Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

¿Nim estroncios ocefán?

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El mangalofa

 

 

El pasado 19 de marzo, el genio de Alfonso Ussía se superó a sí mismo desde su columna en La Razón y, recordando a Tip, reflexiona Ussía sobre la necedad de los paletos que nos gobiernan al pretender elevar a categoría de idioma oficial (eufemismo que esconde su inquina y su rencor hacia la lingua franca española que todos entendemos y a todos nos une) hablas locales tales como el bable, la fabla, el panocho o el silbo canario, rememoraba Ussía la anécdota de un idioma inventado por el no menos genial Luis Sánchez Polack, Tip, para entendernos, cierto día que, sentado ante la barra de su bar preferido en Valencia y sito en la calle, hasta donde he podido conocer, de el Mosén Femades, escuchó, entre gamba y gamba, la conversación que dos bilbaínos, sentados a su lado en la tal barra, sostenían en vascuence, lengua, por otra parte, antiquísima, respetabílisima, pero súmamente incomprensible para nadie que no sea vascuence de naturaleza.

En aquel momento, Tip, según cuenta Ussía decidió inventar un idioma para no desmerecer del arcano vascuence en situaciones semejantes e ideó el mangalofa, una lengua sin raíces e incomprensible para nadie en aquel momento de su creación pero que, con el tiempo, a la vez que crecía y se enriquecía en vocabulario y sintaxis, acabó siendo entendida y utilizada por los camareros y los parroquianos de la taberna.

Comprendamos que, ante el vascuence, el genio de Tip fue mucho más sutil que el de don Quijote.

Los ejemplos que recuerda Ussía son graciosísimos:

Por lo visto, en mangalofa, «Manolo: una caña y una ración de aceitunas rellenas» se decía: «Manolen: espumoffa gun nente ancholoffas verderán.»

Y Manolo, entendiéndolo a la de una, le servía el aperitivo al tiempo que, servicial, preguntaba a Tip:

—«¿Yiflú ancholoffas verderán? ¿Nim estroncios ocefán?» (¿Sólo aceitunas rellenas? ¿No quiere algún marisquito?)

A lo que Tip respondía:

—«Su gorrin hogaren, yu; su nim gorrin hogaren enefles timorro, nim.» (Si paga la casa, sí; si no paga la casa y me la metéis doblada, no.)

Parece ser que hasta llegó a hacer una versión en mangalofa del pasodoble Valencia que, todos, camareros y parroquianos, entonaban cuando llevaban mediada la tercera cerveza:

«¡Valencia, omofelos florisplantis e fu Rita Barberá!»

(¡Valencia, es la tierra de las flores y de Rita Barberá!)

Entrañable Tip. Tan entrañable como genial.

Quizá la miseria de nuestro tiempo no sea sino la ausencia de genialidad y la banalidad e indigencia intelectual de la avifauna que inspiró el artículo de Ussía.

Y, quizá, hombres que hace veinte años nos parecían normales hoy se nos aparezcan, por comparación con esta avifauna que, por nuestros pecados, nos gobierna, como geniales.

Geniales en su profesión de cómicos. Geniales en su maestría de saber manejar el despropósito, del que habían hecho su profesión y que creaban con esta perfección y esta sencillez.

Quizá la miseria de nuestro tiempo sea que se halle dominado por analfabetos incapaces de ser geniales ni en el despropósito, ni en lo serio, ni en nada, y que, para aparentar que son algo, se dediquen a llevar sus despropósitos a la categoría de leyes de obligado cumplimiento en vez de dejarlos, como Tip, para la barra de su bar.

A raíz del artículo de Ussía he recordado que, hace años, me crucé con Tip en la calle del Periodista Azzatti, a pocos pasos de la calle del Mosén Femades y he querido pensar que a ella se dirigía, a su taberna  (pues aquella dirección llevaba), a degustar unas aceitunas rellenas y una cerveza y a entonar, con «Los Niños de Mosén Femades» aquello de

«¡Valencia, omofelos florisplantis…!»

Ayer, animado por el artículo de Ussía e informado por Emilio (que lo sabe casi todo acerca de la vida anecdótica valenciana) sobre cuál pudiera ser, con bastante probabilidad, el bar en el que Tip inventó el mangalofa, salí a hacer el recorrido y a tomarme en él una «espumoffa gun nente ancholoffas verderán» pues, efectivamente, como muy bien apreció Tip, los precios de los «estroncios ocefán» resultan allí prohibitivos.

Lo encontré, lamentablemente, cerrado.

 


Taberna El Alkazar en la calle Mosén Femades.

 

Vínculos:

 

El mangalofa, artículo de Alfonso Ussía en La Razón.

La web de Tip. Pequeña biografía.

Mío Tip. Artículo de Antonio Vergara.

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Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

6 abril, 2008 a 10:47

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