Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

En defensa de una señora

with 5 comments

 

 

isabelsansebastian20

Isabel San Sebastián

 

El presente escrito intenta defender a una señora que no necesita defenderse: doña Isabel San Sebastián.

Pero a ello voy por dos razones:

Una: porque uno es arcaico y siente la necesidad de defender a las señoras aunque estas señoras los tengan mejor puestos que uno.

Dos: Porque el hecho que voy a comentar quiere ir mucho más allá que a la defensa de doña Isabel San Sebastián. Es la defensa de derechos elementales que doña Isabel defiende gallarda y valientemente y ante cuya defensa cuatro mierdas se cagan las patas abajo y desvarían: es la defensa del derecho a que estos cuatro mierdas nos permitan hablar sin llamarnos golpistas ni fascistas con la clara intención de acallarnos.

Porque, en el fondo, se trata de eso: les molestan nuestras ideas, les molesta nuestro discurso y quieren que nos estemos callados y, como no pueden expresarlo con esta claridad, pues presumen de ser los adalides de la libertad, se crispan cuando escuchan defender nuestro discurso, se descomponen e insultan.

El caso que le sucedió anteayer a doña Isabel en la primer cadena de la televisión española ilustra sobradamente tales intenciones y comportamientos.

Quizá lo más venenoso de la izquierda española, −de parte de la izquierda española para ser justos, concretamente de la parte que gobierna− es que ni habla, ni razona, ni es posible argumentar con ella.

Se puede tener una apariencia de convivencia amable con ella, como la que tuvimos durante los años de la Transición, siempre y cuando los que no pensamos como ella nos abstengamos de manifestar aquellas de nuestras convicciones que pensamos puedan molestarla y callemos cuando ella, desde la convicción de superioridad moral e intelectual en la que vive instalada, nos suelta una coz recordándonos que somos herederos del genocidio de los indios americanos, de Torquemada, de Franco y, ahora, de golpistas, genocidas de catalanes y cebadores de ETA.

Ésta es una de sus artimañas preferidas: el estigmatizar a personas que vivimos en este tiempo con supuestos crímenes sucedidos en el pasado para descalificar nuestras ideas. Nos perdonan la vida; nos permiten existir, pero siempre y cuando nos estemos calladitos y ni se nos ocurra poner en duda ninguno de sus sagrados dogmas.

Si París valía bien una Misa para el calvinista Enrique IV, cualquier necedad, cualquier exabrupto, cualquier mentira, le vale igual a esta gentuza con tal de ganar un voto y demostrar al votante irreflexivo lo malos que somos nosotros y lo buenos que son ellos.

En su tradición, la izquierda siempre ha sido así: siempre se ha movido en el ámbito de la consigna y de la demonización del enemigo político, importándole muy poco ni la verdad ni la razón que sustenten tales consignas ni tales demonizaciones. Basta con que conmuevan los instintos de la masa y la masa, siempre proclive a ello, las crea.

Las necedades, los exabruptos y hasta las mentiras, en el fondo, forman, lamentablemente, parte del juego democrático en su caza del voto y hasta, si se quiere, de la reflexión intelectual a modo de floritura. Pueden ser hasta aceptables como anécdota y condimento. Lo venenoso es que, en el diálogo con esta izquierda española que padecemos, no escuchemos de ella más que necedades, exabruptos, mentiras e insultos. Y nada más. Si, después de verles soltar tales coces, creemos que lo hacen a manera de desahogo o de tropo dialéctico y esperamos que, tras ellas, venga la reflexión que las justifica, podemos esperar sentados porque tal reflexión no va a venir. La izquierda da coces sin más.

Sus intelectuales nos llaman golpistas y no nos explican ni cómo, ni dónde ni quiénes estamos intentando dar un golpe de Estado a la Constitución del 78 que es el orden constitucional hoy vigente y contra el que, dicen, estaríamos conspirando. Y nos lo llaman con el mismo desparpajo con el que han venido llamándonos fascistas desde aquella reconciliación.

Y, como durante tantos años hemos tenido la prudencia de no responderles como merecen, ahora se extrañan de que empecemos a hacerlo.

Y como, tras esas consignas y esos insultos, estos intelectuales de izquierda no tienen absolutamente ninguna reflexión intelectual que les de sustento, cuando les respondemos, empiezan a descomponerse y a perder los papeles.

Pues perder los papeles es el hecho de que los mismos intelectuales de izquierda que justificaron el advenimiento de la democracia con conceptos tales como el de libertad de expresión sean lo que hoy andan embarcados en hacer callar a las pocas voces que contradicen la mentira en la que viven.

Así vemos como los principales y casi únicos hechos de esta legislatura en la que han alcanzado el poder pertenecen al ámbito de lo propagandístico: concretamente los ataques feroces a personas como Jiménez Losantos, Pío Moa o César Vidal para que no puedan seguir hablando bajo la disculpa de que crispan cuando ejercen su libertad de expresión. A ellos, claro. Les crispan a ellos y les sacan de sus orwellianos cabales.

Y, efectivamente, cada vez están más crispados. Cada vez están más descompuestos. Cada vez son menos capaces de disimular ni el odio que llevan dentro, ni la bilis que les sube hasta la garganta, ni la estupefacción que debe causarles la contradicción que entraña el que ellos, adalides de la libertad, anden en la cruzada de callar voces disonantes y que, ante las afirmaciones de estas voces, ellos, carentes de argumentación, tengan que ceñirse al insulto o al exabrupto y no puedan ir más allá de ellos.

Me recuerdan, en mucho más vil y miserable, los tiempos de la infancia en los que, cuando un niño hacía una perrería a otro y éste se quedaba, bien sin contestación, bien sin fuerza para soltarle un guantazo al otro, salía con la retahíla aquella de “cochino, marrano, sucio, asqueroso…” que le servía de desahogo. Bien es verdad que esto era más propio de las niñas que de los varones pero no es menester que entremos en ello.

Mas, hasta los niños, antes de recurrir a este último extremo, buscábamos, en nuestras mentes infantiles alguna razón que mostrara al universo mundo la injusticia de la que habíamos sido objeto, la sinrazón de nuestro adversario y, en fin, una salida del trance más airosa que la susodicha retahíla.

Estos indeseables de la progresía intelectual, no. Quizá, al principio, atónitos, desde su convicción de superioridad moral e intelectual, de que se les contestara, alguno intentara hacer melindre de reflexión intelectual.

Ahora ya ni siquiera eso. Ahora están instalados en el “cochino, marrano, sucio, asqueroso…” y detrás no hay nada. Nada.

Por eso es imposible el diálogo con la izquierda española.

Dos episodios recientes lo ilustran:

Ambos corresponden a sendos programas televisivos de debate:

En el primero, sucedido hace unos días, dos momias antediluvianas, María Antonia Iglesias y Rosa Regás, la recientemente cesada directora de la Biblioteca Nacional, la que quería quitar de ella la estatua de don Marcelino Menéndez Pelayo, (quizá para poner la de Lenin que, al final, se ha quedado en los jardines de Sabatini), la misma que dijo aquello de que “se alegraba de que se vendan menos periódicos”, estas dos momias, digo, acompañadas del periodista Fernando Delgado, no en tan avanzado estado de momificación física pero con la misma arterioesclerosis intelectual que las dos joyas anteriores, el mismo que, el 13 de marzo del 2004 dijo “Mañana tenemos, tienen ustedes, la oportunidad de terminar con gente como Federico Jiménez Losantos, Carlos Dávila, Alfonso Ussía y Alfredo Urdaci, herederos directos de los que asesinaron a Lorca…” se ausentaron de aquél debate televisivo por el simple hecho de que en él alguien mencionó la utilización que la cadena SER viene haciendo del 11-M.

 

María Antonia Iglesias.

 

Rosa Regás.

 

Puede leerse la anécdota pormenorizada en el blog Batiburrillo.

En este primer incidente, las momias izquierdistas éstas abandonaron el plató por falta de argumentos que oponer. Lo abandonaron, sencillamente, porque no aguantan la rabia que les produce el pensamiento contrario. Allí nadie les insultó. Se fueron, únicamente, porque no aguantaban el pensamiento contrario: ¡bendita tolerancia de la izquierda!

En el segundo incidente sucedió algo parecido pero al revés: una persona tuvo que tener la dignidad de abandonar un programa televisivo ante el insulto de uno de estos matones perdonavidas de la izquierda y, lo que es más grave, ante el silencio cobarde de la mayoría de los allí presentes, gentes que adoptan la apariencia de ecuánimes pero que no son más que eso: cobardes.

Este segundo episodio sucedió anteayer. Sucedió en un debate televisivo en el que se hablaba acerca de la repatriación que Sarkozy, presidente de la República Francesa, ha conseguido de las azafatas españolas retenidas en El Chad por un turbio asunto de tráfico de niños intentado por una de estas ONGs que tienen una visión del mundo semejante, en lo filantrópico y disneylandesco, a nuestro presidente Zapatero mientras éste sonreía y tocaba el violón en Madrid.

Comprendan ustedes que el que un político de derechas francés se ocupe de resolver el secuestro de unas azafatas españolas y lo consiga mientras el gran Zapatero toca el violón en Madrid y reflexiona acerca del siguiente paso a dar para mandar a la mierda a la España y, sobre todo, para no perder el sillón en el que con tanto esfuerzo e indignidad se sienta, es demasiado para el cuerpo sus acólitos.

Así, un cafre que, por lo visto, se llama José María Calleja, en el curso de ese debate, cuando la periodista Isabel San Sebastián hacía referencia al asunto de las azafatas e intentaba explicar que en aquel debate había cuatro periodistas progres progubernamentales y que no pasaba nada porque hubiera dos que opinaran de manera distinta,(una de ellos, ella), al zote este de Calleja se le disparó el circuito neuronal simple del reflejo condicionado (los reflejos condicionados no pasan por el cortex cerebral) y, mientras esta señora se justificaba, de manera tan cándida intentando explicar que es lícito criticar al presidente del gobierno español por este asunto, Calleja pasó a lo del “cochino, marrano, sucio, asqueroso…” y a acusar a doña Isabel de defender a la extrema derecha golpista y de engordar a ETA: ¡A ella, que debe de ir escoltada para que ETA no la asesine!

Me he tomado la libertad de copiar algunos fotogramas de YouTube para ilustrar este texto.

El video puede verse en el susodicho YouTube.

Poco más hay qué decir: en esta España estamos.

Un energúmeno, desbordado por una crítica normal en cualquier democracia y acojonado porque dicha crítica dañe la imagen impoluta de quien no es nada más que eso: imagen: la imagen de Zapatero.

El resto de fotogramas muestra a la niñita mona que dirigía el programa (de cuyo nombre, que desconozco, podemos prescindir) quien se limitó a reprender a doña Isabel y a Calleja pidiéndoles que no entraran en descalificaciones personales cuando el único que había entrado en descalificar personalmente a doña Isabel llamándola defensora de golpistas y engordadora de ETA era Calleja; a Calleja bebiendo agua  con cara de descomposición (de esa descomposición a la que antes me refería), al cobarde de Antonio Casado, sosteniendo que lo importante era la repatriación de las azafatas y no la actitud del presidente del Gobierno, como si la actitud del presidente del Gobierno no fuera, si no importante (porque no lo es), al menos significativa de su indolencia y, en fin, de otro periodista, don José Antonio Sentís, qué sólo pudo decir que le parecían intolerables las palabras de Calleja contra doña Isabel y no pudo decir nada más porque la niñita no le dio paso y el cobarde de Antonio Casado pasó al intento de conmovernos apelando, como digo, a que lo importante era la repatriación de las azafatas y que el hecho de que tengamos un estafermo como presidente de gobierno no procede en el debate: ¡Bendita asepsia y maldita cobardía!

Hablando de cobardía y de asepsia: por allí andaba, también, otro pobre hombre que, en tiempos, presentó algún telediario y que tampoco dijo nada: Fernando Ónega. Podríamos prescindir de él, pero nos sirve para ilustrar la cobardía de los tibios y acomplejados ante el espantajo de la intelectualidad de izquierda, seguramente no por maldad sino porque, sencillamente, son cobardes y ni dan ni quieren, ni pueden dar más de sí.

Ésta es la España que vivimos. Los cuatro matones de la progresía se creen con derecho al insulto venga o no venga a cuento y los medios de comunicación, fuera de los tres a los que quieren enmudecer porque no se callan ante tanta chulería, miran hacia otro lado y hacen como si fuera lo mismo agredir (que es lo que hizo Calleja) que ser agredido (que es lo que fue Isabel San Sebastián.)

Y, quizá, más grave que la mezcla de rencor y vaciedad intelectual de personas como Calleja, María Antonia Iglesias, la Regás, Francisco Delgado o Iñaki Gabilondo, sea la indolencia y la cobardía de pobres hombres como Fernando Ónega o Antonio Casado que, so capa de imparcialidad, asisten a estos espectáculos nauseabundos colocándose en la asepsia del término medio sin pestañear.

Mi solidaridad con doña Isabel San Sebastián. Mi simpatía a don José Antonio Sentís y mi desprecio a Calleja a Casado a Ónega y a la niñita mona que dirigía el programa que, bien comprendo que tiene que ganarse los garbanzos.

 

 

El intelectual Calleja llamando a Isabel San Sebastián defensora de golpistas y alimentadora de ETA.

 

 
Isabel San Sebastián escucha la reacción de la presentadora del programa.
 
 
 
La presentadora del programa, una niñita mona característica, no sabía decir otra cosa que que no permitiría que se entrara en descalificaciones personales. El único que había hecho una descalificación personal era Calleja pero eso, a ella, le daba igual. Son como robots. Muy monas pero autómatas como robots.
 
 
 
Ante la indolencia de la niñita que presentaba el programa, Isabel San Sebastián anuncia que o Calleja rectifica o ella se va.
 

Calleja ni rectifica ni vuelve a decir nada. Bebe agua, mira a la niñita que le defiende (pues tratar por igual al agresor que al agredido es defender al agresor) y se le ve moviéndose incómodo en su silla.

 
 
 
Isabel San Sebastián abandona el plató.
 

El cobarde Antonio Casado desviando el asunto hacia la repatriación de las azafatas como si no hubiera sucedido nada en el plató.

 
 
 
Don José Antonio Sentís diciendo lo único sensato que puede decir una persona sensata. Mientras la niñita prohibía las descalificaciones personales, el cobarde de Antonio Casado desviaba el tema hacia las azafatas  el otro cobarde, Fernando Ónega, casi que se escondía tras la silla don José Antonio fue el único capaz de decir que le parecía intolerable lo que acababa de suceder.
 

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

9 noviembre, 2007 a 17:54

Publicado en Política

5 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Decir que estoy de acuerdo en la totalidad de lo expuesto. Y solo resaltar el enorme complejo de culpabilidad de la izquierda, complejo por su ancestral tradición traicionera y golpista, ampliamente puesta de manifiesto a lo largo y ancho de su historía, por su matonismo chulesco del que es claro ejemplo su fundador y sus amenazas de muerte en el parlamento español a su “enemigo” y no a su oponente, porque la izquierda tiene la malsana cultura incrustada en sus genes de considerar a sus oponentes políticos de la derecha, como enemigos y a tratar de marginarlos como sea.
    Quien se atreva a decir imbecilidades como que que la Sra. San Sebastíian apoya a golpistas y engorda a eta, es no solo un perfecto y despreciable e indigno imbécil embustero sino además un malnacido y un puerco repugnante, merecedor del desprecio más absoluto de toda la sociedad,

    José Manuel González

    11 marzo, 2011 at 5:00

  2. Me parece muy bien que defienda Ud. a esta señora, aunque, ciertamente, no necesita ser defendida. Está bien resguardada al amparo de la ultraderecha española (en modo alguno parangonable con las derechas europeas, es decir, civilizadas) a la que ella sirve.
    No obstante, admirado defensor, está muy feo que para ejercer ese caballeresco geste, se dedique Ud. a insultar a diestro y siniestro…, eso, desgraciadamente le califica ya e invalida su pretendida defensa…
    No tengo nada contra Doña Isabel San Sebastián; simplemenete diré que intenté leer una de sus ¿novelas? y no pude continuar; escribe muy mal y no dispone de método crítico ni de documentación alguna. Por otro lado, como presencia, es decir, como mujer, me resulta francamente desagradable; ese rictus, ese gesto siempre airado…, en fin, ella no es culpable de ser tan fea…
    Soy profesor de Historia, sé de lo que hablo y estoy felizmente casado con otra Isabel y ésta, sí que me gusta y no precisa defensa de nadie porque nada malo ha hecho…

    Gonzalo

    29 abril, 2011 at 18:43

  3. Don Gonzalo, el que sea usted profesor de Historia ni quita ni pone nada al asunto y, por otro lado, sus visceralidades hacia ella me importan un pepino.

    Si tiene usted alguna luz, reparará que el escrito, a pesar de su título, no iba tanto dirigido a defender a Isabel San Sebastíán quien, como digo, se defiende sola, sino a denunciar el sectarismo que existe en TODAS las televisiones de ámbito nacinal y el ambiente irrespirable en el que vivimos.

    Sectarismo, por cierto, muy extendido también en el mundo universitario y docente en general del que usted, según me dice, forma parte.

    Respecto a lo del insulto, le diré que yo también deploro utilizarlo pero hace tiempo que estoy más que harto de que la izquierda nos pueda decir de todo y nosotros tragar y callar cobardemente. Le recuerdo como ejemplo que me viene a la cabeza, cuando Pedro Castro nos llamó, a los votantes del PP, “tontos de los cojones”. Esos tiempos, ya pasaron, don Gonzalo, y si, por lo visto, se puede insultar, si me insultan, insulto. Y si es un alcalde socialista quien de tal manera insulta, pues, más a mi favor.

    Así están las cosas en España y no precisamente por culpa de los que usted, recurriendo a la manipulación del lenguaje tan afecta a los sectarios de izquierda, usted llama “ultraderecha no homologable a la derecha europea”. Manido argumento. Aquí, don Gonzalo, lo único que no es homologable en Europa es este hatajo de resentidos decimonónicos que nos gobierna.

    Le recomiendo que le mis “Reflexiones en torno al insulto” en este mismo ‘blog’: https://cmcort.wordpress.com/2008/06/18/pepino-blanco-sienta-doztrina-acerca-del-insulto/

    Un saludo y gracias por el comentario.

  4. Querido amigo imparcial (viva la ironía). Hace poco, Isabel San Sebastian defenestraba al TSJ por imparcialidades en los veredictos (y en los juicios en general) por su caracter politizado. Y creo que tiene toda la razón, y como demostración empirica le obligaron a pagar a Calleja 12.000 euros por intromisión al honor, cuando ella misma desde el altavoz del PP que es Telemadrid, ha lanzado cada sapo por esa boca que si de verdad hubiera justicia, tendría que estar en la cárcel ya durante 1000 años, y ha manipulado discursos políticos como ha querido, la mayoría de las veces de forma tan evidente que dan vergüenza ajena. Y como ejemplo, podemos tirar millones de veces de youtube (La vergüenza de los políticos, que ahora las hemerotecas llegan a todas las casas, ¿no?)

    Gracias a Dios usted también reconoce la manipulación de Telemadrid, entonces ¿mentía Calleja?

    Manipulación de un discurso de Tomás Gomez por parte de la San Sebastían:

    Rubén Mayo (@Ruben_Mayo)

    26 octubre, 2011 at 19:25

  5. fascistas

    que asco

    17 abril, 2012 at 11:35


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s