Conceptos esparcidos

Fidem qui perdit, perdere ultra nihil potest.

Serena, escúchame, Magdalena.

with one comment

 

 

El partido de la serenidad

 

 

Serena,

escúchame, Magdalena

porque no fui yo, no fui,

fue el maldito cariñena

que se apoderó de mí.

 

Así apelaba don Mendo a la serenidad de Magdalena tras el desastre sufrido en la partida de naipes de las siete y media que jugó contra el Barón de Vedia y que perdió don Mendo después de que aquél hubiera colocado la media que le faltaba sobre el mugriento tapete.

La desfachatez de Zapatero al presentarse ahora como adalid de la serenidad frente a la crispación de la que somos responsables todos (es decir, toda la derecha) menos él me han traído a la memoria estos versos de La Venganza de don Mendo.

La evocación es inexacta porque don Mendo es un personaje simpático y entrañable mientras que Zapatero es un ser siniestro, pues siniestro y ominoso es que no acepte el grandísimo grado de responsabilidad que tiene en la actual pérdida de serenidad en España, ya sea por estulticia, ya sea por maldad, que eso no lo sé.

La evocación es, también, inexacta pues, para el tiempo en que aquello sucedió, ya Magdalena se la estaba pegando a don Mendo con el Marqués de Cabra, lo cual hacía que el sofoco de don Mendo por la partida perdida estuviera de más.

Por contra y en verdad, no puede acusarse a la derecha española de deslealtad aunque sea eso, precisamente, lo que hacen Zapatero y sus secuaces. Al revés, si de algo ha pecado durante los treinta años de la transición ha sido de excesiva complacencia y de exceso de escrúpulo de molestar a la izquierda.

Y si de algo ha pecado durante los tres años de la desastrosa legislatura de Zapatero ha sido de pedir que se respeten las normas de la Transición y, si hay que cambiar esas normas, se haga de manera clara y transparente, no con las trapacerías, engaños y mentiras que utiliza el tío éste que ahora nos sale con que el PSOE es el partido de la serenidad.

 

Serenidad la ha habido en España durante los treinta años de la Transición, incluso durante las legislaturas socialistas de Felipe González. En aquellas legislaturas los socialistas, como se dice vulgarmente, se lo llevaban crudo. Al grito de "para que se lo lleve la derecha nos lo llevamos nosotros," imbuidos de ese pensamiento iluminado que les hace creer que, al ser ellos los buenos y los que vienen a salvar a España de siglos de obscuridad, todo les está permitido, se lo llevaban, como digo, crudo.

Pero, al fin, ese pecado (me refiero al latrocinio desde el poder) entra dentro de la debilidad y, como dijo también don Mendo:

 

Nunca ha de faltar un noble
que robe más de la cuenta

 

El socialismo del señor González hubo de abandonar el poder por estos asuntillos de dinero como, por otra parte es lógico y normal, pero durante sus legislaturas no se perdió la serenidad. Y no se perdió la serenidad porque el señor González comprendió y respetó el pacto de mínimos que implicaba la Transición aunque, eso sí, sin dejar de tildar nuca a la derecha de cavernícola, fascista, retrógrada y cutre. Pero a eso estábamos acostumbrados y lo llevábamos con cristiana resignación en aras de la dichosa convivencia con la izquierda.

La serenidad, efectivamente, se ha perdido en la legislatura Zapatero y la última ocurrencia que ha tenido el personaje al darse cuenta de ello es que la culpa de semejante pérdida es de los otros. Su partido, el PSOE, es el partido de la serenidad.

Podríamos rebuscar infinidad de actitudes y manifestaciones del PSOE en las que se desmiente tal aserto del Presidente de gobierno que nos ha caído en desgracia. Desde el vídeo en el que se presentaba a la derecha española, representada por el PP, como un doberman con connotaciones nazis, hasta el más reciente en el que sus juventudes presentan la caricatura de un joven de derecha como un deficiente mental.

A esto, el señor Presidente lo llama serenidad. Al partido responsable de esto, al PSOE, lo llama el partido de la serenidad.

Podríamos recordar los gritos de Aznar asesino, los asaltos de las turbamultas socialistas a las sedes del PP, la detención policial de manifestantes del PP, inédita en todo el tiempo de la Transición.

A esto, el señor Presidente lo llama serenidad. Al partido responsable de esto, al PSOE, lo llama el partido de la serenidad.

Podríamos traer a colación una Ley de Memoria Histórica infame que sólo busca reabrir heridas en tanto que olvida hechos como el protagonizado por un diputado de este partido asqueroso, falso y mentiroso que ha sido y es el PSOE, don Indalecio Prieto (y eso que era un socialista moderado) quien espetó, en sesión parlamentaria a don José María Gil Robles: “señoría, contra usted, cualquier calse de violencia es legítima.”

Al partido que dijo esto, al PSOE, lo llama el señor Presidente el partido de la serenidad.

Podríamos reflexionar sobre el hecho de que en esta legislatura, por primera vez desde los tiempos de la Segunda República, la labor del gobierno no es la de gestionar el bienestar común sino el ataque al principal partido de la oposición y, por ende, al cincuenta por ciento de la ciudadanía.

Al PSOE, partido responsable de este tipo de gobierno sectario, lo llama el partido de la serenidad.

Podríamos recordar que, en Cataluña, éste partido que lidera Zapatero, gobierna en coalición con partidos cuya finalidad explícita es la desintegración de España y que es gracias, a él, al PSOE, a Zapatero, que esos partidos están en el poder.

Podríamos recordar que, en las Baleares, éste partido que lidera Zapatero, gobierna en coalición con partidos cuya finalidad explícita es la desintegración de España y que es gracias, a él, al PSOE, a Zapatero, que esos partidos están en el poder.

Podríamos recordar que, en Galicia, pasa tres cuartos de lo mismo.

Podríamos recordar que, si esto no ha llegado a suceder en Navarra ha sido sólo porque este ser, que aparte de ser indigno, es un cobarde, se ha dado cuenta de que ello le iba a quitar votos.

Podríamos recordar que, si esto no sucede en Valencia es sólo porque, en ella, el PP tiene mayoría absoluta y, el día en que la pierda, el PSOE va a llevar al poder en esta región a los mismos partidos enemigos de España a los que ya ha llevado en Cataluña, Baleares y Galicia.

Podríamos recordar al señor Presidente que el gobierno Balear, del que su partido forma parte, ha declarado recientemente personas non gratas a SSMM los Reyes de España.

Podríamos recordar al señor Presidente que en ciertos ayuntamientos valencianos gobernados por el PSOE, se ha colocado recientemente boca abajo el retrato de SSMM.

Podríamos recordarle al señor Presidente cómo su engaño a los nacionalistas catalanes ha provocado su radicalización y, con ello, el hecho de que la independencia de Cataluña sea hoy un hecho más que plausible.

Podríamos intentar hacerle ver que todos estos hechos han ido creando un caldo de cultivo en el que van surgiendo amenazas de muerte a personas, quemas de retratos del Rey, insultos a la bandera española y otros hechos gravísimos que no nos hubiéramos podido ni imaginar hace tres años, cuando él llegó a la Presidencia del Gobierno.

A todo esto, sucedido en los tres años de su legislatura, el señor Presidente lo llama serenidad.

Al partido durante cuyo gobierno están sucediendo estos hechos y se está envenenando la convivencia de manera tan grave, el señor presidente lo llama el partido de la serenidad.

Podríamos recordarle muchas hechos como los anteriores al señor Presidente pero son tantísimos y tan cotidianos que la enormidad de hoy hace que la de anteayer parezca cosa de nonada y hasta vaya quedando desdibujada en la memoria en un increscendo prerrevolucionario que necesita, para seguir existiendo, soltar una enormidad mayor a la anterior porque, señores, las revoluciones son, precisamente, así.

Podríamos suplicar al señor Presidente que reflexione si no le cabrá a él y a su partido, el partido de la serenidad, alguna culpa de todo este proceso pues es él, precisamente, el partido que gobierna y, a mi corto entender, alguna responsabilidad habrá de tener por muy malos y destemplados que seamos los demás.

Y, como poder, podríamos pedir peras al olmo. Porque pedir peras al olmo y pedirle al señor Presidente que razone, que no mienta, que no embrolle y que utilice su pensamiento para algo más que para salir a repetir eslóganes como la estupidez esta del "partido de la serenidad" que le escriben los asesores de imagen viene a a ser lo mismo.

Y sería pedir peras al olmo porque, en el fondo, tiene razón el señor Presidente:

El PSOE es el partido de la serenidad.

De la misma serenidad e indiferencia con la que nos imaginamos a Nerón, tocando la lira mientras contemplaba a Roma después de haberle pegado fuego para acusar a los cristianos del incendio:

Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía.
Gritos dan niños y viejos,
y él de nada se dolía

 

  

Para serenidad, la que hay que tener para escuchar tamaños despropósitos del señor Presidente.

Written by Carlos Muñoz-Caravaca Ortega

15 octubre, 2007 a 21:01

Publicado en Política

Una respuesta

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  1. facha e mierda
    quita tus fotos y lo que escribes de mi espacio

    Bluedream

    2 noviembre, 2007 at 9:36


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