Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Archive for mayo 2008

El día de hoy

with one comment


 

i

El día de hoy

 

El de hoy será día señalado en la Historia reciente de España y merece la pena que le dediquemos alguna atención y la plasmemos en nuestra memoria porque, sea cual vaya a ser el devenir de esa Historia −que, con unidad política o sin ella, va a seguir existiendo y desarrollándose por mucho que a algunos les pese−, esta fecha va a marcar en él un punto de inflexión.

El día de hoy ha venido marcado por el juicio penal que don Alberto Ruiz Gallardón ha promovido contra don Federico Jiménez Losantos so capa de sentirse el primero insultado por el segundo y de buscar mediante él en la Justicia el restablecimiento de su honra que entiende dañada por las palabras y opiniones de don Federico.

Me dirán ustedes y ¿cómo un asunto particular entre dos señores que, al fin, no va más allá del ¡uy, lo que me ha dicho! lo considera usted día señalado en la Historia de España?

La pregunta es retórica pues todos sabemos por donde andan las cosas, pero me sirve para centrarlas, recapitularlas y exponerlas.

Hoy, el juicio contra Jiménez Losantos y el revuelo que se ha armado a su alrededor nos sirven para detenernos a reflexionar y a recapacitar sobre unos hechos que ya sabíamos de sobra y sobre otros que no sabíamos tan de sobra pero que nos veníamos oliendo. A saber:

1.      En España viene desarrollándose por parte de la izquierda la tentativa de instaurar un pensamiento único.

2.      A esa intención le molestan todavía unas pocas voces y, entre ellas, muy especialmente, la del señor Losantos.

3.      Hay un evidente ánimo por parte de esta izquierda, desde hace mucho, de hacer callar a estas voces.

4.      La vía utilizada por la izquierda para acallarlas, dado que no pueden, lisa y llanamente censurarlas, es decir que crispan e insultan.

5.      Hasta hoy nos quedaba la esperanza, a los que nos oponemos a este ataque de la izquierda, de tener una agarradera en el Partido Popular que hoy se ha perdido definitivamente cuando, al tiempo que Gallardón farfullaba de manera vergonzosa ante la juez y la mayoría del partido callaba de manera aún más vergonzosa, este partido se desplomaba en las encuestas de intención de voto.

6.      Los enemigos se han lanzado a agarrar a la ocasión por los pelos y, a la voz de todos a una, se han apresurado −quizá en demasía− a incidir en la intención que enuncié en los puntos primero, segundo, tercero y cuarto que preceden a éste. Así, Pepiño Blanco se ha apresurado a pedir, una vez más, a la Conferencia Episcopal que eche a Jiménez Losantos de la COPE al tiempo que el juez Baltasar Garzón ni se ha podido aguantar las ganas ni ha tenido la prudencia de estarse callado mientras su colega reflexiona la sentencia y ha acusado a Federico Jiménez Losantos de utilizar a la COPE “no para informar sino para insultar.”

ii

Falacias y trampas

 

Como la intención última de toda esta gente no es ni erradicar los insultos, ni fomentar las buenas maneras ni restaurar la honra de nadie sino, como dije antes, lisa y llanamente, hacer que deje de oírse en España una opinión que les molesta, han de recurrir a varias falacias.

La primera es que Federico Jiménez Losantos utiliza la COPE para insultar. Ya veremos lo que dice la juez en este caso concreto pero no lo entiendo yo así. El verbo de don Federico es contundente y no digo que don Federico no haya cometido en algún momento concreto algún exceso verbal por el que alguien se haya sentido herido e insultado en lo personal pero, tal y como está el debate político en España, por ese motivo nos tendrían que procesar a casi todos los que nos atrevemos a hablar de política, empezando por la ministra de la Igualdad, doña Bibiana Aído que no tuvo mayor empacho en tildar de loco al señor Berlusconi hace unos días y, quizá, con la excepción de don Pedro J. Ramírez quien tiene la inmensa virtud de acompañar un verbo preciso y contundente con una circunspección admirable, pero no todos somos como don Pedro.

El asunto este del insulto por parte los socialistas es grotesco y parecería hasta gracioso si no anduviera resultando tan siniestro y peligroso.

Lo he dicho mil veces: desde los tiempos en los que el señor Guerra llamaba al señor Suárez tahúr del Mississipi con tanta gracia hasta que comenzó la legislatura Zapatero, el socialismo y la izquierda en general se han dirigido a nosotros, colectiva y personalmente, en los términos más insultantes. Desde fascistas a genocidas pasando por fachas, casposos, cavernícolas, cutres, pajilleros, reprimidos, puteros, siniestros, etc., etc., nos han dicho de todo durante treinta años y nos lo van a seguir diciendo.

¿Qué es lo que sucede? Sucede que, hasta que llegó Zapatero al poder teníamos la prudencia de no prestar oídos a estas necedades y no contestarles en sus mismos términos. De entonces a acá les hemos ido perdiendo el miedo y les estamos empezando a contestar en parecidos términos −aunque con bastante mayor clase y de manera bastante más razonada− y de ahí que, estupefactos, hayan ido a caer en la cuenta de qué cosa es el insulto y cuando lo ven dirigido a ellos no les resulte tan gracioso.

No se entienda por lo que acabo de decir ni que yo defienda el insulto como arma dialéctica ni que esté admitiendo que el señor Losantos haya insultado a Gallardón en este caso concreto.

Soy el primero en deplorar el tono del debate político que existe en nuestra patria pero, como digo, el que la izquierda utilice el argumento del insulto para intentar cerrar una cadena de radio y callar una voz que les molesta, cuando ella lleva más de treinta años empleándolo y mientras en España se queman retratos de los reyes en Ayuntamientos dirigidos por ellos, se publican caricaturas groseras y obscenas de los Príncipes de Asturias o existen seres como Rubianes, a quien reciben con alfombra en la televisión pública catalana, o seres como Anido, que dirigen la SER, sin que a nadie se nos ocurra pedir ni que cierren la televisión catalana ni que cierren la SER, resulta, además de indignante, espeluznante si, al fin, acaban teniendo éxito en su tergiversación y con tal argumento nos hacen, efectivamente, callar a todos.

La segunda falacia que utilizan es la de decir que don Federico crispa desde la COPE.

A ello se debe de contestar de dos formas.

En primer lugar afirmando lo que hace apenas diez años no necesitaba ni decirse pero que hoy, en el mundo orwelliano de Zapatero es menester hacerlo:

Ni el pensamiento delinque, ni el pensamiento crispa. En todo caso, si el pensamiento crispa a alguien, la culpa la tendrá ese alguien que se crispa cuando escucha pensamientos que le disgustan y con ello sólo demuestra la intolerancia del suyo, pero no del que lo emite porque, si no fuera así, tendríamos que llegar a la conclusión de que no podemos hablar por si crispamos al vecino de enfrente ¡vamos, digo yo!

Vemos como, hoy, la vieja frase liberal de no estoy de acuerdo con lo que usted dice pero daría mi vida por que siguiera usted teniendo derecho a decirlo ha pasado a la historia en España y vemos como la izquierda está intentando cerrar cadenas de radio y callar voces que crispan.

En segundo lugar, diciéndoles a toda esta caterva que a mí, por ejemplo, me crispa Rubianes, me crispa Anido, me crispa doña Bibiana, me crispa la SER, me crispa El País y no por ello postulo ni que les pongan un bozal a los primeros ni que cierren a los segundos: sencillamente, me aguanto, soporto su pensamiento y me limito a contestarles cuando me veo en condiciones y de humor para ello.

En resumidas cuentas, el asunto este de la crispación viene a ser como lo del insulto: ellos pueden insultar, nosotros no. Nosotros crispamos; ellos no y, si nos crispan nos tenemos que aguantar.

Así vamos.

iii

El PP

 

Caminando como nos llevan por esta senda orwelliana que nos va a conducir al imperio del silencio de los corderos, teníamos hasta hace poco, como única estructura política que se opusiera a semejante degeneración de la vida pública al Partido Popular.

Hoy nos hemos dado cuenta de que el Partido Popular tampoco nos sirve ya para ello. Mientras uno de sus próceres, el señor Gallardón ha entrado de hoz y coz y de manera tan vergonzosa a utilizar la misma táctica que la izquierda para alcanzar sus mismos fines, la mayoría de sus conmilitones, con honrosas excepciones, ha preferido silbar y mirar hacia otra parte.

Hoy nos hemos dado cuenta (al menos yo, que soy bastante tardo) de que hay que crear y estructurar otra derecha que intente salvar lo salvable de este desastre y que intente rescatarnos del silencio ovejuno para devolvernos la dignidad de ciudadanos y para devolvernos la confianza en que en los años vamos a poder seguir hablando y vamos a poder seguir expresando nuestro pensamiento.

 

iv

Dos cartas abiertas

 

Así, al menos para mí, hoy es un día importante en la Historia de España. He querido con estas líneas dejar señalada su fecha y me he tomado la libertad de dirigir dos cartas abiertas a sendos protagonistas de este día, cartas que andan por los foros de Libertad Digital y que reproduzco aquí.

 

v

Carta abierta al señor Jiménez Losantos

 

Don Federico, aunque todo lo que pueda yo decirle aquí va a ser redundante y repetitivo de lo que ya tantos españoles han dicho, no quiero dejar pasar este trance en el que usted se halla sin darle testimonio de mi apoyo y de mi solidaridad, entre otras cosas, porque en ese trance no está sólo usted sino que nos atañe a todos nosotros y, como usted dice hay que hacer afirmación constante de nuestro compromiso moral frente a la vileza política.

Perdidas las pasadas elecciones legislativas pensábamos los inocentes, y ello nos servía de algún consuelo, que lo que nos deparaba el futuro eran cuatro años más de lucha contra la degradación política y social que está llevando a cabo el PSOE, cuatro años más de lucha al lado del partido que durante el infame cuatrienio anterior había servido de único dique a esta ofensiva socialista.

En las últimas semanas hemos andado confundidos por los movimientos de este partido, el PP y resistiéndonos a creer, cada vez más contra la evidencia, que también él estaba siendo abducido por el movimiento que comenzó Zapatero hace años.

La imagen del juicio que ha promovido Gallardón contra usted es lo suficientemente elocuente como para que nos demos cuenta de que ya no hay más evidencia contra la que luchar y de que salta a la vista que es ese, precisamente, el camino que va a seguir el PP.

Parece mentira que Gallardón haya tenido el valor promover contra usted un juicio penal por una chuminada tan grande (como si la España de hoy fuera Versalles) y, además, tan poco fundada.

Parece mentira pero lo hemos llegado a ver con nuestros propios ojos.

Tiene usted razón: es evidente que Gallardón no está litigando por su honor sino utilizando la Justicia como maniobra política. Se nos hace evidente tanto por lo escaso de la base que tiene la querella como por la comparación de la imagen de un Gallardón sumamente incómodo, y yo hasta diría que avergonzado, con la suya de usted, firme, clara y serena. Son las imágenes de un hombre al que se le nota su mala conciencia frente a otro que la tiene muy tranquila, sea cual sea la sentencia que resulte de todo esto.

Yo no acabo de estar de acuerdo con usted en su adscripción incondicional al liberalismo (las cosas me parecen más complicadas) pero sí en su defensa de la libertad individual y he decirle que si no fuera por los pocos hombres como usted, el señor Ramírez, el señor Alcaraz o el señor Herrero, todos habríamos sido ya víctimas de la abducción zapateril.

Sea cual sea la sentencia, la va a ganar usted. Esperemos que sea absolutoria por que podamos seguir teniendo un asomo de confianza en la Justicia pero, si no lo es, la ignominia y la vergüenza van a manchar a muchos empezando por el mismo Gallardón. No es menester esperar a esa sentencia: sea cual sea, Gallardón ya no va a pintar nada en la política tras el espectáculo que ha tenido la indecencia de presentar ante nuestros ojos.

Nada más: ánimo y, si no se ha lanzado ya la idea (que supongo que sí) la lanzo aquí ahora: a abrir una cuenta corriente para que todos podamos contribuir a pagar la multa y la satisfacción económica con la que le sancionen a usted y con la que Gallardón vea reestablecido su honor y que este señor se meta el dinero por donde le quepa.

Suyo,

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

 

vi

Carta abierta al juez Garzón

 

¿Me quiere decir este ‘juez’ (el entrecomillado expresa mi asombro al ver juntas la palabra ‘juez’, que entraña imparcialidad, con la parcialidad manifiesta de usted), me quiere decir por qué el señor Losantos no puede insultar desde la COPE y el Gran Wioming sí puede hacerlo desde La Sexta? ¿Me puede explicar por qué le molestan tanto los insultos de Losantos desde la COPE y no dice nada de los insultos a las personas y a la inteligencia de Caiga quien caiga? ¿Me puede explicar este ‘juez’ por qué coño se mete a tomar partido político desde su judicial magistratura en vez de andar estudiando las vías legales para procesar al presidente de Venezuela, Chávez, por los evidentes indicios de colaboración, ayuda y auxilio a las FARC? ¿Me puede explicar por qué es tan gallo con ancianos como Pinochet y calla como un muerto ante asesinatos y secuestros que se están cometiendo hoy y ahora por un movimiento terrorista como las FARC al que presuntamente ayuda Chávez? ¿Me puede tranquilizar acerca de la intranquilidad que me produce el hecho de que yo pueda verme el día de mañana ‘juzgado’ por usted por un delito de opinión mía?

Señor Garzón: si a usted, lo que le pide el cuerpo es entrar en el debate político, hágame el favor de pedir una excedencia ad calendas grecas de su magitratura o un permiso sin sueldo o lo que mejor le acomode, y, si no, cállese y adopte la gravedad, circunspección y ecuanimidad que todos esperamos de un magistrado.

A usted, por lo que se ve, le gustan las ‘chocotajás’ más que un lápiz a un tonto pero comprenda que eso no cuadra con la imagen que tenemos los ciudadanos de la judicatura. Al menos, de la Judicatura anterior a Zapatero. Yo comprendo que el torbellino este de Internet nos arrastre a todos hacia la verborrea y comprendo que lo que acaba usted de decir lo podría haber dicho cualquier papanatas en cualquier foro. Pero recuerde que es usted juez y debe de disimular sus visceralidades.

Item más: me quiere usted hacer el favor, siendo como es ‘juez’ y, además, ‘juez’ estrella, de tener la pulcritud de estarse callado para no influir, ni por lo más remoto, en la labor de su colega de usted que es la que nos tiene que decir si el señor Losantos ha insultado o no ha insultado a Gallardón y que, en estos momentos, está reflexionando sobre ello e intertando dar un fundamento jurídico a su sentencia?

Suyo,

Carlos Muñoz-Caravaca Ortega.

 addenda

 

Escritas las líneas anteriores, mi amigo Alcides de Libertad Digital, me hace reparar en el escrito de otro compañero, Fernando Iván de Cárcer, también de Libertad Digital, escrito en la misma dirección que este que aquí acabo pero mucho más conciso y más preciso a la hora de demostrar la inconsecuencia y la intención de la querella de Gallardón.

Dice el señor de Cárcer tras recordarnos que un político como Llamazares puede hacer un video en el que figure él mismo quemando fotos del Jefe del Estado sin que pase nada:

 «También un personaje público como Rubianes dijo que España era puta y que nos la pasáramos por los cojones, cosa que nos molestó tremendamente a casi todos y no nos querellamos. A Gallardón en cambio, no le debió importar tanto porque pretendía contratarlo para actuar en un teatro de Madrid…»

Tiene razón Fernando y ahí la clava. Son tantos los insultos que recibimos a diario por parte de la izquierda, ya sean personas de a pie, ya sean políticos parlamentarios que, la mayor parte se nos olvidan. Recordaba  — ¿cómo no?— a Rubianes, pero se me había olvidado la genialidad de Gallardón al pretender contratarlo con el dinero de la gente a la que nos había insultado de manera tan villana. La anécdota ilustra a las mil maravillas quién es Gallardón y cuál es el verdadero propósito de su querella contra Losantos.

Vínculos:

Federico Jiménez Losantos: Hay que reafirmar nuestro compromiso moral ante la vileza política. La noticia en Libertad Digital.

Blanco recomienda a la Conferencia Episcopal que eche a Jiménez Losantos de la COPE. La noticia en Libertad Digital.

Garzón acusa a Losantos de usar la COPE ‘no para informar sino para insultar’. La noticia en Libertad Digital.

España está madura para la dictadura gallardonita. Bitácora de Federico Jiménez Losantos.

El derecho a insultar. Bitácora de Pío Moa.

¡Vivan las caenas! Artículo de Pío Moa en Libertad Digital.

El PP pierde un millón de votos. La noticia en Libertad Digital.

Apoyo de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M a Jiménez Losantos.

Gallardón. Entrada de Cualquie en su blog Nubes hinchadas de viento.

El vocal del Consejo General del Poder Judicial, López Tena, pide la ilegalización del PP.

El vídeo de la escena en Libertad Digital.

 

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

29 mayo, 2008 at 20:03

Publicado en Política

Tagged with ,

Andanzas de De la Vega por el universo mundo

leave a comment »


Pues, señor, yo desde aquí…

 

Pues, señor, yo desde aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas di
sobre Italia…

José Zorrilla. Don Juan Tenorio.

 
 
 
 
 
 
 

María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno Zapatero, ha protagonizado en las últimas semanas una serie de incidentes que si bien, y hasta cierto punto, puede caer en la categoría de lo anecdótico, nos sirve para ilustrar más que de sobra cuáles son las manos en las que ha caído la gobernación de España y creo que merece la pena que nos entretengamos en prestar alguna atención a tales incidentes.

No obstante la simpatía e inveterado europeísmo de nuestro presidente de Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, ha sucedido la pasada semana que un exceso verbal de su vicepresidenta acerca de la política sobre la inmigración clandestina en Italia, ha tenido el efecto, lógico y natural, por otra parte, de suscitar la indignación de los italianos y de que el embajador de este país en España haya tenido que pedir explicaciones al gobierno español acerca del desahogo de esta mujer.

No es que Fernández de la Vega haya dicho nada sorprendente para los que venimos sufriendo la gobernación de esta pandilla de ignorantes iluminados desde hace ya más de cuatro años y sabemos acerca de su inanidad intelectual desde muchos más, ni es, tampoco, que De la Vega haya hecho ni esfuerzo intelectual ninguno ni ninguna reflexión mínimamente fundamentada sobre el proyecto que prepara el señor Berlusconi.

No. Se ha limitado a hacer lo que ya conocemos todos de sobra en España, es decir, a soltar una de las tres o cuatro retahílas con las que estos indocumentados hacen como que piensan y que tan bien ilustró el genio de David Gistau hace años en un artículo titulado Yes que publicó en su antigua columna de La Razón y al que ya me he referido otras veces porque me parece soberbio.

Decía entonces el señor Gistau:

A Zetapé hablando, uno siempre le ha encontrado igual que una máquina de vender tabaco. Seleccionas un tema de los que el presidente se aprende en dos tardes como en la máquina se elige una marca de cigarrillos, y Zetapé suelta dos frases aprendidas de memoria que ni siquiera comprende igual que la máquina dice «su tabaco, gracias».

Pruebe usted, por ejemplo, a apretarle a Zetapé la tecla de Iraq. Dirá: «No a las guerras preventivas, gracias». Y punto, porque no da para más, ni siquiera con dos tardes de concentración.

A De la Vega le ha venido a suceder algo semejante: ignorante supina como su señorito e imbuida de la misma soberbia intelectual que él y de la misma convicción de hallarse en posesión de la verdad absoluta, al escuchar, asociados, los conceptos “Berlusconi” y “delito de inmigración clandestina”, se le ha disparado, en algún lugar recóndito y poco oxigenado de cualquiera de sus hemisferios cerebrales −que diría Gistau− los conceptos manidos de racista y xenófobo y se ha tomado el desahogo de etiquetar con ellos al señor Berlusconi, desde su vicepresidencial asiento.

No se sabe muy bien a qué santo le ha dado por ahí a la señora vicepresidenta ni qué necesidad tenía, en este preciso momento, de contribuir con tan elevados pensamientos a mejorar nuestras boyantes relaciones internacionales, pero, como digo, no hay que buscar mayor sutileza intelectual ni mayor fundamento racional en lo que farfullan nuestros socialistas. Sencillamente: son así.

Precisan, para poder seguir existiendo, de topar con alguien al que le puedan soltar cada poco tiempo lo del fascista, xenofobo, racista, machista, etc, etc, porque sino, a los borregos que nos gobiernan nos parecería que no hacen −como, en efecto, no hacen− nada (nada bueno, quiero decir) y, dado que su dontancredo principal hasta ahora para estos menesteres, señor Rajoy, parece ser que anda reconsiderando su posición dontancrédica, acercar sensibilidades, y ver hasta que punto puede participar del buen rollito zapateril, esto es, como aguardan a ver si el señor Rajoy entra en el redil que nos preparan a todos, han de abstenerse, durante los meses que les convengan, de llamarle fascista, oscurantista, casposo y todas  esas cosas que le decían, y, por ende, para tapar esta necesidad existencial suya y cubrir el hueco que les ha dejado el señor Rajoy, han ido a dar y han encontrado, como si de una trufa se tratara, que diría también Gistau, al señor Berlusconi.

Viene a ser algo así como lo de El Tenorio:

Pues, señor, yo desde aquí
buscando mayor espacio,
para mis hazañas di
sobre Italia…

Y no porque Italia sea antigua y clásica tierra ni porque en ella edifique el amor un palacio, antigüedad y clasicismo que a los socialistas les importan un bledo, y amor para el que no precisan de mayor edificación que una carroza policromada desde la que Zerolo pueda lanzar confetis al populacho bajo la mirada sonriente y condescendiente de don Alberto.

No. No es por esto sino por las razones que vengo diciendo: habiendo dejado a España más sola que la una en el concierto de las naciones, quedando en Europa ellos solos como representación de la antigualla izquierdista mientras en toda Europa se abre paso y gobierna el pensamiento moderno de derechas, habiendo dejado a España como último residuo irrisorio de dogmas que ya hace cuarenta años estaban anticuados, habiendo sucedido todo esto que digo y necesitando ellos de manera perentoria encontrar a alguien a quien soltar la retahíla del fascista, xenofobo, racista, machista, o del cochino, marrano, sucio, asqueroso que viene a ser equiparable, en términos infantiles, a la anterior y a la que ya me he referido otras veces, han encontrado, por boca de De la Vega, la política italiana de Berlusconi como objeto más apto sobre el que volcar su pensamiento y desahogar sus necesidades.

Podía haber dicho la señora De la Vega, con bastante más justificación, que el presidente del Irán, pongo por caso, señor Mahmud Ahmadineyad, es un xenófobo y un machista pero ha preferido encasquetarle los epítetos al señor Berlusconi. Podría haber manifestado su preocupación acerca de las cada vez más evidentes señales y muestras de que el protodictador venezolano y compadre de Zapatero, señor Chávez, está ayudando y colaborando con uno de los movimientos terroristas más sanguinarios que haya visto el mundo. Podría, pero ha preferido dirigir su disgusto hacia el presidente de la República Italiana pues sus cocos, en el ámbito de lo internacional son otros y, de entre ellos, el más fácil y rentable es el señor Berlusconi.

Del señor Bush ya no esperan nada. Durante toda la legislatura anterior de Zapatero anduvieron vacilando entre considerarle criminal de guerra y, al mismo tiempo, −lo siento: son, literalmente, así de necios, inconsecuentes y cínicos− obtener de él una fotografía en la que apareciera dándole palmaditas en la espalda a Zapatero. El señor Bush −quien tendrá todos los defectos que se quiera pero tiene un concepto distinto de la dignidad del que tienen nuestros socialistas, quiero decir: tiene algún concepto de la dignidad− abandonará próximamente la presidencia de los Estados Unidos tras cuatro años de haber ninguneado a Zapatero de la manera más ostentosa y penosa que le han permitido las normas diplomáticas y por ello, ya no pueden sacar mucha tajada de él.

Del otro criminal de guerra, señor Blair, ya ni se acuerdan pues, aparte de haber ya pasado a la historia y ser el señor Blair de izquierdas para estos simples, una vez que ha quedado el laborismo británico a la altura de los suelos por los que andaba cuando la señora Thatcher alcanzó el poder, hincarle el diente a Blair viene a ser lo mismo que decía el chascarrillo culinario de principios del siglo pasado:

Quien nísperos come
y bebe cerveza
y espárragos chupa
y besa a una vieja
ni come, ni bebe,
ni chupa, ni besa.

Del tercer criminal de guerra, señor Aznar, la prudencia tampoco les aconseja hablar mucho por las razones que dije antes respecto a la deriva del Partido Popular. En este sentido, hay que reconocer como ejercicio admirable de contención el tormento que para los socialistas debe de suponer el estarse una semana sin gritar ¡Aznar asesino!

Con Sarkozy ni se atreven. Para los socialistas españoles un mundo mejor, dentro de la Disneylandia zapateril que están montando, sería un mundo en el que seres como Sarkozy no existieran pero esto no pueden decirlo. Y no pueden decirlo porque, dejando aparte el hecho de que el señor Zapatero no tiene dos tortas frente al señor Sarkozy, Sarkozy adelanta en Francia −¿cómo no?− lo que acabará sucediendo en España en no sabemos cuánto tiempo −quiera Dios que pronto y que todos vivamos para verlo− pero que acabará sucediendo: la substitución en su gobierno de una izquierda cerril, dogmática y decimonónica por una derecha moderna y desacomplejada frente a ellos y frente a la pseudointelectualidad que infectó la segunda parte del siglo xx.

Así que para que no decaiga, para seguir metiendo tensión, que diría Zapatero, y para satisfacer esta necesidad escatológica y existencial suya, los socialistas hayan elegido a Berlusconi como presa más fácil. Berlusconi no se diferencia mucho de Sarkozy y se inscribe dentro del mismo movimiento hacia la derecha por el que camina Europa mientras los españoles hacemos vista a la izquierda, pero, en su persona, aparece como más burro que Sarkozy y está más encuadrado en el morfotipo que saca de sus cabales y ataca los nervios de la izquierda pseudopensante, quiero decir: el señor Berlusconi llama al pan, pan y al vino, vino, y eso es demasiado para una izquierda orwelliana cuyo capítulo uno, punto uno del manual −son gente de manual, no gente de lectura− por el que se rigen dice que para cambiar las cosas hay que empezar por cambiar el nombre de las cosas. El señor Berlusconi, pues, se les ha aparecido como la víctima propiciatoria más apta en tanto esperamos a ver hasta donde se mueve el señor Rajoy para seguir siendo el mismo que siempre.

Nada nuevo bajo el sol que nos alumbra a los españoles que ya estamos más que cansados de tanta pobreza intelectual, de tanto insulto inconsecuente, de tanta imbecilidad y de que esta banda de socialistas que han alcanzado el poder hable más como los loros que como las personas. Loros, eso sí, cargados de rencor y de cálculo.

Nada nuevo, pues, para los españoles pero sí para los italianos.

Los españoles, acostumbrados a vivir en esta pobreza conceptual que capitanean seres como De la Vega o Zapatero −y en la que, algunos, tratamos de sobrenadar en su fango y de mantener la cabeza por encima de él− llevamos con resignación estos comportamientos y estos insultos imbéciles de la izquierda y estamos acostumbrados a ellos, pero los italianos, claro, como el resto del universo (que, ni presta, ni tiene por qué prestar mayor atención a nuestras miserias) se sorprenden y −como es lógico− les molesta, el que esta banda de ignorantes iluminados se atreva a llevar la imbecilidad de su discurso más allá de nuestras fronteras.

***

El concepto de Diplomacia y el concepto de Dignidad Nacional cabalgan muy juntos. De hecho, seguramente, la diplomacia se inventó para defender la dignidad y los derechos de las naciones en términos civilizados.

La anécdota delaveguiana que comento nos ilustra acerca de cómo la camarilla socialista que nos gobierna anda tan ayuna de dignidad nacional como de diplomacia.

Véase cómo tomaron a chirigota incidente tal como el de la Isla del Perejil a cuya invasión el señor Aznar respondió de la única manera con la que se podía responder dignamente.

O véase, más recientemente, cómo se bajaron los pantalones (o se subieron las faldas, pues de una señora andamos hablando y que la señora De la Vega me perdone lo que de machista pueda ver en la frase) ante el secuestro pirata de un barco español y pagaron a los piratas no sé que animalada de dinero para que el incidente pasara lo más inadvertido posible mientras tenían a nuestra Armada distraída con vaya usted a saber qué misión humanitaria de las que Zapatero hace como que le encandilan para engañar a los tontos.

Un barco, pirata o no pirata, ni es un avión de caza que, en minutos, pueda desaparecer del escenario en el que ha cometido su fechoría y tornar a algún seguro donde nuestra fuerza militar ya no pueda actuar contra él, ni es una guerrilla que pueda hacer lo mismo.

No. Un barco es un vehículo lento que navega pachorrudamente por los océanos, al que se le puede mantener identificado y localizado perfectamente y contra el que se pueden mandar un par de fragatas para abordarlo, detener a la tripulación y ponerla a disposición del Tribunal que corresponda. O, al menos, se puede hacer el intento de hacerlo y cualquier gobierno que tuviera una mínima noción de su responsabilidad, de su dignidad, de la dignidad de la nación que gobierna y del principio de legalidad lo hubiera hecho. El nuestro no. Indigno y preocupado sólo por que su imagen no desmerezca y por que los españoles nos enteremos lo menos posible de las cosas que pasan, se limitó a pagarles a los piratas parece que unos 800.000 euros −que tampoco nos lo han explicado− y por ahí andan los piratas, libres, coleando,  enganchados por el garfio al vaso de ron y brindando con él a la salud de Zapatero, de De la Vega y de Moratinos.

Me he extendido en la anécdota de los piratas porque es sumamente ilustrativa de la manera de actuar de estos cobardes: unos gallos de puertas para adentro, unos papanatas en su visión del mundo internacional en general y del europeo en particular, y unos indignos a la hora de defender los intereses españoles ni frente a lo extranjero ni frente a lo meramente delictivo.

***

Como los italianos no son así, ha sucedido lo normal y lo menos que podía suceder: el embajador italiano en España ha pedido explicaciones sobre las impertinencias de De la Vega y ésta se la ha tenido que envainar −que la señora De la Vega me vuelva a perdonar la expresión− y defenderse diciendo que se refería a incidentes concretos sin explicarnos qué incidentes concretos eran esos ni qué responsabilidad tenía en ellos el señor Berlusconi.

Como no me gusta hablar por hablar y el ruido que hace esta gentuza hace que nos perdamos en la anécdota y nos distraigamos con él −otra de sus artimañas− me he ido a rebuscar qué enormidad está cometiendo el señor Berlusconi con el asunto de la inmigración ilegal. Poco he encontrado en castellano. Como digo, esta gentuza se limita a meter ruido para que nos enteremos lo menos posible de la categoría y nos entretengamos lo más posible en la anécdota, aunque la anécdota, en este caso, haya acabado de manera tan desairada para la señora vicepresidenta.

De lo poco que he encontrado me quedo con la noticia que da La Vanguardia en la que explica que Berlusconi pretende tratar como delito a la inmigración clandestina −ya lo es en los Estados Unidos− procesar a los que lo cometan en el plazo máximo de quince días y expulsarlos de Italia. Es decir, poco más o menos lo mismo que se está discutiendo en toda la Comunidad Europea con meras diferencias en los plazos de detención de los inmigrantes ilegales.

Por esto es por lo que De la Vega ha llamado xenófobo y racista a Berlusconi con la misma alegría que podía habérselo llamado, por mucho menos, al señor Rajoy pero sin caer en la cuenta de que el señor Berlusconi es el Presidente de la República Italiana y, además, no es español, razón por la cual ni está al tanto de la simpleza intelectual de los socialistas españoles, ni de su mala baba, ni de sus artimañas semánticas, ni les tiene el miedo cerval que les tenemos la derecha española de que nos tilden de xenofobos o de racistas o de machistas, y todas esas cosas con las que nos tildan y con las que nos hacen bajar los pantalones.

Como al señor Berlusconi la señora De la Vega se la trae al pairo, ni rectifica ni se baja nada. Antes bien, llama a su embajador, llama a Zapatero −que a la sazón se hallaba restableciendo amistades con su compadre, el protodictador venezolano conocido como Gorila Rojo− y a Zapatero no le queda más remedio que hacer rectificar a De la Vega.

De la Vega rectifica con el socorrido argumento de que sus palabras fueron malinterpretadas y, aunque no se comprende muy bien que mala interpretación cabe en una frase tan llana como que el Gobierno italiano de Silvio Berlusconi “exalta la violencia, el racismo y la xenofobia” con las redadas y expulsiones que está llevando a cabo en contra de los sin papeles”, el caso es que doña Teresa rectifica.

***

Así podrían haber quedado las cosas pero, como digo, nuestros socialistas andan necesitados de carnaza y de tensión, razón por la cual, a los pocos días de haber vuelto las aguas a su cauce y vuelto a reinar, al menos en apariencia, el viejo principio que dice “españoles e italianos, primos hermanos”, hete aquí que vuelve la burra al trigo y salta a la palestra el ministro español de Trabajo e Inmigración, señor Corbacho para remover el asunto y acusar al gobierno de Berlusconi de «criminalizar al diferente» y, tras él,  la ministra de Igualdad, doña Bibiana Aído, −la que dijo aquello de que «criticar a las ministras de Zapatero fomenta los malos tratos»−, sin poderse contener, entra a rematar de cabeza las genialidades de De la Vega y el recochineo de Corbacho y manifiesta que lo que Berlusconi necesita es «ir al psiquiatra.»

¡Viva la Diplomacia, viva la Igualdad, viva su ministerio y viva doña Bibiana!

Al pobre ministro de Asuntos Exteriores italiano, don Franco Frattini, hasta entonces resignadamente callado fuera de su discreta gestión cerca de Zapatero, cuando éste andaba con el gorila, para intentar que esta gente dejara de decir sandeces, no le queda ya más remedio que hablar, salir al paso de esta gresca y calificar las manifestaciones de nuestros ministros socialistas de

«imprudentes y extemporáneas. Además de desagradables… fruto de un desconocimiento de las iniciativas del Gobierno»

y pedir a nuestro embajador en Italia

«un encuentro para explicar a nuestros colegas españoles lo que no conocen.»

Y ha añadido don Franco:

«Zapatero ha actuado con mano dura; es más, durísima: ha expulsado a decenas de miles de personas con métodos muy rigurosos y severos.»

Dejando aparte la candidez del señor Frattini al pensar que se les pueda explicar nada a sus colegas españoles, es muy posible que haya sido como dice el ministro italiano. Es muy posible que Zapatero haya hecho las cosas así, a hurtadillas, porque está muy en la línea de Zapatero hacer una cosa y contarnos la contraria. No sé bien si lo de los métodos rigurosos y severos y lo de la mano dura, durísima, quiere decir, en términos diplomáticos, ilegales y lesivos contra el derecho de las personas pero aún estoy esperando que el señor Moratinos llame al embajador italiano al Palacio de Santa Cruz y le pida explicaciones sobre estas palabras del señor Frattini para que él y todos nosotros sepamos en qué han consistido estos métodos rigurosos y severos.

Conociendo al socialismo; conociendo cómo se pasa la Ley por el forro; conociendo cómo Felipe González prefirió las fosas de cal viva al imperio de la Ley; conociendo cómo Zapatero no tiene mayor sofoco para acomodar hoy la Ley para que hoy la Ley diga que Otegui es un hombre de paz y mañana diga que hay que meter a Otegui en la cárcel; conociendo todo esto se hace evidente la necesidad de pedir explicaciones diplomáticas a Italia para que Italia nos explique qué es eso de la mano dura, durísima y qué es eso de los métodos rigurosos y severos aplicados por Zapatero a decenas de miles de personas.

No lo van a hacer: además de verborreicos y canallas son cobardes. Maestros en el arte de tirar la piedra y esconder la mano pero, en esencia, cobardes, no van a pedir explicación a Italia sobre qué ha querido decir su ministro de Asuntos Exteriores no vaya a ser que nos enteremos de algo que no sabemos.

***

No se entienda, por lo que voy diciendo, que no se puedan discutir las acciones de gobiernos amigos por parte del nuestro. Se puede hacer. Pero debe hacerse mediante un arte que se llama Diplomacia y que es el término medio entre la cobardía que tuvieron con lo del barco pirata y el exabrupto apto para deficientes mentales, tan utilizado por nuestro gobierno en casa, pero que, fuera de ella, queda horrorosamente mal y, como dice don Franco, imprudente y desagradable.

En fin: son así de cutres. En España les conocemos más que de sobra y no deja de ser bueno que en el extranjero les empiecen a conocer también.

Hasta aquí el incidente De la Vega vs Berlusconi. Como se ve, ni es equiparable a la Defenestración de Praga ni a la invasión de Polonia ni al rapto de las Sabinas, y, ni por tanto, va a ir más allá de constituir una muestra más de la vergüenza del Gobierno que padecemos y a ese mero efecto lo he traído aquí a colación. Anécdotas como ésta nos ilustran acerca de la soledad en la que se va quedando España en lo internacional y, sobre todo, en una Europa en la que la derecha avanza sin complejos y en la que sólo en nuestra patria pervive, como residuo fosilizado, un socialismo rancio y necio pero que se halla instalado en la convicción de poseer la verdad absoluta y de que los demás, Berlusconi incluido, somos imbéciles. Este socialismo que, por boca de Zapatero, nos prometió hace cinco años colocarnos en un puesto de preeminencia entre las naciones europeas apenas se saluda, hoy, con el señor Chávez y, en lo demás, está tan solo como dejé dicho en mi escrito de hace unos días Zapatero, la soledad y el papanatismo y en el que el lector curioso, aunque puede saltarse mis pobres reflexiones, puede deleitarse contemplando la fotografía y el vídeo de un Zapatero más solo que la una y ninguneado por absolutamente todos los mandatarios occidentales, empezando por el señor Bush, quien, mientras habla con la señora Merckel, parece que su única preocupación es dar la espalda a ZP.

 

Vínculos:

Reseña de la noticia en Libertad Digital.

Reseña de la noticia en La Vanguardia.

Bibiana Aído pide un psiquiatra para Berlusconi. Nuevo capítulo de la crisis entre España e Italia en 20 minutos.es.

Respuesta del ministro italiano de Asuntos Exteriores. El Día.

La oposición italiana se pone también en contra de España. El Mundo.

«Yes», artículo de David Gistau en La Razón.

Zapatero, la soledad y el papanatismo.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

22 mayo, 2008 at 12:40

Publicado en Política

Tagged with , ,

Reforma constitucional ¡Ya!

with 2 comments



El rey de España, don Juan Carlos I

I. Protesta inicial.

Vaya por delante, a la hora de dar comienzo a estas líneas, mi reafirmación monárquica y la reiteración de la idea de que no concibo a España sin la Monarquía como no concibo a España sin su raíz cultural católica.

Hace unos meses critiqué aquí, por su pobreza, el argumento de los que medio toleran la Monarquía actual diciendo que ellos no son monárquicos pero son juancarlistas.

Decía yo entonces —y perdóneseme la autocita (de las que, me parece, voy a usar y abusar a lo largo de este escrito)— que:

«el preferir la Monarquía como sistema de gobierno en función de que el rey de turno nos caiga más o menos simpático es un argumento grotesco, apto sólo para mentes que, o bien quieren eludir el problema o bien, no queriéndose apear del burro de su republicanismo sentimental, no dejan de intuir el bien que la Monarquía aporta a la nación española.»

Sigo diciendo exactamente lo mismo y hoy tengo que repetirlo aquí sensu contrario y dirigido a las personas que, siendo españoles cabales, están comenzando a dudar de esta bondad de la Monarquía debido a las recientes  opiniones del Rey actual acerca de Rodríguez Zapatero, opiniones que constituyen el motivo del presente escrito.

A estas personas les digo lo mismo: el preferir o no la Monarquía en función de que el rey de turno nos dé o nos deje de dar un disgusto es una inconsecuencia. La justificación de la Monarquía tiene mayor calado.

II. Motivo del presente escrito.

El motivo del presente escrito son las palabras, tan espontáneas e imprevistas como entusiastas, con las que don Juan Carlos I defendió anteayer la figura del señor Zapatero.

Saltándose el protocolo que rodea al Rey, una periodista le abordó y le preguntó:

Majestad, ¿me permite hacerle una pregunta?

—Dime, dime, —le contestó Don Juan Carlos—.

—Estoy preparando un reportaje sobre el presidente Zapatero. ¿Podría darme, por favor, su opinión sobre él, como persona?

—Sí —repondió Su Majestad.— Es un hombre muy honesto. Muy recto. Que no divaga. O sea, la gente cree que hace cosas así… como divagando —levanta entonces la mano y la mueve de un lado a otro—, pero no hay nada de eso. Él sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro.

La periodista le señala a Don Juan Carlos:

—Sin embargo, le siguen considerando un enigma.

—Bueno —contesta el monarca en tono jocoso— quizá por la forma de las cejas, el gesto, los ojos, esa sonrisa particular… Pero lo importante es el valor de lo que hay detrás de todo eso: un hombre recto.

III. El señor Rodríguez Zapatero.

Los españoles de hoy comprendemos muy bien el significado de las palabras del rey y el por qué han suscitado tanto revuelo, tanto disgusto y tanto desaliento entre los que nos consideramos gentes de derechas, tenemos de Zapatero la opinión estrictamente contraria a la que de él tiene Su Majestad y estamos aterrorizados viendo, un día sí y otro también, como el señor Zapatero (eso sí, sin dejar de sonreír ni de presentarse como adalid del diálogo, de la tolerancia, del talante, de la sonrisita, y de todas esas paparruchas en cuyo arte es un maestro) utiliza el Gobierno de la nación para embestir contra nosotros y contra nuestras convicciones.

Pero, quizá, para las generaciones futuras, este revuelo y esta desolación que nos ha causado el rey, sí precisen de alguna explicación.

Pues bien: si es sabido que en la milicia y, mientras no se demuestre lo contrario, el valor se supone, igualmente, la rectitud y la integridad son cualidades que se deben de suponer de cualquiera, incluidos gobernantes como Zapatero, mientras no nos demuestren lo contrario, y no es menester hacer ostentación de ellas.

Sucede, empero, que Zapatero nos ha dado mil muestras, en el cuatrienio pasado, como para dudar muy mucho tanto de su rectitud, como de su integridad en lo político.

Resulta cansino recurrir a las hemerotecas para recordar todas las muestras del personaje a las que hay que recurrir para dudar de las palabras del rey, pero ello es menester hacerlo porque, habiendo sido tantas, la de ayer nos hace olvidar a la de anteayer:

La penúltima que hizo fue utilizar el dinero público, mi dinero, entre el de otros, para regalar cuatrocientos euros a los declarantes del inminente IRPF si le daban el triunfo en las pasadas elecciones. Y si no, no.

Tuvo la suerte de tener delante a una persona seria y responsable, el señor Rajoy, quien, muy bien, pudiera haber dicho:

“¡Pues yo os voy a dar quinientos si me votáis a mí!” entrando en una escalada de despropósitos que cualquiera puede imaginar.

A Su Majestad esto le puede parecer integridad y rectitud. A mí me parece villanía, cacicada y  robo del dinero que yo aporto a la Hacienda Pública por parte del señor Zapatero para metérselo en su bolsillo y ganar con él unas elecciones legislativas.

La última fue cuando le pillaron hablando con Gabilondo ante lo que él creía un micrófono cerrado pero que, en realidad, estaba en on quiero decir, para los que no somos poliglotas, enchufado, y gracias a lo cual los españoles pudimos enterarnos cabalmente de lo que ya más que sabíamos de manera imprecisa: pudimos enterarnos de que, en la pasada campaña electoral, el señor Zapatero, en vez de ilustrarnos con propuestas y de informarnos sobre qué va a hacer y adonde va, a lo que iba era a introducir más tensión de la mucha que ya había introducido con iniciativas tales como la Ley de la Memoria Histórica, el Estatuto catalán o la negociación con ETA.

A Su Majestad esto le parecerá rectitud. A mí me parece canallada e indecencia.

Antes estuvieron sus engaños al señor Mas, al señor Rajoy… y no digo que al lucero del alba porque el señor Zapatero ni necesita engañar a dicho lucero , ni tiene trato con los luceros que, si no, también.

Pero, en fin, a pesar de esta convicción mía de que Zapatero, ni es un hombre recto ni es un hombre íntegro, quizá ande yo equivocado y Su Majestad, quien lo conoce más de cerca, sea el que tiene razón con respecto a la valoración personal del presidente.

IV. El quid de la cuestión.

El quid de la cuestión no es, sin embargo, el hecho de si Zapatero es o no es un hombre íntegro y recto.

A mí me parece que no lo es y a Su Majestad le parece que sí pero, a los efectos prácticos e históricos esto importa muy poco pues, como dicen, el infierno está plagado de buenas intenciones y nos importan muy poco ni las más recónditas integridades ni las rectitudes, íntimas y personales de Zapatero.

Creo que el quid de la cuestión está en otra parte de las palabras de don Juan Carlos. Concretamente en aquéllas con las que dice que Zapatero no divaga: sabe muy bien donde va.

Los pensadores de derechas es decir, los pensadores, no los agit prop de la izquierda han elucubrado mucho, durante el pasado cuatrienio, sobre el asunto de si Zapatero es malo, es tonto o es un iluminado.

De las palabras elogiosas de don Juan Carlos cuando dice “que Zapatero no divaga: sabe muy bien donde va” parece desprenderse excusatio non petita, acusatio manifiesta que estamos, de verdad, ante un iluminado y, además, mentiroso.

Estamos según el sentir de don Juan Carlosante un ser que sabe muy bien adonde va y adonde nos quiere llevar a todos por métodos pseudodemocráticos. Pero el asunto es que no nos dice adonde va.

Podemos intuirlo pero él no nos lo dice.

Un dirigente honesto no obstante ser demócrata y que sí sabía muy bien adonde iba, se lo dijo con mucha claridad y sin tanta sonrisa ni tanta circunflexión de cejas, a los británicos:

Blood, sweat and tears,

dijo Churchill, o dígase en castellano: “Sangre, sudor y lágrimas.”

Y los británicos le entendieron a la perfección, se pusieron a su lado y el rey de Inglaterra, a la sazón don Jorge VI, no tuvo que verse en el trance de tener que decir que don Winston Churchill era una persona honesta que no divagaba: cualquier británico le entendió sin que fuera menester que don Jorge VI defendiera la honestidad de Churchill y, ni mucho menos, decirles que no divagaba.

No es este el caso en la España de Zapatero. Zapatero sabe muy bien adonde va pero no nos lo dice con palabras lisas, llanas y sencillas para que, democráticamente, podamos decidir si queremos acompañarle o no en su camino. De ahí que, como muy bien dice Su Majestad, nos parezca que divaga.

El hombre que nos prometió transparencia, es decir, digo yo claridad conceptual, se entretiene en envenenarnos con memorias históricas mientras nos toma por borregos imbéciles que debemos seguirle en ese camino suyo que Su Majestad y él conocen tan bien a donde va pero que los demás, aunque lo intuimos, desconocemos.

Si la democracia consiste, precisamente, en que los electores decidamos cuál de los proyectos políticos que se nos ofrecen queremos votar, corresponde a los políticos explicarnos con claridad meridiana esos proyectos suyos y, siendo esto así, si estamos ante un ser que sabe muy bien donde va mientras los demás, sus electores, estamos con los ojos como platos, sin acabar de comprender muy bien adonde va y lo que nos parece es que divaga, entonces, o una de dos: o estamos ante un inepto que no se explica y sólo sabe sonreír y enarcar las cejas o estamos ante un político que ni es recto, ni es íntegro, ni es honrado, por muchas que sean las buenas cualidades que le adornen en su vida personal y que a mí me importan un bledo.

Pero, hay más.

De las palabras del Rey se desprende que Zapatero sí está caminando hacia alguna parte.

Éste es el quid de la cuestión: Zapatero no está divagando; está caminando hacia alguna parte que él conoce muy bien pero que los españoles desconocemos.

V. ¿Hacia dónde camina Zapatero sin querérnoslo decir?.

La Constitución del 78 fue un pacto entre todos los españoles que había sido respetado por todos hasta que llegó Zapatero al poder en su legislatura anterior.

Durante esa legislatura, la Constitución del 78 fue atacada en dos frentes que son, prácticamente, los únicos por los que hemos visto caminar a Zapatero. Estos dos frentes son:

  1. La reaparición, en la izquierda, de los rencores históricos que aquella Constitución vino creíamos a superar y a dar por zanjados con iniciativas tales como la Ley de Memoria Histórica iniciativa que, dicho sea de paso, no venía en el programa electoral del PSOE del 2004 sino que fue un invento del recto de Zapatero o con hechos tales como la reaparición del anticlericalismo, la persecución soterrada a la Iglesia católica y el ataque a nuestras costumbres so pretexto de defender presuntos derechos de determinadas minorías.
  2. La agudización extrema del problema que representa la división territorial de España.

Creo que, a día de hoy y tras el camino andado por Zapatero por estas sendas, la Constitución del 78 está herida de muerte y ha dejado de servir, no tanto por el ataque que ha sufrido desde el primero de estos frentes que, a pesar de haber sido y de seguir siendo un ataque brutal, dada la debilidad de la derecha española y el entontecimiento cada vez más embrutecido del pueblo español, va a triunfar sin alterar con ello la convivencia −aunque sí el consenso− que significó esa Constitución, sino por el ataque desde el segundo frente: el que viene del nacionalismo y del separatismo.

Creo que el envenenamiento de este problema, el nacionalista, durante la anterior legislatura ha encaminado, irreversiblemente, a los nacionalistas vascos y catalanes por la senda del separatismo y creo que en una, dos o tres generaciones antes quizá las Provincias Vascongadas y Cataluña se segregarán del resto de España.

No diré que Zapatero sea el responsable único de ello. Hoy nos resulta evidente que la raíz del problema estaba en la misma Constitución, en la forma en la que trató la repartición territorial de España, y en los treinta años de gobierno nacionalista en esas comunidades autónomas que han ido generando un poso de desafecto hacia la mera idea de España en una parte de catalanes y de vascos que, cada vez, es mayor y que lo único que va a hacer es a seguir aumentando en número.

No es Zapatero el único responsable de tal hecho, digo, pero es evidente que ha sido durante su legislatura cuando el problema se ha agudizado y hecho, a mi entender, irreversible, y es evidente que han sido muchas de las actitudes de Zapatero el impulso que dio al Estatuto catalán cuando estaba muerto en el propio parlamento de Cataluña, el recorte que impulsó, después, a este Estatuto en el Parlamento español, su engaño al señor Mas, su engaño a la ERC, la negociación con ETA, los múltiples engaños al señor Rajoy, el negar a Ibarretxe lo que a ofreció a ETA o su utilización mezquina del Plan Hidrológico, son ejemplos de esas actitudes las que han contribuido a envenenar este problema hasta el grado en el que hoy se halla.

Quizá las intenciones de Zapatero fueran buenas a la hora de enfrentarse al problema nacionalista pero, como dije antes, el infierno está plagado de buenas intenciones y, en cualquier caso, es evidente que, fueran cuales fueran esas intenciones, la forma en que Zapatero el recto se enfrentó a él fue mediante trapacerías, engaños y mentiras a tirios y troyanos.

Y, además, intentando empezar a construir la casa por el tejado. Para muchos era ya una evidencia entonces y hoy creo que lo debe de ser para todo el mundo: la reforma de los Estatutos de Autonomía exige una reforma previa de la Constitución en la forma prevista en ella.

Si queremos hacer las cosas bien y con lealtad recíproca, ésa es la única vía de enfrentarnos al problema nacionalista.

La derecha se hartó de decir esto durante el trámite del Estatuto catalán. Ni Zapatero ni el nacionalismo catalán de izquierda le hicieron caso antes bien, se hartaron de presentarla como anticatalana y el nacionalismo catalán de derecha se vio arrastrado en la vorágine aquella y tuvo que subirse al carro de dicho Estatuto y radicalizarse como se ha radicalizado.

Como dije antes, la reforma de el Estatuto catalán que, parece ser, fue idea del señor Maragall cuando en España parecía seguro que iba a seguir gobernando el PP y, por tanto, una idea que el propio señor Maragall creía inviable y que lanzó a los meros efectos de hacer ruido y de divertirnos un poco había muerto en el propio Parlamento catalán y fue Zapatero, sin ninguna necesidad, el que la resucitó en el célebre Pacto del Tabaco en el que, literalmente, engañó al señor Mas.

Resucitó, pues, Zapatero una reforma estatutaria que estaba muerta. Alentó esa reforma. Los catalanes se lo creyeron y reformaron su Estatuto y cuando, con él en la mano, se presentaron en Madrid para su sanción por las Cortes Españolas ¿qué hace Zapatero? lo modifica para acomodarlo a la Constitución que debería de haber empezado por reformar para hacer las cosas con claridad, con lealtad, con nobleza y, sobre todo, con miras a que los resultados tuvieran una mínima estabilidad.

¿Puede, así, extrañarnos el desaliento del catalanismo? ¿Puede extrañarnos la escalada del independentismo catalán ante tal engañifa? ¿Puede extrañarnos que, cada vez, sean más y más autorizadas las voces que piden la independencia en Cataluña?

Así están las cosas por lo que respecta al problema nacionalista.

VI. El señor Ibarretxe.

En el mismo escrito que mencioné al principio, que se titula En defensa de la Monarquía española y que publiqué hace hoy, justo, un año, decía yo también:

«Si hemos abandonado el principio filosófico de que el poder deriva de Dios y creemos hoy que el poder nace de la voluntad popular, la España liberal no tiene argumento sólido que oponer, en lo estrictamente filosófico, a la reivindicación de soberanía de ninguno de los pueblos que la conforman. Si los catalanes nos dicen que ellos, para expresar su voluntad y gobernarse no tienen que pasar por Madrid no tenemos argumento filosófico que contraponer.»

Sigo pensando igual. Si el señor Ibarretxe nos dice:

«Somos una sociedad sensata y madura, tenemos mayoría de edad para decidir y, además, queremos decidir, queremos tomar decisiones por nosotros mimos.»

no tenemos, en lo estrictamente filosófico argumento sólido que contraponer.

Por otra parte, la deriva del mundo cada vez es más proclive a la creación de nuevos estados y un estado vasco o un estado catalán son del todo verosímiles e imaginables a medio plazo, tanto en el concierto internacionel en general como en el europeo en particular.

No podemos prescindir de ninguna de estas dos realidades.

Por otra parte, si el señor Ibarretexe nos sigue diciendo:

«Apostamos por un futuro que dice sí al pacto entre Euzkadi y España. Apostamos por un futuro que dice sí a la negociación con el Estado, a la mano tendida y no a la mano rechazada. Derecho a decidir y obligación de pactar, ésta es, a mi juicio, ésta es, a juicio de la Cámara vasca, hoy, de manera mayoritaria, la clave de la solución democrática del conflicto que venimos arrastrando durante los últimos doscientos años.»

ni podemos desoír las palabras del lendakari, ni podemos negar que tiene razón cuando dice que el conflicto dura doscientos años.

Puede ser que el señor Ibarretxe nos esté intentando engañar. Puede ser que tras ese nuevo pacto al que apela, el nacionalismo siguiera siendo lo que ha sido durante toda la Transición: un continuo chantaje al estado y una enorme máquina propagandística, en sus territorios de fomento del odio a la idea de esa España a la que nos dice que quiere tender la mano.

Puede ser que sí, pero pudiera ser que no y, por ello, no debemos desoírlo.

Entre otras cosas  (y aquí es muy posible que peque de ingenuo y de vivir en otro mundo) porque el verdadero nacionalista ama a su patria y ama a la historia de su patria. Lo que llamamos nacionalismos periféricos tendrán una idea restringida de lo qué es su patria pero, amándola, no pueden ni dar la espalda a su historia ni falsearla por siempre: antes o después se tienen que encontrar la idea de España, a la que han pertenecido desde hace muchos siglos y a la que sus antepasados se sintieron orgullosos de pertenecer.

Y, en este sentido hay que recordar que durante la primera parte de esos doscientos años de desencuentro a los que se refería el lendakari, sus antecedentes en su partido se alinearon al lado de una de las líneas dinásticas de la corona española que se enfrentaron a lo largo del siglo xix, más concretamente, la carlista, la tradicionalista.

VII. El señor Duran i Lleida.

Por otra parte, en otro escrito mío titulado España, antes rota que roja, trataba yo de exponer la tesis de cómo la izquierda a la que, en el fondo, le importan muy poco todas estas zarandajas de patria y de nación viene utilizando desde el siglo xx el problema nacionalista pro domo sua y, envenenándolo hasta el infinito, pescar en su río revuelto.

He dicho muchas veces, y lo he dicho en páginas catalanistas, que yo siempre me voy a sentir más cercano en espíritu a un catalán de derechas que a un castellano de izquierda, por muy castellano que sea yo.

Siempre me voy a sentir más cercano de un señor como el señor Duran i Lleida que de personas como Zapatero, por muy rectas e íntegras que sean en el ámbito de lo personal.

Precisamente hace pocos días, el señor Duran i Lleida tuvo la gallardía de anunciar públicamente que él se iba a oponer a la embestida laicista que lidera Zapatero y que antes enuncié como la primera de las sendas por las que éste camina. Que yo sepa, es la única voz que se ha alzado, desde el nacionalismo, contra el laicismo que aquél nos quiere imponer. El resto del nacionalismo me refiero al de derecha prefiere cerrar los ojos a esto y permanecer instalado en la postura cómoda de presentar a la derecha centralista como cerril y obscurantista mientras ellos, al paso que van a llevar a sus naciones a la emancipación, las van a modernizar. Modernizar en este sentido zapateril del término.

Y llegamos, con ello, a otro punto crucial de la reflexión:

Zapatero puede acometer tal ofensiva laicista porque la derecha española está dividida: ni en Cataluña ni en las Provincias Vascongadas hay derecha que se oponga a este ataque de Zapatero y no la hay porque la derecha de estas tierras españolas anda enemistada con la derecha centralista por el problema nacionalista.

Del anteponer este problema, para ellos esencial, al de la destrucción de la cultura común que todos tenemos, catalanes, vascos, castellanos, aragoneses, valencianos… resultan don resultados:

  1. La derecha española, dividida, permite que Zapatero tenga una mayoría parlamentaria suficiente como para promover medidas legislativas dirigidas a la destrucción de valores espirituales que están en la base de nuestras culturas, llámense española, vasca o catalana. 
  2. Quizá, la alianza de los nacionalismos periféricos con Zapatero acabe consiguiendo el, para éstos, tan deseado caramelo de la independencia de su odiada España, pero ¿qué patria vasca o qué patria catalana habrán conseguido independizar? ¿una patria vasca o catalana en la que los maricas y las lesbianas tengan el derecho de formar pareja y adoptar niños? ¿una patria vasca o una patria catalana a las que tan indiferentes les sean la religión católica que fue la de sus antepasados como la islámica contra la que todos luchamos y vencimos durante ochocientos años y cuya lucha es un elemento imprescindible del concepto que llamamos España?

Necesitaríamos, pues, recapacitar sobre las derechas españolas, ver en qué andamos equivocados todos e intentar un acercamiento leal en el que la derecha nacionalista vasca se opusiera en Vasconia a tal degradación de las esencias de nuestra patria, la catalana hiciera lo propio en Cataluña y todas incidieran en ello y estudiaran la posibilidad de no ser tan cerriles.

Mientras no sea así, mientras las derechas vasca y catalana anden calculando qué provecho mezquino pueden sacar de que un ser como Zapatero, hombre íntegro en opinión de don Juan Carlos I, sinvergüenza redomado en la mía, Zapatero, en alianza con la izquierda radical, hará mangas y capirotes con todos nosotros, vascos, valencianos, catalanes, gallegos, castellanos y demás ralea hispánica.

El señor Duran i Lleida, pues, desde Cataluña, ha tenido el valor de no confundir el culo con las témporas y de marcar la distancia precisa con el recto de Zapatero.

viii. La Iglesia católica.

La Iglesia católica a través de la Conferencia Episcopal Española, a la que, muy bien, pudiéramos equiparar en este asunto a los Concilios Toledanos en lo que respecta a la forja de la nación española, en el punto septuagésimo tercero de su Instrucción Pastoral del 2006 titulada Orientaciones morales ante la situación actual de España, nos dice:

«La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen.»

No hay, pues, razón alguna para que nos empecinemos en defender una constitución que murió durante la primera legislatura Zapatero. No debemos malgastar más fuerza en su defensa.

Creo llegada la hora de una reforma constitucional no de la reforma tibia que están planteando los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP y referida a puntos concretos como la reforma del Senado, la Ley Electoral, la reforma del Tribunal Constitucional, la del Consejo Superior del Poder Judicial o la Sucesión en la Corona de España (que también) sino a una reforma profunda que implique y que comprometa a los nacionalismos periféricos, muy especialmente a PNV y CiU.

En ello todos habremos de ceder. Tanto los que venimos confundiendo a España con la España liberal que nació en 1812 como los que confunden esta España con cualquier idea de España.

ix. Don Fernando vii.

Don Fernando VII, el último rey de nuestra monarquía tradicional, tan vilipendiado como fácil de vilipendiar, comparaba a España con una botella de cerveza y a sí mismo con el tapón que la tapaba y, añadía:

«En el momento en el que el tapón salte a la hora de mi muerte, todo el líquido contenido se derramará, sabe Dios en qué derrotero.»

Lo cuenta don Ramón de Mesonero Romanos en su obra Memorias de un setentón.

Que sucedió, exactamente, como pronosticaba el rey don Fernando VII lo puede ver cualquiera que se interese, aunque sea por encima y de pasada, por la historia del siglo XIX español. Que sigue sucediendo, lo viene a decir el lendakari Ibarretxe cuando habla del conflicto que venimos arrastrando durante los últimos doscientos años.

x. La Cruzada y el régimen del general Franco.

A mí nadie me va a quitar de la cabeza que el régimen de Francisco Franco fue un intento de conciliar la modernidad con la tradición. Lo dejé escrito hace unos días en mi artículo titulado Zapatero, la soledad y el papanatismo.

En su origen, el régimen de Franco, fue un levantamiento contra el marxismo y, también, contra el separatismo. Contra el separatismo porque éste andaba ya aliado con el marxismo en su labor de destrucción de España.

Si hubiera sido posible la alianza del nacionalismo vasco y catalán con la Cruzada e intentos hubo al respecto por parte del episcopado vasco, lo cuenta Ricardo de la Cierva en su obra La Historia se confiesa, en lo que respecta al PNV si tal alianza hubiera sido posible como lo fue en el caso navarro, hoy, muy probablemente, no existiría problema nacionalista ni secesionista en España y, seguramente, la izquierda española estaría bastante más civilizada, habría hecho, ella también, su transición, y, en cualquier caso, no podría estar utilizando el problema nacionalista para envenenar la vida política.

No fue posible. Los nacionalismos vasco y catalán del 36 estaban ya entregados en todo a una República que les había regalado el caramelo de sus estatutos y, como hoy, cegados por este caramelo, poco les importaba que España se encaminara a ser un cordero de Stalin en la parte más occidental de Europa.

A su vez, Franco, tras su victoria, adoptó como modelo para la organización territorial de su régimen, el de la España liberal del siglo XIX y no prestó ninguna atención a la posibilidad seguramente porque no había tal posibilidad de conformar territorialmente a España a la manera tradicionalista cuando el tradicionalismo se contaba entre las fuerzas que con él combatieron y que le llevaron a la victoria.

xi. Una nueva Constitución bajo una monarquía de inspiración carlista.

Voy acabando.

Tras la muerte de don Fernando VII, reinó en España la línea isabelina, representada, en su principio por una niña con la que las camarillas y facciones del liberalismo hicieron mangas y capirotes y que una vez crecida inició lo que a grandes rasgos ha caracterizado a esta línea dinástica: vivir el Monarca en paz, no entrometerse en nuestras peleas y, sobre todo, pedir perdón a la izquierda jacobina por permitirle existir y no cortarle el cuello como se lo cortaron a su antepasado el rey Luis XVI.

A su lado, y combatiendo a esta línea isabelina, existió la línea dinástica carlista que postulaba un mantenimiento de la España tradicional dentro de las novedades del mundo moderno. Por eso floreció el carlismo, fundamentalmente, en las tierras españolas más celosas de su tradición, la Vascongadas y Cataluña.

Y por eso, las Vascongadas y Cataluña, una vez confirmado el triunfo de la línea isabelina y confirmada la inviabilidad del carlismo, derivaron hacia el separatismo puro y duro y hacia su alianza con la izquierda revolucionaria.

Castilla, a su vez, amortecida y enervada, solar de la capital del Reino, confundiéndose a sí misma con la totalidad de España, mientras los nacionalismos vasco y catalán caían en la misma confusión, lleva doscientos años callada y conforme con el estado de las cosas.

Creo llegado el momento de que las cosas cambien y creo que sólo pueden cambiar en dos sentidos.

  1. La disgregación lisa y llana de España, o
  2. La reforma de la Constitución en un sentido carlista adaptado a los tiempos modernos.

Es claro que aquí postulo el segundo punto.

Para mí eso significa un pacto entre los antiguos reinos que conformaron a la España del Antiguo Régimen. Hemos de abandonar las zarandajas de la partición de Castilla en ‘nacionalidades’ artificiales tales como ‘Castilla-León’, ‘Castilla-La Mancha’, ‘Extremadura’, etc.

Es evidente que el presidente de la Generalitat o el lendakari vasco ni son ni se van a sentir nunca iguales a, por ejemplo, y con todos mis respetos, al presidente de Extremadura.

Y no lo son porque estas comunidades autónomas en las que se ha disgregado Castilla son entes artificiales y residuos de la partición decimonónica en provincias.

Los verdaderos interlocutores frente a Cataluña y las Provincias Vascongadas habrán de ser los reinos de Aragón, de Valencia, de Navarra y de Castilla: el café para todos de la Constitución del 78 ya no nos vale. De hecho, desde el principio fue un error.

No se trata, como dice la señora San Gil, de caerles simpáticos a los nacionalistas. Para simpatías ya tenemos bastante con la del señor Zapatero y con la de Su Majestad.

Se trata de ver si existe la posibilidad que, de existir, será seguramente la última de hacer un pacto leal con ellos.

En el escenario actual de la Constitución del 78 tiene razón María San Gil en que no tiene ningún sentido intentar caer bien a los nacionalistas periféricos porque el problema no es que los que nos consideramos dentro de ese concepto impreciso de la derecha española no seamos lo suficientemente simpáticos.

El problema es, como vengo diciendo, que la Constitución del 78 es ya, para esos nacionalismos, letra muerta, con lo cual no tiene sentido ni que intentemos caerles simpáticos ni que nos enfrentemos a ellos con la Constitución del 78 en la mano.

La solución es si es que hay solución la reforma constitucional.

Y acabo:

Como dije al principio, no concibo a España sin la Monarquía pero el monarca no puede vivir haciéndose perdonar continuamente la vida por la izquierda.

En esa España, lo mismo que necesitamos a unos nacionalismos retornados a ella con lealtad, necesitamos de una izquierda moderna, que olvide su obsesión anticatólica y que no le meta miedo al rey y necesitamos de un rey que no le tenga miedo a la izquierda y que, así, no nos desconcierte con aseveraciones tales como decir que Zapatero es un hombre recto e íntegro y que él sabe adonde va.

La primera porque somos muchos los que dudamos de tal rectitud y de tal integridad.

La segunda, porque no es de recibo, en una democracia que el presidente sepa adonde va y el resto de los ciudadanos lo ignoremos, no podamos, por tanto, decidir si queremos acompañarle o no en su camino y el único consuelo que nos quede sea que el rey nos diga que el presidente del gobierno sabe adonde va.

Eso es propio de un rey isabelino. Un rey carlista no nos podría decir eso. Y, menos con la que está cayendo.

Vínculos:

Las palabras de don Juan Carlos en Libertad Digital.

Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española

En defensa de la Monarquía española (Manifiesto de los persas.)

España, antes rota que roja.

Los reyes merovingios.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

13 mayo, 2008 at 19:52

Publicado en Política

11 de mayo: un aniversario para la Memoria Histórica

leave a comment »


 


Stanley G. Payne

Don Stanley G. Payne, historiador e hispanista estadounidense, publica hoy en La Razón un artículo titulado: Aniversarios: 14 de abril y 11 de mayo, en el que, al tiempo que nos recuerda que mañana se conmemora el septuagésimo segundo aniversario del inicio de la quema de conventos y de iglesias por parte de la II República española,  viene a coincidir en el revisionismo histórico con Pío Moa y a criticar el sectarismo del Gobierno socialista que padecemos en lo que respecta a la Ley de la Memoria Histórica.

Como el señor Payne es extranjero, además de doctor en Historia y profesor emérito en la Universidad de Wisconsin–Madison, a la caterva de reaccionarios de izquierda que, aparte de no saber hacer la O con un canuto, asume como dogma su visión falsa de la II República española y de nuestra Guerra Civil, le va a resultar más difícil hincarle el diente como se lo hincan al señor Moa, a quien, cuando no tienen más remedio que hacerle algún caso —pues su táctica habitual hacia él es el ostracismo y el ninguneo para evitar así, entrar a rebatir sus tesis— le tildan de psudohistoriador y, a partir de ahí, de fascista para arriba y, con ello, dan el asunto por zanjado y creen haber rebatido las tesis de don Pío.

Pues, ¡mire usted por donde! En su artículo de hoy, el señor Payne, no sólo viene a coincidir con las tesis del señor Moa sino que hasta le cita.

No es la primera vez que Stanley G. Payne cita a Pío Moa, de quien ya dijo:

“Sus obras constituyen el empeño más importante llevado a cabo durante las dos últimas décadas por ningún historiador en ningún idioma para reinterpretar la historia de la República y de la Guerra Civil.”

Y, añadía, entonces, Stanley G. Payne:

“Lo más reseñable es que, aparentemente, no hay una sola de las numerosas denuncias de la obra de Moa que realice un esfuerzo intelectualmente serio por refutar cualquiera de sus interpretaciones. Los críticos adoptan una actitud hierática de custodios del fuego sagrado de los dogmas de una suerte de religión política que deben aceptarse puramente con la fe y que son inmunes a la más mínima pesquisa o crítica.”

La caterva de rojos cerriles con apariencia de historiadores y la caterva de pseudointelectuales, estos custodios del fuego sagrado de los dogmas, harán como que ni leyeron aquellas palabras ni han leído el artículo que comento.

***

El concepto de revisionismo histórico utilizado de manera peyorativa es una falacia más de la izquierda que se nos quiere presentar como moderna y no es sino la misma antigualla ramplonamente dogmática de siempre.

Es esa izquierda que quiere presentarse como defensora de la Ciencia y no es sino cientifista, es decir, contempla a la Ciencia, sin entender lo que es; la mira de manera supersticiosa y de ahí que no tenga empacho, como viene a decir Stanley G. Payne, en responder a los argumentos de Pío Moa con la trampa epistemológica de invocar al principio de autoridad, es decir, en aceptar o rebatir tesis científicas en función de quién las dice en vez de utilizar el método científico para hacerlo o, dicho de otra forma: el recurrir al argumento de que don Pío Moa no es historiador para rebatir sus tesis tiene el inconveniente de que si luego viene una persona que sí es, no sólo historiador, sino una personalidad dentro de la comunidad científica internacional y, además, profesor, y viene a decir lo mismo que don Pío, los que así han argumentado se quedan con las vergüenzas al aire y lo único que pueden hacer es hacer como si no hubieran leído a Stanley G. Payne.

Pero volvamos al concepto de revisionismo histórico tal y como lo maneja la izquierda, es decir como uno de tantos conceptos totem que utiliza para que su mera mención sirva para callar las opiniones contrarias.

Si la Ciencia es algo es, precisamente, revisionista. Lean a Thomas S. Kuhn los que niegan que la Historia se pueda revisar.

La Ciencia, para seguir avanzando, necesita poner en duda todo lo que conoce pues la verdad científica, a diferencia de la religiosa, se caracteriza por ser una verdad relativa. La base de su conocimiento es poner en duda lo que hoy conoce, volverlo a analizar a la luz de las nuevas evidencias o de los nuevos resultados experimentales y estudiar si hoy puede seguir considerando verdadera la tesis que ayer lo era.

Si no fuera así, la primera teoría física científica, por ejemplo, la Teoría de la Gravedad de Newton seguiría siendo una verdad admitida e inamovible, Einstein hoy sería considerado un revisionista (en el mal sentido de la palabra) y su Teoría de la Relatividad, una engañifa suya.

No se comprende, pues, que quienes se nos quieren presentar como adalides de la racionalidad, del positivismo… (en definitiva, de la Ciencia) y nos tildan a los demás de ignorantes, retrógrados y obscurantistas, utilicen el concepto de revisionismo histórico de la manera que lo hacen: como algo indeseable.

Bueno, miento: sí se comprende. Si nos damos cuenta que a esta gente, la verdad, la ciencia y la razón les importan un bledo y que lo que pretenden es que su verdad dogmática (custodios del fuego sagrado los acaba de llamar Stanley G. Payne) no sea puesta en duda ni por lo más remoto, entonces ¡vaya que si se comprende que saquen a relucir —como digo, de manera tan inconsecuente— el espantajo del revisionismo histórico para que nada sea revisado. ¡Vaya que si se comprende que el revisionismo histórico sea, para ellos, indeseable!

Yo entiendo que la Historia no es una ciencia experimental. No podemos contemplar la Historia con la misma indiferencia ni con la misma asepsia con la que miramos un paramecio por el microscopio.

La Historia tiene un componente afectivo que sirve para unir a las gentes que se consideran herederas de una de sus múltiples líneas. A los niños hay que encariñarles con la Historia de su nación como han hecho siempre todas las naciones, como nos cuenta don Marcelino Menéndez Pidal que hacían los godos durante su epopeya daciana por las noches, todos reunidos, grandes y chicos, en torno a las hogueras, entonando los carmina maiorum: los cantos de los antepasados.

Entiendo que así debe de ser y deploro que haya dejado de ser así en nuestra patria.

Pero de ahí a contar mentiras y empecinarse en la mentira media un abismo y el cerrar los ojos al análisis científico de la Historia es sólo muestra del cerrilismo y de dogmatismo.

La Historia de la Patria hay que amarla tal y como es: conociendo sus defectos y sus virtudes, como defectos y virtudes tiene la familia de uno y no por eso ni es menos familia ni debe dejar de amarla.

Como para la izquierda esto no es así, como viven instalados en su mentira y se la creen a pies juntillas, es por lo que les resultan tan molestas y odiosas personas como Pío Moa y, por esa misma razón, como, gracias a personas como don Pío, esta verdad dogmática de la izquierda está siendo puesta en duda en los últimos años, han tenido que inventarse lo de la Ley de la Memoria Histórica para seguir engañándonos a todos con su mentira.

Pues ¡toma memoria histórica!

Para refrescarles la memoria histórica a esta caterva de fanáticos indocumentados escribe hoy en La Razón don Stanley su artículo del que reproduzco aquí algunos párrafos:

«Hace un mes el Gobierno y varios sectores de las izquierdas prestaron bastante atención al catorce de abril, la fecha de la proclamación de la Segunda República en 1931, como «aniversario de la democracia». Esto es superficialmente plausible, en un sentido técnico, porque la República nació en gran parte como una fórmula para buscar la democracia. Las limitaciones, no de la fórmula, sino más bien de la orientación y los valores de los líderes de la República, se pusieron de manifiesto en tan sólo cuatro semanas, el once de mayo, fecha de la tristemente famosa «quema de conventos». Es dudoso que el Gobierno marque este aniversario, pues su «memoria histórica» es notoriamente corta. Muchos historiadores han señalado que fue el once de mayo, no el catorce de abril, el día que iba a simbolizar el contenido político del nuevo régimen a largo plazo. Puesto que los medios oficiales no van a llamar la atención de la supuesta «memoria histórica» a este aniversario, será útil primero resumir exactamente qué pasó en España los días 11 y 12 de mayo de 1931.

»La «quema de conventos», alardeado como amenaza casi desde el comienzo de la República, empezó en Madrid en la mañana del once de mayo, con el incendio de varias iglesias, y rápidamente se extendió a muchas ciudades del sur y del este, especialmente a Sevilla, Granada, Málaga, Cádiz, Valencia y Alicante. En total más de cien iglesias y edificios religiosos fueron incendiados o saqueados, o ambas cosas. Al comienzo, el Gobierno adoptó la actitud cínica de que «el pueblo» estaba divirtiéndose, y rehusó llamar a la Guardia Civil. Más tarde, cuando las dimensiones monstruosas del asunto eran más que claras, pasó al otro extremo, declarando la ley marcial con la intervención del ejército para restaurar el orden. Esto pasaría a ser la práctica normal de los gobiernos de izquierda durante toda la historia de la República: primero ignorar la aplicación de la ley y la Constitución si lo que se estaba dañando no eran más que los intereses de la derecha, y luego, una vez que la situación había sobrepasado todos los límites, empezar a dar palos de ciego con fuerza mayor…

»Para la sociedad actual, en gran medida secularizada y relativamente indiferente –aunque no necesariamente hostil– a la religión, la religiofobia y el anticatolicismo violento de las izquierdas españolas en la primera mitad del siglo veinte será difícil imaginar o comprender.

»El odio se justificaba por una serie de argumentos que se creían muy fuertes, aunque de verdad bastante extraños e ingenuos, resumidos muy acertadamente por Moa hace poco tiempo. Una frase famosa de Madariaga, comentando esto, fue que «los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia». ¿De veras? ¿Esto se cree en serio? ¿Y si fuera así, por qué no alentar al clero en su afán de destrucción, en vez de asesinarlos? Otra vez, las víctimas como los culpables.

»Otro bulo bastante popular fue que el clero utilizaba las iglesias y conventos como fortalezas armadas de las derechas. Nunca hubo la menor evidencia de tal cosa, pero si fuera así, ¿por qué era siempre tan fácil entrar para quemarlas? Esto era equivalente al bulo decimonónico del envenenamiento de las fuentes, o el conocido «bulo de los caramelos» de Madrid en 1936. Se decía también que los curas eran todos hipócritas y rutinarios, sin calor o calidad espiritual. Extraño motivo para torturar y asesinarlos, como si los nazis liquidaran a los judíos porque éstos no habían practicado bien el judaísmo. ¿Por qué los anticatólicos habían de exigir a los curas de ser campeones de la fe?

»En contra de tales nociones, encontramos que en 1936 las provincias más católicas tenían las tasas más altas de alfabetización, que podría indicar que precisamente en estas provincias había mayor conciencia y reflexión en cuanto a lo que se creía y hacía, mientras había mayor reacción rutinaria y ausencia de reflexión crítica en los distritos revolucionarios analfabetos. Igualmente se decía que el clero se alineaba con los ricos, no con los pobres, pero durante las persecuciones resultó que los activistas del terror buscaban especialmente a los curas y religiosos dedicados a la obras sociales y caritativas entre los pobres para detener y asesinar, como si buscaran eliminar a competidores especiales.

»Y siempre se insistía que la Iglesia y el clero habían combatido a la República desde el comienzo, y eso tampoco es cierto. Claro que el clero no apoyaba políticamente a sus persecutores –¿quién hubiera esperado eso?– pero el Vaticano y la jerarquía eclesiástica dejaron muy claro desde el comienzo que se aceptaba el nuevo régimen, y hasta aceptaba la separación de Iglesia y Estado, insistiendo solamente en los derechos civiles de aquélla, que fueron negados.

»Inculpar a las víctimas es una práctica muy común, pero el anticatolicismo violento se derivaba no de los defectos del clero –que probablemente eran menos que los de un siglo antes– sino del odio ideológico fomentado por las doctrinas radicales de la época. En ellas la guerra religiosa –pro y contra– era fundamental.

Ésta es la contribución, muy de agradecer, del señor Payne a la empresa en que nos hallamos embarcados los españoles de recuperación de la memoria histórica.

Como muy bien señala, la memoria histórica del Gobierno de Zapatero (inspirador de ella) es notoriamente corta y hay que recordarle estas cosas.

Como digo, es muy de agradecer que haya sido un profesor de Historia estadounidense quien haya venido a hacerlo y con esto no apelo al principio de autoridad que antes critiqué. Lo digo sólo para preguntarme qué epítetos estarán rebuscando en sus mentes los Santos Juliá, la caterva de gentecilla pseudointelectual de El País y demás enemigos mortales de don Pío para etiquetar con ellos al señor Payne.

Por lo demás, y a mi humilde entender, si el señor Payne se equivoca en algo es en hablar como habla en términos pretéritos.

 
Vínculos:
Aniversarios: 14 de abril y 11 de mayo. Artículo de Stanley G. Payne en La Tribuna de la Razón.
Otra mención de don S.G. Payne a don Pío Moa.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

10 mayo, 2008 at 17:16

El PSOE va a meter mano en la Ley de Libertad Religiosa

leave a comment »


Por más que leo, releo y vuelvo a leer la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, ni encuentro que deje de decir nada que no deba decir una ley de libertad religiosa, ni que diga nada que no deba decir.

En su artículo primero dice:

Uno. El Estado garantiza el Derecho Fundamental a la Libertad Religiosa y de Culto, reconocida en la Constitución, de acuerdo con lo prevenido (sic) en la Presente Ley Orgánica.

Dos. Las creencias religiosas no constituirán motivo de desigualdad o discriminación ante la Ley. No podrán alegarse motivos religiosos para impedir a nadie el ejercicio de cualquier trabajo o actividad o el desempeño de cargos o funciones publicas.

Tres. Ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Más claro: el agua.

El resto de su articulado, ocho artículos en total, se limita a desarrollar este primero sin hacer mención de ninguna religión, ni para bien ni para mal, como no sea la que hace el tercero a los fenómenos psíquicos y parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espirituales u otros fines análogos ajenos a los religiosos, a los que excluye este artículo del ámbito de protección de la Ley.

Confieso que eso de que los valores humanísticos queden excluidos de la Ley no acabo de comprenderlo. No sé si es que el legislador no supo explicarse y, a la hora de redactar este artículo tercero estaba pensando en aquel Partido Humanista, muy en boga por aquellos años, y que se revestía con toda la apariencia de una secta alienante. Pero, en fin, esto es lo de menos porque no creo que las cosas vayan por ahí ni que el PSOE ande muy preocupado por los valores humanísticos.

A lo que voy es a que esta Ley no puede proteger más, ni con más claridad, ni con más rotundidad un principio que todos los contemporáneos del mundo occidental compartimos: el derecho de libertad religiosa de todos nosotros.

Así, por más que la leo y la releo no acierto a ver qué le molesta en ella al PSOE.

Qué encuentra el PSOE que falte en la Ley de Libertad Religiosa del ochenta o qué encuentra que sobre.

Qué va a añadir o qué va a quitar de una Ley que ya nos reconoce a todos ese derecho de libertad religiosa y que el único límite que a ella pone es:

la protección del derecho de los demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos fundamentales, así como la salvaguardia de la seguridad, de la salud y de la moralidad pública.

¿Será lo de la moralidad pública? Pudiera ser, dada la manifiesta inmoralidad de este partido, fundamentalmente a la hora de engañarnos con trucos de prestidigitador y de decir hoy justo lo diametralmente opuesto que decía ayer con una cara dura que avergonzaría a los mismísimos diamantes sudafricanos. Pudiera ser pero tampoco acaba de convecerme la hipótesis pues la Ley, en este punto, se refiere a un concepto antañón de la moralidad que hoy a nadie preocupa.

Como no lo entiendo, me voy al programa electoral del PSOE para este cuatrienio para ver si allí nos adelanta algo, y, efectivamente, esta vez algo nos adelanta. Esta vez no podemos decir que el PSOE no nos avisara de sus intenciones con antelación aunque tampoco aclare —para variar— nada respecto a tales intenciones.

En su página 234 dice:

El PSOE promoverá, transcurridos treinta años de vigencia de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, una reflexión orientada, en su caso, y con amplio consenso, a valorar la posible modificación de aquellos aspectos de la norma para la mejor garantía de la libertad y el pluralismo religioso en la España del futuro, así como de la aconfesionalidad y laicidad del Estado y la no discriminación por razón de creencias, de acuerdo con los valores y principios constitucionales.

Sigo, pues, sin entender qué es lo que quiere hacer el PSOE con la Ley de Libertad Religiosa pero me temo lo peor:

Como no sea que quiera ampliar la protección que ofrece esta Ley a aquello de los fenómenos psíquicos y parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espirituales u otros fines análogos ajenos a los religiosos, me temo lo peor.

Y me temo lo peor porque, tocar una Ley que ya nos reconoce, desde 1980, una libertad religiosa absoluta, solo puede tener por objetivo el poner algún límite a esa libertad.

Y me temo lo peor porque, viniendo del PSOE y conociendo cómo lo que de verdad le mola a este partido de origen marxista, es meterse y entrometerse en nuestras conciencias hasta la sopa, dirigirlas y hacerlas y formarlas a imagen y semejanza suya, lo que pretende el PSOE, entiendo, es que la Ley de Libertad Religiosa deje de reconocer tan paladinamente como la hoy vigente reconoce esta libertad nuestra e introduzca en ella vaya usted a saber qué orwelliano límite.

Y me temo lo peor porque, viniendo del PSOE y conociendo su anticlericalismo y su odio, ya seculares, a la religión católica, a lo que de verdad va el PSOE es al enésimo ataque suyo a la Iglesia: dado que hoy no puede ni quemar Iglesias ni matar curas como hizo hace setenta años, la labor de mina y de destrucción de esta religión debe de realizarla de manera sutilísima para que no parezca que lo hace: por ejemplo, reformando leyes de libertad religiosa.

Lo del amplio consenso entiéndase como una humorada del programa electoral del PSOE: se refiere, claro, a un amplio consenso entre la gente del Tinell.

Lo significativo es que el PSOE nos promete, en su programa, una reflexión orientada, en su caso.

¡¡¡¿Orientada?!!!

¡¡¡¿En su caso?!!!

¿En qué caso la va a orientar, en cuál no la va a orientar y en cuáles va a desorientar esa reflexión?

¿Por qué la ministra De la Vega se escabulle cuando se le pregunta sobre qué es lo que va a hacer el PSOE con la Ley en vez de empezar a dar argumentos para esa reflexión orientada?

¿Por qué Pepiño Blanco hace lo mismo?

¿En qué va a consistir, en su caso, esa orientación? ¿En spots en Gran Hermano como aquéllos con los que Zapatero orientó nuestras reflexiones sobre el referéndum de la Constitución Europea?

¿Por qué no dicen ya y hasta por la sexta—:  “miren ustedes: vamos a reformar la Ley de Libertad Religiosa en este, en este y en este punto”?

¿Por qué no lo hacen?

¿Por qué nos prometieron reflexión (aunque orientada, en su caso) y Pepiño y De la Vega eluden dar comienzo al aporte de elementos para tal reflexión?

En fin: han movido ficha. Dicen que van a cambiar la Ley pero se resisten a decirnos en qué términos. Pronto los veremos y saldremos de dudas.

Yo, como digo, me temo lo peor. Hay cándidos por ahí que piensan que estamos ante una artimaña más de Zapatero para distraernos con peleas sobre el sexo de los ángeles y evitar, así, que nos fijemos en la crisis económica, los separatismos galopantes y desbocados, vasco, catalán y los que vendrán o la discusión respecto a una reforma constitucional profunda que estos separatismos, espoleados por Zapatero en su anterior legislatura han hecho, ya, inevitable.

Yo no. Yo sí creo que, en definitiva, el PSOE, a lo que va a es a liquidar la libertad religiosa de la que hoy, gracias a Dios, gozamos todos los ciudadanos españoles. ¿En qué términos? No lo sabemos aún. En fechas próximas, cuando le convenga, el PSOE nos orientará al respecto.

De momento anda en esa actitud oscurantista y mentirosa, tan suya, de desconcertarnos para encajarnos el crochet en el momento y en la forma que más le convenga como sucedió con el referendum de la OTAN; como sucedió con el Estatuto catalán; como sucedió con la negociación con ETA de la anterior legislatura: engañando a tirios y a troyanos y jugando a lo que le gusta: a desorientar y a meter tensión.

Yo, de momento, ando, como digo, desorientado pero temiéndome lo peor.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 mayo, 2008 at 20:43

Publicado en Política, Religión

Tagged with ,

Lisboa Não Sejas Francesa

leave a comment »


Es hoy dos de mayo.

Ni a los que fuimos niños en la década de los sesenta del siglo pasado ni a ninguna persona medianamente instruida se le puede escapar el significado de esta fecha en la que el pueblo español, desde Gerona hasta Cádiz, desde Oviedo hasta Bailén o Los Arapiles, se levantó para seguir siendo lo que siempre había sido sin que ningún el extranjero le viniera a decir cómo debía de ser a la luz de los nuevos tiempos.

La historiografía, que no la historia de pacotilla, nos relata los sucesos que acaecieron hace doscientos para todo aquel que quiera contemplarlos sin que se los cuenten.

No desconozco lo que el Dos de Mayo significó ni desconozco cómo unos tratan de presentarlo como el nacimiento de la España liberal mientras otros, sin dejar de reconocer esto, lo vemos más como la reacción de una sociedad que aún tenía sangre en las venas suficiente como para renegar de una filosofía que la Europa de Las Luces vino a imponernos, manu militari, con la invasión napoleónica.

El Dos de Mayo fue, probablemente —con la excepción, quizá, de la Cruzada que, en el siglo xx dirigió el Caudillo contra la degeneración del liberalismo éste que nació el Dos de Mayo— lo último que España ha podido aportar a la Historia Universal.

Todo lo que vino después no ha sido sino copia servil de quienes, de verdad, idearon el Liberalismo.

Este año, su celebración, ha sido grandilocuente en Madrid y mirada con recelo infinito desde Bilbao y Barcelona.

Ni la grandilocuencia madrileña ni las reservas vizcaínas o catalanas deberían de haber tenido razón de ser si nunca hubiéramos dejado de ser lo que fuimos: españoles lisos y llanos del Antiguo Régimen.

Comprendo más que de sobra que las nuevas generaciones ignoren esto.

A las nuevas generaciones castellanas, estas cosas les han importado un pimiento.

Las nuevas generaciones vascas y catalanas, que han sido formadas en el odio a España y en la deformación de la Historia, se quedan con los ojos a cuadros cuando se enteran de que también sus regiones se levantaron frente al francés y por don Fernando VII.

De ahí que una celebración que, hasta este año, había pasado sin pena ni gloria venga hoy a ser un motivo más de enfrentamiento entre españoles.

Como yo ando hastiado de tanta mentira y de tanta pena, ni me quedo en Madrid mirando a Gallardón utilizar la celebración del Dos de Mayo, ni quiero entretenerme más en los funambulismos que vascos y catalanes hacen para renegar de su Historia. Marcho, de la mano de Amália Rodrigues, a la Lisboa que no quiere ser francesa. No es que la canción tenga mucho que ver con la celebración pero se me ha venido a las mientes mientras escribía lo anterior y, en cualquier caso, es una canción preciosa:

Não namores os franceses
Menina, Lisboa,
Portugal é meigo às vezes
Mas certas coisas não perdoa
Vê-te bem no espelho
Desse honrado velho
Que o seu belo exemplo atrai
Vai, segue o seu leal conselho
Não dês desgostos ao teu pai

Lisboa não sejas francesa
Com toda a certeza
Não vais ser feliz
Lisboa, que idéia daninha
Vaidosa, alfacinha,
Casar com Paris
Lisboa, tens cá namorados
Que dizem, coitados,
Com as almas na voz
Lisboa, não sejas francesa,
Tu és portuguesa
Tu és só pra nós.

Tens amor às lindas fardas
Menina, Lisboa,
Vê lá bem pra quem te guardas
Donzela sem recato, enjoa
Tens aí tenentes,
Bravos e valentes,
Nados e criados cá,
Vá, tenha modos mais decentes
Menina caprichosa e má

Lisboa, não sejas francesa,
Tu és portuguesa
Tu és só pra nós.

 

José Galhardo y Raul Ferrão.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

2 mayo, 2008 at 22:05