Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Zapatero, la soledad y el papanatismo

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Bien sabe Dios que si hay algo que deploro es el papanatismo español frente a lo extranjero. Frente a lo europeo, para ser exactos.

Esa mezcla de complejo de inferioridad y de constante ansia de querer desmostar que somos más y mejores europeos que el mejor y más europeo de todos los europeos que en el mundo han sido, son y serán es algo superior a mis fuerzas, que me avergüenza y que me ataca los nervios.

Somos tan europeos como el que más y, por eso, resultan molestos e hirientes estos alardes patéticos de demostrar lo que no precisa demostración.

Y, más molesta e hiriente aún, la constante apelación a Europa y la constante contemplación de lo que se hace en Europa para repetirlo sin detenernos a pensar si es bueno o no; si conviene o no conviene. No: nos basta la mención de la palabra Europa enlazada a cualquier cosa para ponernos a danzar en torno a ella como los indios norteamericanos alrededor de un tótem.

El franquismo sería todo lo malo que se quiera pero ni ignoraba la europeidad de España ni la entendía de esta manera servil y cateta. Por eso, porque el general Franco, como cualquier persona sensata y mínimamente ilustrada no podía entender a nuestra Patria sin su dimensión europea, intentó acercar a España a la organización política europea que hoy ha cuajado en la llamada Comunidad Europea.

Europa no se lo permitió. Fue un intento de dar normalidad política moderna a nuestra identidad cultural europea preservando, al mismo tiempo, los valores propios nuestros tradicionales y dignos de conservación.

Europa no nos lo permitió y nos obligó a adoptar, a la muerte del Caudillo, el único régimen político que ella admite, con sus virtudes y sus miserias: la democracia liberal. La excusa fue la supuesta alianza de Franco con los perdedores de la Segunda Guerra Mundial, pero la razón profunda es que Europa no consiente otro régimen político que no sea el que venció en aquella guerra.

Sensu contrario, la Gran Bretaña —ésta sí, vencedora en la Guerra— pudo y sigue pudiendo permitirse el lujo de estar y no estar en Europa. De estar sin tener que estar haciendo melindre constante de demostrar lo que —como España— no necesita demostrar: que es europea y, al mismo tiempo, dueña de sí y guardando las distancias precisas que le permitan, en lo posible, mantener su identidad tradicional sin que ésta se diluya en una uniformidad imbécil.

Y esto se lo puede permitir la Gran Bretaña, no sólo porque fue una de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Se lo puede permitir por eso y porque tiene la dicha de que sus dirigentes políticos serán más o menos brillantes o más o menos mediocres, pero nunca ha tenido que padecer la gobernación de un imbécil rematado que, además, recele de lo británico, le cause aprensión y lo describa como cavernícola, casposo y ultraderechista para engañar y enardecer a las masas proletarias de Liverpool o encandilar a la pijoprogresía londienense (que, supongo, existirá como en todas partes) y ganar en ellas cuatro votos.

Entre estos dos extremos, el papanatismo español y la seriedad y firmeza británicas, se sitúa, con mayor o menor apego a la organización política europea actual, el resto de naciones que la constituyen.

En lo que respecta a la España de Franco quizá, por las razones que acabo de decir, no le faltaba alguna razón a la izquierda. Es verdad que aquella España había quedado en un relativo aislamiento respecto a un mundo en el que el único sistema político imaginable era el de los vencedores de la Guerra Mundial.

En lo que respecta a la España de hoy, la anécdota que aquí comento es la prueba evidente de que esta gente zapateril, o es imbécil, o se cree que lo somos los demás o no se ha enterado de que ya no estamos en el año 36, ni de que gracias, sobre todo, a la derecha y (de momento) a pesar de Zapatero, somos un país homologable a cualquier otro.

Sea de esto lo que quiera —que ya comprendo que la idea que acabo de esbozar en lo que se refiere al franquismo es polémica— y volviendo al discurso original, todavía me resulta más molesta la artimaña que viene desarrollando, entre tantas otras, la izquierda en general desde tiempos inmemoriales y el PSOE de Zapatero en particular en los últimos años y que consiste en hacernos creer que la derecha española es despreciada en el mundo y la causa de un supuesto aislamiento de España respecto a él y que va a ser ella, la izquierda liderada por Zapatero, la que nos va a devolver al puesto que debemos ocupar en el concurso de las naciones.

Volviendo, pues, al discurso y por todas estas razones que vengo diciendo, a mí no me sofoca la fotografía que saltó a la prensa el pasado cuatro de abril y en la que aparece un Zapatero, más sólo que la una, sentado en el extremo de una mesa mientras el resto de mandatarios occidentales le da ostentosa y penosamente la espalda en charla animada en el extremo opuesto de dicha mesa, mesa ésta que, dicho sea de paso, estaba localizada en Bucarest y servía para que en ella se sentaran los mandatarios de la OTAN en una de esas Cumbres que celebran ellos de vez en cuando.

Me gustaría tener el verbo lo bastante florido y elocuente como para poder describir lo patético del papelón que allí sufrió Zapatero. Sus movimientos incómodos en la silla; su manoseo de papeles ante los que está sentado; su levantarse para volverse a sentar; su incomodísima soledad, en suma, mientras, en el otro extremo de la mesa, charlan todos los demás sin hacerle ni puñetero caso.

Sólo la señora Merkel, (de la cual el personaje se permitió hacer un chiste y llamarla perdedora pocas horas antes de que alcanzara la cancillería alemana) le lanzaba de reojo alguna mirada de conmiseración ¡ah, la bondad del corazón femenino!— mientras hablaba con el señor Bush, presidente de los Estados Unidos y criminal de guerra para la ralea que ha llevado dos veces a Zapatero al poder, empezando por el juez Baltasar Garzón quien ya anunció en artículo de prensa y en pleno apogeo del zapaterismo en España, cómo, lo que le pedía el cuerpo, era juzgar a Bush, Aznar y Blair por ese delito. Ya comenté en mi blog, en la entrada titulada Carta abierta a un juez sectario, lo que pensaba sobre las visceralidades de este juez.

Al no tener, como digo, la riqueza verbal bastante como para relatar el incidente, me remito a la fotografía y al vídeo que, gracias a Dios y a las tecnologías modernas, nos brinda Internet.

Como digo, no sólo no me sofocaría esta imagen sino que hasta me hubiera enorgullecido, si el ninguneo de Bush, Merkel, Sarkozy y demás próceres hacia Zapatero hubiera venido causado por alguna postura firme de este Zapatero en defensa de algún interés español —si es que se hubiera dado el caso de que tal defensa hubiera sido necesaria— y, si así hubiera sido, no sólo no me habría sofocado sino que lo que ahora estaría escribiendo serían unas líneas en defensa del Presidente del Gobierno de mi nación.

Aunque, bien es verdad que si tal hubiera sido el caso, lo que se hubiera producido no hubiera sido ese penoso ninguneo sino, más bien justo lo contrario: si Zapatero fuera un ser dotado de firmeza moral e intelectual y las circunstancias que rodearon al incidente que comento hubieran estado en relación con una postura firme del Presidente, Zapatero hubiera estado, precisamente, en el centro del corrillo, pues nada da mas fuerza en lo internacional que las posturas y las actitudes de firmeza en la defensa de lo nacional.

Las sonrisitas, las majaderías, las mentiras, las inconsecuencias y los eslóganes aptos para deficientes mentales tienen su sitio y su utilidad en España, de puertas para dentro y para encandilar a la masa que vota a Zapatero.

Quizá el personaje crea de verdad que la política y el gobierno de los pueblos consistan nada más que en la práctica de estas tonterías y patrañas que en España le han llevado dos veces al poder —conocida es su condición de iluminado— y cuando sale fuera y se tiene que mover entre gente distinta a Pepiño Blanco, Magdalena Álvarez, Carmen Calvo o Carod-Rovira, por citar sólo unos pocos y sin olvidar a Iñaki Gabilondo, se quede mudo y en esa tan incómoda y desairada soledad.

Por resumirlo de alguna manera ilustrativa, la escena vendría a ser equivalente a la que podría haber protagonizado Gaspar Llamazares si los azares de la vida le hubieran colocado en el centro de una reunión de doctores en Filosofía: la demagogia queda bien y tiene su utilidad (¡si lo sabrá Zapatero!) en determinados ambientes pero, fuera de ellos, se descubre, se describe y queda con las vergüenzas al aire con la elocuencia que se ve en la fotografía.

Como muy bien dice el acertadísimo editorial de Libertad Digital, esta anécdota, esta fotografía, es el resumen perfecto de la legislatura socialista que acabamos de padecer y la imagen perfecta de quién es Zapatero.

Zapatero, es muestra supina de aquel papanatismo del que hablé al principio y un ser, en esencia, vacío.

Comenzó su primera legislatura contestando yes a una periodista que le hizo una pregunta en inglés cuyo contenido no entendió. Cualquier persona que no comprende lo que se le pregunta pide, por favor, que se le repita la cuestión. Zapatero no. Zapatero  contesta porque Zapatero ni entiende de contenidos ni, si los entiende, le importan un bledo. Por eso contestó yes sin tener pastelera idea de lo que se le preguntaba. La anécdota, relatada por el genial David Gistau en La Razón,  fue muy celebrada en su día como muestra de la superficialidad y del papanatimo de este hombre y, durante unas semanas, fue conocido, en el mundillo de los comentarios políticos, como Mister Yes.

Estamos hablando de anécdotas. Todos podemos meter la pata. A todos nos puede jugar una mala pasada el prurito de figuración y todos podemos quedar en posición desairada en algún momento.

Lo malo del asunto, sin embargo, es que lo que hemos visto entre estas dos anécdotas, la del yes del principio de su legislatura y la de la foto de la Cumbre de Bucarest al final de ella, no hace sino confirmarnos eso: Zapatero es pura figuración. Una mentira que anda y que sonríe.

En casa un bravucón mentiroso; ante la prensa extranjera un pobre hombre y en el mundo internacional, nada.

Este es el resumen de su primera legislatura. Entre ambos hechos, las ocurrencias y extravagancias del personaje han sido infinitas:

Tras la anécdota del yes vinieron la honrosísima y reflexionadísima campaña por el voto favorable a la Constitución Europea que se desarrolló, mayormente, en Gran Hermano y a la que ¡como no! los españoles dimos el (YES, que diría el políglota Zapatero) mayoritario y entusiasta que nos pedía este papanatas sin darnos mayor razón de él que “¡Europa!”

Lo malo es que, inmediatamente después, vinieron los holandeses y los franceses y votaron NO a la dichosa Constitución y dejaron a Zapatero con el culo al aire, razón por la cual ha caído sobre tal Constitución un silencio púdico y sepulcral y, aunque Zapatero haya seguido utilizando su supuesto europeísmo como arma electoral frente a una derecha supuestamente cerril y antieuropea, el hecho es que de la Constitución Europea anda por el limbo de los niños y de ella ya no habla ni la marioneta de Pepiño Blanco ni la exministra de Cultura.

Para cubrir con un tupido velo el fiasco del referéndum de la Constitución europea, el numen de Zapatero ideó, para encandilar a los tan abundantes papanatas españoles, el cuento de la Alianza de las Civilizaciones. Ni que decir tiene que, desde el rey de Marruecos, Mohamed VI, hasta Bin Laden, pasando por el Presidente de Israel, sr. Peres, a todos ellos se les están riendo las tripas ante esta enésima chuminada de la calamidad que gobierna a España y andan calculando qué provecho puede sacar cada uno de las imbecilidades que este ser, que la Providencia ha colocado, extraído de León, entre los mandatarios occidentales —la Providencia, a veces, tiene estas humoradas—.

Sus ocurrencias, como digo, han sido, a lo largo de estos cuatro penosos años, infinitas y a cual más beneficiosa y útil para España. Por las hemerotecas andan y no quiero perderme en ellas. Quedémonos, como resumen de todas ellas, con la fotografía de Zapatero en la Cumbre de la OTAN:

El criminal de guerra, sr Bush charla con la señora Merkel mientras da, ostentosamente la espalda a Zapatero. Me pregunto como puede este canalla alternar en reunión internacional con un criminal de guerra, tan criminal como el sr. Aznar, sin levantarse de ese su tan solitario asiento y, al menos, irse.

La pregunta, claro es, es retórica.

Éste es el hombre que nos iba a meter en Europa y ésta es  la imagen de lo que España, conducida por Zapatero, es hoy en el mundo.

 
Vínculos:
Una fotografía que resume cuatro años. Editorial de Libertad Digital del 5 de abril del 2008.
«Yes», artículo de David Gistau en La Razón.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

11 abril, 2008 a 16:33

Publicado en Política

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