Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Andanzas de De la Vega por el universo mundo

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Pues, señor, yo desde aquí…

 

Pues, señor, yo desde aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas di
sobre Italia…

José Zorrilla. Don Juan Tenorio.

 
 
 
 
 
 
 

María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno Zapatero, ha protagonizado en las últimas semanas una serie de incidentes que si bien, y hasta cierto punto, puede caer en la categoría de lo anecdótico, nos sirve para ilustrar más que de sobra cuáles son las manos en las que ha caído la gobernación de España y creo que merece la pena que nos entretengamos en prestar alguna atención a tales incidentes.

No obstante la simpatía e inveterado europeísmo de nuestro presidente de Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, ha sucedido la pasada semana que un exceso verbal de su vicepresidenta acerca de la política sobre la inmigración clandestina en Italia, ha tenido el efecto, lógico y natural, por otra parte, de suscitar la indignación de los italianos y de que el embajador de este país en España haya tenido que pedir explicaciones al gobierno español acerca del desahogo de esta mujer.

No es que Fernández de la Vega haya dicho nada sorprendente para los que venimos sufriendo la gobernación de esta pandilla de ignorantes iluminados desde hace ya más de cuatro años y sabemos acerca de su inanidad intelectual desde muchos más, ni es, tampoco, que De la Vega haya hecho ni esfuerzo intelectual ninguno ni ninguna reflexión mínimamente fundamentada sobre el proyecto que prepara el señor Berlusconi.

No. Se ha limitado a hacer lo que ya conocemos todos de sobra en España, es decir, a soltar una de las tres o cuatro retahílas con las que estos indocumentados hacen como que piensan y que tan bien ilustró el genio de David Gistau hace años en un artículo titulado Yes que publicó en su antigua columna de La Razón y al que ya me he referido otras veces porque me parece soberbio.

Decía entonces el señor Gistau:

A Zetapé hablando, uno siempre le ha encontrado igual que una máquina de vender tabaco. Seleccionas un tema de los que el presidente se aprende en dos tardes como en la máquina se elige una marca de cigarrillos, y Zetapé suelta dos frases aprendidas de memoria que ni siquiera comprende igual que la máquina dice «su tabaco, gracias».

Pruebe usted, por ejemplo, a apretarle a Zetapé la tecla de Iraq. Dirá: «No a las guerras preventivas, gracias». Y punto, porque no da para más, ni siquiera con dos tardes de concentración.

A De la Vega le ha venido a suceder algo semejante: ignorante supina como su señorito e imbuida de la misma soberbia intelectual que él y de la misma convicción de hallarse en posesión de la verdad absoluta, al escuchar, asociados, los conceptos “Berlusconi” y “delito de inmigración clandestina”, se le ha disparado, en algún lugar recóndito y poco oxigenado de cualquiera de sus hemisferios cerebrales −que diría Gistau− los conceptos manidos de racista y xenófobo y se ha tomado el desahogo de etiquetar con ellos al señor Berlusconi, desde su vicepresidencial asiento.

No se sabe muy bien a qué santo le ha dado por ahí a la señora vicepresidenta ni qué necesidad tenía, en este preciso momento, de contribuir con tan elevados pensamientos a mejorar nuestras boyantes relaciones internacionales, pero, como digo, no hay que buscar mayor sutileza intelectual ni mayor fundamento racional en lo que farfullan nuestros socialistas. Sencillamente: son así.

Precisan, para poder seguir existiendo, de topar con alguien al que le puedan soltar cada poco tiempo lo del fascista, xenofobo, racista, machista, etc, etc, porque sino, a los borregos que nos gobiernan nos parecería que no hacen −como, en efecto, no hacen− nada (nada bueno, quiero decir) y, dado que su dontancredo principal hasta ahora para estos menesteres, señor Rajoy, parece ser que anda reconsiderando su posición dontancrédica, acercar sensibilidades, y ver hasta que punto puede participar del buen rollito zapateril, esto es, como aguardan a ver si el señor Rajoy entra en el redil que nos preparan a todos, han de abstenerse, durante los meses que les convengan, de llamarle fascista, oscurantista, casposo y todas  esas cosas que le decían, y, por ende, para tapar esta necesidad existencial suya y cubrir el hueco que les ha dejado el señor Rajoy, han ido a dar y han encontrado, como si de una trufa se tratara, que diría también Gistau, al señor Berlusconi.

Viene a ser algo así como lo de El Tenorio:

Pues, señor, yo desde aquí
buscando mayor espacio,
para mis hazañas di
sobre Italia…

Y no porque Italia sea antigua y clásica tierra ni porque en ella edifique el amor un palacio, antigüedad y clasicismo que a los socialistas les importan un bledo, y amor para el que no precisan de mayor edificación que una carroza policromada desde la que Zerolo pueda lanzar confetis al populacho bajo la mirada sonriente y condescendiente de don Alberto.

No. No es por esto sino por las razones que vengo diciendo: habiendo dejado a España más sola que la una en el concierto de las naciones, quedando en Europa ellos solos como representación de la antigualla izquierdista mientras en toda Europa se abre paso y gobierna el pensamiento moderno de derechas, habiendo dejado a España como último residuo irrisorio de dogmas que ya hace cuarenta años estaban anticuados, habiendo sucedido todo esto que digo y necesitando ellos de manera perentoria encontrar a alguien a quien soltar la retahíla del fascista, xenofobo, racista, machista, o del cochino, marrano, sucio, asqueroso que viene a ser equiparable, en términos infantiles, a la anterior y a la que ya me he referido otras veces, han encontrado, por boca de De la Vega, la política italiana de Berlusconi como objeto más apto sobre el que volcar su pensamiento y desahogar sus necesidades.

Podía haber dicho la señora De la Vega, con bastante más justificación, que el presidente del Irán, pongo por caso, señor Mahmud Ahmadineyad, es un xenófobo y un machista pero ha preferido encasquetarle los epítetos al señor Berlusconi. Podría haber manifestado su preocupación acerca de las cada vez más evidentes señales y muestras de que el protodictador venezolano y compadre de Zapatero, señor Chávez, está ayudando y colaborando con uno de los movimientos terroristas más sanguinarios que haya visto el mundo. Podría, pero ha preferido dirigir su disgusto hacia el presidente de la República Italiana pues sus cocos, en el ámbito de lo internacional son otros y, de entre ellos, el más fácil y rentable es el señor Berlusconi.

Del señor Bush ya no esperan nada. Durante toda la legislatura anterior de Zapatero anduvieron vacilando entre considerarle criminal de guerra y, al mismo tiempo, −lo siento: son, literalmente, así de necios, inconsecuentes y cínicos− obtener de él una fotografía en la que apareciera dándole palmaditas en la espalda a Zapatero. El señor Bush −quien tendrá todos los defectos que se quiera pero tiene un concepto distinto de la dignidad del que tienen nuestros socialistas, quiero decir: tiene algún concepto de la dignidad− abandonará próximamente la presidencia de los Estados Unidos tras cuatro años de haber ninguneado a Zapatero de la manera más ostentosa y penosa que le han permitido las normas diplomáticas y por ello, ya no pueden sacar mucha tajada de él.

Del otro criminal de guerra, señor Blair, ya ni se acuerdan pues, aparte de haber ya pasado a la historia y ser el señor Blair de izquierdas para estos simples, una vez que ha quedado el laborismo británico a la altura de los suelos por los que andaba cuando la señora Thatcher alcanzó el poder, hincarle el diente a Blair viene a ser lo mismo que decía el chascarrillo culinario de principios del siglo pasado:

Quien nísperos come
y bebe cerveza
y espárragos chupa
y besa a una vieja
ni come, ni bebe,
ni chupa, ni besa.

Del tercer criminal de guerra, señor Aznar, la prudencia tampoco les aconseja hablar mucho por las razones que dije antes respecto a la deriva del Partido Popular. En este sentido, hay que reconocer como ejercicio admirable de contención el tormento que para los socialistas debe de suponer el estarse una semana sin gritar ¡Aznar asesino!

Con Sarkozy ni se atreven. Para los socialistas españoles un mundo mejor, dentro de la Disneylandia zapateril que están montando, sería un mundo en el que seres como Sarkozy no existieran pero esto no pueden decirlo. Y no pueden decirlo porque, dejando aparte el hecho de que el señor Zapatero no tiene dos tortas frente al señor Sarkozy, Sarkozy adelanta en Francia −¿cómo no?− lo que acabará sucediendo en España en no sabemos cuánto tiempo −quiera Dios que pronto y que todos vivamos para verlo− pero que acabará sucediendo: la substitución en su gobierno de una izquierda cerril, dogmática y decimonónica por una derecha moderna y desacomplejada frente a ellos y frente a la pseudointelectualidad que infectó la segunda parte del siglo xx.

Así que para que no decaiga, para seguir metiendo tensión, que diría Zapatero, y para satisfacer esta necesidad escatológica y existencial suya, los socialistas hayan elegido a Berlusconi como presa más fácil. Berlusconi no se diferencia mucho de Sarkozy y se inscribe dentro del mismo movimiento hacia la derecha por el que camina Europa mientras los españoles hacemos vista a la izquierda, pero, en su persona, aparece como más burro que Sarkozy y está más encuadrado en el morfotipo que saca de sus cabales y ataca los nervios de la izquierda pseudopensante, quiero decir: el señor Berlusconi llama al pan, pan y al vino, vino, y eso es demasiado para una izquierda orwelliana cuyo capítulo uno, punto uno del manual −son gente de manual, no gente de lectura− por el que se rigen dice que para cambiar las cosas hay que empezar por cambiar el nombre de las cosas. El señor Berlusconi, pues, se les ha aparecido como la víctima propiciatoria más apta en tanto esperamos a ver hasta donde se mueve el señor Rajoy para seguir siendo el mismo que siempre.

Nada nuevo bajo el sol que nos alumbra a los españoles que ya estamos más que cansados de tanta pobreza intelectual, de tanto insulto inconsecuente, de tanta imbecilidad y de que esta banda de socialistas que han alcanzado el poder hable más como los loros que como las personas. Loros, eso sí, cargados de rencor y de cálculo.

Nada nuevo, pues, para los españoles pero sí para los italianos.

Los españoles, acostumbrados a vivir en esta pobreza conceptual que capitanean seres como De la Vega o Zapatero −y en la que, algunos, tratamos de sobrenadar en su fango y de mantener la cabeza por encima de él− llevamos con resignación estos comportamientos y estos insultos imbéciles de la izquierda y estamos acostumbrados a ellos, pero los italianos, claro, como el resto del universo (que, ni presta, ni tiene por qué prestar mayor atención a nuestras miserias) se sorprenden y −como es lógico− les molesta, el que esta banda de ignorantes iluminados se atreva a llevar la imbecilidad de su discurso más allá de nuestras fronteras.

***

El concepto de Diplomacia y el concepto de Dignidad Nacional cabalgan muy juntos. De hecho, seguramente, la diplomacia se inventó para defender la dignidad y los derechos de las naciones en términos civilizados.

La anécdota delaveguiana que comento nos ilustra acerca de cómo la camarilla socialista que nos gobierna anda tan ayuna de dignidad nacional como de diplomacia.

Véase cómo tomaron a chirigota incidente tal como el de la Isla del Perejil a cuya invasión el señor Aznar respondió de la única manera con la que se podía responder dignamente.

O véase, más recientemente, cómo se bajaron los pantalones (o se subieron las faldas, pues de una señora andamos hablando y que la señora De la Vega me perdone lo que de machista pueda ver en la frase) ante el secuestro pirata de un barco español y pagaron a los piratas no sé que animalada de dinero para que el incidente pasara lo más inadvertido posible mientras tenían a nuestra Armada distraída con vaya usted a saber qué misión humanitaria de las que Zapatero hace como que le encandilan para engañar a los tontos.

Un barco, pirata o no pirata, ni es un avión de caza que, en minutos, pueda desaparecer del escenario en el que ha cometido su fechoría y tornar a algún seguro donde nuestra fuerza militar ya no pueda actuar contra él, ni es una guerrilla que pueda hacer lo mismo.

No. Un barco es un vehículo lento que navega pachorrudamente por los océanos, al que se le puede mantener identificado y localizado perfectamente y contra el que se pueden mandar un par de fragatas para abordarlo, detener a la tripulación y ponerla a disposición del Tribunal que corresponda. O, al menos, se puede hacer el intento de hacerlo y cualquier gobierno que tuviera una mínima noción de su responsabilidad, de su dignidad, de la dignidad de la nación que gobierna y del principio de legalidad lo hubiera hecho. El nuestro no. Indigno y preocupado sólo por que su imagen no desmerezca y por que los españoles nos enteremos lo menos posible de las cosas que pasan, se limitó a pagarles a los piratas parece que unos 800.000 euros −que tampoco nos lo han explicado− y por ahí andan los piratas, libres, coleando,  enganchados por el garfio al vaso de ron y brindando con él a la salud de Zapatero, de De la Vega y de Moratinos.

Me he extendido en la anécdota de los piratas porque es sumamente ilustrativa de la manera de actuar de estos cobardes: unos gallos de puertas para adentro, unos papanatas en su visión del mundo internacional en general y del europeo en particular, y unos indignos a la hora de defender los intereses españoles ni frente a lo extranjero ni frente a lo meramente delictivo.

***

Como los italianos no son así, ha sucedido lo normal y lo menos que podía suceder: el embajador italiano en España ha pedido explicaciones sobre las impertinencias de De la Vega y ésta se la ha tenido que envainar −que la señora De la Vega me vuelva a perdonar la expresión− y defenderse diciendo que se refería a incidentes concretos sin explicarnos qué incidentes concretos eran esos ni qué responsabilidad tenía en ellos el señor Berlusconi.

Como no me gusta hablar por hablar y el ruido que hace esta gentuza hace que nos perdamos en la anécdota y nos distraigamos con él −otra de sus artimañas− me he ido a rebuscar qué enormidad está cometiendo el señor Berlusconi con el asunto de la inmigración ilegal. Poco he encontrado en castellano. Como digo, esta gentuza se limita a meter ruido para que nos enteremos lo menos posible de la categoría y nos entretengamos lo más posible en la anécdota, aunque la anécdota, en este caso, haya acabado de manera tan desairada para la señora vicepresidenta.

De lo poco que he encontrado me quedo con la noticia que da La Vanguardia en la que explica que Berlusconi pretende tratar como delito a la inmigración clandestina −ya lo es en los Estados Unidos− procesar a los que lo cometan en el plazo máximo de quince días y expulsarlos de Italia. Es decir, poco más o menos lo mismo que se está discutiendo en toda la Comunidad Europea con meras diferencias en los plazos de detención de los inmigrantes ilegales.

Por esto es por lo que De la Vega ha llamado xenófobo y racista a Berlusconi con la misma alegría que podía habérselo llamado, por mucho menos, al señor Rajoy pero sin caer en la cuenta de que el señor Berlusconi es el Presidente de la República Italiana y, además, no es español, razón por la cual ni está al tanto de la simpleza intelectual de los socialistas españoles, ni de su mala baba, ni de sus artimañas semánticas, ni les tiene el miedo cerval que les tenemos la derecha española de que nos tilden de xenofobos o de racistas o de machistas, y todas esas cosas con las que nos tildan y con las que nos hacen bajar los pantalones.

Como al señor Berlusconi la señora De la Vega se la trae al pairo, ni rectifica ni se baja nada. Antes bien, llama a su embajador, llama a Zapatero −que a la sazón se hallaba restableciendo amistades con su compadre, el protodictador venezolano conocido como Gorila Rojo− y a Zapatero no le queda más remedio que hacer rectificar a De la Vega.

De la Vega rectifica con el socorrido argumento de que sus palabras fueron malinterpretadas y, aunque no se comprende muy bien que mala interpretación cabe en una frase tan llana como que el Gobierno italiano de Silvio Berlusconi “exalta la violencia, el racismo y la xenofobia” con las redadas y expulsiones que está llevando a cabo en contra de los sin papeles”, el caso es que doña Teresa rectifica.

***

Así podrían haber quedado las cosas pero, como digo, nuestros socialistas andan necesitados de carnaza y de tensión, razón por la cual, a los pocos días de haber vuelto las aguas a su cauce y vuelto a reinar, al menos en apariencia, el viejo principio que dice “españoles e italianos, primos hermanos”, hete aquí que vuelve la burra al trigo y salta a la palestra el ministro español de Trabajo e Inmigración, señor Corbacho para remover el asunto y acusar al gobierno de Berlusconi de «criminalizar al diferente» y, tras él,  la ministra de Igualdad, doña Bibiana Aído, −la que dijo aquello de que «criticar a las ministras de Zapatero fomenta los malos tratos»−, sin poderse contener, entra a rematar de cabeza las genialidades de De la Vega y el recochineo de Corbacho y manifiesta que lo que Berlusconi necesita es «ir al psiquiatra.»

¡Viva la Diplomacia, viva la Igualdad, viva su ministerio y viva doña Bibiana!

Al pobre ministro de Asuntos Exteriores italiano, don Franco Frattini, hasta entonces resignadamente callado fuera de su discreta gestión cerca de Zapatero, cuando éste andaba con el gorila, para intentar que esta gente dejara de decir sandeces, no le queda ya más remedio que hablar, salir al paso de esta gresca y calificar las manifestaciones de nuestros ministros socialistas de

«imprudentes y extemporáneas. Además de desagradables… fruto de un desconocimiento de las iniciativas del Gobierno»

y pedir a nuestro embajador en Italia

«un encuentro para explicar a nuestros colegas españoles lo que no conocen.»

Y ha añadido don Franco:

«Zapatero ha actuado con mano dura; es más, durísima: ha expulsado a decenas de miles de personas con métodos muy rigurosos y severos.»

Dejando aparte la candidez del señor Frattini al pensar que se les pueda explicar nada a sus colegas españoles, es muy posible que haya sido como dice el ministro italiano. Es muy posible que Zapatero haya hecho las cosas así, a hurtadillas, porque está muy en la línea de Zapatero hacer una cosa y contarnos la contraria. No sé bien si lo de los métodos rigurosos y severos y lo de la mano dura, durísima, quiere decir, en términos diplomáticos, ilegales y lesivos contra el derecho de las personas pero aún estoy esperando que el señor Moratinos llame al embajador italiano al Palacio de Santa Cruz y le pida explicaciones sobre estas palabras del señor Frattini para que él y todos nosotros sepamos en qué han consistido estos métodos rigurosos y severos.

Conociendo al socialismo; conociendo cómo se pasa la Ley por el forro; conociendo cómo Felipe González prefirió las fosas de cal viva al imperio de la Ley; conociendo cómo Zapatero no tiene mayor sofoco para acomodar hoy la Ley para que hoy la Ley diga que Otegui es un hombre de paz y mañana diga que hay que meter a Otegui en la cárcel; conociendo todo esto se hace evidente la necesidad de pedir explicaciones diplomáticas a Italia para que Italia nos explique qué es eso de la mano dura, durísima y qué es eso de los métodos rigurosos y severos aplicados por Zapatero a decenas de miles de personas.

No lo van a hacer: además de verborreicos y canallas son cobardes. Maestros en el arte de tirar la piedra y esconder la mano pero, en esencia, cobardes, no van a pedir explicación a Italia sobre qué ha querido decir su ministro de Asuntos Exteriores no vaya a ser que nos enteremos de algo que no sabemos.

***

No se entienda, por lo que voy diciendo, que no se puedan discutir las acciones de gobiernos amigos por parte del nuestro. Se puede hacer. Pero debe hacerse mediante un arte que se llama Diplomacia y que es el término medio entre la cobardía que tuvieron con lo del barco pirata y el exabrupto apto para deficientes mentales, tan utilizado por nuestro gobierno en casa, pero que, fuera de ella, queda horrorosamente mal y, como dice don Franco, imprudente y desagradable.

En fin: son así de cutres. En España les conocemos más que de sobra y no deja de ser bueno que en el extranjero les empiecen a conocer también.

Hasta aquí el incidente De la Vega vs Berlusconi. Como se ve, ni es equiparable a la Defenestración de Praga ni a la invasión de Polonia ni al rapto de las Sabinas, y, ni por tanto, va a ir más allá de constituir una muestra más de la vergüenza del Gobierno que padecemos y a ese mero efecto lo he traído aquí a colación. Anécdotas como ésta nos ilustran acerca de la soledad en la que se va quedando España en lo internacional y, sobre todo, en una Europa en la que la derecha avanza sin complejos y en la que sólo en nuestra patria pervive, como residuo fosilizado, un socialismo rancio y necio pero que se halla instalado en la convicción de poseer la verdad absoluta y de que los demás, Berlusconi incluido, somos imbéciles. Este socialismo que, por boca de Zapatero, nos prometió hace cinco años colocarnos en un puesto de preeminencia entre las naciones europeas apenas se saluda, hoy, con el señor Chávez y, en lo demás, está tan solo como dejé dicho en mi escrito de hace unos días Zapatero, la soledad y el papanatismo y en el que el lector curioso, aunque puede saltarse mis pobres reflexiones, puede deleitarse contemplando la fotografía y el vídeo de un Zapatero más solo que la una y ninguneado por absolutamente todos los mandatarios occidentales, empezando por el señor Bush, quien, mientras habla con la señora Merckel, parece que su única preocupación es dar la espalda a ZP.

 

Vínculos:

Reseña de la noticia en Libertad Digital.

Reseña de la noticia en La Vanguardia.

Bibiana Aído pide un psiquiatra para Berlusconi. Nuevo capítulo de la crisis entre España e Italia en 20 minutos.es.

Respuesta del ministro italiano de Asuntos Exteriores. El Día.

La oposición italiana se pone también en contra de España. El Mundo.

«Yes», artículo de David Gistau en La Razón.

Zapatero, la soledad y el papanatismo.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

22 mayo, 2008 a 12:40

Publicado en Política

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