vista de la condición humana y del sufrimiento que causa en el ser humano. Nada tienen que ver las enfermedades con la moral. Más bien, se encuadran dentro de esa naturaleza humana que, al final, acaba, sí, con la muerte. O ¿es que también vais a conseguir un ser humano inmortal y libre de enfermedades a base de citar a Hume? Me parece que lo tenéis crudo. ¿No tendrá la felicidad algo que ver con la aceptación de esta condición del  ser humano?

El luchar, pues, contra la enfermedad no es “luchar contra la naturaleza” como dices. Es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto. No es, en definitiva, un intento de cambiar la naturaleza del ser humano sino un intento de mantener en este “valle de lágrimas”, en las mejores condiciones posibles y hasta donde Dios quiera, a un hombre defendiendo lo más precioso que tiene que es su vida y su salud.

No confundas, pues, las cosas.

No confundo yo “reproducción” con “sexo”. Reléeme, por favor. Señalo su íntima relación y cómo éste aparece, en la evolución de las especies, como mecanismo de la reproducción sexual ¿me equivoco también en esto?

Sigamos: el que te contradices eres tú cuando dices que

“la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuínamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés.”

y te contradices porque empezaste tu comentario rechazando la observación de la Naturaleza como base de ninguna conclusión moral.

Pero, aun así: es verdad, la homosexualidad se da también en los animales, mas ¿quién ha dicho que en los animales no se den, también, desviaciones de los instintos?

Yo, de niño, tenía un hámster hembra que se comía las crías que paría. ¿Esto es instinto maternal o desviación del instinto maternal? ¿Me quieres decir que tan “natural” es que las madres devoren a sus criaturas como que las cuiden y críen? Me dirás que tal perversión de ese instinto maternal podría deberse al hecho de estar enjaulada. Todo lo que tú quieras. Pero, sea cual sea la causa, el hecho es que se las comía y eso sólo puede considerarse desviación del instinto maternal. Y con los peces suele suceder algo semejante aunque no estén “enjaulados.”

En resumen, el que los gorilas tengan, de vez en cuando, prácticas homosexuales nada argumenta en contra de lo que vengo diciendo.

Respecto a tu pregunta

“Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales?”

creo que ya va más que contestada: una cosa son los instintos, otra la finalidad de los instintos y otra las desviaciones de esos instintos que no niego sino, todo lo contrario: lo que vengo diciendo es que la homosexualidad es una desviación del instinto sexual. O no me explico o no me entiendes.

Por último: te repito que a mí no me importa en absoluto con quién f… los demás. Tengo por costumbre no meterme en las intimidades del prójimo.

Más: en el escrito que me comentas dejé manifestado mi respeto hacia todas las personas sea cual sea su tendencia sexual. La finalidad de mi escrito no era desmerecer a nadie, sino rebatir la tesis de que tan “natural” es la homosexualidad como la heterosexualidad y defender mi derecho a expresar esta opinión sin que me tachen de homófobo.

Como ves, paso por alto tus impertinencias e insultos.

A lo que don R. me responde:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Te pido disculpas si mi comentario te ha ofendido (ha sido escrito en un estado de indignación; aunque no soy homosexual, tengo amigos que lo son). Retiro, por lo tanto, todo aquello que de mi mensaje pudiera ser ofensivo. Lo que no retiro son mis argumentos.

Respecto a la falacia naturalista, aunque fue Hume el filósofo que la describió de una forma más detallada, puede decirse que hoy en día es comúnmente aceptada como modelo de falacia incluso por autores que podríamos llamar “racionalistas”. No por que sí; es evidente que “natural” y “bueno” son conceptos que pertenecen a dos órdenes distintos. Mantengo mi ejemplo de las enfermedades. Tú dices que luchar contra la enfermedad es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto.

Pero la enfermedad, desde un punto de vista estrictamente natural, no es una desgracia, incluso podrían hallarse argumentos con los que mantener que la enfermedad es algo útil desde el punto de vista de la naturaleza (porque contribuye al control demográfico de las especies, etc). Para los microbios y las bacterias la enfermedad será algo bueno. En fin, que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, opuestas (muchas veces solemos decir que el mundo es “cruel” o que la vida es “cruel” simplemente porque perjudica los intereses humanos).

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

El comportamiento homosexual es perfectamente natural y no supone ninguna violación de los instintos. De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento. Cuando tu hámster se comió a sus crías actuaba por instinto (no por desviación del instinto). No existe ningún instinto que nos obligue a ser heterosexuales (si así fuera, no existirían los homosexuales, y menos en un número tan elevado como de hecho se dan).

También dices que no crees que ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Esta afirmación es sorprendente: pregúntale a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo. Indudablemente, cualquier homosexual (y cualquier persona sensata) te dirá que es más feliz cuando satisface sus deseos que cuando los reprime (de hecho, existen cientos de patologías asociadas a los impulsos reprimidos, a la frustración y a la insatisfacción).

Pero vuelvo a preguntar: ¿qué más te da? ¿Por qué juzgar el comportamiento sexual de otra persona, cuando éste se produce entre gente adulta que decide libremente participar? (obviamente, és condenable el caso de una violación, o de un abuso sexual, pero eso es igual en el caso de los homosexuales y en el de los heteros).

Reitero también que confundes sexualidad y reproducción. Hoy en día son dos cosas que no tienen nada que ver (hemos llegado a un nivel evolutivo en el que podemos reproducirnos sin necesidad de sexo y podemos follar sin necesidad de reproducirnos; desde mi punto de vista eso es un gran paso, desde el tuyo seguramente será un atraso).

Vuelvo a repetir; te pido disculpas si mi mensaje te ha ofendido (tampoco era para tanto) pero repito que te basas en falacias y dogmatismos. Ni desde un punto de vista filosófico ni desde un punto de vista científico son sostenibles tus afirmaciones, y una postura como la tuya contribuye, además, a perpetuar la marginación y el sufrimiento de un amplio colectivo humano. Te invito a que reconsideres tu postura y a que reflexiones sobre cual es la verdadera perversión.

A lo que, a mi vez, contesto a don R.:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo:

está claro que discrepamos y que no nos vamos a convencer, no obstante, quiero hacerte algunas observaciones a lo que me planteas.

No pretendía yo meterme en honduras tan filosóficas como las que has traído a colación. La intención de mi escrito era mucho más simple: mostrar mi convencimiento de que forzar la naturaleza del ser humano no va a hacer que consigamos un ser humano más feliz sino al revés. Quizá, como he dicho otras veces, esté yo equivocado, pero tengo este  convencimiento.

El sexo, en términos biológicos es lo que digo y su razón de ser es esa. El que, en el ser humano tenga, además, implicaciones placenteras o afectivas, que no niego, no implica que su base biológica sea el acercamiento de un individuo masculino hacia otro femenino con miras a la reproducción.

No puedo prescindir, sin embargo, de las implicaciones morales que tiene mi aserto y que tú me recuerdas. En mi escrito prescindí de entrar en ello y referirme estrictamente a lo biológico pero tu órdago me obliga a hacerlo ahora.

Efectivamente, filosofías subjetivistas como la de Hume son las más comúnmente aceptadas en nuestros días, pero eso no quiere decir que sean las verdaderas, ni la más verdaderas, ni las únicas; antes bien y a mi modo de ver, son la base del mundo equivocado que estamos creando.

Permite que te cite a dos filósofos, uno moderno y otro clásico que disienten de Hume:

Para don José Ramón Ayllón:

«En la historia de la filosofía, el primero en soltar las amarras de la ética con la realidad y divorciar esa unión de veinte siglos fue Hume.

»Una de las tesis esenciales de su empirismo ético es la imposibilidad de pasar del plano del «ser» al del «deber ser». Se trata de un postulado filosófico conocido como ley de Hume, porque fue él quien, en su Tratado sobre la naturaleza humana, insinuó que no era legítimo pasar del «es» indicativo al «debe» imperativo. Al entender la realidad como mero conjunto de hechos, Hume niega por exclusión los valores, pues no son hechos empíricos: «La distinción entre vicio y virtud», dirá, «no está basada meramente en relaciones de objetos, ni es percibida por la razón».

»La «ley de Hume» tiene una parte de verdad. Entre los hechos empíricos y los valores hay una distancia evidente. Pero esta verdad se distorsiona cuando no se admite otro conocimiento que el de los juicios empíricos, del estilo «el agua hierve al alcanzar los cien grados». Del hecho de que «este reloj es impreciso y se estropea con frecuencia», se sigue la valoración verdadera «es un mal reloj». El reloj es una realidad funcional, es decir, designa un objeto que tiene una función propia. Si el hombre tiene una función propia, que no hace indiferentes todos sus actos, entonces existe un fundamento para valorar su conducta.

»El puente entre el «ser» y el «deber ser» no es como se ha sugerido una falacia naturalista. Para un médico, no es una falacia pasar del «está enfermo» al «debo curarle». Para ningún conductor es una falacia pasar del «pongo gasolina» al «debo pagarla».

»En sentido literal, la ética empirista da un doble salto mortal. Primero prescinde de la realidad como fuente de eticidad, y el deber marcha a la deriva de la autonomía absoluta. Suprimida la realidad, el segundo salto consiste en reducir lo ético a lo emocional. Toda valoración moral va a consistir no en un juicio sino en un impacto emocional. Así lo explica Hume en su Tratado de la Naturaleza Humana.

«Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación», escribe Hume. Por eso su ética se denomina emotivista y utilitarista: es bueno lo que nos produce sensación de agrado y es útil para todos; es malo lo contrario. El nuevo criterio de conducta es el sentimiento, y la universalidad de la ética queda salvada si declaramos que los sentimientos son tan universales como la razón. El problema lo plantean los sentimientos mayoritarios equivocados. A Hume le diríamos que un mayoritario sentimiento de odio hacia los negros no convierte a los negros en malas personas, y que una mayoritaria simpatía hacia los nazis no los convierte en buenos. En realidad, sólo podemos reconocer sentimientos no fiables cuando disponemos de un criterio fiable. Sólo podemos condenar con justicia al racista y al neonazi desde un criterio independiente del sentimiento.»

Hasta aquí, Ayllón.

Pasemos ahora a ver qué opina Platón:

«Cabe entender la filosofía platónica como uno de los más importantes y radicales intentos de superar el relativismo. El relativismo al que se va a enfrentar Platón (como antes su maestro Sócrates) es el de los sofistas, y fue precisamente uno de estos filósofos, Protágoras, quien expresó gráficamente la esencia del relativismo con la frase “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son”.

»Desde el punto de vista ético y político Platón creyó que sólo la existencia de valores morales absolutos puede permitir la vida buena y la acción política justa, y precisamente el Mundo de las Ideas quiere ser ese marco de referencia absoluto “que es necesario tener en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público”, como nos dice al final de la exposición del mito de la caverna en “República”.

»Desde el punto de vista lógico: Si el relativismo estuviese en lo cierto no tendría sentido la enseñanza y todos estarían ya en la verdad o el conocimiento si así les parece: Con cierta ironía, Platón nos dice que si cuando a uno algo le parece verdadero, ese juicio ya es verdadero (tal y como afirma el relativismo), no se ve qué privilegio tiene el propio Protágoras “para creerse con derecho para enseñar a los demás y para poner sus lecciones a tan alto precio. Y nosotros, si fuéramos a su escuela ¿no seríamos unos necios, puesto que cada uno tiene en sí mismo la medida de su sabiduría? […] ¿no es una insigne extravagancia querer examinar y refutar mutuamente nuestras ideas y opiniones, mientras que todas ellas son verdaderas para cada uno, si la verdad es como la define Protágoras?”

»Si el relativismo fuese cierto también sería cierta la tesis contraria, luego el relativismo es falso: Dice Platón por boca de Sócrates: “… he aquí lo más gracioso. Protágoras, reconociendo que lo que parece a cada uno es verdadero, concede que la opinión de los que contradicen la suya, y a causa de la que creen ellos que él se engaña, es verdadera […] Luego conviene en que su opinión es falsa, puesto que reconoce y tiene por verdadera la opinión de los que creen que él está en el error […] Los otros, a su vez, no convienen ni confiesan que se engañan […]Está pues obligado a tener también esta misma opinión por verdadera, conforme a su sistema […] Así, puesto que es combatida por todo el mundo la verdad de Protágoras, no es verdadera para nadie, ni para él mismo…”; concluye Teodoro, seguidor de Protágoras: “Sócrates, tratamos muy mal a mi amigo”.

»Fijémonos en las siguientes proposiciones:

»a) “el relativismo es verdadero”

»b) “el relativismo es falso”

»a) y b) son proposiciones contradictorias; la primera le parece verdadera a Protágoras y a todos los relativistas; la segunda a Platón y a todos los que defienden el punto de vista objetivista. El objetivismo considera que no pueden ser ambas verdaderas, que la primera es falsa y la segunda verdadera. El relativismo, sin embargo, tiene que admitir que ambas son verdaderas puesto que la primera les parece verdadera a los relativistas y la segunda a los objetivistas (recordemos que para el relativismo una opinión es verdadera si así se lo parece a alguien). En definitiva, el argumento que presenta aquí Platón le llevaría a Protágoras a defender que su teoría es verdadera (pues así lo considera él mismo) y falsa (puesto que así lo consideran otras personas).»

Perdona la muchedumbre de citas pero me he sentido obligado a traerlas a colación para que veas que no todo es Hume y que frente a su “falacia naturalista” se puede enfrentar la “falacia de que es verdad lo que mi razón me dice que es verdad” o “que es bueno lo que mi sentimiento me dice que es bueno.

Como te decía, intenté huir de estas alturas filosóficas y definir, meramente, lo que es el sexo desde el punto de vista biológico. Y si es así, como es, no podemos aceptar en plano de igualdad el comportamiento heterosexual y el homosexual. Podremos, y debemos, tener toda la comprensión y toda la simpatía que tú quieras hacia los homosexuales, pero no podemos aceptar, en lo conceptual, que tan “naturales” sean una cosa como la otra ni que intenten hacernos comulgar con ruedas de molino.

Me dices que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, hasta opuestas. De acuerdo en lo primero: naturaleza y moral son dos cosas distintas. En absoluto desacuerdo con lo segundo: el ser humano es una globalidad y yerra el que piense que su naturaleza pueda ir por un lado y su moral por otro.

Estoy absolutamente de acuerdo con tu opinión sobre el papel que ocupa la enfermedad en la evolución de las especies pero no en la conclusión que sacas de ella. Efectivamente, para los microbios la enfermedad infecciosa que causan es buena. Aludes con tu símil a la lucha por la supervivencia darwiniana que, como el sexo, es otro mecanismo de tal evolución. Ahora bien: lo normal, lo natural, en esta lucha, por ejemplo, es que el león quiera cazar a la gacela para comérsela y que la gacela no quiera que se la coma el león y se escape. Nada hay contra la naturaleza en ninguno de esos dos comportamientos sino, justamente, al revés. Es pues, absolutamente normal, natural y bueno que luchemos contra la enfermedad y ello no va en contra de la naturaleza del ser humano sino, como te digo, justamente al revés.

Cuando dices:

De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento.

creo que te equivocas y que ahí está la raíz de tu error con respecto al asunto de la homosexualidad. Existen los instintos y las desviaciones, aberraciones, perversiones, llámalo como quieras, de tales instintos. Y, por favor, cuando digo desviación, aberración o perversión, no veas en estas palabras la carga peyorativa vulgar que tienen sino su significado directo y primero.

Voy acabando. Me pides que “pregunte a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo.” No lo sé. El asunto éste de la “felicidad” es muy complicado y, por otro lado, como te dije en mi escrito anterior, yo no me meto en la intimidad de las personas y que cada uno haga con su vida lo que mejor le acomode. Sí te diré dos cosas: 1. Goce y felicidad son dos cosas distintas. 2. Hay muchos homosexuales que comulgan tan poco como yo con las tesis de la mafia rosa.

Y, para acabar, me dices:

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

No te admito la tesis. Si discrepar y exponer una opinión que no gusta a algunos homosexuales (no a todos) es ofender resulta que me voy a tener que estar callado ¿no? Como es lógico, yo no me voy a hacer responsable de las palabras del señor Moa ni el señor Moa necesita que yo me explique por él. No obstante, con respecto a la palabra tara que utiliza te vuelvo a decir lo mismo que te acabo de decir respecto de las otras tres. La carga peyorativa se la pones tú. Relée a Moa: habla de tara para hablar de la homosexualidad militante, la que quiere imponernos a los demás su concepción sobre este asunto. El adjetivo tarado es de tu cosecha. No pongas en boca de los demás lo que no han dicho.

Un saludo.

Vínculos:

Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos. De Conceptos esparcidos.
Homosexualidad militante. De la bitácora de Pío Moa en Libertad Digital.
«Ética emotivista», David Hume. José Ramón Ayllón.
Filosofía griega. Platón. Crítica al relativismo. Torre de Babel Ediciones; portal de filosofía, psicología y Humanidades en Internet.

El presente escrito fue citado en el blog de Pío Moa: De taras y homosexualismo.

Addenda 

Casi dos años después de escritas las anteriores líneas, he tenido la satisfacción de e encontrar  esta conferencia del profesor Gustavo Bueno, catedrático de filosofía, en la que trata acerca de la falacia naturalista, en esta ocasión, en relación con la discusión en torno al aborto:

Gustavo Bueno. De Wikipedia.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 junio, 2008 at 10:35

zapateronovayas.com

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zapateronovayas.com

 

Una anécdota de ayer mismo nos vuelve a ilustrar sobre la personalidad del presidente del gobierno, señor Rodríguez Zapatero, su concepto de la crítica y, sobre todo, acerca de cómo Zapatero no es sino imagen, imagen y nada más que imagen.

Resulta que alguien creó una página web en la que se venía a suplicar al señor presidente que se abstuviera de acudir al partido final de la Eurocopa entre España y Alemania.

Se basaba tal petición en la fama de gafe que tiene el señor presidente y, de paso, se proponía una encuesta entre los lectores para conocer el deseo de éstos acerca de dicha asistencia, votación que van, vamos, ganando los que deseamos que el señor presidente se quede en su casa y hasta, si es posible, que ni mire el partido por la tele.

Cualquiera puede ver el tono jocoso de la historia y, como se ve, no hay nada de particular en esta página ni, creo, que injurioso.

Digo creo porque la página original HA SIDO CENSURADA, y no se puede acceder a su contenido primitivo, pero no parece que en ella hubiera nada más que utilización de la ironía y del sentido del humor para hacer crítica política.

No sabemos de dónde ha salido la mano negra que ha CENSURADO tal página. Estoy convencido de que no ha sido la del propio presidente. Pero, alguna mano negra ha salido de algún agujero socialista para cargarse esta crítica y, en parte, lo ha conseguido.

No voy a comentar aquí sobre el hecho en sí de la CENSURA, ya en sí indignante, inaceptable y demostrativo de en manos de quién estamos.

Lo que quiero comentar es que cosa tan vana como tildar de gafe al señor presidente y mostrar una encuesta —todos sabemos el valor que tienen estas encuestas interneteriles— en la que el noventa y tantos por ciento se mostraba partidario de que el señor presidente se quedara en su casa haya sido CENSURADA.

Lo más significativo, lo que nos ilustra acerca de la personalidad e idiosincrasia del señor presidente, no es, a mi parecer, la CENSURA, sino lo absurdo de lo CENSURADO. Que a los socialistas, hijos del marxismo, les gusta la censura no es nada nuevo. Lo significativo es la chuminada que han ido a censurar.

Zapatero (aunque ya digo que no creo que haya sido él el responsable de la fechoría, me referiré a él en adelante como tal a modo de sineqdoque, viva imagen y resumen perfecto de lo que es el socialismo y porque, en fin, siendo él el jefe es responsable último de las fechorías de sus sicarios) ni puede impedir la crítica razonada ni, ahí esta el quid de la cuestión, la crítica razonada le importa demasiado.

Y no le importa demasiado porque conoce y domina la clase de ciudadanía a la que se dirige y que le vota.

Podrán las plumas más lucidas demostrar que lo blanco es blanco con mil argumentos en tanto que el señor presidente, por todas las cadenas de televisión, nos convence de que es negro: como a esta ciudadanía, en el fondo, le importa un bledo que lo blanco sea blanco o sea negro, los primeros podrán desgañitarse hasta donde aguanten, el señor presidente continuará sonriendo, enarcando las cejas y convencido de que, si él dice que es negro es porque es negro y convencido, además, de que gobierna un país libre.

Pero ¡ah! si algo queda en nuestra patria que conmueva a la mayor parte de nuestros conciudadanos son, por un lado, el fútbol y, por otro, —aunque parezca mentira— el asunto este de la gafancia.

Los amigos de zapateronovayas.com han tenido el acierto de comprender esta índole de nuestro pueblo y de exponerla de manera graciosa e irónica y, con ello, han ido a dar donde más le duele al socialismo: en la imagen y en la pérdida de control de esta ciudadanía despreocupada por lo político: ya de por sí, el que circule el chascarrillo de que el señor presidente es gafe es grave para estos pensadores de la izquierda pero es que, si, encima, el señor presidente va a Viena y España pierde la final, la cosa podría ser catastrófica para gente que vive de la imagen, no es nada sino imagen y sólo por ella se ocupan y se preocupan.

Resumiendo: piensa, como venimos intuyendo desde hace mucho, que gobierna para deficientes mentales y en este caso concreto parece haber tenido que CENSURAR una página web para poder seguir haciéndolo con comodidad.

En fin, a los amigos de zapateronovayas.com les han CENSURADO. Parece ser que han salvado lo salvable en un blog: zapateronovayas.blogspot.com en el que aún se puede seguir votando acerca de tan grave asunto —no sabemos por cuanto tiempo— y en el que estos compañeros hacen la siguiente protesta:

 

¿ZP nos censura?

Tras la noticia publicada en la versión digital del diario El Mundo, sobre la existencia de nuestra web zapateronovayas.com, hemos sufrido un boicot informático que ha provocado la desaparición de la página.

Desde ZapateroNoVayas.com, queremos reiterar lo siguiente:

1º) ZapateroNoVayas.com en ningún momento ha proferido insulto alguno contra el presidente del Gobierno ni contra persona alguna. Nunca hemos faltado al respeto a ningún miembro del Gobierno de España ni lo vamos a hacer, por lo que no entendemos la censura sin previo aviso de esta iniciativa.

2º) Nuestra web nació como una sátira a nuestro presidente del Gobierno, como una manera irónica de calificar, no descalificar, a uno de nuestros políticos más representativos.

3º) A Zapatero se le llena la boca de diálogo, y este es un buen momento para demostrarlo. Exigimos al Sr. Zapatero que dialogue con nosotros —creemos que nos merecemos al menos lo mismo que una banda terrorista, un diálogo sin exclusiones— y nos diga por qué ha mandado cerrar nuestra web.

4º) Desde ZapateroNoVayas.com queremos dejar bien claro nuestro ánimo de continuar adelante con esta iniciativa. Ni ZP ni nadie va a impedir que ejerzamos nuestro derecho a la libertad de expresión consagrado en nuestra Carta Magna, que también es la suya.

Estamos trabajando para volver a sacar de la censura a nuestra web.

El equipo de ZapateroNoVayas.com.

Gracias a todos por la multitud de emails de apoyo que estamos recibiendo.

Con todo esto parece que se hace más que necesaria una explicación desde la Presidencia del Gobierno.

Vínculos:

zapateronovayas.com. No se molesten, que no está.
zapateronovayas.blogspot.com. No se molesten, que tampoco está.
Algunos comentarios que se salvaron. En Scribid.
Comunicado de la web zapateronovayas.com. Blog de Jesús Salamanca.
zapateronovayas.com. Libertad Digital.
Los métodos dictatoriales del Sr. Rodríguez ante la página zapateronovayas.com. Página Generalísimo Francisco Franco.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

28 junio, 2008 at 9:27

Publicado en Política

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El día ‘después’

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Muerte de Viriato. José Madrazo. Museo de El Prado. Imagen tomada de la página Iniciativa por Almansa.

 

Quizá ande yo equivocado, deslumbrado por la visita que hice ayer a la clausura del reciente congreso del Partido Popular y vaya mi razón confundida por la parafernalia y el entusiasmo que envuelven a estos actos, pero el caso es que no acabo de aceptar ni el rechazo rotundo a la nueva ejecutiva del partido ni, más en particular y, a veces con gran saña, a su presidente don Mariano Rajoy.

Entiendo los miedos y los recelos que el cambio producido susciten en muchos −en mí el primero− pero no acabo de tener el convencimiento de que el Partido Popular haya sido, al fin abducido y, a partir de ahora, vaya a pasar a ser la ficha que nuestros enemigos, que no son otros que los socialistas de Zapatero, los nacionalistas de izquierda y −esto sí es verdad− Alberto Ruiz Gallardón −enemigo infiltrado−, quieren que sea para que nuestro sistema político, transformado en Granja orwelliana, siga teniendo apariencia de democracia.

Y, como no estoy convencido de ello, quizá deslumbrado, como digo, por la escenificación del congreso pero, también, habiendo leído con atención los discursos de los señores Acebes, Aznar, Rajoy, escuchado el de don Miguel Sanz −presidente de Navarra−, leída la entrada del blog de Federico Jiménez Losantos titulada El partido de Aznar se extingue y visto con mis propios ojos a don José María Aznar −descuidada su imagen quizá para diferenciarse de otros que sólo tienen imagen, circunflexión de cejas y, tal vez, para afirmar, con este descuido calculado en lo anecdótico su firmeza en lo categórico− aplaudir a los nuevos tiempos y a las nuevas estrategias, repito que no acabo de estar convencido de afirmaciones tales como la de don Federico cuando dice que el partido de Aznar se extingue.

Sigo, pues, pensando, mientras la realidad no me demuestre lo contrario, que el Partido Popular es la única agarradera que nos queda frente a la embestida socialista y nacionalista antiespañola aunque seres como Gallardón aún militen en sus filas.

***

Aunque este mundo de los blogs tiene como esencia el protagonismo de quien los redacta, yo bien quiero huir de él lo más que puedo cuando en el mío trato de los asuntos públicos.

No obstante esto, quiero recordar aquí que, cuando di comienzo a éste, ya va para dos años y medio, en aquella primera entrada, Fidem qui perdit perdere ultra nihil potest, mis intenciones respecto a él, aunque imprecisas, distaban muy mucho de aquello en lo que ha acabado convirtiéndose: una lucha continua contra la abominación que se nos ha caído encima en la persona de Zapatero.

Como dice el lema de mi compañero en la bitácora de Rebelión Digital, don Jordi Tauler:

Si no te ocupas de la política, la política se acabará ocupando de ti.

Bien hubiera querido yo dedicarme a asuntos más satisfactorios para el espíritu y menos envenenados como es la política zapateril pero el tiempo que me ha tocado vivir es éste y no creo que precise, ahora, demostrar que, aunque el menor de ellos, he formado parte de los que más y con más fuerza han combatido con la razón la sinrazón de Zapatero. Como diría don Mariano, yo sigo siendo el mismo y mis enemigos siguen siendo los mismos: Zapatero, Blanco, Llamazares, últimamente Gallardón, y demás avifauna.

El asunto, ahora, es: ¿cómo podemos combatirlos con eficacia y, al mismo tiempo, seguir siendo los mismos? Voiçi la question. 

***

 Es verdad que puede parecer que hemos entregado en bandeja de plata a nuestros enemigos dos de las cabezas más odiadas por ellos −me refiero a las de los señores Zapalana y Acebes− y que don Mariano ha elegido para este combate una ejecutiva de perfil más simpáticoCospedal estaba que se salía de guapísima− y, aunque no puedo dejar de recordar las palabras de José Antonio Primo de Rivera:

En ningún sitio está escrito que la simpatía −amabilidad creo que dijo más precisamente− sea la principal de las virtudes.

sin serlo, sin embargo, puede servir, en esta coyuntura, y dejando aparte −que ya comprendo que es mucho dejar aparte− la injusticia que entraña este cambio hacia personas como Zaplana, Acebes, San Gil o Aguirre, para seguir luchando, si no con mejores armas sí con armas más adecuadas para esta coyuntura que digo y para estos tiempos en los que nos ha tocado vivir.

Los que andamos más que preocupados por los siguientes movimientos de don Mariano intentamos calibrar el justo medio entre este asunto de la simpatía y la renuncia de nuestros principios.

Si la simpatía ha de implicar esa renuncia, seré el primero en lanzarme al monte de lo antipático. Si significa, por contra, una mejor estrategia para combatir al enemigo, explorémosla, no adelantemos acontecimientos y demos tiempo al tiempo.

***

Es verdad que, en esta nueva estrategia han caído cabezas muy altas y muy dignas como la del señor Zaplana, a quien me  referí el treinta de abril en Don Eduardo Zaplana, o la de Acebes, a quien también mencioné en  aquella misma entrada cuando entreví la injusticia que se estaba cometiendo con ellos.

Pero así son las cosas, por estos derroteros camina el mundo, la vida entraña estas injusticias y las nuevas generaciones, criadas en el entontecimiento prefieren lo amable a lo firme. Criadas en el entontecimiento, digo, pero no tontas, pues la naturaleza humana, aun no cultivada, es demasiado grande y demasiado fuerte como para que pueda cambiarla la gentecilla del Tinell (podrá confundirla pero no la va a cambiar) descubran quizá en esta nueva época lo que no alcanzaron a ver en el sacrificio ni en el linchamiento de personas como Zaplana o Acebes.

No nos apresuremos ahora nosotros a linchar ahora a personas como Rajoy, de quien, con todas mis reservas, dije hace poco:

Quiero que todos recordemos que don Mariano fue el hombre que, durante la anterior legislatura Zapatero, afrontó con valentía, con dignidad y con sacrificio que sólo él sabría calibrar cabalmente, mil ataques a cual más villano. Cualesquiera que sean los errores que haya podido cometer después o los que siga cometiendo, no podemos olvidar esto.

Palabras en las que quiero reafirmarme ahora cuando aún resuenan en mis oídos las de don Miguel Sanz, enigmáticas pero elocuentes, cuando en su discurso nos dijo que

algún día se sabrá lo que Mariano Rajoy ha tenido que callar y ha tenido que tragar para no perjudicar al partido.

o cosa semejante, pues no puedo hacer cita literal de las palabras del señor Sanz debido a que su discurso no ha quedado registrado en los anales y los analistas parecen haberle considerado mero telonero.

***

Carlos V de Alemania y I de España, tras luchar con todas sus fuerzas contra la herejía luterana como tan bien relata don Marcelino Menéndez Pidal en su opúsculo La idea imperial de Carlos V, supo retirarse al Monasterio de Yuste y tras ese retiro nacieron la Contrarreforma y el Barroco y, con el Barroco, figuras como Cervantes, Quevedo y Góngora, aparte de otras menores. Bien es verdad que Carlos I renunció al poder para dejarlo en manos de un señor, don  Felipe II, de apariencia bastante más antipática que la de María Dolores de Cospedal o la de Soraya Sáez de Santamaría, pero, como digo, el mundo de nuestros días camina por otros derroteros.

***

Por lo demás, la generación del Partido de Aznar, aparte de dejarnos como herencia un ejemplo de nobleza, de lealtad y de buenhacer, tanto en los años que gobernó como en los que anduvo y anda por la oposición, ha culminado su tiempo con dos discursos soberbios como son los que pronunciaron el pasado sábado en el congreso los señores Acebes y Aznar.

Tanto esa herencia como estas palabras gravitarán sobre el nuevo Partido Popular, a él le corresponde ahora no traicionarlas y a los que, con mayor o menor fortuna nos hemos visto obligados a soltar nuestro cuarto a espadas en estos asuntos de la res publica desde hace ya mucho tiempo, velar por que tal herencia no se degrade y, en fin, seguir diciendo lo mismo que venimos diciendo.

En cualquier caso, este partido remozado no puede olvidar que ni Roma paga a traidores, que es dicho muy viejo que dijo no sé qué centurión, ni Pepiño Blanco ni Llamazares ni toda esa ralea se van a conmover si, olvidando esta herencia, caen en la tentación de llevarles en bandeja la cabeza de Viriato. La única fuerza que tienen es la que heredan.

Esperemos, pues, a juzgar a este nuevo Partido Popular por sus próximos movimientos más que por sus plausibles éxitos electorales y no nos preocupemos en demasía por los elogios que de su cambio hacen nuestros enemigos: ellos desconocen tanto como nosotros qué acabará resultando de todo esto y, quizá, el tiro les salga por la culata.

¡Dios lo quiera!

Valencia, 23 de junio del 2008.

 

Discurso de Aznar. Libertad Digital.

Discurso de Acebes. Libertad Digital.

Discurso de Rajoy. Libertad Digital.

Discurso de Rajoy en la clausura del Congreso. Libertad Digital.

El partido de Aznar se extingue. Bitácora de Federico Jiménez Losantos en Libertad Digital el 14 de junio del 2008.

Fidem qui perdit perdere ultra nihil potest. De mi blog.

¿Doña María o don Mariano?. De mi blog.

Don Eduardo Zaplana. De mi blog.

 

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

24 junio, 2008 at 19:43

Publicado en Política

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Decimosexto congreso del PP

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Decimosexto congreso del PP

 
Discurso de Ángel Acebes
 
Discurso de José María Aznar

Discurso de Mariano Rajoy

    Valencia, 20, 21 y 22 de junio del 2008

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

22 junio, 2008 at 7:31

Publicado en Política

Pepiño Blanco sienta ‘doztrina’ acerca del insulto

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A don José Blanco, secretario de Organización del PSOE, a raíz de la reciente condena en juicio de primera instancia contra don Federico Jiménez Losantos por insultar al alcalde de Madrid, le ha faltado tiempo para sacar tajada de dicha condena y, dentro de sus capacidades, ha conseguido reflexionar sobre el tema del insulto e hilvanar algún pensamiento relativo al mismo y, haciendo como que se escandaliza, ha manifestado que “es el colmo cuando sólo se utiliza el insulto para zaherir.”

Como es tema del que me vengo ocupando y preocupando desde hace tiempo, particularmente en mis escritos En el día de hoy, de 29 de mayo pasado y en el que titulé En defensa de una señora el 9 de noviembre, me han llamado la atención las palabras de este hombre y he querido prestarles alguna reflexión.

Más extensamente, don José, nos explica:

“Pierde la razón el que, en la pretendida defensa de sus posiciones, emplea el insulto mezclado entre los argumentos para mantener sus tesis.” “O, peor aún, tiene ya perdida la razón el que, de forma recurrente y en ocasiones con ese sólo instrumento, se sirve del insulto para intentar contrarrestar las razones del oponente. Y ya el colmo es cuando sólo se insulta y, además, con la clara intención de zaherir o intentar destrozar la dignidad de una persona o de ella y de su grupo o su familia.”

El número dos del PSOE dice entender que, en ocasiones,

“La vehemencia en la defensa de las propias posiciones haga que se deslice algún comentario hiriente.” En ese caso, el “destinatario siempre se pueden pedir o exigir una rectificación” e incluso, “pasado el arrebato y con la cabeza más fría”, no debe “haber inconveniente en reconocer el error y pedir disculpas.”

Según Blanco,

“Cualquiera puede caer en este error y de sabios es rectificar”. “Lo malo es cuando se sabe que la utilización del insulto no es fruto de un calentón, sino que es una forma consciente y deliberada de intentar destruir civilmente al contrario.”

La verdad es que, en términos abstractos y si no le conociéramos a él y a sus conmilitones, don José tendría toda la razón del mundo y esto son cosas que no deberían ni explicarse, pero como los conocemos y no estamos en el mundo de la abstracción sino en la pocilga maloliente que han ido creando a lo largo de décadas con sus mentiras, con sus tergiversaciones y, precisamente, con su continuo insulto tanto a las personas como a la inteligencia (de ahí, quizá, la excusatio non petita de que cualquiera puede caer en el error que hace Pepiño) me he quedado de piedra leyendo a don José y haciéndome cruces viendo la cara dura que se puede tener para, desde el partido en el que milita, sus adyacentes, aliados y amigos políticos, que nos vienen llamando, sistemáticamente, desde hace treinta años fascistas, fachas, casposos, retrógrados, ultramontanos y, más recientemente, −la continua y nada justificada utilización de tales epítetos hace que cada vez vayan teniendo menos carga semántica y precisen crear otros nuevos más “fuertes”−, más recientemente digo, xenófobos, genocidas, Brunete mediática, yihad hispánica, follacabras y, −esto es contribución del numen de Anido−, pajilleros, reprimidos, puteros, siniestros, etc, etc, sin olvidar a Rubianes cuando tuvo el desahogo de c… en la p… España entre las risotadas del presentador del programa y del populacho asistente a él en una televisión pública española, ni a Gallardón cuando, acto seguido, quiso contratar al tal Rubianes con dinero público para que actuara en Madrid, ni, en fin a Bibiana Aído cuando llamó, hace poco, loco a Berlusconi, para mantener doña Bibiana sabrá qué tesis, me he quedado, como digo, de piedra, cuando este tío nos viene a aleccionar sobre la inconveniencia de utilizar el insulto.

No se acaba de entender qué tesis intenta defender la izquierda cuando nos llama, por ejemplo fascistas o genocidas, ni la izquierda se toma mayor molestia en explicárnoslo. ¿Pretende decir, en serio, que postulamos un régimen fascista para España? ¿que deseamos algún genocidio?

No: sencillamente están intentando, con esos adjetivos, hacer que nos callemos. Como decía antes, tanto y tan injustificadamente abusan y malutilizan las palabras −los insultos−, que éstas van perdiendo su carga peyorativa y necesitan crear otras para soltarla, cada vez, más gorda.

Así sucedía con la palabra fascista, insulto que, durante muchos años les sirvió para cometer mil tropelías sin que pudiéramos responder a ellas con la contundencia debida simplemente por el miedo cerval que nos daba −y aún sigue dando a muchos− a que nos colgaran ese sambenito.

¿Es o no es insulto el llamarnos fascistas, señor Blanco? ¿Lo emplean ustedes para mantener una tesis o, lisa y llanamente, para callarnos la boca? ¿o para zaherir? ¿O para intentar destrozar la dignidad de nuestras personas?

¿Para qué lo vienen ustedes utilizando sistemáticamente desde hace décadas, Blanco? ¿Me lo quiere usted explicar?

Y como este ejemplo, mil, señor Blanco.

Ya quisiera yo que el debate político en nuestra Patria discurriera por otros cauces más civilizados, más educados y, sobre todo, más llenos de contenido y de pensamiento, pero a ustedes poco o nada se les puede sacar fuera de lo de Aznar asesino y demás brillantes razonamientos. Recientemente, a raíz de los insultos hacia el señor Berlusconi, no por dos personas cualquiera, sino por dos ministras socialistas españolas, el ministro de Asuntos Exteriores, don Franco Frattini no pudo por menos que calificar tales insultos de dichas ministras de manifestaciones imprudentes, extemporáneas y, además, muy desagradables. Y esto dicho en términos diplomáticos. Los italianos han tenido, en este caso concreto, la oportunidad de conocer lo muy desagradables que pueden ustedes llegar a ser, don José. Los españoles que no somos de su cuerda lo conocemos y lo sufrimos, como le digo, desdehace muchos años.

Durante toda la Transición, el escrúpulo de la derecha hacia esta desvergüenza de ustedes fue exquisito y llevábamos con resignación esta actitud suya en aras de la convivencia. Personas tan serias y criadas en principios tan distintos a los suyos de usted como fueron los señores Suárez, Calvo-Sotelo o Aznar, por mencionar unos pocos, no se rebajaron a utilizar el lenguaje barriobajero de ustedes y, así, ustedes, mediante la grosería, el insulto y el mal gusto, se crecían, parecía que sostenían alguna tesis, parecía que hablaban con alguna seriedad (puesto que no se les contestaba) y los demás, gracias a ese discurso suyo, lo único que parecíamos era meros fachas y lo único que nos parecía estársenos permitido era reírles a ustedes sus gracias. ¿Me va siguiendo usted?

Pues bien, fachas seríamos todo lo que usted quiera e imbéciles −ahí sí que lleva usted toda la razón−, más todavía, pues tuvimos que llegar al extremo de ver algaradas callejeras en las que se hacía alarde de violencia física contra sedes del PP y tuvimos que escuchar mil veces repetida la consigna de Aznar asesino para darnos cuenta de que con ustedes ni hay tesis que defender ni hay diálogo posible sino, más bien, recurrir a la necesidad de taparnos las narices y rebajarnos al nivel en el que ustedes dialogan. Si, haciéndolo así, hemos conseguido, al menos, que hasta usted se caiga del guindo y le hayamos inducido esas reflexiones suyas tan bien traídas, en lo abstracto, sobre el asunto del insulto, ¡bendito sea Dios!

Adoptamos, pues, tras aquellos hechos −aunque con mucha más clase y de manera bastante más racional− la táctica de ustedes que ahora, a usted, le parece tan insultante.

Como dijo Pío Moa hace poco:

La libertad de insulto, digo, ha sido constante por parte de la izquierda y los separatistas, y yo, desde luego, puedo dar amplio testimonio, pues la he sufrido y sufro todos los días. Pero de vez en cuando los insultones reciben una ración de su propia medicina, y eso ya no les gusta un pelo. Aunque lo que les subleva no es eso, pues saben que en tal competición siempre saldrán ganando, dada su amplia experiencia y falta de escrúpulos. Lo que realmente les pone fuera de sí es que se diga la verdad sobre ellos.

Yo mismo había dicho mucho antes, en mi escrito En defensa de una señora:

En su tradición, la izquierda siempre ha sido así: siempre se ha movido en el ámbito de la consigna y de la demonización del enemigo político, importándole muy poco ni la verdad ni la razón que substenten tales consignas ni tales demonizaciones. Basta con que conmuevan los instintos de la masa y la masa, siempre proclive a ello, las crea.

[…]

Las necedades, los exabruptos y hasta las mentiras, en el fondo, forman, lamentablemente, parte del juego democrático en su caza del voto y hasta, si se quiere, de la reflexión intelectual a modo de floritura. Pueden ser hasta aceptables como anécdota y condimento. Lo venenoso es que, en el diálogo con esta izquierda española que padecemos, no escuchemos de ella más que necedades, exabruptos, mentiras e insultos. Y nada más. Si, después de verles soltar tales coces, creemos que lo hacen a manera de desahogo y esperamos que, tras ellas, venga la reflexión que las justifica, podemos esperar sentados porque tal reflexión no va a venir. La izquierda da coces sin más.

Sus intelectuales nos llaman golpistas y no nos explican ni cómo, ni dónde ni quiénes estamos intentando dar un golpe de Estado a la Constitución del 78 que es el orden constitucional hoy vigente y contra el que, dicen, estaríamos conspirando. Y nos lo llaman con el mismo desparpajo con el que han venido llamándonos fascistas desde aquella reconciliación.

Y, como durante tantos años hemos tenido la prudencia de no responderles como merecen, ahora se extrañan de que empecemos a hacerlo.

Y como, tras esas consignas y esos insultos, estos intelectuales de izquierda no tienen absolutamente ninguna reflexión intelectual que les de sustento, cuando les respondemos, empiezan a descomponerse y a perder los papeles.

[…]

Y, efectivamente, cada vez están más crispados. Cada vez están más descompuestos. Cada vez son menos capaces de disimular ni el odio que llevan dentro, ni la bilis que les sube hasta la garganta, ni la estupefacción que debe causarles la contradicción que entraña el que ellos, adalides de la libertad, anden en la cruzada de callar voces disonantes y que, ante las afirmaciones de estas voces, ellos, carentes de argumentación, tengan que ceñirse al insulto o al exabrupto y no puedan ir más allá de ellos.

Me recuerdan, en mucho más vil y miserable, los tiempos de la infancia en los que, cuando un niño hacía una perrería a otro y éste se quedaba, bien sin contestación, bien sin fuerza para soltarle un guantazo al otro, salía con la retahíla aquella de “cochino, marrano, sucio, asqueroso…” que le servía de desahogo. Bien es verdad que esto era más propio de las niñas que de los varones pero no es menester que entremos en ello.

Pero, hasta los niños, antes de recurrir a este último extremo, buscábamos, en nuestras mentes infantiles alguna razón que mostrara al universo mundo la injusticia de la que habíamos sido objeto, la sinrazón de nuestro adversario y, en fin, una salida del trance más airosa que la susodicha retahíla.

Estos indeseables de la progresía intelectual, no. Quizá, al principio, atónitos, desde su convicción de superioridad moral e intelectual, de que se les contestara, alguno intentara hacer melindre de reflexión intelectual.

Ahora ya ni siquiera eso. Ahora están instalados en el “cochino, marrano, sucio, asqueroso…” y detrás no hay nada. Nada.

Por eso es imposible el diálogo con la izquierda española.

Y, en mi más reciente escrito, En el día de hoy, dejé dicho:

El asunto este del insulto por parte los socialistas es grotesco y parecería hasta gracioso si no anduviera resultando tan siniestro y peligroso.

Lo he dicho mil veces: desde los tiempos en los que el señor Guerra llamaba al señor Suárez tahúr del Mississipi con tanta gracia hasta que comenzó la legislatura Zapatero, el socialismo y la izquierda en general se han dirigido a nosotros, colectiva y personalmente, en los términos más insultantes. Desde fascistas a genocidas pasando por fachas, casposos, cavernícolas, cutres, pajilleros, reprimidos, puteros, siniestros, etc., etc., nos han dicho de todo durante treinta años y nos lo van a seguir diciendo.

¿Qué es lo que sucede? Sucede que, hasta que llegó Zapatero al poder teníamos la prudencia de no prestar oídos a estas necedades y no contestarles en sus mismos términos. De entonces a acá les hemos ido perdiendo el miedo y les estamos empezando a contestar en parecidos términos −aunque con bastante mayor clase y de manera bastante más razonada− y de ahí que, estupefactos, hayan ido a caer en la cuenta de qué cosa es el insulto y cuando lo ven dirigido a ellos no les resulte tan gracioso.

No se entienda por lo que acabo de decir ni que yo defienda el insulto como arma dialéctica ni que esté admitiendo que el señor Losantos haya insultado a Gallardón en este caso concreto.

Soy el primero en deplorar el tono del debate político que existe en nuestra patria pero, como digo, el que la izquierda utilice el argumento del insulto para intentar cerrar una cadena de radio y callar una voz que les molesta, cuando ella lleva más de treinta años empleándolo y mientras en España se queman retratos de los reyes en Ayuntamientos dirigidos por ellos, se publican caricaturas groseras y obscenas de los Príncipes de Asturias o existen seres como Rubianes, a quien reciben con alfombra en la televisión pública catalana, o seres como Anido, que dirigen la SER, sin que a nadie se nos ocurra pedir ni que cierren la televisión catalana ni que cierren la SER, resulta, además de indignante, espeluznante si, al fin, acaban teniendo éxito en su tergiversación y con tal argumento nos hacen, efectivamente, callar a todos.

Compréndase, pues, mi estupefacción al leer a Pepiño farfullando ideas que ya muchos habíamos expresado desde hace mucho tiempo y que, a todas luces, parecen copiadas de nuestras reflexiones.

Ante la lectura de las palabras de Pepiño me viene a la memoria la misma estupefacción que sentí, hace años, cuando leí las palabras que el Presidente de la Generalitat, a la sazón don Pasqual Maragall, pronunció ante el Parlamento catalán reflexionando sobre los argumentos ad hominem, y vi, estupefacto, que eran exactamente las mismas mías que yo había dejado dichas en e-noticies justamente el día anterior pero diciendo derecha donde yo había dicho izquierda. Lamento no poder traer aquí la cita concreta porque e-noticies anda de mudanza y no se puede acceder a su hemeroteca y, además, ni me acuerdo de si la anécdota sucedió en el 2005 o en el 2006 y no pienso repasar todos los comentarios que hice en ella por aquellas fechas

Será vanidad mía y que Dios me la perdone, pero, aunque no lo fuera y dejando aparte los compresibles excesos del protagonismo humano y sean las cosas como digo o no lo sean, lo que es indudable es la tergiversación que el señor Blanco hace de esto en su reflexión sobre el insulto.

Tergiversación que no es sino aplicación del punto tercero de los Once Principios de la Propaganda que enunció don Joseph Göbbles, el llamado Principio de la transposición que dice, en palabras de Göbbles:

3. Principio de la transposición. “Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”

Y, quizá, también, aplicación del punto quinto, el Principio de la vulgarización, que dice:

5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adoptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad reflexiva de las masas es limitada y su comprensión escasa y, además, tienen gran facilidad para olvidar.”

¿Me sigue usted, señor Blanco o me explico más?

Vínculos:

Blanco olvida al poliomielítico: “es el colmo cuando sólo se insulta para zaherir.” Libertad Digital.
El día de hoy. De Conceptos Esparcidos.
En defensa de una señora. De Conceptos Esparcidos.
¿Falta De Juana Chaos? El derecho a insultar. Del blog de Pío Moa en Libertad Digital.
Los Once principios de la propaganda de Joseph Göbbles. MPC Digital.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

18 junio, 2008 at 12:15

Publicado en Política

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Doña Bibiana

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Si, recién estrenada la segunda legislatura socialista, nos pareció a muchos que la imagen paradigmática de tal estreno fue la de Carmen Chacón embarazada y pasando, al mismo tiempo, revista a unas tropas militares, tenemos hoy, algo adelantada ya esta legislatura, que rectificar y manifestar que el verdadero paradigma de ella es doña Bibiana Aído, ministra de la Igualdad en este gabinete.

Con doña Bibiana no sucede el caso típico del gestor que, recién llegado a un cargo más o menos inútil, se siente en la necesidad de trastocarlo todo para que parezca que hace algo y justificar así su puesto.

No. Con doña Bibiana las cosas son mucho más siniestras.

No me enteré de la existencia de doña Bibiana cuando Zapatero creo el Ministerio de Igualdad y la eligió a ella para dirigirlo. El nombre de tal ministerio, que, ya de por sí, pone los pelos de punta, hizo que centrase más mi atención en el ministerio propiamente dicho que en su titular, mujer absolutamente desconocida hasta entonces y sin mayor mérito, que sepamos, para ocupar una cartera ministerial que el mero hecho de ser mujer, cosa, por otra parte, absolutamente normal en un gobierno zapatero.

La primera vez que reparé en doña Bibiana fue poco después, a raíz del revuelo que se armó por una serie de artículos que los señores Burgos, Anson, Losantos, Ramírez y Ussía y la señora Schlichting tuvieron la osadía y el atrevimiento de escribir criticando la llamada cuota femenina, es decir la obligación de que el cincuenta por ciento de los puestos de cualquier empresa, pública o privada sea ocupado por mujeres, y, concretamente, la aplicación de tal cuota a la composición de aquel gobierno.

Comentando el asunto en mi escrito El embrutecimiento del varón, título que me permití robarle a don Pío Moa, y reflexionando sobre la desaforada reacción de Anido, director de la SER, en un vergonzoso artículo que la propia cadena SER intentó retirar de la mirada del público y en el que Anido llamaba “pajilleros,” “reprimidos,” “puteros,” “siniestros” y “cobardes” a aquellos escritores por permitirse emitir sus opiniones respecto a la cuota femenina, fue cuando reparé por primera vez en la persona de doña Bibiana y en la primera frase que de ella leí. Dijo entonces doña Bibiana a propósito de aquella escandalera:

“Criticar a las ministras de Zapatero fomenta los malos tratos.”

Tal fue el primer profundo pensamiento que leí de esta mujer y lo de profundo no lo digo de coña pues me parece que, por lo siniestro que conlleva, tiene mucha más profundidad de la que a primera vista pueda parecer por su mero enunciado.

Efectivamente, decía yo entonces que si “criticar a las ministras de Zapatero fomenta asunto tan grave como son los malos tratos, el corolario a tal aserto debería ser que hay que hacer callar, de alguna forma, tales críticas y a tales críticos.”

Tenebroso ¿no? ¿Era algo de eso lo que nos quería decir doña Bibiana? ¿Era un preaviso a navegantes?

Así fue como empecé a enterarme de la existencia de doña Bibiana y a hacerme alguna idea de quién es esta señora, cuál es su concepción del mundo y cuál su idea de la libertad de expresión. Concepción e idea que no deben extrañarnos, a estas alturas en una miembra de un gobierno socialista, pues hemos tenido toda la legislatura anterior para darnos cuenta de que la concepción del mundo y la idea sobre la libertad de expresión del socialismo zapateril es, precisamente, ésta.

Doña Bibiana, sin embargo, tiene la virtud de saber mostrarnos con claridad meridiana y de evidenciar con una plasticidad digna de agradecimiento lo siniestro, en toda su magnitud, de este mundo orwelliano por el que nos quieren encaminar. En este sentido vendría a ser una especie de Isabel Teruel pero, ya digo, en mucho más siniestro y preocupante. Isabel Teruel, al fin y al cabo, por lo único que estaba entusiasmada era por la Expo de Zaragoza y por su Consejera y lo que nos puso en evidencia fue cómo los ciudadanos, incluidos los parlamentarios, incluida ella, cada vez vamos abandonando más las preocupaciones políticas en manos de los pocos que manejan el cotarro (en el caso de doña Isabel, su Consejera: “ella sabrá, que para eso es la Consejera” dijo con candidez conmovedora Isabel Teruel desde su portavocía parlamentaria.)

Isabel Teruel nos evidenció, con su entusiasmo y con su misma persona, la primera fase de la construcción de esa Granja orwelliana que está edificando el PSOE: la imposición del silencio de los corderos.

Doña Bibiana, menos cándida y entrañable que doña Isabel pero bastante más siniestra e iluminada, nos ilustra con su iluminismo a las mil maravillas acerca del segundo movimiento que sigue a esa primera fase: la transformación de la naturaleza humana para hacerla a imagen y semejanza de las aberraciones intelectuales de la secta en la que milita.

***

Tras apuntar tales maneras en los inicios de su ministeriato y, dejando aparte su prudentísima intervención en el conflicto diplomático provocado por su colega,  señora De la Vega, que tuvimos con Italia hace unas semanas, intervención en la  que doña Bibiana manifestó a la comunidad de las naciones que lo que Berlusconi necesitaba era “ir al psiquiatra” y asunto sobre el que ya hablé en mi escrito Pues, señor, yo desde aquí… la siguiente noticia que hemos tenemos de esta ministra han sido sus recientes palabras y sus recientes iniciativas.

La señora ministra de la Igualdad, una vez sentadas las bases que justifican y defienden su existencia mediante el principio de que “criticar a las ministras de Zapatero fomenta los malos tratos” y una vez insultado a Berlusconi, parece que se ha visto en la obligación de comenzar a llenar de contenido su ministerio y hete aquí que en los últimos días se nos ha despendolado.

Comenzó doña Bibiana su embestida con la creación del neologismo miembra para  formar el femenino de miembro y hasta apuntó la conveniencia de incluirlo en el diccionario. Digo neologismo por decir algo, pues a estas payasadas estamos ya más que acostumbrados desde hace décadas. Creo que fue la señora de González, doña Carmen Romero, la que precedió en este asunto a doña Bibiana cuando dijo aquello de ‘jóvenes’ y ‘jóvenas’ pero, en cualquier caso, el mal está extendidísimo y doña Bibiana ni siquiera ha sido original en esto. Lo que sucede es que doña Bibiana, como dije antes, tiene el defecto de la estridencia, la falta del sentido común y la virtud de mostrarnos palmariamente, mediante estos defectos suyos, lo que es el socialismo y lo que es la progresía: cuando ya a casi nadie nos llaman la atención estos excesos sintácticos y hasta ortográficos, cuando campa por doquiera la arroba en palabras tales como el dichoso tod@s, se le ocurre a doña Bibiana enriquecer, aún más, el idioma con palabro tan feo, disonante y susceptible de chiste como el de miembra.

Tan feo y disonante, digo, que aún entontecidos como estamos desde mucho tiempo atrás ante estas anécdotas lingüísticas, hemos podido ser capaces de reparar en su fealdad, disonancia y ridiculez y hasta la misma doña Bibiana, tras postular, como digo, su inclusión en el diccionario, ha echado marcha atrás y lo ha admitido como error suyo achacable a su mucho viajar, a su reciente estancia en El Salvador y a que allí −dice ella− tal vocablo se usa mucho. Sea.

Sea así pero, coincido con don Gregorio Salvador, vicedirector de la Real Academia hasta hace poco, en creer que la ministra no se equivocó sino que utilizó el término de manera del todo consciente e intencionada y aunque antes he llamado anécdota a este incidente, no es tal. Ya Orwell nos mostró cómo el mayor arma del socialismo es cambiar el nombre de las cosas:

«La Nueva Lengua era el idioma oficial de Oceanía y había sido ideada para hacer frente a las necesidades ideológicas del Ingsoc, o Socialismo Inglés. Hacia el año 1984, todavía no había nadie que la utilizara como medio único de comunicación, hablada ni escrita. Los artículos importantes del Times estaban escritos en ella, pero esto era una hazaña que sólo podía ser llevada a cabo por especialistas. Se esperaba que la Nueva Lengua reemplazaría a la Vieja Lengua (lo que podríamos llamar el inglés estándar) hacia el año 2050. Mientras tanto, iba ganando terreno de manera ininterrumpida, conforme todos los miembros del Partido tendían a utilizar, cada vez más, las palabras y las construcciones gramaticales de la Nueva Lengua en su hablar cotidiano. La versión utilizada en 1984, plasmada en las ediciones novena y décima del Diccionario de la Nueva Lengua, era sólo provisional y contenía muchas palabras superfluas y formas arcaicas que, más tarde, deberían ser suprimidas. La versión que nos concierne aquí es la final, la perfecta, la que se contiene en la oncena edición del Diccionario.»

«El propósito de la Nueva Lengua no era únicamente el proveer de un medio apropiado para que los adeptos al IngSoc expresaran su visión del mundo y sus hábitos mentales. Su propósito era, también, hacer imposible cualquier otra forma de pensamiento. Se pretendía que, una vez que la Nueva Lengua hubiera sido adoptada y olvidada la Antigua, un pensamiento herético, -esto es, un pensamiento discrepante de los principios del IngSoc- no pudiera ser, literalmente, ni siquiera pensable, al menos en la medida en la que los pensamientos dependen de las palabras. Su vocabulario estaba construido para dar una expresión exacta y, a menudo, extremadamente sutil, a cualquier significado que quisieran expresar los miembros del Partido, al tiempo que se excluían todos los demás significados, así como la posibilidad de alcanzarlos de manera indirecta. Esto se hizo, en parte, mediante la invención de palabras nuevas pero, fundamentalmente, mediante la eliminación de palabras indeseables y quitando a tales palabras sus significados heterodoxos, e, incluso, en la medida de lo posible, cualquiera de sus demás significados. Por dar un ejemplo: la palabra ‘libre’ existía aún en la Nueva Lengua, pero sólo podía ser utilizada en declaraciones tales como ‘este perro está libre de piojos’ o ‘este campo está libre de malas hierbas’. Pero no podía ser utilizada en su antiguo sentido de ‘políticamente libre’ o ‘intelectualmente libre’ dado que ni la libertad política ni la libertad intelectual existían ni siquiera como conceptos y eran, por consiguiente, innombrables. Dejando aparte del todo esta supresión definitiva de las palabras heréticas, la reducción del vocabulario fue vista como un fin en sí misma, de manera que a ninguna palabra que pudiera ser prescindible, se le permitió que sobreviviese. La Nueva Lengua fue diseñada, no para ampliar el ámbito del pensamiento, sino para empequeñecerlo…»

Orwell, 1984.

Traducción del original por Carlos Muñoz-Caravaca®

Sin ser, pues, anécdota, tampoco es como digo novedoso −es sólo, además de muy significativo, estridente− y, por ende, vamos a dejarlo aquí, démonos por satisfechos con la explicación de doña Bibiana y pasemos al siguiente punto.

El siguiente punto que se le ha ocurrido a la señora ministra de la Igualdad es la creación de un número de teléfono mediante el cual los varones podamos encauzar nuestra agresividad y, así, paliar el grave asunto del maltrato a las mujeres.

Esto es: si un cafre siente en sí la necesidad de dar una paliza a su mujer −a su pareja, que se dice ahora (término que, sin ser impropio, estaba antes más enfocado hacia la Biología y hacía más referencia al emperejamiento de los animales que al de las personas)− doña Bibiana espera que se abstenga de hacerlo y, en su lugar, llame al dichoso número de teléfono para no se sabe muy bien qué.

No obstante lo avanzado del camino que llevan los socialistas en la imposición del silencio de los corderos, ya digo que doña Bibiana, sin acabar de darse cuenta de que tal silencio ha de imponérsenos de manera disimulada −aunque sólo sea porque no nos demos demasiada cuenta−, tiene la habilidad de ponerla en evidencia palmaria y el choteo ante la medida de la señora ministra no ha podido ser ni más general ni más sensato y doña Bibiana ha tenido, otra vez, que puntualizar e informarnos de que:

“No estamos hablando de un teléfono para maltratadores; estamos hablando de un teléfono para hombres, que les ayude a resolver sus dudas, porque es cierto que hoy muchos hombres se encuentran perdidos ante el inicio de la ruptura del sistema patriarcal y muchos presentan dudas acerca de cómo asumir su paternidad, la corresponsabilidad, en el cuidado de sus hijos e hijas, en las tareas domésticas, sobre su salud sexual… Son muchas las cuestiones que plantean y entendemos que si estamos trabajando también en la cuestión de los maltratadores, es imprescindible que trabajemos en la prevención.”

Pues mucho peor, doña Bibiana. ¿Es el Estado, es usted, quien nos debe decir, por teléfono, si estamos ante la ruptura de un sistema patriarcal y el nacimiento de otro matriarcal o zerotriocal? ¿Nos dice usted, en serio, que para resolver las dudas que nos puedan caber en lo de la corresponsabilidad en las tareas domésticas… tengamos que llamarla a usted por teléfono? ¿Ha oído usted hablar del totalitarismo? ¿Se da usted cuenta de que, aunque hombres −y, por ende, presuntos maltratadores mientras no demostremos lo contrario en su concepción de usted− no somos imbéciles?

Otra vez vuelve usted a ser sumamente gráfica, espontánea, socialista y progresista. Es verdad: en vez de ser la sociedad civil la que dicte si hemos de preferir un sistema patriarcal ante otro matriarcal, zerotriocal, o Dios sabe qué, ha de ser el nefasto, siniestro y ominoso Ministerio de la Igualdad que usted dirige el que nos diga −por teléfono− lo que debemos preferir.

Hasta aquí el mareo de la perdiz. Vayamos ahora al meollo del asunto que doña Bibiana ha definido tan bien:

“Estamos convencidos que es imprescindible que indaguemos en nuevas fórmulas y que trabajemos sobre una nueva forma de masculinidad.”

Tal convencimiento es pavoroso. En mis tiempos se decía:

“Los experimentos en el water y con gaseosa.”

La señora ministra de la Igualdad va a ponerse a trabajar, sin mayor sofoco, sobre nuevas formas de masculinidad desde su Ministerio de la Igualdad. A mí, doña Bibiana, me da lo mismo en lo que a mí respecta: le niego a usted ningún derecho para entrometerse ni en mi masculinidad ni en el resto de mi persona pero, es evidente que a lo que a usted se va aplicar desde el gobierno de la Nación es a trabajar en la segunda de las fases que antes enuncié: la transformación de la naturaleza humana de las generaciones venideras para hacerla a imagen y semejanza de las aberraciones intelectuales de la secta en la que usted milita.

En mi escrito de septiembre del pasado año titulado Apuntes para una reflexión sobre la ‘Educación para la ciudadanía’ traje a colación algunas palabras de Platón que me  parecen pintiparadas para los tiempos en que nos ha tocado vivir y muy dignas de reflexión ante la convicción iluminada que tienen ustedes de que, trastocándolo todo, van a conseguir un mundo más feliz.

Dice Platón:

“Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio y con la introducción de una nueva especie de canto y hay que tener el convencimiento de que, con ello, todo se pone en peligro porque no se pueden remover los modos musicales sin remover, al mismo tiempo, las más grandes leyes.”

Platón, La República.

Debe de reparar la señora ministra de la Igualdad que cuando Platón habla aquí de música no se está refiriendo a músicas celestiales sino, más bien, a experimentos como el que pretende emprender la señora ministra y que, como puede ver por esta cita, son bastante antiguos.

En cualquier caso, tan delicada o más que la música es la naturaleza del ser humano y cualquiera que tenga el atrevimiento de intentar cambiarla debe dotarse antes de una prudencia, de una delicadeza y de un cuidado exquisitos.

Y de alguna mediana preparación, doña Bibiana. De alguna mediana preparación basada no tanto en los manuales de la pijoprogresía o del feminismo como en las disciplinas del espíritu.

Contra lo que pueda parecer, no soy dogmático y, como ya dije en otra ocasión, no puedo afirmar de manera rotunda que, efectivamente, el mundo que ustedes están construyendo no vaya a acabar siendo más feliz que el que hemos heredado de nuestros padres. Lo dudo mucho pero pudiera ser así. Por ello, le rogaría a usted, doña Bibiana, que introdujera algún asomo de duda en la rotundidad de sus convicciones y prestara algún oído a las palabras que dice Platón por boca de Sócrates: “no se pueden remover los modos musicales sin remover, al mismo tiempo, las más grandes leyes.”

Es muy dudoso, doña Bibiana, que alterando la naturaleza del ser humano vayan ustedes a conseguir un ser humano más feliz. Muy dudoso. Y hasta pudiera ser que metiéndose ustedes a cambiar las formas de masculinidad y de femineidad acabe sucediendo:

que el padre se acostumbra a hacerse a hacerse igual al hijo y a temer a los hijos y, el hijo, a hacerse igual al padre y a no respetar ni temer a sus progenitores a fin de ser enteramente libre […] eso y otras pequeñeces por el estilo: allí el maestro teme a los discípulos y les adula. Los alumnos menosprecian a sus maestros y, del mismo modo, a sus ayos y, en general, los jóvenes se equiparan a los mayores y rivalizan con ellos de palabra y de obra, y los ancianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchan de buen humor y de jocosidad imitando a los muchachos por no parecerles agrios ni despóticos.

Platón, La República.

Por otra parte, esto de “trabajar sobre nuevas formas de masculinidad” no es algo nuevo ni que se haya inventado usted. Llevamos ya muchas décadas intentando cambiar esto de la masculinidad y parece que lo de los malos tratos va cada vez peor. ¿Se ha parado usted a pensar sobre la posibilidad remota de que sean ustedes los que están equivocados? ¿Se ha parado a pensar que esa fuerza que están haciendo en la naturaleza del hombre −cuando digo hombre quiero decir hombres y mujeres−, en la naturaleza del ser humano no tenga algo que ver con la plaga del maltrato que sufrimos?

Por si no lo ha hecho, aquí le dejo el artículo completo que don Pío Moa escribió hace casi seis años, que tituló El embrutecimiento del varón, y en el que don Pío reflexionaba sobre estas cosas:

Un anuncio de la televisión presenta a un padre “progre” educando –es un decir– a un hijo obligándole a jugar con muñecas, a fin de hacer de él un hombrecito sensible, pacífico y todo eso, mientras a la niña la hace jugar al fútbol para que supere las ancestrales tendencias alienantes que la esclavizan al hogar. La niña resulta una marimacho, y el niño, aparentemente, un poco mariquita. Pero enseguida vemos a éste cortando las cabezas de las muñecas para usarlas como balones.

El anuncio da en el clavo en varios sentidos: los papeles y actitudes de mujeres y varones no son fácilmente intercambiables, forzarlos demasiado tiene un alto coste emocional, y las tendencias naturales, no educadas convenientemente, tienden a reaparecer en formas groseras o grotescas. La conducta del niño pateando las muñecas tiene algo de triunfo de un instinto deformado, falto de carácter. Por lo demás, la conducta de los jóvenes educados –es un decir– en los valores de igualdad de sexos, pacifismo, solidaridad etc., entendidos a la manera peculiar sociata-progre, se revela cada vez más brutal, como demuestran las cifras de delincuencia y agresividad juvenil, o el consumo de drogas, alcohol, etc. O los meros atuendos y actitudes cotidianas.

Un cantamañanas escribió un libro de mucho éxito, El florido pensil creo que se llamaba, donde, en plan de chunga, repasaba las orientaciones educativas de la España de los años cincuenta. Un objetivo de la escuela de entonces era formar “caballeros cristianos”, fomentando las cualidades de esfuerzo, templanza, valor, sentido de la justicia, etc.; es decir, encauzando tendencias del varón que, descuidadas, suelen decaer en agresividad brutal. A la vista de la gran cantidad de cantamañanas salidos de aquella escuela, salta a la vista que el objetivo sólo fue logrado muy parcialmente, y seguramente el éxito nunca será muy grande, aunque los métodos mejoren. Pero incluso así, aquellos valores son auténticos, y siempre serán superiores a la mezcolanza contradictoria hoy predominante, cuyos malos efectos palpamos a diario.

Otra muestra del embrutecimiento del varón –también de la mujer, en su terreno– la encontramos en la creciente violencia doméstica, con cifras espeluznantes de crímenes que son sólo la cima del iceberg de una degradación extendidísima. Ante ello, una señora sociata, candidata, creo, a la alcaldía de Madrid (incidentalmente, la carrera por la alcaldía se produce entre dos candidaturas sociatas, pues la de Gallardón viene a serlo también), propone intensificar todavía más eso de la “educación en la igualdad”. Todos los utópicos atribuyen el fracaso de sus recetas a que éstas no son aplicadas con suficiente intensidad. La experiencia, con ellos, nunca sirve de nada.

Como le decía antes, contra lo que pueda parecer no soy ni dogmático ni maximalista y, por ende, no puedo afirmar tajantemente que no sea usted la que lleve razón. No obstante, vea usted que las cosas no son tan sencillas, que existe la tesis contraria a la suya y que lo procedente sería que la defendiera usted, si no con la brillantez de Platón o de don Pío, al menos sin recurrir a artimañas tales como la perversión del lenguaje o tonterías como la del teléfono.

 

Vínculos:
 
Pues, señor, yo desde aquí… De Conceptos Esparcidos.
El embrutecimiento del varón. De Conceptos Esparcidos.
El embrutecimiento del varón. Artículo de Pío Moa en Libertad Digital.
Aído rectifica. Libertad Digital.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 junio, 2008 at 10:33

Publicado en Política

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¿Doña María o don Mariano?

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¡Como que esto no es un país:
es una jaula de grillos!

Ricardo de la Vega. El año pasado por agua.

Dejando aparte el vicio que uno le está cogiendo a esto de escribir en Internet y de la obligación que uno, sin ninguna necesidad, se ha echado encima de rellenar cada poco tiempo una entrada de blog, la verdad es que ésta en concreto que hoy presento la entiendo no tanto como satisfacción de ese vicio ni cumplimiento de esa obligación, sino como una explicación que debo a las posiciones que vengo manteniendo desde hace dos años de manera pública y muchos más de manera privada, y a su coincidencias y discrepancias con unos y otros en el gallinero en el que se ha transformado la derecha española en estos días —y, vaya por delante, que lo de gallinero no me acaba de parecer mal en lo que tenga de reflexión y de debate conceptual de los que tan ayunos andamos en la España zapateril.

Me explico: parece que, en estos días, nos encontramos las desnortadas y variopintas derechas españolas en la necesidad de tomar partido entre doña María San Gil y don Mariano Rajoy y parece que esa necesidad entraña la obligación de que, una vez alineados cada uno en alguna de esas filas, lo siguiente que debamos hacer sea sacar el cuchillo para dirigirlo a la yugular de la otra.

Es una pena pero es así.

Como nosotros no somos de izquierda, gracias a Dios, —y que se me perdone lo farisaico de la frase que, apenas la acabo de escribir, me ha traído a la memoria aquello del ¡Gracias, Dios mío, por no haberme hecho como a mi hermano! (Lc. 18, 9-14)— comprendemos más que de sobra que no es cuestión de que una u otro nos caigan más o menos simpáticos en sus personas y, ni siquiera, si es el uno o la otra el que se halle en mejores condiciones de llevarnos a un triunfo electoral que, en sí, puede no significar nada.

La cuestión no está planteada así, sino en los términos de si debemos preferir a un don Mariano, quien, aunque no sabemos muy bien por donde va a salir, parece ser que se encamina y nos quiere encaminar al pacto con el socialismo de Zapatero el recto y al pacto con los nacionalismos periféricos—el llamado PPOE, en graciosa y atinada expresión que ayer leí y a cuyo autor lamento no poder citar aquí— o debemos preferir a doña María, quien nos propone la actitud numantina de ni pactar con los unos ni con los otros sino, afrontar con gallardía todas estas batallas que tenemos abiertas en ambos frentes y, si la trampa se nos lleva a todos, que se nos lleve.

Ritorna vincitor,

dice la ópera.

Vuelve muerto o vencedor,

decían las madres romanas a sus hijos cuando partían a la guerra antes de que Roma degenerara en aquella su tan famosa decadencia y que viene a ser lo que nos viene a decir doña María.

Manifiesto aquí mi alineación en las filas de María San Gil y mi recelo ante la actitud de don Mariano. Sin embargo, antes de seguir hablando, quiero que todos recordemos que don Mariano fue el hombre que, durante la anterior legislatura Zapatero, afrontó con valentía, con dignidad y con sacrificio que sólo él sabría calibrar cabalmente, mil ataques a cual más villano. Cualesquiera que sean los errores que haya podido cometer después o los que siga cometiendo, no podemos olvidar esto y de él debemos hoy decir lo mismo que Don Quijote deseaba que hubiera sido dicho de sí mismo a la hora de su recuerdo:

Si no alcanzó grandes empresas, murió por acometellas. (Cervantes. Don Quijote de la Mancha, i, xxvi.)

Por otra parte, la posición de María San Gil, o la del señor Vidal Quadras, —aunque yo la prefiera— de enfrentarse radicalmente al nacionalismo periférico, se da de bruces con la postura que vengo haciendo pública desde hace dos años en escritos tales como España, antes rota que roja, de enero del 2006, o el más reciente ¡Reforma constitucional! ¡Ya! Y se da de bruces porque me parece irreal prescindir de la existencia de estos nacionalismos tanto como de la parte de razón que pueden tener en su discurso y me parece que cualquier solución que intentemos dar al problema de España —si es que el problema de España tiene solución— ni puede olvidar su existencia, ni puede olvidar la fuerza que han cobrado en los últimos treinta años, ni puede dejar de escuchar la parte de razón que puedan tener.

Por esta aparente incongruencia mía en venir diciendo desde hace años una cosa y alinearme hoy, en esta coyuntura concreta con los que defienden la contraria es por lo que escribo estas líneas.

Lo repetiré una vez mas: Zapatero gobierna en España porque ni en Cataluña ni en las Provincias Vascongadas hay una derecha —electoralmente significativa— que se oponga a él y no la hay porque a las derechas nacionalistas vasca y catalana ni les importa la destrucción que está llevando a cabo Zapatero de los valores espirituales comunes que compartimos todos más allá de la lengua que hablemos, ni les importa la degeneración de las instituciones democráticas que vemos cada vez más adelantada, ni les importa que todo ello Zapatero lo vaya llevando a cabo a base de consignas aptas para deficientes mentales, ni, en fin, les importa que todo se vaya a hacer gárgaras. Antes parecen preferirlo cada vez más y cada vez parecen más instaladas en la convicción de que cuánto más y más deprisa se destruyan las bases espirituales e institucionales de España, antes alcanzarán la independencia —independencia a la que, dicho sea de paso, si España va acabar siendo la que imagina Zapatero, yo también me apunto—.

Zapatero, pues, ha triunfado en las últimas elecciones, —dejando al margen el cortijo andaluz, que ésa es otra— gracias a la ausencia en estas dos regiones españolas de una derecha que converja con la centralista para oponerse a él.

La postura de don Mariano vendría a ser el reconocimiento del éxito electoral que ha tenido la táctica de Zapatero y la de decir ¡pues voy a hacer yo lo mismo!

Para ello parece ser que don Mariano intenta realizar dos movimientos: uno, el caer simpático al ala derecha de esa masa cada vez más embrutecida del pueblo español, a la que todo lo que no sea hozar en la piara de Epicuro le importa un bledo y que tan bien podría capitanear persona como Gallardón, —me refiero a ese señor que intentó contratar, desde la alcaldía madrileña y con dinero público, a Rubianes para que soltara alguna de sus gracias y divirtiera así a la parte madrileña de esa masa; al mismo señor que tan bien se lleva con el señor Zerolo, y al mismo que, hace sólo unos días, hemos visto intentando callar una de las pocas voces que, además de disonar en este cuadro, piensan y razonan en vez de repetir consignas—.

El segundo movimiento de don Mariano sería el famoso acercamiento a los nacionalismos periféricos. A mí esto no sólo no me parece mal sino que me parece necesario y hasta imprescindible. La cuestión es ¿cómo nos acercamos a esos nacionalismos, desde dónde y hasta donde?

¿Con las tácticas zapateriles de engañarles como Zapatero engañó al señor Mas? Me parece que ya no va a colar ¿Con la Constitución del 78 en la mano? Me parece que tampoco va a colar porque, tras la anterior legislatura Zapatero y sus mentiras, el problema nacionalista se ha envenenado hasta lo infinito y el poco respeto que tuvieran esos nacionalismos a dicha Constitución ya no existe, de manera que el espectáculo de un don Mariano con la Constitución del 78 en su mano amistándose con un señor Ibarretxe con la papeleta del referéndum en la suya sólo puede caer en la categoría del esperpento.

El gran pacto entre PSOE y PP para dominar a los nacionalismos, aparte de ser una canallada mientras Zapatero dirija al PSOE, no va a servir para dominar a estos nacionalismos ya excesivamente pujantes, crecidos y radicalizados y, aunque, hoy, consiguiera en apariencia dominarlos, tal contención sería sólo eso: apariencia. El desapego, el rencor y el odio hacia España por parte de esos nacionalismos no haría sino aumentar, quizá más calladamente, pero aumentaría. Y ello aún sin tener en cuenta que los socialistas son como son y todos sabemos cual es su lealtad hacia lo que firman: hoy el PP podría firmar tal coalición centralista con el PSOE pero nadie nos dice —¡vamos, yo hasta pondría la mano en el fuego de que acabaría siendo así— que si, mañana, al PSOE le vuelve a convenir envenenar otra vez el problema nacionalista lo hará con el mismo desahogo que lo hizo la legislatura anterior y, además echándole la culpa al PP.

No creo, pues, que tal acercamiento sea posible dentro del marco constitucional actual.

Hasta aquí la postura de don Mariano tal y como yo la veo.

Examinemos ahora la de doña María.

En lo que aparentemente tiene de oposición a lo que —para mí— es lo más importante, es decir, el embrutecimiento de la ciudadanía, la degradación de las instituciones, la creación del partido único y la imposición del silencio de los corderos, la comparto en todo y sin ninguna duda.

En lo que tiene de oposición radical a los partidos nacionalistas de derecha sólo puedo decir que me parece —como dije antes— numantina y, sobre todo, inútil, estéril, pues, de seguir las cosas como están lo único que podemos esperar en una o dos generaciones es la independencia de las Provincias Vascongadas y de Cataluña.

¿Qué hacer, pues? ¿qué preferir?

Es indudable que no me creo poseedor de la solución y ni siquiera sé si hay solución. Vengo hablando sobre reflexiones que ya hice anteriormente en aquellos escritos a los que me referí al principio pero también, en estos precisos momentos, con el pensamiento puesto en las palabras de José Antonio:

«Lo que hay que tener es un sentido total de lo que se quiere: un sentido total de la Patria, de la vida, de la Historia y ese sentido total, claro en el alma, nos va diciendo en cada coyuntura qué es lo que debemos hacer y qué es lo que debemos preferir.»
José Antonio Primo de Rivera. Discurso de proclamación de Falange Española de las J.O.N.S.

Pues bien: ese sentido claro en mi alma, equivocado o no, simple o no simple, pero claro, me dice que la única salida que tenemos es la reforma de la Constitución en los términos que dije en Reforma Constitucional ¡Ya! Es decir, discutiendo con claridad meridiana todos qué España queremos, cediendo todos hasta donde podamos ceder para intentar atraer y comprometer la lealtad de esos nacionalismos con la nueva España que de tal discusión pudiera —Dios lo quiera— nacer.

Todo lo demás, me parece, que es o marear la perdiz al modo de don Mariano o encastillarse, al modo de doña María, en posiciones que no creo nos vayan a sacar de este lío. Por mi parte y a estas alturas, lo único que pido a Dios es que nos ilumine a todos y que no permita que nunca jamás vuelva a gobernar en España, sea cual vaya a ser esa España y su ordenamiento político, un ser como Zapatero.

Vínculos:
 
España, antes rota que roja. De Conceptos Esparcidos.
¡Reforma constitucional, ya!. De Conceptos Esparcidos.
Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

3 junio, 2008 at 20:24

Publicado en Política

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